‘La Calle’

El número 9 de la calle Dos Amigos

Nací el 30 de marzo de 1968 en el número nueve de la calle Dos Amigos de Cangas del Narcea. La casa la habían levantado a finales de los años cincuenta Celesto y María, originarios del concejo de Cangas. Los dos habían marchado para Madrid, él era carpintero, ella había enviudado y tenía un niño, también llamado Celestino, que todos los cangueses conocerán con el tiempo como “Tino el fotógrafo”. Cuando regresaron construyeron esta casa de vecinos, de planta baja, piso y buhardilla, en total cinco viviendas. Es un edificio grande que hace esquina, ocupando el final de la calle y el principio de “la cuesta” o “cuesta del Aldeano” que baja a La Vega; toda su trasera da a la calle Tres Peces.

Soy la única persona que nació en ese edificio; mi hermano Juan, mayor que yo, nació en Oviedo y llegó a Cangas siete días después. Desde el día de mi nacimiento, la casa dejó su huella en mí. De madrugada, a la vez que mi madre rompía aguas, la casa también lo hizo: reventó la tubería del agua caliente inundando el piso. Según me contaron, mi padre salió a buscar a Cundo “el fontanero” y mi tía a Marisol “la comadrona”, amiga de juventud de mi madre por tierras de Laciana; pero ésta había salido esa noche a atender otro parto en un pueblo del concejo y al final fue “Cabezas el practicante” el que me “cogió”. Antes de que nadie llegara, mi madre y yo, hicimos el trabajo solos, ella me tuvo y yo nací. Según contaba fui como un “pedín” y salí sin darse cuenta.

Cuando yo era un crío, las cinco viviendas de la casa estaban habitadas. En la planta baja vivían mis apreciados Ana Amor y Marcos Verano (el bisabuelo de la saga); para mí Ana fue también un poco abuela. En el primero derecha vivían los propietarios de la casa: María (todo un carácter) y Celesto, y a la izquierda, la familia Redondo: mis padres Manolito y Mercedes, mi querido hermano Juan y yo. Los pisos de encima eran abuhardillados. En el segundo izquierda vivían Carmina y Eduardo Villamil, y cuando éstos se fueron llegaron Adela Jacón, su marido Luis Pozo y su nieta Adela; la abuela fue la última persona que vivió de continuo en el edificio. En la buhardilla de la derecha, Pili y Tino el fotógrafo, que tenían en la misma planta un salón que utilizaban como estudio de fotografía, que antes había utilizado otro fotógrafo, Enrique, casado con Carmina la peluquera. En ese mismo piso habitó la familia Baragaño (su hijo José vivió en él desde sus primeros días de vida, pero había nacido en Mieres), y también vivieron en el edificio Los Vascos, cuyo padre era camionero, y Pin Moreno el taxista; todos ellos antes de llegar mi familia.

Nuestra vivienda tenía tres habitaciones, salón, una buena cocina con despensa y baño. Durante muchos años una de las habitaciones se utilizaba de salita y desde su ventana fui descubriendo el mundo. La ventana daba a “la cuesta”, a “el prao” o “la huertona” y a “la huerta”. Tengo todavía muy presente el recuerdo de estar apoyado en el cristal de la ventana, viendo pasar los días, las estaciones, los vecinos, el mercado de ganado de todos los sábados, cuando “el prao” se llenaba de vacas y caballos, aquellas “nevadonas” que cubrían nuestro “territorio” de un manto blanco listo para jugar…

En el bajo de la casa estaba el taller de carpintería de Celesto, que era un carpintero “estacional” y vivía básicamente de hacer vacías para la matanza y banquetas de madera; no tenía herramienta moderna y trabajaba con maestría el saber antiguo, empleando sierras, serruchos, viejos sargentos de todos los tamaños, cepillos de varias clases, berbiquís… ¡qué bien entendía la madera!

Esquina del número 9 de la calle Dos Amigos.

La casa tiene varios bajos, que en aquel tiempo se empleaban para varias cosas. A la calle Dos Amigos da un bajo con tres portones, que se utilizaba como cochera y que también servía, en la temporada de matanza, como exposición y venta de las vacías que hacía Celesto. En la cuesta hay otro portón que daba acceso a una especie de bodega (para mí siempre fue un misterio) y que años después se utilizó como almacén de fruta. Y, por último, en la parte trasera del edificio, con fachada a la calle Tres Peces, hay un pequeño patio donde estaba la carpintería y encima de ésta una terraza donde se apilaban los tablones de madera.

En el portal, debajo de las escaleras, hay una carbonera, con un pasillo que se empleaba para aparcar las bicicletas, y la puerta de la vivienda de Ana Amor. La puerta de entrada es grande y esta insertada en esa fachada esquinera tan singular, que tiene un poyete de piedra donde pasábamos en aquellos años horas y horas sentados. Y de ahí, al paraíso, a “la calle”.

Cuando era muy pequeño la calle estaba llena de chicos grandes, algunos ya hombrecitos, recuerdo a: Juaco y Pedro los de Pepita, Jesús y Víctor Linde, Alejo el de Mario el dentista, Mario Perchas, María y Kiko los del otorrino, Celso el de Angelines, Luis Robustiano y su hermana Ana, Gilberto y María Victoria los de Esperanza, Pepín Queipo, los Morodo (que vivían en La Vega)…

Después ya llegaron los míos. Crecí rodeado de muchos niños, que eran “los amigos”: Paz la del otorrino, Cova (la nena) y mi apreciado Cundín los de Teresa y Cundo, Alejandro el de Pepita, José Ramón “Perchas”, Inma la de Silvela, Dolores la de Loli, Grisel y Domingo los de Esperanza, Adela Jacón, Asún la de Lin, Javi el de Espina, Javi y Jorge Queipo, Raulín y Guillermo los de la discoteca, Pablo y Eugenia los de Pepita, mi quinto y querido Dioni y su hermano Evaristo Morodo. Muchos otros fueron llegando: los Solana, Fuencisla y Ana del Royalty, Patri y Ángel del Molinón, Los Gemelos, los hermanos Dupont… Y otros que iban y venían, Amaya y las gemelas de los Araniegos, Santiago de los de Pachón, Humberto Ron, las nietas de Pila y Pepe Gancedo…

En aquel paraíso que se extendía desde El Caleal, pasando por La huerta con su pozo, El prao, La cuesta, La calle, La acera, Los portales, hasta llegar al paraíso dentro del paraíso, el solar de La Astorgana con montones de pilas de leña donde, durante años, construimos nuestros campamentos.

La calle abierta por los dos amigos en 1930 fue ocupada en su gran mayoría por el gremio de la madera: los Pachón, Araniegos, Lin, Celesto y Pepe Gancedo. Con los años también la ocupó el gremio de los transportista: Guerrero, Perchas, Queipo, Marcos Verano, El Vasco, Redondo…

En 2015, gané el Certamen Nacional de Arte de Luarca con “Espacio Amueblado”, una escultura que, de alguna manera, rinde un homenaje a aquel mundo de madera tan presente en mi niñez. Contar con tanto estímulo visual y material, como era el hierro del taller de Robustiano, la madera de “El solar” y el buen oficio de los carpinteros, fue fundamental para desarrollar mi capacidad creadora.

Podría contar cientos de recuerdos, pero creo que el más importante es el de la felicidad y el cariño que guardo de esos lugares y de esas gentes, fue un placer y no lo olvidaré nunca.

Un oso pardo mata a una hembra que protegía a su osezno en Cangas del Narcea

La Fundación Oso Pardo graba cómo el macho persigue al esbardo en Cangas del Narcea y se alimenta de los restos de la hembra.

FAPAS ha tenido conocimiento de un ataque de un oso a una hembra reproductora acompañada de su cría con el resultado de que el oso ha matado a la hembra. No es un suceso frecuente. FAPAS ha consultado a expertos de países del Este europeo donde hay mayores poblaciones de osos que en España y se conocen pocos casos.

Lo sucedido el pasado 31 mayo de 2020, ha sido originado por un macho que trataba de eliminar a la cría para favorecer la entrada en celo de la hembra y aparearse con ella. Sin embargo, la hembra se enfrentó al macho de manera violenta, siendo el resultado una gran pelea en la que el macho sujetó a la hembra por el cuello con su boca hasta matarla.


 

Úrsula, una osa de Monasterio de Hermo en la Guerra Civil

Fuente: ‘Diario de la Guerra Civil. La Aventura de la Historia. Unidad Editorial Revistas. Suplemento nº 5’

Esta es una historia de supervivencia y libertad que empieza en los montes de Cangas y casi termina en Sobradiel muy cerca de Zaragoza. La Guerra Civil marcó el destino de esta osa, que cruzó los verdes valles y escarpados montes de su Asturias natal hasta llegar a las vastas llanuras aragonesas camino del mar Mediterráneo y el fin de la contienda.

La osa Úrsula fue capturada en plena Guerra Civil en Cangas del Narcea, concretamente en los montes de Monasterio de Hermo. Algunos miembros del Cuerpo del Ejército de Galicia se hicieron con Úrsula, entonces una osezna de apenas dos meses de vida, y la convirtieron en su mascota.

Con aquella Unidad militar recorrería Úrsula la península en guerra, desde Asturias hasta Levante. Pero la osezna se fue transformando en osa por el camino. Creció y empezó a hacerse incómoda como mascota. Hasta que el general Aranda, al mando del Ejército de Galicia, decidió donarla al parque de atracciones del Monte Igueldo en San Sebastián, a donde llegó el 25 de mayo de 1938 para empezar a dar vueltas en su enjaulado recinto. Allí sería la reina de las miradas infantiles durante más de veinte años y protagonista de las más diversas “leyendas urbanas”.

De mascota militar pasó a ser emblema del parque donostiarra hasta que en 1959 los protectores de animales la llevaron al zoo de Barcelona para proporcionarle las comodidades que no le daba Igueldo pero,… murió a los pocos días.

Triste final para una osita que vivía con su familia en los montes de Cangas del Narcea cuando, en plena guerra civil, fue encontrada por unos soldados que iban monte a través camina que te caminarás.

Una osa con dos oseznos se acercaron al campamento donde dormía la tropa a la que tanto asustaron que terminaron por dispararles… La madre y una de las crías escaparon pero la otra trepó a uno de los árboles. Capturada por los militares la criaron como si de su mascota se tratara y como era osa la llamaron Úrsula. Y la llevaban de aquí para allá hasta que un día, estando en las llanuras aragonesas, decidieron que Úrsula no se acostumbraba al ruido de las bombas y que era un incordio para el personal. Los aviones de la República habían bombardeado el pueblo de Sobradiel donde los nacionales habían instalado su cuartel general y Úrsula, temiendo lo peor,  con un leve tirón se deshizo de las cadenas que la mantenían prisionera y asustadísima empezó a recorrer el pueblo. El general Aranda que mandaba la Unidad conocía al gobernador de la provincia de Guipúzcoa y le llamó por teléfono… ¿quieres una osa?… ¡Ahí te la mando!… Y uno de sus capturadores, el alférez Luis de Armiñán, con el teniente Pérez Cinto la llevaron al Monte Igueldo en un camión desde las proximidades de Zaragoza. San Sebastián era entonces la ciudad mimada de la zona nacional.

Parece ser que el viaje de la osa desde Sobradiel hasta San Sebastián generó más curiosidad, e incluso más temor, que la batalla de Teruel,  la mayor ofensiva del Ejército Popular de la República y con ella, la batalla más cruenta del conflicto (Teruel, una posición en teoría insignificante, iba a decidir la Guerra Civil). Pero Úrsula no fue culpable. Había perdido su libertad, intentó romper sus cadenas y lo hizo en mala hora pues le llevó a ser encerrada en una jaula, y dedicada a la humillante exhibición de su cautiverio.

Fue primero mascota para los soldados, después juguete y regalo de los niños, espejo de los mayores y mala conciencia de muchos. Pasó por el monte Igueldo como una sombra, sin que nadie la recuerde, sin una fotografía, sin una placa y mucho menos sin una estatua como la del oso anónimo de la Puerta del Sol de Madrid. Úrsula perdió a su familia en Cangas del Narcea, perdió la libertad en Sobradiel y a sus amigos en tierras aragonesas: sin un mal gesto, sin retorcer el hocico, sin un solo rugido. Por mucho menos otros tienen nombres de calles.

Real Privilegio del vino de Cangas, 1542 – 1834

REAL PRIVILEGIO DEL VINO DE CANGAS
Por el cual estaba prohibido vender vino forastero en Cangas del Narcea mientras no se acabase la cosecha de vino del país, 1542 – 1834

Juaco López Álvarez

 

“Bodega del conde” en el patio del palacio del conde de Toreno, Cangas del Narcea, mayo de 1925, donde se vendía el vino del conde, que era uno de los grandes cosecheros de vino de Cangas. Fotografía de Ruth M. Anderson. Col. Hispanic Society of America.

Hasta la primera mitad del siglo XVIII el viñedo se extendía por gran parte de Asturias. En esa centuria comenzó a reducirse y en poco tiempo solo hubo viñas en los concejos de Las Regueras y Candamo, y en el occidente de Asturias. En esta última zona, fue en el concejo de Cangas del Narcea donde el viñedo y la producción de vino tuvieron una mayor importancia. Hasta los años treinta del siglo XX, el vino era la principal industria de este concejo, y los grandes y medianos cosecheros daban trabajo a numerosas personas en las labores del viñedo y la producción del vino. En 1932, según Juan G. Cosmen, “más de la mitad de la población de la villa y sus contornos viven de la viñas” (Región, 28 de octubre de 1932).  El vino que se producía era “relativamente caro”,  sobre todo en comparación con el de otros de áreas vinícolas próximas (El Bierzo, León y Castilla) con un cultivo más fácil, mejores condiciones climáticas y una producción mucho más alta. De este modo, en 1892 en el mercado de Oviedo se vendía el hectolitro de vino de Tafalla (Navarra) a 58,50 pesetas y el de Cangas de 110 a 115 pesetas, vino, que como escribe un cronista, era “muy estimado en toda la provincia”, pero cuyo precio “le pone fuera del alcance de los consumidores menos acomodados”.

¿Por qué en Cangas no decayó el cultivo del viñedo y la producción de vino en los siglos XVIII y XIX cuando a Asturias estaban llegando por tierra y mar vinos de León, Castilla y Galicia a un precio más barato que el del vino del país? A menudo, en la historia, la respuesta a este tipo de situaciones hay que buscarla en la política, es decir, en decisiones políticas que dirigen la vida de los pueblos. En este caso, la decisión se tomó en el siglo XVI y consistió en un real privilegio que fue muy beneficioso para los intereses de los cosecheros de vino de Cangas.

El privilegio lo otorgó en 1542 el emperador Carlos V. El texto original no lo conocemos, pero aparece mencionado en varias Reales Provisiones de los siglos XVIII y XIX. Ordenaba que en el contorno de una legua (5,5 km) de los lugares de la villa, concejo y cotos de Cangas del Narcea donde hubiese viñedo no podía introducirse ni venderse vino alguno de León, Castilla, el Bierzo, Galicia, ni procedente de puerto de mar, ni otras partes, mientras hubiese vino del país. Una vez vendido el vino producido en Cangas podía entrar el “vino forastero”, que, por supuesto, tenía que pagar sus impuestos.

El que obtuvo este privilegio para el vino de Cangas fue, como suele ser frecuente en esta clase de asuntos, una persona influyente y próxima al poder político. En este caso fue Suero Queipo de Llano y Cangas, “persona principal” de la villa de Cangas en la primera mitad del siglo XVI y miembro de la ya poderosa casa de los Queipo, cuyo mayorazgo recibirá en la centuria siguiente el título de conde de Toreno. Nuestro hombre, según la genealogía de los Queipo formada por Simón Miguel Vigil en 1822, “sirvió a los Reyes Católicos y a Carlos V contra los Comuneros desde el año 1519 hasta derrotarlos en Villalar en el abril de 1521. Fue personero de Cangas año de 1527, y también en 30 de junio de 1539 y mayo de 1541, y juez de la expresada villa en mayo de 1538”. Estuvo casado con María Alfonso de Cangas y Pambley, con la que fundó un mayorazgo el 4 de enero de 1526 al que vinculan numerosos bienes que no podían ser vendidos: las casas de Cangas y La Muriella, los pueblos de Veiga de Rengos, El Pueblo, Los Eiros, Moncóu, Xedré,  Vidal, Riotorno, La Cuitada, Gillón y San Martino; las propiedades que tenían en otros muchos pueblos, la mayoría pertenecientes al Rio de Rengos; los montes de Muniellos y Tejedo; las brañas de Cueto, Braniella y Rozadiella, etc.; entre todos estos bienes estaban las “viñas de so el camino de Santa Catalina, las de Moure, Riofavar, el Vallado, sobre Santirso, Marañan [Barañan]”, todas localizadas en la villa de Cangas o sus alrededores.

El matrimonio tuvo nueve hijos:  Juan, Gerónimo, Aldonza, Lope, María, Magdalena, Mencía, Victoriano y Silva. Suero Queipo de Llano murió hacia 1549 y María Alfonso hacia 1556.

Según la genealogía mencionada, este Suero Queipo de Llano fue el que “en 30 de julio de 1527 ganó del Emperador confirmación de las ordenanzas de Cangas sobre el vino”; prebenda que no sería ajena al apoyo prestado a Carlos V. Las ordenanzas se ratificaron el 11 de enero de 1542.

Esta clase de privilegios proteccionistas a favor del vino no fueron raros en la España de los siglos XV y XVI. Lo tuvieron muchas villas y ciudades que los conseguían de los reyes con el fin de proteger su industria vinícola y sus mercados. Lógicamente, los más interesados en obtener y mantener estos monopolios locales eran los grandes cosecheros, que así no tenían competencia en la venta de sus caldos. Para velar por el cumplimiento de estos privilegios se organizaron hermandades o gremios de cosecheros.

En Cangas del Narcea se creó un “Gremio de cosecheros de vino” que agrupaba a grandes productores, pertenecientes a la nobleza local (conde de Toreno, conde de Marcel de Peñalba, Velarde, Miramontes, etc.), y “cosecheros menores”, que en 1805 eran, al menos, 57 personas.

En los siglos XVIII y XIX este gremio tuvo mucho trabajo para hacer cumplir el privilegio, pues numerosos taberneros y comerciantes introducían y vendían vino de afuera antes de que se terminase la cosecha del vino de Cangas. En la documentación que hemos manejado no se dicen los motivos de este incumplimiento, pero tratándose de vino es casi seguro que fuese porque el vino forastero era más barato o de más calidad; además, como entraba clandestinamente no pagaba ningún impuesto. Para perseguir a los “contraventores de este privilegio” y para otros cometidos, el gremio nombraba dos celadores todos los años.

Este incumplimiento de la ordenanza provocó que en 1766 Fernando Ignacio Queipo de Llano, conde de Toreno, alférez mayor del Principado de Asturias; Juan Antonio de Ayala, regidor perpetuo de la villa de Cangas,  y José Alfonso Pertierra, de la casa de Miramontes, procurador síndico general del concejo, “por si y en nombre de la Justicia, Regimiento y común de vecinos cosecheros de vino” de Cangas del Narcea, presentasen ante el Real Consejo de Hacienda una solicitud para que se cumpliese la ordenanza del vino de 1542.

Las razones que aducían para reivindicar este privilegio histórico eran dos: una, “el notorio y grave perjuicio [que la entrada de vino forastero] ocasiona a dicha villa y sus cosecheros, pues quedaría invendible el de la abundante cosecha de ese país”,  y dos, la imposibilidad de pagar impuestos al Rey,  en concreto los 12.257 reales y 17 maravedíes que le correspondían anualmente al concejo, “que la mayor parte pagaban dichos cosecheros”. En su solicitud exponen lo siguiente:

“Que con motivo de que en dicha villa de Cangas, su concejo y lugares de su jurisdicción había muchas viñas en las cuales se cogía mucho vino con el cual todos sus vecinos se mantenían y sustentaban, recibiendo en ello mucha utilidad y beneficio, y con ello pagaban las Reales contribuciones, y haber empezado a experimentar que algunos vecinos de dicha villa, concejo y lugares, y otras personas de fuera aparte, se habían propasado a entrometer y traer a los dichos lugares, donde había las dichas viñas, vino blanco y tinto así de la provincia del Bierzo como del reino de León, Castilla y de los puertos de mar, en lo que recibían mucho daño y perjuicio, pues a dichos vecinos se les imposibilitaba el vender los vinos que cogían de sus propias viñas, ni aprovecharse de ellos, por lo que las viñas se perdían, y vendrían a despoblarse absolutamente, ni podrían pagar los derechos Reales que entonces eran en cada un año más de quinientos ducados de vellón, por lo cual en 11 de enero de 1542 establecieron y formaron sobre dicho asunto sus ordenanzas, por las que prohibieron el que ninguna persona pueda vender ni venda vino blanco ni tinto de la provincia del Bierzo ni del reino de León, Castilla, ni de los puertos de mar, ni por menudo ni cañadas, ni en los otros lugares de la jurisdicción de dicha villa y concejo donde hubiese viñas, pública ni secretamente, no pudiéndose vender dichos vinos de fuera en dicha villa y lugares donde hubiere viñas y una legua alrededor, cuyas ordenanzas fueron aprobadas por los Gobernadores de aquel Principado.

[…]

y mediante que a dicha villa de Cangas, su concejo y vecinos cosecheros de vino se les están causando gravísimos daños y perjuicios en la venta de vino blanco, tinto y otros licores del reino de León, Castilla, Galicia, provincia del Bierzo y de sobre mar, y de otras provincias, pues si esto se permite se les imposibilitará a dichos vecinos su subsistencia y mantención, que depende de la venta de los vinos de sus propias cosechas, y la paga y satisfacción de derechos Reales que al presente pagan doce mil doscientos cincuenta y siete reales y diez y siete maravedíes, cargados la mayor parte de estos al gremio de cosecheros, los que no tienen más salida para venta que el consumo que hacen de dichos vinos los mismos naturales del país, de forma que si [se] tolerase la introducción de unos [vinos] forasteros, y otros cualesquiera licores, cesaría forzosamente el consumo del vino del país y se imposibilitarían de poder pagar las Reales contribuciones y sería forzoso hacer repartimientos entre los vecinos, y no siendo justo se de lugar a que experimenten tantos daños y perjuicios. 

Por tanto a V. A. suplico se sirva librar su Real Provisión mandando que el vuestro Intendente de León, y las Justicias de la dicha villa de Cangas de Tineo, su concejo y demás de dicho Principado de Asturias hagan observar, guardar y cumplir dichas ordenanzas de 11 de enero del año de 1542, según y como en ellas se contiene, declarando que en las parroquias de dicha villa de Cangas de Tineo, su concejo y pueblos de su jurisdicción donde haya cosechas de vinos no se permita introducir vinos algunos forasteros, ni otros licores de los reinos de Castilla, León, Galicia, provincia del Bierzo, puertos sobre mar, ni de otras partes, con ningún motivo ni pretexto que pueda impedir o minorar la venta de vinos del país, imponiendo para su cumplimiento las multas y apercibimientos que sean del agrado del Consejo”.

La solicitud de los cosecheros de vino de Cangas fue estimada y el Consejo de Hacienda dictó una Real Provisión en 5 de noviembre de 1766 en el que ratificaba la prohibición de vender vino forastero en el contorno de una legua de las viñas de Cangas del Narcea hasta que se acabase la cosecha de vino del país.

En aquel año de 1766, la competencia del vino de Cangas no solo provenía del vino forastero sino también del aguardiente que venía de afuera. Los cosecheros de Cangas del Narcea intentaron que este licor tuviera la misma consideración que el vino forastero y presentaron ese mismo año un testimonio dado por tres escribanos de Cangas del Narcea “por el que resultaba que jamás se había establecido ni habido en ese país el licor de aguardiente”, solicitando que se impidiese su venta. Sin embargo, esta pretensión fue rechazada por el Consejo de Hacienda, que consideró que la prohibición de venta de aguardiente no estaba contemplada en la ordenanza de 11 de enero de 1542. Pero la cosa no acabo ahí y sobre la venta de aguardiente en Cangas del Narcea habrá un pleito a fines del siglo XVIII en la que la parte contraria será el regente de la Audiencia de Oviedo, interesado en la venta de esta bebida pues con su gravamen se sostenía el Hospicio de Oviedo, del cual él era responsable y protector.

A pesar de la ordenanza del siglo XVI y de la Real Provisión de 1766, en los primeros años del siglo XIX seguía introduciéndose en Cangas del Narcea vino de afuera sin ningún control, con dos graves perjuicios: uno, para los cosecheros de vino de Cangas y otro, para el arrendatario del impuesto que pagaba el vino forastero que se vendía en Cangas cuando se acababa la cosecha propia; como el vino entraba ilegalmente no pagaba impuestos y esto era muy perjudicial para el arrendatario y el Ayuntamiento, que tenía en el impuesto al vino forastero una de sus fuentes de ingresos.

“Provisión del Consejo de Hacienda para no vender vino alguno ínterin dure el de cosecha en todo el distrito de viñedo del concejo de Cangas de Tineo, 3 de octubre de 1804”

Ante esta situación, en 1804, José Marcelino Queipo de Llano, vizconde de Matarrosa y primogénito del conde de Toreno, “como protector del Gremio de cosecheros de vino de la villa de Cangas de Tineo en el Principado de Asturias y apoderado de Manuel de la Villa y Cañal, arrendatario del arbitrio del Millón impuesto sobre el vino forastero”,  presentó una solicitud ante el Consejo de Hacienda exponiendo lo siguiente:

“Digo que con motivo de ser abundantísima la cosecha de vino que se coge en Cangas a causa de la grande extensión que tienen los plantíos de viñedo de su jurisdicción, y conociendo la villa ocasionaría grandes perjuicios a los cosecheros la introducción de vino de otros pueblos y provincias, teniendo aquellos más de lo que se necesitaba para el surtido del público, cuya venta la proporcionaba la mayor facilidad en el pago de Reales Contribuciones, formó sobre este particular en el año de 1542 las ordenanzas que estimó oportunas, por las cuales prohibió a toda clase de personas el que pudiesen introducir vino alguno de León, Castilla, puertos de mar u otras partes, ni venderlo por menor ni por cañadas en Cangas ni demás lugares de su jurisdicción donde hubiese viñas, ni una legua alrededor. Estas ordenanzas fueron aprobadas por los Gobernadores del Principado, y con testimonio de ellas el conde de Toreno, alférez mayor del Principado de Asturias, don Juan Antonio Ayala, regidor perpetuo de Cangas, y don José Alfonso Pertierra, procurador sindico, por si mismo y a nombre de los cosecheros concurrieron a esta superioridad con la solicitud de que mandasen guardar y cumplir que para su mayor observancia se previniese a la Justicia no permitiera la introducción de vinos forasteros de cualesquiera reinos con ningún motivo ni pretexto, a fin de cortar de este modo se pudiese disminuir la venta de los del país, y el Consejo [de Hacienda] en virtud de todo, por su decreto de 17 de octubre de 1766, tuvo a bien acceder enteramente a dicha pretensión, mandando librar la correspondiente Provisión, la que en efecto se libró en 5 de noviembre siguiente.

Además, en Cangas hay un arbitrio impuesto sobre la venta del vino forastero para la franquicia de la carretera y dotación de cátedras de la Universidad de Oviedo, y para conciliar este extremo con el privilegio de los cosecheros se subasta anualmente aquel ramo, de modo que, consumido el vino del país, solo el arrendatario tiene la facultad, en fuerza de su obligación, de surtir [de vino forastero] al común, y el gremio no padece menor quebranto porque así no se contraviene  a las ordenanzas, bajo cuyos seguros datos hizo postura Manuel de la Villa y se remató a su favor el arrendamiento del arbitrio como el mejor postor.

Supuestos estos antecedentes es bien fácil conocer los respectivos intereses  de los cosecheros y [del] arrendatario, aquellos por su privilegio tienen un derecho indisputable para estorbar que durante se consume el vino de sus cosechas se pueda vender, y este lo tiene igualmente en virtud de un contrato público y obligación solemne otorgada con la villa para vender de su cuenta todo el vino forastero que se necesite en Cangas luego que se haya consumido el del país, de donde se infiere que, permitiéndose la introducción [de vino forastero] que prohíbe la ordenanza, el gremio no venderá el fruto de su cosecha o dejará de hacerlo con estimación, y el obligado [Manuel de la Villa] no podrá hacer uso de la facultad o prerrogativa que compró, pues, siendo el número de consumidores el mismo, cuanto más vino forastero se introduzca tanto más durará la venta de los cosecheros, y todo este tiempo estará privado el arrendatario de las utilidades que debe percibir o quizá no llegará el caso de que tenga efecto el contrato, como sucederá siempre que las cosechas sean abundantes.

[…]

sin embargo, son ya intolerables  las contravenciones y desordenes que se cometen en perjuicio del gremio [de cosecheros de vino de Cangas]. El millonero, persuadido de que en breve se realizaran aquellos males que la frecuencia con que se introducían bien los [vinos] forasteros, hizo algunas gestiones para contenerlos, pero sin fruto, de suerte que a no mediar la respetable autoridad del Consejo está muy próxima la ruina de aquel ramo de agricultura en Cangas por el escándalo con que se cometen dichos abusos, que no pueden mirarse con indiferencia estando ya prohibidos desde antiguo por esta superioridad.

Por tanto a V. A. suplico […] se sirva mandar se guarden, cumplan y ejecuten en todas sus partes las ordenanzas del año de 1542, según lo tiene acordado esta superioridad en Real Provisión de 5 de noviembre de 1766, y en su consecuencia que se libre el despacho correspondiente cometido a la Justicia de la villa de Cangas para que con ningún motivo ni pretexto permita se introduzca ni venda por menor vino forastero mientras dure el de los cosecheros, y consumido este solo pueda vender aquel el arrendatario del arbitrio en cumplimiento de la subasta, por ser así conforme a justicia”.

El acuerdo del Consejo de Hacienda, dado en Madrid el 3 de octubre de 1804, fue ratificar el privilegio de 1542 y establecer “la pena de 50 ducados a los contraventores”.

Sin embargo, los “taberneros transgresores” no estaban dispuestos a cumplir estas normas, y el “Gremio de cosecheros de vino de Cangas y parroquia de Ambasaguas” tuvo numerosos conflictos con ellos en las primeras décadas del siglo XIX. En el Libro de acuerdos del Ayuntamiento de Cangas del Narcea, 1816-1839 hay numerosos testimonios de esta confrontación. En un pleno de 18 de julio de 1816 se recuerda a Juan Rodríguez Marrón, tabernero de Oubanca, que en la parroquia de Santa Marina “y demás parroquias de la legua en contorno, con arreglo a dicho Real Privilegio, no se puede vender vino forastero durante el de cosecha de la villa”, y le deja muy claro y le advierte a este tabernero lo siguiente:

“que la Provisión del Sr. Intendente manda seguir como hasta aquí en la venta de vinos, y que en el presente año ninguno vendió [vino] forastero sin oposición y providencia de la Justicia, que lo embargó en el mes de abril en que también intentó igual venta. Acordaron dichos señores que, en cumplimiento de lo proveído por dicho Sr. Intendente y del Real Privilegio, se guarde, cumpla y ejecute este en todas sus partes y por consiguiente en la parroquia de Santa Marina, como comprendida en la legua del contorno, y en todas las demás que lo estén, inclusa la villa, si se intentase contravenir se eleve a noticia del Sr. Intendente”.

Ese mismo día, 18 de julio de 1816, también se acordó en las casas consistoriales de Cangas del Narcea:

“Que para la observancia de dicho privilegio se fije edicto comprendiendo en él todas las parroquias de la legua en contorno de cosecha de vino, a fin de que no se venda vino forastero ínterin no se consuma el de cosecheros, y para que tenga más cumplido efecto, y oiga y determine las quejas que ocurran sobre el particular, comisionan al caballero regidor D. José Fernández Flórez”.

El privilegio que beneficiaba a unos vecinos perjudicaba a otros. Habían pasado casi tres siglos del otorgamiento de esta prebenda al vino de Cangas y los tiempos estaban cambiando. El 20 de septiembre de 1833 será la última vez que en un pleno del Ayuntamiento de Cangas del Narcea se acuerde la obligación de observar este privilegio del vino:

“Habiendo también manifestado el Sr. Presidente una providencia de 15 del corriente del Sr. Intendente de Rentas de esta provincia, ganada a solicitud de D. Manuel Fernández de la Vimera, para que se prohíba la venta del vino forastero en todas las parroquias de este concejo donde hay de cosecha del país, mientras esta dure, con arreglo al Real Privilegio, y que se observe este en los nuevos remates [de tabernas] que se celebren por el Ayuntamiento”.

Real Decreto que dejó enteramente libre el comercio de vino en España (Gaceta de Madrid, 27 de febrero de 1834).

La muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833 y la llegada al poder de los liberales con su política de libre comercio traerán consigo el fin de todos estos privilegios.  Los del vino se abolirán el 25 de febrero de 1834 tras la publicación de un Real Decreto que dejó enteramente libre el comercio de vino en España (Gaceta de Madrid, 27 de febrero de 1834).  Los dos primeros artículos de este decreto son muy elocuentes de los nuevos tiempos que llegan con Isabel II:

1.º Quedan extinguidas las hermandades, gremios y montes píos de viñeros en todo el reino, y en plena libertad la circulación, compra y venta de vinos de cualquiera clase que sean por mayor y menor, pagando los derechos legítimamente establecidos.

2.º En consecuencia, los cosecheros y tratantes son absolutamente libres de estipular en dichas compras y ventas lo que más les convenga, en orden al tiempo, precio, modo, cantidad y demás circunstancias de sus contratos, cualesquiera que sean los usos, costumbres y ordenanzas que lo impidan, las cuales quedan abolidas desde la publicación de la presente ley.

Pero, el Estado moderno y liberal no traerá, ni mucho menos, el fin de las prebendas a algunos productos e industrias a los que la nueva administración aplicará una política proteccionista, gravando con aranceles la importación de productos extranjeros y, también, con impuestos municipales la entrada de productos forasteros. De este modo, cien años después de abolirse aquel privilegio, el Ayuntamiento de Cangas del Narcea estableció en marzo de 1933, con un gobierno de mayoría republicana presidido por Mario de Llano, un impuesto para gravar la introducción del vino de afuera con el objeto de proteger al de Cangas, que había sufrido una catastrófica cosecha de uva en octubre del año anterior: “muchos cosecheros no empezarán la vendimia porque no tienen cosa alguna que vendimiar, han perdido absolutamente toda la cosecha del año; otros cogerán un quinto o un cuarto de lo normal, y alguno, muy raro, puede que alcance la mitad a fuerza de gastos extraordinarios” (Región, 29 de octubre de 1932).

La noticia de esta medida proteccionista aprobada por el ayuntamiento de Cangas del Narcea apareció en el diario Región, el 31 de marzo de 1933, con un comentario poco optimista por parte del corresponsal anónimo:

[El presupuesto municipal para el corriente ejercicio] también establece un nuevo impuesto de inspección que grava con diez céntimos cada litro de vino que entre en el concejo; y como se venían pagando cinco para el Ayuntamiento y diez de arbitrios provinciales: ahora tributaran los vinos forasteros veinticinco céntimos en litro, que para caldos como los del Bierzo (la zona vinícola más próxima a nosotros) viene a resultar algo así como el ciento por ciento de su coste de origen.

Esta pesada carga no gravita, claro está, sobre el vino de Cangas, ejemplo de política proteccionista […]. Pero es de advertir que el Ayuntamiento tomó este acuerdo en un año como el presente, en que la cosecha local se perdió casi toda y apenas hay vino del país; lo cual pudiera desvirtuar el carácter de protección que a primera vista ofrece la dura medida fiscal, convirtiéndola en mero refuerzo de ingresos; y bajo este aspecto le auguramos el más rotundo fracaso, porque la percepción del impuesto y vigilancia eficaz del contrabando en un concejo de setecientos kilómetros cuadrados, que linda con provincias y concejos desgravados, ha de costar mucho más que lo que rinda la recaudación.


FUENTES DOCUMENTALES

  • Fundación de Suero Queipo y María Alonso, su mujer, vecinos de la villa de Cangas de Tineo, de mayorazgo y vínculo de bienes, a testimonio de Álvaro Alonso de Cangas, escribano y notario público, en 4 de enero de 1526, colección particular.
  • Libro de acuerdos del Ayuntamiento de Cangas de Tineo, 1816-1839, copia digital, Archivo Municipal de Cangas del Narcea.
  • Línea y descendencia de los señores Queipos de Llano de Cangas de Tineo, conde de Toreno, formada por don Simón Miguel Vigil, vecino de la ciudad de Oviedo, año de 1822, colección particular.
  • Provisión del Consejo de Hacienda para no vender vino alguno ínterin dure el de cosecha en todo el distrito de viñedo del concejo de Cangas de Tineo, 3 de octubre de 1804 (incluye la Real Provisión de 1766), Archivo de la casa de Miramontes, colección particular.

Infraestructuras: el cuento de nunca acabar

Obras de construcción del puente de la AS-15 sobre el río Narcea en la villa de Cangas. Foto: LNE

Uno de los problemas que siempre arrastró y sigue arrastrando el municipio de Cangas del Narcea, es la falta de buenas vías de comunicación. Mucho se habló largo y tendido, podríamos decir que durante siglo y medio, de las necesidades que tenía la comarca en el tema de infraestructuras, algo que a día de hoy sigue sin resolverse y que, no quisiera equivocarme, la gran mayoría de los que estamos leyendo este blog no lo veremos solucionado. Tal vez en el campo de las nuevas tecnologías nos podremos ir equiparando a las ciudades y ojalá, aunque lo veo muy complicado, haya un regreso paulatino al mundo rural que posibilite dicha circunstancia, algo que afirma mucha gente a raíz del virus que actualmente nos acecha. Yo, como Santo Tomás, hasta que no lo vea no lo creo.

La presente entrada pretende hacerse eco del proyecto de autovía entre La Espina y Ponferrada, aunque más bien podríamos decir entre La Espina y Cangas, pues a partir de esta villa, todo apuntaba a la construcción de una vía rápida, al menos por territorio asturiano. Aún así, para dejar reflejada esa necesidad que siempre tuvo este territorio de unas comunicaciones dignas, voy a hacer un prólogo con la carretera que inicialmente vertebró la zona, que es la que desde La Espina nos lleva a Leitariegos, así como con el fallido intento de que llegase el ferrocarril desde San Esteban de Pravia hasta Las Tablizas.

Artículo completo en el blog de Jose de Mingo:  MOAL “Puerta de Muniellos”

Guía artística de Cangas del Narcea. Palacios y casonas

Portada

El objetivo de esta segunda Guía artística de Cangas del Narcea es dar a conocer sus casonas y palacios más significativos de los siglos XVI al XVIII, de gran valor en alguna de sus creaciones, como el palacio del conde de Toreno en la villa de Cangas del Narcea, uno de los más monumentales y bellos de Asturias y equiparable a los mejores ejemplos asturianos.

Este trabajo es la continuación de la Guía artística de Cangas del Narcea. Iglesias, monasterios y capillas, editada en 2018 por el Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País y el Ayuntamiento de Cangas del Narcea.

Los palacios y casonas que se incluyen en esta guía, contextualizados en las diferentes coordenadas históricas y artísticas, ya habían sido objeto de atención en inventarios y obras de conjunto sobre la arquitectura civil asturiana, pero ahora se enriquecen y actualizan con nuevas aportaciones sacadas de la documentación histórica de los monumentos y de un conocimiento preciso de sus estructuras originales y de los restos conservados. El esfuerzo realizado en la búsqueda de la documentación en diferentes archivos (principalmente, el Archivo Histórico de Asturias y el Archivo del conde de Toreno en la Universidad de Oviedo), se ha visto recompensado con el hallazgo de importantes documentos inéditos que permiten fijar el origen de los monumentos y concretar aspectos tan importantes como el promotor, la fecha de construcción y la autoría de la obra.

El planteamiento globalizador de esta Guía incluye la referencia a todos los palacios o casonas del concejo construidos durante el Antiguo Régimen. De ahí que se den algunas pinceladas sobre edificios desaparecidos de los que existe una constancia documental. Los que se han conservado son solo una parte de la riqueza patrimonial que existió en Cangas del Narcea durante los siglos XVI-XVIII, fundada en una sólida economía y la existencia de casas nobles de origen medieval con importantes mayorazgos y privilegios.

Esta nobleza, con algunos de los apellidos más destacados de Asturias (Queipo de Llano, Omaña, Sierra, Flórez Valdés, Uría, etc.), también jugó un papel determinante en las mejoras del urbanismo de la villa de Cangas (apertura de nuevas calles y plazas) y de las comunicaciones (caminos y reforma de puentes), así como en la explotación a finales del siglo XVIII de importantes recursos naturales, como las canteras de mármol de Rengos, la madera del monte de Muniellos y otros. Precisamente, uno de estos linajes alcanzó en 1659 un título de Castilla en la persona de Álvaro Queipo de Llano (1599-1662), primer conde de Toreno. La rama Queipo de Llano de Ardaliz ingresó en la orden de Santiago en 1639 con Rodrigo Queipo de Llano y Valdés. De esta familia era el licenciado Diego García de Tineo y Llano, fundador de esta casa en 1604; o Suero Queipo de Llano, fundador en la segunda mitad del siglo XVI de la casa de San Pedro de Arbas, en la que nació Juan Queipo de Llano y Flórez Sierra (1584-1647), obispo de Pamplona y Jaén y fundador del antiguo convento de la Encarnación de Madres Dominicas en la villa de Cangas.

La Guía se inicia con una breve introducción sobre Cangas del Narcea, sus palacios y los linajes de este concejo. La primera parte trata de una exposición de los elementos más significativos de los palacios y casonas (capillas, escudos, palomares, etc.) y una evolución del palacio desde el siglo XVI a finales del siglo XVIII.

En la segunda parte se incluyen los palacios y casonas de la villa de Cangas del Narcea siguiendo este recorrido: plaza de Toreno, calle Mayor, plaza de la Iglesia, calle de La Fuente y barrio de Ambasaguas. La tercera es un catálogo con las construcciones más significativas del concejo y la cuarta es una enumeración de casonas menos relevan tes. La Guía concluye con unas breves biografías de los principales arquitectos, canteros, escultores y carpinteros que intervinieron en la construcción de los palacios y casonas, como Domingo de Argos, Pedro Sánchez de Agrela, Domingo y Francisco de Palacios, Juan García de la Barrera, Francisco Pruneda, José Bernardo de la Meana o Manuel Reguera González. Finalmente, se publica un repertorio bibliográfico y de recursos web.

Contraportada

No quiero concluir sin manifestar mi agradecimiento a todas las personas que han colaborado en este trabajo, en especial a Juaco López Álvarez, director del Museo del Pueblo de Asturias, que me ha transmitido sus conocimientos sobre este tema y ha supervisado este trabajo; a los profesores Javier González Santos, de la Universidad de Oviedo, Roberto López-Campillo, de la Universidad Pontificia de Comillas, y Mercedes Pérez Rodríguez, del Instituto de Cangas del Narcea, por la corrección de esta Guía; a Emilio Marcos Vallaure por sus sugerencias e informaciones; a José Manuel Collar, de Gedrez, por acompañarme durante el trabajo de campo y hacer posible la visita de algunos palacios y casonas; a Gema Villanueva Fernández por su incondicional apoyo; a José Ramón Puerto y Avelino García Arias que han facilitado gran parte de las fotografías que ilustran esta Guía; a los propietarios de los palacios y casonas: Rafael Ron del palacio de Uría de Santa Eulalia; Carmina Rodríguez y José Calvo del palacio de Ardaliz; Manuel Martínez Rodríguez del palacio de Miravalles, y a los dueños de los palacios de Carballo, Jarceley y Llamas del Mouro, y de casa del Indiano en Gedrez.

También quiero mostrar mi agradecimiento al Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País al confiar en mí por segunda vez encargándome este trabajo.

Pelayo Fernández Fernández


La vajilla del monasterio de Corias (Asturias) en Época Moderna a partir del registro arqueológico y los libros de gastos

Estudio publicado sobre los materiales extraídos de las excavaciones arqueológicas que se hicieron en el monasterio de Corias durante las obras para convertirlo en Parador Nacional. Los autores son Alejandro García Álvarez-Busto, Noelia Fernández Calderón y Miguel Busto Zapico. En él se estudian los restos cerámicos que abarcan desde el siglo XVI al XIX, y se analiza la evolución de las diferentes vajillas para comer y de los recipientes para guardar alimentos que usaban los monjes benedictinos: cerámicas de basto de Faro (Oviedo), Miranda de Avilés, Llamas del Mouro y Zamora; lozas finas de Talavera de la Reina (Toledo), portuguesas, holandesas e inglesas, porcelana italiana, etc. Un estudio muy interesante y revelador de la vida del monasterio de Corias. Ha sido publicado en la revista “Nailos”, n.º 6, diciembre de 2019, y está disponible en nuestra biblioteca digital:


Mario Gómez, en el Ejército

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Mario Gómez Gómez en Cádiz, 1915. Fotografía de M. Iglesias. Colección familia Álvarez Pereda.

Al pasar por Cangas nuestro consocio y secretario de la facina de Madrid, D. Sandalio Menéndez, cumplido ya un piadoso y triste deber filial que le trajo al Concejo, me encargó reiteradamente que escribiese para LA MANIEGA algo sobre la vida militar de Mario. Y pensaba yo, a este respecto, que lo más sencillo, verídico y hasta elocuente sería copiar literalmente la hoja de servicios, en la que, con laconismo oficial, se enumeran y relacionan todos los hechos salientes, vicisitudes y recompensas de la carrera médicocastrense de tan distinguido jefe, en la que destacan a porfía las virtudes militares del soldado heroico con la competencia científica del facultativo benéfico; pero la cosa no había de ser tan fácil como a primera vista parece, no sólo por las dificultades para obtener la copia, sino porque, obtenida, resultaría un escrito demasiado extenso para las proporciones habituales del periódico y más aún para la parte de él que como colaborador asiduo pueda corresponderme. Y por eso, ante la imposibilidad de seguir a nuestro buen caballero a través de campamentos, cuarteles, fábricas militares, comisiones y hospitales de mar y tierra, desde su primera salida por campos de Melilla, allá por el año 1898, hasta su reciente y breve retiro de Limés, dejando en todas partes muchedumbre de amigos y admiradores, me limitaré a recordar algunos episodios y épocas que conserva mejor mi memoria por la parte que en ellos hubo de corresponderme.

Mario Gómez, con grado de capitán, con unos soldados del cuerpo de Sanidad Militar, hacia 1908. Colección Gómez Marcos.

Allá por el año 1908, o cosa así, estaba Mario Gómez destinado como capitán médico en la fábrica de Artillería de Trubia, donde, entre otras obras sociales, desplegaba su prodigiosa actividad en organizar y dar impulso a una numerosísima agrupación artísticomusical y masa coral, formada por obreros de aquel centro militar y elementos diversos de la industriosa villa, que repetidas veces manifestó a Mario su entusiasta adhesión y agradecimiento; y en los Carnavales de uno de esos años, estando en León, además del que esto escribe, un oficial de Intendencia Militar, casi cangués, Segismundo Pérez, recibimos aviso de nuestro hombre para que preparásemos posada, público, popularidad y pesetas a «La Clave» (nombre de la agrupación), que de momento (como solía hacer las cosas Mario), llegaría a dar conciertos, trabajar en el teatro y pasar un par de días alegres si los leoneses respondían a tan halagüeños propósitos, y aunque es verdad que nosotros no nos dormimos, en el León de entonces no había ambiente para estas cosas: acababan de fracasar dos estudiantinas, y a «La Clave» se la creía una más, con la agravante de ser falsificada, es decir, no constituida por verdaderos estudiantes; pero Mario venció todas las resistencias, y aquello fué el exitazo más formidable que recuerdan las crónicas del Carnaval de la vieja ciudad, plenamente conquistada por el arte de los trubiecos y la simpatía de aquel a quien consideraban su jefe.

Mario Gómez y Gómez durante la campaña de África de 1909.

En el mes de julio de 1909, días después de la muerte alevosa de obreros españoles que trabajaban en el ferrocarril de las Minas del Rif, primera agresión de los moros y momento inicial de una lucha casi continua que duró dieciocho años, desembarcaba por segunda vez en Melilla, destinado a uno de los batallones de la brigada de Cazadores de Cataluña el entonces médico primero D. Mario Gómez y Gómez. El general Marina, ante unas circunstancias que no dejaban lugar a opción, había ocupado con las escasas tropas de la guarnición de la plaza una serie de posiciones que jalonaban el camino de Nador, centro de concentración de la jarca; posiciones dominadas por las crestas y laderas del Gürugú, difícilmente accesibles por el lado del mar, que era el nuestro, y muy fáciles en cambio para las cabilas del interior, desde las cuales hostilizaban impunemente nuestros campamentos con un constante «paqueo» que agotaba la resistencia física y moral de nuestros soldados; lanzándose a veces al ataque en masa, como en Sidi Hamet, Sidi Musa, Barranco del Lobo, etc.

Encerrado en esos campamentos, donde toda incomodidad y toda privación tenían su asiento, empezando por la penosísima del agua, curando centenares de enfermos bajo la acción muchas veces eficaz de las balas enemigas, deambulando de unas a otras posiciones en convoyes siempre atacados, para multiplicar su asistencia médica y extender los beneficios de su labor humanitaria, cumpliendo, en fin, con su penoso deber, con un deber para el cual el Mario cangués, el de las «Xácaras» y «Chilindrinas», El Cuntapeiru, no admitía atenuaciones, ni titubeos, ni bromas, pues médico y militar, su salud y su vida se inmolaban por la vida y la salud de los soldados de España. En esto, la austeridad más rigurosa era la norma de su ejercicio profesional.

Mario Gómez (sentado en el centro) con varios soldados de Cangas del Narcea en Marruecos, hacia 1910. Colección Gómez Marcos.

Yo conocía de vez en cuando sus andanzas, y estuve tan cerca de él, que es fácil que las granadas del grupo artillero donde prestaba mis servicios hayan pasado a veces por encima de su cabeza; pero iniciado el avance general, no pude verlo basta la entrada del invierno, que regresando a Melilla con una fuerte columna, de la que me separé más de lo prudente acuciado por el deseo de encontrarlo, pude al fin darle un abrazo en la posición llamada Segunda Caseta, una de las más insistentes y eficazmente atacada por el enemigo. Estaba mal trajeado, flaco y negro; no en vano había hecho íntegra y en los sitios de más rigor la durísima campaña de aquel memorable verano, a pesar de lo cual su espíritu jovial se mantenía inalterable.

Marruecos, territorio de Larache; Mario Gómez tocando la gaita en la posición de Zoco el T’Zeni en 1912.

Tres años más tarde tuvimos otro encuentro en África, a donde habíamos vuelto, él por tercera y yo por segunda vez; fue en el territorio de Larache, en la elevada posición de Zoco el T’Zenin, que por su emplazamiento y las condiciones en que se desenvolvían entonces las operaciones, permitía cierta holgura al personal. Allí era digna de ver la actividad multiforme e inagotable de Mario. En su tienda, compartida con el primer jefe del batallón, una gaita y algún «desperdicio de gochu», disputaban el sitio a gran montón de libros y periódicos; los objetos marroquíes y los recuerdos de Asturias estaban mezclados con borradores de versos, de artículos para la Prensa y de cuartillas para uno de sus libros, no recuerdo cuál de ellos; luego, tabaco, cerveza, bicarbonato…, todo en «orden de barullo». Y en una ladera próxima, aprovechando el agua de la fuente del Morabito (uno de los pocos afloramientos de agua que se encuentran en toda la zona), tenía una huerta. ¡Una señora huerta!, roturada y cultivada por él.

Como hice allí noche con mi columna, no hay que decir que vivimos unas amables horas de Cangas: buena mesa y mejor sobremesa: gaita, unas canciones de la tierra, prosa y versos suyos inéditos, y la charla amena sobre proyectos, alguno de los cuales llegó a ver realizados.

Mario Gómez, con el grado de teniente coronel, junto a otros oficiales y soldados en el vapor Sevilla, hacia 1920. Colección Gómez Marcos.

Tiempo después lo visité en el Ministerio, en la Sección de Sanidad. Ya era teniente coronel y el destino fijo en Madrid, sin enfermos, y de cómodo servicio, resultaba envidiable para un señor encanecido en la clínica de cuarteles, campamentos y hospitales; pero el alma aventurera de Mario Gómez, le llevó al nuevo estrépito de la última campaña, se fue a la querencia, y cambió la poltrona de su negociado por la dirección del buque-hospital «Castilla», pisando por cuarta vez las costas de Marruecos, en cuyas aguas, como ya saben los lectores de LA MANIEGA, estuvo a punto de perder su vida cuando el naufragio de dicho barco.

De esa vida que Dios quiso conservar entonces, para que pudiese extinguirse cristiana y tranquilamente entre los suyos. Y aún ciñéndonos a la parte militar de ella, podrían escribirse resmas de cuartillas; pero ya dije al amigo Menéndez que me limitaría a recordar algunos episodios, y cumplido esto, creo que no debo ocupar ni otro renglón de nuestra Revista.


Por Francisco Cosmen
Publicado en LA MANIEGA. Boletín del Tous pa Tous [julio-agosto 1932]


Narcea: una variedad de rosa cultivada desconocida y antigua del norte de España

Científicos del CSIC seleccionan y mejoran la primera variedad de rosa cultivada antigua española

Denominada ‘Rosa Narcea’, deriva de un ejemplar localizado en un jardín particular de Carballo, un pueblo situado en el valle del río Cibea (en el concejo asturiano de Cangas del Narcea) y es un híbrido de una variedad usada en alta perfumería y de otra casi desaparecida y apreciada en la antigüedad por sus propiedades.

 

Las rosas modernas son el resultado de cruzamientos artificiales y programas de mejora realizados a partir de 1867, con la llegada a Europa de especies de la India y China, con el objetivo de potenciar su uso ornamental. Las rosas de cultivo existentes en Europa hasta esa fecha se encuentran prácticamente desaparecidas, a excepción de la Rosa damascena y la Rosa centifolia, cultivadas y explotadas comercialmente por la industria del perfume en Bulgaria y Francia, respectivamente. Ahora un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), capitaneado por la canguesa Mª Carmen Martínez, ha seleccionado, mejorado, descrito y analizado genéticamente por primera vez una variedad de rosa antigua cultivada española. Este trabajo, que se publica en la revista Horticulture Research (del grupo Nature Reseacrh), supone el primer paso para la protección, conservación y reconocimiento oficial de un nuevo recurso fitogenético español.

Además del trabajo de fitomejoramiento, se han llevado a cabo estudios botánicos, agronómicos, genéticos, histológicos y bioquímicos, que indican que la Rosa Narcea, como se ha denominado la variedad, en honor al concejo asturiano de Cangas del Narcea del que procede, tiene su origen en un híbrido antiguo natural de Rosa centifolia, empleada en perfumería, y Rosa gallica, prácticamente desaparecida en la actualidad, que antiguamente tenía un uso cosmético, medicinal y gastronómico.

«Las flores de las rosas modernas son, en general, elegantes, estéticamente muy atractivas, con miles de variantes de colores y formas, pero poco o nada olorosas. Por su parte, las denominadas rosas antiguas suelen ser más rústicas, desgarbadas y estéticamente menos elegantes. Sin embargo, estas últimas son las que se emplean en el ámbito de la medicina, la gastronomía y, sobre todo, la perfumería, ya que algunas presentan una intensa y exquisita fragancia, imposible de reproducir en laboratorio mediante síntesis química», explica Carmen Martínez, investigadora del CSIC en la Misión Biológica de Galicia.

Características físicas

Científicos del CSIC han seleccionado y mejorado una rosa antigua asturiana que han bautizado con el nombre de Rosa Narcea. / César Hernández / CSIC Comunicación

La Rosa Narcea desprende una intensa fragancia y es de color rojo-púrpura. Sus pétalos son abundantes, con una media de entre 60 y 70 en cada flor, y de gran tamaño. El rosal florece solo una vez al año, entre los meses de mayo y junio.

Otra de las características diferenciadoras es la forma de crecimiento del rosal que, en lugar de formar arbusto, crece erguido, como si de un pequeño árbol se tratase.

Los ejemplares de Rosa Narcea crecen en una zona de montaña situada en la cordillera Cantábrica -que alcanza en algunos puntos los 1.700 metros de altitud sobre el nivel del mar-, con valles muy angostos recorridos por numerosos ríos y alejada de las masas húmedas de la costa por grandes barreras montañosas, “donde se crea -apuntan los científicos- un microclima muy especial”. Según los datos recogidos por los investigadores hasta el momento, estas condiciones hacen que la rosa produzca mayor intensidad aromática y muestre el mejor comportamiento agronómico.

Rosas antiguas

Aunque España es rica en rosas silvestres de distintas especies, principalmente en el Pirineo aragonés y en el Macizo asturiano de la cordillera cantábrica, no existen referencias sobre la existencia de rosas antiguas cultivadas españolas.

La Rosa Narcea deriva de un ejemplar localizado en un jardín particular de Carballo, un pueblo situado en el valle del río Cibea (en el concejo asturiano de Cangas del Narcea). Los investigadores han encontrado referencias previas a 1867 que demuestran su existencia y domesticación con anterioridad a esta fecha.

«El año 1867 es el que marca la diferencia entre las rosas cultivadas antiguas y las modernas. Según la bibliografía antigua, existían más de 100 variedades de rosas antiguas cultivadas en diferentes puntos del sur de Europa. A partir de esa fecha, con la llegada de especies procedentes de la India y China, distintos horticultores comenzaron a realizar cruzamientos artificiales para obtener rosas con fines ornamentales, de múltiples colores y formas, pero la mayoría de ellas sin aroma. Las rosas antiguas cultivadas hasta entonces en Europa fueron desapareciendo, al ser sustituidas en los jardines por las modernas. La que nosotros hemos seleccionado y mejorado tiene su origen en una de esas rosas antiguas, de hecho creemos que la originaria existía ya en el punto donde ha sido localizada y seleccionada, desde alrededor de 1832 o incluso antes», comenta Carmen Martínez.

En la actualidad, solamente un reducido número de variedades de la R. damascena, en Kazanlak-el Valle de las Rosas (Bulgaria), y la R. centifolia, en Grasse (Francia), continúan siendo cultivadas en Europa para la obtención de aceites esenciales de rosa, agua de rosas y otros productos cosméticos. La primera constituye la industria más importante de Bulgaria (en 2014 la Unión Europea reconoció sus rosas con el distintivo de Indicación Geográfica Protegida). El cultivo de la segunda se reduce a Grasse, una pequeña área geográfica de Francia donde se produce prácticamente en exclusiva para determinadas marcas francesas de cosmética de lujo. Su cultivo, junto con el del jazmín o el iris, así como las técnicas de elaboración de perfumes en esta zona, fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2018 por la UNESCO.

«Nuestros resultados demuestran el carácter único de esta rosa y apuntan a un posible interés comercial en el campo del perfume, de la medicina o de la alimentación. No obstante, estos aspectos tendrán que ser corroborados en futuros estudios, para los cuales estamos iniciando una colaboración con la Academia Española del Perfume», concluye la investigadora.


Referencia científica:

María Carmen Martínez, José Luis Santiago, Susana Boso, Pilar Gago, Inmaculada Álvarez-Acero, María Estela De Vega, Miguel Martínez-Bartolomé, Rafael Álvarez-Nogal, Pilar Molíst, Matteo Caser, Valentina Scariot y Daniel Gómez-García. Narcea – an unknown, ancient cultivated rose variety from northern Spain. Horticulture Research. DOI: 10.1038/s41438-020-0266-8


FUENTE: Marta García Gonzalo / CSIC Comunicación


Calle a Pedro Diz Tirado en Cangas del Narcea, ‘por su actividad y celo en pro de las obras públicas de esta comarca’

Cuesta de Pedro Diz Tirado hacia 1910. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Colección de Juaco López Álvarez.

En los primeros años del siglo XX la villa de Cangas del Narcea necesitaba crecer. La prosperidad que trajeron la apertura de las carreteras de La Espina-Ponferrada y la de Ouviaño, a fines del siglo XIX, todavía no había tenido su reflejo en la trama urbana. Era necesario comunicar el casco viejo, formado por las calles Mayor, La Fuente y la Iglesia, con las nuevas carreteras. La villa tenía que expandirse y comunicarse interiormente. Para ello se hizo un plan de reforma que contemplaba la apertura de tres calles que uniesen la calle Mayor y el Mercado con la calle Uría, que era por donde transitaba la travesía de la mencionada carretera La Espina-Ponferrada.

Para hacer estas calles hubo que derribar casas en la calle Mayor, y ocupar viejas viniellas o callejas y huertas de propiedad particular. La mayor parte de los propietarios cedieron los terrenos gratuitamente, estimulados por la mejora de la villa y también porque estas nuevas calles revalorizaban sus fincas.

Plano con la distribución de la zona en 1870 antes de la apertura de la calle Diz Tirado. (Archivo Municipal de Cangas del Narcea)

Una de estas nuevas calles fue la que se denominó Pedro Diz Tirado, que unirá la calle Mayor y la plaza del Centro (hoy, plaza del notario Rafael Rodríguez) con la calle Uría. En el plano que acompañamos, de 1870, puede verse como era este tramo de la calle Mayor antes de la apertura de esta calle. Para abrir esta nueva vía hubo que derribar una casa, romper la viniella o calleja de Las Huertas y ocupar terreno particular, que cedieron sus dueños gratuitamente y también a cambio de apropiarse de una parte de esta viniella. El resultado fue la calle tal cual la conocemos hoy.

En la calle Diz Tirado nunca se construyó una casa nueva. Solamente se reformaron y repararon las fachadas laterales de la casa de Valle, a la izquierda, subiendo desde la calle Mayor, y del palacio de Peñalba, a la derecha, que, además, mejoró su trasera haciendo un gran jardín cerrado. Estas reparaciones tardaron en hacerse y en 1914 el periódico El Narcea criticaba la actitud de los propietarios de estas casas, recordándoles que, a pesar de un bando del alcalde referente a las viviendas que debían adecentarse, algunas seguían en un estado penoso. Una de estas casas era la de la familia Valle:

“A estas tenemos que añadir la conocida por casa de Pacho Valle, que tiene la fachada que da a la calle  Diz Tirado hecha una verdadera porquería… pues más se parece a una choza de los Cadavales que a un edificio situado en la parte moderna de Cangas de Tineo” (“Limpieza pública”, El Narcea, 24 de julio de 1914).

Calle Pedro Diz Tirado en la actualidad vista desde El Paseo o calle Uría.

El acuerdo municipal para denominar Pedro Diz Tirado a esta nueva calle se tomó el 21 de junio de 1910. Desde 1901, Diz Tirado era el ingeniero de caminos encargado de las carreteras de esta zona del occidente de Asturias y venía con frecuencia a Cangas del Narcea, como puede comprobarse por la prensa local que anuncia su llegada o salida de la villa. Eran años de mucha actividad en la mejora de la red viaria de esta parte de Asturias; estaban en marcha las carreteras de Grandas de Salime-Cangas del Narcea, La Florida-Cornellana, Ventanueva-Ibias y Ventanueva-Puente-Corbón.

Nuestro hombre había nacido en 1870 en Ponce, en la isla de Puerto Rico, todavía colonia de España. Su padre era Pedro Diz Romero, natural de Torrelavega (Cantabria), licenciado en Jurisprudencia por la Universidad de Valladolid en 1852 y alcalde mayor de Ponce desde 1862; el apellido Diz procedía de Santa Justa de Moraña (Pontevedra), de donde era su abuelo Manuel Diz Díaz, alcalde mayor de Torrelavega. Su madre era Isabel Tirado Hinsch, natural de Ponce e hija de venezolanos. Sus padres estaban los dos viudos cuando se casaron en 1865.

Diz Tirado estudió en Madrid en la Escuela de Ingenieros de Caminos y al terminar la carrera entró en el Cuerpo Nacional de Ingenieros de Caminos, al que  perteneció hasta su jubilación en 1940. En su larga dedicación a la obra pública trabajó en carreteras, puertos, ferrocarriles, saneamiento, conducción de aguas, urbanismo, etc. Su primer destino, a fines del siglo XIX, fue León y Palencia. En León participó en 1897 en el proyecto para el ensanche de esta ciudad y redactó en 1900 el proyecto de conducción del agua y red de distribución. En 1900 pasó a la Diputación de Ávila como director de carreteras provinciales y el 1 de mayo de 1901 fue ascendido a ingeniero segundo del Cuerpo de Caminos.

Calle Pedro Diz Tirado en la actualidad vista desde la calle Mayor

A finales de 1901 fue destinado a Oviedo. En aquel tiempo había en esta demarcación de Obas Públicas un ingeniero-jefe y ocho ingenieros de caminos, todos residente en Oviedo, que tenían a su cargo diferentes sectores de la provincia. Diz Tirado era el encargado de la zona occidental. Algunos de sus proyectos más importantes fueron el de un gran puente metálico sobre el río Navia en la carretera Grandas de Salime-Cangas del Narcea de 1907, y los proyectos de mejora y construcción de los puertos de San Esteban de Pravia de 1905 y de Luarca de 1907. En enero de 1909 asciende a oficial de administración de primera clase.

En 1915 es nombrado ingeniero director de la Junta de Obras del Puerto de Gijón, donde dio un gran impulso al puerto de El Musel, pasando tres años más tarde a Madrid a la Dirección General de Obras Públicas. En los años veinte trabajó como ingeniero asesor en la Zona del Protectorado Español en Marruecos y en los treinta fue ingeniero-jefe de la Tercera Jefatura de Estudios y Construcciones de Ferrocarriles (Cantábrico). Cesó en el servicio activo del Estado el 19 de noviembre de 1940, con setenta años de edad; su último puesto fue el de consejero inspector general del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

Era un hombre activo,  colaborador y preocupado con la divulgación de la ingeniería. Fue vicesecretario de la Cruz Roja en León en 1898; en 1902 y 1903 imparte cursos de Extensión Universitaria en el Centro Obrero de Oviedo sobre “Saneamiento urbano”; fue vocal de la primera junta del Real Automóvil Club de Asturias, y en 1913 es uno de los tres ingenieros de caminos españoles que asiste al III Congreso de Carreteras, celebrado en Londres, en representación del Ministerio de Fomento. Asimismo, colaboró en diferentes revistas (Madrid científico, Revista de obras públicas, África. Revista de tropas coloniales, etc.) en las que publicó numerosos  artículos sobre sus proyectos y sobre cuestiones que consideraba de interés divulgar: electricidad popular, saneamiento urbano, obras publicas en Marruecos, comunicaciones radio-eléctricas con la Guinea española, etc.

Señalización de la calle Diz Tirado en la fachada lateral del edificio del antiguo hotel Truita.

Por último, debió ser un funcionario eficaz y voluntarioso, al menos, en lo que respecta a su dedicación a las carreteras del occidente de Asturias en aquellos primeros años del siglo XX. Pero también debió ser una persona culta y de trato agradable, con mucho que contar dada su historia familiar y personal. No puede ser casualidad el hecho de que tres poblaciones de esta parte del país le dedicasen en esos años una vía urbana: Grandas de Salime, una avenida; Allande, una plaza, y Cangas del Narcea, una calle. Las razones aparecen expresadas con gran claridad en el acuerdo que, por unanimidad, tomó el Ayuntamiento de Allande, el 12 de septiembre de 1907, de poner el nombre de Pedro Diz Tirado a una plaza en la Pola: “por su actividad y celo en pro de las obras públicas de esta comarca”.

Un tesoro de monedas romanas en Trones (Cangas del Narcea) en 1907

En 1907, en el monte del pueblo de Faéu / Faedo, concejo de Cangas del Narcea, cuatro vecinos de Trones encontraron 1.300 monedas romanas. Este hallazgo monetario, totalmente desconocido para la arqueología asturiana, tendría hoy un indudable interés histórico y científico,  pero hace ciento trece años solo significó una ocasión soñada para solventar la vida a sus descubridores y un pleito para el propietario de la tierra donde apareció. Sin embargo, las monedas, todas de bronce, se tasaron en una cantidad insignificante y han desaparecido sin dejar rastro. Esta es su historia.

Trones en agosto de 1927. Fotografía de F. Krüger. Col. Museo del Pueblo de Asturias

La ocultación de monedas ha sido un hecho generalizado y constante a lo largo de la historia, que se intensifica en momentos de conflicto e inestabilidad social. En Asturias, se conocen cientos de testimonios de apariciones de tesoros y tesorillos monetarios, aunque en las últimas décadas estas noticias han disminuido considerablemente por el declive de la actividad agrícola en el medio rural. Al no removerse la tierra, no aparecen tesoros.

A excepción de algunos conjuntos que han ingresado en museos, muchos de esos hallazgos han desaparecido o solo se conservan unas pocas monedas en manos de particulares. En general, cuando aparecen noticias de tesoros en la prensa antigua siempre son parcas: apenas se mencionan a sus protagonistas, ni las circunstancias del hallazgo, ni el destino que tuvieron. Los arqueólogos e historiadores no consideran creíbles  muchos casos,  y  algunas noticias son tan vagas y dudosas que en el mejor de los casos quedan recogidas en las cartas arqueológicas.

El tesoro de Trones, aunque se suma al conjunto de estos hallazgos arqueológicos, es un caso singular por la documentación que generó. Su aparición fue noticia en un periódico de Cangas del Narcea, “El Narcea”, el 23 de marzo de 1907, pero su historia y los sucesos posteriores al hallazgo han podido reconstruirse gracias a las actuaciones judiciales que se siguieron ante el Juzgado de Cangas del Narcea y la Audiencia de Oviedo entre 1907 y 1911. En ellas figuran las declaraciones de todas las personas que tuvieron relación con las monedas del tesoro, así como las actas y escritos oficiales. Fue un proceso penal, iniciado con una denuncia por hurto puesta por Francisco Alvarez Uría, propietario de la tierra donde apareció el tesoro.

Expediente judicial consultado sobre el hallazgo de un tesoro en Trones, 1907.

En 1907, el fin de este proceso judicial fue reunir todas las monedas aparecidas y dirimir a quién le correspondía su propiedad. En la actualidad, nuestro interés es conocer los pasos que siguieron las monedas, desde el momento de su aparición hasta su reparto, en una sociedad cuyos valores, comportamientos y preocupaciones no coinciden con el interés histórico que hoy representa este hallazgo.

Los hechos sucedieron de la siguiente manera. En los primeros días del mes de marzo de 1907, Celestino Fernández Fuente, vecino de Trones, buscando en el monte de Faéu una piedra para hacer una muela de molino encontró una que podría servirle. Averigua que el llevador de la finca es Manuel Rodríguez Agudín, vecino del pueblo de Faéu, y le solicita autorización para sacarla. El domingo 10 de marzo acude para extraerla en compañía de tres vecinos de Trones: Antonio Fernández García, de casa Cabral; Gervasio, de casa Florenta, y Francisco Menéndez Fernández, de casa Cortina. Al profundizar en un lateral de la piedra, golpean y rompen con la azada una vasija de cerámica que contenía 1.300 monedas romanas de bronce.

Antonio Fernández “Cabral” tropezó con una olla que había allí escondida y la rompió, esparciéndose al momento gran cantidad de monedas que aunque oxidadas por la humedad les pareció que eran de oro [Declaración de Gervasio Fernández. 22 de marzo de 1907]

Ollas de cerámica del siglo IV de Paredes (Siero), similares, probablemente, a la que apareció en Trones en 1907. Col. Museo Arqueológico de Asturias.

Regresan al pueblo con la piedra y las monedas,  que tratan de ocultar, pero se sienten tan afortunados que transmiten el descubrimiento a alguno de sus vecinos.

En pocos días todos conocen la aparición del tesoro y su eco llega hasta la villa de Cangas del Narcea. En Trones aparecen interesados y compradores. Pocos días después, el propietario de la tierra donde supuestamente aparecieron las monedas, Francisco Álvarez Uría, procurador y vecino de la villa de Cangas, reclama su parte y denuncia el caso en el juzgado. El juez instruye una denuncia por hurto que se sobresee para tratar de determinar civilmente quienes son los verdaderos propietarios de las monedas. El artículo 351 del Código Civil, vigente entonces y en la actualidad, dice:

El tesoro oculto pertenece al dueño del terreno en que se hallare. Sin embargo, cuando fuere hecho el descubrimiento en propiedad ajena, o del Estado, y por casualidad, la mitad se aplicará al descubridor. Si los efectos descubiertos fueren interesantes para las ciencias o las artes, podrá el Estado adquirirlos por su justo precio, que se distribuirá en conformidad a lo declarado.

La sentencia llegará tres años después y decide un reparto equitativo de las monedas entre el propietario de la tierra y los cuatro descubridores. Curiosamente, nadie consideró que aquel tesoro fuera interesante para “las ciencias o las artes”.

  1. Sobre las monedas

El conjunto de monedas encontrado constituye un caso evidente de tesoro de ocultación, escondido deliberadamente dentro de una olla de barro cubierta con una capa de tierra de poco espesor y arrimada a una gran piedra. El lugar, a unos treinta minutos caminando desde Trones, está junto a un antiguo camino. En las declaraciones judiciales lo describen como un terreno montañoso: “con peñas más o menos grandes, unas sueltas, otras clavadas, otras partidas y removidas recientemente o de tiempo lejano. Allí existe una fosa, figurando un horno entre tres peñas y otra piedra suelta que lo cubría ”.

Lugar del monte de Faéu donde apareció el tesoro el 10 de marzo de 1907.

Como no se conserva ninguna moneda, el análisis numismático solo puede hacerse hoy con la información que aparece en el auto judicial, en que se dice que:

Las monedas son de cobre o bronce y cuño antiguo, de unos tres centímetros de diámetro, en forma discoidal y circular, presentando en su anverso el busto coronado del Emperador Constantino, según la inscripción que la rodea, y por el reverso ostenta la figura al parecer de un guerrero de cuerpo entero, cubierta su cabeza con un casco, empinando en su mano derecha un atributo que no se puede precisar y en su izquierda, también al parecer, un pescado. En la circunferencia marginal hay un lema o inscripción ilegible al primer examen.

Por esta descripción, es muy probable que las monedas del tesoro de Trones fueran acuñadas durante el mandato del emperador Constantino I (306-337) o de su hijo Constantino II (337-340), periodo en el que se hicieron importantes reformas monetarias y se acuñaron gran cantidad de  monedas de bronce.

Moneda
Anverso y reverso de una moneda de cobre similar a las encontradas en Trones.

Durante casi tres años, las 1.300 monedas romanas del tesoro de Trones permanecieron “en una caja de lata” depositadas en el Juzgado de Cangas del Narcea y en la Audiencia de Oviedo (del 21 agosto al 24 de diciembre de 1908). En ese tiempo, ningún numismático experto estudió la colección. Las únicas referencias sobre su interés histórico y arqueológico aparecen en los informes periciales, que a petición del juez, realizaron dos aficionados a la numismática vecinos de la villa de Cangas: Manuel Rodríguez González y José Colubi Beaumont, este último capitán de infantería. Ambos, sin negar su valor histórico, manifiestan que: “para todo el que es aficionado a reconstruir la historia no se puede desconocer que son corrientes y abundantes en los monetarios”, y concluyen diciendo que  tienen escaso mérito y poco valor intrínseco, y que “solamente tendrían algún valor para un coleccionista que careciese de alguna de  los diferentes modelos”. Declaración similar harán Domingo Avello Arias y Ricardo Pereiro Campoamor, relojeros y plateros de la villa, que son llamados como peritos para certificar el metal de las monedas y su valor de mercado.

  1. Los descubridores del tesoro

Son cuatro vecinos de Trones, todos labradores, de entre 27 y 38 años, que aprovechan una tarde de domingo para hacer un trabajo en común para uno de ellos. En sus declaraciones cuentan que el hallazgo fue inesperado, que su primera reacción fue pensar que se trataba de monedas de oro, “rezad un Padrenuestro que somos felices”, y a continuación se pusieron a contar las monedas. Sin embargo, no interrumpieron la tarea que les había llevado allí y siguieron extrayendo la piedra para el molino; durante ese tiempo otros vecinos se acercaron al lugar pero nadie notó nada. Con la piedra subida en el carro y las monedas envueltas en un pañuelo regresaron al pueblo, bromeando con quienes se cruzaban en el camino a costa de la carga, diciéndoles “que lo que llevan vale más que el prado del Riego”.

Al entrar en Trones se encontraron con Manuel Rubio, de casa Manso, quien al ver el envoltorio que llevaba el Cabral le preguntó que qué era aquello, contestando el Cabral que aquello valía más que el prado que parece que posee el Rubio, llamado del Riego, diciendo esto en tono de broma, sin que se le hubiera enseñado las monedas al Rubio.

Habían salvado el primer inconveniente y en sus casas comparten la fortuna con sus familias. El desconocimiento sobre la materia prima de las monedas no es obstáculo para que cada uno vea en este hallazgo la ocasión de hacerse rico.  Guardan las monedas en una masera (mueble para hacer el pan) en espera del reparto entre los cuatro afortunados y disfrutan de su posesión. Durante esos días hacen alarde de ellas con los vecinos, las exhiben sacando algunas del bolsillo y vendiendo unas pocas. Pero, ni el propietario de la tierra, ni el arrendatario que les había dado permiso para extraer la piedra, fueron avisados de la aparición de este conjunto de monedas.

El 16 de marzo de 1907, seis días después del hallazgo, de noche, se presentan en Trones el juez y la guardia civil a requerir todas las monedas del tesoro. Van a las casas de los cuatro descubridores y encuentran las monedas guardadas dentro de un arca pequeña en una habitación de la casa; en un cestito colgado de un palo clavado en la pared al lado de la cama; en una escudilla de madera en la cocina y en un hórreo, detrás de unos baúles, dentro de un pañuelo. No las encuentran todas porque algunas ya habían sido vendidas o estaban en manos ajenas fuera del pueblo. También requisan otros objetos que acompañaban al tesoro: un trozo de alambre  y una especie de aro del mismo metal, así como algunos fragmentos de la olla de barro.

Los cuatro descubridores habían sido denunciados por hurto y ocultación. Sin embargo, el delito de apropiación fraudulenta que pretendía la acusación no constituyó base suficiente, pues al tratarse de un tesoro hallado de manera casual en un terreno particular, al descubridor le pertenece la mitad y en esta causa el valor económico se tasó en seis pesetas y cincuenta céntimos, una cantidad que no llega a la indicada en el Código Penal para adquirir la categoría de delito.

Por imposición de la Justicia, las aspiraciones de estos vecinos de Trones, que tenían una arraigada creencia en los “tesoros enterraos”, quedaron frustradas. Los tesoros ocultos formaban parte del imaginario colectivo con el que convivían y soñaban a diario los vecinos de este pueblo y todos los campesinos españoles.

  1. Los intervinientes

Gracias a las actuaciones judiciales que provocó esta denuncia conocemos a todas las personas que intervinieron en este acontecimiento. En total son 32 las personas que estuvieron vinculadas a las monedas y que participaron de diferentes maneras: dueños de la tierra, vecinos, compradores y tasadores.

 

a. Dueños de la tierra

El tesoro apareció en la tierra llamada “Estajo de la Pena de la Campa” del monte de Faéu, en el límite de tres tierras. En Cangas del Narcea los montes son propiedad de los vecinos de los pueblos y se dividen en suertes o partes. En concreto, este monte consta de cuarenta suertes de las que tres eran propiedad del denunciante, que tenía arrendada una parte a Ramiro Agudín, vecino de Faéu,  que también era parte demandante. Ambos son personajes principales en la sociedad rural, especialmente Francisco Álvarez Uría, quien resultó ser el dueño único del terreno, porque presentó los títulos que justificaban la propiedad. Este era procurador de los tribunales de la villa de Cangas del Narcea, y por tanto conocía bien el funcionamiento legal y los procedimientos a seguir, y es  gracias a él que tenemos noticia del hallazgo pues de su casa salió la documentación que hoy manejamos. Impulsó el proceso judicial y durante tres años no cesó de exigir su parte de las monedas, sin importarle su valor ni la dispersión de algunas. Finalmente, el 12 de abril de 1911 recibe la mitad de las monedas recuperadas: 645, de las que en la actualidad sus descendientes no conservan ninguna.

 

b. Vecinos

Una parte de las personas que declaran en el sumario están unidas por lazos familiares y de vecindad con los descubridores. Todos comparten un territorio común entre los concejos de Cangas del Narcea y Allande. Participarán en la difusión de la noticia y colaborarán en diferente medida con esos descubridores. Alguno, como Manuel Rodríguez Agudín, de Faéu, también buscará la fortuna por su cuenta: 

[Declara] que se llama Manuel Rodríguez Agudín, de unos 27 años edad, casado, labrador, vecino de Faedo y no fue procesado. Examinado convenientemente declaró que el lunes último al pasar por la Pruida, que es donde encontraron los vecinos de Trones, según dicen, un tesoro, vio esparcido por el suelo algunos pedazos de un puchero u olla y suponiendo que estos restos fueron de la vasija que contuvo el tesoro las recogió y se las llevó a su casa, para enseñárselas a la familia. En aquel sitio no vio, ni recogió más que los referidos fragmentos de barro pero ninguna moneda, hierro o asa que pudiera tener relación con los hechos de este sumario.

Otros vecinos, llenos de curiosidad, acuden a ver las monedas, asisten al reparto y participan de la satisfacción de sus descubridores. A otros, como el sastre Marcelino Fernández, de casa Mingo de Iboyo (Allande), que estaba trabajando de jornal en casa de Celestino Fernández, uno de los descubridores, se le pretende pagar con una o dos monedas del tesoro, las cuales aceptó aunque “las veía podridas”. 

El mismo día que encontraron el tesoro vio el declarante en casa del Celestino, a donde había ido por casualidad o más bien para tratar asuntos propios con el Celestino, unas monedas antiguas con ocasión de estar el Celestino queriendo hacer un cambio sobre una navaja con Marcelino el sastre de Iboyo, quien pedía en devolución 20 céntimos ofreciéndole solamente el Celestino una moneda oxidada que sacó del bolsillo, la cual rechazó diciéndole que estaba podrida y no la quería que lo que él quería eran 4 perrinas de 20 en tanto el Gervasio García, que también estaba presente, sacó del bolsillo una moneda parecida a la anterior y entregándola al Celestino diciéndole: “tómala, dale las dos”, las que no quiso coger el Marcelino (Declaración de Manuel Rodríguez Álvarez, de casa de Viña, de 25 años de edad, casado, labrador, vecino de Trones. 1 de abril de 1907).

O el caso de la Esperanza García Berguño, de casa Cortina, madrastra de uno de los descubridores, que intermedia con unos curas para una posible compra.

Pero, sobre todo, la ayuda de los vecinos se manifiesta cuando se envían a Madrid dos monedas del tesoro con el fin de conocer fehacientemente su valor. En esta misión participó una cadena de individuos, unidos por lazos de parentesco o vecindad. Fueron los siguientes: Rosendo Fuertes Franco,  vecino de Argancinas (Allande), que las llevó a Madrid aprovechando un viaje para arreglar una herencia; Joaquín Rodríguez, natural de Araniego, que las recogió con el encargo de llevarlas a una casa de cambio para su valoración; Robustiano Rodríguez, portero de la casa n.º 54 de la calle San Bernardo, que acompañó al anterior y, por último, Manuel Rodríguez Álvarez, de Trones, que regresó con ellas desde Madrid e informó sobre la tasación. Todos participaron desinteresadamente en apoyo de los descubridores.

Trones en agosto de 1927. Fotografía de F. Küger. Col. Museo del Pueblo de Asturias

 

c. Compradores

 La venta de las monedas quedó truncada por la rápida intervención de la Justicia. Pero en los cinco días que medían entre el hallazgo y la requisa fueron vendidas nueve monedas  que acabaron en Cangas del Narcea, Tineo y Luarca.

La primera persona que se personó en el pueblo a comprar monedas fue un comerciante ambulante de tejidos, Antonio Mesa Magadán, de Carcedo (Allande), que, al regresar de una feria, se enteró en la villa de Cangas del Narcea, por Marcelino Álvarez Rodríguez, que había aparecido un tesoro en Trones y que tal vez fuese de oro. Dice en su testimonio que “cuando las vio las raspó con una navaja para saber si eran de oro, quedando al rato convencido que no eran de ese metal”. Compró en total ocho monedas. Siete las vendió en Tineo y otra se la entregó al mencionado Marcelino Álvarez Rodríguez, conocido como Baratura, comerciante y propietario de la fonda donde habitualmente se alojaba. Este comerciante de Cangas era conocedor del tesoro porque el mismo domingo en que apareció, su mujer, natural de Noceda de Besullo, pasó por Trones y se enteró de la noticia; él será el que difunda su hallazgo en la villa de Cangas. La moneda que recibió Marcelino Álvarez la envió, por medio de un viajante, a un tenedor de libros del almacén de José Suárez Asenjo, en la villa de Luarca, donde sabemos que residían personas que comerciaban con monedas antiguas. En Cangas del Narcea, las siete monedas de Antonio Mesa fueron objeto de análisis y limpieza por parte del teniente alcalde Joaquín Rodríguez Martínez, el profesor de música, un empleado del ayuntamiento y  un escribiente.

[…] El viernes de la pasada semana, o sea el mismo día en que compró las seis monedas últimas, bajó a Cangas hospedándose otra vez en casa de Baratura.  Cerca de casa de éste se encontraban, en la carretera próxima a ella, dos señores que según le dijeron uno era el teniente alcalde en funciones don Joaquín Rodríguez y el otro el profesor de música de esta villa, quienes al enterarse, o mejor dicho, el declarante se las enseñó para que las vieran y entonces dichos señores le dijeron que si hacía el favor de dejárselas para examinarlas despacio con la lente. Al día siguiente las recogió de poder del señor Joaquín Rodríguez en el café que tiene establecido en esta villa. Después de esto el declarante se ausentó de Cangas, recorriendo diferentes puntos, si bien donde vendió las siete monedas que conservaba fue en Tineo, pues la octava se quedó con ella Marcelino Baratura quién le manifestó que la había dado a un viajante cuyo nombre ignora, sin que el referido Marcelino le indemnizara por esta moneda con que se había quedado. No recuerda los lemas o inscripciones que tenían las monedas, aunque sí que estaban bastante oxidadas por lo que no se leían con facilidad y que alguna representaban una cabeza humana” (Declaración de Antonio Mesa Magadán, 23 de marzo de 1907)

Otros compradores fueron cuatro curas que llegan a Trones con la intención de ver las monedas y comprarlas “si estas eran de cobre”. El introductor de este grupo fue José Blanco Gómez, párroco de Parajas, parroquia a la que pertenece Trones. Le acompañaban los curas: Manuel Méndez García, de Linares; Rafael Alonso López, de Villagrufe, y Leoncio Díaz Llano, de Celón. Vieron las monedas y mostraron mucho interés, pero la operación no se cerró porque ya había sospechas que antes debían de comunicar el hallazgo. Además, los curas querían comprar todas las monedas, ajustando un precio por ellas.

 

d. Tasadores

Conocer el valor real del hallazgo es un asunto que preocupa tanto a los descubridores del tesoro como al juzgado.  Los primeros,  eludiendo la Justicia, mandan a Madrid dos monedas a tasar, “una, partida en dos pedazos, como del tamaño de media onza de las antiguas monedas y la otra, más pequeña, entera como del tamaño de una moneda antigua de oro de dos duros”. Aprovechan el viaje de Rosendo Fuertes Franco, vecino de Argancinas, que va a Madrid a recoger una herencia. Este se las entrega al general de brigada don Joaquín Rodríguez, natural de Araniego y vecino de Madrid, conocido como “El General de Araniego”, que era una persona de prestigio y confianza para los vecinos de Trones. Joaquín Rodríguez acude a una casa de cambio en el número 7 de la calle Preciados,  el Centro Numismático Matritense, que desde el último cuarto del siglo XIX es un importante comercio de compra y venta de monedas antiguas, y su propietario Valentín Gil las valora: “una moneda, un real”. Ese mismo día, el General de Araniego le entrega las dos monedas a Manuel Rodríguez Álvarez que las traerá de vuelta a Trones con la noticia de su valoración.

Un día, a mediados del mes de mayo, encontróse el testigo [Manuel Rodríguez Álvarez] en Madrid y siendo la hora de anochecer, subía el declarante por la calle Ancha de San Bernardo con dirección a la Plaza de Santo Domingo y en ese trayecto se encontró con el referido general don Joaquín Rodríguez, que venía en dirección contraria, y al ver al declarante le saludó y paró pues se conocen de antiguo. Manifestándole que celebraba encontrarle porque, precisamente, venía en aquel momento de averiguar el valor que tenían dos monedas que le había entregado Rosendo Fuertes Francos por encargo del vecino de Trones Antonio Fernández García. Dijo que le habían contestado en una casa de cambio que las monedas eran corrientes y que apenas tenían valor. Le invitó al testigo a que le acompañase a la casa de cambio en donde le dieran tales informes, para que pudiese comprobar por sí mismo la verdad de la que había respecto de las monedas. El declarante le contestó que no había necesidad de hacer tal cosa porque bastaba su palabra y la que él dijera, en vista de lo cual don Joaquín Rodríguez le hizo entrega de las monedas para que las volviese a Trones y se las entregarse a su vez al Antonio Fernández García, lo que él ha efectuado en los primeros días del mes de junio, dejándolas en su casa a su mujer pues cuando él se presentó a entregarlas no se hallaba Antonio Fernández García en su casa” (Declaración de Manuel Rodríguez Álvarez, 9 de julio de 1907).

Al conocer los descubridores el poco valor de las monedas ven frustrado el anhelo que aun mantenían de hacerse ricos, y desde ese momento pierden todo mérito y son tratadas como un objeto vulgar.

Hará un mes o cuatro semanas regresó de Madrid Manuel Rodríguez Álvarez al pueblo de Trones. En ocasión en que el testigo [Antonio Fernández García] se encontraba trabajando en Allande, que por esta razón no vio al Manuel Rodríguez Álvarez cuando al regresar de Madrid vino a entregar las monedas en casa del declarante. A los pocos días de llegar Manuel regresó el testigo a Trones, y su mujer le enteró de que estaban allí las monedas que mandó a Madrid para que las examinaran, que las trajo el Manuel Rodríguez, y que había contestado que don Rosendo se las entregó a don Joaquín Rodríguez y que éste las llevo a una casa de cambio de Madrid en donde le dijeron que las monedas no tenían mérito y que en esa casa se vendían a real. Y que el don Joaquín volvió a entregar las monedas a don Manuel Rodríguez para que éste las entregará a su vez al declarante, como así lo hizo. Al enterarse el testigo de que las monedas no tenían valor las cogió y tiró a un prado que hay cerca de su casa, en donde fueron a buscarlas unos chicos del pueblo al verlas caer, logrando encontrar únicamente la que en este momento presenta en el Juzgado. Entre esos chicos se encontraban tres hijos del declarante, los cuales cogieron la moneda y al verla entre sus manos otra vez su madre, o sea la esposa del testigo, la volvió a recoger y a guardar”. (Declaración de Antonio Fernández García, 8 de julio de 1907)

Por su parte, el juez de Cangas del Narcea estima la necesidad de elaborar un dictamen pericial para la causa, aunque alega que no hay en el partido judicial ni en los inmediatos persona con título ni conocimiento suficiente para emitir dictamen y solicita a la Audiencia de Oviedo que estime procedimiento a este respecto. El 2 de enero de 1908 se convoca a cuatro peritos prácticos al acto de tasación: dos relojeros y plateros de Cangas del Narcea para el reconocimiento y determinación del metal de las monedas, y dos coleccionistas de monedas antiguas de la villa de Cangas del Narcea para la tasación arqueológica y artística. Ninguno de los cuatro peritos dan muestras de tener cualidades especiales. Todos responden con generalidades: que son de bronce, que son circulares, que se ven figuras e inscripciones, que son de acuñación romana y que son comunes y corrientes. Los peritajes, lamentablemente, no aportan un estudio más detallado y sus impresiones son superficiales.

Al final, el tesoro, como otros muchos, no fue objeto de especial atención porque al tratarse de piezas de bronce su cotización en el mercado numismático era baja, y fue tasado pericialmente en la cantidad de 13 pesetas.

 

  1. Final

En época romana, el suroccidente de Asturias fue un territorio en el que se desarrolló una intensa explotación del oro, cuya huella todavía pervive en el paisaje. La población habita desde la Edad del Hierro en castros o poblados fortificados, que en el siglo II d. c. comienzan abandonarse. Los siglos III y IV son tiempos de cambio, cuando Diocleciano impuso una nueva redistribución provincial asignando los territorios del Conventum Asturiense a la provincia de Gallaecia. Con esta medida, Roma concedió a este territorio un mayor rango y ello provocó el incremento de la actividad pública y fiscal, y como consecuencia una mayor implantación militar. Las excavaciones llevadas a cabo recientemente en el castro de Pelou (Grandas de Salime) han puesto al descubierto una intensa renovación de las fortificaciones de un marcado carácter militar, llevada a cabo a finales del siglo III y comienzos del IV. Todo esto parece indicar que el uso de moneda en este área estaba más en función de las pagas a los soldados que en la actividad comercial.

Localización de poblados castreños y restos mineros romanos en el entorno de Trones. Mapa elaborado por Ángel Villa Valdés.

El tesoro de Trones, con esas 1.300 monedas, es el mayor hallazgo seguro de monedas del que tenemos noticia en Asturias. Y hemos de vincularlo con otras apariciones de monedas sueltas y de tesoros, como el encontrado en 1864 en Bimeda, del que se conservan 192 monedas del siglo IV d. c. en el Museo Arqueológico de Asturias; otro de Corias, en donde se hallaron setenta monedas bajo imperiales de plata, de las que no se conoce ninguna, y otro depósito encontrado en 1917 en Foxó (Yernes y Tameza), integrado por 1.080 monedas de los inicios del siglo IV d. c., de las que solo se conservan 163.

Monedas del tesoro de Bimeda. Museo Arqueológico de Asturias

En aquellos primeros años del siglo XX, ninguna institución cultural se enteró del hallazgo del tesoro de Tronos y nadie se interesó por conservar el conjunto. Muchas personas, con formaciones muy diferentes, trataron directamente con las monedas y participaron de los hechos, algunas, incluso, con conocimientos sobre numismática. Jueces, guardias civiles, párrocos, políticos locales, comerciantes, militares o coleccionistas deberían ser conocedores de la existencia de instituciones como la Comisión Provincial de Monumentos Histórico Artísticos y el Museo Arqueológico, que radicaban en Oviedo, pero nadie consideró la posibilidad de que aquel tesoro tuviera un valor histórico.

Finalmente, agradezco a Lucía Barreiro Hurlé  y Benito Álvarez Pereda la oportunidad que me dieron de conocer y estudiar esta documentación que procede del archivo de Francisco Álvarez Uría, bisabuelo de Lucía.

 

Tabla 1 – Relación de las personas que participaron en los autos judiciales del tesoro de monedas de Trones.

Nombre Papel Actividad Lugar
Antonio de la Escosura Audiencia de Oviedo Secretario Oviedo
Antonio Fernández García Descubridor Labrador, Casa Cabral Trones (Cangas del Narcea)
Antonio Lago Fernández Vecino Labrador Trones (Cangas del Narcea)
Antonio Mesa Magadán Comprador Vendedor Ambulante Carcedo (Allande)
Celestino Fernández Fuente Descubridor Labrador Trones (Cangas del Narcea)
Domingo Avello Arias Tasador Relojero y platero Villa de Cangas del Narcea
Esperanza Garcia Berguño Vecina Madrastra, Casa Cortina Trones (Cangas del Narcea)
Francisco Álvarez Uría Propietario Procurador de los tribunales Villa de Cangas del Narcea
Francisco Menéndez Fernández Descubridor Labrador, Casa Cortina Trones (Cangas del Narcea)
Gervasio Fernández Descubridor Labrador, Casa Florenta Trones (Cangas del Narcea)
Joaquín Rodríguez Martínez Ojeador Teniente alcalde Villa de Cangas del Narcea
Joaquín Rodríguez Menéndez, “el general de Araniego” Ojeador General de brigada Calle San Bernardo, 53 (Madrid)
José Álvarez Suárez Vecino Labrador Araniego (Cangas del Narcea)
José Alvarez Velasco Propietario Labrador Faéu/Faedo (Cangas del Narcea)
José Blanco Gómez Comprador Cura párroco Parajas (Cangas del Narcea)
José Colubi Baumont Tasador Coleccionista, capitán de infantería Villa de Cangas del Narcea
José Rubio Rodríguez Vecino Labrador, Casa Manso Trones (Cangas del Narcea)
Laureano Francos Suárez Juzgado Juez Villa de Cangas del Narcea
Leoncio Díaz Llano Comprador Cura párroco Celón (Allande)
Maestro de música, empleado del ayuntamiento y escribiente Ojeadores Villa de Cangas del Narcea
Manuel Méndez García Comprador Cura párroco Linares (Allande)
Manuel Rodríguez Álvarez Vecino Labrador Trones (Cangas del Narcea)
Manuel Rodríguez Gómez Tasador Coleccionista Villa de Cangas del Narcea
Manuel Rubio Rodríguez Vecino Labrador Trones (Cangas del Narcea)
Manuel. Almacén de José Suárez Asenjo Comprador Tenedor de libros Luarca (Valdés)
Marcelino Álvarez Rodríguez, “Baratura” Comprador Comerciante y fonda El Fuejo (Cangas del Narcea)
Marcelino Fernández Comprador Sastre. Casa Mingo Iboyo (Allande)
Rafael Alonso López Comprador Cura ecónomo Villagrufe (Allande)
Ramiro Agudín Propietario y arrendatario Labrador Faéu/Faedo (Cangas del Narcea)
Ramiro Álvarez Rodríguez Vecino Labrador Trones (Cangas del Narcea)
Ricardo Pereira Campoamor Tasador Relojero y platero Villa de Cangas del Narcea
Robustiano Rodríguez Ojeador Portero en Madrid Calle San Bernardo, 68 (Madrid)
Rosendo Fuertes Franco Vecino Labrador Argancinas (Allande)


Sofía Díaz Rodríguez
(Museo Arqueológico de Asturias)


Los Colón y los Sierra de Llamas del Mouro, historia de una relación

Palacio de Llamas del Mouro, parroquia de San Martín de Sierra (Cangas del Narcea)

En la fachada del palacio de Llamas del Mouro (Cangas del Narcea) hay dos escudos relativamente recientes, de los últimos años del siglo XIX o principios del XX, uno con las armas de los Sierra y otro con las de los Colón o ducado de Veragua; además, en algunos libros y artículos de comienzos del siglo XX se menciona a este palacio como del duque de Veragua o de los Colón, familia descendiente del almirante Cristóbal Colón.

Escudo de armas de los Colón

Gracias a un interesante artículo escrito en 2006 por Jesús Urrea Fernández (catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid) sobre la historia de la Casa de Colón en Valladolid, donde se suponía erróneamente que había fallecido el descubridor de América, podemos conocer la historia de esta relación de las familias Sierra y Colón de Larreategui, que comenzó el 13 de marzo de 1780 con el casamiento de la mayorazga de la Torre y Casa de Llamas del Mouro, Josefa de Sierra y Sarria, hija de Diego de Sierra Salcedo y Antonia de Sarria Montalvo, con José Joaquín Colón de Toledo y Larreategui, hermano del duque de Veragua.

Escudo de armas de los Sierra

Esta Josefa de Sierra y Sarria era la propietaria de una casa en Valladolid, que después de su matrimonio se conocerá  como Casa de Colón y que pertenecía a la familia de los Sierra de Llamas del Mouro desde 1727, cuando su propietaria, Manuela Josefa Salcedo, se casó con Diego de Sierra Cienfuegos, natural de Llamas del Mouro y abuelo de Josefa de Sierra y Sarria.

En este artículo se cuenta la historia de la Casa de Colón en Valladolid y la de sus propietarios, pero su lectura también ayuda a conocer la expansión y las ventajosas alianzas matrimoniales de la familia Sierra de Llamas del Mouro en Castilla y Madrid.

 

El proceso

Un proyecto cangués finalista en la Beca Enate 2020

El proceso

Nuestro paisano, el artista y diseñador Francisco Jesús Redondo Losada (Cangas del Narcea, 1968), acaba de quedar finalista de la Beca de Arte ENATE 2020 con esta pieza en la que la protagonista es una vieja cepa de la ribera del Narcea. El proceso seguido nos lo cuenta él mismo, acompañándolo de una imagen de una de las estampas y un enlace a su blog donde se puede ver el trabajo completo y el movimiento de la cepa.


El Proceso

Proyecto finalista en la Beca Enate 2020

«La Beca de Arte ENATE se convoca con el objetivo de apoyar a artistas, no consagrados y con una trayectoria contrastable, con un premio de 6.000€.

Este año, la convocatoria ha alcanzado un récord de participación, optando a la misma las obras de 400 autores nacionales e internacionales con diferentes técnicas.

“De la cepa de una vid vieja de “la ribera del Narcea” corto 12 rodajas de forma consecutiva, cada una de éstas se escanea en alta resolución (3200ppp). Las imágenes las imprimo sobre papeles Willian Turner de Hahnemühle de 310 gramos, a un tamaño de 100 x 100 cm. Cada estampa lleva dos impresiones de la misma rodaja, la segunda impresión está hecha a un 50% de tinta y va girando sobre sí misma en pautas de 15 grados. El resultado son 12 estampas cuya matriz son las huellas que contiene el tronco de una cepa.

Las imágenes son a la vez fotogramas de una animación que muestran el movimiento que el troco tiene impreso de forma natural dentro. Al tratarse de una planta leñosa, su impronta viene marcada por líneas o radios concéntricos y suaves anillos. Cada obra lleva, al lado de la numeración de estampa, un código QR que contiene la animación del movimiento.

En el proceso me di cuenta que el resultado se asemeja a una célula, una flor de la vid, una mancha de vino estampado sobre un papel…

De la semilla, al tronco, la flor, el fruto y a la mesa. Pasando siempre por el proceso de manipulación.

Parafraseando “…todo está en la materia, sólo hay que encontrarlo…”»

Francisco Redondo

Enlace: EL PROCESO

 

 

El cangués Cristóbal Ruitiña gana el premio ‘Bellvei Negro’ de novela

Cristóbal Ruitiña, en la librería Treito de Cangas presentando su libro ‘Asturias Semanal’ en enero de 2013.

Nuestro socio, el periodista, escritor y profesor universitario Cristóbal Ruitiña Testa (Cangas del Narcea, 1977) ha ganado el premio “Bellvei Negro” de novela con “Rececho”, una obra ambientada en el bosque de Muniellos. El galardón consiste en la publicación de la narración en soporte papel y una gratificación por importe de mil euros.

Este premio literario está promovido desde el Ayuntamiento de Bellvei, municipio de la comarca del Bajo Penedés en la provincia de Tarragona. Su organización corre a cargo de la emisora Bellvei Radio, y junto con el Ayuntamiento de Bellvei lo patrocinan varias entidades, entre ellas Célebre Editorial de Badalona, una editorial que nació de la imperiosa necesidad de desempolvar aquellos manuscritos que aún no han visto la luz.

La temática de las novelas participantes en este concurso literario debe ser de género negro o policial, entendiendo por tal el que ha de ilustrar la ambigüedad moral de la sociedad en que se desarrollan los personajes, entre los que están el investigador o policía, el delincuente, la víctima y otros secundarios.

“La hipótesis de partida”, relata Ruitiña, en conversación con La Nueva España, “es la aparición del cadáver de un empresario minero, el último gran empresario de la zona, en un bosque”. A partir de ahí, Ruitiña teje una trama en la que, siguiendo las pesquisas de una agente del medio natural, va retratando “las tensiones sociales y económicas de la España vacía”.

Todo el escenario resulta profundamente cercano para el lector cangués y el asturiano en general. El bosque está integrado en la Reserva de la Biosfera de Muniellos y el empresario aparece calcinado, con una lanza clavada en el pecho y sin lengua. Estas dos últimas prácticas se asocian a la caza del oso, que lleva décadas prohibida. En paralelo, están apareciendo por la zona plantígrados muertos, “en un territorio”, explica Ruitiña, “que sin embargo busca desesperadamente en la naturaleza salidas a la alarmante despoblación y que vive asimismo bajo la amenaza permanente de los incendios”.

La elección de una agente del medio natural como protagonista de la novela se deriva de una meditación por parte del autor sobre cómo quería enfocar la investigación en su novela. “La creación de un detective era crucial. No quería un policía o un guardia civil, porque no me interesaba tanto retratar los procedimientos. Pensé en un periodista, pero me encontraba incómodo. Al final, una agente del medio rural me permitía explorar todo aquello que quería trabajar en la novela”, concluye.

Desde aquí nuestra enhorabuena a nuestro socio y miembro de El Payar del Tous pa Tous.

Noticias del Grupo de baile “Son de Arriba” de Cangas del Narcea (1922-1955)

Los bailes a lo suelto servirán de modelo para la formación del repertorio de los grupos de baile formados desde finales del siglo XIX. El gaitero, cantos asturianos arreglados para piano, partitura cortesía de la Sociedad Valle, Ballina y Fernández, h. 1897, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

 

  1. Folklore y baile asturiano.

La folklorización del baile popular, o presentación en forma de espectáculo de una selección de ejemplos admitidos como representativos de la idiosincrasia de un pueblo, es un proceso desarrollado a partir de la segunda mitad del siglo XIX, aunque resulta difícil establecer su fecha inicial y rastrear sus primeros pasos. La razón es que, desde hace cuatro décadas, el baile asturiano se aborda desde una perspectiva etnográfica, acudiendo a la historia oral en el intento de restaurar una práctica ya obsoleta, pero percibida como un patrimonio enriquecido por su historicidad. Desde este planteamiento, la actividad folklórica, desarrollada en paralelo y moldeada por una mediación ideológica y estética, no se reconoce como fuente de conocimiento, negándosele toda posibilidad de explicar la raíz cultural que la origina. Si algo caracteriza a la actual corriente de recuperación del baile tradicional es la insistencia en obviar el mencionado proceso de folklorización en busca de unas formas “auténticas”, suponiendo que estas, preservadas en la memoria de sus transmisores, han permanecido ajenas a toda influencia y, por lo tanto, inalteradas. La consecuencia ha sido el profundo desconocimiento de una etapa en la que aún estamos inmersos y cuya naturaleza espectacular no la excluye de la historia, a pesar de que se haya pretendido.

El baile asturiano se convierte en icono de la asturianía, usándose como reclamo publicitario desde el siglo XIX. Tarjeta postal, h. 1910, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

En estas circunstancias, los únicos medios disponibles para reconstruir siglo y medio de actividad folklórica son, por este orden, la prensa, la fotografía y los ya escasos testimonios de sus últimos protagonistas, cuya memoria no abarca hoy la totalidad del proceso que nos ocupa. A la luz de esta documentación, solo pueden trazarse las líneas generales del comienzo de la espectacularización del baile percibido como asturiano, de cuya existencia, sin embargo, ya se había tomado conciencia con anterioridad. Lo anticipa Luis Alfonso de Carvallo en Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias (1695) cuando habla de “bailes asturianos al son de gaitas”; le da contenido Jovellanos en la “Carta de las romerías de Asturias” al fijar la danza prima como su máxima expresión; y lo universaliza Roxó de Flores en su Tratado de recreación instructiva de la danza presentándola como propia de Asturias, al igual que la muiñeira lo es de Galicia, de Aragón la jota y de las Vascongadas el zortziko.

Habrá que esperar al advenimiento del nacionalismo musical y la ciencia del folklore en el siglo XIX para que esta conciencia se verifique en acciones positivas como la recolección de bailes populares y, algo más tarde, la formación de grupos cuyo objetivo, tantas veces declarado, es que esos bailes “no se pierdan”. El retroceso de los usos propios de las sociedades preindustriales en una coyuntura de desarrollo tecnológico y cambio social es, pues, el segundo factor que desencadena este proceso y de él se deriva la actitud restrictiva de esos grupos, caracterizados por la visión indigenista de la cultura e influenciados por el evolucionismo dominante. La formalización de sus tres principales elementos constitutivos ―vestuario, instrumentación y repertorio― fue el resultado de la percepción que de ellos se tenía cuando surgió la corriente folklórica. Ese momento coincidió con el declive de una sociedad admitida como paradigma de lo que significa ser asturiano, dentro de unas fronteras culturales en parte reales y en parte imaginadas, pero presentes en la mentalidad colectiva; por lo tanto, nada que perteneciera a un tiempo posterior y a un espacio tenido por ajeno sería admitido en la ortodoxia folklórica: lo moderno, lo urbano y lo foráneo quedaron excluidos.

 

  1. Los primeros grupos de baile en Asturias.

Aunque el nacimiento de aquellas primeras agrupaciones se explica en el contexto descrito, faltaría por aclarar de qué forma sucedieron las cosas. La prensa de la época nos proporciona los escasísimos datos disponibles y nos permite entrever que los grupos de baile no surgieron de la nada ni como un fenómeno enteramente novedoso, sino que se fueron gestando en el entorno de los agasajos populares ofrecidos a los visitantes reales y, más allá, en las alegrías nacionales cuyos programas festivos solían incluir danzantes profesionales que quizá les hayan servido de primer modelo, siquiera en los aspectos más generales. A lo largo del siglo XIX, la prensa ofrece la crónica de las visitas regias a Asturias en textos que, aunque sucintos, suelen contener pinceladas con sabor local. Así, en el transcurso del viaje por España de Isabel II y Francisco de Asís durante el verano de 1858, el diario La Época del 6 de agosto refiere que, en Oviedo, varias parejas bailaron en su honor “la danza prima y otros bailes del país”, agasajo que se repetiría en Gijón unos días después; y La Correspondencia de España del 20 de julio de 1877 relata que en el transcurso de la visita de Alfonso XII a Gijón tuvo lugar un baile en el que tomaron parte “más de 200 parejas de aldeanas y aldeanos al son de la clásica gaita y el indispensable tamboril”. En estos y otros documentos, los bailes asturianos se describen como parte de un programa de actividades, dándose así los dos pasos iniciales de la transición entre el ―llamémoslo así― baile espontáneo y el folklórico: primero, que se haya fijado un canon de baile admitido como asturiano; y segundo, que ese baile haya adoptado forma de espectáculo, exigiendo como mínimo un espacio de acción y, consecuentemente, una organización del movimiento en función de un virtual observador. La evolución desde estos divertimentos confiados a formaciones efímeras hasta llegar a ser grupos estructurados y estables se produjo sin generar documentación alguna. Los pormenores de cómo se reunieron, quién los instruyó, de qué manera eligieron su repertorio, a qué criterios escenográficos recurrieron y cuál fue su recompensa, todos de la mayor importancia, se quedan en la pura especulación.

Nada se adivina en los dos textos mencionados acerca del vestuario que utilizaron los bailarines en una época en la que el traje del país iba siendo una rareza, desplazado por los tejidos industriales y las nuevas modas urbanas; no obstante, algo se entrevé en el relato de la visita a Langreo de María Cristina de Borbón recogida en La Libertad del 25 de octubre de 1864, pues narra que “había doce lindas aldeanas, tan gallardas como bien vestidas, cada una con un ramo de flores y un cesto de productos agrícolas de esas montañas”, interpretándose más tarde “las alborozadas danzas del país”. Con todas las objeciones que se desee, el uso de la expresión “aldeanas” bien puede hacer referencia al hecho de ir vestidas como tales, pero en 1864 es muy posible que el atuendo que lucieron ante los monarcas no fuera ya el de uso cotidiano, sino otro preparado para la ocasión según lo que en aquel momento se entendía por “traje de aldeana”. No consta el origen puntual de este atuendo, cabiendo dos posibilidades: que saliera de los arcones en los que se guardaban antiguas prendas de cierto valor ­―lo que explicaría en parte la posterior insistencia en sobrecargar los trajes regionales con pedrerías, bordados y tejidos ricos― o que se confeccionara ex profeso tomando como modelo dichas prendas. Aunque continuamos moviéndonos en un terreno especulativo, entendemos que no habrá sido muy diferente el inicio de una indumentaria simbólica cuyo desarrollo en torno a aquellos años se constata en la fotografía, que nos revela su aún vacilante constitución formal.

En cuanto a los instrumentos musicales, constituyen el aspecto más fácil de reconstruir, porque sobre los mismos ya existía alguna literatura costumbrista, sin que faltaran textos que los describiesen, aunque de forma somera y con algunos errores. En cualquier caso, las crónicas periodísticas de las romerías de la época, prácticamente mudas en lo que a la técnica del baile se refiere, suelen introducir alusiones a gaitas, tambores, panderos y castañuelas, retratando un instrumentario que la documentación posterior no desmentirá, si bien irá constatando su progresiva diversificación.

Bailarinas llaniscas y gaiteros que tomaron parte en el Festival Asturiano organizado en 1904 por Manuel Sánchez Dindurra en la plaza de toros de Gijón. Programa de mano, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Paralelamente, se gesta en Asturias otro fenómeno que, a nuestro entender, ha podido contribuir a la definición formal de los grupos folklóricos. Se trata de los concursos, convocados en contextos festivos en torno a cuatro modalidades: asturianada, gaita, traje y baile. Desde finales del siglo XIX la prensa incluye referencias que se incrementarán a lo largo del XX. Siguen siendo textos escuetos, pero transmiten inequívocamente la idea de la excelencia interpretativa, que habrá de estar muy presente en el mundo del baile regional. Así, por citar algunos ejemplos, El Noroeste del 11 de junio de 1903 anuncia un premio para “el mozo que bailando la jota mejor toque las castañuelas” en los concursos programados para las fiestas de San Antonio en Cangas de Onís. El mismo diario, describiendo el Festival Asturiano que tuvo lugar el 21 de agosto de 1911 en la plaza de toros de Gijón, hace constar que durante el concurso de baile “se acreditaron como bailadores excelentes las parejas Marcelina Mencías y Rufino Suárez, y Mercedes Berros y Joaquín Santianes”. No estamos en condiciones de afirmar que los mismos concursantes que destacaron en aquellos certámenes hayan sido miembros de las primeras agrupaciones folklóricas, pero esto es muy posible, dada la estrecha relación entre concursos y muestras de baile, invariablemente representados en el mismo espacio escénico.

Los Mariñanes retratados en Madrid en 1916 con el Gaiteru Libardón y el Tambor de L’Abadía. Fotógrafo desconocido, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Pero, ¿cuáles fueron esas primeras agrupaciones? Sobre el siglo XIX poco podemos decir, salvo lo que se recoge en el disco-libro que conmemora el cincuentenario de Los Xustos (Los Xustos. 50 aniversario, 1953-2003, Gijón, 2003), grupo gijonés cuyas raíces se hallan en una renombrada formación anterior: Los Mariñanes, conjunto inicialmente compuesto por entre tres y seis parejas de aficionados al baile procedentes de Castillo de la Marina (Villaviciosa) y acompañados por los músicos populares más célebres de aquel tiempo: Ramón García Tuero “El Gaiteru de Libardón” y José Sánchez “El Tambor de L’Abadía”. Siempre según el relato contenido en el mencionado disco-libro, en sus primeros momentos este grupo se reunía y trabajaba con cierta espontaneidad, sin programa conocido de ensayos, y sus actuaciones consistían en bailar, durante las romerías de la zona, el repertorio del entorno de Villaviciosa que habrían aprendido por transmisión oral. Pero lo hacían con plena conciencia de ofrecer un espectáculo y para ello utilizaban como vestuario el traje del país. Su evolución posterior, que se prolongaría hasta la disolución del grupo en 1959, tendería a reforzar esta línea espectacular, llegando a autodefinirse como “compañía” e incluyendo en su programa canción asturiana y escenas costumbristas a cargo de actores profesionales.

Si bien Los Mariñanes parecen haber sido pioneros en la fundación de grupos de baile asturiano ya en los últimos años del siglo XIX, desde comienzos del XX queda constancia de varias formaciones más. La tenemos gracias a la prensa, que proporciona noticias acerca de otro fenómeno vinculado con la práctica folklórica: los festivales asturianos que, con altibajos y cambios estéticos, perduran hasta nuestros días. Entre estos festivales cabe destacar los organizados desde al menos 1904 en la plaza de toros de El Bibio (Gijón) por el empresario Manuel Sánchez Dindurra (1858-1933), el Festival Patriótico Asturiano celebrado en 1909 en la plaza de toros de Buenavista (Oviedo) y el Festival de Folklore de Oviedo de 1922, cuya programación corrió a cargo de Eduardo Martínez Torner. Las crónicas periodísticas de estos eventos hacen referencia a varias agrupaciones llegadas desde distintos puntos de Asturias. Estas tomaban su nombre del baile más característico de su repertorio local, incluso de la “etnia” que se les atribuía; pero, en general, su denominación no se revela, quedando identificadas simplemente por su procedencia. Así, las formaciones cuya existencia está documentada en la primera década del siglo XX eran, aparte de Los Mariñanes de Villaviciosa: Corri Corri de Cabrales, Pericote de Llanes, Vaqueiros de Valdés y otras anónimas procedentes de Gijón, Avilés, Colunga, Cudillero, Mieres y Pola de Siero. Por falta de documentación, desconocemos cuándo y de qué manera comenzaron a gestarse estos grupos pero, en fechas tan tempranas, sin duda es llamativa su diversidad, como también lo es el hecho de que hayan podido acreditar su capacitación para ser admitidos en un espectáculo urbano de extraordinaria afluencia en aquel tiempo, como evidencian los doce mil asistentes al Festival Patriótico Asturiano de 1909. En este sentido, La Prensa del 14 de septiembre de 1922, al describir el Festival Asturiano celebrado en 1908 en el Teatro de Campoamor, menciona que se organizaba “con carácter de ensayo” y en él se dieron “pequeñas involuntarias deficiencias por todos perdonadas”, quizá en parte atribuibles a la actuación de los propios grupos.

 

  1. El caso de Cangas del Narcea: El grupo de baile “Son de Arriba”.

También Cangas del Narcea aportó una formación al panorama folklórico de comienzos del siglo XX, pero no antes de 1922, cuando tuvo lugar en Oviedo el festival organizado por Eduardo Martínez Torner al que ya hemos hecho referencia. Fue en ese año cuando la prensa reparó en una agrupación antes desconocida en el centro de Asturias, procedente de Cangas del Narcea y llamada “Son de Arriba” en referencia a un baile de parejas enfrentadas, aún practicado en el siglo XX en Cangas del Narcea, Somiedo y norte de León. No nos extenderemos aquí sobre las características de este baile, pues son sobradamente conocidas, pero sí nos interesa el hecho de que, por aquellos años, ya se hubiera convertido en una seña de identidad canguesa, lo cual revela hasta qué punto había calado la percepción de la cultura popular como un patrimonio digno de preservación. Quedaban superados, por tanto, los tiempos en los que solo la danza prima ostentaba la consideración de baile asturiano: la reelaboración escénica de determinados bailes locales se estaba generalizando y aportaba al canon folklórico ejemplos que se han perpetuado como parte de las identidades específicas que aún hoy reconocemos dentro de Asturias. Y, del mismo modo que se propagó la visión folklórica, se extendieron sus prácticas concretas; sirva de ejemplo el programa de las Fiestas del Carmen de Cangas del Narcea de 1912, en el cual, junto a las habituales atracciones de gaitas, gigantes, cabezudos e iluminaciones, se preveía para el 20 de julio un “concurso de bailes regionales, adjudicando un premio a la pareja que mejor baile” (El Narcea, 6 de julio de 1912). No será la única vez que se documenten este tipo de eventos.

En qué circunstancias y por quién fue seleccionado el “son de arriba” para representar colectivamente a Cangas no se ha establecido, aunque Martínez Torner debió influir en su posterior admisión en el canon folklórico asturiano al transcribir en su cancionero de 1920 dos ejemplos de Leitariegos (nos 333 y 334). Ciertamente, ni uno solo de los álbumes pianísticos publicados desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la aparición de este cancionero lo había recogido, ni figuraba en escritos de naturaleza etnográfica; pero no cabe dudar que, bien entrado el siglo XX, el “son de arriba” era un fenómeno vivo. Salvo mejor documentación, el primer texto descriptivo, redactado en 1903, se debe al musicólogo leonés Rogelio Villar González (1875-1937), quien, ciñéndose a la montaña de León, sin duda describe el mismo baile de Cangas:

En la Montaña hay dos bailes principales: el que propiamente se llama baile y en Laceana son de arriba, y los Pollos. El primero, que es el más importante, el más usual y el más típico, consta de tres partes: paso, contrapaso y baile propiamente dicho. Empiezan dos mozas tocando el pandero (que es un bastidor cuadrado con doble parche, sin sonajas y que suele tener entre los dos parches unas cuerdas de guitarra, caracterizándose por un sonido muy grave), a un ritmo de tres tiempos, y las parejas, colocadas por sexos en dos filas, inician un balance a dos tiempos, de derecha a izquierda y viceversa, de tres pasos cada uno: esto es lo que se llama el paso; las tocadoras de pandero cambian el movimiento para indicar que van a cantar la copla, y los bailadores hacen un movimiento hacia atrás, que constituye el contrapaso, que es como preparación para el baile. Este empieza cuando las dos mozas cantan al unísono el son en un movimiento que va cada vez más fuerte y vivo; el baile se hace a dos tiempos, mientras el son es de tres. En las dos primeras partes mozos y mozas llevan los brazos péndulos, mientras que los primeros, durante la última parte, los elevan al nivel de la cabeza. Al terminar, mientras las cantadoras sostienen la última nota en prolongado calderón, los bailadores giran en una especie de semicírculo, los mozos sobre el pie derecho y las mozas sobre el izquierdo, haciendo un gracioso movimiento para tocar ligeramente la mano izquierda de los primeros con la derecha de las segundas, que es a lo que se llama la agachadura. Antes, porque ahora ha decaído bastante, las mujeres usaban unas castañuelas de tamaño regular, mientras que los hombres las llevaban grandes, algunas descomunales, que producían un ruido grave y ensordecedor. Cada baile consta de dos manos, en cada una de las cuales se cantan cuatro o cinco coplas. Entre las dos manos hay un descanso largo, durante el cual se corteja; y cortejar se reduce a conversar, y mejor, a discretear cada uno con su pareja [Rogelio Villar: “Cantos y bailes de la provincia de León”, Fidelio, 21 de junio de 1903].

Habrá de ser la prensa local la que recoja alguna noticia sobre la práctica e incluso sobre la etnicidad del “son de arriba”. Abundan las menciones genéricas a bailes: tanto de salón y verbena a cargo de la orquesta y el organillo, como del país con acompañamiento de gaita, acordeón o clarinete: “En la carretera de Corias hubo animado paseo y en la de Llano, frente a casa de ‘Pepinitos’, un baile animadísimo al son de clarinete y bombo” (El Distrito Cangués, 29 de abril de 1913); pero la brevedad de la columna periodística no permite la descripción pormenorizada. El tenor de estas inserciones queda bien representado, por ejemplo, en la noticia del baile de Corpus en Cibuyo el 25 de mayo de 1913, en el que hubo “tres gaitas, tambor, panderos, castañuelas, mucha gente y baile animadísimo en el Campo del Cristo” (El Distrito Cangués, 3 de junio de 1913). Seguramente estos panderos y castañuelas acompañaron al “son de arriba” aquella tarde, pero el texto no lo aclara. Sin embargo, en otras ocasiones el “son de arriba” se menciona inequívocamente con su propio nombre y bailado por la concurrencia, pero no por una agrupación folklórica. Así, en la descripción de las fiestas de San Lorenzo en Casares, El Distrito Cangués del 9 de septiembre de 1913 nos dice que en la espaciosa casa de una vecina de nombre Cayetana “tuvo lugar el filazón y qué de son de arriba se bailó, quedando a todos grato recuerdo de tan simpática fiesta” (El Distrito Cangués, 9 de septiembre de 1913). Con ocasión del Ecce Homo de San Juliano, el mismo periódico relata que “hubo colosal derroche de son de arriba, luciendo sus habilidades incontables parejas, que bailaban al compás del pandero y castañuelas, no faltando a cortos intervalos algún ¡quién baila! o ¡ijujú! lanzado por robusto y fornido pecho” (El Distrito Cangués, 19 de septiembre de 1914).

Pero queremos destacar, sobre estos y otros textos similares, la recensión de Odón Meléndez de Arbas aparecida en el mismo medio con motivo de la publicación en 1915 del libro De Bogayo, escrito por Mario Gómez y considerado como el primer retrato literario de Cangas y sus habitantes. En una serie de referencias nostálgicas a un modo de vivir que estaba desapareciendo, Meléndez de Arbas se detiene en el “son de arriba” y escribe:

Y quién sabe si desaparecerá nuestro son de arriba con sus castañolones, que, llenos de papas, llevaría cada uno el almuerzo para dos cavadores; el ruido de los panderos, los cantares de las mozas que los tocan, que con los ijujús de los mozos bastaba un baile de son de arriba en una de estas laderas para espantar los lobos en dos leguas a la redonda [El Distrito Cangués, 12 de junio de 1915].

Y más adelante, hablando sobre las canguesas que ejercían de criadas en Madrid, añade:

Eran fieles; eran buenas. ¡Como que no habían bailado nunca más que giraldilla y son de arriba! ¡Asturianas!

A nadie se le habrá escapado la expresión “nuestro son de arriba”, en la que el baile queda inequívoca y sentimentalmente definido como propio de Cangas del Narcea. Tampoco puede dejar de percibirse la hiperbólica descripción de las castañuelas y del brío del baile, capaz de espantar a los lobos. Mucho menos puede ignorarse la referencia a su moralidad ―puesto que preserva la inocencia de quienes lo practican―, alusión que encierra un velado ataque contra el “agarrao”, tan perseguido por los defensores de las tradiciones, a veces con el radicalismo de autores como el vasco Sabino Arana. Un texto así no puede calificarse de etnográfico o meramente periodístico: es una exaltación de la identidad y revela que en Cangas había prendido esta corriente de pensamiento. El siguiente paso consistirá en materializar estos contenidos ya simbólicos y representativos de una comunidad. El “son de arriba” tenía un lugar entre ellos y lo conservaría en años sucesivos, como se aprecia en el relato “Una boda de aldea”, publicado en 1926 (La Maniega, 4 y 5), donde leemos: “el baile, dicen en donde aún conservan esta típica danza, y ya saben que no puede referirse ni a los agarraos, ni a la jota, ni a otro baile que no sea este”. Se le consideraba, por lo tanto, el baile cangués por antonomasia y la forma elegida para respaldarlo fue la creación de un grupo folklórico que ostentase su nombre.

Nuevamente, carecemos de noticias acerca de los pormenores de la fundación de este grupo de baile, que debió de ser muy próxima a 1922, como veremos. El único dato disponible, aunque dudoso, es el que nos proporciona La Maniega (agosto-septiembre de 1930), ocho años después de la primera documentación fehaciente del grupo. En una breve nota, el redactor hace constar el viaje a Barcelona de algunos vecinos del concejo, todos de Cibuyo y Pandiello, para bailar el “son de arriba” en la fiesta asturiana celebrada con motivo de la Exposición Internacional. De manera imprecisa, por tratarse de personas conocidas, identifica a catorce bailarines y al gaitero que los acompañó:

Fueron a bailar el son de arriba a la ciudad catalana, de Cibuyo, Pepa de Molín, con sus hijas Constantina y María; Manuel Fernández Carabina, con sus hijas Josefa y Consuelo, Félix Coque y su esposa, José Meléndez de Quintín, José de la Ponte, Odón Meléndez de Bernardo; Villa de Clarón, de Pandiello, con dos hijas suyas, y el gaitero de La Regla, Dionisio López.

Grupo de vaqueiros de Valdés durante su participación en el Festival Patriótico Asturiano celebrado en 1909 en la plaza de toros de Oviedo. Rogelia Gayo, su fundadora, aparece la segunda por la izquierda en la fila inferior. Fotógrafo desconocido, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Pese a describir un acontecimiento de naturaleza folklórica, el cronista no pone nombre a la delegación que lo protagonizó, por lo que sería aventurado afirmar que era un conjunto estable y quizá el mismo que había aparecido por primera vez en la prensa ocho años antes; no obstante, en aquel tiempo no abundaban estas agrupaciones, por lo que es razonable pensar que sí. Comoquiera que haya sucedido, es un hecho la presencia del grupo Son de Arriba en el festival celebrado en la plaza de toros de Oviedo el domingo 17 de septiembre de 1922, recogido por los diarios La Prensa y El Noroeste sin ambigüedad alguna en lo que a los participantes se refiere. El primero anuncia el acontecimiento y menciona a los siguientes grupos: “el del Corri-corri de Cabrales, el del Son de arriba de Cangas de Tineo, El Perlindango de Cudillero, El Pericote de Llanes y los Vaqueiros de Alzada” (La Prensa, 14 de septiembre de 1922). Rememora, de paso, dos festivales celebrados con anterioridad en la capital: el de 1908 en el Teatro de Campoamor y el de 1909 en la plaza de toros, a ninguno de los cuales habían concurrido representantes de Cangas del Narcea. Hasta 1922 no volvería a programarse ningún otro evento de esta clase en Oviedo, por lo que sin duda la primera actuación de los cangueses tuvo lugar en ese año, siendo “entusiásticamente aplaudidos”, según recoge El Noroeste.

En cuanto a Gijón, donde los festivales regionales se venían celebrando anualmente, la misma prensa aclara que Cangas del Narcea nunca había estado representada en ellos antes de 1922, seguramente porque su grupo aún no existía. Así lo leemos en el anuncio del festival previsto para el primero de octubre, a renglón seguido del ovetense, en el que tomaría parte “el afamado grupo compuesto de diez personas denominado Son de Arriba, de Cangas de Tineo, nuevos en Gijón” (La Prensa, 28 de septiembre de 1922). El Noroeste del 10 de octubre también se hace eco de su novedad, mencionando “la presentación del grupo Son de Arriba, de Cangas de Tineo, con sus cadenciosos bailes y cantos, por aquí desconocidos”[1]. Finalmente, el grupo telegrafió desde Cangas del Narcea anunciando que no acudiría, por lo que se decidió repetir el evento el domingo siguiente en la plaza de toros:

El próximo domingo tendrá lugar un nuevo festival de bailes y cantos asturianos en el que tomará parte el grupo de Cangas de Tineo denominado Son de Arriba, que no pudieron venir el domingo pasado y que se presentarán con sus típicos trajes y castañueles [sic] y pandero. Tomarán también parte parejas del Pericote de Llanes, y cantadores y bailadores asturianos [La Prensa, 5 de octubre de 1922].

Los festivales ovetense y gijonés se programarían de nuevo en 1923 y 1924, pero en los años siguientes las referencias cesan, sin que sepamos la causa. No parece haberse debido a la extinción de los eventos folklóricos, ya que, organizados en circunstancias y lugares variados ―incluso la plaza de toros―, seguirán siendo objeto de escuetas noticias periodísticas. Puede conjeturarse una disminución del público por la repetitividad del espectáculo o quizá una reducción del cuadro artístico por razones económicas o de otra índole, pero lo cierto es que no disponemos de más información.

Compartiendo cartel con los habituales representantes de Llanes, Cabrales y Valdés, el grupo Son de Arriba volverá a figurar en La Voz de Asturias, La Prensa y El Noroeste con motivo  de las fiestas celebradas en Madrid en 1932 por el aniversario de la proclamación de la II República Española. Es algo más extensa la crónica de La Maniega, que da cumplida cuenta de la formación del grupo:

Bailadoras: Balbina, de Santiago de Saburcio; Josefina, del Carabinero de ídem; Constantina, de casa de Pepa, “el Molín de Cibuyo”; María de Fonso, de Vega de Castro, y Laura de Tarambana, de ídem. Bailadores: José de Jaime, de Combarro; José, de casa de Pepa, “el Molín de Cibuyo”; Dionisio López, sastre, relojero y gaitero, de La Regla; Manuel el Carabinero, y su hijo Mario, de Saburcio. Cantadoras: Virginia de Cabanín, de Pandiello, y Elvira, de casa de Jaime, de Combarro [La Maniega, mayo-junio de 1932].

Fiesta Española celebrada en 1918 en la plaza de toros de Gijón, en la que participó el grupo Los Mariñanes. Programa de mano, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Comparando estos nombres con los de los enviados a Barcelona en 1930 y teniendo en cuenta la ambigüedad que se deriva de la familiaridad con la que están consignados, no parece que muchos se repitan, lo que sugiere una inestabilidad que también se aprecia en el variable número de participantes. Esto nos lleva a considerar que solo se reunían en las ocasiones especiales y según las posibilidades de cada momento, como seguramente sucedería con las demás agrupaciones asturianas de aquellos años. Con el tiempo de sus integrantes ocupado en otros quehaceres, su estatus en el ámbito folklórico nunca debió pasar del de aficionados. Solo Los Mariñanes lograrían mantenerse como entidad profesional, como hemos visto.

Las referencias a un conjunto cangués con el nombre de “Son de Arriba” no vuelven a aparecer hasta la década de los años cincuenta, en un contexto político bien conocido sobre el que no nos extenderemos; baste mencionar que, en toda España, la materia folklórica se hallaba bajo el control del aparato del Estado a través de la Sección Femenina de Falange y Educación y Descanso de la Organización Sindical Española, que establecieron la conocida red de Grupos de Coros y Danzas por todo el país. La proliferación de los eventos folklóricos, empezando por los concursos nacionales de folklore convocados desde 1942 por la Regiduría de Cultura y celebrados en el Teatro Español de Madrid, es consecuencia del contenido esencialmente conservador de tales manifestaciones. Pero los eventos no solo crecen, sino que se diversifican para satisfacer las necesidades propagandísticas del régimen. Así, por ejemplo, leemos en el diario Voluntad sobre la Feria Internacional del Campo, cuya primera edición tuvo lugar en mayo de 1953 y contó con un Día de Asturias:

Camaradas de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Oviedo y Gijón y los grupos folklóricos de Educación y Descanso, Vaqueiros de Alzada, Son de Arriba de Cangas del Narcea, parejas de Tambor y Gaita de Oviedo, el Orfeón de la Obra y las masas corales de la Fábrica de Armas y Mieres de Turón constituyen el grueso de esta aportación asturiana a los grandes festivales organizados con motivo de la feria y que se celebrarán en el recinto de esta [Voluntad, 23 de mayo de 1953].

En los días siguientes se publican algunas otras noticias que coinciden en mencionar separadamente los grupos del Movimiento y los restantes, figurando siempre Son de Arriba entre los últimos, de lo que se deduce que el grupo no había sido absorbido por el aparato folklórico estatal, como sucedió en otros casos. Por la crónica del evento, sabemos además que su actuación incluyó “las estrofas de la ofrenda del ramo que portaban durante la ceremonia los Vaqueiros de Alzada” (Voluntad, 30 de mayo de 1953), de lo que se infiere que el repertorio del grupo era más extenso que su nombre; pero no podemos aclarar si esta circunstancia era reciente o ya se daba en sus primeras actuaciones.

La única noticia posterior data de 1955. El grupo de baile Son de Arriba acudió a Oviedo para tomar parte en el desfile del Día de América, al que también concurrió el grupo folklórico de la Sección Femenina de Cangas del Narcea, quedando despejada cualquier duda sobre la independencia del primero (Voluntad, 24 de septiembre de 1955), pero a partir de este momento no tenemos otro testimonio de su continuidad.

En 1971 comienzan a figurar en las crónicas festivas Los Son d’Arriba, denominación que, como es bien sabido, hace referencia no ya a un grupo de baile, sino al célebre conjunto de gaitas y percusiones que en 1969 habían formado Cándido, Fariñas, Neto, Pepe Serrano y Chapinas.

 

  1. Conclusión.

Nuestro relato debe detenerse aquí sin que hayamos podido presentar una sola fotografía de aquel grupo de baile Son de Arriba que, según los datos que proporciona la prensa, debió funcionar al menos entre 1922 y 1955. Sin duda de las de los integrantes de este grupo habrá de salir alguna fotografía que se echa de menos en esta breve historia, cuya mayor utilidad sería estimular a los lectores a aportar más información.

Baile a lo suelto en Piloña. Modesto Montoto, h. 1910, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Por último, hay que decir que tanto el grupo Son de Arriba como otras formaciones de su tiempo han ejercido una insospechada influencia en la conservación del patrimonio local, por lo que su valor para la historia no puede ignorarse. No es casual que, allí donde surgió una agrupación folklórica, continúa hasta nuestros días una línea de transmisión que ha contribuido a fijar la forma concreta de lo que hoy entendemos por “baile asturiano”. Díganlo, si no, los llaniscos, los cabraliegos, los pixuetos y los valdesanos. Y no puede dudarse que el “son de arriba” es una parte importante. Decaído a lo largo del siglo XX en su práctica cotidiana y mantenido por vías folklóricas, como sucedió en tantos lugares de Asturias, continuó su trayectoria en las dos muestras de folklore organizadas en 1983 por el Coletivu Etnográficu Urogallos a instancias de la Sociedad Ovetense de Festejos, grabadas en directo y publicadas en el doble LP Folklore astur (Sociedad Fonográfica Asturiana, 1984). Estas grabaciones y las realizadas por José Manuel Fraile Gil (De encuesta por León y Asturias, Saga, 1985 y 1986) rescataron los testimonios de sus últimos transmisores. Ambos trabajos se inscriben en una corriente de divulgación en la que participaron distintas agrupaciones coetáneas, culminando con el estudio monográfico de Fernando Manuel de la Puente Hevia El baille d’arriba. El son de la montaña astur-leonesa (Oviedo, 2000). Desde este ámbito puramente etnográfico, el “son de arriba” entró en la música folk con el primer LP de Xuacu Amieva, Onde l’agua ñaz (Fonoastur, 1986) y hoy son pocos los grupos dedicados a la música tradicional asturiana que, cualesquiera que sean su procedencia geográfica y opción estética, no tengan algún ejemplo en su repertorio.

El 23 de julio de 2019, “Muyeres” recibió una ovación cerrada del público que asistió a su concierto en la Plaza Mayor de Gijón, en el que se interpretó un “son de arriba” grabado en Trasmonte de Arriba por Fraile Gil. Esto sucedía casi cien años después de que pandeiros y castañolones retumbaran por primera vez en Gijón en las manos de las cantadoras y los bailarines del grupo Son de Arriba. Y es la mejor prueba de la fructífera labor de una gente entusiasta a la que dedicamos estas páginas.


[1] El desconocimiento de la Asturias interior era grande, en efecto, si se tiene en cuenta que, en la publicidad insertada en El Noroeste del 29 de septiembre de 1922, se habla del “famoso coro Son de Arriba formado por vaqueiros de alzada, esas gentes pintorescas de Asturias que han sabido guardar con toda pureza los tipos de la raza”. Quizá la antigua denominación “Cangas de Tineo” haya tenido algo que ver con este dislate, aunque creemos que queda mejor explicado por la confusión con otro grupo procedente de Aristébano, en la frontera entre Tineo y Valdés. Este grupo era Los Vaqueiros de Alzada, lo dirigía Rogelia Gayo y había sido fundado en 1906 para asistir a la boda de Alfonso XIII.

A don Florentino Quevedo Vega. In memoriam.

Don Florentino Quevedo Vega en su despacho en 2016

La semana pasada, meses después de cumplir su centenario, fallecía don Florentino Quevedo en la villa de Cangas del Narcea a la que llegó con veintiún años para ejercer como maestro de escuela.

Su historia podía haber sido la de un entrañable docente que habría dedicado toda su vida a formar a varias generaciones de cangueses, pero no fue así. Su alma inquieta le llevó a ser director de Educación, procurador y, finalmente, abogado ejerciendo esta profesión desde el año 1961. Desde entonces, no faltaba un solo día en su despacho, mereciéndose el reconocimiento de la profesión y del Ministerio de Justicia, que en 2009 le otorgaba la Cruz de San Raimundo de Peñafort.

Desde el Tous pa Tous lamentamos el fallecimiento de nuestro socio de mayor edad y desde aquí queremos homenajearlo publicando el artículo que le dedica nuestro socio Mario Gómez Marcos en su blog “Desde el Corazón de Cangas”, y recordando una de sus últimas entrevistas que concedió al Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo en 2016 y otras publicaciones que le dedicamos con anterioridad en esta página web.

Nuestro sentido pésame a sus familiares y amigos.


A don Florentino Quevedo Vega. In memoriam.

El pasado martes día 25 de febrero fallecía en su domicilio de Cangas del Narcea, a punto de cumplir los 101 años de edad, mi querido y admirado amigo y compañero don Florentino Quevedo Vega, doctor en Derecho y prestigiosísimo abogado, a quien en su día se le condecoró, a propuesta del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo, con la Cruz Distinguida de la Orden de San Raimundo de Peñafort, galardón creado en el año 1944 y que el Ministerio de Justicia concede para premiar los relevantes méritos de cuantos intervienen en el cultivo y la aplicación del estudio del Derecho en todas sus ramas.

Fue precisamente con ocasión de la imposición de dicha condecoración, en un entrañable acto celebrado en la sede colegial el día 28 de enero de 2011 con asistencia de las más altas personalidades de la magistratura, la fiscalía y la abogacía asturianas, así como importantes representantes del mundo empresarial, un nutrido grupo de entusiastas amigos y, por supuesto, muchos familiares, cuando tuve el privilegio de realizar la laudatio in honorem de Don Florentino Quevedo Vega y que, como dije entonces, no se trataba de una laudatio en el sentido de simple alabanza de los méritos, como consideraba Cicerón, sino en su más profunda acepción de laudare que, en los primeros tiempos del latín, significaba “designar al que es digno de ocupar puesto en la memoria y conversaciones de los hombres”.

Don Florentino Quevedo Vega había nacido en la localidad de San Miguel de Mones, municipio de Petín, provincia de Orense, el día 11 de Marzo de 1919.

En el año 1940 fue destinado como maestro a la villa de Cangas del Narcea, que pasó a ser desde entonces el lugar de su residencia habitual y el eje central de todas sus actividades.

En el año 1943 fue nombrado director interino de las escuelas de Cangas del Narcea hasta que, en el año 1949 y tras las correspondientes oposiciones, ganó la plaza en propiedad, desempeñando la misma de forma continuada hasta el año 1980 en que solicitó su jubilación voluntaria. Dedicó por ello a la enseñanza pública, como maestro y como director de un grupo escolar, prácticamente cuarenta años ininterrumpidos de su vida.

Sin embargo, Don Florentino Quevedo Vega no se dio por satisfecho y así, en el año 1948, causó alta como procurador de los tribunales en el partido judicial de Cangas del Narcea, ejerciendo dicha profesión hasta que en el año 1961 cesó voluntariamente en la misma por las razones que ahora diré. Dedicó pues a la procuraduría casi trece años seguidos de su vida.

Pero en ese constante afán de superación que siempre le caracterizó, Don Florentino Quevedo Vega todavía encontró tiempo para matricularse como alumno libre en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo. Estamos hablando de los duros años cincuenta del pasado siglo, de una persona casada y con hijos, residente en una recóndita localidad asturiana donde trabajaba como maestro-director de las escuelas y ejercía como procurador de los tribunales, por lo que en estas circunstancias el estudio de la carrera de Derecho, con notables calificaciones como fue su caso, se convirtió en toda una proeza excepcional.

En el año 1961, nada más causar baja como procurador de los tribunales, puso en práctica su licenciatura en Derecho incorporándose como letrado ejerciente a al Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo, habiendo pertenecido también a los colegios de Gijón, León, Valladolid y Madrid, entre otros, iniciando así su actividad de abogado que continuó desempeñando ininterrumpidamente  hasta pasados los 97 años. Dedicó así a la abogacía más de cincuenta y cinco años continuados de su vida y, además, de una forma absolutamente espectacular. Porque desde su bufete en Cangas del Narcea don Florentino Quevedo Vega intervino a lo largo y ancho de la geografía nacional en asuntos de la más variada índole, con notables éxitos en todas las ramas del Derecho que cultivó en su prolífica y espléndida actividad profesional.

Pero no contento con ser maestro-director de las escuelas y con ejercer como abogado, en una muestra más de su batalladora personalidad y de su extraordinaria capacidad de trabajo, realizó su tesis doctoral sobre Derecho Minero, alcanzando el grado de doctor en el año 1963.

En el año 1964 la prestigiosa “Editorial Revista de Derecho Privado” publicó en dos gruesos volúmenes su tesis doctoral bajo el título de “Derecho Español de Minas. Tratado teórico práctico” que rápidamente se convirtió en todo un referente en la materia y que, desde entonces hasta la actualidad, más de cincuenta y cinco años después (y esto, en el mundo del Derecho, es casi una eternidad), sigue siendo cita obligada en cualquier trabajo sobre Derecho Minero. Estos estudios de Don Florentino Quevedo Vega abarcan desde las instituciones básicas de nuestros derechos público y privado hasta el análisis del Derecho comparado, de suerte que hay páginas dedicadas a los derechos francés, portugués, italiano e incluso al Derecho ruso, lo que si hoy, con los actuales medios, sería complicado, excuso decir lo que tuvo que suponerle en aquellos difíciles años, máxime al tener que compatibilizar las horas dedicadas a la tesis doctoral con sus trabajos como maestro-director de las escuelas y como abogado.

Para calibrar la importancia y trascendencia de ésta magnífica obra de Don Florentino Quevedo Vega quiero referirme al siguiente sucedido: entre los años 2005 y 2006 se celebraron en Alicante las “II Jornadas Nacionales sobre Derecho de Daños” en las que intervinieron como ponentes más de 50 especialistas de toda España (baste decir que participaron en sus sesiones magistrados de todas las salas del Tribunal Supremo) y entre esos expertos se encontraba, nada más y nada menos, que Don Luis Díez-Picazo y Ponce de León, Catedrático de Derecho Civil de la Universidad Autónoma de Madrid, Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Presidente de la Sección Primera de Derecho Civil de la Comisión General de Codificación del Ministerio de Justicia, Juez, Consejero de Estado y Magistrado del Tribunal Constitucional. Pues bien, este reputadísimo jurista participó en éstas jornadas con una ponencia titulada “Indemnización de daños y restitución de enriquecimientos” en el curso de cuya comunicación relató que hacía unos años, en su acreditado bufete madrileño, había llevado un caso de intrusismo minero que le había dado muchos quebraderos de cabeza pero que al final lograría resolver satisfactoriamente para los intereses de su cliente gracias precisamente a este libro de Don Florentino Quevedo Vega al que citó expresamente en su conferencia y así figura recogido en las actas de las jornadas, que en el año 2007 publicó la “Editorial Dykinson”, y también en los “Anales” de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de ese mismo año 2007.

Aunque, como ya dije, el despacho profesional de don Florentino Quevedo Vega siempre estuvo radicado en la villa de Cangas del Narcea, se da la circunstancia de que su rigor y éxito en el trabajo le llevó a traspasar no solo las fronteras locales y regionales sino también las nacionales.

Conocí a don Florentino Quevedo Vega hace muchos años: como director del grupo escolar donde cursé mis estudios primarios, luego como buen amigo de mi padre, también abogado en Cangas, y, por último, desde el año 1984, como compañero en el ejercicio de la abogacía. Intervinimos juntos en muchos pleitos: unas veces enfrentándonos noblemente, como nos corresponde a los abogados, y otras ocupando ambos la misma posición procesal, intercambiando entonces argumentos jurídicos y compartiendo estrategias judiciales. Sé pues muy bien de quien estoy hablando.

Por eso, si ahora tuviera que resumir la personalidad de don Florentino Quevedo Vega, diría:

  • que fue discreto, porque allí donde iba le gustaba pasar completamente inadvertido;
  • que fue prudente, porque sabía lo aventurado que es el mundo del Derecho para un abogado;
  • que fue tenaz, porque no daba nada por perdido, hasta el punto de que, en mi modesto criterio, pienso que su máxima vital podría ser perfectamente la del viejo aforismo que alude a “el agua que orada la roca”;
  • que fue laborioso e infatigable, porque, por ejemplo, la vigente Ley de Enjuiciamiento Civil del año 2000 jubiló a muchos abogados bastante más jóvenes que él, incapaces de abordar los enormes cambios que la misma iba a introducir en prácticamente todos los procedimientos judiciales, y sin embargo Don Florentino Quevedo Vega, sin ayuda y a base de estudio, sacrificio y dedicación, llegó a dominar como nadie el nuevo rito procesal;
  • y que poseía una gran inteligencia, porque sin ella no hubiera podido alcanzar nunca la cima de una profesión tan compleja como es la abogacía.

Pero quiero decir también que todas estas virtudes, que indudablemente adornaban a Don Florentino Quevedo Vega, sin embargo no le impedían en absoluto ser:

  • no solo una persona modesta, porque pudiendo vanagloriarse de tantas hazañas jurídicas protagonizadas, sin embargo nunca presumió de ninguna de ellas,
  • sino también una persona humilde, porque en el trato con los demás no lo vi nunca, y nadie me lo ha comentado jamás, tomar actitud de persona de superior categoría, inteligencia o saber, aunque no hay ninguna duda de que poseía todo ello.

Don Florentino Quevedo Vega era un hombre hecho a sí mismo al que las vicisitudes de la vida, sobre todo en la Galicia profunda y en los duros tiempos en los que le tocó nacer, le obligaron desde muy pequeño al esfuerzo y al sacrificio permanentes. Y en esas continuó hasta el final, con un ritmo de trabajo frenético tanto en el tiempo (por las muchas horas que le dedicó pues lo hacía a tiempo completo) como en el espacio (por los numerosos viajes profesionales que continuamente realizaba) y, además, con una hiperactividad que a la mayoría de los jóvenes abogados de hoy les resultaría muy difícil de seguir.

Fue un auténtico titán de la abogacía, un insigne y eminente letrado reconocido como tal a nivel nacional, al que no se le puso nunca nada por delante, desde el conocimiento de disciplinas jurídicas prácticamente inexistentes en su época de formación universitaria hasta el empleo de las últimas tecnologías de la informática, asumiendo siempre con igual dedicación, esfuerzo y responsabilidad todos los asuntos que se le encomendaron, desde el más intranscendente hasta el más importante.

Para mí es el abogado “más completo” y “más eficaz” que he conocido nunca o, si se me permite emplear un anglicismo, propio del ámbito deportivo pero en todo caso sumamente expresivo por su significado, fue todo un ‘crack’ de la abogacía.

Don Florentino Quevedo Vega fue, nunca mejor dicho tratándose de toda una autoridad en Derecho Minero, una especie de “bulldozer” procesal en el sentido de que era un abogado que, con escrupuloso acatamiento de todas las normas de la deontología profesional y respetando siempre las reglas de la buena fe y la lealtad procesales (que, por cierto, tanto se echan de menos en los actuales tiempos), solía llevarse al contrario por delante en el sentido forense de la expresión, de suerte que las más de las veces resultaba un abogado imbatible.

Y terminaba yo diciendo en aquella laudatio in honorem: que, aunque quien tiene verdaderos y reales méritos no busca ni el aplauso ni los honores, en esta ocasión el Ministerio de Justicia había acertado de pleno al conceder tan alta distinción in iure mérita a Don Florentino Quevedo Vega, condecoración otorgada al margen por completo de puestos políticos o de cargos institucionales pues, en mi humilde opinión, creo que esa fue de las escasísimas cruces de San Raimundo de Peñafort concedida única y exclusivamente en atención a una larga, brillante, fructífera y ejemplar trayectoria profesional como abogado.

Querido amigo y admirado Maestro, sid tibi terra levis.

Mario Gómez Marcos
Cangas del Narcea, 27 de febrero de 2020


Hace cuatro años, don Florentino Quevedo concedía una entrevista al ilustre Colegio de Abogados de Oviedo, que hoy rescatamos a modo de homenaje.

 


Otros enlaces relacionados:

Cangas del Narcea, ¿Hay futuro después de la minería del carbón?

El concejo de Cangas del Narcea, claramente ha dependido de la minería del carbón hasta el año 2018, que cierra o está cerrando la última mina que quedaba en la zona.
La presión minera nunca dejó de actuar, los mineros siempre tuvieron a orgullo, estar muy unidos presentando una batalla constante por la permanencia de sus puestos de trabajo; pero al final esta batalla se empezó a perder, dejando estas comarcas huérfanas de muchas décadas de prosperidad, gracias a esta minería.

Mineros de Cangas, manifestándose en Madrid

Muchas generaciones del concejo, pudieron hacerse un futuro en la zona, gracias a esta industria que daba buenos sueldos, además también movía de forma directa o indirecta los demás sectores productivos, la construcción, la ganadería, talleres, servicios, transportes, etc…

Esto se acabó y la pregunta inmediata que se plantea es ¿después de la minería, que se puede hacer para que este concejo, deje de sangrar población y pueda invertir el proceso generando nuevas estructuras productivas que fijen gente joven en la zona? Si no es así pronto pasaremos a pertenecer al selecto grupo de zonas denominadas, como la España vacía.

Extracto del artículo publicado en el periódico la Nueva España en el año 1995

Hace 25 años, el domingo 19 de marzo de 1995 salía una noticia en el periódico La Nueva España, que publicaba un estudio de la Comision Europea donde trataba el futuro de las regiones del Arco Atlántico; en este estudio se situaba a Asturias como una de las dos comunidades, junto con el Ulster (Irlanda del Norte), que aglutinaban todas las desventajas para poder iniciar una recuperación económica.
Vaticinaba que la base económica de la región se desintegraría, añadía que en la década de los noventa los tres sectores principales de la región perderían 30.000 puestos de trabajo. En el medio rural habría una disminución de 10.000 empleos a medio plazo, esta disminución de empleos se producen por la elevada edad de esta población rural, situándose la mayoría por encima de los cincuenta años y sin relevo generacional. A este proceso de reducción de puestos de trabajo se estimaba que contribuirían todos los sectores industriales: minería, siderurgia, pesca, fábrica de armas, ferrocarriles, astilleros, etc. La agricultura, refugio natural cuando la industria está en crisis, se preveía que no podría absorber parte de este desempleo al estar también en crisis. Sigue el estudio desarrollando previsiones sobre el sector del turismo, que lo mostraba como insignificante para poder corregir este declive.

Mapa indicativo, que preveé ya en el año 1995 que la zona del suroccidente de Asturias, esté fuera de las zonas a desarrollar

También nos comparaba este estudio con el País Vasco y los cántabros, añadiendo que a los asturianos se les presentaba un panorama gravemente oscuro, mientras que en el País Vasco este futuro se presentaba con más optimismo, ya que tenía otras variables que lo hacían ser más competitivo, como el estar geográficamente cercano al centro de desarrollo nacional y europeo, tener un tejido industrial regenerado desde los años ochenta, con el aprovechamiento y potenciación de su red de pequeñas y medianas empresas, a las que había dotado de instrumentos de investigación y desarrollo (I+D). Cantabria por puras condiciones de proximidad, se consideraba que se beneficiaria del empujón vasco.

Al final para Asturias el estudio concluía con un tono totalmente apocalíptico diciendo que la base económica de la región simplemente se desintegraría.

Bien, pues 25 años después de la publicación de este estudio de la Comisión Europea, podemos ver como se cumplió al pie de la letra. Centrándome en el occidente asturiano, que es el motivo de este artículo, se puede decir que ya no hay ninguna industria fuerte o significativa en la zona. Todos los demás sectores están en declive y en un acelerado retroceso. El turismo despunta un poco, pero sin capacidad de absorber y corregir este declive.

De seguir este proceso regresivo, el occidente de Asturias se convertirá en una franja de desierto despoblado equivalente al que fue denominado como desierto del Duero en el siglo VIII, en plena reconquista.

Para que esta imparable decadencia se detenga y empiece a girar en sentido positivo, parece que como mínimo tiene que ocurrir un milagro y la impresión que tengo es que el milagro tiene que nacer aquí, nadie va a venir, en principio, a poner una o varias empresas en esta zona apartada.

Desde aquí tiene que nacer una o varias fórmulas que ofrezcan algo tangible, algo real al mundo que nos rodea. Me explico, soy de la vieja opinión que hay que producir algo que se pueda vender dentro y fuera de la zona, hay que ofrecer algo físico que le interese a alguien y nos lo compre (carne, vino, paisaje, comida, pellets de madera, botas de montaña, etc). Solo con internet y con redes sociales no es posible generar riqueza en estas zonas. Estas tecnologías están muy bien para comunicarnos y para vender y comerciar con los productos que podamos ofrecer, pero nada más; que yo sepa hasta el día de hoy los mensajes del Whatsapp no se comen.

Programa televisivo, Espejo Público, confirmando que un estudio de la UE valora la carne de Ternera Asturiana como la mejor del continente europeo

Vacas por las vegas de Cibea

Entonces por donde podíamos empezar para intentar dar un giro a la zona, pues empezaré fijándome en un dicho técnico que dice: si quieres desarrollar algo empieza mirando lo que ya tienes y si aún funciona, mejóralo y después de esto busca y añádele otras fórmulas nuevas.
Basándome en este principio empezaré a fijarme en lo que ya funciona y aún tenemos para mejorarlo y afianzarlo en el futuro. Para esto me traslado a una noticia que se daba el 25 de Septiembre del año 2019 en el programa Espejo Público que presenta Susana Griso. Esta noticia se emitió en directo durante diez minutos en horario de máxima audiencia. La noticia confirmaba que un estudio cofinanciado por la UE, indicaba que la carne de ternera asturiana es la mejor del continente Europeo. Repito esta carne es según este estudio la mejor de todo un continente, por su calidad, por su terneza por la ausencia de grasa y por la forma de producirla en estabulación libre, convirtiéndola en un producto además sostenible y ecológico ya que estas vacas pastan libres por nuestros montes y pastizales y no están concentradas en macroestabulaciones a base de piensos compuestos. Después de esto “Ternera Asturiana” la mejor carne de Europa es ya un mensaje viral con una repercusión promocional de altísimo nivel.
Los datos del año 2019 sobre esta carne indican que en este año la certificación de esta carne había crecido en un 3,5%, superando los 7,1 millones de kilos. Este año se sumaron 185 nuevas explotaciones a esta marca, la marca además aumentó sus puntos de venta en Andorra, Italia, Portugal, etc.

Datos de SADEI que indican que el concejo de Cangas del Narcea, tiene la mayor concentración de vacas asturianas de los valles y de montaña

Pues bien, ya tenemos algo que funciona y siempre estuvo ahí, repito y siempre estuvo ahí, antes del carbón y después del carbón. El sistema de manejo tradicional de esta raza es el que se desarrolla en las zonas montañosas del sur-centro del occidente asturiano, desde Aller a la sierra de Cangas del Narcea, donde se concentra el mayor número de efectivos de esta raza de vacas, denominada Asturiana de los Valles.

Como se ve en las tablas adjuntas que acompaño, el concejo de Cangas del Narcea es la que más cabezas de este ganado de carne aporta, esto quiere decir que todavía tenemos ganaderos y ganaderas jóvenes que apuestan y quieren tirar de esto para adelante. Bien pues este es el primer sector que tenemos que apoyar y fijar en la zona con garantías de futuro y tratar a estos valientes ganaderos/as jóvenes de la zona con mucha delicadeza desde las administraciones centrales del Principado, desde el Ayuntamiento y desde todas las esferas de influencia posibles, tratando de darles soluciones a estos ganaderos y eliminándoles problemas (a veces sin sentido creados por la propia administración). Hay que protegerlos de alguna forma, ya que si estos ganaderos/as desaparecen, con ellos se perderá la parte más importante de control, dominio y equilibrio del medio natural del occidente de Asturias.

Que sería de este paisaje sin los pueblos, sin esa pequeña zona de monte con pastos que aprovechan vacas y corzos, sin ese valle regado con praderas verdes y setos equilibrados que dejan pasar el sol al río en las zonas de ribera, donde se fregan las truchas. Que sería de las brañas y sus contornos, zonas espectaculares y singulares que obligan a quien las visita a hacer estupendas fotografías.

Vacas pastando libres por la braña de la Viña

Es evidente que nuestro paisaje es antrópico, es un paisaje que está construido y equilibrado por la mano del hombre, es un paisaje transformado, no natural, influenciado por la acción de los pueblos y su forma de vida ancestral basada mayoritariamente en la ganadería y esta simbiosis parece ser que fue perfecta ya que el equilibrio medioambiental ha sido sostenible hasta el presente.
Me imagino que si por fin desaparecieran los pueblos, la esencia de este paisaje también desaparecería, esto reafirma que el hombre, el ganado y la forma de vida de los pueblos del occidente de Asturias, deben de ser la principal variable a proteger. De nuevo recalco que deberíamos de actuar en la protección y continuidad de los pueblos, de la misma manera que se actuó con la protección del oso, que estaba a punto de desaparecer y afortunadamente hoy lo seguimos disfrutando.

Seguir teniendo ganaderos es la columna vertebral de estos pueblos, los beneficios que este sistema tradicional de explotación tienen sobre el medio son incuestionables. Se mantienen los valles, pueblos, montes, caminos y rutas visitables. Esto redunda claramente en un beneficio claro para el turismo que nos visita.

A mí que me gustan las rutas de montaña y algunas anduve por este concejo, me doy cuenta que la mayoría serían imposibles de hacer si no fueran por los caminos hechos por el transito del ganado o los caminos que los ganaderos mantienen como forma de paso al monte. También tengo claro que a los que nos gusta visitar estas zonas, preferimos alternar zonas boscosas con valles verdes y productivos, con pueblos visitables, llenos de cultura ancestral y por supuesto donde se ofrezca algo de comer y beber también típico de la zona, no nos quedemos sólo con lo etnográfico y cultural, también hay otras cosas que necesita el ser humano para seguir teniendo interés por la vida.

Como se puede ver la actividad ganadera es clave en el mantenimiento de este paisaje. Los sistemas tradicionales de manejo de este ganado que pasta en los montes, reduce y controla la materia leñosa y las toxinas, al tiempo que contribuye a la diversificación de vegetación con la aparición de nuevas especies florales y vegetales. Esta es la conclusión de la tesis doctoral presentada por Carlos López en la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería del Campus de Lugo bajo el título “Comportamiento y sostenibilidad del ganado equino y bovino manejado en áreas de brezo y colinas cantábricas”.

Vacas por los pastizales de Trones

Bien pues si de partida admitimos que nuestra ganadería es un producto especial y diferenciado (la mejor carne del continente europeo) con el que se puede competir en el mercado global; si admitimos que esta ganadería es la que preserva nuestro paisaje y puede fijar población en los pueblos; empecemos a pensar muy seriamente como hay que actuar para que no se nos marche ni un solo ganadero más, como hacer esta ganadería atractiva para que las nuevas generaciones sigan criando y viviendo bien, de la producción de estas vacas de carne tan especiales.
Hay que buscar soluciones para que estos ganaderos sigan generando y mejorando esta riqueza en la zona, que no se sientan desamparados, menospreciados, atacados y abocados a cerrar sus explotaciones. Digo esto porque hablando con ellos, siempre me transmiten que la situación no es tan buena como aparenta desde afuera. Uno puede pensar que las subvenciones que caen en este sector, deberían redundar en ganaderos conformes, agradecidos y con un nivel adquisitivo decente.

Pues no, algo pasa cuando se están cerrando constantemente explotaciones. Comentándole esto a algún amigo que tengo ganadero, siempre me dice: “¿Enrique tu viste, por casualidad, a muchos ganaderos ricos?”

Realmente tengo amigos ganaderos que son muy espléndidos, pero ricos, ricos no son. Se van defendiendo como nos defendemos todos los demás, pero el dinero de las subvenciones me dicen que se difumina de nuevo invirtiéndolo en la continuidad de la explotación, naves, maquinaria, gasoil, veterinarios, piensos, etc.

También admiten que todo no es negativo, evidentemente los apoyos son bienvenidos, pero después de esto añaden y me llama la atención que la inmensa mayoría sólo están tirando para poder retirarse, tienen un deseo muy fuerte para llegar al final de su vida laborar y abandonar. Esto es un claro indicador de que algo va mal.

Este ganadero actual, subvencionado, con explotaciones medianas y grandes, parece como mínimo contradictorio que solo quiera cumplir para poder jubilarse y abandonar la explotación, esta actitud claramente es lesiva y conlleva la desaparición de los pueblos y por tanto la degradación de los mismos. Algo tiene que pasar para que esto ocurra y lo mejor es preguntarles a los propios ganaderos cuáles son sus problemas y las posibles soluciones.

Buscaré dos ganaderos representativos, uno de mediana edad, Antonio Amador López Fernández, edad 51 años, Ganadería casa Fuertes de Santa Eulalia, con 90 cabezas de ganado. Y otro más joven, Francisco José Cadenas Ordás, edad 33 años, Ganadería casa Cadenas de Llamera, Cibea, con 130 cabezas de ganado. Les haré unas preguntas para que me trasmitan sus impresiones sobre los problemas y las posibles soluciones que puede tener este sector productivo.

Francisco Cadenas, ganadería casa Cadenas de Llamera, Cibea

Pregunta: ¿Qué es lo que consideras tú, que limita vuestra actividad ganadera?

Francisco: En principio toda la burocracia que nos impone la administración y la falta de respeto que dicha administración tiene al sector agroganadero y a sus propiedades privadas.

Antonio: La orografía, el clima y los animales salvajes.

Pregunta: ¿Consideras que la administración cuenta con los ganaderos para tomar decisiones importantes sobre la ganadería?

Francisco: Por supuesto que no.

Antonio: Si, aunque hay asociaciones contrarias a nuestros intereses que en ocasiones dificultan los acuerdos.

Pregunta: ¿Consideras que la administración es conocedora de los problemas reales que tenéis?

Francisco: Me parece que no, porque si es conocedora de los problemas actuales del sector, no tiene explicación que no estén haciendo algo para intentar solucionar nuestros problemas, pues creo que solo están poniendo parches para salir del paso.

Antonio: Sí, están informados suficientemente a través de sindicatos y asociaciones.

Pregunta: ¿La excesiva burocracia entorpece mucho vuestro trabajo? Si es afirmativo explica que puntos son los más preocupantes.

Francisco: Por supuesto, sobre todo en lo que concierne a las labores de mantenimiento de los montes. Esta excesiva burocracia pone casi imposible la posibilidad de solicitar la ayuda para la limpieza y mantenimiento de los mismos.

Antonio: La duplicidad de competencias, hace que en ocasiones para solucionar un problema haya que ir a varios organismos. El exceso de normativas, contradictorias, dificultan el cumplimiento de las mismas.

Pregunta: ¿Cómo ves la comercialización actual de tu producto, la carne de ternera asturiana?

Francisco: Últimamente parece que se le está dando algo más de valor a nuestros productos, pero viendo la calidad de nuestra carne y como la producimos, tendría que haber más concienciación e información para que se comercializara más.

Con un buen amigo y vecino, Antonio López, ganadería casa de Fuertes, Santa Eulalia

Antonio: Bien, gracias a nuestra I.G.P. es conocida nuestra carne fuera de Asturias, gracias a esto conseguimos un precio más elevado para nuestros productos.

Pregunta: ¿Un mataderos centrado en el occidente, consideras que sería beneficioso para estas zonas o por el contrario es suficiente como se está comercializando la carne ahora?

Francisco: Un matadero con sala de despiece y comercialización del producto, sería ideal. Además considero que cuanto más cerca este el matadero de la explotación es muchísimo mejor, porque el animal estará menos tiempo en el transporte y con esto se bajan los riesgos de que lleven golpes y que se estresen demasiado, bajando la calidad del producto final. Por otra parte también se bajarían los costes del transporte que corre a cargo de los ganaderos.

Antonio: Un matadero con sala de despiece y comercialización sí seria beneficioso, pero un matadero sin más, creo que nos es viable en esta zona.

Pregunta: ¿Si todos los pueblos y el monte, quedaran a matorral, crees que disminuiría el problema de los incendios?

Francisco: Al contrario, eso sería una bomba que el día que estallara sería imposible de controlar, ante una sequía, pasaría el fuego desde el interior a la costa de forma continua por estar la vegetación muy junta y comunicada en los montes.

Antonio: Al contrario, ya lo estamos viendo, con el abandono de mucha gente del medio rural, las quemas son cada vez más grandes.

Pregunta: ¿Consideras que los ganaderos realmente sois los que mantenéis limpios los montes y el paisaje?

Francisco: Por supuesto, no hay nadie más interesado que el monte esté en condiciones que el propio ganadero, es más, vengo observando que desde que la administración empezó a controlar los montes es cuando empezó a haber problemas de todo tipo. Me explico, antiguamente no había ni brigadas, ni helicópteros, ni motobombas. Había cabras que eran las encargadas de desbrozar y abonar los montes sin contaminar nada. Donde no limpiaban estas cabras se solía hacer algunas quemas totalmente controladas por los paisanos. Con esto se conseguía un control del monte para pastos y para zonas de bosque que se respetaban y quemaban bastante menos que ahora. Si alguien intentaba quemar, el fuego no se comunicaba en todas las zonas a la vez, al estar limpias o quemadas anteriormente de forma controlada.

Antonio: Sí, somos los que con nuestro ganado hacemos presión sobre el territorio y de esta manera no sale tanto la maleza, cuando eso no es suficiente, lo limpiamos nosotros, pero cada vez hay menos gente en los pueblos y esto se hace más difícil.

Pregunta: ¿Consideras que en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, deben estar preferentemente representados los ganaderos de la zona?

Francisco: Por supuesto, deberían de estar representados en función del porcentaje de terreno que aportan al parque; es decir que si la mayoría del terreno del parque es propiedad de los pueblos y los ganaderos, tienen que estar representados mayoritariamente en las decisiones que se tomen sobre el Parque. Entre otras cosas, porque una mala decisión que se nos imponga desde fuera, va a repercutir en nuestra forma de vida y tenemos que tener, como mínimo, una defensa ya que el Parque como digo, es mayoritariamente propiedad privada y vivimos aquí dentro de el.

Antonio: Por supuesto, ya que son los dueños y son los más interesados en mantener ese espacio natural, como lo hicieron sus antepasados durante siglos.

Pregunta: ¿qué soluciones propones para que el campo sea atractivo para que las nuevas generaciones quieran seguir con las explotaciones ganaderas?

Francisco: Que los ganaderos podamos mejorar nuestras explotaciones ganaderas y las estructuras que llevan asociadas, cuadras, pistas, desbroces de montes, etc. sin tantas vueltas y tanta burocracia que la mayoría de las veces es contradictoria. También sería interesante que el productor joven participe en la comercialización de sus productos, para rentabilizar más su explotación ganadera y ofrecer un precio razonable al consumidor.

También sería interesante que la administración entendiera que para fijar gente joven en estos pueblos, aislados, deberían tener como mínimo una deferencia especial a lo hora de diseñar impuestos ya que tenemos que vivir en estas zonas apartadas y no tenemos tantos servicios como en la ciudad. Por eso la gente joven se quiere ir a la ciudad, la forma de vida es más fácil.

Antonio: Más rentabilidad en las explotaciones, dignificar más la labor agrícola y ganadera ante la sociedad. Más claridad de las políticas agrarias cara al futuro.

Pregunta: ¿Añade tú lo que te parezca que no está reflejado en estas preguntas y consideres importante para el sector ganadero?

Francisco: Ya que mi explotación está en una zona alta de montaña, me gustaría añadir el tema del lobo que cada vez que se saca a la luz, se forma un tremendo lío. La mayoría de los ganaderos nunca pedimos que se extermine este animal como se intenta decir desde círculos interesados en dejarnos mal. Sólo pedimos que se haga un censo en las zonas afectadas y que este censo sea real para hacer un control de la población que permita que vivamos las dos partes, el ganadero y el lobo. Sería un error que solo viviera el lobo, como podemos imaginar el ganadero se tendría que ir por aburrimiento y estos pueblos se quedarían solos y abandonados.

Antonio: Quiero aprovechar la ocasión para denunciar la situación por la que está pasando la agricultura y ganadería española. Cada año que pasa perdemos más nivel adquisitivo, nos suben los costes de producción y bajan nuestros ingresos. Básicamente bajan estos ingresos por los recortes de las ayudas de la PAC. Además estamos expuestos a daños producidos por animales salvajes, que nos los pagan prácticamente al mismo precio que hace treinta años.

Panera restaurada

Otro activo importante que vive en los pueblos y todavía tiene una función de preservación importante, es el propietario ganadero o minero jubilado, que está envejeciendo en el pueblo y le tiene un cariño especial a esta forma de vida rural.
Este propietario, sigue teniendo un papel de conservación muy importante del entorno que domina, ya que conoce desde siempre como funciona. Sigue manteniendo la casa familiar, la panera, las cuadras vacías pero en perfecto estado ya que aún alberga la esperanza de que algo cambie en el futuro y algún hijo pueda volver a la casa a vivir. Este propietario antiguo ganadero o minero retirado, sigue limpiando las fincas o las deja al vecino que aún tiene vacas, la mayoría de las veces totalmente gratis con tal de que las mantenga vivas y su única preocupación es seguir manteniendo semiactiva o viva la unidad de explotación, la mayoría de las veces perdiendo dinero de su jubilacion.

Horreo en proceso de abandono

Como se puede ver, este habitante de la zona rural está también en una situación muy delicada ya que cualquier agresión mal calculada puede desembocar en un abandono inmediato de todo este esfuerzo que no suma ningún incentivo económico.
Hoy tenemos referencias pasadas de que pasó cuando se subieron los impuestos a los bares de los pueblos, como si estos estuvieran situados en las calles principales de cualquier ciudad, se actuó sin pensar en la situación especial y vulnerable que tenían estos bares rurales, sobreviviendo en zonas apartadas, haciendo una labor social muy importante siendo el único espacio de reunión que les quedaba a los pueblos. Bien, pues ¿qué pasó?, esta subida inoportuna y mal calculada de presión fiscal consiguió que en dos años cerraran todos o casi todos los bares de las zonas rurales. ¿Que se consiguió por parte de la administración?, nada, como dice el dicho popular pan para hoy y hambre para mañana.

Vacas por la carrilona del Pando, ruta de las capillas

Bien pues esta experiencia debería indicarnos que lo mismo puede pasar si se actúa de la misma manera ahora, sometiendo a los pueblos a presiones fiscales con subidas de IBI poco calculadas. Una presión fiscal a los pueblos, mal calculada, puede desembocar en que este propietario que sigue manteniendo su casa y hacienda en el pueblo a capa y espada, sin sacarle rendimiento ninguno, desembolsando dinero para sostenerla, motivado por un capricho personal o por romanticismo, como digo, puede ocurrir que este propietario se rinda y deje caer finalmente las cuadras, los prados, las huertas, los hórreos y las paneras; puede decidir

Vendimiando para Antón Chicote

que esto ya no le lleve más dinero de su pequeña jubilación.

Como se puede ver toda actuación sobre los pueblos en este momento debería ser muy medida y cualquier decisión desacertada puede acelerar aún más la desertización de población de estos parajes tan singulares. Al contrario, hay que tomar medidas que no sean agresivas y contener otras que tienden a legislar en exceso y limitan la posibilidad de poder seguir desarrollándose estas zonas rurales. Lo importante es intentar conseguir que la vida en la zona rural sea atractiva para que la gente vuelva o por lo menos no se vayan los que todavía quedan.
Otro sector que siempre tuvimos en Cangas del Narcea y a punto estuvo de desaparecer, es el vino. El tiempo nos está demostrando que las actuaciones que se hicieron sobre este producto de la zona, fueron bien encaminadas y muy acertadas. Se recuperó y se puso en valor este recurso único en el Principado de Asturias. Hoy el vino de Cangas es bastante conocido, está recuperado con buena salud y en este proceso está implicada gente joven entusiasta, que como mínimo deja una esperanza para que este recurso siga teniendo crecimiento y recorrido comercial hacia el futuro.

Monasterio de Corias

De nuevo un recurso primario incide directa e indirectamente en otros recursos paralelos. El vino es un referente, un atractivo añadido que se ofrece al sector turístico de la zona. Solo hay que fijarse el éxito que tiene la fiesta de la vendimia en Cangas, que atrae ya tanta gente como las fiestas del Carmen.

Otro sector que ya tenemos en proceso de desarrollo, es el turismo. Este turismo de interior tiene unas condiciones claras de funcionamiento que lo diferencian del turismo de costa o de playa. Lo normal es que a estas zonas se vengan a visitar en periodos cortos de dos o tres días, fines de semana, puentes, fiestas, etc.

Cuadrilla de caza “ Los Sobrantes” de Cangas del Narcea

Es evidente que Cangas del Narcea ya está ofreciendo muchas cosas para atraer este tipo de turismo. El parador de Corias, cultura y gastronomía por Cangas villa y alrededores, montaña y paisaje, etc. Yo añadiría algo más y sé que no va a ser popular esta aportación. Yo añadiría la caza controlada y sostenible. Ya adelanto que yo no soy cazador, no tengo ningún interés personal en esto, pero debo de ser objetivo y ver que es un recurso más que se puede ofrecer junto con la pesca de nuestros ríos.

La caza bien estructurada y controlada atrae a un turismo de alto nivel adquisitivo y además no deberíamos de ser hipócritas, el cazador hace un servicio de control sobre el medio fundamental. Si las cuadrillas de cazadores del concejo no abatieran los 350 o 400 jabalíes al año, imaginemos como seria esto. Las cosechas de los pueblos estarían totalmente perdidas y la villa de Cangas se enfrentaría a una invasión generalizada de jabalíes, como ocurre ya en algunas ciudades.

Pescadores de Cangas del Narcea, mostrando su trofeo

Si queremos turismo, tenemos que estar dispuestos a ofrecer las cosas que tenemos, hay que procurar ser poco invasivo en el medio, pero es inevitable hacer algunas actuaciones básicas. Abrazar árboles es un sentimiento muy legítimo y muy romántico, pero una vez más esto no da de comer, ni da soluciones a los problemas de despoblación de estas zonas, no podemos afrontar estos retos que se nos vienen encima de una forma simple, escondiendo la cabeza y negándonos a todo.

Me imagino que todos deseamos un equilibrio natural en el contorno donde vivimos, pero por una vez sería interesante que todos aquellos que siempre están tan dispuestos a oponerse a todo por sistema, por una vez paralelamente a la negación, aportaran cualquier idea, proyecto o actuación que sirviera de alternativa.

Un ejemplo notable de esta negación por sistema lo tenemos en la estación de esquí del Puerto de Leitariegos, todo el mundo sabe que la verdadera estación de esquí con suficiente nieve, está en la zona alta, en las cotas superiores a la estación actual. El collado del Pico del Rapao está en el orden de los 1890 m de cota y en la zona asturiana aún son mayores las cotas.

Estación de Leitariegos, zona alta sin desarrollar, cotas donde la nieve permanece todo el invierno

Bien, pues teniendo estas cotas, la estación no se pudo desarrollar más arriba de la cota 1800 m. que es donde llega el telesilla de la “Gobia”. Para darnos una idea de lo que esto representa voy a dar solo un detalle, La estación de esquí de Pajares sube su último remonte al pico denominado como Cueto Negro con una cota de 1862 m. Esto es más bajo que el Leitariegos si se aprovechara su verdadero potencial de altura, que permitiría tener la estación abierta constantemente en la zona donde la nieve realmente se mantiene todo el invierno.

La realidad es que hay una línea de frontera, de pseudonacionalismo estúpido que separa zonas vecinas, entorpeciendo la creación de una estación conjunta definitiva y funcional. Subir los remontes de la estación al pico de la montaña, tendría un impacto similar al que tiene actualmente, este deporte es estacional y ocupa el paisaje pocos meses al año, además la gente que lo practica y le gusta la montaña, por lo general suele ser muy respetuosa con el entorno. Evidentemente añado que la Laguna de Leitariegos no se debe de alterar.

Afluencia de esquiadores a la estación Leitariegos

Pero por que no se estudia algo conjunto entre las dos zonas, intentando subir a cotas superiores con bajo impacto y haciendo una estación completa y sostenible para ambas zonas.

Los beneficios serían impresionantes, Cangas y Villablino podrían ofrecer al turismo una estación completa, con nieve permanente en la parte alta, las casas de aldea y los negocios de ambas zonas se verían muy beneficiados; no olvidemos que la estación actual con buena nieve llego a mover más de 3.500 esquiadores algunos fines de semana.

Otro factor a tener en cuenta para que se fije población en estas zonas deprimidas, es poder seguir ofreciendo servicios básicos y fundamentales como son la enseñanza y la salud. Quiero pensar que a nadie responsable de nuestro futuro le dé por quitar servicios básicos de este tipo, ya que esto sería la puntilla para que realmente desapareciera todo.

Imaginemos que pasaría si se quitara la posibilidad de estudiar a nuestros hijos o se fueran eliminando paulatinamente los servicios del hospital Carmen y Severo Ochoa. Esto produciría un bucle irreversible que aceleraría todavía más la despoblación; si puede haber alguna esperanza de desarrollo, con una medida de este tipo se eliminaría, pues ya nadie vendría aquí a desarrollar su vida por falta de servicios fundamentales.

Por otro lado hay algo que resaltar, un Hospital como el que tenemos en Cangas del Narcea da servicio a las zonas del occidente más incomunicadas, pero de una extensión muy significativa: Cangas del Narcea, Pola de Allande, Tineo, Ibias y Degaña.

Hospital área II, Carmen y Severo Ochoa. Cangas del Narcea, Tineo, Allande, Ibias y Degaña

Los que vivimos aquí como yo y estamos entrando en el último tercio de la vida, pronto vamos a necesitar que un médico nos maltrate y nos llene de pastillas de todos los colores y sabores, si este médico nos faltara, nos veríamos forzados a emigrar hacia el centro ya que nadie quiere volver a morir en la ambulancia dirección al hospital de Oviedo por no llegar a tiempo, morir por tener el servicio básico a dos horas, morir en la carretera por la zona de los embalses de Pilotuerto. Sería claramente retroceder un siglo y de esta ya no saldríamos, estas zonas quedarían sin ningún atractivo para vivir en ellas.

Bien pues esto es todo lo que ya tenemos y debemos mantener y mejorar, a partir de aquí me imagino que cualquier idea nueva, que sea factible, que esté dentro de las posibilidades de la zona y no represente un esfuerzo económico desorbitado, sería bienvenida.

Posiblemente es un atrevimiento por mi parte, pero voy a proponer una que va directamente relacionada con el turismo y además afianza o preserva para las generaciones futuras algo de nuestra historia reciente.

Empezaré haciendo unas observaciones de introducción para situarnos y acertar con la idea para que sea funcional y pueda tener éxito. Cuando nos vamos a cualquier ciudad de visita y queremos ver sus museos, estos generalmente están concentrados en un perímetro razonable para poder verlos caminando. Generalmente están dentro de los cascos antiguos de las ciudades.

Lo que no debería de ser y la experiencia nos lo demuestra, es que el turista tenga que andar en coche kilómetros y kilómetros para pasar de un museo monotemático a otro museo monotemático. Lo más normal es que estos no se visiten y la mayoría del tiempo tengan que estar cerrados.

Trasladado este caso a Cangas del Narcea, podemos ver como un museo en Besullo, otro en San Pedro de las Montañas, totalmente centrifugados del centro de la villa y con temas monotemáticos, funcionan poco y son dificiles de mantener abiertos ya que no hay afluencia de visitantes.

Situacion geográfica del posible museo multitemtico en Ventanueva, mina Carbonar

Una vez más no deseo que nadie me malinterprete, esto no es una crítica, soy de la opinión de que en principio todo el mundo quiere hacer las cosas bien, pero algunas veces el tiempo nos demuestra que algunas no evolucionaron como se esperaba.

Bien aprendamos de nuestros errores y planifiquemos algo que si pueda funcionar, que pueda atraer o entretener a los visitantes que caigan por esta zona del Narcea. Lo que se proponga debe de contestar a las siguientes preguntas o premisas:

1) Lo que se haga debe de estar bien comunicado

Complejo minero, Carbonar Centro. Entorno bien conservado, apantallado de vegetación

2) Debe de estar cerca de zonas míticas características de Cangas. Para aprovechar la visita de estas zonas y ser un complemento de ellas.

3) Debe de tener instalaciones, si puede ser ya construidas, que permitan desarrollar el proyecto con un coste aceptable.

4) Tiene que ofrecer algo diferente que llame la atención del visitante.

5) Debe ofrecer entretenimiento a niños y a mayores.

6) Tiene que abarcar varios temas, aunque haya uno principal, debe de ofrecer más, para que el visitante concentre en un mismo punto una oferta de conocimientos y entretenimieto aceptable.

Edificaciones sólidas y modernas, Carbonar

7) Debe de cerrar el circuito turístico en la zona, estando cerca de otras zonas visitables y ofertadas.

Contestaré a todas las preguntas con la idea que propongo y por supuesto se contestan todas de forma afirmativa, va a parecer que lo tengo amañado, pero eso lo dejo para los desconfiados.

Bien, vamos a ver que el proyecto que propongo, contesta de forma satisfactoria a todas las preguntas anteriores y por lo tanto puede ser una idea viable.

Contestando a la pregunta número uno, el proyecto está situado en el pueblo de Ventanueva, en la zona de Rengos. Está emplazado al lado de la carretera general que comunica muy bien esta zona con la villa de Cangas.

Contestando a la pregunta número dos, el pueblo de Ventanueva está en el centro neurálgico de las dos zonas más singulares y significativas del concejo de Cangas del Narcea. Hacia el Este se sitúa el pueblo de Moal y la Reserva Natrural Integral de Muniellos, hacia el Sur está el pueblo de Gedrez y el Hayedo de Monasterio de Hermo.

Plazas asfaltadas y edificaciones, Carbonar

Contestando a la pregunta número tres, las instalaciones de la mina de Carbonar en Ventanueva, están al lado de la carretera general y esta mina tiene construcciones exteriores espectaculares, algunas muy modernas como oficinas, botiquín, cuartos de aseo, plazas para aparcamiento, etc. La mina además está aún en funcionamiento y tiene estructuras interiores que si se destruyen sería imposible volver a restaurarlas, debido al altísimo coste que esto supondría. Estas estructuras interiores son los transversales generales del Piso 0 y piso 3º Norte, chimeneas de comunicación interna, etc.

Edificaciones Carbonar

Contestando a la pregunta número cuatro, no hay nada tan llamativo y tan diferente como la visita de una mina de interior bajo tierra. El eje fundamental de la idea, sería aprovechar todas estas instalaciones de Carbonar Centro, para hacer un multimuseo concentrado en un mismo espacio.

Este museo tendría un elemento vertebrador principal que sería la historia minera de la zona y visita al interior de la mina por el Piso 0 en tren minero. Continuaría la visita a la mina, subiendo andando por la chimenea de ventilación general hasta el Piso 3º Norte, que está a cotas superiores y permite de nuevo salir fuera a visitar la plaza del tercero norte, con vistas al río Gillón y al valle de Posada de Rengos. Posteriormente se vuelve a desandar el camino con una visita a una pequeña explotación manual preparada para tal efecto en la capa ancha 8ª y se saldría al exterior donde se visitarían las intalaciones que explican como fue todo este proceso minero.

Entrada de transversal general Piso 0 Centro, Carbonar

Paralelamente debe de haber otras salas donde se expliquen temáticas paralelas, cercanas a la zona, ejemplo: la minería romana con referencias a San Pedro de las Montañas y al Corralín, los caleros de Rengos, otros temas que serían de carácter etnográfico de la zona, con referencias a las formas de vida ancestrales de la zona, al bosque de Muniellos y al hayedo de Monasterio, emplazando al visitante a continuar visitando estas zonas especiales del concejo.

Toda esta temática más la visita al interior de la mina, como mínimo parece que tendría un buen gancho por internet, para venir y visitar esta zona.

Contestando a la pregunta número cinco, creo que nada más agradable para los niños que viajar en un pequeño tren minero por la plaza centro y el piso 0 de Carbonar. Para los mayores creo que la visita concentrada es interesante y agradable.

Recorrido interior por el transversal general Piso 0 Centro, Carbonar

La pregunta número seis ya está contestada en la numero cuatro.

Contestando a la pregunta número siete, el museo sería un revulsivo para animar al visitante a comer en la zona y seguir visitando los contornos del Muniellos y la zona de Hermo.

Para finalizar este artículo concluyo instando de nuevo a actuar, para salvar o mejorar el mundo rural de estas zonas del occidente antes de que sea demasiado tarde. Sé que esto no es fácil, la administración y los alcaldes presentes y futuros de estas zonas, tienen por delante un reto muy importante y delicado, pero algo hay que hacer.

Salida del Piso 3º Norte hacia la plaza 3º Norte de Carbonar, con vistas al río Gillón y al valle de Posada de Rengos

Este es el momento de dejar de lado los colores y las banderas, los enfrentamientos y los rencores y actuar en conjunto ya que puede ocurrir que mientras nos peleamos la vaca se muera y cuando dejemos de pelearnos ya será tarde, esta vaca ya no estará, ya no podrá dar más leche.

Ojalá acertemos y consigamos revertir el proceso de despoblamiento que sufrimos, para que no se vaya toda la gente joven, pues ésta es la que realmente interesa que tenga futuro, es la que puede seguir manteniendo vivos estos pueblos.

Salida de retorno por el Piso 0 Centro, hacia la plaza Centro de Carbonar

Para alguien como yo que ya estoy en el otoño de la vida, el futuro ya lo conozco por estadística, pero nací y viví aquí, es lógico que desee la continuidad de esta forma de vida que en principio a mí me parece perfecta.

Espero que estas reflexiones sean positivas y no hieran la sensibilidad de nadie. Como ya dije los que nacimos aquí solo deseamos que siga viviendo Cangas del Narcea y por supuesto que sigan viviendo las fiestas del Carmen, con las peñas llenas de chavales jóvenes con futuro.

Enrique R.G. Santolaya.

 

 

El despoblamiento de Cangas del Narcea

Calle Mayor de Cangas del Narcea. Foto: Juan Ramón, tomada el 15 de agosto de 2014

Los habitantes del concejo de Cangas del Narcea, que en los años veinte del pasado siglo llegaron a ser casi 24.000 personas y que hoy en día superan escasamente las 12.000, llevamos años viendo su progresivo despoblamiento mientras escuchamos a nuestros gobernantes el manido mantra de que hay que fijar población, pero sin que hasta el momento hayan concretado nada efectivo al respecto.

Cangas del Narcea languidece progresivamente, en caída libre, a la vista, ciencia y paciencia de su alcalde y demás responsables municipales, pese al suculento salario que se impusieron los integrantes del denominado equipo de gobierno local (36.500 euros anuales por barba) y que hay que suponer que se paga por algo más que por asistir, como simples espectadores, a esta hecatombe que se nos viene encima.

Señor alcalde de Cangas del Narcea, todo está en la Historia, así que aprendamos de ella. En el siglo XIV la ruta de comunicación de Asturias con Castilla y Galicia a través del puerto de Leitariegos era una cuestión primordial. Para mantenerla transitable en los meses de invierno se requería de población en El Puerto de Leitariegos y pueblos próximos, y para ello el rey Alfonso XI (1311-1350) otorgó a sus pobladores el 14 de abril de 1364 un privilegio con el fin de favorecer el asentamiento permanente de una población que mantuviese abierto el paso por el puerto; es el conocido como “Privilegio de Leitariegos”, que, entre otros beneficios, eximía a sus habitantes del pago de impuestos, alcabalas y portazgos. Y con esto consiguió que se estableciese población en este lugar, situado a más de 1.500 metros de altitud, y que se mantuviese hasta finales del siglo XIX. Hoy, sin ese privilegio, la situación es muy distinta y muchos de esos pueblos están casi abandonados.

La medida seguida por Alfonso XI hace más de seiscientos años debería aplicarse hoy a Cangas del Narcea. A los habitantes de este territorio, en el que muy pocas personas quieren vivir, deberían dárseles unos “privilegios” con el fin de mantener su población e incluso repoblar.

Gráfico que refleja el descenso de la población del concejo de Cangas del Narcea en los últimos 20 años.

Señor alcalde de Cangas del Narcea: proponga usted al Pleno del Ayuntamiento la supresión (total o parcial) de los impuestos municipales sobre bienes inmuebles (IBI), vehículos de tracción mecánica (“viñeta”), incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana (“plusvalía”), etcétera, de esa infinidad de tasas municipales que gravan las actividades más variopintas (por expedición de licencias y otros documentos, por apertura de establecimientos, por recogida de basuras, por servicios del cementerio municipal, por tenencia de animales domésticos, por alcantarillado, por ocupación de terrenos públicos municipales, por vados de acceso a los garajes, por suministro de agua potable, etcétera), del precio público municipal por las escuelas infantiles de 0-3 años, etcétera.

Señor alcalde de Cangas del Narcea: dígale usted a su amigo don Adrián Barbón que exima (total o parcialmente) a los habitantes de Cangas del Narcea del pago de los impuestos autonómicos de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, de patrimonio, de sucesiones y donaciones, de la cuota autonómica del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), etcétera.

Señor alcalde de Cangas del Narcea: pídale usted a su jefe don Pedro Sánchez que exima (total o parcialmente) a los residentes en Cangas del Narcea del pago de los impuestos estatales sobre el valor añadido (IVA) y sobre sociedades, de la cuota estatal del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), etcétera.

Solo así podremos combatir el progresivo despoblamiento del concejo y contribuiremos a fijar población. Todo lo demás, en las actuales circunstancias socioeconómicas, serán brindis al sol.

Es hora de dejarse de cantos de sirena; hay que tomar urgentemente decisiones prácticas y efectivas, y esta de la fiscalidad reducida, avalada por importantes estudios sobre el despoblamiento, es, sin duda, la más eficaz. Lógicamente, esta solución tiene un coste económico para el erario, pero sería mínimo y además susceptible de recuperarse a medio plazo con la actividad económica que se generaría en este territorio. La fiscalidad diferenciada, como instrumento de discriminación positiva, cada vez es más evidente que es posible y necesaria.


Más información en el blog del autor: Desde el corazón de Cangas

Jueces nobles y llanos del concejo de Cangas del Narcea 1770 – 1824

En el Antiguo Régimen, el juez noble era el principal cargo del gobierno local y el de más honor, era equiparable a lo que en la actualidad es el alcalde en un Ayuntamiento. Era la máxima autoridad del concejo y, a diferencia de los actuales alcaldes, también impartía justicia.

Obra que estudia las distintas formas de ejercicio de poder local en las principales ciudades y villas de la España cantábrica del Antiguo Régimen.

El papel de estos jueces lo ha estudiado en Asturias Marta Friera Álvarez en “Notas sobre la justicia local en Asturias: requisitos y elección” (Oligarquías urbanas, gobierno y gestión municipal en la España cantábrica durante la Edad Moderna, KRK Ediciones, 2017), y a ella remitimos.

Por una parte, tenían competencia sobre “la jurisdicción contenciosa ordinaria, de primera instancia, para causas civiles y criminales”, y por otra, ejercían unas funciones gubernativas y económicas: “vigilancia del cumplimiento de la normativa real; formación y otorgamiento de ordenanzas, autos de buen gobierno y otras providencias; rondas nocturnas; participación en la gestión de los propios y arbitrios; cuidado de términos comunes, montes, dehesas, plantíos, calles, caminos, puentes y edificios; control de los pesos y medidas, precios, ventas, abastos, salud pública, juegos, diversiones, visita a las cárceles…”.

Para obtener el cargo de juez se exigía ser vecino del pueblo, tener “todas las morales virtudes”, “un buen linaje y riqueza”; tenían que ser personas bien consideradas por sus vecinos. Las ordenanzas del Principado de Asturias prohibían la elección de “comerciantes con tienda abierta y de aquellos que ejerciesen oficios mecánicos, salvo donde no hubiese personas suficientes para sortear los oficios del estado llano y cuando cerrasen la tienda durante el ejercicio del cargo”. Lógicamente, con todas estas prohibiciones y exigencias de nobleza y riqueza, se conseguía apartar a las clases populares del gobierno y justicia de los concejos, que quedaban en poder de las oligarquías locales. Para compensar esta situación se elegían dos jueces, uno por cada estamento: un juez noble o hidalgo y otro llano o pechero.

A estos jueces los elegían todos los años los regidores, que eran similares a los concejales de hoy en día, algunos de los cuales tenían el cargo a perpetuidad. Con la elección anual se intentaba evitar que se afianzasen privilegios en el cargo. Este sistema de gobierno municipal finalizó con la llegada del Estado liberal a partir de 1833 y el reinado de Isabel II.

La lista de todos los jueces nobles y llanos del concejo de Cangas del Narcea no la conocemos. El Archivo Municipal no conserva casi documentación anterior a 1835 y así es muy difícil saber nada. Sin embargo, gracias a un escribano, Manuel José Folgueras, establecido en la villa de Cangas en 1770 conocemos los nombres de estos cargos desde ese año hasta 1820. Este escribano tenía la costumbre de poner todos los años, al inicio del tomo de sus protocolos, el nombre del juez noble de ese año y a veces también el del juez llano. Folgueras era natural de Salas y residió en Cangas desde ese año de 1770 hasta su jubilación a la edad de 80 años en julio de 1823. Trabajó como escribano cincuenta y tres años. En ese periodo solo se ausentó de Cangas durante casi dos años, entre 1792 y 1794, en que estuvo en La Coruña y Valle de Valdeorras como apoderado de la Casa de Villoria, que había caído en la de Miramontes de este concejo, que era de su amigo José Alfonso Argüelles. Folgueras murió en la villa de Cangas el mismo año de su jubilación. Sus protocolos se conservan en el Archivo Histórico de Asturias, en Oviedo.

Páginas manuscritas por el escribano Manuel José Folgueras donde aparecen los nombres de los jueces, y que es la fuente que se ha utilizado para esta recopilación.

La información sobre los jueces nobles la hemos completado con la consulta de los cuatro padrones de hidalguía de 1787 a 1824, que conserva el Archivo Municipal de Cangas del Narcea.

Antonio Uria Queipo de Llano, que fue juez noble de Cangas en los años 1776 y 1787. Retrato obra del pintor Francisco Xavier Hevia. Colección de
Blanca Fernández Rodríguez (Casa de Uría, Santolaya).

En Cangas del Narcea, y para los años que tenemos información, se constata que el gobierno local estuvo en manos de una oligarquía local formada por unas cuantas familias de medianos y pequeños hacendados. Entre 1770 y 1824 ostentaron el cargo de juez noble mayorazgos de linajes cangueses pertenecientes a las casas de Nando, Antrago, Parrondo, Uría de Santa Eulalia, Carballo, La Plaza o Yebra de Cangas, etc.

En algunos casos estos jueces fueron licenciados en Derecho, como Manuel Menéndez Flórez, de Bruelles, abogado de la Real Audiencia de Asturias y Reales Consejos; Juan Antonio Rodríguez Arango Inclán, vecino de Tebongo, abogado de los Reales Consejos, e Ignacio Fernández Flórez y Francisco Manuel Villa, vecinos de la villa de Cangas.

También fueron jueces nobles algunas personas que ejercían como administradores en Cangas del Narcea de grandes propietarios, como los mencionados Manuel Menéndez Flórez, administrador de las Casas de Valdés y Osorio propiedad del conde de Marcel de Peñalba, e Ignacio Fernández Flórez, que llevaba las rentas de la Colegiata de Cangas para el conde de Toreno, así como Benito Fernández Saltaren, que administraba las rentas de las Casas de Cangas, Ardaliz, Llano y Arayón propiedad de Joaquín Velarde y Queipo.

En esos cincuenta y cuatro años repitieron el cargo varias veces las siguientes personas: Manuel Menéndez Flórez fue juez noble cinco años (1788, 1789, 1799, 1809 y 1810); Benito Fernández Saltaren, cuatro años (1784, 1786, 1797 y 1798), y José de Yebra Llano y Valdés, otro cuatro años (1796, 1800, 1816 y 1821).

Por último, mencionar que en los años en que estuvo en vigor la Constitución de Cádiz de 1812 se nombraba “alcalde” en vez de juez noble, pues esta Constitución trató de establecer una nueva administración local que no se logrará hasta la llegada del reinado de Isabel II y los liberales.


Se puede consultar la lista de jueces nobles y llanos de Cangas del Narcea conocidos hasta ahora en el siguiente enlace:

Lista de jueces nobles y llanos de Cangas del Narcea 1770 – 1824

Noticias de los Vaqueiros en Cangas del Narcea en 1917

Interrogatorio de Juan Uría Ríu y contestación de Manuel Flórez de Uría

El 29 de noviembre de 1917, Juan Uría Ríu (Oviedo, 1891-1979), con 26 años recién cumplidos, escribe desde Oviedo a Manuel Flórez de Uría Sattar solicitándole información sobre los vaqueiros de alzada en el concejo de Cangas del Narcea para hacer un estudio desde el ámbito de la Geografía Humana. Flórez de Uría había nacido en esta villa en 1864, era procurador, periodista y estudioso de la historia local.

Braña de Los Chanos, todavía en uso como braña y como pueblo

Uría Riu era en 1917 estudiante de Historia en la Universidad Central de Madrid. Había obtenido en 1914 la licenciatura de Derecho por la Universidad de Oviedo, pero su verdadera vocación era la Historia, que comienza a estudiar ese mismo año de 1914 y concluye en 1918. En Madrid se inicia en el conocimiento de los estudios etnográficos con visitas frecuentes al Museo de Antropología y las enseñanzas de Luis de Hoyos y Telesforo de Aranzadi, dos de los pioneros de los estudios de antropología en España.

El interés de Uría Ríu por los vaqueiros empezó muy pronto. Él mismo contaba que: “A los catorce años cayó en mis manos el artículo que don Fermín Canella escribió en la obra Asturias sobre los vaqueiros de alzada, y empecé a interesarme por el tema” (Juan Ignacio Ruiz de la Peña, “Semblanza de un maestro”, pág. XV). En sus estudios cita testimonios orales recogidos por él a vaqueiros de Lugo de Llanera, Boves (Siero), Lavango (Belmonte), Sapinas y Busantianes (Valdés), y Folgueras del Río (Tineo) entre 1911 y 1917. En la recogida de información compaginó la entrevista personal con documentación histórica tomada en numerosos archivos privados y públicos, y con interrogatorios como el que mandó a Manuel Flórez de Uría.

El resultado de sus investigaciones sobre los vaqueiros quedará recogido en siete artículos, publicados entre 1924 y 1968, que cambiaron la visión y el conocimiento histórico que hasta entonces se tenía de este importante grupo social. Están recogidos en Los vaqueiros de alzada y otros estudios, Oviedo, Biblioteca Popular Asturiana, 1976.

Braña de El Acebal

A continuación publicamos la carta-interrogatorio de Juan Uría Ríu y el borrador de la contestación que le mandó Manuel Flórez de Uría desde Cangas del Narcea, que informa sobre la presencia de los vaqueiros de alzada en este concejo en aquel año de 1917.

Los vaqueiros tuvieron un papel muy importante en la historia de este concejo desde los siglos XV y XVI. En verano llegaban cientos de familias de este grupo social que ocupaban más de quince brañas. Su presencia decayó en el siglo XX. En la actualidad, su recuerdo está desvaneciéndose y en la mayor parte de sus brañas solo quedan cabañas ruinosas (como en la braña de Oul.ladas) o montones de piedras (braña de El Acebal).

 

Carta de Juan Uría Ríu a Manuel Flórez de Uría

Oviedo, 29-11-1917

Muy Señor mío y de mi mayor consideración. Enterado ya hace tiempo por referencias de su amigo D. Luis Suárez Cantón de su conocimiento y competencia en las cosas históricas de esa región. Tengo el atrevimiento de dirigirme a usted pidiéndole noticias que si no son precisamente de carácter histórico no por eso dejaran de ser fácilmente adquiridas por usted. Las que deseo, son al tenor del siguiente interrogatorio:

1.º ¿Cuantas brañas hay en ese concejo a las cuales vengan ganados de la marina en tiempo de verano?

2.º ¿Como se llama cada una de estas brañas?

3.º ¿Que gentes las aprovechan y pueblan?

4.º ¿De que brañas de invierno proceden estas gentes?

5.º ¿Cuales son las brañas aprovechadas por familias enteras que colectivamente emigran desde la marina, y cuales lo son por pastores a sueldo, o una sola familia de vaqueros o parte de ella que se encargan del ganado de una o más brañas marítimas?

6.º ¿Cual es la braña de más importancia por la extensión de los pastos y el número de cabezas de ganado?

Y si le es posible contestar esto último y séptimo que ahora voy a apuntar se lo agradecería también, aunque considerando que es más difícil ruégole no se moleste en averiguarlo si es que fácilmente no lo hace.

7.º ¿Que caminos recorrían en la emigración de la marina a la montaña, indicando las sierras principales y lugares poblados que marcan su itinerario?

8.º ¿Hay algún pueblo actualmente del que se sepa que en lo antiguo era braña de vaqueros procedentes de la marina que allí se quedaran a vivir permanentemente?

9.º ¿Han sido abandonadas muchas brañas de verano en ese concejo por los vaqueros, disminuyendo con ello el nomadismo pastoril en él?

Cabaña ruinosa en la braña de Oul.ladas

Para mayor facilidad por su parte ruégole escriba la contestación con esta carta a la vista, poniendo los números 1º, 2º, 3º, encabezando cada una de las contestaciones dejando en blanco aquellas cuya averiguación no le haya sido posible.

Mucho siento la molestia que con ello habré seguramente de causarle, pero me veo obligado a ello por la necesidad que tengo de terminar un trabajo que he de publicar en breve sobre el nomadismo pastoril en Asturias desde el punto de vista de la Geografía Humana. En este trabajo, como es natural, irá su nombre unido a las noticias que usted pueda facilitarme como es rigurosa costumbre en todos los trabajos de investigación en que alguien aporta datos.

Sin mas queda de usted affmo. amigo y S. S. que b. s. m.

Juan Uría y Ríu

s/c Calle de Campoamor, Oviedo

 

Borrador con las respuestas de Manuel Flórez de Uría

1.º ¿Cuantas brañas hay en ese concejo a las cuales vengan ganados de la marina en tiempo de verano? y 2.º ¿Como se llama cada una de estas brañas?

1.ª y 2.ª El Acebal, Junqueras, La Feltrosa, El Liburnal, Soldepuesto, Olladas, El Teixidal.

Restos de una cabaña en la braña del Acebal

3.º ¿Que gentes las aprovechan y pueblan? y 4.º ¿De que brañas de invierno proceden estas gentes?.

3.ª y 4.ª Vaqueiros de alzada que tienen sus brañas de invierno en los concejos de Navia, Luarca y Tineo. Las alzadas a que vienen pertenecen con frecuencia en su dominio útil a los mismos vaqueiros, en todo o en parte, por haberse acogido a la gracia foral que las leyes desamortizadoras concedieron a las familias de los antiguos colonos de los monjes del convento de Corias o de otros de quienes las llevaban en arrendamiento desde antes del año 1800. En otras [brañas] son simples arrendatarios de varios copropietarios y en otras, por fin, concurren en ellas ambas razones de poseer.

5.º ¿Cuales son las brañas aprovechadas por familias enteras que colectivamente emigran desde la marina, y cuales lo son por pastores a sueldo, o una sola familia de vaqueros, o parte de ella que se encargan del ganado de una o más brañas marítimas?

5.ª Actualmente no vienen familias enteras, y sí solo una persona por familia de la braña de invierno y aun con frecuencia estas solo vienen a traer el ganado en uno o más rebaños, quedando en la alzada tres, cuatro o a lo más cinco personas que cuidan el ganado de todos, y los otros regresan a sus brañas invernales hasta septiembre que vienen a recoger el ganado. Los que se quedan suelen ser criados, sobre todo las mujeres.

6.º ¿Cual es la braña de más importancia por la extensión de los pastos y el número de cabezas de ganado?

6.ª Las del Acebal y La Feltrosa.

Cabaña en la braña de Oul.ladas

7.º ¿Que caminos recorrían en la emigración de la marina a la montaña, indicando las sierras principales y lugares poblados que marcan su itinerario?

7.ª Ya no trashuman por cañadas y cumbres de sierras bajas como antes, debido a la comodidad y seguridad que les ofrecen las carreteras y nuevos caminos vecinales, por eso es difícil determinar sus itinerarios en la mayor parte del recorrido antiguo.

8.º ¿Hay algún pueblo actualmente del que se sepa que en lo antiguo era braña de vaqueros procedentes de la marina que allí se quedaran a vivir permanentemente?

8.ª Si. Brañameana, El Cabanal, Castilmouro [Castilmoure], Los Llanos.

9.º ¿Han sido abandonadas muchas brañas de verano en ese concejo por los vaqueros, disminuyendo con ello el nomadismo pastoril en él?

9.ª Si. Otardelobos, Frisneo, Busdondio, La Juncal, El Espín, Mudreiros.

El Sanatorio Obrero de Trubia

Sanatorio Obrero de Las Cruces, Trubia (Oviedo), hacia 1906.

Por Toño HUERTA
Presidente de la Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia

Como muchos otros territorios, Trubia cuenta con uno de esos espacios que tienen un halo de misterio, casi mágico. Multitud de generaciones participamos de excursiones escolares a un edificio vacío, a veces incluso siniestro. Pero a nada que rasquemos veremos que es un lugar lleno de historia y vida. Abandonado durante décadas a su suerte, hoy aún podemos ver en el Alto de Las Cruces el Sanatorio Obrero.

Para hablar del Sanatorio, antes tenemos que hablar de un personaje poco conocido en Trubia y sin embargo parte esencial de su historia. Nacido en Cangas del Narcea en 1872, Mario Gómez y Gómez se licenciaría en Medicina en la Facultad de San Carlos de Madrid; finalizada su licenciatura en 1897, ingresaría en el Cuerpo de Sanidad Militar, siendo destinado en agosto de ese mismo año a la Fábrica de Armas de Trubia.

Nuevos destinos le llevarían por Valladolid, Vitoria o Gijón, hasta su regreso a Trubia; desconocemos el año exacto de su nueva llegada, pero podríamos datarla en torno a 1906. En esta segunda fase “trubieca”, impulsaría y sería socio fundador del Sanatorio Obrero de Las Cruces. Nuevos destinos le harían viajar por toda España, con diversos cargos en el Ministerio de Guerra. En 1931 solicitaría el retiro anticipado del Ejército, regresando a su Cangas natal, donde fallecería al año siguiente.

Aunque realmente no estuvo mucho tiempo en Trubia, su paso por la localidad dejaría huella. Se implicaría en la vida del pueblo donde, desinteresadamente, fuera de sus obligaciones como médico militar, prestaría sus servicios tanto a la población civil como militar más necesitada. Por todo ello, la población siempre lo tendría en gran consideración y, a petición de los vecinos de Trubia, el 22 de julio de 1927 sería nombrado Hijo Adoptivo de Oviedo. Por lo tanto, la historia del Sanatorio Obrero de Las Cruces está íntimamente ligada a Mario Gómez y Gómez. Como indicábamos, él impulsaría la creación de este sanatorio que, en origen, estuvo gestionado por los propios obreros de la Fábrica de Armas, quienes en 1907 crearían la Sociedad Sanatorio Obrero; en los estatutos de la misma, localizados recientemente en el archivo de la Biblioteca de Asturias, se dice que el edificio del sanatorio es propiedad de los socios. Sin embargo, con el tiempo, y a partir de la dictadura, esos bienes pasarían a ser propiedad de la Fábrica de Armas de Trubia, quien gestionaría el sanatorio hasta su cierre en la década de 1960; habitado hasta finales de la centuria pasada, hoy se encuentra en total abandono.

Socorros mutuos

Además de la Sociedad Sanatorio Obrero, en 1911 también se crearía en Trubia la Sociedad de Socorros Mutuos “La Prevenida”. En otra ocasión hablaremos del gran movimiento asociativo que siempre existió en Trubia, parte esencial de nuestra cultura, sociedad y patrimonio. Pero por apuntar algo evidente, ¿no resulta paradójico que un edificio como el Sanatorio Obrero de Trubia, propiedad de una sociedad obrera, fuese apropiado por el Estado para, con el tiempo, dejarlo arruinarse? Quizás se deba volver a ese espíritu inicial y dejar que sea la propia comunidad la que gestione sus bienes.


Fuente: La Voz del Trubia – 20/01/2020

La doble cima de Rosa Fernández

La alpinista ha superado sus límites deportivos con seis ‘ochomiles’ y una batalla personal contra el cáncer | La canguesa busca apoyos para afrontar su nuevo desafío: la ascensión de la montaña salvaje, el K2


Por ALBA LLANO, Gijón.

Rosa Fernández subiendo al campo II del Manaslu / Foto: Rosa Fdez.

Hay quienes viven la aventura y la emoción del riesgo a un nivel superior. La montaña, en el fondo, siempre ha tenido siempre un significado simbólico. No se trata, simplemente, de ascensiones más o menos altas, sino de desafíos cargados de mensajes. Como los de la montañera Rosa Fernández. Nacida en Cangas del Narcea hace 59 años, ha vivido en sus venas ese sacrificio en las cumbres y en su día a día. Ha pasado de explorar y superar sus límites personales a enfrentarse a un gran desafío extra: su condición de mujer en una disciplina, al menos en sus inicios, exclusiva de hombres.

Humilde, sencilla, con buen sentido del humor y experta en derribar barreras. Rosa Fernández ha coronado seis de las cumbres más altas del planeta (por encima de los 8.000 metros de altura) y ha sido la única montañera española en completar el ‘Proyecto 7 Cumbres’ (escalar las montañas más altas de cada continente). Pero, detrás de este esfuerzo y compromiso, se esconden también dudas, dolor, compañerismo y, sobre todo, alegría. Esta última y su propia superación personal han llevado a la canguesa a superar una de las cimas más difíciles de su vida: el cáncer.

Rosa Fernández conversa con EL COMERCIO sobre sus inicios, habla de esas horas de no dormir en esa lucha ‘ochomilista’, se emociona con sus momentos más complicados, aborda la situación actual de la mujer en el alpinismo y adelanta sus próximos proyectos.

La canguesa en la cumbre del Manaslu (8.156 m). / Foto: Rosa Fdez.

Porque la canguesa nació rodeada de montañas. Concretamente, en el concejo de Cangas de Narcea, siempre han estado en su vida como telón de fondo. El hecho de subir ‘ochomiles’ fue, en sus propias palabras, «totalmente una casualidad». Empezó con un reto inimaginable, el Gasherbrum II (Pakistán) cuando le pidieron formar parte de una expedición de hombres para que el grupo consiguiera ayuda económica, algo que finalmente logró gracias a la presencia de Rosa. De allí ya volvió convertida en ‘ochomilista’, como la primera asturiana en hacer cima a más de 8.000 metros.

A esta primera gran cumbre le siguieron muchas más. Incluido el Everest. Un camino que, para esta montañera tampoco ha sido fácil. Además de «mucha superación personal», también hubo «muchos obstáculos, barreras y horas de no dormir». Todo en una época en la que escalar una montaña y ser mujer, confiesa, «era casi como una cosa rara».

«La montaña al final me va a tratar igual a mí que a cualquiera. De hecho, una vez estoy en ella, solo siento que estamos la montaña y yo. Pero sí puedo asegurar que llegar a esa cumbre es mucho más duro para nosotras en todos los sentidos. Evidencia de ello es que hay pocas que lo hayan conseguido», explica. La canguesa considera que, aunque en la actualidad el alpinismo femenino ha hecho grandes progresos, «para ellos sigue habiendo patrocinios y para nosotras no. Tienes que pelear muchísimo para conseguir algo». Apoyos que todavía no ha conseguido para ascender el que sería su próximo gran objetivo: la montaña salvaje, el K2 (8.611 metros).

Así todo, dice que la situación de la mujer ha cambiado y más en el deporte: «Afortunadamente la situación desde cuando empecé en el alpinismo hasta el día de hoy ha cambiado en muchos aspectos». Algo que también ha percibido desde el club ciclista Una a Una, que ella misma fundó en 2009: «Cuando creé el grupo de bici de montaña para chicas no llegábamos a media docena y cuando presentamos el grupo a los medios en 2011 había crecido ya a más de 40».

Un proyecto que para ella ha sido clave y que comenzó como una idea destinada a que más mujeres se animasen a salir juntas a practicar este deporte. El mismo que tuvo que aparcar ese mismo año 2009 para hacer frente, asegura, a «la montaña más dura»: un cáncer de mama. «Después, como no podía marcharme a escalar, pensé en llevar esta idea a cabo y empecé a salir en bici con las chicas y peleando poco a poco conseguí que el club saliese adelante.»

La escaladora, en el Manaslu, la octava montaña más alta del mundo. / Foto: Rosa Fdez.

Pensar en el deporte

Este proyecto fue una de las cosas que le hizo seguir en un momento tan difícil: «Fue importante continuar pensando en el deporte, en los proyectos que tenía y, en definitiva, en dedicarle el menor tiempo posible a pensar en la enfermedad o en los tratamientos.» «Me despreocupé de todo esto, pero aun así sabía que mi campo base iba a estar durante dos años en el hospital. En ese momento, el no estar parada y el poder llevar a cabo el club ciclista fue una de las cosas más bonitas. Y es que, además de fomentar el deporte femenino, es un club en el que todas las mujeres de cualquier condición física son bienvenidas.»

Su último gran proyecto fue su colaboración como jefa de expedición en el reto de Pelayo Vida en el recién terminado 2019. Ese reto unió a un grupo de mujeres sin apenas experiencia en la montaña que también habían tenido que vencer al cáncer. Ella fue la encargada de prepararlas durante los meses previos y de acompañarlas en su primer 6.000 metros en Bolivia: «Fue todo un cóctel de satisfacción y de ganas de vivir», confiesa la canguesa. «Ves cómo funciona la cabeza y cómo, cuando tienes un reto y cuando haces las cosas por algo, la cabeza acaba siendo mucho más fuerte que cualquier condición física», explica Rosa Fernández.


Fuente: EL COMERCIO ¦ Jueves, 16 enero 2020


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Exposición ‘Madreñas de carpín en Cangas del Narcea’

Una madreña de Francisco Alfonso, de Pixán (a la derecha) y otra de Francisco Cabezas, de Cibuyo.

El Tous pa Tous ha inaugurado una nueva exposición en la Casa de Cultura “Palacio de Omaña” de Cangas del Narcea: “Madreñas de carpín en Cangas del Narcea. Colección de Alfonso Fernández Canteli”, en la que se exponen 22 madreñas hechas por catorce madreñeiros de los concejos de Degaña, Somiedo y, sobre todo, Cangas del Narcea. La muestra se pude visitar hasta el próximo verano en la planta baja, Sala ‘Tous pa Tous’, en horario de la Casa de Cultura.

Madreñas de hombre fabricadas por Manuel Rosón y Pedro Ramos, de Cerredo (Degaña)

La exposición está dedicada a las madreñas de carpín y hay representados quince madreñeiros. Once son de Cangas: José Menéndez, Folguerúa; Francisco Cabezas, Cibuyo; Francisco, Las Cuadriellas de Villaláez; José Gutiérrez, Llamera; Alfredo García Rodríguez, Piñera; Emilio González, barrio de Santa Catalina, Cangas del Narcea; Juan Pérez Menéndez, El Otero-Otardejú; Faustino Rodríguez, Porley; Maximino Rubio, Parada la Vieja, Francisco Alfonso Pérez, Peján/Pixán y José Raúl Martínez, Pambley.

Madreña de mujer fabricada por Manuel Rosón y Pedro Ramos, de Cerredo (Degaña)

Había diferencias entre las madreñas de hombre y de mujer. Las de las fotografías fueron hechas por Manuel Rosón y Pedro Ramos, de Cerredo (Degaña), son madreñas muy decoradas, y pueden verse en la exposición.

José Raúl Martínez Rodríguez es actualmente el único madreñeiro del concejo de Cangas del Narcea. Es el propietario de la Fábrica de madreñas “Virgen de los Remedios” en Pambley, única fábrica que existe en Asturias. En la fotografía aparece con su padre Raúl, que trabajó en el oficio antes que él. Fabrica unos ochocientos pares de madreñas al año con madera de umeiro y, sobre todo, de abedul, que se venden en Asturias y en las provincias de León, Lugo y Burgos. En la exposición hay dos pares de madreñas de zapatilla hechas por él. En este vídeo podéis ver cómo trabaja y cómo hace una madreña.

Esta excepcional fotografía de la norteamericana Ruth M. Anderson (1893-1983) de unos madreñeiros en la Plaza de Cangas del Narcea el día de la Feria de la Cruz de Mayo de 1925 (Col. The Hispanic Society of America, Nueva York), en la que se los ve vendiendo madreñas y sentados en el poyo de la fachada norte de la iglesia parroquial, también podrá verse, entre otras, en la exposición.

 

La exposición “Madreñas de carpín en Cangas del Narcea. Colección de Alfonso Fernández Canteli”, como hemos dicho es una muestra de modelos de madreñas de carpín hoy desaparecidos, pero, sobre todo, es un homenaje a los madreñeiros de este concejo, como el que fotografió Fritz Krüger en agosto de 1927 en Besullo, con su herramienta y algunas de sus madreñas.

Como complemento a la exposición se proyecta el corto documental de 8 minutos de duración: “Fabricación de la madreña (José Gancedo, La Rebollada, Somiedo)”, del Museo del Pueblo de Asturias, cuyo realizador es Jaime Santos y cámara Javier Calzada.

Corros

Ruta por contorno de Corros

De nuevo me llama la montaña, así que aprovechando el buen tiempo preparo una ruta cercana a Cangas que me permita pasar un día especial, andando y saboreando los estupendos paisajes que nos ofrece este concejo.

Hoy escojo una ruta circular que me lleva por los contornos del pueblo de Corros, bordeando la falda del Cueto de Arbas.

Principio de ruta Pachalina-Miravalles-Villager

Principio de ruta Pachalina-Miravalles-Villager

En esta ruta me acompaño del Grupo de Montaña Piélago de Cangas del Narcea y una vez más intentaré destacar con fotografías los pequeños rincones que me ofrezca la ruta e iré recopilando también las pequeñas historias que surjan en el camino.

Parto de Santa Eulalia dirección al puerto de Leitariegos y en la zona denominada la Pachalina, me desvió de la carretera principal para empezar la ruta dirigiéndome a Miravalles. Empiezo a caminar y ya tengo de frente la sombra del Cueto de Arbas. Las vistas que veo al frente, me adelantan que la ruta va a ser emocionante, trasladándome a un entorno peculiar por la belleza de su paisaje natural.

Esta montaña del Cueto de Arbas de 2007 m. de altura, fue esculpida por el hielo, dejando heridas en sus laderas que recuerdan duros tiempos geológicos del pasado.

Vistas a la ruta contornos de Corros desde Brañas de Arriba

Vistas a la ruta contornos de Corros desde Brañas de Arriba

Este camino que ya empiezo a andar no posee grandes monumentos, ni arquitecturas sorprendentes. Se va hacia zonas humildes donde se pasaban inviernos muy duros y se hacían grandes esfuerzos para vivir en esta altitud tan exigente. Pero no nos engañemos, estas dificultades dieron gentes capaces de merecer hidalguías por ayudar a reinas que se encontraban en situaciones comprometidas; también dieron personajes carismáticos y tenaces que aún hoy marcan con tesón y fuerza la vida económica nacional e internacional.

En el pueblo de Trascastro nació Francisco Rodríguez García, este hombre convirtió una aventura empresarial láctea, en una referencia internacional con presencia en distintos países de Europa, de América y de Asia.

Monseñor Atilano Rodríguez, también nació en el pueblo de Trascastro y me imagino que algo tuvieron que ver estos lugares en su niñez, para que decidiera buscar las verdades teóricas de la fe en su vida. Hoy Monseñor Atilano Rodríguez <<desde este enlace se puede acceder a su biografía>> participa en las altas esferas de decisión dentro de la iglesia.

Corros

Corros

En el pueblo vecino del Puerto de Leitariegos nació José Cosmen Adelaida, probablemente el creador del mayor emporio societario que haya generado Asturias. <<Acceso desde este enlace al artículo De Leitariegos a China: los Cosmen, una dinastía empresarial centenaria>>.

Es curioso que en un contorno tan pequeño salga gente tan tenaz. Alguna influencia tuvo que tener nacer en un lugar tan lleno de contrastes, lleno de belleza, donde se alterna la luz clara del verano y la oscuridad de los fríos inviernos, todo esto acompañado de vez en cuando con una espesa niebla que ciega el horizonte y no deja ver más allá de un metro.

Sigo el camino pasando por los pueblos de Miravalles y Villager, llegando al pueblo de Trascastro. En este pueblo aún quedan construcciones de piedra bien tallada, con fachadas antiguas que permanecen puras y bien restauradas. Da la impresión que la modernidad mal entendida no llegó a este pueblo destrozando las construcciones antiguas, con materiales coloristas y poco naturales, aquí predomina en las construcciones la piedra natural y la losa en los tejados, esto es de agradecer.

Ladera hacia el Cueto del Fraile, Corros

Ladera hacia el Cueto del Fraile, Corros

Salgo del pueblo bajando hacia el río Naviego, donde paso el puente Siensecas que me comunica con la ladera que sube al pueblo de Corros; voy cogiendo altura y en el reguero de Porradiecho ya empiezo a introducirme en la vegetación de la zona. Este mundo en calma ya permite encontrarse con uno mismo a medida que se avanza por estos parajes silenciosos.

Dejo a mi izquierda el valle del rio Naviego y llego a la Peña de las Cruces, bastión o torre de entrada al pueblo de Corros. Un cartel de madera indica que este pueblo aún se mantiene vivo.

Río de Corros

Río de Corros

En este punto me encuentro con un ganadero que baja de ver las vacas del monte y atendiendo mi curiosidad, me explica algún secreto que desconozco de la zona. Me dice que debajo de esta peña de las Cruces hay una cueva que es propiedad particular de los osos para invernar. Me indica señalando hacia el monte del Gato, que este albergaba cantaderos de urogallos, aunque cree que actualmente con el cambio climático sería muy difícil dar con alguno.

Desde esta zona y mirando a la falda del Cueto de Arbas se ve perfectamente la pradería y las brañas de Villar de Arbas; este ganadero me dice que antiguamente el pueblo de Brañas de Arriba estaba situado en esta zona a la falda del Cueto, pero una tremenda avalancha de nieve arrasó el pueblo creando una gran mortandad. Tras ese desastre natural se decidió dejar abajo solo las brañas y colocar el pueblo donde está hoy, lejos de la amenaza del Cueto.

Pueblo de Corros

Pueblo de Corros

Dejo a este hombre que siga su camino y avanzo tomando una pequeña curva a la derecha del camino donde se presenta ante mí todo el espectáculo que vine buscando.

Empiezo por mi izquierda viendo el pueblo de Brañas de Arriba, el Puerto de Leitariegos, El Cueto de Arbas, las brañas de Villar de Arbas, el monte del Gato, el alto de Bustapiedra límite con León, el pronunciado valle erosivo del río de Corros, el Pico o Cueto del Fraile y en medio de todo esto, señoreando el contorno está el soleado y espectacular pueblo de Corros.

Andando por el pueblo, se absorbe con placer la silenciosa soledad de sus espacios sombríos y callados, espacios que en otros tiempos seguro que estuvieron repletos de vida.

Capilla de San Salvador de Corros

Capilla de San Salvador de Corros

Una capilla humilde y una piedra colocada en el camino que seguramente valía para jugar a los bolos, dejan intuir por un momento el calor y la vida que había en el pueblo en tiempos pasados, cuando todas las casas estaban habitadas.

Este pueblo vive enfrente del monte del Gato, zona protegida que hace de corredor de unión entre dos áreas de gran interés faunístico, el sur de Cangas del Narcea y la zona de Somiedo. Esto implica que todas las variedades de especies que se puedan encontrar en la mítica zona del Muniellos, también pueden tener presencia en este entorno del Cueto de Arbas, osos, lobos, rebecos, etc. La exuberante vegetación de este monte del Gato cobija y esconde toda esta fauna de las miradas fortuitas de los intrusos que se acercan a esta zona.

Monte del Gato

Monte del Gato

Esta fauna provocó ancestralmente una convivencia tensa entre el hombre y los depredadores que atentaban contra su única forma de vida que era la ganadería. El lobo por lo general era muy mal visto, este animal se consideraba dañino ya que atentaba con cierta frecuencia contra el ganado que subía al monte; sin embargo esas mismas personas tenían un cierto respeto por el oso, animal fuerte pero noble, capaz de provocar cierto miedo cuando se le ve, pero normalmente este animal es respetuoso con el hombre y con el ganado. Eso si las frutas y la miel lo superan y no se puede aguantar sin probar todo lo que ve y se le pone por delante. Todo esto lo cuenta mejor Pepe Santos el último vecino que vivió aquí solo muchos años y tuve el placer de conocer, lo cuenta en la web del Tous pa Tous en el siguiente enlace << Rutas, recorridos, lugares Pepe el de Corros>>

Llano de Cuesta Piedra (Chano de Custapiedra), zona donde nace el río de Corros

Llano de Cuesta Piedra (Chano de Custapiedra), zona donde nace el río de Corros

Desde este pueblo hay dos opciones de ruta, una para los más osados y aventureros subiendo cota hacia el nacimiento del rio de Corros en la zona de Custapiedra, siguiendo a Laguna Seca (chaguna seca), bordeando la falda del Pico de las Barrosas para seguir subiendo hacia el Pico del Fraile. Este es el punto más alto de la ruta y desde aquí se empieza a bajar hacia el Pico de la Corona, para unirse de nuevo con la ruta fácil a cotas inferiores, que parte del mismo pueblo de Corros por la ladera de la Corona en dirección al pueblo de Riomolín.

La mayoría del grupo opta por hacer la ruta corta y yo recorreré la que transcurre a cotas superiores en dirección al Pico del Fraile. Salgo por un camino que sube al llano de Cuesta Piedra o Custapiedra en dirección al nacimiento del río de Corros. Subo contemplando el pronunciado valle que esculpe el rio por mi izquierda y de repente se abre ante mí el que fue un pequeño circo de recepción glaciar. Aquí nace el río de Corros brotando de las entrañas de la tierra por pequeñas fisuras del terreno.

Laguna Seca (Chaguna seca) y el Cueto de Arbas

Laguna Seca (Chaguna seca) y el Cueto de Arbas

Este río empieza su andadura precipitándose con pequeñas cascadas desde gran altura para unirse al río Naviego que lo espera en su bajada desde las brañas de Villar de Arbas. Tras sumar los dos ríos sus caudales se dirigen aún impetuosos hacia el norte buscando zonas más tranquilas.

Sigo la ruta girando hacia la izquierda en dirección a la Camperona y llego al collado de Chaguna Seca (1639 m). Desde esta laguna y orientándome hacia el este veo la zona de Valdecuélebre y nace de nuevo imponente a la vista el Cueto de Arbas (2007 m), esta fotografía es obligada.

Giro 180 grados dirigiéndome hacia el oeste y empiezo a andar por la falda del pico de las Barrosas, bebiendo agua en la Fuente del Vaso que surge en el camino, en la caliza. Con esta agua cojo fuerzas para ascender al Cueto del Fraile o Pico del Fraile. Avanzando por la zona de la Chana (Chanada de la Fana), la retina ya va desnudando poco a poco la cima de este pico, hasta llegar a un montón de piedras que me sitúan a 1875 m de altura en el Pico del Fraile.

Zona de la Chana

Zona de la Chana

Desde este pico se dominan vistas hacia la zona de León, hacia la zona del Puerto de Leitariegos y hacia la zona de Chauchina donde nacen los ríos Narcea y Molino.

Desde este pico también se ve el Cueto de Arbas (2007 m), pero esto todavía se tiene que hacer de forma sumisa mirando hacia arriba ya que esta montaña empequeñece todo lo que está a su falda, el Cueto de Arbás es la montaña mítica de esta zona y posiblemente también lo sea a muchos kilómetros a la redonda.

Bien, me conformo en cota y estoy en el Pico del Fraile a 1875 m de altura, el punto más alto de la ruta de hoy. Me preparo para comer a esta altura, miro el horizonte y la retina se llena de luz, veo el cielo limpio, un retablo natural formado por una tierra sin contaminar. Aquí no se entiende la prisa, la belleza del entorno nos libera de la vida cotidiana. Desde aquí se tiene la sensación de estar por encima del bien y del mal, donde están las nubes, donde casi se toca el cielo.

Vistas desde el Cueto o Pico del Fraile (1875 m.)

Vistas desde el Cueto o Pico del Fraile (1875 m.)

Vaya! me vengo arriba y tengo que volver a la realidad para seguir contando lo que veo, así que miro hacia el monte del Gato y veo como la erosión originada por el río de Corros, modificó el modelado glaciar que tuvo esta zona en el pasado, presentando en la actualidad un valle estrecho en forma de V con gran pendiente.

Enfrente en el Cueto de Arbas este modelado glaciar se conserva mejor, presentando lagunas como la de Arbas que ocupa una excavación glaciar, también hay pequeñas áreas turbosas y depósitos morrénicos que son mudos testigos del retroceso glaciar.

Bajada por encima del mar de nubes, desde Peña Negra hacia la Corona

Bajada por encima del mar de nubes, desde Peña Negra hacia la Corona

Pero en conjunto se considera que toda esta zona hoy protegida con la figura de Reserva Natural Parcial del Cueto de Arbás, es una de las mejores representaciones del modelado glaciar de las montañas del Occidente Asturiano.

Bien, me siento a comer y me doy mi tiempo, ya que el lugar y las vistas lo merecen. Me pongo mirando hacia el puerto de Leitariegos que tiene una historia muy particular debido a su situación geográfica. Este puerto fue municipio independiente hasta 1921 que paso a pertenecer al de Cangas del Narcea.

Reponiendo fuerzas en la zona de los Chanos, enfrente están las brañas de Vegameoro

Reponiendo fuerzas en la zona de los Chanos, enfrente están las brañas de Vegameoro

La historia de este puerto y sus habitantes viene de lejos, de cuando los romanos tenían este paso estratégico para sacar el oro que extraían del occidente asturiano o de cuando la reina doña Urraca pasó por esta zona en el año 1112, peleando con las grandes nevadas invernales que caían en aquellas épocas. También tuvieron los habitantes del puerto otros privilegios concedidos por el rey Alfonso XI. Todo esto y mucho más está recogido muy bien en la página web del Tous pa Tous, para quien desee conocer mejor y con más detalles esta historia entrar en las siguientes paginas, <<Leitariegos en 1898, primer libro editado por el Tous pa Tous>>, <<ENTRE LA NIEVE. La vida invernal en El Puerto de Leitariegos (1903)>>, <<El Camín Real de L.leitariegos a su paso por el concejo de Cangas del Narcea>>

Bien comido y bien bebido, el cuerpo pide siesta, pero aún falta mucho camino hasta finalizar la ruta, por lo tanto sigo andando ladera abajo por Peña Negra para llegar a la Corona (1581 m.), desde aquí me comunico con el camino que va hacia Riomolín en dirección a la zona de los Chanos donde el resto de grupo que optó por la ruta corta me espera comiendo.

Valle del pueblo de Riomolín

Valle del pueblo de Riomolín

Me siento para que acaben de comer y de paso aprovecho para poder ver los valles, las laderas y los picos, que se amontonan en el horizonte, por encima de la chabola de Vallado.

Estos que me acompañan del Piélago son buenos montañeros, saben sacarle placer a cualquier momento, veo comida consistente y buen vino de Cangas, nada de barritas energéticas ni cositas coloreadas envueltas en plástico.

Tras esta pausa retomamos la ruta en dirección al pueblo de Riomolín. En este camino las aguas revientan por todas las partes, bajando ladera abajo y sumándose al Río Molino que serpentea a cotas inferiores en dirección al pueblo de Vegameoro. Seguimos hacia Riomolín y vemos como por el sur se cierra ante nosotros el valle, en la zona denominada de Las Fanas. Esta zona es de mucha pendiente y antiguamente el pueblo segaba la hierba carriza que nacía en esta inclinada ladera. Esta cosecha entrañaba bastante peligro ya que cualquier resbalón podía hacer que el segador se precipitara de forma violenta hacia cotas inferiores. Esto demuestra lo encajado que esta este pueblo entre dos laderas de pronunciada pendiente, talladas con fuerza por el río Molino. Este pueblo es otra fotografía obligada por su singularidad natural.

Bajada hacia Vegameoro desde Riomolín

Bajada hacia Vegameoro desde Riomolín

Pueblo de Vegameoro

Pueblo de Vegameoro

Bajamos por la carretera que trascurre al lado del río con vistas a un recortado valle con prados bien conservados y llegamos al pueblo de Vegameoro que está situado al lado de la unión de los dos ríos, el río Molino y el de Naviego. Este pueblo, esto es una opinión personal, es espectacular, tiene una construcción muy bien adaptada a la base de la montaña, las casas están bien cuidadas y restauradas y tiene una fotografía perfecta por el paisaje que tiene de fondo.

Cocina tradicional asturiana en la Chabola de Vallado

Cocina tradicional asturiana en la Chabola de Vallado

Desde Vegameoro ya solo nos resta subir en dirección a la Chabola de Vallado <<acceso desde este enlace a información de Chabola de Vallado>>, para acabar la ruta. Este bar fue antigua posada de arrieros, hoy esta regentada por Valentín que nos quitará la sed con cualquier refresco. Se puede visitar también la antigua cocina tradicional que tiene bien conservada o salir a la terraza que se sitúa al sur del bar, con vistas al camino andado en esta ruta.

Terraza en la Chabola con vistas a la ruta hecha

Terraza en la Chabola con vistas a la ruta hecha

Bar la Chabola

Bar la Chabola

Estando relajado en la terraza de la Chabola, reflexiono y una vez más me doy cuenta que por mucho que se describa una ruta de este tipo, es imposible transmitir con fidelidad la cantidad de matices que se ven en el camino.

De nuevo me inclino a hacer muchas fotografías que son más fieles y dan mejor idea del espectáculo natural que se anda por lo que dejo este enlace desde el que se puede acceder a un video con una selección de fotos relacionadas.

RUTA CIRCULAR POR CONTORNOS DE CORROS

  • Opción 1.- Cotas altas Pico del Fraile, dificultad media—21 km.
  • Opción 2.- Cotas bajas hacia Riomolín, dificultad baja— 16 km.

Enrique R.G. Santolaya.