Noticias de Historia de Cangas del Narcea.

Peña La Mecha: el nacimiento de la primera peña femenina de pólvora de Cangas del Narcea

María Avello Otero rememora los orígenes de la Peña La Mecha, fundada en abril de 1984 y considerada la primera peña femenina de pólvora de Cangas del Narcea. A través de este testimonio en primera persona, recuerda cómo surgió aquella iniciativa pionera que abrió camino a otras muchas peñas femeninas, mixtas y masculinas que se incorporarían posteriormente al movimiento peñista cangués.

Primer desfile de peñas de La Mecha el 14 de julio de 1984. Foto: María Avello.


PEÑA LA MECHA

María Avello Otero

Recorte de ‘La Hoja del Lunes’ de Oviedo. Noticia de la fundación de la peña en 1894. En la foto: María Avello (presidenta), Margarita Chacón (secretaria) y Ana Carmen Queipo (tesorera).

Tenemos el orgullo de haber sido la primera peña femenina de pólvora que se creó en Cangas del Narcea, en abril de 1984. Entonces solo existían doce peñas, todas ellas integradas por hombres.

Nuestra iniciativa despertó la chispa para la creación de muchas otras peñas, ya fueran femeninas, mixtas o masculinas. A partir de entonces se llegó a alcanzar la cifra de cuarenta peñas integradas en la Federación de Peñas de la Pólvora.

Recuerdo que mi tía Conchita Mirín me preguntó personalmente si ella y un grupo de mujeres de su círculo podían entrar en la peña que estábamos formando. Lo comenté con las quince jóvenes que inicialmente la impulsábamos y decidimos que no, porque pertenecían a otra generación y pensamos que lo mejor sería que formasen su propia peña.

La intención de La Mecha era pasarlo bien juntas, cenar, aprender a tirar voladores a mano —algo que ninguna sabía hacer— y participar en las fiestas con nuestros propios fuegos.

Fue La Mecha, y únicamente La Mecha, la que decidió qué día tiraríamos las mujeres, ya que en aquel momento no existía ninguna otra peña femenina. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: junto a Juan, delante del quiosco, analizando los pros y los contras del día más adecuado y del lugar de la tirada. A él le parecía que ya no había sitio para la noche del 15 y finalmente nos decidimos por la del 16.

El lugar era indiscutible: la Autoescuela, hoy Prao del Molín, entonces el espacio de tiradas más céntrico del pueblo. Para la cena, la peña La Amistad nos ofreció su sede en el patio superior de las escuelas y nos permitió utilizar sus mesas y bancos. No pudieron portarse mejor con nosotras. Las Almenas nos encantaron.

Noticia publicada en ‘La Nueva España’ del 15 de julio de 1984.

Éramos unas quince jóvenes de 18 y 19 años que teníamos que decidir cómo nos íbamos a llamar y cuál sería el color que nos identificaría. Después de muchas risas en el Sotero y de barajar varios nombres, «La Mecha» encajó como un guante. Aquel primer año ya llegamos a ser treinta componentes.

La bandera la confeccionamos entre varias compañeras con la ayuda de mi tío Domingo Otero, en la sastrería. Nos quedó muy original.

Manolo enseñándome a tirar uno de mis primeros voladores, desde el principio de las escaleras de las escuelas. Foto: María Avello.

Reunimos todo el dinero que pudimos mediante distintas actividades. Entonces todavía hablábamos de pesetas. Después subimos al polvorín del regueiro San Martín para hablar con Pablo y pedirle que nos preparase una buena tirada, además de unas cuantas docenas de voladores para tirar a mano. Manolo, de La Amistad —hoy mi marido—, fue quien enseñó a la mayoría de nosotras.

La tirada no pudo salir mejor. Quedamos felices al verla y la gente nos felicitaba por la calle, no solo por lo bien que habían salido los fuegos, sino también por lo numerosas y alegres que éramos. Decían que se nos veía por todos los rincones del pueblo y que, además del alboroto que armábamos, destacaba nuestro característico color naranja.

Me gustaría agradecer desde aquí a Juan, el del quiosco; a Emilio Arias, de Droguería Narcea, ambos de La Amistad; y a Cándido Reitán y Ángel Luis, del Cachu, la acogida y el ánimo que nos dieron para formar la peña. En aquel momento fue una idea rompedora y, lejos de echarnos para atrás, nos animaron y nos ayudaron en todo.


 

 

De Noceda de Rengos a la Corte: La maestría del vidriero Joaquín López en el Madrid de 1824

La historia de la emigración canguesa a Madrid evoca con frecuencia las figuras de los esforzados mozos de cuerda, comerciantes o aguadores que poblaron las calles de la capital. Sin embargo, los archivos históricos nos revelan a veces trayectorias de un éxito artesanal y técnico sobresaliente. Es el caso de Joaquín López, un joven natural de Noceda de Rengos (parroquia de San Esteban, concejo de lo que entonces se denominaba Cangas de Tineo), que en el convulso verano de 1824 logró el codiciado título de Maestro en el Gremio de Vidrieros y Hojalateros de Madrid.

A través de su expediente original de examen, fechado el 19 de julio de 1824, podemos reconstruir no solo los exigentes pasos que este cangués tuvo que dar para triunfar en la Villa y Corte, sino también obtener una precisa radiografía física y personal de nuestro paisano.


Un cangués en el Madrid absolutista

Sello fiscal real del año 1824 y título del expediente de examen de Joaquín López en el Gremio de Vidrieros y Hojalateros de Madrid.

Sello oficial de 40 maravedís del reinado de Fernando VII y encabezado del expediente de examen de Joaquín López (19 de julio de 1824).

El examen de Joaquín López no tuvo lugar en un momento cualquiera. En 1824, España vivía los inicios de la llamada «Década Ominosa». Tras el fin del Trienio Liberal, el rey Fernando VII había restaurado con mano de hierro las viejas estructuras del Antiguo Régimen, lo que incluía la obligatoriedad de pertenecer a los gremios para poder abrir cualquier negocio o taller público.

Para un asturiano en Madrid, el proceso era un auténtico desafío legal y económico. Ante los veedores y examinadores del gremio —los maestros Benito Sánchez y Antonio Gutiérrez—, Joaquín tuvo que demostrar primero una conducta política intachable, el cumplimiento de los años obligatorios de duro aprendizaje en un obrador y, por supuesto, su filiación.

El escribano del rey, Francisco Villacampa, registró con minuciosidad la identidad del aspirante en un papel timbrado de 40 maravedís: un mozo soltero, de 31 años de edad, natural de Noceda de Rengos (Obispado de Oviedo). Para evitar fraudes o usurpaciones en una época sin fotografías, el documento nos regala su filiación física exacta:

“Estatura algo menos de cinco pies, enjuto de rostro, color trigueño, nariz regular, pelo y cejas negro”.

📋 Ficha personal de Joaquín López (Traducida a nuestros días)
• Edad y estado: 31 años y soltero.
• Estatura: Algo menos de 1,40 metros.
• Complexión facial: De cara delgada, magra y facciones muy marcadas.
• Tono de piel: Moreno claro o trigueño.
• Cabello y cejas: De color negro.
• Nariz: De proporciones normales o corrientes.

Una curiosidad quijotesca: Resulta llamativo comprobar cómo el escribano real recurre a la expresión exacta «enjuto de rostro» para retratar las facciones de nuestro paisano de Noceda. Es el mismo y célebre adjetivo que utilizó Miguel de Cervantes en el arranque de su obra cumbre para definir físicamente al hidalgo manchego («friso de los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro…»). Toda una descripción literaria para un artesano del suroccidente asturiano.

Texto manuscrito de 1824 que certifica que el artesano Joaquín López es natural de Noceda de Rengos en el concejo de Cangas de Tineo.

Detalle del manuscrito donde se lee la procedencia del artesano: natural de Noceda de Rengos, concejo de Cangas de Tineo, así como su descripción física.


La prueba de fuego: Una obra maestra de vidrio y hojalata

Para recibir la «carta de maestrazgo», Joaquín López tuvo que enfrentarse a un severo examen práctico en el que debía demostrar el dominio absoluto tanto del soplado y corte del vidrio como de la forja ligera de metales. Los examinadores le ordenaron ejecutar una obra compleja y sumamente específica:

“…una vidriera de cruz sencilla con una greca alrededor, y cruz en medio y un farol regular arrimado de tres vidrios con su respaldo y cubierta de oja de lata…”

Diseñar la estructura, ajustar el emplomado de la vidriera circular con motivos geométricos y soldar herméticamente un farol de tres caras de hojalata requería una destreza impecable. El resultado fue un éxito rotundo: el acta certifica que el joven cangués ejecutó el encargo “con la mayor perfección a satisfacción de los otorgantes” y respondió sin dudar a todas las preguntas teóricas del exigente tribunal.


El derecho a abrir «tienda pública»

Tras efectuar el preceptivo juramento de ejercer el oficio “bien y fielmente sin dolo ni fraude alguna”, Joaquín López recibió la plenitud de derechos del gremio. La certificación le otorgaba la facultad de «poner y tener tienda pública con oficiales y aprendices», no solo en Madrid, sino en cualquier otra ciudad o villa de los reinos de España.

Aunque el documento no especifica la calle exacta donde se instaló, la tradición de este oficio en el Madrid de la época nos orienta inevitablemente hacia los barrios gremiales del centro de la capital, en el entorno de la Plaza Mayor y la castiza calle de Latoneros, donde los talleres asturianos despachaban faroles, vidrieras y vajillas de metal a toda la población.

Firmas de los maestros examinadores Benito Sánchez, Antonio Gutiérrez y el escribano real Francisco Villacampa en Madrid, julio de 1824.

Cierre del documento con las firmas manuscritas de los maestros examinadores Benito Sánchez y Antonio Gutiérrez, y la validación del escribano real Francisco Villacampa.

Apenas doce años después de este examen, en 1836, los gremios serían disueltos definitivamente en España por las leyes liberales, abriendo paso a la libre industria. Sin embargo, las firmas de Benito Sánchez, Antonio Gutiérrez y el sello real de 1824 quedan hoy como testimonio impreso del esfuerzo, el talento técnico y el espíritu emprendedor de un paisano de Noceda de Rengos que dejó su huella artesanal en la historia de la capital de España.


 

Colección documental de José Luis Ferreiro Blanco (siglos XV–XX)

El «Tous pa Tous» ha sido el motor fundamental detrás de la recuperación y puesta en valor de la Colección Documental de José Luis Ferreiro Blanco que aquí presentamos. Dicha asociación gestionó el depósito íntegro de este importante fondo histórico en el Archivo Municipal de Cangas del Narcea y coordinó el exhaustivo inventario y organización archivística que permiten, por primera vez, conocer su alcance real. Culminada esta fase de trabajo, iniciamos ahora una nueva etapa centrada en la difusión pública de este valioso patrimonio documental, acercándolo a investigadores, centros educativos y a toda la ciudadanía interesada en la historia del concejo.


 

La colección documental de José Luis Ferreiro Blanco (siglos XV – XX) en el Archivo Municipal de Cangas del Narcea

Juaco López Álvarez
Presidente del Tous pa Tous

 

José Luis Ferreiro con su hermana Mª Teresa y Ruth M. Anderson en Cangas del Narcea, mayo de 1925. Fotografía de Alfred Anderson. Fuente: The Hispanic Society of America.

José Luis Ferreiro Blanco (Cangas del Narcea, 1903 – Gijón/Xixón, 1936) estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, donde se licenció en 1929. Desde muy joven se interesó por las antigüedades, el arte popular, la genealogía y la documentación histórica. Por vía materna descendía de diversas familias hidalgas del occidente de Asturias y del norte de León. Recopiló una cantidad ingente de documentación de los siglos XV al XX perteneciente a esas familias y a importantes instituciones como el monasterio de San Juan Bautista de Corias, asimismo consultó numerosos archivos buscando información para elaborar múltiples genealogías de familias asturianas. Fue fusilado en septiembre de 1936, durante la Guerra Civil, en el Gijón republicano.

Su trágica muerte, con 33 años de edad, truncó un riguroso trabajo en los campos de la genealogía, el arte popular y la historia asturianas. Fue una persona muy respetada por los mejores historiadores asturianos del momento, como Julio Somoza (Gijón, 1848-1940), cronista oficial de Gijón y Asturias, y Juan Uría Riu (Oviedo, 1891 – 1979), así como por genealogistas y etnógrafos españoles, como el marqués de Ciadoncha y Luis de Hoyos respectivamente. Todos ellos le solicitaron ayuda e información. Participó activamente en la Exposición del Traje Regional (Madrid, 1925), el primer Congreso Internacional de Artes Populares (Praga, 1928) y el primer Congreso Internacional de Genealogía y Heráldica (Barcelona, 1929), que fueron tres hitos en cada una de esas materias. Dejó inéditas numerosas genealogías de familias de la nobleza asturiana, hechas a partir de un gran acopio de información tomada en multitud de archivos, que son un ejemplo de un rigor excepcional. Él mismo salvó numerosa documentación histórica, que sin su «afición a los papeles» se hubiese perdido sin remedio por la dejadez de las instituciones y la sociedad del momento. Demostró su capacidad para la investigación y su manejo de documentación inédita en un extenso artículo que escribió en 1923 sobre la historia del monasterio de Corias, que se publicó al año siguiente en cuatro números de la revista Covadonga, con el título «Breves apuntes sobre el Monasterio de San Juan de Corias».

Tras su fallecimiento sus padres, Celestino Ferreiro Lougedo y María Blanco Flórez-Valdés, vecinos de la villa de Cangas del Narcea, heredaron sus posesiones, entre ellas la documentación de esta colección, que posteriormente pasó a manos de una de sus hermanas, Matilde Ferreiro Blanco, y recientemente a una sobrina, María Teresa González Ferreiro, quien, tras las gestiones llevadas a cabo por el «Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País», decidió depositarla en el Archivo Municipal de Cangas del Narcea para su conservación, estudio y difusión.

José Manuel Collar, Mercedes Pérez, Jonathan Álvarez y Juaco López el día de la recepción de la colección documental en el Archivo Municipal de Cangas del Narcea, 2024.

El «Tous pa Tous» encargó a Jonathan Álvarez Díaz la realización de un inventario de la colección documental de José Luis Ferreiro Blanco, así como su organización en archivadores. Esta labor se llevó a cabo con la colaboración de Marta Veiga Fontaniella, archivera del Archivo Municipal de Cangas del Narcea, y de Mercedes Pérez Rodríguez, Alberto Cachón Antón y Juaco López Álvarez, del «Tous pa Tous». Este inventario es el que ahora ponemos a disposición de todo el mundo en la web del «Tous pa Tous». De este modo, las personas interesadas tienen a su disposición una herramienta para conocer el contenido de la colección y hacer búsquedas fácilmente.

La colección está formada por unos cuatro mil documentos de los siglos XV al XX guardados en cincuenta archivadores. La documentación procede en su mayor parte de los concejos de Cangas del Narcea, Tineo, Allande, Grandas de Salime y Laciana. Asimismo, están los numerosos y documentados árboles genealógicos de familias asturianas que realizó José Luis Ferreiro, y el conocido como «Armorial de Cangas del Narcea», un excepcional manuscrito de la segunda mitad del siglo XVII en que se describen las armas o escudos heráldicos de las más importantes casas asturianas, siguiendo la obra de Tirso de Avilés: «Sumario de armas y linajes de Asturias», escrita en 1590. Este armorial, a diferencia de los otros manuscritos que se conservan de este autor, es el único que está ilustrado con setenta dibujos coloreados de esos escudos. Esta obra se publicará próximamente en edición facsímil por KRK Ediciones con la colaboración del «Tous pa Tous».

José Luis Ferreiro Blanco en Oviedo, h. 1932. Col.: Mª Teresa Glez. Ferreiro.

Durante las últimas décadas del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX la mayor parte de las familias de la nobleza asturiana se deshicieron de sus patrimonios. Los archivos que guardaban celosamente en sus palacios o casonas dejaron de tener el interés estratégico de antaño, cuando toda la documentación se clasificaba con sumo cuidado porque en esos papeles estaban los derechos y títulos de propiedad de la familia En consecuencia, aquellos papeles dejaron de cumplir su función, y muchos archivos se desperdigaron y destruyeron. Es en ese tiempo donde Ferreiro Blanco tuvo un papel fundamental. Gracias a su interés y a su parentesco con varias casas señoriales de Cangas del Narcea, Tineo y Laciana consiguió hacerse con archivos muy completos o restos de varios de esos fondos. La familia fue fundamental en esta tarea. Era nieto por parte de su madre de Saturnino Blanco de Valle Buelta-Lorenzana y María Teresa Flórez-Valdés y Uría, que era hija de Antonio Flórez-Valdés Rodríguez del Calello, de la casa de Carballo, y María Uría del Riego, de la casa de Uría de Santulaya. Por eso, en su colección está la documentación de las siguientes casas: Uría (Santulaya, Cangas del Narcea), que comprende también las casas de Miravalles, Sierra de Pambley y del Río o Riego, de Tuña; Flórez Valdés (Carballo, Cangas del Narcea), que incluye las casas de Bimeda, Marrón y Rodríguez el Prieto, de Cangas del Narcea, la casa de Carballedo (Allande) y la del Calello (Salas); Blanco del Valle (Regla de Naviego, Cangas del Narcea) y Buelta-Lorenzana (Puebla de Las Rozas, Laciana, León). También se hizo con restos de los archivos de la casa de Omaña, de Cangas del Narcea, y del monasterio benedictino de San Juan de Corias, así como numerosos padrones de hidalgos del siglo XVII de Grandas de Salime, de donde procedía su familia paterna, otro de Allande de 1607 y mucha documentación más.

El valor de esta documentación para conocer la historia de Cangas del Narcea y el occidente de Asturias es muy grande. Hay que recordar que, lamentablemente, el archivo municipal de Cangas del Narcea conserva muy poca documentación. Fue destruido en 1808 por el ejército francés durante la Guerra de la Independencia y en los años sesenta del siglo XX, el propio ayuntamiento tiró a la basura la mayor parte de la documentación del siglo XIX: padrones de habitantes, libros de reemplazos del servicio militar, libros de la contribución industrial, algún libro de actas de los plenos municipales, también proclamas, circulares, reales provisiones, correspondencia, la documentación del concejo de Leitariegos, que se incorporó a Cangas del Narcea en 1924, etc.

Firma fechada en enero de 1927, perteneciente al recopilador de la colección, José Luis Ferriro Blanco.

El «Tous pa Tous» se felicita por este trabajo de recuperación de patrimonio cultural, que es el resultado de la colaboración de la propietaria de la colección, María Teresa González Ferreiro, el Ayuntamiento de Cangas del Narcea y nuestra sociedad. Gracias a esta colaboración, entre un particular, una administración pública y una asociación cultural, se ha recuperado esta valiosa colección de documentación, que a partir de ahora se pone a disposición de investigadores y personas interesadas.

Por último, toda esta labor es un homenaje a José Luis Ferreiro Blanco y a su «amor a la memoria de su pueblo», Cangas del Narcea. En 1938, su tío Fernando Blanco Flórez-Valdés, en una necrología dedicada a él, escribió:

Su amor a la memoria de su pueblo quedó bien patentizado coleccionando, restaurando y reproduciendo cuadros, esculturas, escudos nobiliarios, pergaminos, en fin, todo aquello que pudiera enaltecer el nombre de Cangas del Narcea, antiguo Cangas de Tineo, villa, que en expresión del padre Luis Alfonso de Carballo, «es en este país el centro y el corazón de la más alta nobleza». Dejó inéditos varios trabajos genealógicos y en preparación otros que no logró terminar, siendo muy difícil que pueda ser sustituido en una labor propia más bien de un monje benedictino, que de un joven animoso y jovial como él era.


El Inventario

El Inventario de la Colección Documental de José Luis Ferreiro Blanco permite consultar de manera ordenada los más de 4.000 documentos que integran este conjunto. Cada pieza o agrupación documental está descrita con su signatura, fechas extremas, temática y un resumen de contenido, facilitando así el acceso a investigadores, genealogistas, historiadores y público interesado en la historia local.

📄 Descargar inventario completo (PDF):


Galería Fotográfica de la Colección Documental de José Luis Ferreiro Blanco

La siguiente galería reúne una selección de imágenes representativas de la Colección Documental de José Luis Ferreiro Blanco, un fondo excepcional que conserva manuscritos, árboles genealógicos, armoriales, legajos y documentos familiares producidos entre los siglos XV y XX.

Estas fotografías muestran no solo la riqueza material del archivo —su caligrafía, soportes, encuadernaciones y símbolos heráldicos—, sino también el proceso de conservación y organización que ha permitido su clasificación y difusión.

📷 Traslado y organización de la colección

1. Traslado de la colección documental
Cajas con documentación histórica durante el proceso de traslado previo a su incorporación al Archivo Municipal de Cangas del Narcea. Muestran el estado inicial del fondo antes de su organización.
2. Materiales depositados en el Archivo Municipal
Imagen de las cajas archivadores que contienen la colección documental ordenada.
3. Documentación en origen
Una pequeña muestra del conjunto de documentos y legajos.

📷 Manuscritos, correspondencia y piezas singulares

4. Correspondencia manuscrita (siglo XIX)
Carta del 3 de diciembre de 1820, redactada a pluma sobre papel verjurado, de Rafael del Riego, desde Cangas del Narcea, al “Ciudadano Sr. Alcalde Constitucional” de Cangas del Narcea, Antonio Flórez Valdés, aceptando “gustosísimo” el mando del cuerpo de voluntarios de Cangas del Narcea que le solicitan los integrantes de ese cuerpo.


5. Manuscritos encuadernados con documentos insertos.
Conjunto de escrituras y notas añadidas a lo largo del tiempo, con inserción de un folio manuscrito sobre otro documento anterior. Ejemplo del modo en que se conservó y reutilizó la documentación en las casas familiares del occidente asturiano.

📷 Genealogías y árboles familiares

6. Árbol genealógico de la Casa de Sierra de Xarceley (Cangas del Narcea), hecho por JL Ferreiro Blanco


7. Árbol genealógico de la Casa Llano–Flórez (Besullo, Cangas del Narcea), hecho por JL Ferreiro Blanco


8. Árbol genealógico de la Casa de Llano de la Plaza (Cangas del Narcea), hecho por JL Ferreiro Blanco


9. Árbol genealógico de la Casa de Bimeda (Cangas del Narcea), h. 1795


📷 Ilustraciones heráldicas

10. «Armorial de Cangas del Narcea», siglo XVII
Dibujos con las Armas de Coques y Carballos y Armas de Sierra y Llamas, pintadas a mano dentro de marcos ornamentales propios de repertorios heráldicos del período.

Escudos 61 y 63 de armas del «Armorial de Cangas del Narcea», siglo XVII


Un documento singular. El título de Grandeza de España otorgado por Isabel II a José María Queipo de Llano, VII conde de Toreno, en 1838

Francisco de Borja Queipo de Llano, actual conde de Toreno y socio del «Tous pa Tous», nos envía este documento de su casa que es muy singular por la caligrafía, orlas y miniaturas pintadas. Es el título que certifica la Grandeza de España de Primera Clase que la reina Isabel II y en su nombre su madre María Cristina de Borbón, reina gobernadora, le concede a José María Queipo de Llano Ruiz de Saravia, VII conde de Toreno, el 7 de noviembre de 1838.

La grandeza de España es la máxima dignidad de la nobleza española en la jerarquía nobiliaria. Está situada inmediatamente después del príncipe de Asturias y de infante de España. Es una prerrogativa real que se concede a un título nobiliario, aunque también puede otorgarse a una persona.

José María Queipo de Llano (Oviedo, 1786 – París, 1843) fue un destacado político y escritor. Tuvo una vida intensa y llena de vicisitudes. Recibió una educación muy esmerada. Hablaba inglés, francés e italiano. Con 21 años formó parte de la embajada que envía la Junta General del Principado de Asturias a Londres con el fin de solicitar ayuda para luchar contra Napoleón. Es diputado por Asturias en las Cortes de Cádiz y participa muy activamente en las discusiones de las que sale la Constitución Española de 1812. Defensor de las ideas liberales, en 1814 se exilia tras la deriva absolutista impuesta por Fernando VII. Vive en Londres y París. Vuelve en 1820 con el Trienio Liberal provocado por el levantamiento de Rafael Riego y en 1823 volverá a exiliarse. Se establece en París, viaja por Europa y escribe una exhaustiva historia de la Guerra de la Independencia: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (Madrid, 1835-1837). En 1833, regresa a Madrid y, después de la muerte de Fernando VII, participa en los primeros gobiernos del reinado de Isabel II: ministro de Hacienda (1834), y presidente del Consejo de ministros y ministro de Estado (1835). Fueron años muy difíciles con el inicio del estado liberal y la primera guerra carlista. Entre 1834 y 1843 fue elegido repetidas veces diputado a Cortes por Asturias. Sus tres últimos años de vida los pasó viajando por Europa y recorriendo lugares para escribir una historia de los reyes de la Casa de Austria. Murió en París. Él fue el primer conde de Toreno que no nació en Cangas del Narcea, ni fue enterrado en la cripta familiar de la colegiata de Santa María Magdalena de esta villa.

En 1838, José María Queipo de Llano recibe la Grandeza de España como reconocimiento a sus servicios a la reina Isabel II. El título es un esmerado manuscrito encuaderno en rustica, que tiene 24 páginas y mide 30,5 x 21,4 cm. Llaman la atención en este documento las miniaturas que adornan las páginas en la parte superior y, especialmente, en la inferior, que contienen dibujos de gaitas cruzadas y escenas de bailes asturianos en las que aparece el gaitero acompañando a los danzantes.

Es un detalle que confirma la vinculación de este conde con Asturias, pues a pesar de haber pasado casi toda su vida exiliado en Francia, viajando por Europa y residiendo en Madrid, mantuvo un nexo muy fuerte con la tierra de sus antepasados. Esta relación con Asturias la mantendrán sus descendientes, que desde diferentes cargos políticos en Madrid velarán por los intereses de Asturias y, en especial, de los vecinos del concejo de Cangas del Narcea. Algunos de sus últimos gestos fueron la donación de un solar para levantar el Teatro Toreno en la calle Mayor de Cangas del Narcea en 1925 y de una tierra para construir la escuela de La Regla de Perandones (Cangas del Narcea). Asimismo, la Universidad de Oviedo recibirá en 1940 el legado de la valiosa biblioteca, integrada por unos diez volúmenes de los siglos XVII al XIX, formada por José María Queipo de Llano y su hijo Francisco de Borja, hecho por Álvaro Queipo de Llano, IX conde de Toreno, que dejó escrito en su testamento, otorgado en 1927, que la biblioteca fuese entregada a dicha universidad «en recuerdo de sus dos citados antepasados, teniendo en cuenta el cariño que ambos tuvieron siempre a la provincia de Asturias, de donde procedía la casa de los Queipo». Más adelante, la misma Universidad de Oviedo recibirá la donación del archivo de la Casa de los Queipo, que es una fuente de información valiosísima para conocer la historia de Cangas del Narcea y Asturias.


Manuscrito de la Grandeza de España del Conde de Toreno (1838)

 


 

Un documento histórico. Carta de privilegio otorgada por Felipe IV concediendo a Álvaro Queipo de Llano el título de Conde de Toreno (1659)

Francisco de Borja Queipo de Llano, conde de Toreno y socio del «Tous pa Tous», nos ha enviado para su difusión un documento que posee su familia desde 1659. Es un documento que tiene para él, para su casa y para la historia de Cangas del Narcea una gran importancia, y es, además, un documento de gran belleza. Se trata de la carta de privilegio, fechada el 13 de octubre de 1659, en la que el rey Felipe IV otorga a Álvaro Queipo de Llano y Valdés, vecino de Cangas del Narcea, el título de conde de Toreno. Es la primera vez que se publica este histórico documento.

Álvaro Queipo de Llano Valdés (Cangas del Narcea, 1599 – Madrid, h. 1660) ostentaba desde 1657 el título de vizconde de la villa de Matarrosa, pero Felipe IV quiso «hacer más merced, y honrar y sublimar vuestra persona y casa», y le concedió el título de conde de Toreno.

La misma carta señala las razones de esta merced y honra, así como lo que trae consigo esta concesión:

«[…] y teniendo consideración a la calidad y antigüedad della [de la casa de los Queipo], y a los muchos, particulares y señalados servicios que vuestros predecesores han hecho a mi Real Corona en paz y en guerra, y a los que Don Fernando Queipo de Llano y Valdés, vuestro tío, que fue presidente del mi Consejo y arzobispo de Granada, me hizo, y a los que vos me habéis hecho en diferentes empleos de mi servicio, de que me hallo en entera satisfacción. Mi voluntad es que el dicho título que tenéis de vizconde de Matarrosa se subrogue en el de conde de Toreno, para que ahora y de aquí adelante, vos y los sucesores que fuesen de vuestra casa, perpetuamente para siempre jamás, os podáis llamar e intitular, y os llameis e intituléis, llamen e intitulen, y os llamo e intitulo CONDE DE TORENO. Y por esta mi carta encargo al Serenísimo Príncipe Don Phelipe, mi muy caro y muy amado hijo, y mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricoshombres, Priores de las Ordenes, Comendadores y Subcomendadores, Alcaides de los castillos, Presidentes y Oidores de las mis audiencias, Alcaldes Alguaciles de la mi Casa, Corte y Chancillerías, y a todos los Concejos, Corregidores asistentes, Gobernadores, Alcaldes mayores, Alguaciles, Merinos, Prebostes y a otros qualesquier mis Jueces y Justicias y personas de qualquier estado, condición o dignidad que sean mis vasallos, súbditos y naturales, así a los que ahora son, como los que serán de aquí adelante, perpetuamente para siempre jamás, y a cada uno y qualquier dellos, que os hayan y tengan, llamen e intitulen así a vos, el dicho Don Álvaro Queipo de Llano y Valdés, vizconde de Matarrosa, como a los que fuesen poseedores de la dicha vuestra Casa, condes de Toreno. Y os guarden y hagan guardar, a vos y a cada uno dellos, las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, exenciones, preeminencias, ceremonias y otras cosas que se guardan a los otros Condes que hay en estos mis reinos; todo bien y cumplidamente, sin faltaros cosa alguna».

En la carta se mencionan los «señalados servicios» que Álvaro Queipo de Llano Valdés y sus predecesores hicieron al rey, y se cita en especial a su tío don Fernando Queipo de Llano y Valdés (Cangas del Narcea, 1575 – Madrid, 1639), que había fallecido veinte años atrás. Don Fernando fue una persona destacada en el reinado de Felipe IV: presidente del Consejo de Castilla entre 1633 y 1639, inquisidor de Barcelona, Zaragoza y Toledo, obispo de Teruel y arzobispo de Granada. Fue el fundador de la colegiata de Cangas del Narcea y el único asturiano que retrató el pintor Diego Velázquez.

Tío y sobrino fueron dos relevantes miembros de la «tribu asturiana» de los Valdés de Cangas del Narcea, que en unión de sus parientes los Queipo de Llano, dominaron, según Janine Fayard en Los miembros del Consejo de Castilla (1621-1746), la administración española en el siglo XVII y parte del XVIII.

El primer conde de Toreno, según la «Línea y descendencia de los señores Queipos de Llano» formada por Simón Miguel Vigil en 1822, sirvió a la corona como «Gentilhombre de la Boca del Rey; Mayordomo del serenísimo infante cardenal D. Fernando, hijo de Felipe III; alférez mayor del Principado de Asturias; corregidor de Granada año de 1637, donde levantó mil hombres que condujo a Badajoz para la Guerra de Portugal en 1640; corregidor de Madrid en 1643, desde donde tuvo que volver a Granada enviado del rey a sosegar a aquella ciudad, que amotinada había desechado al corregidor y Justicia, poniéndola el pueblo, y consiguió la tranquilidad luego que volvió a ejercer dicho empleo. Desde Granada volvió a ser corregidor de Madrid, y en el año de 1655 entró en suerte por la parroquia de San Martín de aquella villa, para procurador de las Cortes. En el nacimiento del príncipe Don Felipe prospero, besó la mano al Señor Rey Don Felipe IV en diciembre de 1647». Se casó dos veces con matrimonios muy ventajosos para su casa. El primero en 1635 con Ana Mauricia de Lugo y Mendoza, de la casa de Lugo de la ciudad de Sevilla, y el segundo con Inés de Zúñiga Trejo y Valdés, señora de Valparaíso y sobrina del cardenal Gabriel de Trejo, que fue presidente del Consejo de Castilla en 1627». Álvaro Queipo de Llano, primer conde de Toreno, murió siendo gobernador de Málaga.

Desde 1659 se han sucedido doce condes de Toreno, que han tenido un papel muy importante en la historia del concejo y la villa de Cangas del Narcea.

La carta de concesión del título de conde de Toreno está integrada por cinco páginas y encuadernada en pergamino. Formaba parte del archivo de la casa de los Queipos, legajo 32 núm. 2, que estaba en el palacio del conde de Toreno en Cangas del Narcea. En el siglo XIX, con el traslado de residencia de los condes a Madrid, se sacó del archivo. Siempre estuvo en poder del titular del condado de Toreno.

Por otra parte, el archivo del conde de Toreno que antes estaba en Cangas del Narcea, actualmente se conserva en el Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo y el que estaba en Madrid se halla en el Archivo Histórico Nacional (Sección Nobleza) en Toledo. Los dos fueron donados a ambas instituciones por el XI conde de Toreno.


Carta de Privilegio de Felipe IV a Álvaro Queipo de Llano (1659)

66 años después: así fue la histórica crecida del Narcea y Luiña

La riada de 1959

Mercedes Pérez

Las tertulias de verano en las terrazas de Cangas del Narcea son entrañables puntos de encuentro entre quienes viviendo fuera gran parte del año regresan a su tierra natal y quienes aquí residimos. Por supuesto, uno de los temas recurrentes de conversación es el pasado cangués. En una de esas, Fernando Marrón Jaquete sacó unas fotos del archivo familiar con una fecha escrita por la parte de atrás: 26-27 de diciembre de 1959. Se trataba de una gran crecida de los ríos Luiña y Narcea, la que derribó la presa que alimentaba la central hidroléctrica del «Prao del Molín».

Durante el mes de diciembre de 1959 se sucedieron grandes temporales de lluvia, viento y nieve en las cumbres que azotaron todo el noroccidente de España. El semanario Eco de Luarca ya en el ejemplar del día 20 titulaba «Amargura en el occidente asturiano» por las graves inundaciones que habían asolado especialmente a Navia y Trevías. Relata el artículo: «La noche del viernes día 11, como no se conocía desde hace más de medio siglo, las aguas con furia, con arrollador ímpetu y en cantidad incontenible en su cauce normal, desbordándose de madre, inundan para convertir en gran lago las ricas y fértiles vegas de Brieves, Trevías, Ranón y Canero».

En Galicia, León, Zamora y Burgos, se registraron cortes ferroviarios (en las líneas Coruña-Palencia, Zamora-Orense, Ponferrada-Villablino), de carreteras, puentes rotos (Vega de Espinareda, Cacabelos, Villalibre, Igüeña, Garrafe de Torío, Cabanillas), se paralizaron las obras de la central de Compostilla II, se inundaron explotaciones mineras por el crecimiento del río Tremor en Matarrosa del Sil, se derrumbó uno de los cubos de la muralla de Lugo, cortes del suministro eléctrico, fincas de labor inundadas, pueblos aislados y viviendas desalojadas. Y lo peor, fallecimientos como en el municipio de Puente Candelas (Pontevedra) donde la socavación de los cimientos de una casa provocó su derrumbamiento resultando muertas dos mujeres, una de veinte años y otra de dieciocho.

La prensa de Asturias se hace eco de la situación en Cangas del Narcea. La Nueva España, el domingo día 27, incluye en la portada un artículo titulado «Inquietud en Cangas del Narcea por el desbordamiento de los ríos Narcea y Luiña»:

«Desde primera hora de la noche del día 24 está lloviendo sin interrupción en la zona de Cangas del Narcea, donde el temporal de viento es intensísimo.
Los ríos Narcea y Luiña, que se unen en las proximidades de la villa [en la villa], crecen constantemente y en la tarde de ayer habían arrastrado las estacadas de la central eléctrica de Luiña, amenazando con inundar la planta e incluso con anegar los barrios bajos de Cangas.
Desde luego, la avenida es mucho más impresionante que las dos habidas en los pasados dos días y ello ha producido viva inquietud en el vecindario que tiene tomadas todas las precauciones del caso.
Nuestro camarada Manuel Álvarez Cosmen, que nos facilita estas noticias, añade que los pueblos de Brañas de Arriba y Brañas de Abajo, enclavados en el puerto de Leitariegos, han tenido que ser evacuados por sus vecinos, ante el temor del derrumbamiento de la montaña (…). En el primero de estos pueblos, una avalancha de tierra ha provocado el hundimiento de la iglesia y el cementerio.
Se halla cortada la carretera de Ponferrada a La Espina, y son numerosos los desprendimientos de tierras que obstruyen el paso por otras vías de comunicación».

Y añade la situación en Belmonte, con otro dato interesante:

«La temperatura alta de estos días está originando un fuerte deshielo en los montes nevados alrededor de Belmonte, que junto con las persistentes lluvias de estos últimos días han causado una fuerte crecida del río Pigüeña, que salió de su cauce, inundando por completo el pueblo».

El martes 29, el mismo periódico en la página 4, titula «El noventa por ciento de los caminos vecinales de Cangas del Narcea destruidos por las aguas»:

«Después de mes y medio de lluvia y viento, hoy no ha llovido y, gracias a ello, se ha podido establecer un cómputo de los daños originados por el temporal. (…) El alcalde [José Flórez Sierra] ha llegado a los pueblos de Naviego, Palacio de Naviego y Regla de Naviego donde el desbordamiento del río Luiña [Naviego] se ha llevado los puentes (…) En la carretera de Ponferrada a La Espina y en el Km 62, cerca del Otero, un desprendimiento desde la cima de la montaña hasta el río, se ha llevado la carretera. Se da el caso de que el contratista de obras de Vegameoro, don Valentín Rodríguez para poder salvar este descomunal argayu, ha tenido que ascender hasta la cima del monte y bajar a coger otra vez la carretera un kilómetro más abajo. La carretera de Cangas a Oviedo también está llena de dificultades. Como dato comparativo se pone de relieve aquí que esta vez ha rebasado en medio metro la señal de la máxima riada de 1958 en la central eléctrica de Cangas que esta vez ha sufrido graves daños».

La tragedia sucedió en Naviego donde fallecieron una chica de 16 años y un niño de 9, el padre quedó muy mal herido. Lo recuerda el periódico digital elDiario.es en un artículo publicado el 24 de diciembre de 2019, con motivo del sesenta aniversario de las grandes inundaciones: «dos muertos en la casa de Cucharín en Naviego, por una avalancha de nieve que destruyó la casa». Parece que había nevado copiosamente, luego subieron las temperaturas propiciando un deshielo parcial a lo que sucedió una nueva nevada. Estos episodios de corrimientos de tierra son estudiados en un artículo del Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles que incluye un caso muy interesante en Folgueraxú en 1888.

Han pasado 66 años desde aquella gran riada, pero algunos cangueses aún la recuerdan con nitidez. Las escasas viviendas de la calle Pelayo —conocidas entonces como las casas de Agosto, Paniagua, don Felipe y Maleta— formaban una especie de anfiteatro natural sobre el río, separadas de su cauce únicamente por las huertas. Los vecinos estaban habituados al rumor constante del Luiña, pero la noche anterior el sonido se intensificó por el violento arrastre de piedras. El día 26, con una temperatura inusualmente alta para la época, algunos curiosos se asomaban a las ventanas para ver lo que llevaba el río, resultaba muy entretenido, y se comentaba de una ventana a otra, entonces se escuchó: «ahí baja un árbol de punta», «¡es enorme!», «¡eso no lo aguanta la presa!», «¡va a romper la presa!». Y el muro de la presa se rompió. Recuerda Adela la de Agosto, entonces recién casada y que aún vivía en casa de su padre, el gran estruendo provocado por algunos árboles de la orilla del río que volcaban con raíces y todo. Parte de las huertas de Juaco «El Fraile» y de Paniagua fueron arrastradas por el agua; la de Maleta resultó afectada en menor medida, al encontrarse más alejada de la presa. La riada también se llevó por delante una caseta de la huerta de Juaco, y las viviendas más próximas al río acabaron anegadas.

A partir de entonces, la central hidroeléctrica del «Prao del Molín» dejó de funcionar. El cese de su actividad tuvo varias consecuencias para Cangas del Narcea. Una de ellas, que hoy consideraríamos un efecto colateral, fue la pérdida de uno de los espacios de baño más apreciados por los vecinos. Tanto la presa como el embalse «El Palenque» proporcionaban muchos metros de piscina natural donde exhibían sus habilidades excelentes nadadores y nadadoras. La interrupción del suministro eléctrico afectó a calles y hogares, la gente se iluminaba con la luz titilante de candiles y velas. En ese contexto, llamó especialmente la atención la iluminación eléctrica de la Fonda Universal, en la calle Mayor, donde Antonio Campo «Fonda», huésped y familia de quienes regentaban el establecimiento, instaló dos baterías de camión para dar luz al comedor en la cena de Nochevieja, convirtiéndose esto en una curiosidad comentada en la villa.

En diciembre de 1960, el Ayuntamiento de Cangas del Narcea solicitó al Estado una ayuda para canalizar el Narcea a su paso por la villa. Las obras se ejecutaron mediante la construcción de un muro y varios espigones de hormigón armado. Los restos de estas estructuras aún son visibles en la actualidad, incluso después de las obras realizadas en 2003 y de intervenciones posteriores. La canalización de principios de los años 60 cerró el paso directo del río por el primer ojo secundario o de avenida del llamado «Puente Romano». Un cierre que se mantiene hasta hoy y que las obras actuales en la calle de los Puentes no modifican, al tratarse de actuaciones calificadas como de «embellecimiento del casco histórico», ajenas a la hidrodinámica del río.

Cabe preguntarse cómo resistirían hoy una riada similar a la de 1959 tanto el llamado «Puente Romano» como su entorno inmediato, una zona que, según el Visor del Sistema Nacional de Zonas Inundables, figura como área con riesgo de inundación.

El puente presenta un importante socavamiento en la parte derecha de su ojo principal y los ojos de avenida se encuentran inutilizados. En caso de una fuerte crecida, el agua podría llegar a circular por el primero de estos ojos, pero tendría serias dificultades para reincorporarse al cauce del río.

En mi opinión, resulta imprescindible estudiar en detalle el alcance del socavamiento y adoptar, si fuera necesario, las medidas correctoras oportunas, así como modificar el sistema de drenaje del primer ojo de avenida. Conviene recordar que durante las riadas el río no solo transporta agua; dada la actual abundancia y tamaño de los árboles en las riberas no sería difícil que alguno se atravesara al pasar bajo el puente, cosa que ya vieron los cangueses y contra lo que luchaban con las garruchas, dirigiendo los troncos para que pasasen bien el ojo del puente, en ocasiones hacían turnos incluso durante la noche. Al menos en una ocasión un tronco se atravesó y tuvieron que cortarlo descolgándose desde el pretil, unos dicen que fue un joven del pueblo, otros que un guardia civil.

Desde hace años gozamos de un tiempo bastante benigno y las grandes riadas nos parecen cosas de otros lugares, pero la naturaleza es impredecible y muy potente.

 

1905.- Primer ojo de avenida o secundario del ‘Puente Romano’ con acceso directo al río. Colección de Juaco López Álvarez.


La presa de la central hidroeléctrica, antes molino harinero, y El Palenque en el río Luiña. Ediciones y reportajes gráficos ‘Fotomely’. Colección Juaco López Álvarez.


27 de diciembre de 1959.- El muro de hormigón de El Palenque destruido. A la izquierda las casas de la calle Pelayo. Colección familia Marrón Jaquete.


27 de diciembre de 1959. Colección familia de Marrón Jaquete.


27 de diciembre de 1959. Colección familia de Marrón Jaquete.


27 de diciembre de 1959. Colección familia de Marrón Jaquete.


27 de diciembre de 1959. Colección familia de Marrón Jaquete.


Diciembre de 1959.- Colección Manuel Álvarez Rodríguez-Arango.


Vista aérea de la villa de Cangas del Narcea el 18 de abril de 1984. Se aprecian los espigones de la canalización de principios de los 60. Fotografía de FOAT. Col. Museo del Pueblo de Asturias.


16 de setiembre de 2003.- Obras en el Narcea destruyendo parcialmente los espigones de la canalización de principios de los 60.


15 de octubre de 2017.- Durante el estiaje se aprecia la socavación del puente en el lado derecho del ojo principal.

11 de diciembre de 2025.- Obras en la plaza de salida del primer ojo secundario o de avenida del «Puente Romano» donde se aprecia la falta de comunicación con el río.


 

Cinco paisanos nuestros en el Madrid de 1836: un padrón que cuenta historias

En septiembre de 1836, en pleno reinado de Isabel II y en un Madrid que crecía como centro político y comercial, encontramos este documento que registra a cinco paisanos nuestros, originarios de Las Cuadriellas de Villaláez, Villarmental, Cobos, Sorrodiles de Cibea y Las Tiendas, en el concejo de Cangas de Tineo (hoy Cangas del Narcea). Este padrón nos permite asomarnos a la vida de los emigrantes asturianos en la capital en el siglo XIX.

El documento

Fecha: 18 de septiembre de 1836
Lugar: Madrid, Demarcación 1ª, Barrio de Moriana, Calle de la Abada, número 21 nuevo, número 15 antiguo, manzana 364.
Procedencia: Todos los registrados son naturales de pueblos del actual concejo de Cangas del Narcea.

 

La segunda hoja del documento aclara su finalidad: debía servir para el alistamiento militar, la llamada “quinta” ordenada por decreto del 26 de agosto de 1836, en plena Primera Guerra Carlista. El texto menciona las penas previstas en la Real Ordenanza para quienes incumplieran y añade que, si el interesado no sabía firmar, lo harían dos convivientes a su ruego.

Lista de nuestros paisanos

  • Antonio Fernández Díez, 43 años, soltero, natural de Las Cuadriellas, mozo de cuerda, residente 23 años.
  • Manuel Rodríguez, 28 años, soltero, natural de Villarmental, farolero, residente 11 años.
  • Bentura Martínez, 26 años, soltero, natural de Cobos, mozo de cuerda, residente 5 años.
  • Andrés Berdasco, 27 años, casado, natural de Sorrodiles de Cibea, mozo de cuerda, residente 5 años.
  • Francisco González, 32 años, casado, natural de Las Tiendas, mozo de cuerda, residente 6 meses.

Oficios y contexto social

Los trabajos mencionados reflejan la realidad de muchos emigrantes asturianos en Madrid:

  • Mozo de cuerda: Encargado de transportar cargas pesadas por la ciudad, usando cuerdas para sujetar los bultos. Era un oficio muy físico y mal remunerado, habitual entre emigrantes rurales sin recursos.
  • Farolero: Responsable de encender, apagar y mantener los faroles de alumbrado público, que en aquella época funcionaban con aceite o gas. Era un empleo más estable, ligado al Ayuntamiento.

Estos oficios eran esenciales para la vida urbana y muestran cómo los asturianos se integraban en la economía madrileña, empezando por trabajos humildes y, en algunos casos, accediendo a empleos más seguros.

¿Cómo vivían nuestros paisanos?

El padrón indica que los cinco estaban censados en la misma vivienda: el cuarto bajo en el patio. Esto nos habla de las condiciones de vida de los emigrantes asturianos en Madrid: espacios modestos, probablemente en casas de corredor o corralas, donde se compartían habitaciones para abaratar costes. Esta convivencia reforzaba la solidaridad entre paisanos y les permitía afrontar juntos la dureza de la emigración.

La calle de la Abada y el barrio de Moriana

La calle de la Abada, que hoy conecta la Gran Vía con la plaza del Carmen, era ya en el siglo XIX parte del entramado céntrico de Madrid, próximo a la Puerta del Sol. El barrio de Moriana era una demarcación administrativa histórica, hoy desaparecida, que agrupaba varias manzanas en esta zona comercial y residencial.

Gracias a herramientas como Map Viewer, podemos ubicar el antiguo barrio en el contexto actual.

Significado histórico

Este padrón no es solo una lista de nombres: es testimonio de la emigración interna asturiana, la búsqueda de oportunidades y la capacidad de adaptación en un Madrid en transformación. Nos habla de hombres jóvenes que dejaron sus aldeas para ganarse la vida en la capital, y que con esfuerzo lograron integrarse en la vida urbana.

Si quieres saber más sobre la emigración canguesa y asturiana en Madrid a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, visita la entrada: Del Paseo del Prado de Madrid al valle de Cangas del Narcea en 1789, y ya en torno al cambio del siglo XIX al XX: De Cerveiriz a Madrid para ser aguador y sereno.

Cangas en la sombra del poder: el destino de Quevedo

Retrato de Fernando de Valdés y Llano pintado por Velázquez ca. 1640. The National Gallery de Londres.

En los pasillos del poder y los silencios de la historia, hay nombres que se pronuncian poco, pero que decidieron mucho. Uno de ellos es el de Fernando de Valdés y Llano, nacido en Cangas de Tineo —hoy Cangas del Narcea—, y protagonista oculto de uno de los episodios más oscuros en la vida del gran Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, 1645).

Acababa de comenzar el mes de diciembre de 1639. Quevedo, ya enfermo y desgastado por años de sátira y política, fue arrestado en Madrid y enviado al convento de San Marcos de León, donde pasaría más de tres años en prisión. Este convento, perteneciente a la Orden de Santiago —de la que Quevedo era caballero— fue elegido por estar lejos de Madrid y por tratarse de un lugar discreto y controlado, ideal para una prisión de carácter político y secreto. El motivo de su encarcelamiento sigue envuelto en misterio, pero lo que ahora sabemos con certeza es que la orden fue firmada por Fernando de Valdés y Llano, entonces Presidente del Consejo de Castilla y Arzobispo de Granada.

La carta, fechada el 6 de diciembre de 1639, fue redactada con la frialdad burocrática de quien conoce los engranajes del poder. En ella, Valdés y Llano no menciona el nombre del preso —por tratarse de un secreto de Estado—, pero organiza con precisión su traslado a León, donde debía ser recibido sin preguntas ni resistencia.

Durante muchísimos años, se pensó que el autor de la misiva fue Martín Carrillo de Alderete, concuñado de Quevedo. Pero investigaciones de finales del siglo XX, como las del profesor James O. Crosby, han demostrado que el verdadero artífice fue Valdés y Llano, como se documenta en La última prisión de Quevedo: documentos atribuidos, atribuibles y apócrifos (La Perinola, nº 1, 1997).

Veinticuatro días después, el 30 de diciembre de 1639, Fernando de Valdés y Llano fallecía en Madrid, dejando tras de sí una vida de influencia política y eclesiástica, y una decisión que marcaría para siempre la biografía de Quevedo.

Vista panorámica en cuatro tomas del convento de San Marcos en León. Anónimo-Fotógrafo- Fecha: 1860-1870. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado.

Francisco de Quevedo, junto con Luis de Góngora, con quien mantuvo una intensa rivalidad literaria, es considerado uno de los más grandes poetas de la literatura española. Su obra abarca desde la sátira más feroz hasta la poesía metafísica más profunda, y su estilo —agudo, barroco, mordaz— sigue fascinando a lectores y estudiosos.

Pintado por Velázquez probablemente antes del año 1639. El original se perdió y la pintura que aquí vemos es una de las tres copias hechas por sus colaboradores.

Desde su celda en San Marcos, Quevedo escribió memoriales al Conde-Duque de Olivares y al rey Felipe IV, en los que se quejaba de su situación con una mezcla de dignidad y desesperación. Hablaba de sus heridas, de la falta de cirujano, del frío, de la injusticia. “No me falta para muerto sino la sepultura”, escribió.

En sus cartas, confesaba que “el horror de mis trabajos ha espantado a todos”, y que su salud y su hacienda habían sido consumidas por los rigores de la prisión. A pesar de ello, nunca reveló por escrito el nombre de su delator, ni se permitió caer en la vulgaridad de la venganza.

Tras salir de prisión en 1643, Quevedo se retiró a Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real. Allí, en el Convento de los Dominicos, murió el 8 de septiembre de 1645, a los 64 años. En la celda donde falleció aún se conserva la cama y un soneto escrito por él mismo, en el que se despide de la vida con la serenidad de quien ha vivido intensamente.

Valdés y Llano no fue solo un hombre de Estado. En su tierra natal, Cangas del Narcea, dejó huella profunda. Mandó construir la Colegiata de Santa María Magdalena, donde levantó una suntuosa capilla para su descanso eterno. Aquí yace, entre piedra y silencio, el hombre que firmó el destino de Quevedo.

Con este artículo he querido rescatar la figura de Fernando de Valdés y Llano (Cangas del Narcea, 1575 – Madrid, 1639), no para juzgarla, sino para comprenderla. Fue un cangués que alcanzó las más altas cumbres del poder, y que, desde allí, tomó decisiones que marcaron la vida de uno de los más grandes escritores de nuestra lengua.

Porque, parafraseando al inolvidable cangués Mario Gómez Marcos, la historia de España también se escribe desde Cangas, y porque en muchos rincones de nuestra villa y concejo hay ecos de mujeres y hombres que, como Valdés y Llano, supieron dejar su marca en el tiempo.


 

La Cerámica de Llamas del Mouro: Un viaje a través del tiempo

PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN «LA CERÁMICA DE CANGAS»
(Casa de cultura de Cangas del Narcea, 24 de marzo de 2025)

Juaco López Álvarez
Presidente del «Tous pa Tous

 

Sala de entrada a la exposición en la Casa de Cultura «Palacio de Omaña»

Esta exposición sobre la cerámica de Llamas del Mouro, o cerámica de Cangas del Narcea, es algo que teníamos en mente en el «Tous pa Tous» desde hace tiempo. La alfarería de Llamas tiene que ser un orgullo para los cangueses, pues aquí, en nuestro concejo, se mantiene un centro alfarero activo, el último de Asturias, en manos de personas jóvenes e innovadoras. No sé puede pedir más.

Este año era el indicado para hacer esta exposición. Por una parte, es el año en que el «Tous pa Tous» cumple cien años, se fundó en diciembre de 1925, y por otra, el año pasado Raúl Mouro recibió el Premio Nacional de Artesanía. Había llegado el momento de celebrar ambos acontecimientos mostrando su obra en casa y también enseñanado la cerámica negra de Llamas del Mouro a los propios cangueses.

Sala Sillaso: Muestra de la obra de Raúl Mouro, premio nacional de artesanía 2024

El cometido de las exposiciones que el «Tous pa Tous» ha hecho en esta casa de cultura es mostrar a los cangueses su propia historia, que a menudo es una gran desconocida. En estos últimos años hemos realizado las exposiciones siguientes: la prensa en Cangas del Narcea; las madreñas de escarpín; Mario Gómez; José F. Uría del Riego; la escultura de Amador; la escultura románica de la Virgen y el Niño de la parroquia de Las Montañas; el cuadro devoto de la Virgen del Acebo de 1710… Son exposiciones que buscan enseñar la variedad y la riqueza de nuestro patrimonio cultural.

Un patrimonio que a estas alturas de la historia debería contar con un espacio en el que se expusiera de manera permanente una selección de objetos, documentos, fotografías, etc., que explicasen el pasado del concejo de Cangas del Narcea y la vida de los cangueses. Que sirviera, además y sobre todo, para fomentar el conocimiento y el respeto del pasado entre los vecinos y los turistas, como sucede en otros muchos lugares. Es cierto, que nuestro concejo ha perdido una cantidad ingente de su herencia cultural. La última gran perdida es la panera de la casa rectoral de Riegla de Cibea de 1651, que era de la misma época que la colegiata de Cangas y anterior al palacio del conde de Toreno. Pero también es una realidad que todavía queda mucho patrimonio en el concejo y por eso esta exposición se ha hecho solo con piezas antiguas que están en Cangas del Narcea, sin recurrir a colecciones de afuera. La mayoría son propiedad del alfar de Llamas del Mouro y algunas pertenecen a la colección de José Álvarez Cabezas, de casa Santiaguín de Santiago de Sierra.

Fotografías de Ruth M. Anderson de la cerámica de Llamas del Mouro en mercados de Cangas y Tineo en 1925. Colección: The Hispanic Society of America.

La sociedad tradicional canguesa estaba sustentada por unos oficios artesanales que eran imprescindibles para su funcionamiento: carpinteiros, madreñeiros, cesteiros, texedoras, ferreiros, canteiros (aunque estos solían venir de Galicia) y xarreiros o alfareros.

En 1991, José María G. Azcarate y yo publicamos un artículo en la revista Ástura (n.º 8, págs. 78-81) sobre el inicio de la cerámica de Llamas del Mouro, donde demostrábamos que una numerosa familia de alfareros de Miranda de Avilés se había asentado en este pueblo en los primeros años del siglo XIX. La familia estaba integrada por los padres, Manuel de Avila y Josefa Nuevo, y ocho hijos e hijas. Una de la hijas, Manuela de Avila, estaba casada con un alfarero de Miranda: Domingo Muñiz. Un nieto de este matrimonio fundará en los primeros años del siglo XX el Comercio Muñiz en la villa de Cangas del Narcea y en 1932 comprará este palacio en el que estamos, que sus hijas venderán mucho después al ayuntamiento. Era gente emprendedora.

Esta familia de alfareros se integró rápido en el pueblo de Llamas y en la parroquia de Samartín de Sierra, como se sabe por los matrimonios de sus hijos e hijas, y le fue bien, porque cuando mueren los padres asisten a su entierro cinco sacerdotes, y eso es un signo de que su situación económica era desahogada.

Teniendo en cuenta que en el catastro del marques de la Ensenada de 1752 no figura censado ningún alfarero en Llamas del Mouro (en Miranda de Avilés aparecen censados unos 40), dimos por supuesto que esta industria alfarera había comenzado en este lugar con esta numerosa familia.

Pero se nos escapó un dato. En ese catastro don Diego de Sierra Salcedo, vecino de Valladolid, y dueño del palacio de Llamas del Mouro, declara ser propietario de una «hollera», es decir, un horno para cocer ollas o xarros de cerámica, sita en dicho lugar de Llamas del Mouro, a la que regula «de utilidad anual cinco ducados vellón». No había olleros (alfareros), pero si una ollera. Fuimos a buscar una respuesta al Archivo Histórico de Asturias, a ver si encontrábamos algún dato que aclarase esta situación. Buscamos en las escrituras notariales del siglo XVIII. Y en ellas encontramos varios contratos de alfareros de Miranda de Avilés con el dueño del palacio para alquilar la ollera y poder cortar rozo en el monte para utilizarlo como combustible del horno. Eran contratos para cocer cerámica durante los meses de verano. Los más antiguos que hallamos eran de comienzos del siglo XVIII. Es decir, desde esos años venían alfareros de Miranda de Avilés a trabajar a esta zona de Asturias, en la que no había ningún centro alfarero y donde sus habitantes empleaban recipientes de madera para comer y contener alimentos, y calderas de cobre y hierro para cocinar. Esta documentación escrita coincide con las conclusiones de una excavación arqueológica efectuada en 2014 en el fornu de Casa Celista en Llamas del Mouro por Alfonso Fanjul y Leticia Tobalina, en la que apareció un primer taller cerámico datado por carbono 14 en 1710, que continuo hasta el primer tercio del siglo XX («Alrodiu l’aniciu y desendolcu de la cerámica de L.lamas del Mouru, Cangas del Narcea. Excavaciones arqueolóxiques en Ca Celista»,  Asturies, 36, 2016, págs. 68-75).

La relación de los alfareros con los dueños del palacio de Llamas del Mouro abarcaba también al barro que necesitaban para trabajar. Conocemos tres contratos firmados entre ambas partes «para sacar barro con que trabajar en las fabricas de alfarería» en el prado de Las Barreras propiedad del palacio. Son de 1854, 1871 y 1886, y ofrecen información de interés. Solo mencionar que en el primero aparecen seis alfareros vecinos del Mouro, Llamas y Baldelaforca; en el segundo, son nueve, entre ellos dos mujeres: Josefa Ávila Rodríguez y Bárbara de la Granda Rodríguez, y en el tercero, once, cuyos nombres son los siguientes: Joaquín Ovies, María Ávila, Bernardo Parrondo, Lisardo Rodríguez, Francisco Ovies, José Muñiz, Bernardo Ávila y Marcelino Suárez, de Llamas, y Aniceto Rodríguez, Antonio Ávila y Bárbara de la Granda, de Bruelles.

¿Por qué vendrían alfareros de Miranda de Avilés a Llamas del Mouro? No lo sabemos. Una hipótesis probable, viendo esta relación con el palacio de Llamas, es que los Sierra trajesen a comienzos del siglo XVIII unos alfareros para fabricar tuberías o caños para construir una traída de agua para su palacio. Sabemos que en esos años el palacio sufrió una importante reforma y también se sabe que la producción de caños era una de las especialidades de los alfareros de Miranda de Avilés, que en la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo del XVII suministraron la totalidad de las tuberías para las conducciones de agua de Avilés, Oviedo y Gijón, porque las que ellos fabricaban eran las de mejor calidad.

Los alfareros de Miranda de Avilés, según José Manuel Feito (Cerámica tradicional asturiana, Madrid, 1985, pág. 164), dejaron de trabajar hacia 1910. Terminó con ellos la competencia de las fábricas de loza de Gijón, fundada en 1874, y San Claudio, de 1901, y la de recipientes de hierro esmaltado y fundido de Laviada S. A., en Gijón, que fabricaban a precios económicos ollas de todo tipo, cuencos, botijos, jarras, platos, etc.

La cerámica de Llamas supero esta primera crisis. Estaba en un lugar mal comunicado, y en un entorno rural muy poblado que todavía consumía cacharros de cerámica. Además, los alfareros supieron adaptarse a los tiempos y comenzaron a fabricar piezas nuevas para nuevos usos que demandaban los habitantes de las villas, como huchas y, sobre todo, diversos tipos de macetas para plantas, de las que fabricaron miles para vender en los mercados de Cangas del Narcea, Tineo (donde las fotografió Ruth M. Anderson en 1925), Salas o Luarca.

Sala Llamas: Verónica Rodríguez, alfarera de Llamas del Mouro y Mercedes Pérez, comisaria de la exposición.

Pero según avanzaba el siglo XX la situación para la alfarería iba a peor. Cada vez hacían menos falta los xarros de Llamas y a finales de los años sesenta el número de alfareros quedó reducido a uno: Jesús Rodríguez Garrido. Jesús concentró en su persona todas las cualidades de un buen artesano: se adaptó a nuevas necesidades y nuevos gustos (piezas exclusivamente decorativas y piezas de encargo); supo resistir y transmitir el oficio a sus hijos (en un tiempo en que lo habitual era emigrar a la ciudad o ir a trabajar a la mina), y comprendió el valor que tenían las piezas antiguas para venderlas a los coleccionistas y también para guardarlas él mismo y poder estudiar y conocer el trabajo de sus antecesores. El resultado de su labor es la permanencia del oficio en sus hijos: Marcelino y Manuel, y en sus nietos: Verónica y Raúl, que son, de momento, los últimos alfareros de Llamas del Mouro. Esta exposición es también un reconocimiento a su trabajo y resistencia.


 

Los perdedores que se hicieron a la mar. Censo de cangueses evacuados en octubre de 1937

Ramón García Piñeiro (Sotrondio, 1961), coautor del libro Los olvidados de 1937. El exilio republicano asturiano, Ed.: TRABE, 2024, nos envía para su publicación el siguiente estudio en el que presenta un censo de cangueses que abandonaron la región por mar durante la Guerra Civil española, con la entrada del bando nacional en Cangas del Narcea el 22 de agosto de 1936 y la posterior caída del frente republicano el 21 de octubre de 1937, cuando las tropas nacionales completaron la ocupación de Asturias.


 

 

El Regimiento de Cangas de Tineo y la apasionante historia de Pedro del Tronco

El Regimiento de Infantería de Cangas de Tineo, cuya historia ha sido rescatada por el historiador José Luis Calvo en un libro que publica el Instituto Bances y Valdés.

El Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés ha editado una nueva publicación del académico don José Luis Calvo Pérez, que se presentará en el Club La Nueva España (Oviedo) con ocasión de la semana del Desarme, el próximo 16 de octubre a las 18.00 horas, y posteriormente en Cangas del Narcea el sábado 26.

Siempre es buen momento para rememorar las hazañas de los asturianos que lucharon contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Dentro de la contienda cobra especial relevancia el Regimiento de Cangas de Tineo, cuya historia ha sido rescatada por el historiador José Luis Calvo en este libro.

Un grupo de valientes sin formación militar

El Regimiento se formó el 28 de junio de 1808 para luchar contra los franceses que avanzaban hacia el Suroccidente de Asturias durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Eran un grupo de soldados que partieron al frente, en su mayoría, sin ningún tipo de formación militar y provistos con sus herramientas de trabajo en el campo, pero que llegaron a ser reconocidos por sus gestas y actuaciones en las batallas.

La apasionante historia de Pedro del Tronco

Castillo de Tineo, derribado definitivamente en 1912. La fotografía está sacada de un cristal estereoscópico de Celso Gómez Fdaz-Argüelles que data del 1 de septiembre de 1910. Colección: Álvarez Pereda.

Entre el casi millar de voluntarios que formaron el Regimiento destacó especialmente la figura de Pedro del Tronco, natural de Dagüeño, parroquia de Mieldes (Cangas del Narcea, Asturias). En 1809, fue capturado por las tropas del general francés Gautier y ejecutado en el castillo de Tineo, ubicado en la actual plaza de Las Campas. Allí se le recuerda con una cruz tallada sobre un bloque de piedra en el que se puede leer la inscripción: «Aquí murió Pedro del Tronco en defensa de la patria».

Pedro del Tronco, quien el 10 de marzo de 1811 fue reconocido por las Cortes Generales españolas como héroe de la patria, recibió un homenaje el pasado 10 de marzo en su pueblo, Dagüeño. En esta ocasión, se colocó una placa para recordar quién había sido: «El pueblo de Dagüeño a su vecino Pedro del Tronco, fusilado en la villa de Tineo a manos del invasor francés. Héroe de la patria reconocido por las Cortes Generales de España, el 10 de marzo de 1811».


 

El Fuejo y Obanca en 1752, cuando las construcciones se cubrían con paja

Primera página de la relación de bienes de Ares José de Omaña en el concejo de Cangas del Narcea, 1752.

En 1752 se llevó a cabo en muchas regiones de España el conocido como catastro del marqués de la Ensenada. Cada vecino tenía que declarar todas sus propiedades y los ingresos por sus actividades. Hoy, es una fuente de información muy valiosa para conocer el siglo XVIII. Lamentablemente, las respuestas que dieron los vecinos del concejo de Cangas del Narcea desaparecieron en 1808 cuando los franceses quemaron el archivo municipal. Hemos tenido la suerte de encontrar en la colección documental reunida por José Luis Ferreiro Blanco una copia de la declaración que entregó don Ares José de Omaña, dueño de la casa de Omaña, de los bienes que tenía en el concejo de Cangas del Narcea.

La casa de Omaña era dueña en este concejo de casas, hórreos, molinos, tierras, viñas, brañas y pueblos enteros. Entre estos últimos estaban el lugar de El Fuejo y el sitio de Obanca, ambos de la parroquia de Santa Marina de Obanca, que los Omaña llevaban en foro perpetuo otorgado por el monasterio de San Juan de Corias, que era el propietario del dominio directo. El señor de Omaña pagaba cada año a los benedictinos veinte cántaras (313 litros) de vino tinto  y una hemina (48,43 litros) de trigo por El Fuejo, y cuatro heminas de centeno y otras cuatro de trigo por Obanca. Y él a su vez cobraba unas pingües rentas a los tres vecinos de El Fuejo: Manuel González, Diego Tejón y Juan de Antón, y al único que vivía en Obanca: Antonio Coque. Los tres primeros pagaban de renta anual: 16 heminas de trigo y otras 16 de centeno, seis jamones, dos carneros o doce reales por cada uno, dos cerdas o dieciséis reales por cada una, y la cuarta parte de la uva que vendimiaban. Comparando esta renta con la que pagaba el Omaña a los monjes de Corias por este mismo lugar, se comprende bastante bien que la pobreza del campesinado asturiano no era la consecuencia de una tierra montañosa y lluviosa, sino el resultado de una renta abusiva por parte de los terratenientes.

La declaración también ofrece una información muy valiosa para conocer las características de El Fuejo y Obanca a mediados del siglo XVIII: los limites geográficos; las construcciones que había: casas terrenas, hórreos, bodegas y un molino de cuatro muelas, todas ellas cubiertas de paja de centeno; la clase de tierras labrantías, prados y árboles, así como sus productos (trigo, centeno, mijo, maíz, habas, yerba, castañas, manzanas, peros1Peru, palabra asturiana, ‘variedad de manzana pequeña, dura y muy sabrosa’., nisos2Nisu, palabra asturiana, ‘ciruela pequeña y negra’., cerezas, nueces, higos, moras), y las rentas que pagaban. Mención especial ocupan las viñas. En El Fuejo estaba el formal3Terreno donde se agrupan varias viñas, normalmente de pequeño tamaño. de Trigales, que ocupaba una superficie de 45 hombres de cava (8.010 m2), por el que sus llevadores pagaban «la cuarta parte del fruto que producen» y en Obanca había una viña, «que se dice también de Obanca», de siete hombres de cava (1.246 m2) que pagaba «en uva la mitad del fruto que diese».

El Fuejo ocupaba una superficie de 515,37 áreas y el espacio se repartía de la manera siguiente: el 28% se dedicaba a monte de castaños bravos; 26% a tierra de cultivo de cereales (trigo, centeno y maíz) y habas; 15% tierra brava de ínfima calidad que se sembraba cada veinte años con centeno y mijo; 13% de viñedo; 8% de prados para yerba; 2% de árboles frutales y 8% que ocupaban edificios, peñas y matorrales infructíferos. Por el contrario, Obanca era sobre todo un gran prado de regadío, «de dar yerba de guadaña», de 125,7 áreas, y su principal actividad era la industria molinera que funcionaba con un molino hidráulico de cuatro muelas que aprovechaba las caudalosas aguas del río Narcea.

El Fuejo y Obanca, situados en la periferia de la villa de Cangas del Narcea, al otro lado del río Narcea, se mantuvieron hasta los años sesenta del siglo XX como espacios rurales con unas características similares a las que aparecen en esta declaración de bienes de Ares José de Omaña (ver fotografías 1 y 2). Sin embargo, a partir de 1970 cambiarán considerablemente, en especial El Fuejo. Este lugar, con la construcción del Puente Nuevo a fines del siglo XIX y, en especial, con el puente colgante en 1973, quedó unido a la villa y fue urbanizado en su totalidad. Obanca, en cambio, solo fue urbanizado en parte con un polígono industrial y dos centros de enseñanza, que se construyeron en el extremo norte de su territorio, y todavía hoy puede vislumbrarse el Obanca de 1752 en la casa de Coque, apellido que después de 250 años sigue vinculado a este lugar.

A continuación transcribimos la relación de los bienes de la casa de Omaña en El Fuejo y Obanca en 1752. Hemos hecho una transcripción actualizada para facilitar su lectura, y entre corchetes ponemos algunas equivalencias al sistema métrico decimal de las antiguas medidas: vara (0,835 m), hemina (48,43 l), cántara (15,6 l), día de bueyes (12,57 áreas) y hombre de cava (178 m2).

 

El Fuexo

El lugar del Fuexo es por entero del mencionado don Ares según se deslinda por el  oriente con el río de Narcea; por el mediodía con tierra de bravo de don Pedro Velarde; al poniente con tierras de dicho don Pedro y de don José Alfonso, vecinos de esta villa, y al norte con el arroyo que se dice de Trigales.

Dentro de cuyos términos hay tres casas de habitación, que la una se compone de portal, cocina, corte4 Cuadra. para los ganados, pajar y una bodega, tiene de frente dieciocho varas y ocho de fondo [15 x 6,60 m]. Las otras dos [casas] están unidas, que se componen de dos portales, dos cocinas, dos cortes para los ganados y sus dos pajares, tiene de frente cuarenta y cuatro varas y ocho de fondo [36,75 x 6,60 m]. Y todas se componen de piedra, madera y su techo de paja. Más [hay] dos bodegas que la una tiene ocho varas de frente y seis de fondo [6,70 x 5 m], la otra siete de frente y seis de fondo [5,9 x 5 m], que su artefacto y cubierta es de lo mismo que las casas. Más [hay] un orrio con cuatro pies de madera cubierto también de paja […].

El territorio que hay dentro de los dichos términos son cuarenta y un días de bueyes [515,37 áreas], de los que doce son de tierra labrantía, los ocho de mediana calidad y los cuatro de ínfima; los de mediana calidad dan trigo, centeno, habas y maíz alternando, y los de ínfima, centeno, habas y maíz alternando, y todos ellos sin descanso. Cuatro días [de bueyes] de prados, los tres de mediana calidad que se riegan con el agua del arroyo que baja de Trigales en tiempo de invierno, de verano son secanos, dan yerba de guadaña y algo de pación de otoño; el otro [día de bueyes] de ínfima calidad de secano, que solo da yerba de guadaña. Siete días [de bueyes] de tierra brava de ínfima calidad, que dan centeno y mijo de veinte en veinte años según costumbre. Trece días de bueyes de monte de castaños bravos de ínfima calidad; un día de bueyes que ocupan los peros, manzanos, nisos, cerezos y nogales. Cuatro días [de bueyes] que ocupan el casco del lugar, peñas y matorrales infructíferos. Más hay un formal5Conjunto de viñedos de diferentes propietarios. de viña que se dice de Trigales de cuarenta y cinco hombres de cava [8.010 m2] de ínfima calidad, cepada según costumbre.

Cuyas casas, bodegas, orrio, tierras, montes y lomas expresados dentro de dicho término llevan en arrendamiento Manuel González, Diego Tejón y Juan de Antón, caseros y habitantes en dichas casas, y pagan de renta en cada un año treinta y dos heminas de trigo y centeno por mitad, seis perniles, dos carneros o doce reales por cada uno, que es el precio en que están puestos así en este lugar como en todos los demás, [y] dos marranas o diez y seis reales por cada una. Todo esto lo pagan por la hacienda expresada, y por las viñas [pagan] la cuarta parte del fruto que producen.

Y todo lo referido dicho lugar con sus términos lo lleva el expresado don Ares por foro perpetuo del monasterio de San Juan de Corias por [el] que paga en cada un año veinte cántaras [313 l] de vino tinto y una hemina de trigo [48,43 l].

 

Obanca

El sitio de Obanca es del mencionado don Ares Joseph de Omaña según se deslinda por el oriente y mediodía con el río de Narcea, por el poniente y norte con cierro de viña quintera del monasterio de Corias, dentro de cuyas demarcaciones hay una casa de habitación cubierta de paja que se compone de portal, cocina, bodega o cuarto terreno y corte con su pajar para los ganados, y unida a ella hay otra con cuatro molares harineros que muelen con el agua de dicho río Narcea, que una y otra tienen veinticuatro varas de frente y ocho de fondo [20 x 6,70 m] hechas de piedra y madera con su techo de paja. Más un orrio con cuatro pies de madera cubierto de paja junto a dicha casa. […]

Más hay dentro de dichas marcaciones un día de bueyes de tierra labrantía de mediana calidad que un año da centeno, otro habas y maíz sin descanso; más un prado de diez días de bueyes [125,7 áreas]de mediana calidad, que se riega con el agua que sale para dichos molinos, de dar yerba de guadaña pación de primavera y otoño, y a las márgenes de dicho prado y sitio hay veinte castaños, cincuenta nisales6Nisal, ‘ciruelo de fruta pequeña y negra’., veinte cerezos, cuatro nogales, seis manzanos, dos higueras [y] un moral. Que a la orilla del río que baña dicho prado hay cien omeros7Omero, umeiro, ‘aliso’..

Por cuya tierra y prado y más arboleda si se arrendase dieran de renta en cada un año trescientos reales, y aunque Antonio Coque, llevador de dicha casa, molinos y sitio, según va deslindado, paga de renta en cada un año catorce heminas de centeno [678 l], seis de trigo [290,58 l] y seiscientos y sesenta reales en dinero es por estar de cargo de dicho don Ares costear y mandar hacer las muelas, rodeznos y canales, componer las expresadas casas y orrio, como también en el fuerte o estacada para sacar el agua a dichos molinos y prado, que uno y otro, por ser el río tan caudaloso de aguas, tiene de costo el expresado don Ares para su manutención más de seiscientos reales de vellón en cada un año.

Más tiene junto a dicho término una viña, que se dice también de Obanca, de mediana calidad, poblada según costumbre, de siete hombres de cava [1.246 m2], linda por el oriente con viñas de Andrés y Joseph Pertierra, por el mediodía y poniente con camino servidero y por el norte con arroyo que baja del lugar de Santa Marina, la que también lleva el referido Antonio Coque a medias, pagando en uva la mitad del fruto que diese, y así esta viña como el sitio de Obanca, según va deslindado, lo lleva el expresado don Ares por razón de foro perpetuo por el que paga al dicho monasterio de San Juan de Corias, según constará de su respectiva relación, ocho heminas de trigo y centeno, por mitad, en cada un año.


 

El P. Luis Alfonso de Carballo SJ (1571-1635) en los escribanos del concejo de Cangas del Narcea: documentación inédita sobre su primera etapa

El presente artículo incluye la transcripción de varios documentos extraídos de las escribanías del concejo de Cangas del Narcea en los que se contiene inédita información sobre el P. Luis Alfonso de Carballo SJ, famoso literato asturiano. El interés de esta documentación es extraordinario, toda vez que permite perfilar aspectos ya acreditados de su trayectoria y, sobre todo, arroja nuevos datos que hasta el momento permanecían desconocidos, máxime por pertenecer estos a su etapa canguesa.

Este artículo que ahora subimos a la Biblioteca Digital del Tous pa Tous fue publicado en el Boletín de Humanidades y Ciencias Sociales del RIDEA, 196 (2022): 79-122.



 

Muyeres de Cangas del Narcea 1907-1940. Retratos fotográficos de Benjamín R. Membiela.

Inauguración de la exposición «Muyeres de Cangas del Narcea 1907-1940. Retratos fotográficos de Benjamín R. Membiela», de la asociación «Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País» en la Casa de Cultura «Palacio de Omaña» de Cangas del Narcea.

La profesora Mercedes Pérez fue la encargada de presentar la muestra que cuenta con 200 retratos, con especial protagonismo de mujeres, solas y con niños o rodeadas de toda la familia, realizadas por Benjamín R. Membiela, el primer fotógrafo profesional que abrió estudio de modo estable en el concejo asturiano de Cangas del Narcea, concretamente, en su casa de Corias, hoy deshabitada, un mágnífico lugar, próximo al Parador Nacional, para instaurar un museo dedicado a este fotógrafo y en general a la fotografía canguesa.

Cangas del Narcea en el siglo XVIII

De la Geografía Moderna, escrita en francés por el Abad Nicollé de la Croix. Traducida y aumentada con una Geografía Nueva de España, por el Doctor don Josef Jordan Frago, doctoral de la Real Capilla del Convento de la Encarnación de esta Corte. Madrid, MDCCLXXIX.

CANGAS DE TINEO: Villa de 383 personas, y cabeza del Concejo de su nombre, con Señorío de otras jurisdicciones, distante como un quarto de legua del Monasterio de Corias, de la Congregación de San Benito; está situada sobre el río Narcea, que unido al llamado Coto en el puente, riega toda la campiña de Mediodía á Norte, la qual produce trigo, centeno, maíz, vino para el consumo, frutas admirables; y si se ingertasen los acebuches, de que hay mucha abundancia, quizá darían aceyte mas que para el gasto de los naturales. En los prados hay bastante ganado vacuno, caballar y lanar, caza mayor y menor; el queso, manteca, pescados de sus ríos son especiales. Las calles están empedradas, y hay tres plazas, una Iglesia Colegiata, que es la Parroquia, un Convento de Monjas, Hospital, cinco Casas-Palacios de buena arquitectura, dos excelentes paseos bien arboleados. Se tiene por cierto, que en el distrito del Concejo de esta Villa hay canteras de amianto, conocida de los naturales con el nombre de piedra Quemona; y también cristal de roca, que llaman los del país vulgarmente, diamantes.



 

Vestido de paisana de Cangas de Tineo, 1918

Ficha de la fotografía del ‘Arxiu Mas’ (Archivo Mas).

Adolf Mas Ginestà (Solsona, 1860 – Barcelona, 1936) se formó como fotógrafo en Barcelona a finales del XIX. En 1901 funda un primer establecimiento de venta de material fotográfico que se convertiría, unos años más tarde, en el «Estudio de Fotografía A. Mas», antecesor del «Arxiv Mas».

Muy cercano a los círculos artísticos de la época, entre sus clientes habituales destacan instituciones nacionales como es el caso del Instituto de Estudios Catalanes, la Junta de Museos de Barcelona, el Centro de Estudios Históricos de Madrid e internacionales como la Hispanic Society of America, la Frick Art Reference Library, el Metropolitan Museum, la Harvard University, etc.

Después de la Guerra Civil, el Archivo Mas fue adquirido, en 1941, por Teresa Amatller. Este hecho permitió la supervivencia del mismo, incorporándolo así a la colección del Instituto Amatller de Arte Hispánico (Barcelona).

La fotografía que protagoniza esta entrada pertenece al Archivo Mas y fue realizada por Adolf Mas en 1918, en Cangas de Tineo (Asturias), que una década después pasaría a denominarse Cangas del Narcea.

Vestido de paisana. Cangas de Tineo, Asturias, 1918. Fotografía de Adolf Mas perteneciente al Archivo Mas (colección del Instituto Amatller de Arte Hispánico).

Mediante inteligencia artificial (IA) la hemos coloreado para ver si el resultado coincidía con la descripción de su ficha: «Vestido de paisana. Dengue de seda negra y franja encarnada. Falda verde o encarnada con dibujos negros. Delantal seda negra. Justillo de terciopelo negro. Madreñas», y este es el efecto obtenido:


 

La primera librería de Cangas del Narcea

El primer establecimiento comercial de este tipo en Cangas, lo abrió el matrimonio formado por Enrique Smets y Lucía Fernández Mesa «Luz de Campa». Él era belga y ella de Cangas del Narcea. Se conocieron y casaron en París, donde ella trabajaba de doncella de una aristócrata; vivían en el n.º 77 del bulevar Grenelle, muy cerca de la Torre Eiffel.

En 1932 ó 1933 se instalaron en Cangas. Con ellos vino su hijo Paul, de 12 años de edad y nacido en París. Este matrimonio abrirá en la villa la primera librería de su historia. Estaba en un bajo del viejo ayuntamiento, situado en la calle Mayor esquina con la calle de la Iglesia (hoy del médico Rafael Fernández Uría). Cuando se derribó este edificio en 1951, la librería se trasladó a la plaza del notario Rafael Rodríguez donde después la regentó su hijo Paul.

Un socio del «Tous pa Tous» nos ha enviado el sello que acompaña esta nota, de aquella Librería Narcea, impreso en un libro de Armando Palacio Valdés editado en 1946. Durante muchos años fue la única de la villa y alguien inventó aquel dicho: «Cangas del Narcea, pueblo de gran hidalguía, con cien bares y una sola librería».

¡Grata memoria a Enrique, Luz y Paul!


Una clase con Uría

 

Con motivo de la exposición temporal que el Tous pa Tous presenta en la Casa de Cultura de Cangas del Narcea sobre la figura de José Francisco de Uría y Riego (1819-1862), invitamos a los centros escolares a difundir la figura de este paisano nuestro que da nombre a importantes calles en Oviedo, Gijón, Luarca, Madrid y Cangas del Narcea.

Con este fin hemos elaborado unos materiales que ponemos a disposición de todos:

  • Actividades a realizar durante la visita:

 

  • Actividades para realizar solo en el aula si no se puede asistir a la exposición:

 


 

Acto de inauguración de la exposición dedicada a José Francisco Uría y Riego

En el siguiente vídeo podéis ver y escuchar el acto de inauguración de la exposición dedicada a José Francisco Uría y Riego que se celebró en Cangas del Narcea el 13 de julio de 2023 en la Sala «Tous pa Tous» de la casa de Cultura «Palacio de Omaña».

La Sociedad Canguesa de Amantes del País «Tous pa Tous», tras cumplirse el segundo centenario del nacimiento de Uría (Cangas del Narcea, 1819 – Alicante, 1862) , organizó esta exposición para recordar y conocer mejor a este ilustre cangués que, además de Director General de Obras Públicas, fue un político amante de su patria chica y preocupado por la prosperidad del terruño que le vio nacer.

Presentan: Juaco López y Mercedes Pérez.
Participan: Benito Álvarez, Jorge Rodríguez, Elena Barrero, Jesús H. Feito.
Imagen y sonido: Benito Sierra.

Aprovechamos para informaros que esta interesante exposición se puede visitar hasta final de este año 2023 en el horario de la Casa Cultura de lunes a viernes:

SEPTIEMBRE

    • De 9.00 a 14.00 h

OCTUBRE A DICIEMBRE

    • Mañanas de 10.00 a 13.30 h.
    • Tardes de 16.00 a 19.30 h.


Catorce horas de Oviedo a Cangas en coche-diligencia a finales del siglo XIX

Leitariegos. Diligencia, encima de la ‘vuelta la corona’ camino a El Puertu desde Cangas del Narcea el 31 de agosto de 1911. Se aprecia como la niebla cubre todo el valle de Naviego. Fotografía de Celso Gómez Fernández-Argüelles. Colección Álvarez Pereda.

En la segunda mitad del siglo XIX se construyen las primeras carreteras por el suroeste de Asturias y con ellas llegó el transporte en coches de caballo o diligencias.

A finales del siglo XIX los itinerarios de los coches-diligencias, normalmente, estaban en combinación con la salida de los trenes. En Asturias la primera línea de ferrocarril interprovincial de pasajeros fue la de León a Gijón, también conocido como ferrocarril de Asturias, una línea ferroviaria de ancho ibérico entre ambas ciudades, que constituyó el acceso ferrovario al Principado de Asturias desde la meseta. El tramo que cerró esta línea, históricamente conocido como «la rampa de Pajares», fue inaugurado el 15 de agosto de 1884.

En el caso de Cangas del Narcea y otros municipios del occidente asturiano era la empresa de carruajes «La Montañesa» de Maurines y Cía. quien, en combinación con «La Ferrocarrilana» que hacía el itinerario entre Oviedo y Salas, prestaba el servicio diario a La Espina, Tineo, Cangas de Tineo, Luarca, Navia y Castropol. «La Montañesa», creada en 1883, contó con varias líneas y concesiones en la zona occidental de Asturias y fue una de las últimas compañías con servicio de diligencias, en concreto hasta 1913. El primer vecino de Cangas que registró un coche en el Gobierno Civil de Oviedo fue Román Rodríguez-Arango Méndez-Castrillón. Fue en 1914 y le correspondió la matricula O- 274. El coche era un S.C.A.R. de 15 CV. 

En el año 1892 la diligencia salía de Oviedo a las cinco de la tarde llegando:

A Salas, a las diez de la noche (5 horas)
» La Espina, a la una de la mañana (8 horas)
» Tineo, a las tres y media de la mañana (10 ½ horas)
» Cangas de Tineo, a las siete de la mañana (14 horas)
» Luarca, a las siete de la mañana (14 horas)
» Navia, las diez de la mañana (17 horas)
» Castropol, a las cuatro de la tarde (23 horas). Prácticamente un día entero.

Como podemos ver el viaje no era precisamente veloz y, además, tampoco era especialmente cómodo, ni barato. Estos eran los precios del pasaje en pesetas:

Berlina, interior y banqueta o cupé eran las distintas opciones de viaje que esta Compañía ofrecía al viajero. Berlina era la parte anterior, con asiento transversal normalmente para tres plazas, ventanillas de cristales al frente y dos puertas laterales de vidrio. Va justo detrás del pescante y por debajo de él ya que éste iba elevado sobre el techo de la caja. Interior, colocado detrás de la berlina y en el centro del carruaje, solía tener dos asientos transversales y por lo tanto tenía doble capacidad que la berlina. Detrás del pescante, sobre el techo del carruaje y delante de la barandilla estaba el departamento más económico, el cupé, formado por un asiento transversal para tres plazas abierto por delante con cubierta de cuero para los pies y las piernas que se unía a una capota como la de los cupés, y de ahí esta denominación.

Los horarios de salida hacia Oviedo desde estas localidades eran:

De Castropol a las nueve de la mañana.
» Navia a la una de la tarde.
»  Luarca a las cinco de la tarde.
»  Cangas de Tineo a las tres de la tarde.
» Tineo a las ocho de la noche.
» La Espina a las diez de la noche.
» Salas a las doce de la noche.

Las distancias que se recorrían eran las siguientes:

De Oviedo a Salas,  47 kilómetros.
» » a La Espina, 59 kms.
» » a Tineo,  70 kms.
» » a Luarca, 100 kms.
» » a Cangas de Tineo, 101 kms.
» » a Navia, 121 kms.
» » a Castropol, 152 kms.

Esta fotografía del “coche de Cangas de Tineo” tirado por ocho mulas, fue hecha por un viajero inglés, seguramente un ingeniero de minas, en Trubia, hacia 1895.

Estos carruajes eran arrastrados por tiros de nueve caballerías, a cargo de un mayoral, delantero y un zagal , efectuándose los relevos del ganado cada 20 kms. aproximadamente (4 leguas).

Se cenaba en Salas a la ida y regreso, no obstante, existían buenas fondas y casas de comidas también en Luarca, Navia, Tineo, Cangas y Castropol. Establecimientos que tenían dispuestas las comidas en combinación con la llegada de las diligencias.

En el trayecto, cerca de La Espina, en un punto denominado Los Americanos, instalado en una hermosa y gran casa, se hallaba un establecimiento de ricos comerciantes habaneros: D. José Manuel, D. Mateo, D. Benigno y D. Juan González. Era un comercio magnífico de venta al por mayor y menor con gran surtido de artículos diferentes tanto nacionales como extranjeros y coloniales. Este lugar contaba con un puesto de guardia civil, generosamente donado por sus propietarios.

 

Artículo relacionado: “El coche de Cangas de Tineo” en 1895


Fuente: Asturias. De Oviedo a Covadonga. Fernández González, José. Oviedo, 1892.


 

Ambrosio Rodríguez y su obra

El doctor Ambrosio Rodríguez (Sorrodiles, Cibea, 10 de julio de 1852 – Madrid, 1927) es el autor de este pionero y excelente estudio sobre la higiene de los trabajadores y las enfermedades de los jornaleros, que se publicó en Gijón en 1902; tiene 448 páginas. El libro está muy bien editado y lleva una cubierta hecha por el pintor gijonés Juan Martínez Abades. Ambrosio Rodríguez fue un profesional muy reconocido y amigo de eminentes médicos de su tiempo, como su maestro Federico Rubio y Galí y el mismísimo Santiago Ramón y Cajal. Estudió y vivió en Madrid, París, Berlín, Buenos Aires y Gijón, y viajó por numerosos países de Europa y América. Nunca dejó de tener relación con Cangas del Narcea, y siempre estuvo preocupado por su estado y porvenir. En la necrológica que le dedicó la revista La Maniega en junio de 1927 se dice: «Difícilmente habrá habido nadie que haya superado al doctor Ambrosio como amante de Cangas; a donde no dejó de ir un solo año, hasta que en 1915 perdió la vista, cuya desgracia le hizo pasar lleno de tristeza los últimos años de su vida».


AMBROSIO RODRÍGUEZ Y SU OBRA
Por Ovidio Fernández Arbas

El médico Ambrosio Rodríguez, en Buenos Aires, 1887. Fotografía de Chute & Brooks.

Ambrosio Rodríguez y Rodríguez (Sorrodiles de Cibea, Cangas del Narcea, 1852 – Madrid, 1927), estudió la carrera de medicina en Madrid, siendo discípulo del doctor Federico Rubio en el Instituto de Terapéutica Operatoria, especializándose en Tocología y ampliando estudios en Francia y Alemania. Fue médico de sala del Hospital de la Princesa, desempeñando el cargo de director de publicaciones. Ejerció la medicina en Buenos Aires durante unos años, retornando al ejercicio privado de la misma con la prestación de servicios para diferentes sociedades de socorros. En 1902, ya establecido desde hacía años en Gijón, escribirá su obra Contribución al estudio de la higiene de los trabajadores y enfermedades de los jornaleros. En ese mismo año regresaría a Madrid, donde será el médico personal de la familia de Santiago Ramón y Cajal, con quien le unirá una profunda amistad desde entonces y hasta el final de sus vidas.

Con su Contribución… hará irrupción en el panorama médico y científico de su momento la primera monografía dedicada por entero al abordaje de los riesgos laborales, resultando ser, a juicio de dos de los más prestigiosos historiadores de la salud laboral, «el primer tratado hispánico original sobre higiene y medicina industrial».

Estamos, sin exageración alguna, por vez primera ante un texto que, de forma pionera y seminal aúna descripciones, conceptos y reflexiones que muchos años después irían conformando en España el moderno constructo preventivo bajo el rótulo de seguridad y salud laboral.

Así, en esta obra tendrá cabida, desde la higiene industrial y la problemática que acompañaba a los espacios laborales y productivos a los planteamientos de seguridad y protección, todo ello enfocado desde muy diversos ángulos. Del mismo modo, la ergonomía hará su presentación en forma de higiene postural, adaptación hombre-máquina, el tratamiento de los microtraumatismos o la propia fatiga muscular y cognitiva. Asimismo, será notable su empeño por ofrecer un muy amplio recorrido por la legislación sociolaboral, especialmente extranjera, y ello sin descuidar en modo alguno los componentes temáticos propios de una medicina del trabajo: heridas y su tratamiento, primeros auxilios, cuidados y práctica clínica, etc.

En su obra, no obstante, también encontrará acomodo la que venía siendo la tradicional preocupación por la higiene pública, al igual que por aquellos aspectos relacionados más directamente con las condiciones de vida del propio trabajador: alimentación, vivienda, higiene corporal o alcoholismo y, al mismo tiempo, su preocupación por la denominada Cuestión Social en forma de consideración y naturaleza de las huelgas, la justificación de los salarios o la jornada de trabajo.

 

El carácter pionero y precursor de Contribución…

  • La Higiene laboral implica ahora a todos los agentes que intervienen en la misma: su obra estará dirigida para ser usada por “alumnos de medicina, obreros, jefes de taller, empleados de sanidad, fábricas, canteras y talleres, establecimientos industriales y sociedades de socorro”. La higiene obrera ya no se concibe como una serie de instrucciones y consignas que solo conciernen a los trabajadores.
  • La higiene del trabajo no será ya tan solo higiene de carácter industrial, es decir, la que afecta a un obrero proletario de la industria o taller. El jornalero, el campesino o el trabajador en cualquiera de sus múltiples formas encuentra aquí, de igual forma, las consideraciones preventivas pertinentes con respecto a su labor particular. La prevención de los riesgos laborales es concebida por Ambrosio Rodríguez como algo propio a la esfera del mundo del trabajo en su sentido más general y no circunscrito, como básicamente resultaba hasta entonces, a concretas actividades laborales.
  • Las consideraciones morales acerca de las actitudes de los trabajadores ya no se solaparán de continuo tras cada consejo o recomendación preventiva; ahora la prevención discurrirá buscando un plano más técnico y científico.
  • La prevención del accidente o de la enfermedad profesional será tratada desde una perspectiva eminentemente cualitativa, persiguiendo eliminar o evitar el daño o lesión, frente al discurso de la higiene tradicional basado principalmente en la idea de modificar cuantitativamente -aminorando, disminuyendo o atenuando- las condiciones nocivas de trabajo y los riesgos que lo solían acompañar.
  • La prevención de riesgos se entiende ahora desde una óptica integradora. Toda ciencia o disciplina que contribuya a estudiar posibles mejoras en las condiciones de trabajo debe ser incluida en el campo preventivo. De esta manera su obra contiene un examen detallado del mundo de los riesgos laborales desde los múltiples ángulos que le era posible contemplar en su tiempo y de los medios para hacerles frente: condiciones de seguridad a través de instrucciones y resguardos de protección personal tanto individuales como colectivas, tratamiento de los riesgos debidos a explosiones o a exposición a riesgos biológicos, higiene toxicológica, industrial, medicina del trabajo, ergonomía o legislación protectora.
  • Las medidas y consideraciones preventivas son expuestas, en la obra de Ambrosio Rodriguez, no tan solo persiguiendo evitar la irrupción súbita del accidente o lesión. Ahora se perseguirá, además de proteger de posibles traumatismos y accidentes fruto de riesgos mecánicos o físicos, salvaguardar al trabajador de riesgos patológicos de aparición lenta y cristalización paulatina: las temidas enfermedades profesionales. Y todo ello dentro de un horizonte madrugador en el que se estaría prefigurando un tercer nivel dentro del campo de la prevención: el de la comodidad y bienestar del obrero en su tarea, es decir, el moderno concepto de satisfacción laboral.

 

Algunas otras consideraciones acerca de esta obra

El Tratado de Ambrosio fue objeto de reconocimiento institucional relativamente pronto; por Real Orden de 18 de abril de 1906 (Gaceta de Madrid de 25 de abril de 1906) el Ministerio de Instrucción Pública, previo informe favorable de la Academia de Medicina, ordenaba la adquisición de 250 ejemplares del mismo para las diferentes bibliotecas públicas del Estado, con el fin de divulgar las nociones de higiene industrial que este contenía. De igual forma, tras la publicación de su Tratado diferentes higienistas recogieron bien pronto en sus obras, desde la admiración y respeto, temáticas y consideraciones plasmadas por Ambrosio en su Contribución…

Esta obra significará el cambio de signo en las higienes industriales del momento, desvinculando la higiene industrial, como rótulo genérico, de las higienes públicas e inscribiéndola de manera autónoma en la cultura española de la seguridad y salud en el trabajo. Sin embargo, todavía estaría sometida a la potente inercia del higienismo industrial decimonónico en alguno de sus recorridos.

Además, su título Higiene de los trabajadores y enfermedades de los jornaleros, en lugar de higiene industrial connota sin duda una nueva dirección en la que la imagen de espacio o ambiente se deslizará hacia la persona del trabajador y este en todas sus representaciones: industrial, jornalero, minero, campesino, albañil, etc., etc.

En otro orden de cosas, y atendiendo a sus valores estéticos y pedagógicos, son de destacar varias cuestiones. Una primera serían sus contenidos visuales. El Tratado contiene abundantes láminas, ilustraciones, estampas, grabados, dibujos, fotografías, figuras, tablas y alegorías simbólicas de cada oficio, las cuales poseen indudablemente un formidable valor informativo y formativo, suponiendo una auténtica novedad en las publicaciones de este tipo. En este sentido, su autor cuidó primorosamente la edición de su obra, siendo de resaltar que la misma portada se debió al pintor asturiano Juan Martínez Abades, en la pintura de título  «En la fragua», en lo que supone una alegoría al mundo del trabajo.

Por último, y como valor sentimental para los que somos sus paisanos, entre las páginas de la Contribución… no dejamos de encontrar referencias a nuestra tierra, bien sea en concretas experiencias suyas como médico (labradora en Villacibrán, escrófula en Rengos), accidentes en Gijón o artículos publicados en El Eco de Occidente, periódico de Cangas de Tineo.


 

El origen cangués de Antonio de Nebrija, el primer humanista hispánico

A mi hermana Elisa y mis sobrinas Magdalena, Julia y Olivia.

 

Antonio de Nebrija (Lebrija, c. 1441 – Alcalá de Henares, 1522), ocupa un lugar destacado en la historia de la lengua española por ser el autor de la primera gramática castellana, publicada en Salamanca en 1492 (tres meses antes del descubrimiento de América), de un primer diccionario latino-español ese mismo año y de otro español-latino hacia 1494.

Antonio de Nebrija (c. 1441-1522) célebre por su Gramática castellana (1492), primera gramática en una lengua europea moderna fue el principal introductor del Renacimiento italiano en la Península Ibérica, a partir de 1470. De ahí que podamos sostener que fue el primer humanista hispánico.

El pensar que el segundo escritor del mundo (y el primero en España) en reclamar derechos de autor para sus obras, más de dos siglos antes de que se inventase el copyright anglosajón (Estatuto de la Reina Ana, 10 de abril de 1710), pueda tener origen cangués, fondeó en mi cabeza al enterarme de sus verdaderos apellidos.

Los padres de este ilustre humanista fueron Juan Martínez de Cala e Hinojosa y Catalina de Xarana y Ojo, descendientes en cuarto grado de los caballeros Juan Martínez de Cala y Lorenzo de Xarana, que con su valor y esfuerzo lograron conquistar a la morisma la ciudad de Sevilla y, entre otras poblaciones, la villa de Lebrija, antigua Nebrissa Veneria. Por tanto, estamos hablando de que su verdadero nombre completo es Antonio Martínez de Cala y Xarana.

Los datos de su linaje y de su biografía se han podido entresacar de un manuscrito existente en la parroquia de Santa María de Lebrija y de otro, número 8470 de la Biblioteca Nacional. El primer manuscrito citado es un infolio de Testamentos, Informaciones, Legados, Rentas, Dotes, etc., que contiene también el proceso de petición de prueba de hidalguía, verificada en Lebrija el 20 de septiembre de 1720 a favor de don Andrés Moreno de Castro, cuyo abuelo séptimo fue Martín Pérez de Xarana, hermano de Catalina (madre de Antonio de Nebrija) y de Juan Miguel, todos hijos de Antón Martín de Xarana, «cavalleros hijosdalgo». Por este manuscrito se llega al conocimiento de los nombres de los padres y abuelos paternos y maternos de este nebrisense o lebrijano.

Según el citado manuscrito (fol. 133 v.) su apellido paterno Cala tiene una antigüedad de 2.571 años, y proceden sus poseedores de la colonia Rosas (Ciudadela de Rosas), que se cree fundada por los rodios en la provincia de Gerona, estableciéndose en tiempos de los árabes en el valle que de su nombre se llamó Valcala, en Asturias.

Pero no es este apellido el que llamó mi atención, sino el apellido materno Xarana. Para los asturianos esta palabra es sinónimo de jarana, juerga… y los cangueses la vemos simbolizada en la simpática y fiestera peña femenina de la pólvora «La Xarana».

Y precisamente, es de este segundo apellido, Xarana, de donde viene el que podamos asentir el origen cangués de nuestro ilustre protagonista. Sobre este apellido, en el folio 110 del manuscrito custodiado en la parroquia de Santa María de Lebrija se pueden leer los siguientes versos que copio fielmente:

BLAZON.

Desienden de la Montaña
Rivera del Rio Xuran
Los de Xurana que están
Fundados por toda España.

Con esfuerzo Ardid y Maña
Ganaron Cruz pʳ . Trofeo
Son de Cangas de Tineo
De Noble Estirpe y Compaña.

Es linaje Infanzonado
Portan por armas perfetas
Tragantes en barras prietas
Todo en campo colorado.

Dos flores de (lis) oro Azulado
Y en los otros dos cuarteles
Amarillos seis Xaqueles
Por orla cielo Estrellado. (8 estrellas.)

 

Manuel Álvarez Pereda
Villaviciosa de Odón, 24 de marzo de 2023

 

«Justicia y poder en el siglo XVI. La incidencia de facciones locales en el occidente asturiano»

Este libro publicado en 2022 obtuvo el VI Premio de Jóvenes Investigadores de la Fundación Española de Historia Moderna. Se trata de una investigación fruto de la tesis doctoral de Lorena Álvarez Delgado, en la que profundiza en el uso de la justicia y el poder en la Asturias del siglo XVI.

La autora, en este libro, destaca la competencia hegemónica entre algunas de las principales familias del suroccidente de Asturias en el siglo XVI, especialmente los Queipo de Llano, y sus antagonistas, los Omaña, de modo que ambas brindan paradigmas para comprender cómo rivalizaban distintas estrategias en un mismo marco local. Además, se aborda la configuración del linaje de los Queipo de Llano a través de la figura de Juan Queipo El Mozo, comprendiendo así la autoridad y el poder no sólo como parte de un legado, sino también de una construcción.

LORENA ÁLVAREZ DELGADO es Doctora en Historia Moderna con Mención Internacional por la Universidad de Cantabria y la Universidad Autónoma de Madrid(2018). Además es Licenciada en Historia por la Universidad de Oviedo (2007) y Licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad Nacional de Educación a Distancia(2013). Como investigadora FPU del Ministerio de Educación y Ciencia ha disfrutado de estancias en el Centro de História Além-Mar (Lisboa, 2013) y en el Laboratoire de Recherche Historique Rhóne-Alpes (2010 y 2011). Como docente, ha impartido clases en la Universidad de Cantabria(2012 y 2013) y en la Universidad de Jaén (2016 y 2017), pero también en el programa de Secciones Bilingües del Ministerio de Educación (Rumania, 2015) y en el Cuerpo de Profesores de Educación Secundaria, obteniendo plaza en el Principado de Asturias (2021),donde actualmente desempeña su labor.

Álvarez Delgado, además, ha difundido su trabajo a través de numerosas ponencias y publicaciones. Algunas de estas últimas, por su interés para el conocimiento de la Historia de Cangas del Narcea, las hemos recogido en la Biblioteca Digital del «Tous pa Tous»:

Partiendo del ejemplo de la villa de realengo de Cangas de Tineo, se pretende profundizar en los motivos que pudieron llevar a ciertos concejos a ayudar en la redención de cotos jurisdiccionales eclesiásticos, desamortizados a fines del siglo XVI.

Se incide en los aspectos formales de un proceso inquisitorial singular así como en las circunstancias que originaron la documentación examinada en el siglo XVI.

En torno a las configuraciones de facciones en el suroccidente de Asturias durante la temprana Edad Moderna, ha aparecido de forma recurrente el papel de la Iglesia, dada su importancia para los proyectos hegemónicos de grupos de poder y, especialmente de facciones lideradas por miembros de la pequeña nobleza.

Mediante esta comunicación, se pretende ahondar en la importancia de la comensalidad (pública y privada) en los entornos rurales de la montaña occidental asturiana durante la Edad Moderna.


1894, año de inicio de la costumbre de plantar el «arbolón» en Cangas del Narcea

Fragmento de la charla que el autor dio en el Teatro Toreno el 19 de noviembre de 2002 en los actos de celebración del primer centenario de la Sociedad de Artesanos de Cangas del Narcea.

Arbolón plantado ante la capilla del Carmen en Ambasaguas, junio de 2022. Foto: José Ramón Puerto Álvarez

Si la devoción a los santos y las vírgenes cambia y no es inmutable a lo largo de tiempo, a las fiestas, que se celebran en su honor, les sucede algo parecido. Las fiestas están formadas por unos elementos que tienen un significado y una función determinados: procesiones, misas, comidas, actividades rituales, vestidos, juegos, bailes, música, hogueras, iluminaciones y fuegos artificiales. Todos estos actos tienen su significado y a través de ellos se retrata la sociedad. Algunos de estos elementos cambian fácilmente otros se resisten mucho más. Los elementos que  pierden sentido o funcionalidad desaparecen. Por ejemplo, en las fiestas del Carmen el baile ha cambiado en los últimos cien años del modo siguiente. En el último tercio del siglo XIX, había dos bailes: uno para la gente de los pueblos y los artesanos que se hacía delante de la capilla del Carmen, alrededor de una hoguera y con música de gaita y tambor, y otro baile en el casino para los burgueses y aristócratas; el siglo XX, trae la verbena con bandas de música y más tarde orquestas; las verbenas se extienden por toda la villa: los Nogales, la Vega, la calle Mayor, el Paseo, y en ellas bailan los padres y los hijos; pero a fines del siglo XX las verbenas van perdiendo interés para los mas jóvenes, que se refugian en las salas de fiestas y las discotecas, y ahora la fiesta se celebra en el centro de la villa delante de los bares y con música grabada.

Aparecen también en las fiestas elementos y ritos nuevos que en poco tiempo se consideran «de toda la vida» y a los que se les aplica el adjetivo de tradicionales. Por eso, en antropología se utiliza mucho el concepto de «tradición inventada» o «el invento de la tradición», y es que esta es una constante en todos los pueblos. Sin embargo, aunque se olvide, todos los actos que se incorporan a la fiesta tienen su primer día, el asunto es poder conocer cuando sucedió y por qué, y eso en muchos casos solo puede saberse a través de documentos escritos y noticias de periódicos, porque la memoria de los humanos es limitada y caprichosa.

Porteando el Arbolón, junio de 2022. Foto: José Ramón Puerto Álvarez

Por ejemplo, el arbolón que se coloca la noche de San Pedro delante de la capilla del Carmen en Ambasaguas. La costumbre de cortar un árbol y colocarlo delante de las iglesias o en plazas en muy frecuente en Castilla y otras regiones españolas y europeas. Son los conocidos mayos, que se plantaban en los meses de mayo o junio y en origen eran un rito con un claro significado agrícola relacionado con la fertilidad de la tierra y la vida. En Asturias, ritos como este sólo son frecuentes en varios concejos del oriente, sobre todo en Llanes, donde se denomina a este árbol joguera; hoy, se corta y planta un alto eucalipto, pero antiguamente este árbol era un humero o aliso. Pero no solo cambió la especie del árbol, sino también el sentido del rito, porque en la actualidad no tiene nada que ver con aquel viejo sentido agrícola y se ha convertido en un rito social que identifica a los pueblos y a los bandos de Llanes.

En el resto de Asturias, sin embargo, esta costumbre no se practica y todos los rituales relacionados con ella se llevan a cabo en la noche de San Juan. En los concejos del suroeste de Asturias ningún pueblo corta y planta un árbol como nuestro arbolón o las jogueras de Llanes. Y no olvidemos que el concejo de Cangas del Narcea y los de los alrededores son algunos de los más visitados desde fines del siglo XIX por  folcloristas y lingüistas por la pervivencia de costumbres antiguas. En definitiva, la costumbre del arbolón es un hecho aislado cuyo origen  ha extrañado a los investigadores que han escrito sobre él. La respuesta a su existencia y al comienzo de esta costumbre puede estar en la noticia siguiente, que he tenido la suerte de encontrar en el periódico local El Eco del Occidente, del 26 de junio de 1894, que tiene que ver además con la Virgen del Carmen, que es en definitiva la que nos reúne hoy aquí. Se titula «Costumbre en desuso», y en ella su autor anónimo se lamenta de la desaparición de la tradición de enramar las fuentes por San Juan y se congratula por la «cosa nueva» de plantar «un gigantesco y esbelto humeiro», con un magnífico ramo de flores en su centro, delante de la capilla del Carmen en Ambasaguas. La noticia dice lo siguiente:

«Antiguamente, durante la noche de la verbena de San Juan, solían los enamorados vecinos de esta población colocar en el exterior de los balcones de las habitaciones de sus amadas lindos y bonitos ramos de flores […] Hoy, desafortunadamente, va desapareciendo de entre nosotros costumbre tan antigua, tan popular, tan tradicional y tan española. […] podemos asegurar que tan hermosa tradición ha caído, como otras muchas, en desuso en esta villa; y tanto, que en el presente año no hemos visto ni oído hablar siquiera de la colocación de un solo ramo de la significación de aquellos a los cuales venimos refiriéndonos.

Sin embargo, una cosa nueva hemos presenciado con verdadera alegría. Fue el haber visto junto a la puerta principal de la Iglesia de Ambasaguas, arrabal de esta población, un gigantesco y esbelto humeiro; que ostentaba, majestuoso, en su centro, un magnífico ramo de muy lindas y variadas flores. Unos cuantos jóvenes devotos de Nuestra Señora del Carmen, existente en dicha iglesia, lo habían trasladado allí, dedicándolo a la Virgen, quien no dudamos lo habrá recibido y aceptado con singular complacencia.

Aplaudimos sinceramente la feliz idea de los jóvenes que pusieron el indicado ramo, por haber demostrado con dicho acto que sus corazones aman de verás a María. Y hacemos fervientes votos porque la costumbre tradicional de que nos ocupamos vuelva a guardarse entre nosotros. Que es muy grato para los pueblos el conservar las costumbres tradicionales cuando estas son buenas.»

En definitiva, desaparecen unas costumbres y aparecen otras que las sustituyen. Esa es la historia de la tradición y de la humanidad.


Juaco López Álvarez
Cangas del Narcea, 19 de noviembre de 2002