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Jueces nobles y llanos del concejo de Cangas del Narcea 1770 – 1824

En el Antiguo Régimen, el juez noble era el principal cargo del gobierno local y el de más honor, era equiparable a lo que en la actualidad es el alcalde en un Ayuntamiento. Era la máxima autoridad del concejo y, a diferencia de los actuales alcaldes, también impartía justicia.

Obra que estudia las distintas formas de ejercicio de poder local en las principales ciudades y villas de la España cantábrica del Antiguo Régimen.

El papel de estos jueces lo ha estudiado en Asturias Marta Friera Álvarez en “Notas sobre la justicia local en Asturias: requisitos y elección” (Oligarquías urbanas, gobierno y gestión municipal en la España cantábrica durante la Edad Moderna, KRK Ediciones, 2017), y a ella remitimos.

Por una parte, tenían competencia sobre “la jurisdicción contenciosa ordinaria, de primera instancia, para causas civiles y criminales”, y por otra, ejercían unas funciones gubernativas y económicas: “vigilancia del cumplimiento de la normativa real; formación y otorgamiento de ordenanzas, autos de buen gobierno y otras providencias; rondas nocturnas; participación en la gestión de los propios y arbitrios; cuidado de términos comunes, montes, dehesas, plantíos, calles, caminos, puentes y edificios; control de los pesos y medidas, precios, ventas, abastos, salud pública, juegos, diversiones, visita a las cárceles…”.

Para obtener el cargo de juez se exigía ser vecino del pueblo, tener “todas las morales virtudes”, “un buen linaje y riqueza”; tenían que ser personas bien consideradas por sus vecinos. Las ordenanzas del Principado de Asturias prohibían la elección de “comerciantes con tienda abierta y de aquellos que ejerciesen oficios mecánicos, salvo donde no hubiese personas suficientes para sortear los oficios del estado llano y cuando cerrasen la tienda durante el ejercicio del cargo”. Lógicamente, con todas estas prohibiciones y exigencias de nobleza y riqueza, se conseguía apartar a las clases populares del gobierno y justicia de los concejos, que quedaban en poder de las oligarquías locales. Para compensar esta situación se elegían dos jueces, uno por cada estamento: un juez noble o hidalgo y otro llano o pechero.

A estos jueces los elegían todos los años los regidores, que eran similares a los concejales de hoy en día, algunos de los cuales tenían el cargo a perpetuidad. Con la elección anual se intentaba evitar que se afianzasen privilegios en el cargo. Este sistema de gobierno municipal finalizó con la llegada del Estado liberal a partir de 1833 y el reinado de Isabel II.

La lista de todos los jueces nobles y llanos del concejo de Cangas del Narcea no la conocemos. El Archivo Municipal no conserva casi documentación anterior a 1835 y así es muy difícil saber nada. Sin embargo, gracias a un escribano, Manuel José Folgueras, establecido en la villa de Cangas en 1770 conocemos los nombres de estos cargos desde ese año hasta 1820. Este escribano tenía la costumbre de poner todos los años, al inicio del tomo de sus protocolos, el nombre del juez noble de ese año y a veces también el del juez llano. Folgueras era natural de Salas y residió en Cangas desde ese año de 1770 hasta su jubilación a la edad de 80 años en julio de 1823. Trabajó como escribano cincuenta y tres años. En ese periodo solo se ausentó de Cangas durante casi dos años, entre 1792 y 1794, en que estuvo en La Coruña y Valle de Valdeorras como apoderado de la Casa de Villoria, que había caído en la de Miramontes de este concejo, que era de su amigo José Alfonso Argüelles. Folgueras murió en la villa de Cangas el mismo año de su jubilación. Sus protocolos se conservan en el Archivo Histórico de Asturias, en Oviedo.

Páginas manuscritas por el escribano Manuel José Folgueras donde aparecen los nombres de los jueces, y que es la fuente que se ha utilizado para esta recopilación.

La información sobre los jueces nobles la hemos completado con la consulta de los cuatro padrones de hidalguía de 1787 a 1824, que conserva el Archivo Municipal de Cangas del Narcea.

Antonio Uria Queipo de Llano, que fue juez noble de Cangas en los años 1776 y 1787. Retrato obra del pintor Francisco Xavier Hevia. Colección de
Blanca Fernández Rodríguez (Casa de Uría, Santolaya).

En Cangas del Narcea, y para los años que tenemos información, se constata que el gobierno local estuvo en manos de una oligarquía local formada por unas cuantas familias de medianos y pequeños hacendados. Entre 1770 y 1824 ostentaron el cargo de juez noble mayorazgos de linajes cangueses pertenecientes a las casas de Nando, Antrago, Parrondo, Uría de Santa Eulalia, Carballo, La Plaza o Yebra de Cangas, etc.

En algunos casos estos jueces fueron licenciados en Derecho, como Manuel Menéndez Flórez, de Bruelles, abogado de la Real Audiencia de Asturias y Reales Consejos; Juan Antonio Rodríguez Arango Inclán, vecino de Tebongo, abogado de los Reales Consejos, e Ignacio Fernández Flórez y Francisco Manuel Villa, vecinos de la villa de Cangas.

También fueron jueces nobles algunas personas que ejercían como administradores en Cangas del Narcea de grandes propietarios, como los mencionados Manuel Menéndez Flórez, administrador de las Casas de Valdés y Osorio propiedad del conde de Marcel de Peñalba, e Ignacio Fernández Flórez, que llevaba las rentas de la Colegiata de Cangas para el conde de Toreno, así como Benito Fernández Saltaren, que administraba las rentas de las Casas de Cangas, Ardaliz, Llano y Arayón propiedad de Joaquín Velarde y Queipo.

En esos cincuenta y cuatro años repitieron el cargo varias veces las siguientes personas: Manuel Menéndez Flórez fue juez noble cinco años (1788, 1789, 1799, 1809 y 1810); Benito Fernández Saltaren, cuatro años (1784, 1786, 1797 y 1798), y José de Yebra Llano y Valdés, otro cuatro años (1796, 1800, 1816 y 1821).

Por último, mencionar que en los años en que estuvo en vigor la Constitución de Cádiz de 1812 se nombraba “alcalde” en vez de juez noble, pues esta Constitución trató de establecer una nueva administración local que no se logrará hasta la llegada del reinado de Isabel II y los liberales.


Se puede consultar la lista de jueces nobles y llanos de Cangas del Narcea conocidos hasta ahora en el siguiente enlace:

Lista de jueces nobles y llanos de Cangas del Narcea 1770 – 1824

[2015- ] José Víctor Rodríguez Fernández

José Victor Rodríguez, junio 2015

José Víctor Rodríguez Fernández

(Cangas del Narcea, 1984)

13 de junio de 2015 –

Licenciado en Derecho y abogado. Elegido alcalde en la candidatura del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

[1913-1921] José María Díaz López, ‘Penedela’

(Penedela, Ibias, 1870 – Cangas del Narcea, 1934)

23 de octubre de 1913 – 1 de abril de 1921

Matadero municipal en 1970. Construído en 1916 en el Barrio Nuevo, según un proyecto de Alfredo Flórez González, durante la alcaldía de José Mª Díaz López Penedela. Fue derribado y su solar vendido para construir viviendas.

Comerciante y empresario. Emigró a América y a su regreso se estableció en la villa de Cangas del Narcea, donde abrió el comercio El Siglo XX y tuvo diversos negocios (viticultura, central hidroeléctrica, fabricas de harina y madreñas, etc.). El 1 de julio de 1909 fue elegido por primera vez concejal del Ayuntamiento de Cangas del Narcea. Era republicano. En su carrera política lo ayudó la familia de su mujer, Julia de Llano, y siempre fue partidario de Felix Suárez-Inclán. Fue un alcalde muy importante, durante su mandato se hicieron en la villa la traída de agua, la mejora del alcantarillado, el matadero municipal y un lavadero público, y se levantaron varias escuelas en el concejo.

[1968-1974] Carlos Arce Flórez-Valdés

Carlos Arce, 1981 (Foto La Maniega)

Carlos Arce Flórez-Valdés

(Cangas del Narcea, 1919 – 2010)

29 de noviembre de 1968 – 2 de febrero de 1974

Abogado. En su mandato se inauguran en 1971 la Escuela Hogar y el campo de fútbol en El Reguerón. Se construye el puente colgante entre el barrio de El Fuejo y la plaza de La Oliva.

[1834-1835] Pedro José Pidal Carniado

Pedro José Pidal y Carniado, primer Marqués de Pidal.

Pedro José Pidal Carniado

(Villaviciosa, Asturias, 1799 – Madrid, 1865)

6 de septiembre de 1834 – 25 de noviembre de 1835

Es nombrado alcalde mayor del concejo de Cangas del Narcea por el Regente de la Real Audiencia de Oviedo, para encargarse “en todos los negocios, contenciosos, políticos y gubernativos”. Pidal se había licenciado en Leyes y Cánones en la Universidad de Oviedo en 1822 y era un fervoroso liberal, que había apoyado en 1820 el levantamiento de Rafael del Riego. Llega a Cangas del Narcea a deshacer el viejo sistema de gobierno municipal basado en regidores perpetuos y a establecer la nueva administración que se estaba imponiendo en España con Isabel II y los liberales. Pidal continuará su carrera política en Madrid como diputado en Cortes por Asturias, donde desarrollará una brillante actividad parlamentaria, y será varias veces ministros de la Gobernación. Era una persona con una gran cultura. Ocupará la presidencia de las academias de Historia y de Bellas Artes de San Fernando, y será miembro de número de la Real Academia de la Lengua. En 1847 recibirá el título de marqués de Pidal.

En el mes de junio de 1835, Pidal coincidió en Cangas del Narcea con el naturalista y botánico francés Durie de Maisonnove (1796-1878), que viajó hasta aquí para recolectar y estudiar plantas. La crónica de su viaje la escribió Jacques Gay y dice sobre este encuentro: “Durie habla muy bien de la suprema autoridad municipal de Cangas, el Alcalde Mayor, caballero de prestancia física y varonil belleza no inferiores a su hidalguía y carácter bondadoso; insigne, además, entre todos los conciudadanos por sus conocimientos en las artes liberales. Recibido por él con suma cortesía, le debe no pocos favores, dignos de perpetua gratitud: le ayudó en todas sus iniciativas, de manera decidida y consciente, no ignorando (como la mayor parte de las otras personas) que el viajero francés buscaba plantas con fines superiores al de preparar una infusión. No olviden, pues, su ilustre apellido, Pidal”.

En 1904 todavía quedaba recuerdo en Cangas del Narcea de la presencia de Pedro José Pidal setenta años antes. Faustino Meléndez de Arvas, secretario municipal, escribió: “El Sr. Pidal, con una energía y una entereza que quisiéramos hoy, no solo para la mayor parte de los alcaldes supeditados, sino también para los débiles gobernadores, y con tan buen deseo como pudiera tenerlo un cangués de pura sangre, puso la primera piedra en la obra de urbanización de Cangas de Tineo, obligando a los señores a blanquear sus casas, arreglando algo sus calles, prohibiendo costumbres poco cultas, e introduciendo otras mejoras dignas de elogio. Y sin embargo, ¡admírese el lector!, su nombre no se ve inscrito en ningún sitio público de la villa, a pesar de que casi se le puede llamar el fundador del moderno Cangas” (La Ilustración Asturiana, nº 6, junio de 1904).

La tumba de un exiliado cangués en Caulnes (Francia)

Los hijos de Juan Blanco Martínez ante la tumba de su padre en el cementerio de Caulnes (Francia)

Juan Blanco Martínez era un famoso ferreiro de Cangas del Narcea. Vivía en el Barrio Nuevo y a parte de ser un virtuoso en su oficio, era conocido por hacer las mejores trompas del concejo. Era socio de “El Tous pa Tous”. Con 60 años, él, que casi no había salido de Cangas, tuvo que marchar en agosto de 1936 con sus hijos Manuel y Consuelo para escapar de la entrada del ejercito de Franco.

Su hijo Manuel había emigrado con 14 años a la Argentina. Allí trabajó muy duro e hizo un pequeño capital. En aquella república americana, como les sucedió a otros muchos emigrantes asturianos en ultramar, se hizo republicano. A comienzos de 1931, tras la muerte de su madrastra y tía, Engracia Pérez, regresó a España. Le dijo a su padre que con el dinero que él traía podía dejar de trabajar. Al padre aquello le pareció casi un insulto y siguió trabajando en la fragua. Manuel construyó una casa en el Barrio Nuevo, justo enfrente del puente roto, y se metió en política. Se presentó en las elecciones municipales de abril 1931 con el partido republicano y salió elegido concejal. En 1936 tuvo que exiliarse a Francia, y con él se fueron su padre y su hermana Consuelo. Acabaron en Caulnes, un pueblo de la región de Bretaña, situado cerca de las ciudades de Saint Malo y Rennes, en el que vivían unas mil ochocientas personas.

Señalización del pueblo de Caulnes (Francia)

Pero tampoco aquí las cosas fueron fáciles para los tres. En 1939 comenzaba la Segunda Guerra Mundial y la pequeña población de Caulnes estaría ocupada por el ejercito alemán desde junio de 1940 hasta agosto de 1944. En este tiempo, en 1942, moría allí Juan Blanco Martínez.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, los dos hermanos se marcharon para Argentina, donde tenían hermanos y sobrinos, y donde Consuelo ya había estado en 1931 y 1932. En los años sesenta regresaron a Cangas del Narcea a su casa del Barrio Nuevo. La casa estaba habitada por una familia que se había hecho con ella y a la que tuvieron que desalojar. En la vivienda solo quedaba un aparador en la cocina, que estaba encajado en un hueco de la pared, el resto de los muebles y ajuar que ellos habían dejado había desaparecido. En esa casa murieron los dos muy viejos, primero Consuelo, el 28 de abril de 1986, con 85 años y diez días después Manuel, con 95 años. Los dos reposan en el cementerio de Cangas, en Arayón. A él se le conocía como Lin el Ferreiro. En su última estancia en Cangas, Manuel volvió a encender la fragua de su padre y fabricó trompas que regalaba a amigos y conocidos.

En la fotografía que publicamos aparecen los dos hermanos el día del entierro de su padre en el cementerio de Caulnes. En la base de la cruz, escrito en francés, se lee:

Cementerio de Caulnes (Francia). Lugar donde la tumba de Juan Blanco ha desaparecido.

Ici
repose
Juan Blanco Martínez
né en Espagne
1866-1942
offert par tes amis de
Caulnes
Les enfants ne t’oublient
pas

La traducción es: “Aquí reposa Juan Blanco Martínez, nació en España, 1866-1942, ofrecido por sus amigos de Caulnes. Los hijos no te olvidan”.

Una amiga, Consuelo Hernández Valenzuela, que vive en Saint-Ouen-des-Alleux, no muy lejos de Caulnes, ha tenido la amabilidad de ir hasta este pueblo a buscar la tumba de Juan Blanco Martínez. Pero la tumba ya no está. Ha sido levantada. En unas fotos que me envía se ve el lugar vacío. La memoria es perecedera. La del exilio español es todavía más fugaz. Nos queda sólo esta fotografía que perteneció a otros exiliados, los hermanos Joaquín y Gumersindo Díaz Morodo “Borí”; este último también murió en Francia, en Salsigne, cerca de Carcasona, y su tumba tampoco se conserva.


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Noticias municipales de 1887-1890

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José de Llano Valdés, alcalde de Cangas del Narcea entre el 21 de febrero de 1890 y el 1 de marzo de 1893

Estas noticias del Ayuntamiento de Cangas del Narcea están tomadas del Libro de Actas de los plenos municipales de esos años, recuperado por el Tous pa Tous, que será entregado al archivo municipal el próximo 20 de octubre de 2012, coincidiendo con la asamblea anual del Tous pa Tous.

A finales del siglo XIX el Ayuntamiento de Cangas del Narcea tenía 24 concejales y un presupuesto de alrededor de 143.000 pesetas. La población del concejo era de unos 23.000 habitantes. La plantilla municipal era muy pequeña: un secretario, dos oficiales, un oficial contador y un auxiliar; un cabo, dos guardias y dos serenos, y “barrenderos y reparadores” de las calles de la villa. Además, tenía contratado un sobrestante para presupuestar y supervisar las obras, y un “inspector de carnes”.

Había cinco comisiones, que correspondían a las competencias municipales: hacienda, obras públicas, instrucción pública, beneficencia y sanidad, y policía urbana.

El cargo de alcalde se ocupaba durante dos años. En junio de 1887 salió elegido Salvador Martínez Valle, que sustituyó a Severiano Peláez Riego. Los dos eran conservadores moderados y amigos políticos del conde de Toreno. El 2 de diciembre de 1889 fallece a la edad de 58 años Martínez Valle, “a consecuencia –según el acta de defunción del Registro Civil- de un derrame apoplético cerebral” (es decir, de una trombosis o ictus), y ocupa el cargo provisionalmente el primer teniente de alcalde, Román Rodríguez-Arango,  hasta el 21 de febrero de 1890 en que es elegido José de Llano Valdés. Con él comienza el dominio de la familia De Llano en la política canguesa; su hermano Agustín será el primer teniente de alcalde en esta misma corporación. Los miembros de esta familia eran del partido liberal y seguidores del diputado a Cortes del distrito de Cangas de Tineo Félix Suárez Inclán. Su poder llegará hasta los años veinte del siglo XX con el alcalde José María Díaz López “Penedela”, que estaba casado con Julia de Llano González-Reguerín, hija de José de Llano Valdés.

Los años 1887, 1888 y 1890 fueron de penuria en el concejo de Cangas del Narcea. El 13 de julio de 1887 se dio lectura en una sesión extraordinaria una “comunicación dirigida por los vecinos de Posada y Vega de Rengos, Gillón, Noceda y por los vecinos de Murias y Fulgueraju, manifestando que fuertes tormentas que descargaron en el mes de junio y en el del actual, han destruido por completo los sembrados, por cuya razón piden o bien perdón o rebaja de contribuciones, o en otro caso se les facilite algún socorro”. En la misma sesión algunos concejales mencionan que la calamidad también había afectado a los pueblos de Dagüeño, Cadrijuela, Ambres, Ridera y parroquias de San Julián, Cibea y Bimeda. El 3 de mayo de 1888 varios concejales piden que se “eleven instancias a la Diputación y Ministerio de la Gobernación reclamando recursos y auxilios para hacer frente a la grande miseria que aflige al concejo”, y en otro pleno se menciona la “situación angustiosa que el concejo viene atravesando por la escasez de cosechas”. La pobreza estaba generalizada y en esa misma sesión del 3 de mayo se aprueba “ampliar la comisión [de concejales] nombrada para formar el padrón de 800 familias pobres que deben ser asistidas gratuitamente por los médicos”, con el objeto de terminar este padrón a la mayor brevedad posible.

El libro de actas de los plenos de estos años están llenos de solicitudes y concesiones de ayudas para la construcción o mejora de cementerios (cementerio civil en Posada de Rengos, cementerios de Gillón, Carballo, Fuentes); fuentes (Jalón); caminos vecinales y puentes (Puente Piñera, puente de madera de Ambasaguas, puente de Regla de Naviego); escuelas (escuela de niñas de Naviego), etc.

El matadero de la villa tendrá un gran protagonismo en los plenos, porque el que había en La Vega, junto al mercado de ganado, hubo que derribarlo en 1889 para dejar paso a la carretera de Ibias y era necesario buscar un terreno para construir uno nuevo. También aparece con frecuencia en las sesiones el cementerio de la villa de Cangas, que era pequeño y malo, pero como no había dinero para construir uno nuevo el problema se irá posponiendo hasta 1927 en que se construye el cementerio municipal de Arayon.

El Ayuntamiento también tomaba decisiones relacionadas con la vida religiosa y la moralidad pública, por ejemplo, en un pleno celebrado el 3 de mayo de 1888 se acuerda: “Que uno de los municipales permanezca a la puerta de la Colegiata durante el Santo Sacrificio de la misa y otras funciones en días festivos, para evitar los alborotos que suelen producir algunos jóvenes y niños con perjuicio de los actos religiosos”.

Algunos de los acuerdos de los años 1887 a 1890 fueron los siguientes:

Iglesia de Besullo

8 de febrero de 1887. Se autoriza al alcalde de barrio de Besullo y al párroco a “tomar un trozo de terreno de la plaza pública para ampliar la iglesia”, que se reedificará en ese año con una subvención de 4.167 pesetas otorgada por el Gobierno de S. M. y el trabajo de los vecinos de la parroquia.

Lagar en Santirso

30 de octubre de 1887. “Se acuerda autorizar la construcción de un lagar común para todos los vecinos de Llamas de Ambasaguas en el campo de Santirso, en terreno público”. Es el lagar que en la actualidad forma parte del Museo del Vino de Cangas.

Donativo de biblioteca popular

29 de enero de 1888. Se comunica que “gracias a las gestiones del diputado a Cortes por Tineo, Sr. Sánchez Campomanes, la Dirección General de Instrucción Pública concedió una biblioteca popular con destino a la escuela pública de niños [de Cangas del Narcea]. Se autoriza a recoger la biblioteca a D. José Rodríguez y Gonzalez, cajero de la Caja del Sr. Urquijo” y emigrante del concejo de Cangas del Narcea residente en Madrid.

Sobre aumento de misas en la parroquia de la colegiata

6 de mayo de 1888. “El señor Álvarez Uría manifestó que a causa de las pocas misas que se dicen en esta villa los días festivos, pues se reducen a una en la colegiata parroquial, otra en el convento de dominicas y otra en Santa María de Ambasaguas, es tal la aglomeración de gentes que ni se puede estar en el templo con la atención y respeto debidos, ni es posible evitar que algunas personas se queden, a pesar suyo, sin cumplir con este precepto, y como por otra parte la higiene no está  conforme con la aglomeración de gentes dentro de edificios, especialmente en la estación de verano, propone que pase una comisión al convento de dominicos de San Juan de Corias y ruegue al Reverendo Padre Rector que disponga que uno de los religiosos ordenados, venga todos los días festivos a decir misa a esta villa, siendo posible a las ocho y a las once de la mañana, y que si el padre rector no accediese a los ruegos de la corporación, ya porque la regla lo impida o ya por otra causa, que se ponga en conocimiento del Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis para que procure remediar una falta de tanta consideración. Aceptada por unanimidad la proposición, se comisionó a los señores Flórez de Sierra y secretario del Ayuntamiento para desempeñar la comisión”.

Puentes de Besullo

20 de mayo de 1888. Se acordó “que el sobrestante de obras D. Manuel Martínez, pase a reconocer los puentes de Arganza, Las Veigas y Leirón, términos de la parroquia de Besullo, y manifieste lo que pueda costar su reparación, utilizando la prestación personal” de los vecinos de la parroquia.

Sobre alumbrado para 1888-89

2 de junio de 1888. “Acordaron que se coloquen dos faroles, uno en La Cartuja y otro en Santa Catalina, como los había antes de ahora, y que se anuncia la subasta del alumbrado público, incluyendo en ella todos los gastos de conservación de faroles. Que en las condiciones se estipula que los faroles han de alumbrar todas las noches, luzca o no la luna, hasta la hora de las 12 de la noche, y que los faroles de la calle de la Cárcel, La Fuente, el de la entrada del Corral, el del Puente y el del Mercado que alumbraran hasta el amanecer, cuidando de que las condiciones se cumplan al pie de la letra”.

Sobre transito de carros por las calles de la villa

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Carromato en Corias en dirección a la villa de Cangas del Narcea, hacia 1915

17 de junio de 1888. Propuesta del regidor sindico “pidiendo se prohíba que los carros de leña y otros artículos que vienen a venderse a la villa, anden por las calles y plazas de la misma, señalándoles un sitio para evitar los atropellos y disturbios a que da lugar, y que los carromatos, después de hecho el descargue, que será a las tres horas de su llegada, salgan también para El Corral u otro punto de las afueras. El señor Llano Flórez propone que en lugar de señalarles sitio, se les obligue a desalojar la villa a la hora de las once, pudiendo andar hasta dicha hora por las calles y plazas, como lo venían haciendo. Puestas a votación [las dos propuestas] resultó aprobada la del señor Llano Flórez por mayoría”.

Recetas de pobres

16 de diciembre de 1888. “Teniendo en consideración los muchísimos individuos que se presentan reclamando medicamentos gratis, lo cual no puede continuar así por carecer de recursos para ello [el Ayuntamiento], se acuerda que se recomiende a la comisión encargada de formar el padrón de pobres lo ultime a la mayor brevedad posible, y mientras tanto que [esos vecinos] justifiquen con una certificación del párroco y pedáneo que son pobres de solemnidad, sin cuyo requisito no se les darán las recetas como tales pobres”.

Sobre sitio para castrar ganados

31 de marzo de 1889. “El señor Llano Flórez pide que se señale un sitio retirado para castrar ganados, cuya operación se está verificando públicamente en el campo de La Vega y a presencia de niños, lo cual es bastante escandaloso, y el ayuntamiento acuerda que desde luego se dé orden a la guardia municipal para que obliguen a los castradores a llevar a cabo las operaciones a la parte de abajo del campo, y que tan pronto como rija el próximo presupuesto se cerque un trocito de terreno con dicho objeto”.

Creación de tres ferias nuevas

23 de mayo de 1890. “Interpretando los deseos de los vecinos de esta villa y del concejo acuerdan en uso de las atribuciones que le concede el artículo 72, establecer  tres ferias en esta villa en los días siguientes: 1ª. El segundo viernes del mes de febrero; 2ª. El primer viernes del mes de marzo, y 3ª. El día 15 de julio, anunciándolos oportunamente”.

Sobre necesidad de reparaciones de calles, plazas, caminos cementerios, etc.

31 de diciembre de 1890. “Es de necesidad que la corporación resuelva respecto a varias obras consistentes en su mayor parte en reparaciones y arreglos de calles, plazas, caminos, cementerios, etc., sobre las que se han hecho varias reclamaciones a la alcaldía, y son las siguientes:

Reparación y arreglo de varios trozos de empedrados, afirmado, aceras y alcantarillado en todas las calles y plazas de esta villa, especialmente en las de más tránsito que se hallan en estado bastante lamentable de abandono por haber trascurrido muchos años sin que se haya hecho en ellas obra alguna radical. Que también es de necesidad construir un enlosado en la plaza de Toreno que sirva de paseo por las noches. Que se necesita la adquisición y plantación de varios árboles en el mercado de ganados, en el paseo de La Vega y en las plazas. Que es de necesidad ultimar el alcantarillado de la calle Mayor y sitios de la plazuela del Centro y entrada por la plaza de Toreno. Que también es urgente el dar de blanco a las casas consistoriales, casa-escuela y teatro haciendo pequeñas reparaciones en sus paredes. Que hay que atender al arreglo de los puentes de madera de Vegadecanes, Ambasaguas, La Regla, Montañas, Bimeda, La Viña y Besullo, y al puente y pontón de piedra de Corias excavados por el río. Que hallándose el mercado de ganados lleno de escombros y baches y su cerca derruida por varios puntos, lo cual perjudica para el incremento de ferias y mercados, conviene también atender sin demora a tan importante necesidad. Que es asimismo necesario proceder a la reparación o restauración del paseo público, a fin de evitar que continuando tan lamentable abandono sea muy costosa la reparación si se demora, adquiriendo algunos bancos que se recogerán durante el invierno. Que también es de necesidad arreglar dos fuentes en el inmediato pueblo de Corias y proceder a la limpieza general de sus calles y caminos, puesto que por su población ya requiere alguna atención referente a policía. Que urge también la reparación de varios trozos de caminos en La Bubia, Tremado de Carballo, Posada de Rengos, Barguera, Besullo y Montañas.

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La fuente del Reguerón, que se menciona en este libro de actas, no fue construida hasta 1909

Y por último, que es de necesidad la construcción de un abrevadero público en el sitio de La Cartuja; de una fuente en El Reguerón, en el sitio donde espontáneamente salen las aguas; construcción de un lavadero, un matadero y unos cementerios y surtido de aguas potables para la villa, estas últimas cuando los fondos del municipio lo permitan; y respecto a las demás aplicando las partidas consignadas en el presupuesto urgente y las que se consignen en el adicional de nuevos gastos, porque de ninguna manera la corporación puede permitir que los deterioros vayan en aumento por abandono o falta de actividad.

Abierto a discusión sobre el asunto y después de haber hecho uso de la palabra varios concejales, se acordó en primer lugar por unanimidad dar un voto de gracias a la presidencia por el celo que demuestra en favor de los intereses del concejo, mediante a que las reparaciones y obras enunciadas son todas de reconocida necesidad y muchas de ellas urgentes; y en segundo lugar que se autoriza a la misma presidencia para que proceda desde luego a la inclusión de las partidas que figuran en el actual presupuesto para calles, caminos y cementerios, igualmente que las que se incluyan en el adicional que se ha de formar en el mes de febrero próximo”.

Alcaldes de Cangas del Narcea

Pedro José Pidal Carniado, primer marqués de Pidal, fue alcalde de Cangas de Tineo entre septiembre de 1834 y noviembre de 1835.

Presentamos aquí nuestro último trabajo de investigación acerca de los alcaldes de Cangas del Narcea. Abrimos con él un apartado nuevo en Memoria Canguesa con la denominación de Alcaldes de Cangas del Narcea. Tenemos que advertir que la relación de alcaldes que publicamos es aún provisional. Todavía falta información biográfica sobre algunos alcaldes y sobre sus mandatos, que iremos completando poco a poco. Estas faltas se deben a dos razones: primero, no es fácil obtener toda la información que se desea, porque no tenemos toda la documentación necesaria (faltan libros de actas del Ayuntamiento de Cangas del Narcea del siglo XIX, etcétera), y segundo, todo este trabajo de recopilación requiere mucho tiempo y si compartimos la tarea entre tous el trabajo será más llevadero. Por ello, a pesar de estar aún incompleta, hemos decido sacar a la luz esta lista para recabar la colaboración de todos los que dispongan de información sobre las personas que fueron alcaldes de Cangas del Narcea. Alguno echará en falta información sobre los mandatos de los últimos alcaldes, pero esta omisión es consciente y por eso casi no se dice nada sobre los alcaldes que hubo a partir de 1975.

Los alcaldes de Cangas del Narcea, 1834 – 2015

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Los alcaldes de Cangas del Narcea, 1834 – 2015

Casa Consistorial de Cangas del Narcea, en 1930. Edificio construido en 1798 en la calle Mayor, enfrente del convento de las Dominicas, para ayuntamiento y cárcel; fue derruido en 1951 para ensanchar la calle de la Iglesia y abrir el Cruce. En su fachada estaban el escudo real y la placa colocada en 1908 a la memoria de los voluntarios del Regimiento de Cangas de Tineo en la Guerra de la Independencia.

El alcalde es la mayor autoridad del concejo y la persona que nos representa como colectivo. La historia de los alcaldes es una parte importante de la historia del concejo; el conocimiento de sus ideas y biografías, y de sus proyectos y realizaciones, es imprescindible para conocer el devenir de toda la comunidad.

Comenzamos nuestra lista en 1834, porque ese año, con el nombramiento de Pedro José Pidal como alcalde mayor y presidente del Ayuntamiento de Cangas del Narcea, comienza una nueva etapa en la formación de las corporaciones municipales. Es el resultado del final del Antiguo Régimen, con sus ayuntamientos formados por regidores perpetuos, pertenecientes a unas pocas familias de nobles e hijosdalgos, cuyos cargos se transmitían de padres a hijos. En aquel año y en los siguientes, las reformas introducidas por los liberales cambiarán la política municipal y sentarán las bases del Estado moderno.

La lucha política por la alcaldía siempre fue muy reñida. En la historia contemporánea de nuestro ayuntamiento han sido frecuentes las denuncias por abusos electorales, ineficacia, corrupción, arbitrariedades, etcétera. Desde el siglo XIX son continuas las críticas en la prensa a la gestión de los alcaldes, así como las represalias de estos a los críticos; por ejemplo, en 1894 los redactores de El Eco de Occidente atacaron al alcalde José Pallarés y este puso una multa a su director, y en la segunda década del siglo XX, Gumersindo Díaz Morodo Borí atacó al alcalde José Mª Díaz López Penedela en la prensa local, regional e incluso nacional, y el alcalde logró cerrarle el periódico e incluso encarcelarle. La existencia de varios periódicos locales desde 1882 a 1916 tiene mucho que ver con estas luchas por el poder municipal.

La historia del Ayuntamiento de Cangas del Narcea no puede comprenderse sin tener en cuenta la historia de España; nuestro ayuntamiento siempre ha sido un reflejo de la política nacional y en él se enfrentaron: conservadores y liberales; moderados y progresistas; monárquicos y republicanos; izquierda y derecha, etcétera. E incluso, durante el franquismo, aunque más atemperadas, también existieron diferencias políticas, en este caso entre monárquicos y falangistas. Las convulsiones nacionales también llegaron a la vida municipal: hubo ceses fulminantes de alcaldes y de corporaciones enteras durante los golpes militares del siglo XIX, la Dictadura de Primo de Rivera o la Segunda República Española.

Palacio del conde de Toreno en 1960. Este edificio fue comprado en 1951, durante la alcaldía de José Mª López Morodo, para Casa Consistorial.

La política local estuvo muy unida a la existencia del distrito electoral de Cangas del Narcea, establecido en 1845, de donde salían representantes para las Cortes en Madrid y para la Diputación Provincial de Oviedo. Normalmente un mismo grupo político dominaba los tres ámbitos del poder: el local, el regional y el nacional, y con frecuencia esas afinidades políticas eran también familiares. De este modo, unas pocas familias dominaron casi toda la política canguesa hasta la Guerra Civil: los condes de Toreno y sus parientes y administradores en Cangas del Narcea, los Rodríguez Peláez; los Uría; los Rodríguez-Arango y los De Llano.

No obstante, junto a toda esta maraña de luchas e intereses de la vida política, no debemos olvidar que detrás de muchos de estos alcaldes y de sus corporaciones también existió un interés sincero por trabajar a favor del bien público y por la mejora de las condiciones de vida de los cangueses. Hasta fecha reciente estos cargos no tenían ninguna retribución económica y por eso sus mandatos no solían durar mucho tiempo; antes de 1983, el alcalde que más tiempo permaneció en este cargo estuvo diez años, pero lo habitual era que ocupasen el puesto entre dos y cuatro años.

Las arcas municipales eran más pobres que ricas y la ejecución de muchos proyectos importantes se alargaba durante años y años. La primera vez que se habló en un pleno municipal de la necesidad de ensanchar la calle de la Iglesia, en la villa de Cangas del Narcea, fue en 1868, periódicamente salía esta necesidad en los plenos, pero esta reforma no se llevará a cabo hasta 1951. Lo mismo sucedió con el cementerio municipal, el Instituto de Enseñanza Secundaria, el edificio del juzgado y cárcel, el puente que unía Ambasaguas y el Barrio Nuevo, la biblioteca pública, etcétera.

Por último, tenemos que advertir que la relación de alcaldes de Cangas del Narcea que presentamos es aún provisional. Todavía falta información biográfica sobre algunos alcaldes y sobre sus mandatos, que iremos completando poco a poco. Estas faltas se deben a dos razones: primero, no es fácil obtener toda la información que se desea, porque no tenemos toda la documentación necesaria (faltan libros de actas del Ayuntamiento de Cangas del Narcea del siglo XIX, etcétera), y segundo, todo este trabajo de recopilación requiere mucho tiempo y si compartimos la tarea entre tous el trabajo será más llevadero. Por ello, a pesar de estar aún incompleta, hemos decido sacar a la luz esta lista para recabar la colaboración de todos los que dispongan de información sobre las personas que fueron alcaldes de Cangas del Narcea. Alguno echará en falta información sobre los mandatos de los últimos alcaldes, pero esta omisión es consciente y por eso casi no se dice nada sobre los alcaldes que hubo a partir de 1975.

El trabajo ha podido realizarse debido a las buenas condiciones que existen en el Archivo Municipal de Cangas del Narcea y a las facilidades que hemos tenido para consultar sus fondos gracias a su responsable Marta Veiga Fontaniella y a Ana del Pozo Fernández.

Principio y fin del Partido Republicano en Cangas del Narcea, 1930-1936

Gumersindo Díaz Morodo, Borí y Genaro Flórez, miembros del comité local del Partido Republicano en Cangas del Narcea, y el farmacéutico Joaquín Peñamaría, en 1914.

El republicanismo fue casi una religión para muchos españoles, que estaban convencidos que los males de España solo se curarían con el derrocamiento de la Monarquía y la proclamación de una República. Después del fracaso de la Primera República Española (1873-1874), este movimiento político volvió a tomar auge a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX, y a él se sumaron numerosos intelectuales, profesionales liberales, comerciantes e industriales en toda España.

En Cangas del Narcea existía desde los años setenta del siglo XIX un pequeño grupo de republicanos, pertenecientes a unas pocas familias acomodadas de la villa: los Flórez, los García del Valle, etc., que eran maestros, abogados, “propietarios” o comerciantes. Su número fue incrementándose paulatinamente, sobre todo a partir del aumento de la clase media en la villa, y, por fin, tras la caída de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, se fundó el Partido Republicano en Cangas del Narcea en septiembre de 1930. La noticia de su constitución, de los miembros del comité local y de sus primeros acuerdos, la hemos hallado en el diario La Libertad, de Madrid, de 21 de septiembre de 1930, y dice lo siguiente:

Partido Republicano de Cangas del Narcea

Bajo la presidencia de D. Saturnino Martínez Blanco se tomaron los siguientes acuerdos:

Primero. Declarar constituido el Partido Republicano en Cangas del Narcea.

Segundo. Nombrar el siguiente Comité local:

Presidente, D. Mario de Llano González (procurador); vicepresidente, D. Santiago García del Valle (industrial); secretarios, D. Rafael Fernández Uría (médico), don Francisco Fernández Rodríguez (empleado) y D. Grato Gómez del Collado (estudiante); tesorero, don Genaro Flórez González-Reguerín (propietario); contador, D. José María Mayo García (industrial); vocales, D. Gumersindo Díaz Morodo [Borí] (propietario), D. César Menéndez Meléndez (industrial), don Nicolás Álvarez Valledor (obrero), D. Francisco Álvarez Otero [el Astorgano] (industrial), D. Baldomero Álvarez Queipo (obrero) y D. Pedro Vega Tablado (obrero).

Tercero. Comunicar los precedentes acuerdos a la secretaría de la Federación Republicana de la provincia, mandándoles copia literal de la presente acta.

Cuarto. Dar un voto de confianza al presidente y vicepresidente nombrados en este acta para que asistan el día 14 a la asamblea que se celebrará en Oviedo, plaza de San Miguel, 1, para la formación de la Federación Republicana de Asturias, autorizándoles para tomar los acuerdos que crean oportunos.

El Partido Republicano era un partido heterogéneo e interclasista. En el primer comité local de Cangas del Narcea convivían personas de las clases media y alta, que eran la mayoría: tres comerciantes, un procurador de los tribunales, un médico, un estudiante de medicina, un propietario rentista y los dueños de una imprenta y una panadería, junto a tres obreros y un empleado. Algunos de sus miembros pertenecían a viejas familias republicanas de la villa, como Mario de Llano y su primo y cuñado Genaro Flórez, cuyos abuelos, los maestros José María Flórez y Genaro González Reguerín, habían sido fervientes seguidores de estas ideas; Gumersindo Díaz Morodo, cuyo padre, Antonio Díaz González, había sido concejal y teniente alcalde durante la Primera República, etc.

Poco tiempo después de su constitución y con el objeto de darse a conocer, el nuevo partido publicó un manifiesto y organizó un mitin en el que intervinieron el abogado Saturnino Escobedo y el médico Carlos Martínez (Ambas, Carreño, 1899 – Gijón, 1995), miembros del Partido Republicano Radical Socialista. Así lo cuenta la revista La Maniega (nº 28, 1930):

El nuevo partido republicano cangués ha constituido un club y ha publicado un manifiesto en tonos de gran comedimiento y transigencia, llamándose defensores de la justicia, de la libertad, del orden, de la religión y de los tradicionalismos arraigados en el país. A más de este sesudo manifiesto, ha celebrado un mitin en el teatro Toreno, el día de San Andrés [30 de noviembre], para el que trajo dos notables oradores de Oviedo. Fueron presentados, con soltura y muy acertada discreción, por el presidente del club, don Mario Llano, y fue el primero en hablar el señor Escobedo, acreditado ateneísta, quien ponderó, en tonos de conferencia técnica, las excelencias de la República. Cuando cesaron los prolongados aplausos, habló el señor Martínez, orador fogoso y de grandes arrogancias y entusiasta propagandista, que levantó en el público cangués gran entusiasmo. En verdad que el nuevo club puede estar satisfecho de sus primeros pasos.

Mario de Llano (sentado en el sidecar), presidente del Partido Republicano y alcalde de Cangas del Narcea durante la Segunda República, en Corias, hacia 1920

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 los republicanos cangueses obtuvieron ocho concejales de un total de 24, el resto fueron: catorce monárquicos o conservadores y dos independientes. A pesar de no ganar las elecciones, la proclamación de la Segunda República Española dos días después, el 14 de abril, trajo consigo que la alcaldía la ocupase uno de los concejales republicanos: Higinio García del Valle Peláez. Su triunfo llegó en las elecciones generales celebradas en junio de 1931, donde la Conjunción Republicano Socialista obtuvo la mayoría de los votos en el concejo de Cangas del Narcea.  En el mes de septiembre de ese año dimite García del Valle para pasar a la Diputación Provincial, ocupando la alcaldía el presidente del partido en Cangas del Narcea: Mario de Llano.

En ese mismo tiempo, en una junta general, se renueva el comité local de Cangas del Narcea y se decide cambiar el nombre de Partido Republicano por el de Partido Republicano Radical Socialista (La Maniega, nº 34, 1931, pág. 22). Esta formación se había fundado en Madrid en 1929 y uno de sus principales dirigentes era el asturiano Álvaro de Albornoz (Luarca, 1879-México, 1954), que ocupó los ministerios de Fomento y de Justicia en los primeros años de la Segunda República, y que el 25 de septiembre de 1932, siendo ministro de Justicia, visita la villa e interviene en un mitin en el Teatro Toreno.

Mario de Llano será alcalde durante casi todo el periodo de la Segunda República Española. Con motivo de la Revolución de Octubre de 1934 fue cesado, como les sucedió a todos los alcaldes de la Conjunción Republicano Socialista de Asturias, pero volverá a ocupar el cargo unos meses después y hasta su muerte repentina, a causa de una angina de pecho, el 26 de febrero de 1936.

Los republicanos cangueses tendrán también una presencia regional, y el mismo Mario de Llano es nombrado en un congreso celebrado en Oviedo, el 24 de octubre de 1933, miembro del Comité Provincial del Partido Republicano Radical Socialista, donde también estaban Leopoldo Alas o José Maldonado (La Prensa, Gijón, 24 de octubre de 1933).

El final del partido republicano en Cangas del Narcea, que desde 1934 se había refundado en el partido Izquierda Republicana, llega con la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y la entrada del ejercito franquista en Cangas del Narcea el 22 de agosto de ese año. A partir de este momento, el destino de muchos de sus miembros fue doloroso y trágico. Tomando solo como referencia la suerte que corrieron los miembros de aquel primer comité local, sabemos que unos cuantos fueron encarcelados, deportados o inhabilitados, otros tuvieron que exiliarse y no volvieron nunca más a Cangas del Narcea, en algunos casos sus bienes fueron incautados y sacados a subasta, y otros fueron condenados a la pena de muerte, como el joven Grato Gómez del Collado, de 27 años, estudiante del último curso de medicina, que fue ejecutado en Luarca el 15 de diciembre de 1937. Todos estos hombres, que no habían cometido ningún delito, tuvieron que pagar por sus ideas, por su entusiasmo y por su preocupación hacia el bien público.

José Mª Díaz López “Penedela” (Penedela – Ibias 1870 – Cangas del Narcea 1934), alcalde y empresario

A muchos vecinos de Cangas del Narcea, el nombre de “Alcalde Díaz Penedela” solo les sonará por ser el de una céntrica calle de la villa. Este alcalde es hoy un personaje casi desconocido e incluso si alguien quiere buscar información sobre él le resultará complicado obtenerla. No aparece en enciclopedias, ni en diccionarios de historia. Sin embargo, durante el primer tercio del siglo XX, José Mª Díaz López, más conocido como Penedela, fue un personaje imprescindible en Cangas del Narcea. Nació en 1870 en el pueblo de Penedela (Ibias) y falleció en Cangas del Narcea en 1934. Emigrante en América, regresó a Asturias con el inicio del siglo XX y se estableció en la villa de Cangas. Fue un político liberal y un empresario muy preocupado con el progreso y la modernización del país. Ocupó la alcaldía de Cangas entre 1913 y 1923, y también fue diputado provincial. A él se debe la construcción de la traída de agua corriente en la villa y otras mejoras en el concejo. Como empresario trabajó e invirtió su dinero en múltiples negocios: el vino de Cangas, el establecimiento del comercio El Siglo XX, la electricidad, la compra y venta de tierras, la fabricación industrial de madreñas, la molienda de grano, etc. Penedela vivió en el palacio de Omaña, que reformó en 1923. En los años treinta se arruinó y acabó suicidándose. Tuvo muchos y poderosos amigos que le apoyaron en su carrera política, y también muchos enemigos que le acusaron de cacique. Su biografía es una parte de la historia de Cangas del Narcea en el primer tercio del siglo XX.

 

Noticias para la biografía de José María Díaz López Penedela (1870-1934)

por Juaco López Álvarez 

José María Diaz López Penedela (junto al novio) en la boda de Vicente Oliveros y Concha de Llano, 16 de enero de 1918. Penedela era el padrino, tenía 48 años y ocupaba la alcaldía de Cangas del Narcea.

Nació en Penedela, concejo de Ibias, en 1870 y murió en Cangas del Narcea en 1934. Vivió 64 años. Se llamaba José María Díaz López, pero todo el mundo le conocía por “Penedela”, de tal modo que el nombre de su pueblo de origen llegó a emplearlo él mismo como un segundo apellido. Muy joven, como era habitual en aquella época entre los hijos de los campesinos acomodados o de la clase media de las villas, marchó para América, probablemente a Cuba, y allí debió de hacer cierta fortuna. Regresó a España hacia 1900 y se estableció en la villa de Cangas del Narcea. Nunca olvidó aquella etapa de emigrante en tierras americanas. Cuando en 1913 toma posesión de la alcaldía de Cangas del Narcea señalará como una de sus prioridades el fomento de la enseñanza: “tan necesaria en toda ocasión y más tratándose de los muchos jóvenes que emigran de este concejo, que tan útil les puede ser por el mundo las primeras nociones que se adquieren en las escuelas”. En agosto de 1920 participa en un banquete organizado por ocho emigrantes cangueses en América y en la crónica que se publica en la prensa se le califica como un “americano de los viejos”. Y dos años antes de fallecer, en 1932, es uno de los fundadores del Centro Cultural y Recreativo de Cangas del Narcea, en el que se agrupa la colonia de “americanos” residentes en Cangas y cuyo fin era constituir un casino.

Estuvo casado con Julia de Llano Gonzalez, perteneciente a dos linajudas e influyentes familias canguesas: los Llano y los González Reguerín; estos últimos emparentados también con los Flórez. Con estas familias tendrá Penedela negocios económicos y tratos políticos. Tuvo una hija, María, a la que todo el mundo llamaba Marina. Su mujer falleció en noviembre de 1918, con 37 años de edad, durante la terrible epidemia de gripe que asoló al mundo entero, y que en el concejo de Cangas del Narcea causó una considerable mortalidad. Volvió a contraer matrimonio años después con Martina Arias Urbistondo.

Murió el 15 de abril de 1934 y en su partida de defunción el párroco de Cangas, don Dositeo Méndez, escribió: “falleció  a consecuencia de haberse arrojado de un balcón de la casa en donde vivía [situada en la plaza de Rafael Rodríguez], lo que hizo, según certificación del médico que le asistía, D. Victorino López Llano, por sufrir monomanía persecutoria”. La noticia de su fallecimiento se publicó dos días después en el diario La Prensa, de Gijón, donde dice: “Se asegura que el suicida padecía desde hace tiempo de neurastenia y se cree que estos días debió sufrir una agudización en su estado, obligándole a tomar tan extrema resolución”. Su cadáver fue enterrado en el cementerio municipal, en el panteón propiedad de sus sobrinos Concha de Llano Fuertes y Vicente Oliveros Menéndez. Y en este panteón permanece junto a los cadáveres de otras personalidades de la vida de Cangas del Narcea en el primer tercio del siglo XX: Ibo Menéndez Solar, maestro, director del periódico El Narcea, y promotor de la enseñanza y la cultura en el concejo; Mario de Llano González, presidente del Centro Republicano y alcalde durante la Segunda Republica, y el mismo Vicente Oliveros, comerciante.

Penedela fue un hombre apasionado de la política y un empresario tremendamente emprendedor, que llegó a tener múltiples negocios. La estancia en América y el conocimiento de una sociedad más avanzada y urbana, hizo que muchos emigrantes retornasen empeñados en mejorar y modernizar la vida de sus paisanos, y para ello invirtieron su tiempo y su dinero en la vida pública y en nuevas actividades económicas. La vida de Penedela  transcurrió enteramente en esos dos ámbitos: la política y los negocios. En ambas tareas hubo de tener, sin duda, grandes satisfacciones, pero también muchos sinsabores. Sus enemigos políticos decían de él que era una persona soberbia y orgullosa, “un cacique”, y lo acusaban de aprovecharse de la política para su beneficio personal. En política militó en las filas liberales, aunque sus detractores le tachaban de arribista. El 28 de julio de 1923 en el periódico El Noroeste se dice sobre él: “antiguo pidaliano – liberal – conservador – republicano – reformista – inclanista, que en todos estos partidos estuvo o pretendió introducirse el señor Penedela”.

Penedela, político

Comenzó su actividad política en 1909, como concejal del Ayuntamiento de Cangas del Narcea. En la misma corporación también estaba su cuñado Cesar de Llano Gonzalez. El alcalde era Nicolás de Ron. Vuelve a ser elegido en 1912 y es nombrado tercer teniente de alcalde. En este mandato el alcalde era Joaquín Rodríguez Martínez, que el 23 de octubre de 1913 renuncia al puesto “por motivos de salud y no de otra índole” (fallecerá el 23 de enero de 1914 a los 53 años de edad). En su lugar es nombrado Penedela, que contará con el apoyo de la familia de su mujer, los Llano, y el amparo del todopoderoso Félix Suárez-Inclán (Avilés, 1854-Madrid, 1939), diputado a Cortes por el Distrito de Cangas del Narcea desde 1897, miembro del Partido Liberal y en aquel año de 1913 ministro de Hacienda. En esta etapa Penedela fue alcalde hasta el mes de diciembre de 1917. Volverá a ocupar este puesto muy poco tiempo después, el 1 de enero de 1918, y en él permanecerá hasta el 1 de abril de 1921. Y de nuevo volverá a ser alcalde de enero a julio de 1923. En total ocupó la alcaldía de Cangas del Narcea durante nueve años.

Hoja de propaganda política en el que el alcalde José Mª Díaz “Penedela” da a conocer los motivos del cese de su antecesor Marcial Rodríguez-Arango, Cangas del Narcea, 17 de febrero de 1923.

En ese tiempo mantuvo encarnizadas luchas políticas y continuas polémicas por su gestión en el Ayuntamiento. Tuvo enfrente a los reformistas, encabezados por Marcial Rodríguez Arango; a los conservadores kleiseristas, partidarios de Luis Martínez Kleiser para diputado a Cortes por el distrito de Cangas del Narcea, y a los republicanos, dirigidos por Higinio García del Valle y cuyo ariete en la prensa era Gumersindo Díaz Morodo Borí. Para defenderse de las aceradas críticas de este último fundó en 1916 La Voz de Cangas, que dejó de editarse en julio de 1917. La lucha contra Borí llegó al extremo de cerrarle su periódico, El Distrito Cangués, y de denunciarle repetidas veces hasta lograr que le encarcelasen en varias ocasiones.

En Cangas del Narcea los partidos políticos estaban controlados por unas pocas familias que luchaban denodadamente por controlar el poder local y los votos del distrito para la elección de un diputado a Cortes en Madrid. El borrador de una carta escrita desde Cangas por Agustín de Llano Valdés, tío político de Penedela, a un destinatario desconocido, seguramente residente en Madrid, en la que se refiere a las elecciones municipales y a Penedela, nos servirá para conocer los entresijos de la actividad política en las primeras décadas del siglo XX:

“Mi querido amigo: Con motivo de las próximas elecciones para concejales nos hallamos luchando aquí los conservadores y liberales contra los kleiseristas, que no se convencieron a pesar del recorrido que les dimos en marzo último.
 
Corresponde elegir catorce concejales y entre éstos cinco por el distrito de Rengos, que es donde nuestro buen amigo el Conde de Toreno tiene una fuerza decisiva. Hace varios días escribimos a don Félix [Suárez Inclán] para que solicitará de dicho Conde órdenes para que sus administradores nos apoyaran, sin que hasta la fecha hubiéramos obtenido contestación, ignorando el motivo.
 
Como el tiempo apremia y deseo salir victorioso, máxime cuando al presente desempeña esta Alcaldía mi sobrino José Mª Díaz, le ruego se tome la molestia de visitar cuanto antes al repetido Conde afín de conseguir mande a sus apoderados doña Alvarina Peláez y don Ángel Rodríguez que nos apoyen, ordenando además al último se ponga a mi disposición, como lo verificó en las elecciones de marzo, o a la de mi dicho sobrino, para recomendar a los renteros que voten los candidatos que les indiquemos.
 
Y pidiéndole mil perdones por tanta molestia, tengo el gusto de reiterarme de usted con la más distinguida consideración”.

Manifiesto al “Distrito electoral de Cangas del Narcea” firmado por José Mª Díaz López “Penedela”, enero de 1931.

Penedela fue cesado como alcalde en 1923, tras descubrir una comisión de investigación unas “irregularidades” en el Ayuntamiento de Cangas del Narcea. Esta comisión, establecida por el Directorio Militar encabezado por el general Miguel Primo de Rivera, revisó las cuentas de muchos ayuntamientos asturianos. Penedela  y varios concejales fueron incluso encarcelados durante unos días en diciembre de aquel año. Sin embargo, esto no acabó con su vida política. En marzo de 1925  formó parte de una comisión del concejo de Cangas del Narcea, encabezada por el alcalde Porfirio Ordás, que se reunió en Tineo para tratar sobre la construcción del ferrocarril Pravia-Cangas-Villablino, donde él figura como “ex alcalde”, y poco tiempo después fue nombrado diputado provincial. Como representante de la Diputación asiste a la inauguración de la Feria de Muestras de Gijón en agosto de 1927 y al entierro del empresario José Tartiere en ese mismo año. Por último, en las famosas elecciones municipales del 14 de abril de 1931, que trajeron la Segunda Republica, salió elegido concejal por la candidatura republicana. Unos meses más tarde su cuñado Mario de Llano Gonzalez ocupará la alcaldía de Cangas del Narcea.

La política de Penedela con respecto a Cangas del Narcea puede resumirse en una sola palabra, muy manida en aquellos años: modernización. En la sesión del 23 de octubre de 1913, en la que ocupó por primera vez la alcaldía, señaló sus tres prioridades: el “fomento y desarrollo de la enseñanza”; “los caminos vecinales que tantos beneficios reportan a los pueblos” y la “rigurosa administración de los intereses del concejo”. A estas habría que sumar su interés por la higiene y la salud pública.

La consulta de los libros de actas de las sesiones municipales que presidió Penedela muestran un número considerable de acuerdos sobre la creación de escuelas, construcción de edificios, contratación de maestros y compra de material escolar, así mismo aparecen muchos acuerdos relacionados con caminos, “puentes económicos” y fuentes.

En cuanto a las medidas en favor de la higiene, hay que resaltar que el higienismo estuvo muy en boga en aquel tiempo debido a la insalubridad general y a las frecuentes epidemias causadas por la suciedad de las calles, aguas contaminadas, etc. El ideario de Penedela en este sentido esta recogido en un bando que escribió en julio de 1916 como preámbulo a la edición de las Ordenanzas Municipales de 1898:

HAGO SABER: Que la misión de esta Alcaldía no queda cumplida preocupándose solamente de la seguridad de los vecinos, la instrucción de los niños, el socorro de los pobres, la administración de los fondos del concejo y las relaciones con los que nos son administrados; hay algo que hasta ahora se hallaba descuidado en Cangas y es sin embargo lo más importante para una colectividad, pues nos referimos a la higiene, asunto que preocupó en todas las épocas a los pueblos que, por su superioridad, merecieron gobernar a los demás.

Según Penedela “es imposible una prosperidad económica duradera en un pueblo donde, por descuido de la higiene, abundan los tísicos y enfermos”.

Sigue Penedela:

Hace pocos años, cuando la noción de libertad había llegado con claridad a la mente de privilegiadas personas, confundiendo el vulgo el significado de esa santa palabra con el egoísmo, podría parecer a los pseudos liberales que se atentaba a la libertad, imponiendo por la fuerza la higiene; pero, afortunadamente, hoy creo que no habrá ni un solo cangués para quien no sea evidente que la libertad de cada uno termina donde empieza la del prójimo.[…]
 
En una villa de la importancia de la nuestra, no puede ya prescindirse de algunos detalles de ornato, que son cosa corriente para otras muy inferiores en otros aspectos. No pido lujos ni sibaritismos; pero tampoco puedo seguir consintiendo que el transeúnte se vea insoportablemente molestado por los imponentes chorros de agua lanzados por los canalones rotos, […]. El blanqueo de las fachadas, que es barato, es otra imposición que se verá en la necesidad de adoptar la Alcaldía, porque si un individuo con la cara sucia es rechazado por los demás, una casa de la villa debe mostrarse también con el aspecto agradable de la limpieza.
 
La cultura de un pueblo se revela al forastero en una multitud de detalles, que en Cangas dejan bastante que desear, y no enumeraré aquí porque son muchos y muy conocidos del público. Desde el tocino colgado en la puerta de una tienda, como si estuviese destinado a manchar la ropa de un transeúnte, hasta los perros que molestan al vecindario; lo mismo los cueros en el centro de la población, donde despiden nauseabundo olor, que los diferentes trastos que obstruyen la calle, todo indica un abandono que no debe continuar, porque en la vida de un pueblo a la moderna, juegan principal estos detalles que significan privilegios de unos pocos, en perjuicio de la colectividad.

Según Penedela, en las Ordenazas Municipales de 1898 “están admirablemente resueltos los problemas enunciados y muchos otros inseparables de la vida social”. Por eso promovió su difusión, con la advertencia a los cangueses de que va a exigir su “exacto cumplimiento”, y que si es necesario impondrá correctivos, aunque él cree que no serán necesarios:

Sería el primero en deplorarlo; pero, así como un padre que entiende su sagrado papel, castiga con mano dura a los hijos que lo necesitan, para que lleguen a ser honrados y útiles ciudadanos, estoy yo resuelto a emplear los medios de que la Alcaldía dispone, a fin de que se cumplan las Ordenanzas municipales, pues lo creo indispensable, si Cangas ha de llegar a ser pronto una villa sana, agradable y culta.

De su etapa como alcalde, se sentía muy orgulloso de haber propiciado y llevado a cabo la construcción de tres obras, que tienen mucho que ver con la higiene: el matadero, el lavadero y, sobre todo, la traída de agua.

El matadero se terminó de construir en el mes de mayo de 1916 en el lugar llamado la Cuadra de las Mulas, situado a la salida de la villa en dirección a Rengos. El autor del proyecto fue Alfredo Flórez González, que lo hizo gratuitamente.

El lavadero se inauguró en 1914 y estaba junto al puente de Ambasaguas, estaba en el solar de los Molinos Viejos. Lo sufragó íntegramente el mencionado Alfredo Flórez González, que lo donó al Ayuntamiento. El agua, que corría sin interrupción en el lavadero, la cedía el mismo Penedela, y procedía de la presa de un molino que tenía en las proximidades.

Por último, la instalación de la traída de agua corriente fue la gran obra de Penedela. No era para menos porque este servicio supuso un cambio radical en la higiene y en el modo de vida de los cangueses (sobre todo de las canguesas que eran las encargadas de acarrear el agua de las fuentes). En la sesión municipal del 18 de septiembre de 1914 se tomó el acuerdo de hacer esta obra por “la imperiosa necesidad de dotar a la villa de agua potable, por ser muy escasa y de malas condiciones la que hoy existe, como se demostró durante la última epidemia de tifoideas, pues habiendo cincuenta y cuatro casos de dicha enfermedad en esta villa, tan pronto se clausuró la fuente pública no se registró ningún nuevo caso”  El “Proyecto de abastecimiento de aguas para la villa de Cangas de Tineo”  se redactó en 1916 y la obra concluyó en 1919. La villa empezaba su modernización.

Si, por un lado, estas fueron sus obras más apreciadas, por otro, sus mayores fracasos fueron el no haber construido un cementerio municipal y las infructuosas gestiones llevadas a cabo para la construcción del ferrocarril Pravia-Cangas del Narcea-Villablino.

El cementerio de la villa era una necesidad desde hacía mucho tiempo. El viejo cementerio parroquial, situado detrás de la iglesia, era muy pequeño para una villa que había crecido mucho en el siglo XIX. En 1903 se describía así su estado en el periódico La Verdad (Cangas de Tineo, 14 de febrero de 1903):

“Cangas, la misma capital del concejo, tiene en vez de cementerio un inmundo pudridero donde se hacinan los cadáveres, donde se exhuman varios cada vez que se inhuma uno, donde ruedan los huesos humanos y los restos de ataúdes y mortajas; y esta macábrica perspectiva la observamos todos a diario cuantas veces penetramos en aquel reducidísimo y mal acondicionado, y peor cuidado y administrado recinto, para acompañar a la última morada los restos mortales de una persona querida”.

Las gestiones para hacer un nuevo cementerio comenzaron en 1912. El terreno elegido estaba en Barañán, encima del barrio de El Corral. Durante la alcaldía de Penedela se encargaron dos proyectos para este lugar, uno llegó a aprobarse en 1918, pero debido a las opiniones divididas con respecto a su emplazamiento se decidió buscar otro sitio más adecuado. El cementerio municipal se construirá en 1927 en Arayón, tres años después de cesar Penedela como alcalde.

Sin embargo, el gran fracaso del Penedela político fue que el ferrocarril Pravia-Cangas-Villablino no llegase a construirse. Esta línea fue una de las mayores aspiraciones de los vecinos del suroeste de Asturias, que consideraban que era un medio imprescindible para la explotación de las riquezas naturales y la modernización del país. Los políticos estuvieron jugando con esta aspiración desde finales del siglo XIX y periódicamente, sobre todo cada vez que había elecciones a diputados a Cortes, se anunciaba la inminente concesión de las obras, pero al poco tiempo todo quedaba en nada. Penedela participó en reuniones, comisiones y asambleas convocadas para tratar este asunto, y estoy seguro de que su interés era sincero, porque el ferrocarril en ese tiempo era sinónimo de modernización y progreso, pero fue algo que no pudo conseguir.

Penedela, empresario

En este ámbito es sorprendente la variedad de negocios con los que corrió Penedela, en cierta medida impulsado también por ese afán innovador y modernizador de la sociedad. Invirtió en la compraventa de  tierras, en industrias, en el establecimiento de un comercio, en la construcción de carreteras, etc.

La elaboración de vino es el primer negocio en el que sabemos que participó y en el que se mantendrá hasta el final de sus días. Esta dedicación al vino es comprensible, porque este producto va a ser, hasta la Guerra Civil y junto a la industria maderera, la actividad económica más rentable del concejo de Cangas del Narcea.  En 1901, Penedela aparece formando parte de la sociedad Flórez, Llano y Díaz, que compra las bodegas y todos los viñedos (21 hectáreas) que habían pertenecido a Anselmo González del Valle, y funda las “Bodegas Canguesas”, cuya principal marca de vino será “Príncipe de Asturias”. La sociedad se mantendrá en manos de Penedela y la familia Flórez hasta los años treinta. En el diario La Prensa, de Gijón, aparecerá la noticia de su muerte el 17 de abril de 1934 con el titular siguiente: “Se suicida un cosechero de vinos”.

La segunda actividad que le conocemos es como agente de seguros de la compañía El Alba. Como tal aparece en la Guía Comercial de Asturias de 1903. En este año también ocupaba el cargo de contador-cajero de la Sociedad General de Explotaciones Forestales y Mineras “Bosna Asturiana”, constituida con capital asturiano, vasco y francés para explotar minas y montes en la cuenca alta del río Narcea y sobre todo extraer madera de Muniellos. Durante este tiempo participó en la publicación de un periódico local, La Verdad, dirigido por Manuel Flórez de Uría. Su papel en este periódico lo contará unos años después el mismo Flórez de Uría en El Distrito Cangués, 24 de febrero de 1914:

[En 1903] suspendí “La Verdad” de Cangas y cree “La Verdad” de Oviedo, en cuyo primer número aparezco yo como Director y Jefe de Redacción y como Redactor y Administrador D. José Mª Díaz y López, el actual alcalde, pero de quien me cumple hacer constar que no tuvo arte ni parte, ni remota ni próxima, en el periódico, pues su nombre puesto en la portada fue solo un acto de buena amistad y deferencia hacia mi, como contador-cajero que era de la sociedad “Bosna Asturiana”, de la que yo era apoderado, entidad financiera a quien podía ser muy útil tener a su devoción, para fines puramente industriales, el periódico único de la localidad”.

Hoja de publicidad para la apertura del comercio El Siglo XX, Cangas del Narcea, hacia 1905.

Poco tiempo después Penedela abrió un comercio de ropa, paquetería, armas, etc., negocio que fue muy frecuente en muchos emigrantes retornados, que habían trabajado en América en este ramo y venían de allí con ideas nuevas. Su nombre ya es expresivo de los nuevos tiempos: El Siglo XX. Estaba en la calle Mayor y será uno de los primeros establecimientos modernos de la villa de Cangas. En el se vendían las “últimas novedades” en tejidos y calzado, y muchos de los nuevos productos que se estaban expandiendo desde las villas al medio rural a través de estos comercios: loza y cristal, armas, camas de hierro, trajes, sombreros, alfombras, mantillas, etc. El comercio El Siglo XX lo traspasa en 1918 o 1919 a Vicente Oliveros, que trabajaba en él como dependiente y que se casa en enero de 1918 con su sobrina política Concha de Llano. Penedela y su mujer serán los padrinos de boda de este matrimonio y también de su primer hijo, que llevará el nombre del padrino: José María.

Otra de las inversiones de Penedela fue la compra de amplias posesiones pertenecientes a las viejas familias rentistas canguesas, como los Yebra Pimentel y los Velarde, que ya no residían en Cangas y tenían la administración de sus propiedades casi abandonada. Las fincas que adquiría las vendía después a sus llevadores, que eran campesinos del concejo, sacando con esta operación un pingüe beneficio. Con frecuencia, para estas operaciones se juntaban varios capitalistas. En diciembre de 1922 escribe Borí en El Progreso de Asturias (La Habana, 20 de enero de 1923):

“La antigua casa de Velarde ha vendido todo lo que en este concejo tenía. Fueron compradores el banquero cangués don José Álvarez Menéndez y los señores don José María Díaz López y don Antonio Jiménez. El precio de compra fue de medio millón de pesetas”.

El último comprador era el procurador Antonio Jiménez Valcárcel, que estaba casado con una hermana de la mujer de Penedela; él se quedará con el palacio de los Velarde, situado en la calle Mayor, a la altura de la plazuela de Riego. El propio Penedela vivirá también en un palacio, el de los Omaña, en la plaza Mayor, que se lo había comprado a Anselmo González del Valle. Esta casa la reformó considerablemente en 1923: abrió en la fachada principal varias puertas y ventanas, y construyó un mirador, todo ello dentro de un estilo historicista.

Recibo de “Hidroeléctrica del Luiña” con la firma de su propietario José Mª López Díaz “Penedela”, 1925.

Penedela también adquirió el viejo molino que estaba situado junto al puente de Ambasaguas, que había sido propiedad de la casa de Omaña y que él debió de comprar al mencionado González del Valle. En 1924,  aprovechando su presa y canal, construyó junto a este molino una central hidroeléctrica, denominada “Hidro Eléctrica del Luiña”, cuya energía vendía en la villa y pueblos próximos, y además instaló una fábrica de harina y otra de madreñas, movidas ambas con máquinas eléctricas. La electricidad había llegado a la villa de Cangas en 1899, con una hidroeléctrica situada junto a Arayón. En la primera mitad de los años veinte se levantaron en el concejo tres más, que en 1925 ya estaban funcionando: una en Villacibrán (“Hidroeléctra de Villacibrán”), otra en Cibea y la de Penedela en Cangas.

Pero los negocios de Penedela todavía abarcaban mucho más: en 1914 su comercio de El Siglo XX era también la administración de los automóviles de línea que hacían el servicio diario de Cangas a Grado, y en 1918 sabemos que era el contratista de la construcción del segundo tramo de la carretera de Navelgas (Tineo) a Pola de Allande.

Hasta los años treinta Penedela vivió años de fortuna. El 28 de marzo de 1925 puede leerse en el diario La Prensa:

“En su magnífico automóvil ha regresado de La Coruña [a Cangas de Tineo], donde pasó el día de su fiesta onomástica en compañía de su familia, el rico propietario y exalcalde de esta villa José María Díaz Penedela”.

Pero en los años treinta comenzó a apagarse su buena estrella. En estos años tuvo que deshacerse de muchas de sus propiedades: el molino, la central hidroeléctrica y el palacio de los Omaña que vende en 1932. Siempre escuché en mi casa que Penedela había muerto arruinado por culpa de la política, que su desmedida afición hacía ella le había hecho perder todo lo que tenía. En realidad, no sé qué le pudo pasar, no tengo datos para afirmar nada y lo que pueda decir en estos momentos son suposiciones. No obstante, es muy probable que, al igual que les sucedió a otros muchos empresarios en todo el mundo, el crack de octubre de 1929 y la enorme crisis económica que trajo consigo, afectase considerablemente a este hombre hasta el punto de arruinarlo y llevarle al suicidio. A la ruina económica habría que sumar unas circunstancias familiares adversas,  que abocaron a Penedela a este trágico final.

Anuncio del comercio El Siglo XX en El Distrito Cangués, 1915.

Ocho años antes de su muerte, el 16 de julio de 1926, cuando todavía le sonreía la suerte, se publicaron en el diario La Prensa, de Gijón, dos páginas completas dedicadas a las fiestas del Carmen y a la villa de Cangas del Narcea. En ellas aparecen varios anuncios y también unas elogiosas reseñas de comerciantes y hosteleros, que con toda seguridad fueron pagadas por sus protagonistas. Una de estas reseñas encomiásticas está dedicada a “Don José María Díaz Penedela”. Es probable que la escribiese él mismo o que la hubiese escrito otra persona con la información que él le proporcionó, en todo caso es la imagen que él quiso dejar de sí mismo. Con ella vamos a terminar esta breve biografía.

Don José María Díaz Penedela

Es Cangas de Tineo uno de los pueblos que van siempre en pos del progreso, y naturalmente, en Cangas no podrían faltar hombres notorios, pues son bastante conocidos los naturales de la localidad que han sabido poner sus nombres muy alto.

Queremos ocuparnos en esta ocasión de don José María Díaz Penedela, que durante su actuación como Alcalde de Cangas de Tineo, cargo que ocupó durante nueve años, demostró excepcionales condiciones, pues a él se debe la traída de aguas, uno de los orgullos legítimos del pueblo, así como también la construcción del Matadero y en parte la del Lavadero.

Una vez retirado de sus funciones como representante del pueblo y persona que no sabe estar inactiva, ha fundado una Central de luz y fuerza con la cual ha hecho que el pueblo goce de excelente servicio en este aspecto, pues hizo de esta Fábrica una de las más modernas, pudiendo en todo momento servir, tanto luz como fuerza, a cualquier punto del concejo.

Tiene también, y montada a la perfección, una fábrica de almadreñas, movida por electricidad, con sus transmisiones subterráneas, y a cuyo frente se encuentran competentísimos operarios, siendo una de las preferidas en Cangas de Tineo y pueblos limítrofes y cuya fama ha transcendido al resto de Asturias, siendo buena prueba de ello los numerosos pedidos que a diario recibe.

Así mismo y al lado de la Central Eléctrica ha hecho la instalación de una fábrica para la molturación de granos que montada con arreglo a los últimos adelantos, y movida por electricidad, puede moler en cualquier momento, 50 y 60 sacos de trigo por día.

Otro importantísimo negocio del señor Penedela lo constituyen las Bodegas Canguesas en sociedad con don Roberto Flórez, siendo muy conocida su marca «Príncipe de Asturias», debido a ser como muy bien dicen sus etiquetas, «únicas bodegas en la zona asturiana que por la clase especial de sus viñedos y la buena y esmerada elaboración de sus vinos, puede competir con cualquiera de las regiones vitícolas de España y del extranjero, según se demuestra con los premios obtenidos en diversos países», y esto lo demuestra el que no solo se concreta a servir las plazas de Asturias, sino que también se extiende la exportación a plazas de España, como Madrid y Barcelona y otras muchas de América, de donde reciben continuamente pedidos.

No terminaremos de hablar del señor Díaz Penedela sin antes felicitar al pueblo de Cangas de Tineo por contar entre sus hijos con hombres entusiastas y emprendedores como el que nos ocupa.

José Francisco Uría y Riego (Cangas del Narcea, 1819 – Alicante, 1862)

José Francisco de Uría y Riego, por José Gragera y Herboso, 1862

José Francisco de Uría y Riego (1819-1862) da nombre a la calle más comercial de Oviedo y a otras principales en Gijón, Luarca y Cangas del Narcea. Nació en el seno de de una importante familia de la nobleza rural asturiana con solar en Santa Eulalia de Cueras (Cangas del Narcea).

Partícipe del ideal ilustrado del desarrollo económico como medio para conseguir el bienestar, se interesó por implantar nuevos cultivos, por el estudio de las enfermedades de las plantas, fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias y participó en la Exposición de Productos Agrícolas de 1857 donde obtuvo medalla de bronce por “cecinas de jamones” de su tierra natal.

Como político se adscribe al liberalismo moderado y es elegido Diputado a Cortes por el distrito de Cangas de Tineo en 1857. Nombrado Director General de Obras Públicas en 3 de julio de 1858, recibió respeto y consideración por su incansable trabajo en pro de modernizar las infraestructuras del Estado. Aprovecha un momento de estabilidad política, desarrollo económico e impulso de las obras públicas como fue el gobierno de O’Donnell y, sin olvidar su compromiso estatal, favoreció a Asturias y al distrito que representaba como diputado. Es el momento del ensanche de Barcelona y Madrid, de la construcción del Canal de Isabel II, del trazado de la red viaria y del ferrocarril, de los faros y los puertos.

Enfermo de tuberculosis se traslada a Alicante donde fallece lejos del solar familiar. La correspondencia privada, los homenajes póstumos, además de ser entrañables reflejan el reconocimiento a su trabajo desde todas las facciones políticas, el carácter de Uría y de su época.

Texto: Mercedes Pérez Rodríguez

Mercedes Pérez, socia del Tous pa Tous, ha tenido la generosidad de realizar un extracto de su tesis doctoral, “El patrimonio de las obras públicas en Asturias a mediados del S. XIX en relación con José Francisco de Uría y Riego”, para la web del Tous pa Tous. Desde estas líneas queremos envíar a Mercedes nuestro agradecimiento. El mencionado e interesante trabajo se puede consultar a continuación:

José Francisco de Uría y Riego (1819-1862):
un cangués Director General de Obras Públicas

Listado de electores de 1858

Lista de los electores del Distrito de Cangas del Narcea (Allande, Cangas y Tineo) para las elecciones a diputados a Cortes en 1858. En España, en aquel tiempo, solo votaba una minoría de hombres en función de su clase social y de los impuestos que pagaban, era el conocido como sufragio censitario masculino. El resto de la población quedaba apartado de la política. El sufragio universal todavía tardaría muchos años en llegar a España.

Este listado constituye un buen ejemplo del sufragio censitario del liberalismo del S. XIX y también de la continuidad de los apellidos en las casas del suroccidente.

Descargar: icon  Listado de electores de 1858