Úrsula, una osa de Monasterio de Hermo en la Guerra Civil

Fuente: ‘Diario de la Guerra Civil. La Aventura de la Historia. Unidad Editorial Revistas. Suplemento nº 5’

Esta es una historia de supervivencia y libertad que empieza en los montes de Cangas y casi termina en Sobradiel muy cerca de Zaragoza. La Guerra Civil marcó el destino de esta osa, que cruzó los verdes valles y escarpados montes de su Asturias natal hasta llegar a las vastas llanuras aragonesas camino del mar Mediterráneo y el fin de la contienda.

La osa Úrsula fue capturada en plena Guerra Civil en Cangas del Narcea, concretamente en los montes de Monasterio de Hermo. Algunos miembros del Cuerpo del Ejército de Galicia se hicieron con Úrsula, entonces una osezna de apenas dos meses de vida, y la convirtieron en su mascota.

Con aquella Unidad militar recorrería Úrsula la península en guerra, desde Asturias hasta Levante. Pero la osezna se fue transformando en osa por el camino. Creció y empezó a hacerse incómoda como mascota. Hasta que el general Aranda, al mando del Ejército de Galicia, decidió donarla al parque de atracciones del Monte Igueldo en San Sebastián, a donde llegó el 25 de mayo de 1938 para empezar a dar vueltas en su enjaulado recinto. Allí sería la reina de las miradas infantiles durante más de veinte años y protagonista de las más diversas “leyendas urbanas”.

De mascota militar pasó a ser emblema del parque donostiarra hasta que en 1959 los protectores de animales la llevaron al zoo de Barcelona para proporcionarle las comodidades que no le daba Igueldo pero,… murió a los pocos días.

Triste final para una osita que vivía con su familia en los montes de Cangas del Narcea cuando, en plena guerra civil, fue encontrada por unos soldados que iban monte a través camina que te caminarás.

Una osa con dos oseznos se acercaron al campamento donde dormía la tropa a la que tanto asustaron que terminaron por dispararles… La madre y una de las crías escaparon pero la otra trepó a uno de los árboles. Capturada por los militares la criaron como si de su mascota se tratara y como era osa la llamaron Úrsula. Y la llevaban de aquí para allá hasta que un día, estando en las llanuras aragonesas, decidieron que Úrsula no se acostumbraba al ruido de las bombas y que era un incordio para el personal. Los aviones de la República habían bombardeado el pueblo de Sobradiel donde los nacionales habían instalado su cuartel general y Úrsula, temiendo lo peor,  con un leve tirón se deshizo de las cadenas que la mantenían prisionera y asustadísima empezó a recorrer el pueblo. El general Aranda que mandaba la Unidad conocía al gobernador de la provincia de Guipúzcoa y le llamó por teléfono… ¿quieres una osa?… ¡Ahí te la mando!… Y uno de sus capturadores, el alférez Luis de Armiñán, con el teniente Pérez Cinto la llevaron al Monte Igueldo en un camión desde las proximidades de Zaragoza. San Sebastián era entonces la ciudad mimada de la zona nacional.

Parece ser que el viaje de la osa desde Sobradiel hasta San Sebastián generó más curiosidad, e incluso más temor, que la batalla de Teruel,  la mayor ofensiva del Ejército Popular de la República y con ella, la batalla más cruenta del conflicto (Teruel, una posición en teoría insignificante, iba a decidir la Guerra Civil). Pero Úrsula no fue culpable. Había perdido su libertad, intentó romper sus cadenas y lo hizo en mala hora pues le llevó a ser encerrada en una jaula, y dedicada a la humillante exhibición de su cautiverio.

Fue primero mascota para los soldados, después juguete y regalo de los niños, espejo de los mayores y mala conciencia de muchos. Pasó por el monte Igueldo como una sombra, sin que nadie la recuerde, sin una fotografía, sin una placa y mucho menos sin una estatua como la del oso anónimo de la Puerta del Sol de Madrid. Úrsula perdió a su familia en Cangas del Narcea, perdió la libertad en Sobradiel y a sus amigos en tierras aragonesas: sin un mal gesto, sin retorcer el hocico, sin un solo rugido. Por mucho menos otros tienen nombres de calles.

Noticias del Grupo de baile “Son de Arriba” de Cangas del Narcea (1922-1955)

Los bailes a lo suelto servirán de modelo para la formación del repertorio de los grupos de baile formados desde finales del siglo XIX. El gaitero, cantos asturianos arreglados para piano, partitura cortesía de la Sociedad Valle, Ballina y Fernández, h. 1897, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

 

  1. Folklore y baile asturiano.

La folklorización del baile popular, o presentación en forma de espectáculo de una selección de ejemplos admitidos como representativos de la idiosincrasia de un pueblo, es un proceso desarrollado a partir de la segunda mitad del siglo XIX, aunque resulta difícil establecer su fecha inicial y rastrear sus primeros pasos. La razón es que, desde hace cuatro décadas, el baile asturiano se aborda desde una perspectiva etnográfica, acudiendo a la historia oral en el intento de restaurar una práctica ya obsoleta, pero percibida como un patrimonio enriquecido por su historicidad. Desde este planteamiento, la actividad folklórica, desarrollada en paralelo y moldeada por una mediación ideológica y estética, no se reconoce como fuente de conocimiento, negándosele toda posibilidad de explicar la raíz cultural que la origina. Si algo caracteriza a la actual corriente de recuperación del baile tradicional es la insistencia en obviar el mencionado proceso de folklorización en busca de unas formas “auténticas”, suponiendo que estas, preservadas en la memoria de sus transmisores, han permanecido ajenas a toda influencia y, por lo tanto, inalteradas. La consecuencia ha sido el profundo desconocimiento de una etapa en la que aún estamos inmersos y cuya naturaleza espectacular no la excluye de la historia, a pesar de que se haya pretendido.

El baile asturiano se convierte en icono de la asturianía, usándose como reclamo publicitario desde el siglo XIX. Tarjeta postal, h. 1910, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

En estas circunstancias, los únicos medios disponibles para reconstruir siglo y medio de actividad folklórica son, por este orden, la prensa, la fotografía y los ya escasos testimonios de sus últimos protagonistas, cuya memoria no abarca hoy la totalidad del proceso que nos ocupa. A la luz de esta documentación, solo pueden trazarse las líneas generales del comienzo de la espectacularización del baile percibido como asturiano, de cuya existencia, sin embargo, ya se había tomado conciencia con anterioridad. Lo anticipa Luis Alfonso de Carvallo en Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias (1695) cuando habla de “bailes asturianos al son de gaitas”; le da contenido Jovellanos en la “Carta de las romerías de Asturias” al fijar la danza prima como su máxima expresión; y lo universaliza Roxó de Flores en su Tratado de recreación instructiva de la danza presentándola como propia de Asturias, al igual que la muiñeira lo es de Galicia, de Aragón la jota y de las Vascongadas el zortziko.

Habrá que esperar al advenimiento del nacionalismo musical y la ciencia del folklore en el siglo XIX para que esta conciencia se verifique en acciones positivas como la recolección de bailes populares y, algo más tarde, la formación de grupos cuyo objetivo, tantas veces declarado, es que esos bailes “no se pierdan”. El retroceso de los usos propios de las sociedades preindustriales en una coyuntura de desarrollo tecnológico y cambio social es, pues, el segundo factor que desencadena este proceso y de él se deriva la actitud restrictiva de esos grupos, caracterizados por la visión indigenista de la cultura e influenciados por el evolucionismo dominante. La formalización de sus tres principales elementos constitutivos ―vestuario, instrumentación y repertorio― fue el resultado de la percepción que de ellos se tenía cuando surgió la corriente folklórica. Ese momento coincidió con el declive de una sociedad admitida como paradigma de lo que significa ser asturiano, dentro de unas fronteras culturales en parte reales y en parte imaginadas, pero presentes en la mentalidad colectiva; por lo tanto, nada que perteneciera a un tiempo posterior y a un espacio tenido por ajeno sería admitido en la ortodoxia folklórica: lo moderno, lo urbano y lo foráneo quedaron excluidos.

 

  1. Los primeros grupos de baile en Asturias.

Aunque el nacimiento de aquellas primeras agrupaciones se explica en el contexto descrito, faltaría por aclarar de qué forma sucedieron las cosas. La prensa de la época nos proporciona los escasísimos datos disponibles y nos permite entrever que los grupos de baile no surgieron de la nada ni como un fenómeno enteramente novedoso, sino que se fueron gestando en el entorno de los agasajos populares ofrecidos a los visitantes reales y, más allá, en las alegrías nacionales cuyos programas festivos solían incluir danzantes profesionales que quizá les hayan servido de primer modelo, siquiera en los aspectos más generales. A lo largo del siglo XIX, la prensa ofrece la crónica de las visitas regias a Asturias en textos que, aunque sucintos, suelen contener pinceladas con sabor local. Así, en el transcurso del viaje por España de Isabel II y Francisco de Asís durante el verano de 1858, el diario La Época del 6 de agosto refiere que, en Oviedo, varias parejas bailaron en su honor “la danza prima y otros bailes del país”, agasajo que se repetiría en Gijón unos días después; y La Correspondencia de España del 20 de julio de 1877 relata que en el transcurso de la visita de Alfonso XII a Gijón tuvo lugar un baile en el que tomaron parte “más de 200 parejas de aldeanas y aldeanos al son de la clásica gaita y el indispensable tamboril”. En estos y otros documentos, los bailes asturianos se describen como parte de un programa de actividades, dándose así los dos pasos iniciales de la transición entre el ―llamémoslo así― baile espontáneo y el folklórico: primero, que se haya fijado un canon de baile admitido como asturiano; y segundo, que ese baile haya adoptado forma de espectáculo, exigiendo como mínimo un espacio de acción y, consecuentemente, una organización del movimiento en función de un virtual observador. La evolución desde estos divertimentos confiados a formaciones efímeras hasta llegar a ser grupos estructurados y estables se produjo sin generar documentación alguna. Los pormenores de cómo se reunieron, quién los instruyó, de qué manera eligieron su repertorio, a qué criterios escenográficos recurrieron y cuál fue su recompensa, todos de la mayor importancia, se quedan en la pura especulación.

Nada se adivina en los dos textos mencionados acerca del vestuario que utilizaron los bailarines en una época en la que el traje del país iba siendo una rareza, desplazado por los tejidos industriales y las nuevas modas urbanas; no obstante, algo se entrevé en el relato de la visita a Langreo de María Cristina de Borbón recogida en La Libertad del 25 de octubre de 1864, pues narra que “había doce lindas aldeanas, tan gallardas como bien vestidas, cada una con un ramo de flores y un cesto de productos agrícolas de esas montañas”, interpretándose más tarde “las alborozadas danzas del país”. Con todas las objeciones que se desee, el uso de la expresión “aldeanas” bien puede hacer referencia al hecho de ir vestidas como tales, pero en 1864 es muy posible que el atuendo que lucieron ante los monarcas no fuera ya el de uso cotidiano, sino otro preparado para la ocasión según lo que en aquel momento se entendía por “traje de aldeana”. No consta el origen puntual de este atuendo, cabiendo dos posibilidades: que saliera de los arcones en los que se guardaban antiguas prendas de cierto valor ­―lo que explicaría en parte la posterior insistencia en sobrecargar los trajes regionales con pedrerías, bordados y tejidos ricos― o que se confeccionara ex profeso tomando como modelo dichas prendas. Aunque continuamos moviéndonos en un terreno especulativo, entendemos que no habrá sido muy diferente el inicio de una indumentaria simbólica cuyo desarrollo en torno a aquellos años se constata en la fotografía, que nos revela su aún vacilante constitución formal.

En cuanto a los instrumentos musicales, constituyen el aspecto más fácil de reconstruir, porque sobre los mismos ya existía alguna literatura costumbrista, sin que faltaran textos que los describiesen, aunque de forma somera y con algunos errores. En cualquier caso, las crónicas periodísticas de las romerías de la época, prácticamente mudas en lo que a la técnica del baile se refiere, suelen introducir alusiones a gaitas, tambores, panderos y castañuelas, retratando un instrumentario que la documentación posterior no desmentirá, si bien irá constatando su progresiva diversificación.

Bailarinas llaniscas y gaiteros que tomaron parte en el Festival Asturiano organizado en 1904 por Manuel Sánchez Dindurra en la plaza de toros de Gijón. Programa de mano, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Paralelamente, se gesta en Asturias otro fenómeno que, a nuestro entender, ha podido contribuir a la definición formal de los grupos folklóricos. Se trata de los concursos, convocados en contextos festivos en torno a cuatro modalidades: asturianada, gaita, traje y baile. Desde finales del siglo XIX la prensa incluye referencias que se incrementarán a lo largo del XX. Siguen siendo textos escuetos, pero transmiten inequívocamente la idea de la excelencia interpretativa, que habrá de estar muy presente en el mundo del baile regional. Así, por citar algunos ejemplos, El Noroeste del 11 de junio de 1903 anuncia un premio para “el mozo que bailando la jota mejor toque las castañuelas” en los concursos programados para las fiestas de San Antonio en Cangas de Onís. El mismo diario, describiendo el Festival Asturiano que tuvo lugar el 21 de agosto de 1911 en la plaza de toros de Gijón, hace constar que durante el concurso de baile “se acreditaron como bailadores excelentes las parejas Marcelina Mencías y Rufino Suárez, y Mercedes Berros y Joaquín Santianes”. No estamos en condiciones de afirmar que los mismos concursantes que destacaron en aquellos certámenes hayan sido miembros de las primeras agrupaciones folklóricas, pero esto es muy posible, dada la estrecha relación entre concursos y muestras de baile, invariablemente representados en el mismo espacio escénico.

Los Mariñanes retratados en Madrid en 1916 con el Gaiteru Libardón y el Tambor de L’Abadía. Fotógrafo desconocido, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Pero, ¿cuáles fueron esas primeras agrupaciones? Sobre el siglo XIX poco podemos decir, salvo lo que se recoge en el disco-libro que conmemora el cincuentenario de Los Xustos (Los Xustos. 50 aniversario, 1953-2003, Gijón, 2003), grupo gijonés cuyas raíces se hallan en una renombrada formación anterior: Los Mariñanes, conjunto inicialmente compuesto por entre tres y seis parejas de aficionados al baile procedentes de Castillo de la Marina (Villaviciosa) y acompañados por los músicos populares más célebres de aquel tiempo: Ramón García Tuero “El Gaiteru de Libardón” y José Sánchez “El Tambor de L’Abadía”. Siempre según el relato contenido en el mencionado disco-libro, en sus primeros momentos este grupo se reunía y trabajaba con cierta espontaneidad, sin programa conocido de ensayos, y sus actuaciones consistían en bailar, durante las romerías de la zona, el repertorio del entorno de Villaviciosa que habrían aprendido por transmisión oral. Pero lo hacían con plena conciencia de ofrecer un espectáculo y para ello utilizaban como vestuario el traje del país. Su evolución posterior, que se prolongaría hasta la disolución del grupo en 1959, tendería a reforzar esta línea espectacular, llegando a autodefinirse como “compañía” e incluyendo en su programa canción asturiana y escenas costumbristas a cargo de actores profesionales.

Si bien Los Mariñanes parecen haber sido pioneros en la fundación de grupos de baile asturiano ya en los últimos años del siglo XIX, desde comienzos del XX queda constancia de varias formaciones más. La tenemos gracias a la prensa, que proporciona noticias acerca de otro fenómeno vinculado con la práctica folklórica: los festivales asturianos que, con altibajos y cambios estéticos, perduran hasta nuestros días. Entre estos festivales cabe destacar los organizados desde al menos 1904 en la plaza de toros de El Bibio (Gijón) por el empresario Manuel Sánchez Dindurra (1858-1933), el Festival Patriótico Asturiano celebrado en 1909 en la plaza de toros de Buenavista (Oviedo) y el Festival de Folklore de Oviedo de 1922, cuya programación corrió a cargo de Eduardo Martínez Torner. Las crónicas periodísticas de estos eventos hacen referencia a varias agrupaciones llegadas desde distintos puntos de Asturias. Estas tomaban su nombre del baile más característico de su repertorio local, incluso de la “etnia” que se les atribuía; pero, en general, su denominación no se revela, quedando identificadas simplemente por su procedencia. Así, las formaciones cuya existencia está documentada en la primera década del siglo XX eran, aparte de Los Mariñanes de Villaviciosa: Corri Corri de Cabrales, Pericote de Llanes, Vaqueiros de Valdés y otras anónimas procedentes de Gijón, Avilés, Colunga, Cudillero, Mieres y Pola de Siero. Por falta de documentación, desconocemos cuándo y de qué manera comenzaron a gestarse estos grupos pero, en fechas tan tempranas, sin duda es llamativa su diversidad, como también lo es el hecho de que hayan podido acreditar su capacitación para ser admitidos en un espectáculo urbano de extraordinaria afluencia en aquel tiempo, como evidencian los doce mil asistentes al Festival Patriótico Asturiano de 1909. En este sentido, La Prensa del 14 de septiembre de 1922, al describir el Festival Asturiano celebrado en 1908 en el Teatro de Campoamor, menciona que se organizaba “con carácter de ensayo” y en él se dieron “pequeñas involuntarias deficiencias por todos perdonadas”, quizá en parte atribuibles a la actuación de los propios grupos.

 

  1. El caso de Cangas del Narcea: El grupo de baile “Son de Arriba”.

También Cangas del Narcea aportó una formación al panorama folklórico de comienzos del siglo XX, pero no antes de 1922, cuando tuvo lugar en Oviedo el festival organizado por Eduardo Martínez Torner al que ya hemos hecho referencia. Fue en ese año cuando la prensa reparó en una agrupación antes desconocida en el centro de Asturias, procedente de Cangas del Narcea y llamada “Son de Arriba” en referencia a un baile de parejas enfrentadas, aún practicado en el siglo XX en Cangas del Narcea, Somiedo y norte de León. No nos extenderemos aquí sobre las características de este baile, pues son sobradamente conocidas, pero sí nos interesa el hecho de que, por aquellos años, ya se hubiera convertido en una seña de identidad canguesa, lo cual revela hasta qué punto había calado la percepción de la cultura popular como un patrimonio digno de preservación. Quedaban superados, por tanto, los tiempos en los que solo la danza prima ostentaba la consideración de baile asturiano: la reelaboración escénica de determinados bailes locales se estaba generalizando y aportaba al canon folklórico ejemplos que se han perpetuado como parte de las identidades específicas que aún hoy reconocemos dentro de Asturias. Y, del mismo modo que se propagó la visión folklórica, se extendieron sus prácticas concretas; sirva de ejemplo el programa de las Fiestas del Carmen de Cangas del Narcea de 1912, en el cual, junto a las habituales atracciones de gaitas, gigantes, cabezudos e iluminaciones, se preveía para el 20 de julio un “concurso de bailes regionales, adjudicando un premio a la pareja que mejor baile” (El Narcea, 6 de julio de 1912). No será la única vez que se documenten este tipo de eventos.

En qué circunstancias y por quién fue seleccionado el “son de arriba” para representar colectivamente a Cangas no se ha establecido, aunque Martínez Torner debió influir en su posterior admisión en el canon folklórico asturiano al transcribir en su cancionero de 1920 dos ejemplos de Leitariegos (nos 333 y 334). Ciertamente, ni uno solo de los álbumes pianísticos publicados desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la aparición de este cancionero lo había recogido, ni figuraba en escritos de naturaleza etnográfica; pero no cabe dudar que, bien entrado el siglo XX, el “son de arriba” era un fenómeno vivo. Salvo mejor documentación, el primer texto descriptivo, redactado en 1903, se debe al musicólogo leonés Rogelio Villar González (1875-1937), quien, ciñéndose a la montaña de León, sin duda describe el mismo baile de Cangas:

En la Montaña hay dos bailes principales: el que propiamente se llama baile y en Laceana son de arriba, y los Pollos. El primero, que es el más importante, el más usual y el más típico, consta de tres partes: paso, contrapaso y baile propiamente dicho. Empiezan dos mozas tocando el pandero (que es un bastidor cuadrado con doble parche, sin sonajas y que suele tener entre los dos parches unas cuerdas de guitarra, caracterizándose por un sonido muy grave), a un ritmo de tres tiempos, y las parejas, colocadas por sexos en dos filas, inician un balance a dos tiempos, de derecha a izquierda y viceversa, de tres pasos cada uno: esto es lo que se llama el paso; las tocadoras de pandero cambian el movimiento para indicar que van a cantar la copla, y los bailadores hacen un movimiento hacia atrás, que constituye el contrapaso, que es como preparación para el baile. Este empieza cuando las dos mozas cantan al unísono el son en un movimiento que va cada vez más fuerte y vivo; el baile se hace a dos tiempos, mientras el son es de tres. En las dos primeras partes mozos y mozas llevan los brazos péndulos, mientras que los primeros, durante la última parte, los elevan al nivel de la cabeza. Al terminar, mientras las cantadoras sostienen la última nota en prolongado calderón, los bailadores giran en una especie de semicírculo, los mozos sobre el pie derecho y las mozas sobre el izquierdo, haciendo un gracioso movimiento para tocar ligeramente la mano izquierda de los primeros con la derecha de las segundas, que es a lo que se llama la agachadura. Antes, porque ahora ha decaído bastante, las mujeres usaban unas castañuelas de tamaño regular, mientras que los hombres las llevaban grandes, algunas descomunales, que producían un ruido grave y ensordecedor. Cada baile consta de dos manos, en cada una de las cuales se cantan cuatro o cinco coplas. Entre las dos manos hay un descanso largo, durante el cual se corteja; y cortejar se reduce a conversar, y mejor, a discretear cada uno con su pareja [Rogelio Villar: “Cantos y bailes de la provincia de León”, Fidelio, 21 de junio de 1903].

Habrá de ser la prensa local la que recoja alguna noticia sobre la práctica e incluso sobre la etnicidad del “son de arriba”. Abundan las menciones genéricas a bailes: tanto de salón y verbena a cargo de la orquesta y el organillo, como del país con acompañamiento de gaita, acordeón o clarinete: “En la carretera de Corias hubo animado paseo y en la de Llano, frente a casa de ‘Pepinitos’, un baile animadísimo al son de clarinete y bombo” (El Distrito Cangués, 29 de abril de 1913); pero la brevedad de la columna periodística no permite la descripción pormenorizada. El tenor de estas inserciones queda bien representado, por ejemplo, en la noticia del baile de Corpus en Cibuyo el 25 de mayo de 1913, en el que hubo “tres gaitas, tambor, panderos, castañuelas, mucha gente y baile animadísimo en el Campo del Cristo” (El Distrito Cangués, 3 de junio de 1913). Seguramente estos panderos y castañuelas acompañaron al “son de arriba” aquella tarde, pero el texto no lo aclara. Sin embargo, en otras ocasiones el “son de arriba” se menciona inequívocamente con su propio nombre y bailado por la concurrencia, pero no por una agrupación folklórica. Así, en la descripción de las fiestas de San Lorenzo en Casares, El Distrito Cangués del 9 de septiembre de 1913 nos dice que en la espaciosa casa de una vecina de nombre Cayetana “tuvo lugar el filazón y qué de son de arriba se bailó, quedando a todos grato recuerdo de tan simpática fiesta” (El Distrito Cangués, 9 de septiembre de 1913). Con ocasión del Ecce Homo de San Juliano, el mismo periódico relata que “hubo colosal derroche de son de arriba, luciendo sus habilidades incontables parejas, que bailaban al compás del pandero y castañuelas, no faltando a cortos intervalos algún ¡quién baila! o ¡ijujú! lanzado por robusto y fornido pecho” (El Distrito Cangués, 19 de septiembre de 1914).

Pero queremos destacar, sobre estos y otros textos similares, la recensión de Odón Meléndez de Arbas aparecida en el mismo medio con motivo de la publicación en 1915 del libro De Bogayo, escrito por Mario Gómez y considerado como el primer retrato literario de Cangas y sus habitantes. En una serie de referencias nostálgicas a un modo de vivir que estaba desapareciendo, Meléndez de Arbas se detiene en el “son de arriba” y escribe:

Y quién sabe si desaparecerá nuestro son de arriba con sus castañolones, que, llenos de papas, llevaría cada uno el almuerzo para dos cavadores; el ruido de los panderos, los cantares de las mozas que los tocan, que con los ijujús de los mozos bastaba un baile de son de arriba en una de estas laderas para espantar los lobos en dos leguas a la redonda [El Distrito Cangués, 12 de junio de 1915].

Y más adelante, hablando sobre las canguesas que ejercían de criadas en Madrid, añade:

Eran fieles; eran buenas. ¡Como que no habían bailado nunca más que giraldilla y son de arriba! ¡Asturianas!

A nadie se le habrá escapado la expresión “nuestro son de arriba”, en la que el baile queda inequívoca y sentimentalmente definido como propio de Cangas del Narcea. Tampoco puede dejar de percibirse la hiperbólica descripción de las castañuelas y del brío del baile, capaz de espantar a los lobos. Mucho menos puede ignorarse la referencia a su moralidad ―puesto que preserva la inocencia de quienes lo practican―, alusión que encierra un velado ataque contra el “agarrao”, tan perseguido por los defensores de las tradiciones, a veces con el radicalismo de autores como el vasco Sabino Arana. Un texto así no puede calificarse de etnográfico o meramente periodístico: es una exaltación de la identidad y revela que en Cangas había prendido esta corriente de pensamiento. El siguiente paso consistirá en materializar estos contenidos ya simbólicos y representativos de una comunidad. El “son de arriba” tenía un lugar entre ellos y lo conservaría en años sucesivos, como se aprecia en el relato “Una boda de aldea”, publicado en 1926 (La Maniega, 4 y 5), donde leemos: “el baile, dicen en donde aún conservan esta típica danza, y ya saben que no puede referirse ni a los agarraos, ni a la jota, ni a otro baile que no sea este”. Se le consideraba, por lo tanto, el baile cangués por antonomasia y la forma elegida para respaldarlo fue la creación de un grupo folklórico que ostentase su nombre.

Nuevamente, carecemos de noticias acerca de los pormenores de la fundación de este grupo de baile, que debió de ser muy próxima a 1922, como veremos. El único dato disponible, aunque dudoso, es el que nos proporciona La Maniega (agosto-septiembre de 1930), ocho años después de la primera documentación fehaciente del grupo. En una breve nota, el redactor hace constar el viaje a Barcelona de algunos vecinos del concejo, todos de Cibuyo y Pandiello, para bailar el “son de arriba” en la fiesta asturiana celebrada con motivo de la Exposición Internacional. De manera imprecisa, por tratarse de personas conocidas, identifica a catorce bailarines y al gaitero que los acompañó:

Fueron a bailar el son de arriba a la ciudad catalana, de Cibuyo, Pepa de Molín, con sus hijas Constantina y María; Manuel Fernández Carabina, con sus hijas Josefa y Consuelo, Félix Coque y su esposa, José Meléndez de Quintín, José de la Ponte, Odón Meléndez de Bernardo; Villa de Clarón, de Pandiello, con dos hijas suyas, y el gaitero de La Regla, Dionisio López.

Grupo de vaqueiros de Valdés durante su participación en el Festival Patriótico Asturiano celebrado en 1909 en la plaza de toros de Oviedo. Rogelia Gayo, su fundadora, aparece la segunda por la izquierda en la fila inferior. Fotógrafo desconocido, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Pese a describir un acontecimiento de naturaleza folklórica, el cronista no pone nombre a la delegación que lo protagonizó, por lo que sería aventurado afirmar que era un conjunto estable y quizá el mismo que había aparecido por primera vez en la prensa ocho años antes; no obstante, en aquel tiempo no abundaban estas agrupaciones, por lo que es razonable pensar que sí. Comoquiera que haya sucedido, es un hecho la presencia del grupo Son de Arriba en el festival celebrado en la plaza de toros de Oviedo el domingo 17 de septiembre de 1922, recogido por los diarios La Prensa y El Noroeste sin ambigüedad alguna en lo que a los participantes se refiere. El primero anuncia el acontecimiento y menciona a los siguientes grupos: “el del Corri-corri de Cabrales, el del Son de arriba de Cangas de Tineo, El Perlindango de Cudillero, El Pericote de Llanes y los Vaqueiros de Alzada” (La Prensa, 14 de septiembre de 1922). Rememora, de paso, dos festivales celebrados con anterioridad en la capital: el de 1908 en el Teatro de Campoamor y el de 1909 en la plaza de toros, a ninguno de los cuales habían concurrido representantes de Cangas del Narcea. Hasta 1922 no volvería a programarse ningún otro evento de esta clase en Oviedo, por lo que sin duda la primera actuación de los cangueses tuvo lugar en ese año, siendo “entusiásticamente aplaudidos”, según recoge El Noroeste.

En cuanto a Gijón, donde los festivales regionales se venían celebrando anualmente, la misma prensa aclara que Cangas del Narcea nunca había estado representada en ellos antes de 1922, seguramente porque su grupo aún no existía. Así lo leemos en el anuncio del festival previsto para el primero de octubre, a renglón seguido del ovetense, en el que tomaría parte “el afamado grupo compuesto de diez personas denominado Son de Arriba, de Cangas de Tineo, nuevos en Gijón” (La Prensa, 28 de septiembre de 1922). El Noroeste del 10 de octubre también se hace eco de su novedad, mencionando “la presentación del grupo Son de Arriba, de Cangas de Tineo, con sus cadenciosos bailes y cantos, por aquí desconocidos”[1]. Finalmente, el grupo telegrafió desde Cangas del Narcea anunciando que no acudiría, por lo que se decidió repetir el evento el domingo siguiente en la plaza de toros:

El próximo domingo tendrá lugar un nuevo festival de bailes y cantos asturianos en el que tomará parte el grupo de Cangas de Tineo denominado Son de Arriba, que no pudieron venir el domingo pasado y que se presentarán con sus típicos trajes y castañueles [sic] y pandero. Tomarán también parte parejas del Pericote de Llanes, y cantadores y bailadores asturianos [La Prensa, 5 de octubre de 1922].

Los festivales ovetense y gijonés se programarían de nuevo en 1923 y 1924, pero en los años siguientes las referencias cesan, sin que sepamos la causa. No parece haberse debido a la extinción de los eventos folklóricos, ya que, organizados en circunstancias y lugares variados ―incluso la plaza de toros―, seguirán siendo objeto de escuetas noticias periodísticas. Puede conjeturarse una disminución del público por la repetitividad del espectáculo o quizá una reducción del cuadro artístico por razones económicas o de otra índole, pero lo cierto es que no disponemos de más información.

Compartiendo cartel con los habituales representantes de Llanes, Cabrales y Valdés, el grupo Son de Arriba volverá a figurar en La Voz de Asturias, La Prensa y El Noroeste con motivo  de las fiestas celebradas en Madrid en 1932 por el aniversario de la proclamación de la II República Española. Es algo más extensa la crónica de La Maniega, que da cumplida cuenta de la formación del grupo:

Bailadoras: Balbina, de Santiago de Saburcio; Josefina, del Carabinero de ídem; Constantina, de casa de Pepa, “el Molín de Cibuyo”; María de Fonso, de Vega de Castro, y Laura de Tarambana, de ídem. Bailadores: José de Jaime, de Combarro; José, de casa de Pepa, “el Molín de Cibuyo”; Dionisio López, sastre, relojero y gaitero, de La Regla; Manuel el Carabinero, y su hijo Mario, de Saburcio. Cantadoras: Virginia de Cabanín, de Pandiello, y Elvira, de casa de Jaime, de Combarro [La Maniega, mayo-junio de 1932].

Fiesta Española celebrada en 1918 en la plaza de toros de Gijón, en la que participó el grupo Los Mariñanes. Programa de mano, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Comparando estos nombres con los de los enviados a Barcelona en 1930 y teniendo en cuenta la ambigüedad que se deriva de la familiaridad con la que están consignados, no parece que muchos se repitan, lo que sugiere una inestabilidad que también se aprecia en el variable número de participantes. Esto nos lleva a considerar que solo se reunían en las ocasiones especiales y según las posibilidades de cada momento, como seguramente sucedería con las demás agrupaciones asturianas de aquellos años. Con el tiempo de sus integrantes ocupado en otros quehaceres, su estatus en el ámbito folklórico nunca debió pasar del de aficionados. Solo Los Mariñanes lograrían mantenerse como entidad profesional, como hemos visto.

Las referencias a un conjunto cangués con el nombre de “Son de Arriba” no vuelven a aparecer hasta la década de los años cincuenta, en un contexto político bien conocido sobre el que no nos extenderemos; baste mencionar que, en toda España, la materia folklórica se hallaba bajo el control del aparato del Estado a través de la Sección Femenina de Falange y Educación y Descanso de la Organización Sindical Española, que establecieron la conocida red de Grupos de Coros y Danzas por todo el país. La proliferación de los eventos folklóricos, empezando por los concursos nacionales de folklore convocados desde 1942 por la Regiduría de Cultura y celebrados en el Teatro Español de Madrid, es consecuencia del contenido esencialmente conservador de tales manifestaciones. Pero los eventos no solo crecen, sino que se diversifican para satisfacer las necesidades propagandísticas del régimen. Así, por ejemplo, leemos en el diario Voluntad sobre la Feria Internacional del Campo, cuya primera edición tuvo lugar en mayo de 1953 y contó con un Día de Asturias:

Camaradas de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Oviedo y Gijón y los grupos folklóricos de Educación y Descanso, Vaqueiros de Alzada, Son de Arriba de Cangas del Narcea, parejas de Tambor y Gaita de Oviedo, el Orfeón de la Obra y las masas corales de la Fábrica de Armas y Mieres de Turón constituyen el grueso de esta aportación asturiana a los grandes festivales organizados con motivo de la feria y que se celebrarán en el recinto de esta [Voluntad, 23 de mayo de 1953].

En los días siguientes se publican algunas otras noticias que coinciden en mencionar separadamente los grupos del Movimiento y los restantes, figurando siempre Son de Arriba entre los últimos, de lo que se deduce que el grupo no había sido absorbido por el aparato folklórico estatal, como sucedió en otros casos. Por la crónica del evento, sabemos además que su actuación incluyó “las estrofas de la ofrenda del ramo que portaban durante la ceremonia los Vaqueiros de Alzada” (Voluntad, 30 de mayo de 1953), de lo que se infiere que el repertorio del grupo era más extenso que su nombre; pero no podemos aclarar si esta circunstancia era reciente o ya se daba en sus primeras actuaciones.

La única noticia posterior data de 1955. El grupo de baile Son de Arriba acudió a Oviedo para tomar parte en el desfile del Día de América, al que también concurrió el grupo folklórico de la Sección Femenina de Cangas del Narcea, quedando despejada cualquier duda sobre la independencia del primero (Voluntad, 24 de septiembre de 1955), pero a partir de este momento no tenemos otro testimonio de su continuidad.

En 1971 comienzan a figurar en las crónicas festivas Los Son d’Arriba, denominación que, como es bien sabido, hace referencia no ya a un grupo de baile, sino al célebre conjunto de gaitas y percusiones que en 1969 habían formado Cándido, Fariñas, Neto, Pepe Serrano y Chapinas.

 

  1. Conclusión.

Nuestro relato debe detenerse aquí sin que hayamos podido presentar una sola fotografía de aquel grupo de baile Son de Arriba que, según los datos que proporciona la prensa, debió funcionar al menos entre 1922 y 1955. Sin duda de las de los integrantes de este grupo habrá de salir alguna fotografía que se echa de menos en esta breve historia, cuya mayor utilidad sería estimular a los lectores a aportar más información.

Baile a lo suelto en Piloña. Modesto Montoto, h. 1910, col. Muséu del Pueblu d’Asturies.

Por último, hay que decir que tanto el grupo Son de Arriba como otras formaciones de su tiempo han ejercido una insospechada influencia en la conservación del patrimonio local, por lo que su valor para la historia no puede ignorarse. No es casual que, allí donde surgió una agrupación folklórica, continúa hasta nuestros días una línea de transmisión que ha contribuido a fijar la forma concreta de lo que hoy entendemos por “baile asturiano”. Díganlo, si no, los llaniscos, los cabraliegos, los pixuetos y los valdesanos. Y no puede dudarse que el “son de arriba” es una parte importante. Decaído a lo largo del siglo XX en su práctica cotidiana y mantenido por vías folklóricas, como sucedió en tantos lugares de Asturias, continuó su trayectoria en las dos muestras de folklore organizadas en 1983 por el Coletivu Etnográficu Urogallos a instancias de la Sociedad Ovetense de Festejos, grabadas en directo y publicadas en el doble LP Folklore astur (Sociedad Fonográfica Asturiana, 1984). Estas grabaciones y las realizadas por José Manuel Fraile Gil (De encuesta por León y Asturias, Saga, 1985 y 1986) rescataron los testimonios de sus últimos transmisores. Ambos trabajos se inscriben en una corriente de divulgación en la que participaron distintas agrupaciones coetáneas, culminando con el estudio monográfico de Fernando Manuel de la Puente Hevia El baille d’arriba. El son de la montaña astur-leonesa (Oviedo, 2000). Desde este ámbito puramente etnográfico, el “son de arriba” entró en la música folk con el primer LP de Xuacu Amieva, Onde l’agua ñaz (Fonoastur, 1986) y hoy son pocos los grupos dedicados a la música tradicional asturiana que, cualesquiera que sean su procedencia geográfica y opción estética, no tengan algún ejemplo en su repertorio.

El 23 de julio de 2019, “Muyeres” recibió una ovación cerrada del público que asistió a su concierto en la Plaza Mayor de Gijón, en el que se interpretó un “son de arriba” grabado en Trasmonte de Arriba por Fraile Gil. Esto sucedía casi cien años después de que pandeiros y castañolones retumbaran por primera vez en Gijón en las manos de las cantadoras y los bailarines del grupo Son de Arriba. Y es la mejor prueba de la fructífera labor de una gente entusiasta a la que dedicamos estas páginas.


[1] El desconocimiento de la Asturias interior era grande, en efecto, si se tiene en cuenta que, en la publicidad insertada en El Noroeste del 29 de septiembre de 1922, se habla del “famoso coro Son de Arriba formado por vaqueiros de alzada, esas gentes pintorescas de Asturias que han sabido guardar con toda pureza los tipos de la raza”. Quizá la antigua denominación “Cangas de Tineo” haya tenido algo que ver con este dislate, aunque creemos que queda mejor explicado por la confusión con otro grupo procedente de Aristébano, en la frontera entre Tineo y Valdés. Este grupo era Los Vaqueiros de Alzada, lo dirigía Rogelia Gayo y había sido fundado en 1906 para asistir a la boda de Alfonso XIII.

Noticias de los Vaqueiros en Cangas del Narcea en 1917

Interrogatorio de Juan Uría Ríu y contestación de Manuel Flórez de Uría

El 29 de noviembre de 1917, Juan Uría Ríu (Oviedo, 1891-1979), con 26 años recién cumplidos, escribe desde Oviedo a Manuel Flórez de Uría Sattar solicitándole información sobre los vaqueiros de alzada en el concejo de Cangas del Narcea para hacer un estudio desde el ámbito de la Geografía Humana. Flórez de Uría había nacido en esta villa en 1864, era procurador, periodista y estudioso de la historia local.

Braña de Los Chanos, todavía en uso como braña y como pueblo

Uría Riu era en 1917 estudiante de Historia en la Universidad Central de Madrid. Había obtenido en 1914 la licenciatura de Derecho por la Universidad de Oviedo, pero su verdadera vocación era la Historia, que comienza a estudiar ese mismo año de 1914 y concluye en 1918. En Madrid se inicia en el conocimiento de los estudios etnográficos con visitas frecuentes al Museo de Antropología y las enseñanzas de Luis de Hoyos y Telesforo de Aranzadi, dos de los pioneros de los estudios de antropología en España.

El interés de Uría Ríu por los vaqueiros empezó muy pronto. Él mismo contaba que: “A los catorce años cayó en mis manos el artículo que don Fermín Canella escribió en la obra Asturias sobre los vaqueiros de alzada, y empecé a interesarme por el tema” (Juan Ignacio Ruiz de la Peña, “Semblanza de un maestro”, pág. XV). En sus estudios cita testimonios orales recogidos por él a vaqueiros de Lugo de Llanera, Boves (Siero), Lavango (Belmonte), Sapinas y Busantianes (Valdés), y Folgueras del Río (Tineo) entre 1911 y 1917. En la recogida de información compaginó la entrevista personal con documentación histórica tomada en numerosos archivos privados y públicos, y con interrogatorios como el que mandó a Manuel Flórez de Uría.

El resultado de sus investigaciones sobre los vaqueiros quedará recogido en siete artículos, publicados entre 1924 y 1968, que cambiaron la visión y el conocimiento histórico que hasta entonces se tenía de este importante grupo social. Están recogidos en Los vaqueiros de alzada y otros estudios, Oviedo, Biblioteca Popular Asturiana, 1976.

Braña de El Acebal

A continuación publicamos la carta-interrogatorio de Juan Uría Ríu y el borrador de la contestación que le mandó Manuel Flórez de Uría desde Cangas del Narcea, que informa sobre la presencia de los vaqueiros de alzada en este concejo en aquel año de 1917.

Los vaqueiros tuvieron un papel muy importante en la historia de este concejo desde los siglos XV y XVI. En verano llegaban cientos de familias de este grupo social que ocupaban más de quince brañas. Su presencia decayó en el siglo XX. En la actualidad, su recuerdo está desvaneciéndose y en la mayor parte de sus brañas solo quedan cabañas ruinosas (como en la braña de Oul.ladas) o montones de piedras (braña de El Acebal).

 

Carta de Juan Uría Ríu a Manuel Flórez de Uría

Oviedo, 29-11-1917

Muy Señor mío y de mi mayor consideración. Enterado ya hace tiempo por referencias de su amigo D. Luis Suárez Cantón de su conocimiento y competencia en las cosas históricas de esa región. Tengo el atrevimiento de dirigirme a usted pidiéndole noticias que si no son precisamente de carácter histórico no por eso dejaran de ser fácilmente adquiridas por usted. Las que deseo, son al tenor del siguiente interrogatorio:

1.º ¿Cuantas brañas hay en ese concejo a las cuales vengan ganados de la marina en tiempo de verano?

2.º ¿Como se llama cada una de estas brañas?

3.º ¿Que gentes las aprovechan y pueblan?

4.º ¿De que brañas de invierno proceden estas gentes?

5.º ¿Cuales son las brañas aprovechadas por familias enteras que colectivamente emigran desde la marina, y cuales lo son por pastores a sueldo, o una sola familia de vaqueros o parte de ella que se encargan del ganado de una o más brañas marítimas?

6.º ¿Cual es la braña de más importancia por la extensión de los pastos y el número de cabezas de ganado?

Y si le es posible contestar esto último y séptimo que ahora voy a apuntar se lo agradecería también, aunque considerando que es más difícil ruégole no se moleste en averiguarlo si es que fácilmente no lo hace.

7.º ¿Que caminos recorrían en la emigración de la marina a la montaña, indicando las sierras principales y lugares poblados que marcan su itinerario?

8.º ¿Hay algún pueblo actualmente del que se sepa que en lo antiguo era braña de vaqueros procedentes de la marina que allí se quedaran a vivir permanentemente?

9.º ¿Han sido abandonadas muchas brañas de verano en ese concejo por los vaqueros, disminuyendo con ello el nomadismo pastoril en él?

Cabaña ruinosa en la braña de Oul.ladas

Para mayor facilidad por su parte ruégole escriba la contestación con esta carta a la vista, poniendo los números 1º, 2º, 3º, encabezando cada una de las contestaciones dejando en blanco aquellas cuya averiguación no le haya sido posible.

Mucho siento la molestia que con ello habré seguramente de causarle, pero me veo obligado a ello por la necesidad que tengo de terminar un trabajo que he de publicar en breve sobre el nomadismo pastoril en Asturias desde el punto de vista de la Geografía Humana. En este trabajo, como es natural, irá su nombre unido a las noticias que usted pueda facilitarme como es rigurosa costumbre en todos los trabajos de investigación en que alguien aporta datos.

Sin mas queda de usted affmo. amigo y S. S. que b. s. m.

Juan Uría y Ríu

s/c Calle de Campoamor, Oviedo

 

Borrador con las respuestas de Manuel Flórez de Uría

1.º ¿Cuantas brañas hay en ese concejo a las cuales vengan ganados de la marina en tiempo de verano? y 2.º ¿Como se llama cada una de estas brañas?

1.ª y 2.ª El Acebal, Junqueras, La Feltrosa, El Liburnal, Soldepuesto, Olladas, El Teixidal.

Restos de una cabaña en la braña del Acebal

3.º ¿Que gentes las aprovechan y pueblan? y 4.º ¿De que brañas de invierno proceden estas gentes?.

3.ª y 4.ª Vaqueiros de alzada que tienen sus brañas de invierno en los concejos de Navia, Luarca y Tineo. Las alzadas a que vienen pertenecen con frecuencia en su dominio útil a los mismos vaqueiros, en todo o en parte, por haberse acogido a la gracia foral que las leyes desamortizadoras concedieron a las familias de los antiguos colonos de los monjes del convento de Corias o de otros de quienes las llevaban en arrendamiento desde antes del año 1800. En otras [brañas] son simples arrendatarios de varios copropietarios y en otras, por fin, concurren en ellas ambas razones de poseer.

5.º ¿Cuales son las brañas aprovechadas por familias enteras que colectivamente emigran desde la marina, y cuales lo son por pastores a sueldo, o una sola familia de vaqueros, o parte de ella que se encargan del ganado de una o más brañas marítimas?

5.ª Actualmente no vienen familias enteras, y sí solo una persona por familia de la braña de invierno y aun con frecuencia estas solo vienen a traer el ganado en uno o más rebaños, quedando en la alzada tres, cuatro o a lo más cinco personas que cuidan el ganado de todos, y los otros regresan a sus brañas invernales hasta septiembre que vienen a recoger el ganado. Los que se quedan suelen ser criados, sobre todo las mujeres.

6.º ¿Cual es la braña de más importancia por la extensión de los pastos y el número de cabezas de ganado?

6.ª Las del Acebal y La Feltrosa.

Cabaña en la braña de Oul.ladas

7.º ¿Que caminos recorrían en la emigración de la marina a la montaña, indicando las sierras principales y lugares poblados que marcan su itinerario?

7.ª Ya no trashuman por cañadas y cumbres de sierras bajas como antes, debido a la comodidad y seguridad que les ofrecen las carreteras y nuevos caminos vecinales, por eso es difícil determinar sus itinerarios en la mayor parte del recorrido antiguo.

8.º ¿Hay algún pueblo actualmente del que se sepa que en lo antiguo era braña de vaqueros procedentes de la marina que allí se quedaran a vivir permanentemente?

8.ª Si. Brañameana, El Cabanal, Castilmouro [Castilmoure], Los Llanos.

9.º ¿Han sido abandonadas muchas brañas de verano en ese concejo por los vaqueros, disminuyendo con ello el nomadismo pastoril en él?

9.ª Si. Otardelobos, Frisneo, Busdondio, La Juncal, El Espín, Mudreiros.

La Sociedad Industrial de Besullo, una Cooperativa de Ferreiros en 1872

A la memoria de Lulo Benino, Manuel Álvarez Faidiel, uno de los últimos de aquellos inquietos, curiosos y cultos ferreiros de Besullo.

Besullo, hacia 1985

Desde el siglo XVIII, Besullo / Bisuyu, en el concejo de Cangas del Narcea, es un pueblo en el que numerosos vecinos se dedicaban a la industria del hierro, compaginando esta actividad con el cultivo de la tierra y la ganadería. En 1736 había un mazo en Pontones para estirar, ensanchar o adelgazar el hierro, propiedad de Pedro de Llano Flórez, vecino de Besullo, que lo tenía arrendado a dos vecinos de aquel sitio; en 1752, según el catastro de Ensenada, en todo el concejo de Cangas del Narcea solo existía ese mazo que estaba arrendado “a diferentes herreros, vecinos del concejo de Allande”. Cien años más tarde eran cuatro los mazos que funcionaban en las inmediaciones de Besullo, que aprovechaban el agua del río de las Veigas para mover sus máquinas hidráulicas (el mazo y la barquinera): el mazo del L.leirón en El Pumar (parroquia de Las Montañas), el mazo de Pontones, el mazo d’Abaxu en Besullo y el mazo de L’Otriello. Alguno era de un solo dueño, que lo arrendaba, pero lo habitual es que la propiedad fuese compartida entre varios ferreiros o herreros; tanto los arrendatarios como los propietarios trabajaban en el mazo por rigurosa vecera o turno y por el tiempo que les correspondiese: dos días, uno o medio día. Su trabajo era intenso. Lorenzo Rodríguez-Castellano escribe en 1954: “hace unos 40 o 50 años la actividad de la industria del hierro en Pontones y Besullo era tal que los tres mazos del río de la Veigas apenas tenían un minuto de descanso” (“La industria popular del hierro: el mazo”, en Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 22). El trabajo del hierro se acababa en unas veinte fraguas instaladas en las casas de estos cuatro lugares. En ellas se fabricaban todo tipo de aperos (fesorias, hachas, reas o rejas de arado, etc.), piezas de cocina (caldeiros, tambores de castañas, cazos o sartenes, preganzas o llares, trébedes, etc.), clavos de diferentes clases y ruedas de carro.

Esta industria permitió a algunos ferreiros llevar una vida acomodada y a una minoría de ellos formar parte a fines del siglo XIX de las listas de electores como mayores contribuyentes del concejo de Cangas del Narcea. En general, los ferreiros eran personas alfabetizadas, formadas y de ideas avanzadas, los cuales, a partir de la Revolución de septiembre de 1868, que supuso el fin del reinado de Isabel II, y de la Constitución de 1869, se manifestarían política y religiosamente en consonancia con esas ideas.

La Constitución de 1869, aprobada el 1 de junio, permitía por primera vez en España el derecho de reunión y de asociación. Un mes más tarde de su aprobación, en julio de 1869, se constituía el Comité Republicano Federal de Besullo. La noticia se publicó en varios diarios republicanos de Madrid, como La Igualdad (29 de julio de 1869) y La Discusión (30 de julio de 1869), con los nombres de los integrantes de la junta directiva:

Presidente: Estanislao Rodríguez [vecino de Besullo].
Vicepresidente: Casto Rodríguez Castellano [de Besullo].
Secretarios: Pedro Méndez y Antonio Rodríguez de Alba [de Pontones].
Vocales: Francisco Rodríguez Castellano [de Besullo], Manuel Rodríguez de Alba [de Besullo], Ramón Rodríguez de Alba [de Besullo], Manuel García, Celestino Díaz y Antonio Marcos [de Cupuertu].

Ferreiros en el Mazo d’Abaxu, Besullo

Al menos, el vicepresidente, un secretario y tres vocales, que llevaban los apellidos Rodríguez Castellano y Rodríguez de Alba, eran ferreiros, y el presidente también estaba vinculado a la industria del hierro.

Por otra parte, gracias también a la Constitución de 1869, España alcanzaba por primera vez la libertad de cultos religiosos, una de las grandes aspiraciones de los progresistas y republicanos españoles del siglo XIX, y en Besullo se constituyó hacia 1871 la primera iglesia evangélica de Asturias. La principal actividad de esta nueva congregación será el establecimiento de una escuela para niños y niñas, y el apoyo a los alumnos más aventajados para continuar fuera sus estudios.

El republicanismo y el protestantismo tuvieron entre los trabajadores del hierro de Besullo muchos partidarios y devotos. La población de este pueblo era pequeña. En 1866, según el padrón municipal, Besullo tenía 150 habitantes repartidos en 49 casas, y en sus inmediaciones estaban los lugares de Pontones (11 habitantes y 4 casas), L’Outriello (34 habitantes y 8 casas), Faidiel (13 habitantes y 4 casas), y Cupuertu (10 habitantes y 3 casas), que eran como barrios de aquel.

El republicanismo del siglo XIX promovió la fundación de cooperativas de producción y de distribución, inspiradas en el reformista galés Robert Owen (1771 – 1858), así como de sindicatos agrarios, con el fin de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Estas iniciativas llegaron hasta Besullo y en 1872 los republicanos, encabezados por el presidente de su comité, promovieron la constitución de la Sociedad Industrial de Besullo con el fin de organizar y racionalizar la industria local del hierro, favoreciendo la cooperación, la formación, la eficacia y la riqueza de sus integrantes y buscando, en definitiva, el beneficio del país y de toda la sociedad:

Los comparecientes, animados por el justo deseo de instruirse y perfeccionarse más y más en el arte a que desde su respectiva infancia vienen dedicándose, por el de proteger y aumentar sus recíprocos intereses y los de sus familias, amparando al mismo tiempo los del país y de la sociedad en general, que en más dilatada esfera y con seguridad más cierta se desarrollaran por este medio.

La sociedad la constituyeron trece personas: doce hombres y una mujer, todos dedicados “al oficio de herreros”. La mayoría de los socios y sus esposas se apellidaban Rodríguez, Rodríguez-Castellano y Rodríguez de Alba; así, Domingo Gayo estaba casado con Ramona Rodríguez-Castellano (Padrón de Cangas del Narcea de 1866). Cuatro de ellos eran miembros de la junta directiva del Comité Republicano local: Estanislao Rodríguez (presidente del comité y gerente de la Sociedad Industrial), Antonio Rodríguez de Alba (secretario del comité) y Francisco Rodríguez Castellano y Ramón Rodríguez de Alba (vocales del comité). La única mujer de la sociedad era Josefa Gómez, viuda, que en 1866 tenía 40 años y vivía en Besullo con dos hijos menores y un criado.

Toda la información que tenemos sobre la sociedad procede de la escritura de constitución, hecha en Cangas del Narcea el 13 de marzo de 1872, en la que se establecían los fines, secciones y reparto de las acciones, funcionamiento y reglamento, así como la creación de un tribunal arbitrador (véase en el apéndice la transcripción íntegra de esta escritura de constitución).

Mazo d’Abaxu, Besullo

Sus objetivos eran los siguientes: 1. Acabar la competencia entre los herreros que les perjudicaba enormemente; 2. Comprar con mayor ventaja el hierro que necesitaban para trabajar; 3. “Auxiliarse recíprocamente en los casos de enfermedad, crisis monetaria” o cualquier otra vicisitud; 4. Premiar “el genio y aplicación del que progresa”, y 5. “Castigar el descuido o apatía del indiferente” y “las faltas o delitos de los que a sabiendas perjudican a tercero”.

La sociedad se organizaba en tres secciones: El Otriello, Besullo y Pontones, en cada una de las cuales había un mazo. Cada sección tenía sus accionistas que eran propietarios o arrendatarios de los mazos. El número total de acciones era de quince y media, que se repartían entre los trece socios fundadores, que poseían catorce y media, y el gerente, que tenía una.

El gerente era el encargado de la administración, compra de materia prima, venta de obra, correspondencia y contabilidad. El cargo lo ocupaba el mencionado Estanislao Rodríguez Montaño, vecino de Besullo y presidente del Comité Republicano Federal, que aportó dos mil pesetas de su bolsillo “para las perentorias atenciones de la misma”. La sociedad disponía de un almacén en este pueblo, cabecera de la parroquia, para guardar el hierro en bruto y las piezas elaboradas. Todas estas piezas tenían que ser supervisadas por el gerente y una comisión de tres herreros elegidos en junta general; si se consideraba que una pieza estaba mal hecha se devolvía a la sección correspondiente para su “recomposición”. Las ventas se efectuaban en su mayor parte en las ferias y mercados de Cangas del Narcea.

Las secciones gozaban de cierta independencia. En cada una trabajaba un maestro o director, que era el responsable de la sección, así como también oficiales y braceros o jornaleros. Se establecía una flexibilidad laboral en el sentido de que si era necesario los trabajadores tenían que moverse de sección. Todos los asociados se comprometían a no trabajar en el oficio o arte de herrería mientras la sociedad estuviese viva. Los accionistas trabajaban en la sociedad y en caso de fallecimiento o incapacidad debían ser sustituidos por un heredero o una persona capaz.

El sueldo del personal se fijaba según categorías, pero podía modificarse en función del compromiso del trabajador con la sociedad y con su tarea:

“[…] después de conocido el resultado de los trabajos, la disposición y [la] voluntad de cada uno, estos sueldos o jornales se modificarán por la comisión atrás señalada o por otra especial que al efecto y en la misma forma se nombre”.

Se trabajaba todos los días del año que no fueran festivos. La jornada laboral era de doce horas y media en verano (de 1 de marzo a 1 de octubre) y de doce horas en invierno (de 1 de octubre a 1 de marzo). El horario era el siguiente:

Verano: de 5 a 12 h (descanso de 7.30 a 8 h) y de 14.30 a 20 h (descanso de 17 a 17.30 h).
Invierno: de 7 a 12 h (descanso de 8.30 a 9 h) y de 13 a 20 h (descanso de 17 a 18 h).

El horario establecido era el habitual en la industria de aquel tiempo, como puede comprobarse en las respuestas enviadas por las provincias al cuestionario remitido en 1883 por la “Comisión para el estudio de las cuestiones que interesan a la mejora o bienestar de las clases obreras, tanto agrícolas como industriales, y que afectan a las relaciones entre el capital y el trabajo”, para conocer las condiciones de los trabajadores españoles:

De La Coruña se responde que “en la industria salazonera se trabaja desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche”; en El Ferrol: “trabaja el obrero en verano desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche, sin más descanso que el de una hora para almorzar y dos para comer”, y en invierno “desde que amanece hasta que anochece, con el solo descanso de una hora para comer. […]. En la fábrica de fósforos de Cascante, en Navarra: “las obreras entran en verano a las cinco, y en invierno de seis a siete de la mañana; salen para comer de doce a una de la tarde, vuelven a esta hora y se marchan cuando concluyen la tarea, y lo efectúan antes o después, según su aplicación o ligereza”. En Oviedo: “Trabajase ordinariamente durante doce horas, descansando media para almorzar y una en el invierno y dos en el verano para comer. Los ebanistas, tallistas, sastres y zapateros emplean más tiempo, porque velan o trabajan dos o tres horas por la noche durante la cruda estación. En algunas industrias suelen trabajar medio día el domingo.” (Carmen Sarasúa, “Trabajo y trabajadores en la España del siglo XIX”, en Working Papers, 7, 2005).

En la Sociedad Industrial de Besullo la impuntualidad en el trabajo, llegar tarde de seis a diez minutos, se penalizaba rebajando el jornal del trabajador. También se castigaba el extravío o venta de pertenencias.

Una de las grandes novedades y ventajas de esta sociedad cooperativa fue el amparo que ofrecía a los trabajadores por enfermedad o accidente laboral, algo desconocido en los oficios de la sociedad rural de aquella época:

Treinta y dos
El socio que por razón de enfermedad justificada no pudiese trabajar una semana hasta el completo de un mes, tendrá el derecho a percibir la mitad de su sueldo; y si pasase de este tiempo, sea el que fuere, percibirá la cuarta parte.

Treinta y tres
El socio que en servicio de la sociedad se inutilizase para el trabajo, temporal o perpetuamente, percibirá, mientras la sociedad dure, la mitad de su sueldo.

Mazo d’Abaxu, Besullo

La sociedad se regía democráticamente mediante juntas generales ordinarias, que debían celebrarse cada mes, además de “las extraordinarias que sean precisas”. En ellas solo gozaban de voz y voto los accionistas, que tenían tantos votos como acciones.

Por último, para la interpretación de las bases de la sociedad y resolución de dudas o conflictos se nombraba un jurado o tribunal “arbitrador y amigable componedor”, integrado por tres vecinos de la villa de Cangas del Narcea: el abogado y juez Ceferino Gamoneda y González del Barreiro; el maestro Genaro González Reguerín, que llevaba desde 1840 impartiendo escuela en la villa de Cangas, y el propietario Ceferino del Valle y Nera. Los dos últimos eran activos republicanos y, por tanto, personas afines y de confianza de los fundadores de esta Sociedad Industrial de Besullo.

La escritura de constitución de la sociedad fue firmada por todos los socios, con excepción de dos, Josefa Gómez Álvarez y Domingo Gayo Barrero, que no sabían escribir.

La fundación de esta sociedad de artesanos del hierro fue una iniciativa completamente novedosa en el medio rural asturiano de fines del siglo XIX. No conocemos nada de su devenir. Es probable que no haya funcionado muchos años, a tenor de la falta de información que existe sobre ella. Tal vez el final de la Primera República Española, el 29 de diciembre de 1874, trajo también su fin. No lo sabemos. Habrá que seguir investigando para saber que pasó con estos inquietos y cultos ferreiros de Besullo que en 1872 intentaron poner en marcha una cooperativa de producción para poder llevar una vida mejor.

Fundación de la Escuela de San Juliano de Árbas en 1819

Una de las primeras escuelas rurales del concejo de Cangas del Narcea

La escuela es algo relativamente reciente en la vida de los cangueses. La enseñanza primaria reglada es una novedad que comienza en el siglo XIX promovida por particulares, vecinos de los pueblos y más tarde por el Estado. En 1865 existían en el concejo de Cangas del Narcea, según Pedro González Arias, 25 escuelas (dos en la villa, una de niños y otra de niñas, y el resto distribuidas por el concejo), y en 1901, según Fermín Canella, eran 28 escuelas de niños y 5 de niñas, “en general en mal estado y defectuosas, […], y necesitadas de material pedagógico”. En fin, a comienzos del siglo XX casi la mitad de las cincuenta parroquias del concejo carecían de escuela y las que la tenían era en unas condiciones bastante precarias.

Escuela vieja de San Juliano de Árbas con dos puertas, una para entrar en el aula y otra para la casa del maestro

Una de las primeras escuelas que se fundó en el concejo fue la de San Juliano de Árbas en 1819. Su fundador fue el canónigo Manuel Arias Flórez de Llano, que en los años ochenta del siglo XVIII había estado de párroco en aquella extensa feligresía, “montuosa y quebrada”, formada por quince pueblos situados junto al puerto de Leitariegos: Árbas, Corros, Xilán, L.lindouta, Miravalles, Otardexu, L’Outeiru, Rimolín, San Juliano, San Romano d’Árbas, Trascastro, Veigamioru, Veigairréi, Villaxer y Villar de Rogueiro. Los eclesiásticos fueron los principales fundadores de escuelas en los siglos XVII y XVIII. Para ello creaban obras pías que dotaban con dinero y tierras que generaban unas rentas que servían para mantener las escuelas y pagar a los maestros.

Vista de la escuela vieja en San Juliano de Árbas

El fundador fue un alto dignatario de la iglesia asturiana de su tiempo. Nació en La Regla de Cibea (Cangas del Narcea) hacia 1745 y pertenecía a una familia de “hijosdalgos notorios de casa y solar conocido” en la que abundaban los clérigos. Tuvo dos hermanos: Nicolás, que se quedó en la casa de Cibea y uno de cuyos hijos, Benito, fue sacerdote, y Teresa, que se casó en la villa de Cangas del Narcea con Ignacio Fernández Flórez, uno de las personas más poderosas e influyentes de esta villa a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Manuel Arias Flórez fue párroco de San Juliano de Árbas (donde está empadronado en 1787) y en 1787 fue nombrado Arcediano de Grado y canónigo de la Catedral de Oviedo. Fue profesor de la Universidad de Oviedo, juez de Estudios en ella, y rector en 1790 y 1791. Tuvo numerosos cargos más: examinador sinodal del Obispado, juez apostólico y real de las Tres Gracias de la Santa Cruzada, inspector y director general de los Hospitales del Real Ejército Asturiano, y chantre y canónigo de la catedral de Durango en el reino de México. Después de la guerra de la Independencia se retiró a Cangas del Narcea; en 1815 aparece empadronado en la villa y al año siguiente vivía “achacoso” en el monasterio de Corias. Falleció el 24 de enero de 1822.

Escuela vieja de San Juliano de Árbas

En este periodo de retiro en Cangas, fundó y dotó la escuela de San Juliano de Arbas con el fin de instruir a la juventud y teniendo muy en cuenta a los jóvenes que emigraban sobre todo a Madrid: “conociendo por lo mismo las ventajas y beneficios que se les pueden proporcionar sabiendo leer, escribir y contar, máxime aquellos varones que, obligados de las circunstancias del país, se ven precisados a ir a la Corte u otras provincias a proporcionarse su sustento”. La escritura de fundación está en el Archivo Histórico de Asturias entre los protocolos del escribano Manuel Folgueras (15 de octubre de 1819, fol. 231, caja 13643). En ella se enumeran todas las condiciones que el fundador establece para la escuela, así como el capital de dos mil ducados y las rentas en los que sustenta dicha fundación. Todo esta escrito en ese protocolo que reproducimos literalmente al final de esta noticia.

La figura principal de la fundación es el maestro. Tenía que ser católico, persona de buena vida y costumbres, y no haber sido condenado por la Inquisición. Era un puesto de carácter vitalicio, y solo se le podía despojar de él por incumplimiento de sus deberes, embriaguez, blasfemia y afición al juego. Tenía que poner escuela cinco meses al año, desde el 18 de octubre al 18 de marzo, durante todos los días, sin excepción (salvo fiestas muy señaladas como Navidad, día de San Julián, Martes de Carnaval y Semana Santa); había que aprovechar bien ese tiempo de invierno, pues el fundador sabía que el resto del año los niños tenían que trabajar en sus casas cuidando el ganado, trabajando la tierra o recogiendo castañas.

La escuela era solo para varones, “niños y adultos”, tanto de la parroquia de San Juliano de Árbas como de las de los alrededores. Pero había una diferencia entre unos y otros: los de San Juliano no tenía que pagar ninguna cantidad de dinero, los de otras parroquias si. La única condición que tenían que cumplir los padres de los alumnos de San Juliano de Árbas era llevar a “la casa de la escuela y a disposición del maestro” un carro de leña por cada niño que asistiese a la escuela.

Detalle de la hornacina

En la escuela se enseñaría a leer, escribir y contar; la doctrina cristiana, y la “debida obediencia al Rey y autoridades que gobiernan en su nombre” y respeto a los ministros de la Iglesia. Después de la Revolución francesa, la guerra de la Independencia, las Cortes de Cadiz y la lucha encarnizada entre absolutistas y liberales en aquel tiempo, el fundador, probablemente un firme partidario de Fernando VII, quería influir en la medida de sus posibilidades en la orientación ideológica de los vecinos de San Juliano de Árbas.

La escuela dependería de un patronato integrado por el párroco, el mayordomo de la fabrica de la parroquia, el “vistor mayor” o alcalde pedáneo y dos vecinos, que tenían que saber leer y escribir, elegidos por los cabezas de familia de la parroquia.

Para albergar la escuela se aforó una casa a José Uría Álvarez-Terrero, señor de la Casa de Uría en Santolaya y de la de Miravalles, en la parroquia de San Juliano de Árbas, situada en el mismo pueblo de San Juliano. La casa dispondrá de una “oficina capaz para la escuela” y cocina y habitación para el maestro y su familia. La reparación de este edificio tendrán que sufragarla los vecinos. La existencia de un edificio dedicado solo a escuela y casa del maestro era una gran novedad, pues hasta bien avanzado el siglo XIX lo más frecuente era que la enseñanza en el medio rural se impartiese en la sala de una casa particular o en el pórtico de la iglesia parroquial.

El edificio de la vieja escuela de San Juliano de Árbas todavía se conserva en pie, aunque hace setenta y cinco años que dejó de ser escuela; tiene junto a la puerta de entrada una hornacina de cantería que seguramente cobijó alguna imagen religiosa. La parte dedicada a aula tiene unas amplias ventanas para dar luz y ventilación. Esta escuela se vendió en pública subasta en 1944 para ayudar en la construcción de una nueva.

Escuela nueva de San Juliano de Árbas, construida en 1944 con aulas para niños y niñas y dos viviendas para los maestros


La nueva escuela fue pagada casi en su integridad por los vecinos de la parroquia. En el acta del pleno del Ayuntamiento de Cangas del Narcea de 17 de abril de 1944 puede leerse: “[…] el vecindario del distrito escolar de San Juliano de Árbas, en este concejo, ha construido un hermoso edificio para la escuela de niños y de niñas, con vivienda para los maestros, hallándose las obras casi terminadas, pues solo falta dividir la vivienda de la maestra, construyendo los tabiques necesarios; que la edificación alcanza un coste de más de cien mil pesetas, todas hasta la fecha a cuenta del vecindario, y que este no solicitó ayuda económica del Estado, como debiera haber hecho al tratarse de una construcción tan importante. Acordó solicitar al Ministerio de Educación Nacional una subvención de veinte mil pesetas” para concluir la escuela.

Puedes descargar desde los siguientes enlaces la escritura de fundación de la Escuela de San Juliano de Árbas y el anexo con los Censos para sostenimiento.

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Breve historia del molinero y el ‘bollu preñáu’ de Cangas del Narcea

Molino de Veigapope

Si nos adentramos en los valles y riberas de nuestro concejo, vemos que todos tienen algo en común, en todos se escucha el agradable murmullo que produce el agua de algún río que tintinea al trascurrir nerviosa entre las piedras del cauce. Este agua riega las vegas haciéndolas ricas y fértiles, además de darles frescura y verdor. El color verde de estas vegas genera un contraste evidente en los meses de verano, entre el valle y las zonas altas circundantes que están totalmente secas y muestran un color más apagado.

Estos ríos se van escondiendo a medida que avanzamos hacia su guarida, celosos de su intimidad, y en su nacimiento solo dejan ver un pequeño reguero rodeado de una espesa vegetación; un ejemplo lo tenemos en el nacimiento del Narcea en Monasterio de Hermo.

Molino en Sestorraso

Si uno es observador, también se da cuenta que siguiendo estas riberas, de cuando en cuando, nos asaltan grandes y pequeños molinos de agua. La mayoría de las veces están totalmente desvencijados y abandonados, aunque con sorpresa se ven algunos muy bien conservados. Estos molinos están unidos irremediablemente al río, al sonido del agua, a las peñas tapizadas de musgo, a los árboles de ribera y a los tonos verdes de la hierba regada de los prados. La primera sensación que experimentamos cuando divisamos uno de estos molinos, es que tenemos un encuentro mítico con un mini paisaje, donde los sonidos indescifrables del río nos llevan a creer que realmente existen en estas zonas seres misteriosos y mitológicos, como el Trasgu que se esconde debajo del molino y cambia de sitio objetos y piezas relacionadas con la molienda.

Piedra francesa, molino de casa Queipo de Monasterio del Couto

Esta proliferación de ingenios hidráulicos es una muestra de la gran importancia que tuvieron en un pasado no muy lejano, ya que algún molino todavía funciona en la actualidad.

Estacada del molino de Fariñas con una escala salmonera para comunicar la parte inferior y superior del río

Antiguamente, este concejo no se caracterizaba precisamente por estar bien comunicado con la Meseta ni con el centro de la región; esto provocó que durante muchos años fuera difícil el intercambio de productos y el comercio con otros centros de producción, lo que obligó a nuestros antepasados a tener que ingeniárselas para autoabastecerse. Las zonas rurales normalmente cerraban el círculo de sus necesidades produciendo todo lo que necesitaban en la unidad familiar; producían y elaboraban su propia carne, patatas, verdura, vestidos hechos con lana de oveja, herramientas fabricadas con madera de la zona y, como producto base y estrella, sembraban su propio trigo. Pero este último producto no bastaba solo con sembrarlo y recogerlo, ya que para poder elaborarlo en forma de pan, bollu preñáu, frixuelo y otros artículos de consumo, era necesario pasarlo por un proceso intermedio, que es la molienda para convertir el grano en harina (farina).

Presa y pozo del ‘molín’ de casa Queipo de Monasterio del Couto. La construcción anexa era la minicentral hidroeléctrica del pueblo.

Para moler este trigo era necesario tener molinos en cada zona del concejo y esto explica que haya tantos ingenios hidráulicos al lado de nuestros ríos y regueiros. Para hacer funcionar estos artefactos era imprescindible tener un profesional que conociera perfectamente todo el sistema mecánico e hidráulico del molino; este antiguo profesional era el molinero.

Para escribir este artículo me acompañaré de este personaje, quien me llevará a descubrir todo el proceso que rodeaba su trabajo y la parte humana que lo acompañaba.

Antiguo molino de uso particular en el río de Corros

Los molinos en Asturias no los mueve el viento, como aquellos que atacaron a nuestro loco y entrañable Don Quijote de la Mancha; los de Asturias los mueve el agua. El funcionamiento del sistema se basa en almacenar una cantidad de agua a una determinada altura respecto de la turbina del molino; esta altura suele ser de dos o tres metros. Esto permite disponer de una energía potencial que se trasformará en energía cinética y mecánica en la parte baja del molino.

Molino de Agüera de Castanéu. Carro excéntrico para mover la pinera o ‘peneira’

La situación del molino es casi siempre la misma, cerca del río, a cotas superiores se hace una estacada o banzáu para retener y dirigir el agua hacia una presa que la conduce hacia el pozo de acumulación, situado junto al molino. Este pozo tiene dos finalidades, la primera y fundamental es crear una diferencia de altura entre el pozo y la zona baja del molino donde va situado el rodezno, una rueda horizontal que gira impulsada por la energía cinética que le transmite el agua, produciendo un momento de fuerza que hace girar los elementos mecánicos del molino. La segunda finalidad del pozo es acumular agua suficiente para que cuando se soliciten caudales importantes para moler, el molino no se quede sin agua.

El agua incide con cierta presión y velocidad sobre los canjilones del rodezno situado en la parte inferior del molino. Este agua genera un momento de fuerza que hace girar un eje vertical de madera que está unido a la muela superior (volandera o muela de arriba), que gira sobre otra inferior que permanece estática (muela de abajo o barranco); entre estas dos muelas se hace pasar el cereal para triturarlo y convertirlo en harina.

Parte inferior del ojo del molino o infierno

En general, los molinos ofrecen una estampa de gran belleza, pues siempre están construidos en un entorno donde los árboles de ribera se mezclan con los agradables sonidos del agua; además, estas construcciones poseen una arquitectura poco agresiva con el medio, ya que el molino consta generalmente de dos plantas de dimensiones bastante reducidas. En la segunda planta están todos los utensilios de la molienda con un pequeño almacén y en la planta inferior es donde se produce todo el proceso hidráulico. Esta planta inferior se reconoce muy bien, ya que le da personalidad al molino con los típicos arcos de piedra; se la denomina como los ojos del molino o el infierno.

Los molinos pueden ser de una muela para uso particular o de varias muelas para moler el trigo de otros vecinos a cambio de una compensación económica o en especie, la maquila. Este último molino se convertía en una pequeña y próspera industria familiar, ya que la afluencia de clientes era muy grande porque todos los vecinos tenían que hacer el pan cada quince días aproximadamente; además también tenían que moler el maíz y otros cereales para el ganado.

Picando la muela

Con esta pequeña industria se creó una nueva profesión artesana, la de molinero. Las tareas más frecuentes de éste eran limpiar periódicamente la presa que comunica el molino con la estacada del río, reparar las fugas de agua, mantenimiento de todos los elementos mecánicos del molino, engrase de cojinetes, picado de las muelas… El picado de las muelas era un trabajo de gran precisión para el que se requería mucha experiencia, pues de él dependía el buen resultado de la molienda. Otros trabajos son los siguientes: arrancar el molino; cargar la tolva o muxega con el grano; regular bien la velocidad de la muela actuando sobre el caudal de agua; conocer exactamente la aproximación que deben de tener las muelas para hacer una harina fina o más gruesa, etc.

Herramientas de widia (wie diamant) para picar la muela

Aunque el molino en su conjunto parece una máquina simple y sencilla, tiene, como todas las cosas mecánicas, secretos fundamentales que hay que conocer tanto en su construcción como en su explotación, para que el resultado final sea un producto de calidad. La construcción del molino debe ser meticulosa y perfecta, las muelas deben estar bien picadas y equilibradas, el molinero debe tener experiencia y conocer los pequeños detalles para conseguir moler con éxito.

Hasta ahora hemos descrito al molino y al molinero de una forma técnica y objetiva, pero en la tradición popular queda abundante constancia de testimonios donde se describen de otra forma más entretenida.

Los molinos eran lugares en los que se concentraba la gente esperando la molienda de su grano,

Estacada o ‘banzao’ del molino de Agüera de Castanéu

esto permitía comunicarse entre los pueblos vecinos que se contaban los chismes del momento; además, los mozos y las mozas utilizaban el viaje al molino para cortejar fuera del control de sus padres. Al estar situados en lugares escondidos y agazapados en las orillas fluviales, los molinos se convertían en objeto de murmuraciones y rumores sobre amoríos y otros tejemanejes más pecaminosos. Hay muchos dichos y canciones populares sobre esto:

Los molinos no son casas,
porque están por los regueros,
son cuartitos retirados
para los mozos solteros.
 
Si vienes a mi molino
solita te moleré,
si vienes a mi molino
yo no te maquilaré.

Moderna turbina con dos salidas de agua del molino de Monasterio del Coto

Estas libertades del molino fueron mal vistas y criticadas por algún clérigo de la época, como Fray Toribio de Pumarada y Toyos (raro para los clérigos), natural de La Riera de Colunga, que en 1712 amenazaba con frases como: ir a dormir al molino, es como ir a la casa del diablo.

El molinero en la tradición popular no sale mejor parado que el molino, ya sea por envidia o por cachondeo, siempre se le consideraba de dudosa reputación a la hora de “maquilar” (cantidad cobrada en especie de cereal). El molinero solía conseguir unos ingresos considerables para la época y evidentemente, en tiempos de poca abundancia, en el único sitio donde no faltaba el pan era en casa del molinero. Esto provocaba la tendencia a pensar que la riqueza del molinero provenía de coger más grano del que le correspondía por la molienda.

Pozo y presa del molino de Vegapope

El cancionero popular está lleno de cantares y dichos que confirman esta dudosa reputación del molinero:

La molinera trae corales
y el molinero corbatín,
no sé como da pa tanto
la tarabica del molín
 
Gasta la molinera ricos pendientes
del trigo que maquila a los clientes.
 
 
 
Cambiarás de molinero pero no de ladrón
 
Una clienta vio al molinero cambiar las ventanas del molino y le hizo la siguiente pregunta:
– Molineiro ¿para qué pones las ventanas, para que no entren los ladrones de afuera o para que no salgan los que hay dentro?.
 

Pinera manual y pinera de molino

La verdad es que algo habría de cierto, ya que siguiendo con el refranero: cuando el río suena agua lleva… Pero los que conocimos a molineros de la zona podemos decir que lo que ganaban lo tenían bien merecido, ya que estaban de sol a sol moliendo, incluidos sábados y domingos; siempre estaban cubiertos de polvo de harina, que además respiraban provocándoles problemas pulmonares. Por otro lado, al estar constantemente en contacto con el agua, la humedad y el frío de las heladas les producían bastantes enfermedades reumáticas.

Hoy, el oficio de molinero está desapareciendo, pero todavía queda alguno en activo que lo presentaré al final de este artículo.

Tolva o ‘muxega’ del molino de Veigapope, se puede ver la medida de volumen denominada ‘la cuarta’ es el cajón de madera que esta encima de la muela.

A continuación haré un breve recorrido por el proceso entero del trigo y sus productos, desde la siembra hasta el horno. Para desgranar como era este proceso, desde el cultivo hasta el horneado del pan, me dejaré asesorar por las mejores especialistas que hay en la materia, ya que lo vivieron en primera persona, y son esas abuelas que aún tenemos por los pueblos y que todavía poseen una mente muy brillante. No puedo anotar tantos detalles como me describen, pues si lo hiciera no haría un artículo, haría un libro; por lo tanto, simplificaré lo que me cuentan y lo escribiré con sus palabras de asturiano occidental o asturiano de Cangas, es decir, con asturiano d’aiquí.

Presa del molino de Fariñas en el río Luiña.

El trigo (Triticum) constituyó la variedad de cereal más apreciado a lo largo de la Edad Media. Mal adaptado al clima de nuestra región, no llegó a alcanzar en esa época la importancia que tuvo la escanda. A partir del siglo XIII aparece sembrado en tierras dispersas en localidades del concejo de Cangas del Narcea: Rubial, Llamera, Carballo y Agüera. En los siglos siguientes su cultivo ya se generaliza por toda la zona.

Segando el trigo

El trigo posee muchas variedades. Preguntando que variedades se sembraban en la zona, nadie me sabe contestar con rigor cuales eran, pero sí me las describen con el nombre popular con que eran reconocidas. Esencialmente había tres tipos de trigo con diferentes características: el primer tipo lo denominaban trigo “grande”, tenía el grano grande y solo se conseguía en las mejores tierras del pueblo; la harina que producía tenía un color muy blanco y se utilizaba para hacer muy buen pan; este trigo es posible que fuera el denominado Triticum Paledor. Otra variedad era el trigo “pequeno”, este también necesitaba sembrarse en las mejores tierras, la harina que salía de este trigo era la de mejor calidad y se reservaba para hacer productos muy finos, como los frixuelos y los dulces. El peor trigo lo denominaban parrucu y era el de peor calidad, teniendo que ser mezclado con el “grande” para conseguir un pan decente. El trigo parrucu provenía de las chombas de los montes del pueblo. Estas chombas eran trabajadas de forma diferente a las demás tierras de labor.

En los montes mancomunados de los pueblos se marcaba una proporción de terreno para cada vecino que lo denominaban chomba, que era cavada a mano con una azada (xadón); este trabajo se denominaba cavar borrones. Posteriormente, por el verano, todo el rastrojo del monte cavado se amontonaba y se prendía fuego en pequeños montones (borrón o borrones). Se sembraba el trigo dos años en estas zonas y después se dejaba descansar el terreno varios años.  A este sistema de agricultura se le llama barbecho, por eso estas zonas de monte eran conocidas como barbeitos. El trigo que salía del monte era de menor calidad, ya que crecía junto a otras hierbas que competían por los nutrientes del suelo, y esto hacía que el trigo fuera más pequeño, duro y sucio; este trigo del monte era el mencionado anteriormente como parrucu.

Mayando a mano con ‘manales’ en El Fuejo, Cangas del Narcea, 1927. En la imagen se ven las ‘facinas’ de centeno y de trigo. Fotografía de Fritz Krüger. Col. Museo del Pueblo de Asturias

Bien, ya tenemos los tipos de trigo y de tierra, ya podemos pasar a sembrar. La siembra se hacía en el mes de noviembre y la siega se hacía en agosto. La siega se realizaba a mano, necesitando mucha mano de obra. Una vez más nos encontramos con una actividad agraria que une a los vecinos para ayudarse de forma colectiva; la siega, el acarreo del trigo a la era y la mayada se hacían juntando esfuerzos entre todos los vecinos.

La siega del trigo se hacía a mano haciendo pequeños montones (gabiechas); estos montones se ataban formando los manoyos, y estos manoyos se juntaban haciendo los típicos montones de trigo que había en las tierras, los llamaban medas. Después de secar el trigo unos días en la tierra se acarreaba a las eras de la casa, disponiéndolo en montones de forma triangular que se llamaban facinas; éstas se ven en algunas fotografías antiguas de mayadas. Las eras de trigo marcaban la riqueza de la casa, pues la casa que tenía muchas facinas en la era dejaba claro que disponía de mucha tierra y de mucho pan, por lo tanto era una casa pudiente.

Mañores (Tineo), 1927.’Facinas’ de trigo en la era. Fotografía de Fritz Krüger. Col. Museo del Pueblo de Asturias.

Cuando el trigo estaba en todas las eras del pueblo se procedía a mayarlo. Esta operación consiste en separar el grano de la paja, generando dos productos: el grano se lleva al hórreo o la panera y con la paja se haci un nuevo montón que se llamaba colmeiro.

La mayada era una fiesta, todos los vecinos participaban de casa en casa, y como es natural en los intermedios y en las comidas no faltaban el jolgorio y buen humor; a esto último ayudaba bastante el que corriera de mano en mano abundantemente el vino de Cangas. (Ver: Una mayada en Rañeces en 1945)

Estando el trigo ya en la panera, el proceso sigue su curso bajando a moler el trigo al molino. Se bajaba cada quince días aproximadamente. El trigo iba metido en un recipiente especial, hecho de piel de oveja, que se denominaba fueche, con capacidad para unos 35 a 40 Kg.

Mayando a máquina

Al molinero se le pagaba con dinero o en especie, la maquila. Ésta, como ya expliqué, consistía en coger una proporción del grano de trigo que se molía. Cada molinero tenía su norma en la cantidad a maquilar; la competencia hacía que el molinero fuera prudente y no cogiera demasiado porcentaje.

Lo que me siguen contando estas abuelas es la parte más agradable de todo el proceso y, por supuesto, es la merecida recompensa a tanto esfuerzo. Con el trigo molido en casa se procedía a hacer el pan y el bollo preñao, hacer la fornada. El día anterior al amasado se ponía la levadura, mezclada con harina y agua templada en un recipiente (fader el furmiento). Esta mezcla se deja toda la noche para que reaccionen los microorganismos unicelulares de la levadura (cheldar). La levadura no se compraba, se dejaba un poco de masa del horneado anterior y se tenía siempre en casa en un recipiente con sal por encima y tapado con una berza. Preguntando para que se ponía la berza no me dan una explicación muy científica.

Moviendo la ‘fornada’ con el ‘rodabiel’ en un antiguo ‘forno’ de Bustelo

Al día siguiente se mezcla este furmiento con toda la masa de harina, agua y sal; se va amasando la fornada que se va a hacer y se deja cheldando, es decir, un tiempo tapada para que el CO2 que producen los hongos de la levadura hagan hinchar esta masa, creando los típicos ojos en la miga del pan. Después se corta esta masa en porciones que serán las futuras fogazas.

Lo que sigue es fácil de adivinar, se enciende el forno con leña. Cuando éste está bien caliente se sacan todas las cenizas con una escoba (el bascayo) que estaba hecha de xiniesta. A continuación se metían las fogazas en el forno con dos instrumentos de madera que son la pala y el rodabiel. Estas herramientas también tenían otras funciones, pues había la creencia, poco justificada, de que en los días de tormenta se debía poner en la era de la casa el rodabiel y la pala de madera haciendo una cruz para que alejaran los relámpagos de la casa. Si Benjamín Franklin supiera esto no se molestaría en hacer tantas tonterías para descubrir el pararrayos.

Horneando las ‘fogazas’ y el bollo

Volviendo al tema, lo mejor de este día de fornada era hacer el bollu preñáu, preñáu del mejor colesterol de la zona, buen chorizo, buen tocino, etc. Desde luego todo este esfuerzo merecía la pena, se conseguía un pan de verdad, sin nada de esos polvitos mágicos que ahora se echan en todos los procesos industriales, además se comía un bollo preñao que nos hacía acercarnos un poco más hacia la muerte en forma de colesterol, pero ¿qué es la vida sin un poco de riesgo?

Hogazas de pan de verdad (sin polvitos mágicos industriales)

A estas alturas del artículo es cuando me doy cuenta de la cantidad de trabajo, de medios, de profesionales y mano de obra que hacían falta para poder comer un buen pan, un buen bollo preñao o unos frixuelos. Yo recuerdo que aquel pan tenia la corteza y la miga de diferente color que el pan industrial que comemos hoy. Cada fornada de pan eran quince fogazas que duraban quince días; el último día el pan estaba perfecto para comer y eso que no llevaba ningún conservante, excepto la sal que tenía en la masa. Hoy compras esas barras de pan que te dan al precio de 2 por 1 y si lo dejas para la cena ya es chicle, y, por supuesto, ni se nos ocurre comerlo el día siguiente. Observando esto me asalta una pregunta: “¿realmente eso será pan? o ¿será un invento híbrido creado por algún químico de la Universidad de Oviedo?”. Otra pregunta curiosa: “¿por qué hoy tenemos tantos celíacos, tanta intolerancia al gluten?”. ¡Qué mal hizo la ciencia alterando algunos procesos naturales!

Para terminar presentaré algún molino importante del concejo de Cangas del Narcea. Empezaré presentando el que posiblemente fue el mejor molino de la zona, ya que su capacidad y tecnología superaba con creces a los demás. Este molino está en la villa de Cangas en el denominado Prao del Molín, pero su historia aparece en otro artículo de esta web del Tous pa Tous en la que se describe con todo detalle este molino: Historia del molín de la villa de Cangas del Narcea.

Antonio Fernández Rodríguez enseñando el molino de casa Terrao en Agüera de Castañedo

Otros molinos importantes en la actualidad son el de Agüera de Castanéu, el de Fariñas, el de Monasterio del Couto y el de Veigapope.

El molino de Agüera de Castanéu está situado en la orilla del río Narcea, en el pueblo de su nombre. El edificio es bastante moderno ya que fue reformado hace pocos años. Posee dos piedras de moler francesas y todavía está activo moliendo para clientes de los concejos de Cangas e Ibias. Quien me lo enseña es Jesús Antonio Fernández Rodríguez y quien estaba al frente del molino en los años de esplendor era su suegro: Antonio Menéndez de casa Terrao de Agüera.

Nilo González García enseñando el molino de Fariñas

Otro molino importante fue el de Fariñas, junto a Cangas y a orillas del río Luiña. Sus clientes eran todos los pueblos de la sierra del Acebo, de Limés y contornos. Este molino y su moderna estacada pueden verse caminando por el Paseo del Vino de Cangas del Narcea. El molino tiene dos muelas francesas y una toma de fuerza para enganchar una aventadora que servía para limpiar de impurezas el trigo. Quien me enseña el molino es Nilo González García, nieto del antiguo molinero Enrique García Tejón; este molinero era hermano del mítico gaitero José García Tejón “Fariñas”. Hoy, este molino está parado, pero me dice Nilo que en sus buenos tiempos a su abuelo no le faltaba el trabajo, moliendo doce horas diarias.

Aventadora para limpiar el trigo que venía de Castilla; molino de Fariñas

El molino dejaba buenos ingresos y de él se podía vivir cómodamente; como anécdota cuenta Nilo que cuando se arregló la estacada del molino se necesitaron siete trabajadores diarios para construirla y lo que recaudaba diariamente el molino era suficiente para pagar a estos siete jornales.

Manuel Blanco ,de Casa Queipo de Monasterio del Coto, frente al molino de su propiedad

El molino de Monasterio del Couto está enclavado en un paraje espectacular al lado del río del Couto. En la actualidad este molino está inactivo. Quien me lo presenta es Manuel Blanco de casa Queipo de Monasterio, que en su día fue molinero como su padre Modesto Blanco. El molino fue construido por su abuelo. Consta de tres piedras, dos francesas y una más blanda del país. Tiene una peculiaridad que lo diferencia de los demás, y es que tiene una turbina moderna con dos salidas de agua para darle más fuerza a la muela. Los clientes de este molino eran los pueblos del Río del Couto, parte del concejo de Ibias, algún comerciante como el almacén del Cuco de la villa de Cangas, etc.

Interior del molino de Monasterio del Coto

En 1933 el molino fue reformado por el abuelo, Manuel Blanco Uría, y en 1950 el padre, Modesto, molía sin interrupción. Era un gran negocio, había grandes colas de caballos esperando por la fornada; dice Manuel que la entrada del molino parecía una feria. El molinero comía, merendaba y cenaba en el molino y a veces era necesario moler de noche con luz artificial. Coincide este molinero en afirmar que el trigo que se producía aquí era mucho mejor que el que venía de Castilla. La forma de pago era como en los demás molinos, en dinero o, lo más habitual, en especie, la maquila; en este molino se quedaban con un kilogramo por cada diez molidos. Otras medidas habituales eran el choupin como unidad de volumen básico y la cuarta que llevaba cuatro choupines.

José Martínez Fernández actual molinero de Vegapope

El molino tiene anexo una toma de fuerza para enganchar una mini central eléctrica que producía luz para el pueblo. Daba suficiente para tres bombillas por cada casa y cada bombilla era de 25 watios.

José Martínez Menéndez anterior molinero de Vegapope

El siguiente molinero es el héroe de estos tiempos, pues esta aún al frente del molino y con gran éxito, ya que mucha gente vuelve a los sabores tradicionales. Este molino está enclavado en el pueblo de Veigapope, en un paraje de gran belleza al lado del río Narcea del que coge su agua y su fuerza. La historia de este molino se pierde en el tiempo. Por él pasaron los diferentes dueños (muirazos) de la casa del Molineiro de Veigapope. Nos dice el molinero actual que tiene escritos donde indican que el molino tiene una antigüedad de varios centenares de años. Este molinero se llama José Martínez Fernández y me comenta que la época de mayor funcionamiento del molino fue la de su padre José Martínez Menéndez.

Molino de Vegapope moliendo

Los clientes de este molino eran de los pueblos colindantes: la Regla, Cibuyo, Llano, Santa Eulalia, Adralés… El molino consta de tres muelas francesas, una de las cuales funciona en la actualidad a pleno rendimiento. Hoy, muele trigo para la panadería Xiepe de Cangas, para la panadería Pan de Ibias, algún horno de Pola de Allande, particulares de Tineo, Valledor y del concejo de Cangas del Narcea. Comenta la mujer del molinero lo contenta que está escuchando de nuevo el ruido que producen las muelas y el agua al moler, ya que hace unos años este molino también estaba abocado a cerrar definitivamente.

José Martínez moliendo en el molino de Vegapope

Le pregunto a José por qué en esta zona se utilizó mucho el trigo, mientras que en otros lugares de la región se utilizaba mayoritariamente la variedad de escanda, me dice que posiblemente en tiempos remotos se utilizó también la escanda, pero esta variedad se cambió por el trigo que conocemos debido a que es más productivo; además, la escanda tiene mucha piel, es más difícil de recoger y es más dura de moler.

Es muy agradable acabar este artículo acompañado del último mohicano, del último molinero en activo, de la imagen viva de una saga de profesionales que durante muchos años de historia fueron la clave de nuestra alimentación. El pan de pueblo, los frixuelos y el bollo preñáu no serían nada sin la experta mano del molinero.


De caza y pesca por Cangas del Narcea

El tema del que hablaré en este artículo siempre despierta opiniones encontradas: habrá quien vea la caza como un arte, como un entretenimiento, un negocio, una herencia biológica ancestral de cuando cazar era el único medio de subsistir que tenía el hombre antes de ser recolector y agricultor; sin embargo, otros verán la caza como algo antinatural e innecesario, matar un animal por entretenimiento, no por necesidad, les parecerá un comportamiento de bárbaros.

Cuadrilla ‘Los Sobrantes’ de Cangas del Narcea.

Conociendo estas dos posturas enfrentadas, abordaré el tema de la forma más objetiva posible, sin entrar en mucha profundidad, sólo intentaré exponer el artículo de manera informal, amena y entretenida, dando a conocer una faceta más de nuestro concejo.

Por supuesto, parto siempre de la base de que hablaré de la caza que está bien regulada para que pueda ser sostenible en el tiempo, respetando la ley y eliminando el furtivismo. Con estas premisas se puede decir que la caza es una actividad que mueve mucho dinero en el concejo y es uno más de los atractivos que Cangas del Narcea suma al conjunto de actividades singulares de la zona.

Empezaré por hacer algo de historia para intentar comprender por que el cazador de Cangas del Narcea tiene ese impulso, esa necesidad de acosar, acometer y cazar un animal.

La versión más inmediata y más fácil es pensar que proviene de los tiempos en que los antepasados tuvieron que cazar para alimentarse y que de alguna forma esto quedó reflejado en el ADN del cazador actual. Pero yo tengo otra versión y la demostraré basándome en hechos históricos que apoyarán mis conclusiones.

Cuadrilla ‘Tiso’ Cangas del Narcea.

Me trasladaré hacia atrás en la historia e intentaré conocer como vivían nuestros antepasados en la denominada Protohistoria Asturiana, que comprende los siglos anteriores al último tercio del siglo I antes de Cristo. En este siglo los astures tienen un contacto serio con las tropas invasoras romanas y éstas nos dejan referencias escritas sobre los antiguos pobladores del norte.

Basándome en el geógrafo e historiador griego Estrabón (Στράβων, Amasia, Ponto, 64 o 63 a. C. – 19 o 24 d. C.), en su obra Geografía, la parte que dedica a Iberia, describe los pueblos del norte con cierto encono, posiblemente debido a la oposición que tuvieron nuestros antepasados a ser sometidos.

Describe Estrabón a los galaicos, astures, cántabros y vascones como salvajes que comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según sus edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano; mientras beben danzan los hombres al son de las flautas y trompetas saltando en alto y cayendo en genuflexión. Su rudeza y salvajismo no se deben solo a sus costumbres guerreras sino también a su alejamiento, pues los caminos marítimos y terrestres que conducen a estos terrenos son largos y esta dificultad de comunicaciones les hace perder toda sociabilidad y toda humanidad; viven con mucha austeridad, hacen una sola comida al día y duermen sobre jergones de paja; viven sin preocupaciones porque dejan transcurrir la vida sin mas apetencia que lo imprescindible.Viven en ginecocracia bajo el mando de las mujeres, un régimen no muy civilizado. Esto último, también lo dice Estrabón en su obra, (aclaro no vaya a ser que alguna fémina se sienta molesta con mi persona).

Atendiendo a esta descripción de Estrabón y observando el comportamiento de los actuales cazadores, uno empieza a comprender y explicar porque estos hombres necesitan cazar aunque no tengan necesidad de hacerlo para subsistir. Este poder tan grande que las mujeres tenían sobre nuestros antepasados, según Estrabón, desembocó en que la única salida interesante que tenían los hombres para no estar controlados por sus mujeres, era guerrear y cazar; esto les permitía escaparse del castro donde vivían y gozar de relativa libertad sin estar sometidos al capricho y al poder de sus opresoras.

Cazadores posando con la pieza.

Si observamos el comportamiento de las cuadrillas de cazadores es fácil ver que aún se tiene un comportamiento muy similar a los antepasados pobladores norteños, desde luego este comportamiento ahora no está muy justificado ya que la mujer actual nada tiene que ver con aquella que describe el historiador Estrabón. Las cuadrillas organizan la caza de la siguiente forma: queda toda la cuadrilla en el bar Amador a horas bien tempranas, empieza la tertulia, se toma el café, se traslada toda la cuadrilla al monte, se reparten las esperas, se echan los perros y se procede a cazar. Cuando la cuadrilla se despide deja fecha para una cena de todos los guerreros que la componen, se escoge un bar donde se cocine bien la caza y esto permite volver a reunirse toda la cuadrilla una noche para comer, estar de tertulia, bromas, cafés, etc. Sinceramente a que suena esto, claramente una vez mas la historia se repite, la caza vuelve a unir a los hombres para tener unos momentos de libertad sin ningún tipo de opresión como ya hacían aquellos pobladores antiguos del norte.

Chuzo o lanza para cazar cuerpo a cuerpo.

También hay otra versión posible que explica el placer que experimenta el hombre al cazar. Esta versión seguro que es más noble y realista que la explicación anterior. El hombre siempre necesitó estar en contacto con la naturaleza, además siempre necesita mostrar su audacia y su valor; hay casos de cazadores excepcionales en la región que así lo demuestran enfrentándose a la bestia sin mas armamento que una arma blanca que podía ser un cuchillo o un chuzo. Posteriormente se empezó a cazar con escopetas de pistón de un solo tiro. Ésta debía dispararse muy cerca de la pieza para que el tiro fuera efectivo, esto era tan peligroso como cazar a cuchillo, pues al disponer de un solo tiro, el cazador tenía que ser muy certero, de lo contrario la situación se volvía muy comprometida con una pieza de caza muy cabreada enfrente.

El trofeo más preciado en esta época era el oso, su caza suponía una gran exposición y peligro para el cazador y esto hacía que fuese una pieza rodeada de leyendas e imágenes heroicas.

Caza del oso en el Partido de Sierra, Cangas del Narcea, año 1924.

Antes de que se generalizaran las armas de fuego, parece ser que la modalidad de caza de este plantígrado era la de cuerpo a cuerpo; se buscaba una cueva donde estuviera el oso y se forzaba a salir al animal. En el momento en que el oso salía y se abalanzaba sobre el cazador, éste le arrojaba una manta a los ojos y acto seguido intentaba insertarle un cuchillo o un chuzo en el pecho de la presa, el cazador procuraba meter la cabeza entre los brazos del oso para poder esquivar las garras y la boca de la fiera.

Una vez más, Jovellanos nos vale para todo y nos describe muy bien esta modalidad de caza: El que lleva el Machuco del Monasterio por mote Catascios [¿Catasyas?] y a su padre le llamaban Mataosos, porque este era su ordinario entretenimiento. Buscábalos en el monte, los provocaba y dejaba venir hacia él, y cuando se erguían sobre los pies para acometerle, se metía por ellos. El oso no tiene juego en las manos, y entonces les metía un gran cuchillo de monte por las entrañas y los rendía y acababa.

En la región asturiana existieron cazadores míticos que utilizaban este método de caza:

    • Francisco Ortal, vecino de Vigidel (Villanueva de Teverga) mató 70 osos en los montes de Cuevalmundi, Llamaragil, Rebollada y Pillares.
    • Pedro Arias, también de Vigidiel (Teverga) dio muerte a 40 osos entre los años 1810 y 1860. Su hermano “el cura” mató 16.
    • Angelón de Cerredo.
    • Manuel Álvarez, de Urria (Somiedo), apodado “el cazador” y cuyo mote aún perdura en sus descendientes, mató 48, el primero a los 13 años, y murió a consecuencia de las heridas que le ocasionó una osa en el monte de Navatchos.
    • José Díaz, “el valiente”, que después de haber matado muchos es herido y muerto por un oso en 1840.
    • Juan Díaz Faes, “Xuanón de Cabañaquinta”, mató 92 osos, algunos de ellos a cuchillo. Falleció a los 72 años el 20 de diciembre de 1894.
    • Francisco Hortal, natural y vecino de Vigidel (Teverga) que falleció en 1849 a los 80 años, mató 75.
    • Francisco Garrido Flórez que mató cerca de cien. Natural de Robledo (Somiedo) andaba siempre vestido de pieles. Usaba como la mayoría de sus compañeros de cacería, escopeta de chispa. A veces luchaba cuerpo a cuerpo. Vivió ochenta años.
    • José Calvo “Miza”, mató 19, es el último representante de esta saga de héroes populares, cuya aureola se pierde en nuestros días pasando de la admiración a la más execrable repulsa de los mismos.

Perros de caza atacando al jabalí.

Como no podía ser menos, en Cangas del Narcea también tuvimos alguno de estos cazadores míticos aunque no están registrados en ningún escrito. Sin embargo, todavía se recuerdan sus nombres en la transmisión oral de gente de la zona que cuentan las grandes gestas heroicas que acontecieron entre el oso y el cazador.

El primer cazador se llamaba Manolo, “Manolón el de Rita”, de casa de Mingañán de Genestoso, hoy denominada casa Manolón; era famoso por cazar varios osos a cuchillo. El final de este hombre lo escribió un oso. Se enteró “Manolón el de Rita” que en el monte de Llamera había una osa y fue a cazarla al sistema tradicional de cuchillo; la batalla fue tan fuerte que Manolón perdió un brazo y un ojo, pocos días después fallecía debido a las heridas infligidas por la osa.

Hay referencias orales de que en la Reguera del Cabo había un vecino que también mataba los osos a cuchillo. Moal también contó con otro gran cazador de osos según cuenta Jose de casa Mingo en el siguiente enlace: Cazadores de osos.

Osos por los montes del concejo.

Del oso se utilizaba la piel y el unto (la grasa), este último lo utilizaban para los dolores reumáticos; la carne no la comían salvo en casos de extrema necesidad pues se decía que tenía una carne muy blanda, oscura, dulce y de sabor muy fuerte. Esto seguro que es lo que salvó al oso de su extinción pues si la carne fuera suculenta posiblemente en aquellos tiempos de tantas necesidades habrían acabado con todos.

Comparando estos antiguos cazadores con los actuales no podemos decir precisamente que estos últimos sean tan temerarios, basta echar un vistazo a la parafernalia de medios con los que el cazador actual se enfrenta a la fiera para ver que no corren ningún riesgo. Coches todo terreno, perros que sobrepasan los 4.000 euros, rifles de gran alcance y precisión milimétrica, visores especiales, móviles y emisoras de última generación, GPS de situación en el monte y un sinfín de pertrechos que hacen que el cazador tenga una desorbitada ventaja en el lance con el animal. Por lo tanto hoy día a los cazadores los hay que considerar como grupos que se juntan para pasar un buen rato en buena compañía y hacer un poco de ejercicio físico por nuestros montes, si puede ser, este ejercicio se hará encima del coche todo terreno cuatro por cuatro.

Pero lo fundamental y digno de destacar es que los cazadores actuales suelen ser muy respetuosos con el medio y son los primeros interesados en acatar las leyes que permiten la sostenibilidad de la caza, lejos quedan aquellas formas depredadoras que soportaba nuestra fauna.

Preparando un jabalí para ser ‘desfochado’ (quitarle la piel).

Los cazadores del concejo y los que vienen de visita para cazar, mueven un capital importante en los negocios de la zona, para entender esto basta hacer un número muy rápido sin profundizar demasiado sobre el dinero que mueve la caza actualmente en Cangas del Narcea todos los años. Hay 17 cuadrillas en el concejo con una media de 25 cazadores por cuadrilla, salen un total de 425 cazadores en la zona. Cada cazador paga de media al año 1.700 euros en gastos de impuestos, balas, pienso para perros, veterinarios, bares, cenas, reuniones, etc. En esta cifra no entra la compra de coches todo terreno, carros para perros, rifles, emisoras y otros elementos que aumentarían considerablemente el número dado anteriormente de gasto por cazador. Hacemos un cálculo rápido multiplicando 17 cuadrillas por 25 cazadores por cuadrilla salen 425 cazadores a 1.700 euros de gasto al año por cazador salen 722.500 euros que se distribuyen por la zona. A esta cifra hay que añadirle los 200 invitados que vienen de fuera de nuestro concejo a cazar, más los recechos que la Sociedad de Cazadores ofrece anualmente. También hay que sumar los 6 puestos de trabajo para guardas que esta sociedad soporta económicamente. Así que podemos decir que la caza mueve cifras anuales en la zona entre 700.000 y 800.000 euros.

Perandones en la sala de alevinaje de la Sociedad de Pescadores Mestas del Narcea

Atendiendo a los datos anteriores considero que este colectivo debe tenerse en cuenta como una pata más del entramado turístico de Cangas; evidentemente como dice la canción, aquí no hay playa y tenemos que diversificar y valorar los medios que tenemos a nuestro alcance. Una vez más, recalco que esta opinión sólo se mantiene mientras que la caza sea sostenible, con leyes bien marcadas que no permitan la más mínima posibilidad de poner en peligro la supervivencia de nuestra fauna.

Algo parecido pasa con la pesca y seguro que si se entrara en profundidad en presentar los números serían muy significativos, dejando ver la cantidad de dinero que mueve en el concejo.

Desovando el salmón.

Nuestros ríos son espectaculares y la pesca mueve a mucha gente de aquí, además de atraer a muchos turistas que vienen exclusivamente por el reclamo de pescar en nuestro concejo. Afortunadamente las Sociedades de Pescadores están haciendo una labor encomiable por la salud de estos ríos.

En el Narcea se puede destacar aguas abajo la Sociedad Mestas del Narcea con una planta de alevinaje de salmón y trucha para repoblar y un centro de interpretación. En Cangas del Narcea también existe una iniciativa de pescadores que forman la Sociedad de Pescadores Fuentes del Narcea; éstos también están haciendo un esfuerzo importante por el cuidado y la repoblación del río; tienen una estación de alevinaje en Regla de Naviego donde poseen un centro de interpretación de pesca.

Pescadores de Cangas mostrando su trofeo.

Considero que me he extendido demasiado con la caza y dejo demasiado corta la parte que dedico a la pesca en este artículo, el motivo no es otro que el de no abusar de la confianza de quienes me leen, haciendo un artículo demasiado extenso.

Que me disculpen los pescadores, soy conocedor de que la pesca en el concejo tiene suficiente entidad para escribir otro artículo entero.

La Escuela de Niñas de Sonande, 1869 – 1936

Mesa de la maestra y pupitres en el aula de la escuela de niñas de Sonande

La educación es el sustento principal de los países y de las personas. Y esto lo sabían muy bien los emigrantes que salieron de Asturias en otros tiempos, que descubrían fuera el valor que tenía la formación para ganarse la vida. En el siglo XIX había muy pocas escuelas en el concejo de Cangas del Narcea, y por eso, muchos emigrantes que quisieron ayudar a sus pueblos de origen lo hicieron construyendo a sus expensas escuelas y pagando de sus bolsillos a los maestros. En Cangas del Narcea hubo bastantes mecenas, hoy olvidados, que con su dinero hicieron mucho por la educación de sus vecinos. En la parroquia de Cibea fueron varios los emigrantes enriquecidos en Madrid que construyeron escuelas y en algunos casos crearon fundaciones para seguir manteniéndolas después de su muerte. El primero fue Domingo García Sierra que en 1861 instituyó en su testamento una Fundación benéfico-docente destinada a sostener una escuela elemental de niños en Llamera, que dotó con un local de escuela y ocho mil pesetas en acciones del Banco de España para su sostenimiento. A éste le siguieron Vicente Rodríguez Pérez que fundó una escuela para niñas en Sonande en 1869; Francisco Pérez Rodríguez, conocido como Teresín, que construyó una escuela en Xinestosu / Genestoso y a su muerte, el 16 de septiembre de 1894, dejó unas fincas cuyas rentas deberían servir para pagar al maestro y mantener la escuela, y Francisco Pérez, “el Maduro”, que levantó a su costa la escuela de Valláu / Vallado.

Vicente Rodríguez Pérez, hacia 1880

De todas estas escuelas, la de Sonande es, sin duda, la más original y novedosa por dos razones: primera, porque es una escuela solo para niñas, cosa infrecuente en aquel tiempo en el que no se estimaba la educación femenina y por consiguiente el analfabetismo entre las mujeres era muy elevado, y segunda, porque en este caso no se va a levantar una casa escuela, que es lo corriente, sino que el promotor hará la escuela y vivienda de la maestra en el interior de su propia casa.

El promotor de la escuela de niñas de Sonande fue Vicente Rodríguez Pérez un hombre natural de este pueblo que emigró a Madrid siguiendo a su tío Francisco Rodríguez, a quien heredará a la muerte de este en 1866. Los dos hicieron mucho dinero trabajando en casas de banca y en Bolsa, y los dos permanecieron solteros.

Inscripción y fecha de construcción de la casa

Vicente Rodríguez construyó en 1869 una gran casa en Sonande, la conocida como casa El Muirazo, que dedica a su tío Francisco. En su fachada principal puede leerse: “A la memoria de un hijo de este pueblo” y “En recuerdo del S. D. Francisco Rodríguez”. La casa tiene planta baja y dos pisos, y la parte izquierda está habilitada para las funciones de escuela.

Casa de El Muirazo en Sonande, construida en 1869 por Vicente Rodríguez, donde está la escuela de niñas. A la derecha entrada y patio de recreo.

En la planta baja hay un local de entrada, donde las niñas dejaban las madreñas; en el piso primero está el local de escuela, que todavía conserva los pupitres, la mesa de la maestra y diverso material escolar (mapas, láminas), y en el piso segundo está la vivienda de la maestra con su cocina, dormitorio, sala y retrete. Los tres espacios están comunicados por una escalera reservada únicamente para este uso. Por fuera de la casa, las niñas tenían una entrada independiente de la principal y un pequeño patio para el recreo. En la fachada principal de la casa había una campana para llamar a la escuela.

La escuela comenzó a funcionar hacia 1870 y perduró hasta el comienzo de la Guerra Civil en 1936. Sus normas, establecidas por “el dueño”, eran las siguientes:

Tienen derecho a concurrir a esta Escuela las niñas de todos los pueblos de la parroquia de Cibea y su hijuela de Genestoso sin distinción de ninguna clase.

También pueden concurrir las niñas de los parientes del dueño de la escuela aunque no sean de la parroquia de Cibea.

A las niñas se les da libros, papel y plumas para escribir por cuenta del dueño.

No se permite recibir ninguna niña que no tenga 6 años cumplidos.

Condiciones para la Sra. Maestra

Normas de la Escuela de Niñas de Sonande y lámina de ‘Vocales y consonantes’

Prohíbo que se dé a las niñas más castigo que ponerlas de rodillas y dejarlas encerradas sin salir a comer; dentro de la escuela no se permite distinción a ninguna niña.

Los días de vacaciones y punto los señala el dueño.

La Sra. Maestra en los días de vacaciones y punto tiene la obligación de estar al servicio del dueño de la escuela, y comerá en casa de dicho señor si lo estima conveniente.

Prohíbe a la Sra. Maestra tener tertulia ni visitas de personas que no sean de su familia para evitar habladurías del vecindario y que observe buena conducta.

Aula de la escuela de niñas de Sonande y lámina de ‘Pesos y medidas’

Por la escuela de Sonande pasaron cientos de niñas de la parroquia de Cibea. Se conservan tres libros de matrícula y asistencia diaria del siglo XX, y por ellos sabemos que el número de alumnas matriculadas era muy alto, por ejemplo: en 1906 había 46 niñas; en 1907: 38 niñas; en 1908: 54 niñas, y en 1912: 54 niñas. Las edades, según estos mismos libros, iban desde los 4 a los 14 años. Las faltas de asistencia a clase eran muy elevadas, debido a las distancias que tenían que recorrer algunas niñas, al mal tiempo en invierno y al trabajo que tenían que realizar en sus casas. En los primeros años del siglo XX estuvo de maestra Mª de Loreto Gallego y la última fue Paulina López Menendez, natural de Pigüeces (Somiedo), que acabó casándose en Sonande.

Esquela de Vicente Rodríguez en ‘El Imparcial’, 9 de abril de 1891

Vicente Rodríguez murió el 8 de abril de 1891 y su esquela apareció en el diario El Imparcial, de Madrid. Este periódico lo había fundado en 1867 Eduardo Gasset y era de tendencia liberal, progresista, demócrata y antidinástica, y había apoyado la Revolución de Septiembre de 1868, la llegada de Amadeo de Saboya y la Primera República Española. No es de extrañar por tanto que Vicente Rodríguez, lector de El Imparcial, fuese un liberal progresista y que su interés por la educación de las niñas de su parroquia natal se enmarcase en esa ideología muy preocupada por la igualdad de sexos en la enseñanza. Su acción filantrópica consiguió que en el valle de Cibea se redujese el analfabetismo femenino al mínimo en las primeras décadas del siglo XX, hecho que no se dará en otras parroquias del concejo.

La casa El Muirazo y la escuela de niñas se conservan muy bien gracias al esfuerzo de su actual propietaria Josín Sagarra Rodríguez, a quien tenemos que agradecer la información que nos dio para redactar esta noticia y su esfuerzo por esta conservación.

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Nombres de vacas III – El libro de aparcería de ganado de la casa de Miramontes, 1813 – 1826

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Vacas en la sierra de Arbolente, al fondo el Río del Couto.

Una de las fuentes de información más útil para conocer la historia de la ganadería en Asturias son los libros de aparcería o “comuña”, en los que los propietarios registraban las cuentas del ganado que daban a medias a campesinos. Nosotros tenemos uno de la casa de Miramontes, que perteneció a José Alfonso Argüelles y que comprende anotaciones desde 1813 a 1826. Este señor residía en la villa de Cangas del Narcea, pero la casa solar de su familia era la de Miramontes, la conocida como La Torre de Sorrodiles, en la parroquia de Cibea, donde vivía en aquel tiempo un casero. Sus propiedades estaban repartidas por Cibea, Xinestosu / Genestoso y el Partido de Sierra, y fuera de nuestro concejo por Valdés, Pravia, Laciana (León) y Valdeorras (Ourense). En el libro anota cada año las cuentas de las cabezas de ganado que tenía dadas en aparcería con varios campesinos: Vicente Martínez “el Colaso”; Manuel Menéndez, de Villarino de Cibea; Francisco Frade, del Térano de Cibea; Feliciano de Alba, de Genestoso; Francisco Gancedo “el Requel”, de Villarino de Cibea; Juan Martínez “el Indiano de Villanueva”; Diego Rodríguez, de Miramontes (casero de José Alfonso Argüelles), y “Joaquín, hijo de Pedro de Llamas”.

En aparcería tenía cabras, yeguas y, sobre todo, ganado vacuno: becerras, magüetas, vacas y bueyes. Los campesinos aprovechaban la leche, la fuerza de los animales para tirar del carro o aperos, y sus excrementos para hacer “cuitu” y abonar las tierras. Las crías de las vacas quedaban a medias entre el propietario y el llevador, y si se vendían se repartían el dinero. En el libro también aparecen los tratos que hacía con estos campesinos: “Hoy, 13 de marzo de 1826, compré o tomé una vaca y una novilla de dos años a Manuel Flórez, de Genestoso. Y se las dejé de aparcería. La vaca fue en trece duros y es mía sola, y las crías de a medias. Y la novilla en seis duros y lo que pase cuando se venda de los seis duros de a medias y las crías también de a medias”.

A veces se perdía toda la ganancia por muerte del animal. Se anotan cuatro causas de muerte: “se la comió el lobo” (se anota en tres casos); “lo comió el oso” (“Año de 1821. Un buey de a medias, de los dos que tenía el año de 20, pues el otro lo comió el oso”); “el mal bravo”, que es la causa más frecuente (“Murió una becerra de año del mal bravo y me dio la mitad del pellejo, hoy 7 de marzo de 26”) y una vaca que murió “derribada”. Cuando la muerte acontecía por las dos últimas causas se aprovechaba el pellejo del animal, que era para el propietario si la res era toda de él o se repartía a medias si la propiedad era compartida.

No todos los animales aparecen en este libro con nombres que los identifiquen. Los bueyes nunca se mencionan por su nombre; tampoco es habitual mencionar los de las becerras o las magüetas. Aparecen los nombres de dos novillos: Moreno (un novillo de dos años) y Pulido (“un novillo negro de tres años llamado el Pulido”). En cambio, las vacas madres son las que casi siempre se anotan con un nombre propio.

Los nombres que aparecen son los siguientes:

  • Abrila
  • Bragada
  • Cachorra, Calva, Castaña, Corala
  • Figuera
  • Garbosa
  • Lloura
  • Mariella, Melandra
  • Negra
  • Parda, Parrada, Pecha, Perusa, Peruya, Pinta, Prieta, Pulida
  • Rabona, Rana, Roja
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Las bodas en Leitariegos en 1898

Boda en la iglesia de Cibea, hacia 1920, con los novios, convidados y cantadoras con los panderos encintados. Col. Josefina González, de casa Alfonsa, Las Cuadriel.las de Vil.lalái.

[En 1898, Rodríguez Riesco envió una larga monografía sobre el concejo de Leitariegos al médico Octavio Bellmunt, de Gijón, con destino a la obra Asturias, que estaban editando este doctor y Fermín Canella desde diciembre de 1894. En el tomo tercero de esta obra solo apareció un breve resumen de ese texto, que puede leerse en nuestra Biblioteca Canguesa:

Rodríguez Riesco, José: Leitariegos (1900). En: Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País, ed. facsímil, 2009.

El escrito completo ofrece mucha información desconocida y es muy interesante para conocer aquel concejo que se integró en el de Cangas del Narcea en 1925. En las próximas semanas publicaremos el escrito completo en la web del Tous pa Tous, hoy sólo vamos a dar a conocer la parte en que relata cómo eran las bodas y los tratos matrimoniales a fines del siglo XIX. El autor había nacido en 1853 en Brañas de Arriba y era maestro, y en aquel año de 1898 ejercía de secretario del Juzgado y del Ayuntamiento de Leitariegos. Juaco López Álvarez]

 

LAS BODAS EN LEITARIEGOS EN 1898
José Rodríguez Riesco

Nada más de común tienen las fiestas en Leitariegos, pero algo más de simbólico y emblemático tienen las bodas. No hemos de decir que en dichas alturas las bodas se contraen por interés o por amor, porque generalmente existen ambas cosas según las condiciones de los individuos, según se puede apreciar, si bien generalmente con tendencia a lo primero como más favorable. Se busca en primer lugar el mus y buena moza. Mas si no se encuentra ésta se decide por aquel y, al contrario, si no se encuentra dinero se elige una buena moza. No digamos que suelen gastar largas relaciones amorosas, porque éstas, la que más, dura medio año.

Se juzga igual y divierten sin excepcionar a ninguna, mas al llegar la época de tener que contraer matrimonio los mayorazgos, bien porque ellos lo propongan, bien por indicación de los padres, cuando van teniendo de los veinte y cinco a los treinta y cinco [años], pues de más jóvenes no suelen casarse, procuran buscar un embustero, los que no tienen la habilidad, memoria o influencia para el negocio que de por sí van habilitando, y ataviándose de sus mejores prendas, buen  mulo o caballo bien enjaezado (si tienen que salir del pueblo) se dirigen pretendiente y embustero, pero de noche, que es cuando suelen efectuarse estas aventuras para no ser vistos y uno en pos de otro discurren lo necesario para el trance supremo. Casos se han dado de salir a ello y no saber ni por asomo a dónde se iban a dirigir. El embustero habla y propone, que es el que no tiene vergüenza, y después de ser bien obsequiadas [las mozas] con tortillas, frisuelos y vino que llevan los pretendientes a veces surte efecto y otras queda pendiente, pero atrás o alante se deciden luego.

La mayoría paran por cuestión del dote, que es de sumo interés pues, como suelen decir, la casa de fulano (niegan todas las deudas) se merece tanto y cuanto y como tienen la boca grande para esto, es donde generalmente oscilan todos los reparos, pues una casa regular no se conforma de ocho mil reales abajo. La menor de 500 a 1.000 pesetas y las principales suelen llegar a los dos mil duros, que siempre se van dando a plazos de mil reales al año hasta solventarlo; además del ajuar de boda los hay que lo hacen de presentes, que es lo más lucido, así como poner onzas de oro o monedas de a cinco duros de arras en vez de duros o pesetas. Las arras suelen regalarse a la novia, pues es cuestión del padrino y siempre se buscan los más ricos. Se han dado casos de parar las bodas por causa de la vaca de la chueca, de si la había de llevar o no, aunque ya se perdió esta costumbre que antes prevalecía mucho, mas si pueden sacar un buen prado o tierra de dote esto sí lo hacen.

Generalmente se suelen casar parientes con parientes, costumbre de la que se ha usado mucho y en tal manera que hay pueblos como El Puerto que todos son parientes, unos vecinos de otros, y todos pues se apellidan Cosmen de primero o segundo apellido, pero apellido noble como se demostraron en  hijosdalgo y armas pintar cuyas Reales Cédulas tienen y conservan, sucediendo otro tanto en Braña de Arriba con los Rodríguez, Sierras y Tablados, y en Trascastro con los Rodríguez y Garcías y otros.

 Los mayorazgos o primogénitos son los que son troncarios y se casan en casa; los hijos restantes, si no van para casas de mayorazgas, todos se ausentan a Madrid y otros puntos, aunque siempre atienden y entran en casa.

En cuestión de pretensiones, corren velozmente por el pueblo y concejo las noticias pues nunca falta de la casa quien lo diga, cuando no se alaba la novia, a fin ya de alardear de tal o ya para que llegue otro [pretendiente] de más importancia, que suelen trocar sin escrúpulo porque aquí el que más tiene mejor vive.

Página del manuscrito de José Rodríguez Riesco sobre Leitariegos, 1898.

Llega el día de la boda y con anticipación, los convidados (que son todos los mozos del pueblo y las mozas) y, además, otros amigos y parientes, el cura y los sastres de la boda, se suelen preparar para la misma, siendo convidado igualmente ahora el Juez o su delegado que asista, que no se perdona una. Los mozos encargan la pólvora, el padrino los puros y la madrina las bollas. Las mozas del lugar y las de los pueblos por donde ha de pasar, ocho días antes se juntan todas las tardes para ensayar las seguidillas que les han de cantar, las cuales confeccionan para cada boda las suyas. Procuran obtener un buen día de sol, pues tienen mal presagio si llueve en el día de la boda de una, pues dicen que llora. Grandes variaciones deben de sufrir las enamoradas parejas, pues regularmente como desde el cura hasta el sacristán todos son casamenteros, unos dicen que va bien, otros que mal, otros que tiene mal genio, otros que no; algunos los desguían y dicen que mejor lo haría con fulano o bien a él con otra fulana, lo cual los ponen a la muerte pues les dan en qué pensar.

El día de la boda, temprano, se anuncia por los convidados con sendas descargas de pólvora, cada uno con el arma que puede adquirir o bien con voladores; hechos que se presentan incesantemente como si fuesen a montería, no siendo la primera vez que algunos por usar malas armas y cargar mucho para que suene se llevan los dedos de las manos sin que nadie se queje ni acuda a la autoridad. Todo el día se oye: ¡Viva la novia! ¡Viva la boda! Las mozas bien compuestas con panderos encintados y castañuelas, dos delante cantan, las demás responden, principiando a hacerlo al salir los novios de la iglesia, ellas delante y la gente del pueblo no convidada, que toda concurre aun en el día de mayor ocupación. Detrás siguen los novios y padrinos y luego el cura, juez y demás acompañamiento. Todos majestuosamente van acompasados, sin que puedan pasar delante de las cantadoras, y el padrino va repartiendo cigarros puros a todos. Es condición previa que si la boda sale del pueblo o viene de afuera, cada convidado ha de llevar buena caballería y bien aparejada y cuantos más mayor bombo. El novio ha de llevar dos, la suya y la de la novia, sucediendo en estos casos que con los continuos disparos se espanten las caballerías no acostumbradas y tiren los jinetes, que si son hembras, en el entusiasmo general, por verlas manejarse a las hábiles y llorar a las temerosas, haciendo los disparos por entre los caballos. Es pues esto una pura alegría para los convidados y un pesar para las que no saben cabalgar que siempre enseñan lo reservado.

El tiroteo es continuo y el canto melodioso y triste, que en la mayoría de las ocasiones hace prorrumpir a los desposados en amargo llanto y conmueve a los circundantes. Entre las muchas y generales que cantan allá van las siguientes:

Los buenos días les damos

a los novios y padrinos,

que todos juntos parecen

los serafines divinos[1].

Padrinos más elegantes

ni madrina más salada

aunque del cielo bajase

un pintor que los pintara.

Salga, salga la su suegra

a recibir la sua nuera,

a quererla y estimarla

como si hija suya fuera.

La enhorabuena les damos

en la puerta del Sagrario

a los novios y padrinos

y demás acompañados

El señor novio y la novia

bien se aconsejaron antes,

que llamaron a la boda

padrinos muy arrogantes.

Convídala, caballero,

con una jarra de plata,

que buena muchacha llevas

para gobernar la casa.

¡Qué mocedad tan florida,

qué acompañamiento grande,

qué padrinos tan hermosos,

qué novios tan elegantes!

Qué buena dicha ha tenido

madrugar el señor novio,

porque de la mejor huerta

se cogió el mejor repollo.

El señor padrino de hoy

es arrogante caballero,

ya nos vamos acercando

vayan soltando el dinero.

Padrinos tan elegantes

y novios de igual presencia,

al presentarse en la calle

hacen al sol competencia.

El padrino de esta boda

se ha portado bien del todo

que para casar los novios

ha puesto las arras de oro.

Y la señora madrina

también ha de regalar,

si han de ser dos sean cuatro

y sabremos dispensar.

La luna le dice al sol:

-No prosigas tu carrera,

que los novios y padrinos

los resplandores te llevan.

Y la señora madrina

lo hizo con arroganza

que para casar la novia

anillos puso de plata.

El padrino de esta boda

puede soltar el bolsillo,

para soltar la propina

de esas monedas de a cinco.

Contesta el sol a la luna:

-Detente y sale más tarde

que los novios y padrinos

alumbran toda la calle.

La novia que hoy se casó

viene muy aborrecida,

por Dios al novio pedimos

que le haga buena vida.

De esas monedas de a cinco

somos desinteresadas,

que a recibir cuatro duros

ya estamos acostumbradas.

Casada, ya estás casada

por los libros de San Pedro,

quiera Dios te haga dichosa

y los ángeles del cielo.

 

La novia que hoy se casó

fue pretendida de tantos,

el galán que la llevó

dio limosnas a los Santos.

La madrina de esta boda

quiera Dios que de hoy en quince

sea su primer pregón

y que a nosotras nos brinde.

Casada que hoy le pusieron

el yugo del matrimonio

quiera Dios que no te pese

ni tampoco al señor novio.

Por encima tu tejado

ya baja el sol a alumbrarte

y toda las tus amigas

venimos acompañarte.

Adiós te decimos todas

y a Dios tenemos pedido

que seas feliz, dichosa

al lado de tu marido.

El sol baja por su trecho,

la luna queda en su trono,

al ver gente tan lucida

de parte del señor novio.

Al pasear por la calle

y al revolver de la esquina

ya se divisa el palacio

donde ha de habitar la novia.

La despedida les damos,

disimulen nuestros yerros

que el que no tiene saber

no se ve libre de ellos.

Por el jardín del amor

el novio se ha paseado

y  del más alto rosal

una rosa se ha alcanzado.

Abran las puertas, señores,

ábranlas de par en par,

que a esta nueva casadina

venimos a acompañar.

Adiós te decimos todas

con bastante sentimiento,

quedamos pidiendo a Dios

que las nuestras sean luego.

Es esa que lleva al lado,

esa nacarada rosa,

que en la puerta de la iglesia

se la dieron por  esposa.

Salgan las de la cocina

a recibir la casada,

si nos permiten licencia

venimos a acompañarla.

 FIN

La novia y la madrina

son dos flores muy preciosas

de diamantes engarzadas

y perlecitas hermosas.

 

Abran las puertas señores,

ábranlas con alegría,

que aquí está la casada

y la señora madrina.

Después que acaban de cantar, o mejor dicho, cuando piden la propina a los padrinos (que la tienen que dar de tres a 25 pesetas, y la madrina una hogaza de trigo y en dinero de una a 5 pesetas, según clase) les dan las gracias o callan, cantando también.

Grabado del cuadro -Una boda de aldea- en Monasterio de Hermo, de Luis Álvarez Catalá, fines del siglo XIX.

Llegan a la puerta [de la casa] del novio; las puertas están abiertas de par en par y sale la suegra a buscar la nuera, que abraza y besa e introduce en compañía de todos al mejor sitio de la cocina o sala con lloros y suspiros, gritos de alegría, enhorabuena, etcétera. De antemano se tienen preparadas a la entrada fuentes con ricas mantecas del día y pan de trigo y vino blanco, y la madrina y el padrino o encargada reparten grandes rechas [rebanadas de pan] cargadas de miel o azúcar a todos los concurrentes de la boda y a todos los del pueblo, grandes y pequeños, sin que quede alguno, salvo las disidentes que sin darse por aludidas se escurren si puede ser. Sigue la algazara. Comida asombrosa a medio día, baile animado, cena de igual calibre y baile hasta el amanecer al cual concurren todos los mozos de los pueblos aunque disten dos leguas. Si hace mucho sol y es verano forman merienda campestre y en un carro la llevan al hermoso campo de Vistauril donde al lado de la gaita pasan el día alegremente.

Si viene la novia de otra parroquia o pueblo, además del canto dicho, salen a despedirla igualmente; por los pueblos que pasan salen a recibirlos con igual o variado son, pues en cada pueblo usan el suyo y los padrinos tienen que dar iguales propinas o pasar por donde no haya pueblos.

Tales son las bodas en Leitariegos, que si bien nunca pintaron mal hay dotes ofrecidas de muchos años que aún no se han pagado ni pagarán. Las que mejor suelen pintar, según se dice, son las de los propios pueblos, aunque no se distancia mucho para buscarlas.


[1] Por supuesto, en cada boda cantan, además de éstas, otras particulares alusivas a los casados, con descripción de nombres, apellidos y demás que les haya pasado y nobleza, etcétera.

Los vaqueiros de alzada en Xinestosu (y una súplica de los vaqueiros al rey Carlos III en 1776)

BRAÑAS DE VAQUEIROS EN CANGAS DEL NARCEA

 

Brañas de Saldepuesto, Cangas del Narcea. Foto: Fernando M. Herrero Azcárate

Las alturas de las montañas del concejo de Cangas del Narcea hoy están completamente deshabitadas. Durante parte del año pastan en ellas muchas vacas, pero no se oye la voz de casi nadie, porque los dueños de ese ganado solo suben a vigilarlo de vez en cuando. Antiguamente no era así y en el verano las brañas y los pastos altos estaban repletos de personas, que pasaban allí varios meses guardando y cuidando el ganado. Además, a los vecinos del concejo se sumaban los vaqueiros de alzada que procedentes de Tineo, Villayón y, sobre todo, Valdés ocupaban brañas en términos de las parroquias de Las Montañas, Xarceléi, Santianes, Teinás, Villacibrán, Gillón, Monesteriu d’Ermu, Xinestosu o Leitariegos.

Brañas de vaqueiros eran Saldepuesto, Oul.ladas, La Feltrosa, Braniego, Xunqueras, Los Cadavales, Chanos o Valdecuélebre. También las de Burramil, Queixeira, Bujuvil, L’Acebal y Pantravieso, que en 1877 eran propiedad de Manuela de Llano y Merás, señora de la casa de Santianes de Porley, y ocupaban vaqueiros de los pueblos de Ablanedo y Candanosa, del concejo de Valdés. Y según Juan Uría Riu algunos pueblos de nuestro concejo habrían sido en su origen brañas de vaqueiros, como Castil del Moure, Brendimiana/Brañameana o El Cabanal, todos en la parroquia de L.linares del Acebo, o La Braña d’Ordial en Xarceléi.

Algunas de estas brañas eran muy grandes, como La Feltrosa y Xunqueras. En 1826, según el Diccionario Geográfico-estadístico de España, de Sebastián Miñano, la primera, situada en términos de Gillón, tenía en verano 60 vecinos y 275 habitantes, y la de Xunqueras, en la parroquia de Teinás, 40 vecinos; sobre esta última escribe lo siguiente:

Brañas de Saldepuesto, Cangas del Narcea. Foto: Fernando M. Herrero Azcárate

Esta braña se halla a la falda del puerto de Serrantina; se compone de varias chozas hechas de tapines, en donde en el verano habitan más de 40 vecinos con sus ganados que se mantienen en sus abundantes pastos, y en el invierno se retiran a la marina. No trabajan ni cultivan cosa alguna, pagan algún diezmo de manteca, queso y jatos, y contribuyen con pagas reales en el tercio de setiembre.

En Cangas del Narcea, los vaqueiros dejaron un folclore muy rico, que cada día está más olvidado. Adolfo García Martínez, que es en la actualidad el mejor conocedor de este grupo, nos ha recitado dos coplas referidas a brañas vaqueras de nuestro concejo:

Las vaqueras de Braniego
dan el l.leite a los galanes
ya van diciendo pa Buseco
que lo maman los tenrales.
 
Vaquerina de Xunqueras
si acabaste la farina
cue la vaca ya’l gochu
ya veite pa la marina.
 

Los vaqueiros son un grupo étnico que se trasladaba desde la marina hasta la cordillera en busca de pasto para su ganado. En invierno ocupaban pueblos bajos, situados en Gijón, Siero, Las Regueras, Llanera, Salas, Cudillero, Valdés, Tineo o Navia, y en verano residían en Somiedo, Cangas del Narcea, Tineo o Torrestío y Lumajo ya en la provincia de León. Además de criar ganado, los vaqueiros se dedicaban a la arriería y con sus caballos o machos transportaban mercancías de León y Castilla a Asturias. Su modo de vida diferente hizo que se convirtieran en un grupo aparte del resto de los campesinos.

Braña La Feltrosa (Gillón, Cangas del Narcea)

Debido a la competencia por el aprovechamiento de los pastos, la convivencia entre los vecinos de los pueblos y los vaqueiros no era siempre amable, y eran frecuentes las quejas de los primeros por el número tan elevado de cabezas que traían los vaqueiros y porque el ganado de estos entraba a pastar en sus tierras. Esto dio pie a numerosos pleitos y también a disputas que a menudo acababan a palos.

Los vaqueiros pasaban en el concejo de Cangas del Narcea unos cuatro o cinco meses al año. Ocupaban terrenos que arrendaban al monasterio de Corias o a grandes terratenientes, como las casas del conde de Toreno, Miramontes, Carballo o Santianes de Porley. En las brañas vivían en unas cabañas muy pobres. En 1752, en las respuestas generales que dan las parroquias del Coto de Cangas al catastro del marqués de La Ensenada sobre las casas y otras construcciones, se dice: “no regulan ninguna [renta] a los vaqueros por las chozas de su residencia, por consistir la fábrica de ellas en la unión de rozo de árgoma o escoba, que aun para la defensa del temporal necesita reedificarse cada mes”.  Y en las respuestas que sobre lo mismo da el concejo de Cangas del Narcea se dice: “sin que incluyan por casa, ni aun de ganado, las que los vaqueros de alzada tienen en las brañas de su residencia, por consistir la fábrica de ellas en la unión de rozo de árgoma o escoba”. Entrado el siglo XIX, las cabañas de estas brañas seguían siendo muy pobres, y en 1826 las de Xunqueras, como señala Miñano, eran “chozas hechas de tapines”.

Con el tiempo, las cabañas de los vaqueiros se fabricarán con piedra. Hasta no hace muchos años todavía existían en pie un par de cabañas en la braña de Saldepuesto, que eran unas construcciones de planta rectangular y cubierta a dos aguas con pequeñas losas. En ese lugar pueden verse las piedras de los restos de las numerosas viviendas que hubo allí, igual que sucede en las brañas de Braniego o La Feltrosa. La única de estas brañas en las que aún se mantienen las viviendas en buen estado es en la de Chanos (parroquia de Teinás), donde hasta hace pocos años todavía traían dos vaqueiros su ganado a pasar el verano, uno de Folgueras del Río (Tineo) y el otro de Argumoso (Valdés).

En 1927 se publicó en La Maniega (nº 6) un artículo titulado “Visitando una braña de vaqueiros” y firmado en Madrid por “Paco”, en el que describe el ambiente del interior de una cabaña de una braña de la que no da el nombre y que el autor había visitado el verano anterior. El mobiliario era de una gran probreza:

Por fin llego, echo pie a tierra, dejando en libertad al pollín para que se fartase bien de la fresca hierba que pisábamos. Me dirigí a una cabana; antes de llamar se abrió la puerta para dar paso a un hombre ya viejo, de baja estatura, pero de recia construcción; me hizo pasar a la pobre habitación, haciéndome sentar en el único asiento que allí tenía, pues todo su mobiliario consistía en un camastro con jergón de fueya, tapado con dos ordinarias mantas de lana y un cobertor; un tayuelo, encima del cual había una escudiecha y una cuchara de madera, utensilio que usaba para sus comidas. 

Conocida es la afabilidad de los vaqueiros, pues éstos no quedan contentos hasta que no fartan a uno de todo aquello que hallan a mano. Ofreciume primero una cazolada de cheite caliente y un trozo de pan más negro que su cogote, que ya es decir; aquello me supo a gloria; no hubiera yo cambiado aquello por el más suculento manjar que me pudieran presentar. Quiso hacerme probar unas papas de maíz que estaban en una mugrienta bolsa colgada de un palo metido en la pared.

 

LOS VECINOS DE XINESTOSU CONTRA LOS VAQUEIROS EN EL SIGLO XVIII

 

Genestoso / Xinestosu, Cangas del Narcea.

En el siglo XVIII los vecinos de Xinestosu pleitearon con los vaqueiros para limitar su presencia en sus pastos. Desde “tiempo inmemorial” y durante varios meses de verano venían a este pueblo cuatro familias de vaqueiros procedentes del concejo de Valdés, en concreto de las brañas de Rioseco, parroquia de La Montaña, y Busindre, de Paredes. Allí, en una braña situada junto al camino que va al pueblo de Orallo, en Laciana (León), tenían sus cabañas para recogerse las familias y “alrededor de ellas, sin abrigo alguno, vivían los ganados”. A comienzos del siglo XVIII venían a este pueblo los vaqueiros: Antonio Corral, Pedro Jaquete, Alonso Guerrero y Francisco Antón.

En 1729 los vecinos de Xinestosu presentaron una queja porque una de esas familias se había desdoblado y a la cabaña que era del fallecido Antonio Corral iban dos hijos con sus respectivas familias. Los vecinos se oponían a la presencia de  uno de estos hijos y solicitaban que se fuese cuanto antes. Las razones que daban para su denuncia eran las siguientes:

[…] y aviándose muerto el dicho Antonio Corral dejó por sus hijos a Luis Corral, su hijo mayor, que esta fatuo, y el segundo que se llama Juan tomó estado de matrimonio y se recogió en dicha casa, y después de algunos años lo tomó el dicho Esteban, y se vino a dicho lugar con su mujer, recogiéndose ambos hermanos en dicha cabaña con ambas familias, y por este medio pretende [Esteban] avecindarse en el lugar y con el de ser hijo y heredero de dicho su padre, sin que él ni más hijos que de él hubiesen quedado tengan derecho alguno ni bienes, más que un pradico de medio carro de yerba y el derecho de pastar en los términos abertales de dicho lugar un solo hijo que habite dicha cabaña desde principios de mayo hasta principios de octubre de cada año; con la obligación de pagar los tributos reales, según su caudal, en todo el año como otro vecino, sin que tengan derecho alguno a roturar, ni abonar ningunos prados, ni heredades, ni pastar, ni cortar en los montes y abertales, más que un sucesor de cada uno de cuatro que tienen cabañas en dicho lugar y todos de crecida familia, y de permitírsele al dicho Esteban Corral esta mansión […] serán con el tiempo tantos que arruinarán y destruirán [a] los vecinos, que les será preciso desamparar el lugar, por tanto y para obviar este inconveniente

No sabemos cuál fue el resultado de este pleito, pero nos sirve para conocer la tensa convivencia que existía entre los vaqueiros y los vecinos de Xinestosu.

Convenio entre vecinos de Parada la Viecha y vaqueiros para aprovechar el pasto de las brañas de Burramilo, Cubilledo y Branaqueseira en 1543.

Cuarenta años después de aquella denuncia, los vecinos volvieron a demandar a los vaqueiros. Esta vez el motivo fue impedir el aprovechamiento y uso de los pastos comunes por lo vaqueiros de alzada. Su objetivo era expulsar a estos vecinos incómodos, que solo venían durante cinco meses al año, traían mucho ganado y no participaban de los trabajos comunales. Al parecer, otro objetivo oculto era deshacerse de ellos para alquilar los pastos en esos mismos meses de verano a los pastores de ovejas merinas, que procedentes de Extremadura o Castilla, pastaban en las proximidades de Xinestosu.

Este pleito llegó a la Real Audiencia de Asturias y allí, en 1771, se dictó una sentencia por la que se mandaba “que no se les permitiese a dichos vaqueiros el aprovechamiento de pastos comunes no viviendo como vecinos la mayor parte del año en dicho lugar de Genestoso”. La sentencia establecía como condición que durante ese tiempo tenía que vivir allí el cabeza de familia, residiendo en este lugar desde el verano hasta “el cumplimiento del Precepto Pascual”, es decir, hasta finales del mes de marzo o abril. Esto era algo imposible de llevar a cabo por los vaqueiros y contra la sentencia alegaron la elevada altitud de Xinestosu, la imposibilidad de residir allí “en tiempo crudo de nieves, yelos y aguas”, la mala calidad de sus refugios y la falta de alimento para el ganado. Pero todo esto no sirvió de nada.

A los vaqueiros de Xinestosu los apoyaron los dueños de las casas de Miramontes y de Carballo, que con su expulsión salían perjudicados, porque los vaqueiros llevaban en arrendamiento tierras suyas. E incluso la Junta General del Principado hizo una declaración en 1776 contra esta sentencia, que redactó el conde de Peñalba, en la que mencionaba el beneficio que traían consigo los vaqueiros “en los parajes que habitan” por “el abono que reciben aquellos terrenos con sus ganados” y por “ser unos continuos trajinantes de que se sigue al provecho a los lugares inmediatos a su habitación con los vinos que de los reinos de Castilla conducen, producto grande de la Real Hacienda y de los arbitrios impuestos sobre este licor”.

A pesar de todo, los vecinos de Xinestosu se salieron con la suya y los vaqueiros tuvieron que dejar de ir los meses de verano a aquel término. En 1817, el señor de la casa de Miramontes, José Alfonso Argüelles, hijo de José Alfonso Pertierra, que había defendido a los vaqueiros en 1771, escribió en una noticia histórico-geográfica de la parroquia de Cibea y su hijuela de Xinestosu sobre estos vaqueiros, los vecinos y los jueces de la Real Audiencia:

Y contiguo al camino de esta subida [de Orallo, en Laciana] estaba dicha braña, contra cuyos vaqueros, inquilinos y renteros de las dos casas atrás dichas, movieron pleito los vecinos de Genestoso por los años de mil setecientos y setenta, siendo los principales agentes y motores del pleito Cayetano Calvín y Francisco Gavilán, vecinos de Genestoso, con poder de los demás, alegando les consumían los pastos para sus ganados, que no eran vecinos los vaqueros, ni hacían funciones de serlo, y que solo subsistían en dicha braña el tiempo preciso y que les era útil para ellos, sin rendir utilidad alguna al pueblo de Genestoso. Logró este lugar la protección del Fiscal de la Real Audiencia de Oviedo y de su Oidor Decano, ambos amigos de jamones y manteca, y alegó el Fiscal que la propiedad de Miramontes y Carballo era intrusión contra la libertad y subsistencia de los pueblos, de quienes eran los pastos y pertenecían al vinculo regio. Se sentenció que viviendo los vaqueros en la braña la mayor parte del año, con funciones completas de vecinos, siguiesen en la braña, pero por lo riguroso les fue imposible y los persiguieron los vecinos hasta expelerlos.

 

SÚPLICA DE LOS VAQUEIROS AL REY CARLOS III EN 1776

 

Representación de Manuel Redruello, vaqueiro, al rey Carlos III, 1776

Con motivo de aquella sentencia, dictada en 1771 por la Real Audiencia de Asturias, los vaqueiros vieron peligrar su sistema de vida y su propia existencia, porque si la actitud de los vecinos de Xinestosu se extendía a otros pueblos en los que ellos pasaban el verano y se repetía la misma sentencia, al final ellos no podrían subir con sus ganados a los pastos de altura. Y esto era una situación que amenazaba el “modo de vida y sustentarse” de todo el grupo, porque en el verano no podían alimentar su ganado con el pasto que tenían en las brañas o pueblos de la marina. Los vaqueiros no podían vivir sin “habitación de invierno y de verano”.

Esta situación les obligó a presentar una representación o súplica al rey Carlos III para exponerle el problema y buscar su intercesión. Este escrito, desconocido hasta ahora y que presenta el TOUS PA TOUS por primera vez, muestra las ideas que los vaqueiros de alzada tenían sobre sí mismos y sobre los aldeanos o xaldos, cómo veían ellos su propia vida y cómo interpretaban la inquina de los vecinos de los pueblos con los que tenían que convivir.

No creemos que la emulación que experimentamos provenga de nuestro modo de vivir, que no es envidiable, sino de los efectos y esquilmos que nos produce, los que apetecen nuestros vecinos, aunque no se mueven a imitarnos en el trabajo y afán. Solo quieren hacer compatibles su regalo y abundancia con la ociosidad y quietud.

Esta representación dirigida a Carlos III es un testimonio excepcional, en el que se tocan los grandes temas que hay alrededor de los vaqueiros de alzada. El documento procede del archivo de la Casa de Miramontes y lo reproducimos íntegramente a continuación: 

Señor

Manuel  Redruello,  vaquero de los que llaman del alzada en el Principado de Asturias, por sí y a nombre de los demás vaqueros de alzada que habitan y pueblan en tiempo de verano las mayores alturas y quebradas peñas del dicho Principado y especialmente de los que avecindamos con nuestras familias, por el referido tiempo, en el lugar de Genestoso, hijuela de la parroquia de Cibea, en el concejo de Cangas de Tineo, con tanta más confianza, cuanto mayor es su infelicidad y más lamentable su suerte y la de los demás sus compañeros, llega A. L. R. P. de V. M.  y con el más profundo respeto representa:

Que esta clase y porción de vasallos, por una vaga aunque heredada tradición o concepto obscuro de su origen y establecimiento en aquella provincia, experimentan   el sumo desprecio de aquellos naturales, sus convecinos, negándose a concurrir y alternar con ellos hasta en los templos, pues por evitar (a lo que parece) mayores escándalos y alborotos se les señala el ínfimo lugar en las iglesias para que desde él limitadamente puedan adorar a Dios y asistir a los divinos oficios, sobre cuyo particular está lleno el archivo eclesiástico de pleitos seguidos con el mayor tesón y ardimiento, y en la actualidad los hay pendientes. Este abatimiento lo han sufrido los suplicantes reduciéndose y acomodándose a tan ínfima condición, porque al fin han podido lograr su subsistencia a costa de una continua transmigración con sus familias, ganados y ajuares, en la forma que se expresará, pero ya no pueden continuar en su tolerancia porque se les impide y pone embarazos a su modo de vivir y sustentarse en el referido Principado desde su estancia. Es así, Señor, que nuestro ejercicio es la trajinería, conduciendo con caballos los abastos y géneros de otras provincias a la de Asturias, y nuestras mujeres entre tanto quedan en las alturas de los montes cuidando y apacentando un corto número de ganados vacunos y lanares. En tiempo de ivierno habitan en las montañas fronteras a el mar, donde su inmediación hace se experimente un clima menos riguroso. Allí hacen su mayor residencia, tienen sus casas donde se albergan con sus ganados y praderías para apacentarlos; por lo mismo, esta morada constituye su vecindario y feligresía, y en ella se les exigen las contribuciones reales y el Pecho Personal, así para el reemplazo de el ejercito como para el Servicio del Milicias, lo que se acredita de el testimonio que acompaña esta humilde representación. Pero en tiempo de verano faltan enteramente los pastos y se ven precisados a dejar yermas estas casas, cargando todos sus muebles y familia para conducir los ganados ocho, diez o más leguas, y buscarles el alimento en las más remotas brañas, que habiendo estado cubiertas de nieve producen en este tiempo hierbas frescas entre aquellas peñas, donde tenemos unas pequeñas chozas o, con más propiedad, nidos para que nuestras familias duerman a techo; no puede extenderse ni pasar tan incómoda mansión de cuatro meses, porque o vuelven las nieves o baten los vientos en aquellas alturas, de suerte que es forzoso dejarlas y restituirse a las habitaciones de ivierno. Así, nos llaman con propiedad vaqueros de alzada, porque andamos con el ganado vacuno en un continuo y progresivo alzamiento de casa o transmigración.

No creemos que la emulación que experimentamos provenga de nuestro modo de vivir, que no es envidiable, sino de los efectos y esquilmos que nos produce, los que apetecen nuestros vecinos, aunque no se mueven a imitarnos en el trabajo y afán. Solo quieren hacer compatibles su regalo y abundancia con la ociosidad y quietud. De este principio nace el empeño que han tomado los de el lugar de Genestoso de expelernos de las brañas pertenecientes al dicho lugar, donde siempre algunos de nosotros hicimos nuestra mansión de verano, y en prueba poseemos algunas porciones de prados que nuestros mayores nos dejaron con carga de Aniversario. Han seguido a este fin un largo pleito en vuestra Real Audiencia de Asturias sobre el despojarnos de esta posesión particular, apoyada de la general costumbre que va expuesta, admitida y hasta ahora no reclamada por otro lugar o vecindario alguno del Principado. Y sin embargo que hicimos nuestra defensa justificándola por notorio, y acreditando también las muchas y graves extorsiones que habíamos sufrido, aquel tribunal nos condenó por sentencia de vista y revista a que no pudiésemos aprovechar los referidos pastos, ni continuar nuestra antigua costumbre y posesión, no viviendo, ni habiendo en ellos vecindad la mayor parte del año; cuya providencia, ya por evitar nuestra entera ruina, nos allanabamos a cumplir deteniéndonos en nuestras miserables chozas, expuestos a la inclemencia y rigor de los tiempos, hasta verificar la residencia de más de los seis meses. Pero vuestro Fiscal que reside en aquella Audiencia ha tomado la voz de los vecinos contra nosotros con tanto empeño, que ha pedido y a su instancia se ha mandado, que esta morada haya de ser con la cabeza de familia, y afianzándola, y no solo esto, sino que se haya de cumplir en ella con el Precepto Pascual; siendo así que de nuestra habitación de ivierno a ésta de verano hay la distancia de once leguas, en una y otra no podemos cumplir y sin ambas no podemos vivir. En el ivierno es imposible permanecer en las brañas y alturas de Genestoso porque se cubren de nieves, en el verano nos es forzoso dejar las de Valdés porque perecerían nuestros ganados faltándoles el pasto; luego, los efectos de estas Providencias serán el privarnos de aquel suelo y extrañarnos de la provincia, no solo a nosotros los que pastamos el verano en Genestoso, sino a todos los demás vaqueros de alzada, nuestros compañeros, que pastan por esta dicha estación en las demás brañas del Principado, pues por lo proveído se extenderá a ellos el rigor que nosotros ya experimentamos, porque se verifica la misma razón, y si algunos quedasen será a costa de gratificar a los respectivos vecindarios porque no reclamen, como si tuviesen acción a contradecir y defender este aprovechamiento de sus términos, lo que por tanto tiempo han callado y lo han permitido. Ellos tienen sus casas en los valles y abrigos de los montes, y aunque en el  verano lleven sus ganados a las alturas, sobran en ellos los pastos para todos, a no ser que quieran utilizarse arrendándolos a extraños. Últimamente, Señor, no hay Ley en estos Reinos, según nos aseguran, que prescriba tales requisitos en asuntos de pastos, y aunque vuestra Audiencia y su Fiscal hayan contraído a el suelo de Asturias las doctrinas de autores que escribieron en otras provincias, donde el modo de población y el clima son diferentes, no deben a la verdad adaptarse, porque la incapacidad de habitarse aquellas alturas por nos de cuatro meses, excluye la circunstancia de que hayan de pasar de seis. En esta atención

A. V. M. humildemente suplicamos, que extienda su Real Clemencia a estos miserables vasallos, mandando que la Audiencia remita los autos que acreditarán toda nuestra narrativa y que informe a mayor abundamiento la Diputación del Principado si es así cierta la costumbre y nuestro modo de vivir, y en vista de todo libertarnos de la nueva servidumbre que se nos impone, suspendiendo entre tanto los efectos de las expresadas sentencias y resoluciones en su ejecución tomadas, para que continuemos nuestras antiguas posesiones, usos y costumbres. Así lo esperamos de vuestro paternal amor y Real protección.

Dios Nuestro Señor guie la C. R. P. de V. M. los muchos años que le pedimos y estos Reinos necesitan.

 

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Los aprovechamientos ganaderos de alta montaña durante la Edad Media: El caso de Cangas del Narcea

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Restos de una de las estructuras ganaderas localizadas durante la prospección, en la braña del Texedal, Cangas del Narcea.

El 21 de septiembre de 2012 Pablo López Gómez, uno de los componentes del Equipo de Investigación en Arqueología agraria del sector asturleonés de la Cordillera Cantábrica, leyó su Trabajo Final de Máster (TFM) en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada. Dicho trabajo, titulado Los aprovechamientos ganaderos de alta montaña durante la Edad Media: El caso de Cangas del Narcea, Asturias, recibió una calificación excelente (Sobresaliente, 9,5 sobre 10).

El estudio se enmarca dentro del Proyecto de Investigación La formación de paisajes del Noroeste Peninsular durante la Edad Media (siglos V-XII) (HAR2010-21950-CO3-03, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad a través de la Secretaría de Estado de I+D+i. En la investigación de Pablo López Gómez se expusieron los resultados de la prospección arqueológica realizada en los valles del Naviego y el Cibea, en el municipio asturiano de Cangas del Narcea. En el transcurso de esta investigación fueron documentados 29 establecimientos ganaderos, una tejera, un calero, seis carboneras y diversas estructuras de la Guerra Civil.

Los resultados de la investigación son alentadores, ya que suponen la primera prospección de estas características realizada en la región. Es destacable la incorporación de elementos tan característicos de la sociedad rural asturiana como las brañas al proceder investigador de la Arqueología. Este joven investigador ha identificado patrones de asentamiento, territorialidad y control de pastos en torno a estos enclaves estacionales, a la vez que propone una cronología relativa, a través de la estratificación del paisaje y del apoyo en la documentación escrita proporcionada por el monasterio de Corias (Cangas del Narcea). Como último hito del trabajo, se apuntan líneas futuras de investigación, con la selección de una muestra representativa de ciertas brañas sobre las cuales abordar intervenciones arqueológicas intensivas que confirmen las hipótesis planteadas en el TFM de Pablo López Gómez.

Con la realización de este trabajo sólo se ha dado un primer paso en las investigaciones arqueológicas sobre la ganadería medieval en el Noroeste peninsular, que esperamos continúe dando frutos en los próximos años, tal y como presentamos recientemente en Helsinki durante la reunión anual de la Asociación Europea de Arqueólogos. En esta línea, el trabajo de nuestro equipo continuará incorporando nuevas zonas a nuestro ámbito de estudio, realizando intervenciones arqueológicas en las zonas de pastos y revisando de una forma minuciosa la abundante documentación escrita de época medieval y moderna, continuando experiencias como la desarrollada en Vigaña, Belmonte de Miranda.

Una mayada en Rañeces en 1945

Mayada en Rañeces en 1945. Un alto en la faena, la gente está posando para la foto y algunos hacen cola para tomar vino.

La mayada era una actividad importante e imprescindible en la vida campesina hasta hace cuarenta años. Mayada o machada es el nombre con el que se conoce en nuestro concejo el proceso de desgranar los cereales con los que se elaboraba el pan, que era la base de la alimentación campesina. Los cereales eran el trigo y, sobre todo, el centeno. Estos se sembraban en noviembre y se cosechaban en julio o agosto del año siguiente. A continuación se mayaban. El grano recogido se  almacenaba en el hórreo o la panera, y cuando se necesitaba amasar pan se llevaba al molino para convertirlo en harina.

La mayada se hacía después de la siega del cereal y en ella se juntaban los vecinos para ayudarse unos a otros. Había que hacerla rápido, para evitar la lluvia y aprovechar los días calurosos del verano, con el fin de que el grano estuviese bien seco y se conservase sin problemas.

Antes de los años treinta del siglo XX, la mayada se hacía con manales, con los que se golpeaban las espigas para separar los granos, y con vanos, con los que se aventaba el grano para limpiarlo de pajillas. A partir de esos años comenzaron a llegar a los pueblos las maquinas mayadoras movidas por un motor de gasolina, así como las aventadoras movidas manualmente o por el mismo motor. Estas máquinas se alquilaban por horas o días, y su empleo  redujo considerablemente la duración de las mayadas, aunque siguieron necesitando la colaboración de muchas personas. En las mayadas del pueblo de Rañeces, parroquia de San Cristobal de Entreviñas, se juntaba gente de Robléu, Llamas, Llano y Corias.

La reunión de vecinos para estos trabajos y el hecho de ser el fin de la cosecha, hacían que la mayada fuera también un momento de fiesta con canciones, bailes, comida abundante y vino.

A pesar de su importancia en el ciclo anual de la vida de nuestro concejo, son muy pocos los testimonios gráficos que conocemos de las mayadas. El mejor conjunto de fotos pertenece al alemán y lingüista Fritz Krüger, que fotografió en agosto de 1927 una mayada en el pueblo de Mañores (Tineo) y en casa Jorge, en El Fuejo, en Cangas del Narcea. Ahora, gracias a Javier Collar Martínez, socio del Tous pa Tous, podemos mostrar una serie de fotografías que fue realizada en 1945 por su madre, Dolores Martínez Álvarez, en Rañeces de San Cristobal. Las fotografías no tienen mucha calidad, pero son, sin duda, un testimonio valioso y raro de la vida rural canguesa.

Como suele suceder en casi todos estos testimonios fotográficos de la vida rural, Dolores es una canguesa nacida en Madrid en 1925; su padre era de Casa Celestón, de Rañeces y su madre de Mingón, de Las Tiendas, y en su juventud pasaba los veranos en Rañeces. Se casó en Madrid, pero su marido era de Robléu de San Cristobal. Como buena hija de la emigración, tuvo la curiosidad de retratar la mayada que se hizo en las casas de Celestón y de Escaladas y a sus vecinos del pueblo en aquel verano de 1945.

Fotografías de Dolores Martínez Álvarez

1945 - Siega en Rañeces1945 - Mayada en Rañeces I1945 - Mayada en Rañeces II1945 - Mayada en Rañeces III1945 - Mayada en Rañeces IV1945 - Mayada en Rañeces V1945 - Mayada en Rañeces VI1945 - Mayada en Rañeces VII1945 - Mayada en Rañeces VIII1945 - Mayada en Rañeces IX1945 - Mayada en Rañeces X1945 - Mayada en Rañeces XI1945 - Mayada en Rañeces XII

(III) Costumbres de MUERTE en Cangas del Narcea y otros concejos del SO de Asturias, 1901-1902

III

DEFUNCIÓN

A) PREVENCIONES PARA LA MUERTE.

a) CONSUETUDINARIAS.

1) Si es costumbre hacer encargos a la familia para el caso de muerte y en qué consisten generalmente.

Cangas de Tineo

Hacen encargos respecto al modo de hacer el entierro y mandas piadosas. También disponen lo que llaman caridad (respecto al pan y vino a los que asistan al entierro) al menos hacia Carballo, pueblo de este concejo.

2) Adquisición en vida de sepultura, mortaja, féretro, cruz para la tumba, etc.

Cangas de Tineo

No suelen adquirir ninguna de estas cosas en vida.

3) Adscripción a cofradías y derechos que da.

Cangas de Tineo

Hay cofradías que en ciertas épocas mandan decir un oficio por los cofrades difuntos. Así lo hace en esta villa la cofradía de las Hijas de María, y en Navia, concejo bastante distinto de éste, la de Nuestra Sra. del Carmen.

Asturias

Son escasos los pueblos donde no hay una o más cofradías bajo la advocación de una virgen o de un santo. Están regidas por sus especiales ordenanzas, en las que se determinan derechos y obligaciones de los cofrades y las multas que se imponen en caso de incumplimiento. En caso de defunción de un cofrade se suelen pagar los funerales con fondos de la cofradía; los hermanos conducen el cadáver, asisten al entierro y funeral y rezan por el difunto en especiales reuniones. La familia da a los cofrades que han asistido al entierro el pan y el vino (algunas hogazas y dos o tres cantaras de vino).

4) Instituciones concejiles para caso de muerte; material fúnebre del concejo, etc. Gremios.

Cangas de Tineo

En las parroquias rurales había antes andas para la conducción del cadáver; ahora van en cajas. El material de servicios fúnebres es de particulares.

Noceda de Rengos (Cangas de Tineo)

Tienen una asociación de enterradores. Fórmanla todos los vecinos que se turnan en el entierro de sus paisanos, por tandas de a ocho: 4 para conducir el cadáver y otros 4 para abrir la fosa. El que quiere excusarse de esta obligación, debe poner en su lugar un hombre, abonando la faena.

b) TESTAMENTARIAS.

1) Si es frecuente el otorgamiento de disposiciones testamentarias o lo es más la defunción ab intestato.

Cangas de Tineo

Me dan informes contradictorios; pero, como aseguran que mejoran al primogénito, supongo que será más frecuente el otorgamiento de testamento que la muerte ab intestato.

Tineo

Es bastante frecuente el otorgamiento de disposiciones testamentarias. Son muy raros los casos ab intestato.

Asturias

Son pocos los que piensan en otorgar testamento antes de sentir que se acerca el último momento y aún entonces no se acuerdan de llamar al notario (sobre todo en la gente de montaña), pues generalmente es el cura el encargado de redactar el testamento.

2) Clases de testamento más comúnmente usadas en la localidad.

Cangas de Tineo

Más frecuente ante testigos pero hay casos de testamento ante notario.

Tineo

Otórganse bastantes ante notario, puede decirse que casi todos a no ser que aquél esté ausente, caso en el cual se hace ante cinco testigos.

Asturias

Generalmente es el cura el encargado de escribir la última voluntad en un documento privado que luego se protocoliza. Claro es que la intervención del cura en esto no tiene la importancia que la del Párroco en Cataluña, si bien en el concepto de los sencillos montañeses de Asturias la tiene muy grande.

3) Si hay casos de testamentos otorgados ante el común de los vecinos y cómo se hacen.

Cangas de Tineo

No

4) Disposiciones testamentarias más frecuentes respecto de funeral, mandas piadosas, institución de heredero, tutela, legados y cualesquiera otras concernientes a las personas o a la propiedad.

Cangas de Tineo

Cuando no hay heredero forzoso, se instituye heredero a otro. Suelen disponer en su testamento que se digan por su alma las misas de San Gregorio.

Tineo

En el testamento se dispone de todo lo relativo al funeral, curas que han de asistir, limosnas que se han de hacer. Es muy frecuente que se procure favorecer al primogénito en perjuicio de los demás hijos que también acostumbran vender la parte que les corresponda a un extraño en cual se encarga de armar pleito y de dar que hacer al favorecido.

B) DEFUNCIÓN.

a) AGONÍA.

1) Prácticas religiosas y familiares en este caso (cirios, candelas, objetos sagrados, imágenes, de la familia o de las cofradías, que se reservan para tales momentos, etc.).

Tineo

Se encienden velas o luces de aceite delante de un crucifijo y puestos los asistentes de rodillas rezan a coro la letanía de los Santos o el Rosario.

Asturias

Se llama con urgencia al cura y éste vestido de sobrepelliz y estola lee la recomendación del alma. Los concurrentes, unos pronuncian sin cesar y en voz muy alta el nombre de Jesús, otros dicen la letanía con gran fervor, se encienden también algunas velas dando preferencia a las que están bendecidas.

2) Si es costumbre que presencien la agonía muchas o pocas personas. Toque de agonía; número de campanadas.

Cangas de Tineo

Presencian la agonía muchas personas, puesto que todos los vecinos entran a ver al enfermo y no tienen reparo en decirle con tono compasivo: “Ay, fulano, tas muy malu, pa mi vas a morite luegu”. En las aldeas de este concejo no hay toque de agonía. En algún otro sí, pero no sé el número de campanadas. En el de Navia el número de ellas es distinto para los hombres que para las mujeres.

Tineo

La familia y vecinos más próximos.

 

b) MUERTE.

1) Comprobación de la muerte; prácticas más usuales.

Cangas de Tineo

No hay más comprobación que el certificado del médico.

2) Disposiciones que toma la familia respecto del cadáver; amortajamiento y quiénes lo hacen; clases de mortajas y cuáles son las que se usan más frecuentemente; prácticas, creencias y supersticiones relativas a la manera de dejar el cuerpo del difunto; exposición, etc.

Cangas de Tineo

Amortajan el cadáver los individuos de la familia o amigos de ella. Ordinariamente llevan puesto las mujeres una camisa, enaguas, medias y pañuelo a la cabeza. Los hombres, camisa, calzoncillos, medias y un pañuelo para sujetar la mandíbula inferior. Alguna vez les visten con hábito del Carmen o de San Francisco pero no es común. El cadáver se coloca boca arriba y con las manos cerradas y se pone a su lado una luz.

Noceda de Rengos (Cangas de Tineo)

La vida es difícil y dura. Las ropas de vestir se consideran como verdadera riqueza. Así es que, en vez de amortajar al muerto con sus mejores ropas, como es uso en muchos lugares, le dejan en paños menores. Sobre el pecho le cruzan un pañuelo; otro, atado en lo alto de la cabeza para sostener la mandíbula y con un tercero le tapan la cara. La Bula de la Santa Cruzada, cuando la hay, acompaña al difunto.

Tineo

En cuanto muere, proceden a amortajarle los de la familia y vecinos. La mortaja consiste en camisa y calzoncillos para hombre, y enaguas, calcetas y un pañuelo blanco de hilo o algodón para mujeres. Hasta las 24 horas no le colocan en la caja y entonces, clavada ésta, llevan el cadáver a una capilla que hay en casi todos los pueblos en donde le tienen hasta la hora del sepelio.

3) Velatorio: costumbres con motivo del mismo.

Cangas de Tineo

Los que velan, para entretener el tiempo, juegan a la brisca, al tute, la mata, etc. y beben mucho vino.

4) Si se coloca en el exterior de la casa mortuoria algún signo que indique la defunción (estandartes, pendones, etc.).

Cangas de Tineo

Ninguna.

5) Otras costumbres familiares y religiosas mientras está el cadáver de cuerpo presente.

Cangas de Tineo

Ninguna costumbre particular.

C) ENTIERRO.

Entierro en Besullo, Cangas del Narcea, hacia 1920. Debía de ser alguien importante, por el numero de sacerdotes y personas que acompañaban al difunto. Colección de Javier Berlín.

a) PREVENCIONES PARA EL ENTIERRO.

1) Convocatoria; cómo y a quién se hace.

Cangas de Tineo

Sólo se avisa de palabra a los parientes y al párroco.

Asturias

En los pueblos de aldea convocan para el entierro a los parientes que residen en los pueblos inmediatos, pues a los que viven en el lugar no hay que convocarles, puesto que concurren voluntariamente y al que no lo hace se le censura con dureza. Las familias regularmente acomodadas llaman a dos o más sacerdotes de los pueblos inmediatos para que asistan al de la parroquia. En la montaña de esta provincia suelen invitar al entierro a las personas de más edad de cada casa.

2) Si es costumbre hospedar en la casa mortuoria a los invitados forasteros que acuden al entierro; prácticas usuales en este caso.

Cangas de Tineo

Se invita a comer a los que vienen de lejos. Éstos se suelen quedar a dormir en la casa mortuoria.

 

b) CONDUCCIÓN DEL CADÁVER.

1) Si se le conduce en caja, angarillas, etc. Y si se le lleva cubierto o descubierto. Si es costumbre colocar dentro de la caja algún objeto y cuál sea éste.

Cangas de Tineo

Antes en angarillas cubierto con una sábana; ahora en caja cerrada. No llevan dentro de la caja ningún objeto. Algunos adquieren bula de difuntos pero no sé si la llevan dentro de la caja.

2) Acompañamiento; orden de la comitiva; si es costumbre que la formen hombres y mujeres. Si hay personas en la localidad o en la comarca que se dediquen, mediante una retribución, a ejercer ciertos oficios en los entierros y funerales y, en caso afirmativo, en qué consisten tales oficios.

Cangas de Tineo

En el arciprestazgo de Sierra, según un informante, se colocan en la iglesia los hombres hacia el presbiterio y las mujeres hacia atrás, pero a la salida de la comitiva no hay orden determinado. Aquí, en Cangas, detrás del pendón, estandarte, cruz y ciriales, siguen los hombres en dos filas, luego los sacerdotes, más atrás el cadáver y por fin las mujeres sin orden ninguno. En las aldeas distantes de la iglesia parroquial, sacan el cadáver al camino en un sitio fijo señalado con una cruz, a donde vienen los curas a buscarlo.

Tineo

Llegada la hora (casi siempre las 9 ó las 10 de la mañana) se reúnen los vecinos, amigos y parientes en la casa mortuoria, allí se les obsequia con un desayuno o unas copas de vino y enseguida van todos a la capilla (que hay en casi todos los pueblos) en donde está depositado el cadáver y esperan la llegada del párroco. Reza éste un responso y se pone en marcha la comitiva. Va delante la cruz y estandarte parroquial, luego el féretro, detrás el sacerdote y luego los acompañantes con velas encendidas.

3) Si se practica alguna ceremonia particular a la salida del cadáver de la casa mortuoria.

Cangas de Tineo

En las aldeas las mujeres salen a la ventana y despiden el cadáver dando grandes gritos hasta que lo pierden de vista.

4) Si los concurrentes al entierro visten alguna prenda obligada en este caso.

Cangas de Tineo

Ninguna.

5) Signos de respeto por parte de los que presencian el paso del cortejo fúnebre.

Cangas de Tineo

Se arrodillan al paso de la cruz.

6) Si es costumbre que la comitiva vaya por lugares determinados; descansos; otras prácticas durante el tránsito.

Cangas de Tineo

Hay sitios determinados para descansos, señalados con una cruz. Estas cruces van desapareciendo. Los de la comitiva rezan en las paradas, aunque éstas sólo sean para descansar.

Tineo

Se dirige el entierro a la iglesia y se descansa en los sitios en donde hay colocada una cruz: allí se rezan responsos.

Asturias

Si la distancia desde la casa a la iglesia es larga se hacen varios descansos en el tránsito. En ellos las mujeres de la familia se adelantan, siempre llorando, y se arrodillan muy cerca de la caja, algunas se apoyan en ella; los curas cantan responsos que les van pagando los asistentes y los demás rezan sin tregua por el ánima del finado.

7) Si es costumbre llevar el cadáver a la iglesia.

Cangas de Tineo

En Cangas le llevan sólo a la puerta; en las aldeas lo meten dentro de la iglesia y me dicen que cuanto más caro es el funeral más adentro colocan el cadáver.

Tineo

Se le conduce a la puerta de la iglesia en donde están esperando los demás sacerdotes que han de asistir; cantan el oficio y enseguida se le conduce al cementerio.

Asturias

Antes se llevaba a la iglesia y se le introducía en ella y costó gran trabajo hacer respetar las disposiciones que prohíben esta práctica. Ahora se le lleva a la puerta de la iglesia, se sujetan a la caja seis velas que se encienden y la dejan a la puerta de la iglesia mientras que los hombres del pueblo entran con el clero a celebrar el oficio y misa. Terminado esto las mujeres de la familia del muerto se levantan gritando y apoyadas en otras regresan a la casa, mientras el clero con los hombres acompaña el cadáver al cementerio.

 

c) SEPELIO.

1) Costumbres en el acto del sepelio: prácticas por parte de los que lo presencian; si se coloca el cadáver con alguna orientación determinada; si se deposita en la tumba algún objeto y, en caso afirmativo, razón de este uso.

Cangas de Tineo

Los que presencian el sepelio rezan. Los cadáveres en Cangas y en las aldeas se entierran con los pies dirigidos hacia la iglesia, si son seglares, y si son sacerdotes con la cabeza en dicha dirección.

Asturias

En el cementerio rezánse algunos responsos, se bendice la sepultura y se levantan el azadón y la pala que están sobre aquella formando una cruz; si el muerto es un hombre, el azadón está sobre la pala, si es una mujer, la pala está sobre el azadón. En presencia de todos bajan los enterradores o encordadores la caja a la sepultura, cuidando de que siempre quede la cabeza hacia Occidente y los pies a Oriente, es decir, mirando a Tierra Santa. Si el cadáver es de cura, la posición es la opuesta para que de ese modo y ocupando la primera fila quede mirando a los feligreses allí enterrados. En el concejo de Caso los que presencian el sepelio cogen tierra con una mano, la besan y la echan a la sepultura.

2) Repartos en metálico o especie a los cofrades.

Cangas de Tineo

Disponen lo que llaman caridad (respecto al pan y vino a los que asistan al entierro) al menos hacia Carballo, pueblo de este concejo.

Asturias

En los pueblos de la parte occidental de esta provincia, especialmente en los de Somiedo, se reúnen delante de la iglesia con los que acompañaron el cadáver y allí se les reparte pan y vino o aguardiente, o sea, la parva, que dicen en el país. La familia del muerto da a los cofrades después del entierro el pan y el vino que están señalados por la costumbre (algunas hogazas y dos o tres cántaras).

D) PRÁCTICAS POSTERIORES AL ENTIERRO.

a) REGRESO DEL DUELO A LA CASA MORTUORIA.

 

b) VISITAS DE PÉSAME: FÓRMULAS USUALES.

Cangas de Tineo

No hay visitas de pésame en las aldeas.

c) SI ES COSTUMBRE INVITAR A COMER EN LA CASA MORTUORIA A LOS QUE HAN ASISTIDO AL ENTIERRO Y ORDEN QUE SE GUARDA EN ESTAS COMIDAS. TIEMPO QUE PERMANECEN LOS FORASTEROS EN LA CASA.

Cangas de Tineo

Se da una comida a los que asisten al entierro y terminada ésta rezan por el alma del difunto. Concluido el rezo, se marchan todos.

Tineo

Después de concluido el funeral o misa que se celebra después del sepelio suelen ir los vecinos y parientes a una de las tabernas próximas a la Sacramental (iglesia), en donde son obsequiados por cuenta de la familia con una comida compuesta de tortillas de tocino, pan y vino.

d) PRÁCTICAS RELIGIOSAS.

1) Misas y funerales: ofrendas de pan y vino y en que cantidad se hacen; si se colocan en el túmulo; destino de las mismas.

Cangas de Tineo

Los que pueden mandan decir las misas de San Gregorio. Hacen el funeral lo mejor que pueden. Los gastos del convite (que llaman funeral de casa) son los preferentes y los consideran como sufragios por el alma del difunto. No hay ofrendas.

Tineo

Desde el cementerio regresan los concurrentes a la iglesia, a celebrar el funeral o dicen una misa por el alma del finado.

2) Rezos en la casa.

Asturias

Desde que la campana anuncia el fallecimiento todas las familias del pueblo rezan por el muerto a las horas de las comidas. Los que no son parientes, sólo algunos días, los que lo son continúan así durante largo tiempo.

3) Limosnas.

Cangas de Tineo

Reparten en metálico a los pobres los ricos, las demás personas reparten pan y vino solamente.

Tineo

Después del funeral o misa que se celebra el día del sepelio se da limosna a los pobres, consistente unas veces en metálico y otras, que es lo más frecuente, en una o media libra de pan de maíz o centeno.

Asturias

Parte de la comida preparada para los invitados se reparte entre los pobres del pueblo.

E) EL CULTO DE LOS MUERTOS.

[Faltan todas las respuestas a este apartado]

F) CEMENTERIOS.

a) LUGARES EN DONDE ESTÁN SITUADOS.

Cangas de Tineo

Unos cementerios están adosados a la iglesia, otros distantes de ella.

Tineo

Salvo contadas excepciones, todos los cementerios están situados junto a las iglesias que ocupan por lo general el centro de los pueblos.

Asturias

Hasta hace muy pocos años los cementerios de las aldeas estaban al lado de la iglesia y algunos adosados a sus propios muros. Hoy los han retirado de las inmediaciones de los pueblos, trasladándolos a sitio opuesto al de los vientos reinantes. En las ciudades hay cementerio civil, en las aldeas no han llegado todavía estas diferencias.

b) SI SE OBSERVA EN ELLOS ALGUNA ORIENTACIÓN DETERMINADA.

 

c) DISPOSICIÓN INTERIOR DE LOS CEMENTERIOS.

1) Clases de sepulturas y cuáles son las más usuales.

Cangas de Tineo

En las aldeas todas las sepulturas son en tierra. En Cangas hay también nichos.

Asturias

En los pueblos todas las sepulturas están en la tierra y allí se entierran por riguroso turno.

2) Lápidas, cruces y demás signos de indicación

Cangas de Tineo

En las aldeas colocan, aunque no en todas las sepulturas, cruces pintadas de negro con letras amarillas. Suele haber osarios.

Tineo

En el interior de los cementerios (que casi todos están al lado de la iglesia) crece la maleza y los abrojos, y no son conocidas por aquí lápidas ni cruces.

 

d) DISPOSICIÓN EXTERIOR DE LOS CEMENTERIOS.

1) Inscripciones y alegorías de la muerte.

Cangas de Tineo

Ordinariamente hay inscripciones. En las aldeas generalmente Requiescat in pace; en el cementerio de Cangas:

Mira, pecador, por ti,

que la muerte a todo alcanza.

Hoy vives con arrogancia,

mañana vendrás aquí.

2) Si es costumbre empotrar en las tapias de los cementerios huesos y calaveras.

Cangas de Tineo

Sí.

Tineo

Sí.

Asturias

En el exterior de los cementerios de las aldeas y empotradas en la pared se ven frecuentemente cruces, formadas con 5 ó 6 calaveras. Más de una vez las he visto besar con fervoroso recogimiento.

 

E) IDEAS POPULARES RESPECTO A LOS CEMENTERIOS; FUEGOS FATUOS, ETC.

Cangas de Tineo

Creen los aldeanos que los fuegos fatuos son almas en pena.

Tineo

De mucho terror.

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(II) Costumbres de MATRIMONIO en Cangas del Narcea y otros concejos del SO de Asturias, 1901-1902

II

MATRIMONIO

A) NOVIAZGO

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Foto de boda en Courias / Corias, hacia 1930. Los novios están al comienzo de la escalera, abrazados, él con sombrero. El novio es de casa Nieto, de L.lamas de Ambasaguas, y la novia de casa Bernardo, de Val.linas. Un niño lleva los voladores. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Col. Juaco López Álvarez.

b) CREENCIAS Y SUPERSTICIONES RESPECTO A LOS MEDIOS DE ENCONTRAR NOVIO.

1) Ofertas y otras prácticas religiosas para encontrar novio.

Cangas de Tineo

Rezan, al parecer, las solteras a San Antonio o a las Ánimas para conseguir novio o marido. Aquí hay la tradición de que en una capilla próxima a esta villa existe una imagen de San Tirso, que cuando concede un novio a una devota que se lo pide baja el dedo de una mano que tiene levantada. Tengo entendido que no hay fe respecto a esto último. Se dice que en Covadonga, al oriente de esta provincia, las solteras que beben aguan en la fuente que hay cerca de su célebre gruta se casan dentro de aquel año.

3) Medios para captarse la voluntad de determinados hombre o mujer o para desprenderse de ellos (sortilegios).

Cangas de Tineo

Un farmacéutico de aquí dice que algunas aldeanas han ido a pedirle polvos de vente conmigo que sirven para atraer de nuevo al novio que las abandonó. No se si esta creencia está mucho o poco extendida.

Asturias

Está muy generalizada la creencia en la eficacia de hechizos, que son unos polvos especiales que dados en la comida producen el efecto de despertar una atracción irresistible hacia la persona que los dio, provocando una especie de coma erótico que no perdería medio de manifestarse.

4) Si existe la llamada feria de novias o cualquier otra costumbre análoga.

Tineo

Los mozos y mozas van a las romerías y fiestas de los pueblos (frecuentes en primavera y verano): allí se conocen los de unos y otros pueblos, toman después informes de sus respectivas familias y posición y suelen darse cita para otra festividad ya para la casa de la novia, siendo éste el primer paso del noviazgo.

c) CONSIDERACIÓN DE LA VIRGINIDAD; SI LA PÉRDIDA DE LA MISMA CONSTITUYE GRAN DIFERENCIA PARA CASARSE.

Cangas de Tineo

La pérdida de la virginidad constituye dificultad grande para casarse.

Pola de Allande

Se puede decir que no implica dicha falta el que la chica se case o no, especialmente teniendo buena dote.

Tineo

Representa un papel muy secundario.

d) SI SON FRECUENTES LOS ENLACES ENTRE PARIENTES.

Cangas de Tineo

Sí, bastante.

Asturias

En los pueblos de aldea son frecuentísimos los enlaces entre parientes y ocasiones hay en que un joven difícilmente encontraría una novia en todo el pueblo que no estuviera ligada a él por el parentesco.

e) SI HAY ÉPOCAS EN QUE SEAN MÁS FRECUENTES QUE EN OTRAS EL NACIMIENTO DE RELACIONES Y CUÁLES SON AQUÉLLAS.

Cangas de Tineo

No.

Pola de Allande

La época más frecuente de relaciones es en invierno, en cuyo tiempo nacen en todos los pueblos en los llamados filandones o reuniones de los mozos y mozas del pueblo. Estas reuniones suelen celebrarse un día en cada casa o una semana en cada casa.

f) SI ES COSTUMBRE QUE LOS PADRES ARREGLEN EL CASAMIENTO DE LOS HIJOS SIN CONTAR CON LA VOLUNTAD DE ÉSTOS.

Cangas de Tineo

Es bastante frecuente, y aunque los hijos se casen por voluntad libre suele haber bodas de conveniencia.

Pola de Allande

Se puede decir que en la mayoría de los casos son muy frecuentes estos casamientos, dependiendo la realización de éstos de que los padres convengan o no en las dotes; siendo muy frecuentes los casos en que se deja el casamiento por una cantidad insignificante.

g) FORMAS DE DECLARACIÓN.

1) Directas (de palabra, por medio de cantares, etc.)

Cangas de Tineo

Las hay de ambos modos, pero es muy común que no haya declaración por ser la boda arreglada por los padres.

h) RELACIÓN DE LOS NOVIOS.

1) Ocasiones de verse y hablarse los novios (hilanderos, baile, reja, etc.)

Cangas de Tineo

Hay hilanderos (filandones) y bailes.

Pola de Allande

Se puede decir que en la mayoría de los casos se ven en los citados filandones o tertulias.

Tineo

Los jóvenes de ambos sexos suelen reunirse todas las noches de invierno en las casas llamadas de filasón, ocupándose ellas en hilar y hacer calceta. Ellos las acompañan después hasta sus casas, y de ello resulta no pocas veces algún desavío. En estos hilanderos tienen derecho a entrar todos los jóvenes, incluso los forasteros a quienes se guarda todo género de consideraciones dejándoles que elijan el asiento junto a la moza que más le agrade.

También asisten mozos y mozas a las romerías y fiestas de los pueblos.

2) Agasajos (rondas, serenatas, canciones, regalos, etc.)

Cangas de Tineo

Regalos usuales: el novio a la novia una navaja y ella a él, cuando se usaba calzón corto, los tronquiles (ligas calcetadas de colores vivos y terminadas con borlas). También puede regalar el novio un pañuelo de seda y ella unas medias.

i) CASO DE QUE EL NOVIO ES FORASTERO.

1) Si es frecuente que ocurra este caso.

Cangas de Tineo

Hay de todo

Asturias

En los pueblos de aldea es muy poco frecuente que ocurra este caso.

2) Vistas, cómo se practican, quienes van a ella, asuntos de que se trata y formalidades que se observan.

Cangas de Tineo

Asisten los padres y a veces el novio y siempre el embustero (persona que va a dar buenos informes para facilitar el acuerdo entre las dos partes, exagerando la riqueza del novio). Son obsequiados con longaniza frita y con tortilla. Tratan únicamente de intereses y lo hacen muy minuciosamente respecto a lo que ha de aportar la novia al matrimonio, incluso las ropas y a veces se rompe el trato por no concedérsele una prenda insignificante.

j) IMPORTANCIA QUE SE DA A LAS CIRCUNSTANCIAS FÍSICA Y ECONÓMICAS DE LOS NOVIOS. EDAD MÁS FRECUENTE PARA CASARSE.

Cangas de Tineo

A las condiciones físicas se da poca o ninguna importancia, a las económicas muy grande. Las mujeres se casan cuanto antes si hace falta un hombre en la casa. El troncario se casa muy joven, ordinariamente para traer dinero a la casa y la mujer resulta entonces de más edad que el marido. Cuando la que se casa es mayorazga, suele ser ella la que pretende o más bien sus padres.

Pola de Allande

Lo esencial es que tengan buena dote.

Tineo

La principal importancia se reconoce a las condiciones económicas.

 

B) CAPITULACIONES MATRIMONIALES.

a) INTERVENCIÓN DE LOS PADRES EN LAS CAPITULACIONES MATRIMONIALES.

Pola de Allande

Cuando faltan algunos días para casarse, va el novio y su padre a ver a la novia, obsequiándolos ésta con los mejores manjares que tiene. Pocos días después van a hacer ante notario la escritura de boda, concurriendo generalmente los padres y los novios, manifestando en la escritura la dote de sus hijos.

Tineo

Si los informes tomados por una y otra familia son favorables, se reúnen los padres para hacer los ajustes, nombre bien puesto porque lo que allí se discute es el más y el menos; a veces por 25 pesetas se deshace una boda.

b) CÓMO SE PRACTICAN Y FORMALIZAN LAS CAPITULACIONES MATRIMONIALES; CONTRATOS PRIVADOS Y ESCRITURAS PÚBLICAS.

Cangas de Tineo

Casi siempre por escritura pública.

Pola de Allande

Por escritura pública.

Tineo

Después de convenido por los padres lo que cada uno ha de dar a su hijo se presentan ante el notario que formaliza los tratos.

c) CONDICIONES QUE MÁS FRECUENTEMENTE SE ESTABLECEN EN LAS CAPITULACIONES MATRIMONIALES.

1) En cuanto a las personas.

2) En cuanto a los bienes.

Tineo

Al novio suele conceder su padre la mejora de uno o dos tercios, según los casos, pero variando esto según él o ella sean o no mayorazgos.

d) COSTUMBRES EN LA LOCALIDAD UNA VEZ HECHAS LAS CAPITULACIONES MATRIMONIALES.

Varios

Una vez hechos los conciertos, se termina el acto con verdadero derroche de torreznos, pan, vino y frutas.

e) LA DOTE.

1) En qué consiste generalmente la dote.

Cangas de Tineo

Ganado, trigo, tierras, prados, árboles, ropas, etc.

Pola de Allande

Si los novios son del mismo pueblo, en casa, fincas y dinero. En el caso contrario, dinero solamente.

Tineo

Generalmente ésta se reduce a una cantidad en dinero que oscila entre 400 y 5000 ptas. entregada ya al contado ya a plazos.

2) Cómo se constituye la dote.

Cangas de Tineo

Por escritura frecuentemente.

3) Cuando y con que formalidades se hace entrega de la dote.

Cangas de Tineo

Los ricos hacen la entrega al casarse y los pobres a plazos. A veces los bienes que lleva el novio son de su padre y contratan la entrega para cuando puedan.

Pola de Allande

Es costumbre muy antigua la que existe en algunos pueblos respecto a la entrega de la dote. Una vez terminada la comida de la boda, llega el padre o el cabeza de familia con la dote que van a dar a su hija y se la entrega al novio, contándola en presencia de todos los convidados y éste de la misma manera lo entrega en casa del novio en presencia de los convidados en la cena.

f) CASO DE INCUMPLIMIENTO DEL MATRIMONIO DESPUÉS DE HECHO EL CONTRATO; INDEMNIZACIONES Y EN QUÉ CONSISTEN.

Cangas de Tineo

Se devuelve el dinero recibido y el que rompe el contrato paga los gastos de escritura.

C) AMONESTACIONES

a) SI EXISTE LA COSTUMBRE DE PUBLICAR LAS PROCLAMAS EN OTROS SITIOS ADEMÁS DE EN LA IGLESIA Y, EN CASO AFIRMATIVO, SOLEMNIDADES DE ESTA PUBLICACIÓN.

Cangas de Tineo

No.

Tineo

Sólo en la iglesia.

b) COSTUMBRES CON MOTIVO DE LA PUBLICACIÓN DE LAS AMONESTACIONES Y ESPECIALMENTE DE LA TERCERA Y ÚLTIMA.

Cangas de Tineo

Ninguna especial.

Grabado del cuadro -Una boda de aldea- en Monasterio de Hermo, de Luis Álvarez Catalá, fines del siglo XIX.

D) BODA

a) DESIGNACIÓN DE PADRINOS; CÓMO SE HACE; OBLIGACIONES CONSUETUDINARIAS DE LOS PADRINOS.

Cangas de Tineo

El padrino suele ser un pariente o amigo que suele ser elegido por el novio y la madrina por la novia. Acostumbran pagar los gastos de la boda y las arras si son monedas de cobre o de 50 céntimos, si son de más valor, no. La madrina regala a la novia una camisa, un pañuelo de seda u otra casa parecida, variable según las facultades del donante.

b) SI EXISTEN ALGUNAS PRÁCTICAS ANTERIORES A LA CEREMONIA RELIGIOSA; DESCRIPCIÓN DE LAS MISMAS. SI ES COSTUMBRE QUE EL NOVIO SE DESPIDA DE LOS DEMÁS MOZOS CON UN CONVITE. SI LAS NOVIAS OBSERVAN PRÁCTICAS ANÁLOGAS RESPECTO A LAS SOLTERAS.

Tineo

En dicho concejo existe todavía la costumbre de la frarada, que consiste en que la víspera de la boda, la madrina envuelve a la novia en una sábana, la venda y la mete en la cama, y a la luz de un candil y con un jarro de sidra, la vela el novio hasta la madrugada, estando presente la madrina.

c) INVITACIONES; CÓMO Y A QUIEN SE HACEN.

Cangas de Tineo

Se hacen de palabra por los individuos de las dos familias.

Asturias

En el concejo de Somiedo se invita a la boda a los más próximos parientes y al mozo o moza de más edad de cada casa del pueblo. Los mozos del pueblo de la contrayente nunca dejan de ir, solamente no van cuando el novio es forastero, pues en este caso el novio lleva sus mozos.

d) REGALOS: SI HAY PERSONAS QUE TENGAN LA OBLIGACIÓN CONSUETUDINARIA DE REGALAR DETERMINADOS OBJETOS O CANTIDADES.

Cangas de Tineo

Los regalos son variables y en muchos puntos consisten en dinero que se coloca en la mesa al sentarse a comer. Antes los amigos regalaban a la novia un cos (la camisa de mujer en las aldeas de por aquí está formada de dos piezas; la superior, de lino, se llama cos y toma desde un poco más abajo de la cintura hasta arriba; la otra parte es de tela basta, que llaman estopa y corresponde a la parte inferior de la camisa). Ahora todavía hay algunos casos de regalar cos, pero los regalos son variados.

Asturias

En el concejo de Somiedo e inmediatos se suelen mandar de todas las casas del pueblo el mismo día de la boda un presente a los novios, que consiste generalmente en un jarro de leche con un trozo de manteca en ella, quesos, huevos, casi siempre de los productos del ganado de cada cual, circunstancia que a juicio del informante no debe perderse de vista. En Caso sucede lo mismo pero el regalo se hace al día siguiente.

e) COSTUMBRES QUE SE OBSERVAN CUANDO EL NOVIO ES FORASTERO.

Asturias

En este caso (en Somiedo) no asisten los mozos del pueblo a la boda, pues el novio lleva los mozos invitados de su pueblo.

f) SI SE ORGANIZAN CORTEJOS, COMITIVAS, PARTIDOS O PANDILLAS DEL NOVIO Y DE LA NOVIA; QUIENES LAS FORMAN Y MISIÓN DE LAS MISMAS.

 

g) LA CEREMONIA RELIGIOSA.

1) Si hay algún día de la semana, del mes o del año que sea preferido para la celebración de los matrimonios.

Cangas de Tineo

Algunos se casan en miércoles y otros en sábado porque el día siguiente no es de trabajo. Evitan, al parecer, el viernes. En martes no se ve una boda. El párroco de Cangas de Tineo ha intentado quitar esta prevención y no ha podido conseguirlo.

Pola de Allande

Los sábados y los miércoles, y rara vez en otro día de la semana, excepto los martes que ni por casualidad se ve ningún casamiento.

Tineo

El sábado es el día preferido. Los martes o viernes no se casa nadie.

2) Acompañamiento y orden que se guarda en la celebración de los matrimonios.

Cangas de Tineo

Al ir a la iglesia la novia va con la madrina, siguiéndole el novio con el padrino y detrás el resto del acompañamiento sin orden determinado; a la vuelta, primero los novios, luego el padrino y la madrina y luego los demás.

Asturias

En Somiedo las mozas acompañan a la novia tocando panderetas y cantando canciones alusivas. Los mozos van disparando escopetas sin cesar, tanto a la ida como a la vuelta de la iglesia.

3) Traje de los desposados; si es requisito usual que lleven alguna prenda de vestir determinada o adorno para ir a la ceremonia.

Cangas de Tineo

Los novios llevan el traje mejor que tengan y el novio en las aldeas la capa aunque sea en verano.

Tineo

El novio tiene que llevar capa y la novia mantilla asturiana, que ya algunas sustituyen con el mantón.

4) Si existe la costumbre de que el desposorio se celebre a la puerta de la iglesia.

Cangas de Tineo

En las aldeas, sí.

Pola de Allande

Se puede decir que en la mayor parte de los pueblos existe dicha costumbre. Hasta hace poco tiempo existía igualmente en las villas.

Tineo


5) Si se conoce alguna práctica religiosa digna de mención por ser peculiar de la localidad o de la comarca.

Noceda de Rengos (Cangas de Tineo)

El día de la boda no duermen juntos los recién casados, por respeto a la Comunión que han recibido. La novia duerme con la madrina, el novio en la casa de sus padres. Sólo al siguiente día empieza la cohabitación de los esposos.

h) FIESTA DE LA BODA.

1) Felicitaciones a los desposados y cómo se hacen. Augurios.

Cangas de Tineo

Como en todas partes. No hay augurios.

Varios

Las felicitaciones comunes son:

– Dios vos faga bonos vieyos.

– Que sea para servir a Dios y permita el cielo divino que nunca vos pese.

No hay otro augurio sino el de suponer que si el día está lluvioso la novia será llorona.

2) Prácticas particulares respecto de la desposada (colocación de pendientes, agujas de pelo, arracadas, anillos, cadenas o cualquier otro objeto que se haya designado por la costumbre como peculiar de la mujer casada; simulaciones de venta y de rapto de la novia; luchas, también simuladas, entre los partidos del novio y de la novia y cómo se verifican).

Cangas de Tineo

La novia en muchas aldeas figura resistirse a ir a la iglesia. Los convidados tratan de convencerla, sin resultado por lo cual tratan de llevarla a viva fuerza, pero ella se coge a cualquier mueble, especialmente al escaño (banco de madera largo que hay en las cocinas, el cual por tener mucha madera queda fijo a causa de su peso). Entonces el padre, o la madre a falta de aquél, la exhorta para que ceda, y ella una vez convencida pide la bendición y una vez recibida marcha la novia llorando a la ceremonia.

4) El pan de la boda; costumbres referentes al mismo.

Cangas de Tineo

La madrina reparte en la puerta de la casa donde va a vivir la novia una cesta de pedazos de pan entre los que no habiendo sido invitados llegan a recibirlos.

Varios

A los vecinos del pueblo se les reparte pan, carne y vino, y a los mozos y mozas que van por la noche pan, queso y vino.

6) Bromas, chanzas y burlas que se hacen a los novios el día de la boda y los sucesivos.

7) Si existe alguna costumbre o práctica que se verifique a la mañana siguiente de la noche de bodas y publicidad con que se hace.

Salas

Al día siguiente de la boda va a la misa primera toda la comitiva y al salir, delante de la iglesia, tocan la gaita para que bailen los novios solos en medio del corro que forma toda la comitiva. Al domingo siguiente a la boda es costumbre que la novia asista a la Misa mayor con un cirio encendido para pedir por los difuntos de la familia donde entra.

8) Si el novio es forastero, cuándo y cómo se lleva a la novia; quiénes le acompañan, ceremonia a la entrada de la novia en casa del novio.

Cangas de Tineo

Al salir de la iglesia van cantando hasta casa de la novia donde comen, y después van todos a caballo al pueblo del novio. Los del acompañamiento van disparando tiros, operación que ya empezó antes de ir a la iglesia. En las aldeas del tránsito salen al camino cantando algunas muchachas escogidas entre las más bonitas y de mejor voz. El canto se acompaña con panderos. El padrino las obsequia con dinero. Al llegar a la casa del novio, sale la madre de éste a recibir a la novia y la abraza, conduciéndola al interior de la casa y enseñándosela toda, así como también la panera.

Tineo

Después de comer el día de la boda, se coloca el ajuar en un carro y acompañados de la gaita emprenden el viaje por la tarde a casa del novio con todos los convidados. La suegra recibe a la nuera en la puerta de la casa, la abraza y dice: Deus ti traiga de buena mano y la novia responde Amen, mai; entran y ella se deja despojar del traje de boda y viste las prendas de uso ordinario; ayuda a la suegra en los quehaceres de la casa y sirve en compañía del marido la cena a los convidados.

Asturias

En las montañas de Asturias en su parte occidental no se lleva a la novia hasta los cuatro o cinco días después del enlace. Acompáñanla los más próximos parientes, vestidos con sus mejores galas y montados en los caballos más briosos. La ceremonia al entrar en la casa del novio es que la madre de la novia, si la tiene, salga a la puerta a recibir a la nuera, la abraza, la llama hija y la conduce a tomar posesión de la casa.

9) Duración de las fiestas de la boda y qué se hace en los días sucesivos al casamiento.

Cangas de Tineo

El día y la noche hasta el amanecer.

10) Tornaboda; si existe y en que plazo se celebra; en qué consiste.

Cangas de Tineo

Hay tornaboda que se verifica el domingo siguiente al día de la boda. Asisten los novios y los padres de ellos. Consiste en una comida de mediodía y recibe el nombre de bodín.

i) EL DOMICILIO DE LOS DESPOSADOS; COSTUMBRES MÁS USUALES RESPECTO DEL AJUAR Y QUIÉNES TIENEN OBLIGACIÓN DE ADQUIRIR CADA UNO DE LOS UTENSILIOS DE LA CASA.

Cangas de Tineo

Generalmente los novios van a vivir a casa de los padres de uno de ellos y por lo tanto no necesitan adquirir muebles ni utensilios. El ajuar de la novia lo ponen los padres de ella.

Noceda de Rengos (Cangas de Tineo)

El varón primogénito en todo caso, y la hija mayor que no tiene hermanos varones van a vivir a la casa paterna. Los demás ponen casa aparte.

Tineo

La que no es mayorazgo tiene que llevar su correspondiente ajuar compuesto de cama, jergón, colchón, 12 sábanas, 12 camisas, 12 toallas, un mantel, vestido de boda, ropa de uso ordinario.

Salas

Si la novia ha de ir a vivir a casa del novio, después de la comida de la boda, viene el carro de casa del novio con los bueyes con muchos collares, para conducir el ajuar de la novia. Algunos de los invitados cargan el carro, siempre por este orden: 1º. Cómoda o arca, 2º encima de ellas los colchones, 3º, encima las mantas, 4º, encima cuatro o seis pares de almohadas, rellenas muchas veces de paja para que abulten mucho y se vean bien. Una vez cargado el carro, sale para casa del novio, quien va detrás del carro; éste a de ir siempre cantando (chirriando el eje); con él va toda la comitiva, las mozas echando coplas al son de la gaita y los mozos con escopetas disparando tiros. Cuando llegan a la casa sale a la puerta la madre del novio (quien no es costumbre que asista a la boda), abraza a la novia pronunciando estas o parecidas frases: “Bien vengas, fía, si vienes pa bien”.

j) LAS SEGUNDAS BODAS (BODAS DE PLATA, BODAS DE ORO, ETC.)

Cangas de Tineo

No hay bodas de oro ni de plata.

k) BODAS DE VIEJOS Y DE VIUDOS. CENCERRADAS Y OTRAS BURLAS; EN QUÉ CONSISTEN.

Cangas de Tineo

Hay cencerradas que consisten en meter mucho ruido con latas de petróleo y otros objetos con que se pueda producir estrépito y cantares improvisados que varían según los casos. A veces se hace la parodia del entierro del marido anterior.

Asturias

Las cencerradas son aquí verdaderas manifestaciones multitudinarias y provocaciones intolerables. A los casados les acompaña una multitud, con apariencia de ebria, que grita desaforadamente y golpea latas, almireces y toca cornetas y zambombas en todo el camino de casa a la iglesia y viceversa. Por la noche y aún en noches sucesivas se repite la escena en la calle, en el portal y en la escalera, voceando y cantando. Es milagroso que no se registren escenas sangrientas ante ataques y gestos tan provocativos.

E) SOCIEDAD FAMILIAR

a) EN CUANTO A LAS PERSONAS.

1) Consideración de la mujer; carácter de la autoridad marital y de las relaciones entre los cónyuges. Trabajos en que se ocupa la mujer. Iniciativa que toma en los asuntos domésticos y en la dirección de la casa.

Cangas de Tineo

No hay diferencia entre marido y mujer; unos y otros ayudan a las órdenes de los padres. Éstos pierden la dirección de los negocios y quedan así anulados cuando ya no pueden trabajar. La mujer se ocupa en toda clase de trabajos, incluso en los del campo. En los trabajos domésticos, la que es lista puede hasta dirigir a su marido.

Tineo

No ocupa, por desgracia, en este país el lugar que debiera. No es compañera sino esclava. Tiene que atender al cuidado de los hijos, al del ganado, a la casa, a los más rudos trabajos del campo.

Asturias

Las mujeres no son extrañas a ninguna de las labores del campo y ejecutan además las labores de la casa; en aquéllas son dirigidas, en éstas directoras.

2) Consideración de los hijos; relaciones de éstos con los padres. Labores en que se ocupan según el sexo. Hermanos y medio hermanos; situación respectiva.

Cangas de Tineo

Los hijos de buen carácter son extremadamente obedientes, pero los holgazanes y los que lo tienen malo suelen hacer lo que les parece. Unos me informaron que los hermanos y los medio hermanos son tratados de la misma manera, y otros me dicen que los primeros son más considerados que los segundos. Los varones y las hembras se ocupan en las labores del campo.

Tineo

Efecto de los muchos y múltiples trabajos a que tiene que atender la madre, los hijos están descuidados en su educación y persona, sucios, descalzos, harapientos.

b) EN CUANTO A LOS BIENES.

1) Régimen generalmente seguido con respecto a los bienes de los cónyuges (de comunidad, de gananciales, de separación).

Cangas de Tineo

Cuando viven juntos, todo es común. Me dicen que no hay gananciales. Cuando se separan, se lleva ella lo que aportó al matrimonio.

3) Peculio de los hijos; cómo se adquiere y derechos de los padres respecto de él.

Cangas de Tineo

Lo que ganan los hijos suele ser para ellos, aunque ayudan a la casa en alguna medida.

4) Herencias.

Cangas de Tineo

Se mejora al que sigue en la casa, que suele ser el primogénito.

F) ADOPCIÓN.

a) FORMAS DE ADOPCIÓN.

Cangas de Tineo

Cuando no tienen hijos suelen traer a casa a los de los parientes y los consideran como hijos propios; para ello no existen formalidades legales. Acostumbran a exigir a la familia de donde proceden que los dote. Conozco también algún caso de ir a buscar niños al Hospicio de Oviedo que crían como hijos, cobrando la pensión que dicho establecimiento paga a los que crían expósitos. Si el hijo legítimo mayor se casa y no tiene descendencia, se casa el hermano inmediato y así sucesivamente; si ninguno tiene hijos, ha llegado el caso de adoptar algún pariente.

b) SI ES FRECUENTE LA ADOPCIÓN EN LOS MATRIMONIOS SIN HIJOS.

Cangas de Tineo

Es frecuente en las condiciones dichas.

Tineo

Como la mujer asturiana es muy fecunda, claro es que son rarísimos los casos de adopción. Cuando ocurre generalmente recae en sobrinos o algún ahijado y no es raro que al contraer matrimonio los adoptados, los adoptantes les concedan el tercio o mitad de sus bienes.

G) ADULTERIO

a) SI ES FRECUENTE ESTE HECHO.

Cangas de Tineo

Es frecuente a causa de la gran emigración a Madrid de los maridos.

Tineo

La emigración aquí es un hecho frecuente y causa de que muchos casados vayan en busca de recursos a países extranjeros, separándose de sus mujeres por espacio de muchos años en la flor de la vida. Quizá por esto sea también el adulterio un hecho bastante frecuente, sabidos algunos, ocultos los más.

b) CONSIDERACIÓN SOCIAL DE LOS ADÚLTEROS.

Cangas de Tineo

Son mal mirados.

Tineo

“La frecuencia del hecho es causa de que no se mire el adulterio con el horror que se merece” (sic).

H) SEPARACIÓN DE LOS CÓNYUGES

a) POR DIVORCIO.

Cangas de Tineo

No se divorcian por medio de tribunales.

Tineo

No se registra ningún caso.

b) POR MUTUO CONSENTIMIENTO.

Cangas de Tineo

Principalmente se separan por mutuo consentimiento.

Tineo

Tampoco conozco ningún caso. Lo que sucede es que enterado el marido del adulterio de la mujer (cuando está emigrado en otros países) la abandona.

c) SITUACIÓN DE LOS HIJOS EN ESTOS CASOS.

Cangas de Tineo

Suelen quedar en la casa, sea el padre o la madre quien se marche.

I) UNIONES ILEGÍTIMAS

a) FRECUENCIA DE LAS MISMAS.

Cangas de Tineo

No son muy frecuentes. Pueden tener hijos de solteros pero habitando en casas distintas.

Tineo

No son frecuentes.

b. CONSIDERACIÓN SOCIAL DE LOS AMANCEBADOS.

Cangas de Tineo

Son mal mirados

Tineo

Cuando ocurren estas uniones son mirados los amancebados con desprecio.

c) SI SE CONOCEN CASOS DE AMANCEBAMIENTOS PARA TODA LA VIDA.

Cangas de Tineo

Casos muy raros.

Tineo

No, porque en este caso se les negaría sepultura eclesiástica y no sé más que de un suicida que haya sido enterrado en el cementerio civil, fallecido hace ya muchos años.

d) SUERTE DE LA PROLE DE LOS AMANCEBADOS.

Cangas de Tineo

Los hijos quedan en la casa adonde nacieron.

(I) Costumbres de NACIMIENTO en Cangas del Narcea y otros concejos del SO de Asturias, 1901-1902

I

NACIMIENTO

Bierzu y niños de Xinestosu / Genestoso (Cangas del Narcea), año 1927. Fotografía de Fritz Krüger. Colección Museo del Pueblo de Asturias.

A) LA CONCEPCIÓN

a) CREENCIAS Y SUPERSTICIONES RELATIVAS A LOS MEDIOS DE CONSEGUIR LA FECUNDIDAD.

Cangas de Tineo

Nada de particular.

Tineo

En esta zona son bastante raros los casos de esterilidad; las mujeres son muy fecundas, habiendo algunas que paren 20 veces.

b) PRÁCTICAS MÁS USUALES CON OBJETO DE CONSEGUIR LA FECUNDIDAD.

Cangas de Tineo

Nada de particular.


B) GESTACIÓN

a) SI EXISTE ALGUNA COSTUMBRE DURANTE EL PERÍODO DE GESTACIÓN Y EN QUÉ CONSISTE.

1) Ofrendas religiosas.

Tineo

Algunas ofrecen misas a San Ramón y Santa Ana.

2) Prácticas familiares.

Tineo

Las mujeres embarazadas no se cuidan nada; siguen en sus rudos trabajos del campo y sin duda a causa de esto son tan frecuentes los abortos.

b) ANTOJOS DE EMBARAZADAS: CREENCIAS REFERENTES A SU SATISFACCIÓN Y A CÓMO PUEDEN INFLUIR EN EL QUE NAZCA.

Cangas de Tineo

Existe la creencia de que la criatura nace con la señal de la cosa deseada por la madre, si ésta ha tenido antojos no satisfechos.

Leitariegos, Cibea

Cuando uno está comiendo y está presente alguna embarazada, hay costumbre de darle algo de lo que se come, pues de lo contrario se teme que nazca la criatura con alguna mancha en la cara o cuerpo, que afecten la figura de aquellas cosas que la madre vio comer. Sobre ello se citan muchos casos; he oído contar lo siguientes: “In Fontis nacíu una nena cun un queisu incima d’un uechu; ya si cunoz que foi purqui la madri cuando estaba in cinta viu cumer queisu ya nun xi dienu d’él”.

“In Surrudiles nacíu outra nena cun una cereiza cun rabu y a todu na cara, y an Vicharin un nenu cun un piescu nu carrillo ya outru cun una mazana nu chombu; ya salierun así lus nenus purqui si cunoz qui las madris cuandu estaban in cinta apiticiuchis aquechu, ya nun quixienun dicir qui estaban así pa qui nun lu supieran purqui chis daba virgüenza”.

Se cree también que si se le antoja algo a una embarazada, aunque no vea la cosa que le apetece, la familia debe procurar (y procura en efecto) para conseguir lo que desea; y la persona que tiene el objeto deseado, aunque le venga gran perjuicio en darlo, lo da, sin embargo, pues sino cree que comete un pecado mortal o un crimen.

Pola de Allande

Existe la costumbre de creer que si a la embarazada se le antoja alguna cosa se la tienen que dar; pues de lo contrario nacería la criatura con un bulto parecido al objeto que se le antojó.

Tineo

La familia tiene especial cuidado de satisfacer los deseos que la embarazada muestra respecto de la alimentación, pues es creencia general que los Noevi materni son producidos por antojos no satisfechos.

c) VATICINIOS RESPECTO AL SEXO Y CÓMO SE HACEN: CREENCIAS ACERCA DE LA INFLUENCIA DEL AÑO, MES, DÍA, HORA Y FASE DE LA LUNA EN QUE OCURRA EL NACIMIENTO.

Pola de Allande

Hay una manera muy curiosa de vaticinar: si la criatura se mueve al lado derecho del vientre, será varón y si al izquierdo hembra.

C) ALUMBRAMIENTO

a) SI LA ASISTENCIA SE HACE POR PERSONAS PROFESIONALES Y, EN ESTE CASO, SEXO DE LAS MISMAS.

Cangas de Tineo

La asistencia durante el alumbramiento se realiza por personas no profesionales, mujeres. Cuando el parto es laborioso los vecinos mantean a la parturienta: la tienden sobre una manta y le imprimen movimientos rotatorios.

Leitariegos, Cibea

En cuanto se sienten los primeros dolores del parto se llama a una mujer curiosa, llamada partalicera, y que no tiene más práctica que haber dado a luz y haber visto muchos casos. Cuando el feto se presenta mal tienen la práctica de coger en brazos a la parturienta y moverla a los lados (cuéchinla con una manu pur ditrás de los hombrus ya outra pu las corvas ya fírinla cum’un odri di cheiti).

Pola de Allande

Se puede decir que no existen otra clase de personas para asistir a las parturientas durante el alumbramiento, que las llamadas vulgarmente comadronas.

Tineo

Acuden a asistir a la parturienta dos o tres mujeres entre las cuales la más anciana hace oficio de partera. Generalmente coloca ésta a la parturienta de rodillas y en esta posición espera horas y más horas a que el parto se verifique.

b) COSTUMBRES Y PRÁCTICAS DIGNAS DE NOTARSE QUE INDIQUEN ALGUNA CREENCIA O SUPERSTICIÓN RESPECTO AL ALUMBRAMIENTO.

1) Presencia de imágenes. Reliquias. Luces.

Cangas de Tineo

Hay caso aislado de presencia de imágenes y luces. En ciertos casos cubren a la parturienta con el manto de la Virgen.

Tineo

Si el parto no viene bien o es tardío le colocan al cuello a la mujer todas las reliquias y objetos sagrados de que pueden disponer, encienden las luces llamadas de tinieblas.

Asturias

San Ramón Nonnato es el santo a quien más se encomiendan las parturientas y suelen ofrecerle alguna o algunas misas si salen con bien.

2) Objetos en los que se suponga alguna virtud; cuáles son y empleo de los mismos.

Cangas de Tineo

Colocan lo que llaman Rosa de Jericó en un vaso de agua y suponen que cuando abre se verifica el alumbramiento. No sé lo que es dicha rosa porque no he visto ninguna, pero tengo entendido que es una parte de un vegetal con una roseta de piezas (hojas o pétalos, no estoy enterado) que está medio seca o seca del todo. Posteriormente he visto unos ejemplares, que es una planta cuyo nombre científico es Anastatica hierochuntica o Jerochuntina. Mis dudas procedían de que esta planta es de Asia Menor y N. de África, y no suponía que la tuvieran aquí.

Leitariegos, Cibea

Tan pronto como la mujer ha dado a luz, lo primero que se hace es calentar vino blanco, echarle azúcar y manteca, y dárselo a beber. En seguida hacen una tortilla para la partalicera (una turticha di güevos ya turredanus cun tronchus di chinguaniza) y se la dan con su correspondiente vino.

Tineo

Cuando el parto viene mal, el último recurso a que se apela es la operación llamada manteo que consiste en colocar a la mujer en una manta y a ésta cogida por sus extremos por mozas robustas, imprímenla bruscos movimientos en todas direcciones “para que el parto, dicen ellas, se ponga derecho”, de lo cual resulta muchas veces que un parto natural se convierta en distócico. En cuanto nace la criatura la lavan ligeramente con vino blanco y acto seguido la envuelven tan fuertemente que la imposibilitan todo movimiento; en este estado permanece por espacio de ocho o diez meses. Para la expulsión de las secundinas practican una serie de maniobras externas e internas, fricciones en el vientre con ruda y manteca, le dan a ver vino con manteca, o tiran del cordón, cosa que a veces da lugar a hemorragias fatales. En seguida la acuestan vestida con las mismas ropas que no le quitan en seis u ocho días.

c) VATICINIOS RESPECTO DEL RECIÉN NACIDO EN ATENCIÓN A LAS CIRCUNSTANCIAS QUE HAYAN CONCURRIDO EN EL NACIMIENTO.

Cangas de Tineo

El que nace de pie tiene más suerte.

d) SUPERSTICIONES RESPECTO DEL MAL DE OJO; QUIENES PUEDEN HACERLO Y SUS CONSECUENCIAS. PROTECCIÓN CONTRA ÉSTE Y OTROS MALEFICIOS.

Cangas de Tineo

Existe la creencia en el mal de ojo, que pueden padecer además de los niños, los adultos y los animales, como las vacas. Este mal de ojo no suele ser durante el alumbramiento sino más tarde, cuando el niño se debilita por cualquier causa. Suele culparse de él a mujeres viejas o feas que son tenidas por brujas. Se atribuye al alicornio la propiedad de proteger contra el mal de ojo, sirviendo, además, este amuleto para que el pan chelde (fermente o hinche la masa) aun cuando se haya olvidado echar formiento cuando se amasa. El alicornio es un cuernito como de dos pulgadas o algo menos, de largo con un engarce de plata y un anillo para colgarlo.

Leitariegos, Cibea

Cuando conocen que el recién nacido está enfermo, el primer pensamiento de la madre es que le han visto malos ojos (alguna bruxa lu agueyou ou lu invidiou), para evitar esto dicen que “hay que chivalu al Sr. Cura qui chi echi lus Evangelius y a dispuis afumalu, queimandu ramus binditus di chourreiru (laurel), teixu, ya rumeiru ya punelu al fumu. Si esto no es suficiente para sanarle dicen que “tien il mal del filu, y que hay que curtárchilu”. Para hacer esta operación hay algunas mujeres, pero son muy pocas las que tienen tal virtud pues como ellas dicen: “aunqui vos vedis comin you faigu sicasi vos nun pudeis fachi, hay qui intindelu, diumi Dieus a mi esta maña pa curtarchilu”. Para ello mide con un hilo desde el extremo de los dedos de una mano, estirando el brazo, hasta el pecho, después hace lo mismo respecto del otro brazo; luego mide desde los pies a la cabeza con otro hilo y si las dos medidas no son iguales, entonces es evidente que tiene il mal dil filu y en este caso la mujer hace unos cuantos nudos en los hilos, procurando que nadie sepa los que hace, los pone al cuello de la criatura y en cuanto se duerme se los quita y los tira al fuego pero sin que lo vean ninguno de los presentes; si restallan es que el niño sanará y mientras los quema dice y repite varias veces las siguientes palabras: “Queimi il mal dil filu cumu queima esti filu”.

Pola de Allande

Hay en algunos pueblos la creencia de que Fulana tiene el mal de ojo. Evitan a todo trance que ella les mire. Hay casos en que a una mujer, por ejemplo una recién parida, se le ponen los pechos malos, por cualquier contratiempo, no pudiendo dar de mamar a la criatura, pues este contratiempo no lo achacan a otra cosa más que a la Fulana que “la miró de mal ojo”. Para protegerse contra estos maleficios se valen de misas, agua bendita, etc.

e) TRATAMIENTO POSTERIOR DE LA PARIDA. RÉGIMEN, ALIMENTACIÓN, CUARENTENAS, PURIFICACIÓN.

Cangas de Tineo

Se cuidan mucho y no se lavan ni trabajan hasta que pasan las siete semanas que permanecen en casa. Consideran tan perjudicial el agua que ni mojan un dedo ni la beben. Comen lo mejor que pueden y están en cama de 8 a 12 días. Al principio toman dos huevos fritos, que echan en el fondo de un tarro de manteca derretida, bebiendo, por supuesto, esta manteca. A los 15 días principian a tomar grandes y muchas tazas de vino (en mayor cantidad si el recién nacido es varón). Lo dicho respecto a este asunto se refiere a las casadas, cuya primera salida es a la iglesia y no a las solteras. Antiguamente la parida se ponía la montera del marido y seguía con ella puesta hasta salir de casa e ir a la iglesia a donde la llevaba puesta. Esta costumbre ha ido desapareciendo, así como la indicada prenda y otras propias de este país.

Leitariegos, Cibea

Durante cuatro o cinco semanas no toma más que “papas di manteiga, caldus frescus di pita (gallina) un poiquinín di xamón (1/2 libra) cucíu cun a misma pita ya bastante vinu blancu calienti cun azúcar ya mantenga; algunas vecis tamien comin miel cunas papas di manteiga”.

La base de la alimentación, como se ve, la constituye el vino blanco y manteca. Lo primero que hace el marido cuando su mujer da a luz es ir a buscar un pellejo de vino, blanco precisamente, porque el tinto dicen que no las fortalece; si es familia acomodada y el nacido es varón, entonces el marido, de puro contento, trae dos pellejos. El vino y la manteca (de vaca) no faltan ni aún en la más pobre casa, y hay que advertir que el vino no es aquí barato tanto por la gran distancia que hay desde donde se coge, como por el difícil transporte, que se hace en caballerías y carros de bueyes, como por los pagos de aforos que se hacen al entrar en la provincia; a pesar de ello, prefieren quedar, como dicen, impiñaus hasta las uñas, antes que falte el vino pues, de lo contrario, no saldrían bien del período puerperal o tardarían más de lo acostumbrado. Después de las 7 semanas van con la criatura a Misa de parida, llevando como ofrenda una vela y dinero para una misa.

Pola de Allande

Es muy general entre las mujeres de aldea alimentarse después del parto de manteca, chocolate y gallinas, creyendo que otro alimento sería peligroso. También existe la costumbre de guardar la cuarentena que consiste en que la recién parida no meta las manos en agua ni haga ningún trabajo material durante cuarenta días.

Tineo

Caldos de gallina, sopa, huevos y mucho vino blanco. Es rara la mujer que no toma durante el puerperio más de 60 litros; al marido que no coloca el pellejo junto a la cama de la mujer en el 9º mes de embarazo, se le tiene por mal marido. También es base de la alimentación la carne de carnero por espacio de 6 ó 7 semanas, transcurridas las cuales vuelve la mujer a ocuparse de sus habituales tareas y va a ofrecer (purificación). Hasta que ofrece, el marido está separado del lecho conyugal.

f) EL PADRE DURANTE ESTE PERÍODO.

1) Justificación de la personalidad: si existe la covada o costumbre de permanecer el padre durante cierto tiempo en el mismo lecho que ocupan la madre y el hijo. Otras prácticas análogas, como la presentación pública del recién nacido hecha por el padre, etc.

Cangas de Tineo

No existe la covada. Véase I.C.c.e: costumbre de llevar la montera.

2) Costumbres dignas de mención en relación con el padre y el alumbramiento.

Cangas de Tineo

Existen, al menos en algunos sitios, las visitas. Sus amigas van a ver a la parida y le llevan regalos, siendo obsequiadas con vino y a veces con comida.

Tineo

Hasta que la mujer va a ofrecer (purificación), el marido permanece separado del lecho conyugal. El padre asiste al bautizo.

D) BAUTIZO

a) PADRINAZGO: QUÉ REGLA SE SIGUE PARA LA DESIGNACIÓN DE PADRINO Y MADRINA. COSTUMBRES DE ÉSTOS CON RELACIÓN A LOS PADRES Y AL RECIÉN NACIDO, SEGÚN EL SEXO. IDEM EN RELACIÓN A LOS INVITADOS, ETC.

Cangas de Tineo

Los padrinos de boda apadrinan al primer niño y a los otros algún pariente o amigo. El padrino paga los gastos del bautizo y una mantilla de bayeta y la madrina alguna prenda de ropa y huevos y manteca. Los gastos del convite son de cuenta de la casa donde vive el matrimonio. Los padrinos dan por Pascua de Resurrección a sus ahijados la bolla, regalo consistente en un bollo de pan cuyo tamaño y calidad varían según la posición del donante. En la capital del concejo existe también esta costumbre y aún en Oviedo, pero el regalo en estos sitios varía bastante pues puede consistir en empanadas con carne, chorizo y jamón o de anguilas o un bizcocho adornado o en grandes rosquillas que compran en las confiterías al llegar la época. Otros hacen un regalo cualquiera, pero esto no es lo más común.

Leitariegos, Cibea

Antes del nacimiento se designan, generalmente, los padrinos que suelen ser los hermanos o parientes y, a falta de éstos, los vecinos más próximos. Una de las advertencias que hace a los padrinos la madre o la abuela del recién nacido cuando van a bautizar es que digan bien el Credo pues de lo contrario creen que queda mal bautizado, dándose el caso de que ellas mismas examinen para ver si lo saben decir bien (sobre todo si los padrinos son de poca edad) y si no quedan satisfechas, no los quieren para compadre o comadre.

Pola de Allande

Es costumbre muy general llamar para padrinos a los mismos que lo fueron de boda.

Tineo

Del primer hijo son padrinos los que lo fueron de la boda, y en los sucesivos los abuelos, parientes próximos o amigos íntimos. Los padrinos tienen que dar al ahijado todos los años por Pascua de Resurrección la Bolla (dos o cuatro reales de pan) y tienen que apadrinarle cuando se case.


b) CEREMONIAL DEL BAUTIZO

a’) LA CEREMONIA RELIGIOSA

1) Acompañamiento.

Cangas de Tineo

En algunas partes van solamente al bautizo los padrinos, en otras también el padre.

Leitariegos, Cibea

Acostumbran a bautizar el mismo día del nacimiento, para lo cual avisan al cura, si la parroquia está cerca, con objeto de que señale hora (generalmente es por la tarde). Si la parroquia está lejos, entonces van luego con el recién nacido. Cuando vuelven de bautizar dice la madre a la madrina:

– Güey fixisti una obra de caridá.

– ¿Pur quí comadre?

– Purqui fixisti d’un moro un cristianu.

– Pus Dieus lu faiga bon cristianu.

Los padrinos quedan obligados a dar una o más libras de pan de trigo y huevos cada uno al ahijado el día de Pascua de Resurrección todos los años. Por eso el día de Sábado Santo dicen los padrinos: “Tengu que baxar a Cangas pa subir la boxa pal mieu afichau”.

Tineo

El padre con los padrinos y la cheitadora (la que conduce al niño) van a la parroquia a bautizar al niño.

2) Traje del recién nacido, adornos, amuletos, etc.

Cangas de Tineo

Se aplican los brazos rectos a los lados del cuerpo y los lían con un ovillo que da vueltas desde el cuello hasta los pies, quedando la criatura en esta disposición unos 6 ó 7 días. Algunos les ponen un pañal, faja, mantilla, jubón y gorro. Se cosen a la ropa cintas en cruz para librarle del mal de ojo. Para el bautizo llevan los niños una capa que en algunos casos sólo se utiliza para esa ceremonia y que puede servir para varios niños.

3) Nombres, costumbres de poner uno o varios; regla que se sigue para ponerlos y a quién pertenece la iniciativa; nombres preferidos en la localidad o en la comarca.

Cangas de Tineo

Generalmente un ponen un nombre solo que a veces es el de algún pariente o el del padrino o madrina. Este nombre lo eligen los padres o el padrino. Nombres más usados: José, Manuel, Antonio, Juan, Francisco, Pedro, Joaquín.

Leitariegos, Cibea

Siendo niño, al padrino corresponde la designación de nombre, si es niña a la madrina. Los nombres más usuales en esta comarca son:

Xepe (Pepe, José), Marica; Manolu, Manula; Farrucu (Francisco), Xepa (Josefa); Xicu, Pachu (Francisco), Antoña; Xuan, Carmela; Mingu (Domingo); Antón; Fonsu; Xuacu.

Tineo

Son de libre elección de los padrinos. Los más frecuentes son: José, Manuel, Antonio, Juan, Pedro, María, Joaquina, Josefa, Concepción.

b’) LA CEREMONIA FAMILIAR.

1) Invitaciones

Cangas de Tineo

No tienen.

2) Regalos.

Cangas de Tineo

A los 15 días tienen lugar las visitas en las que los parientes y amigos llevan huevos y manteca a la parida, y los padrinos chocolate y pan de trigo. Los aldeanos de este concejo son muy pobres y muchos no prueban el pan casi ningún día del año y mucho menos la carne, que sólo la comen el día de Antroidu, es decir, de Carnaval.

Leitariegos, Cibea

El segundo domingo después de haber dado a luz se llama el día de las visitas; reúnense en casa de la parida todas las amigas, parientes y vecinas a visitarla y cada cual lleva su regalo consistente en gallinas, manteca, huevos, chocolate y pan de trigo (el pan de trigo es un regalo tan exquisito o más que los otros pues como acostumbran a decir se come de Pascuas a Ramos; el común en la comarca es el de centeno). En ese día se da un gran banquete a todas.

[Véase 3) Bateo y convite].

Tineo

[Véase 3) Bateo y convite].

3) Bateo y convite.

Cangas de Tineo

No hay bateo ni convite el día del bautizo puesto que no hay acompañamiento para ceremonia. Solamente las visitas [Véase 2. Regalos]. Los de la casa obsequian a los que traen regalos.

Leitariegos, Cibea

El día de las visitas se da un gran banquete a todas las que han ido con su regalo correspondiente a la parida [Véase 2. Regalos]. Para ello mandan a una que haga el imprescindible arroz con leche; también es de cajón servir las torradas de pan con manteca, mojadas en vino.

Tineo

Al regresar la comitiva (padrinos y cheitadora o nodriza) acompañados del padre, son obsequiados con una comida más o menos espléndida y mucho vino. A las 6 ó 7 semanas vuelven a reunirse para las formigas (o sea las visitas), llevando ese día el padrino una buena bota de vino y la madrina como regalo a la parida una cesta llena de pan, huevos y manteca. Los padres obsequian a los padrinos con una comida en la cual el plato obligado son los jorungos (migas gruesas de pan y huevos fritos).

E) HIJOS ILEGÍTIMOS

a) DIFERENCIAS QUE EXISTEN CON RELACIÓN A LAS COSTUMBRES ANTERIORMENTE DESCRITAS ENTRE LOS HIJOS LEGÍTIMOS Y LOS ILEGÍTIMOS.

Cangas de Tineo

En los hijos ilegítimos se hace el bautizo oscuramente y sin ostentación de ninguna clase y nadie visita ni hace regalos a excepción de algún pariente próximo.

b) CONSIDERACIÓN Y SUERTE DE LOS HIJOS ILEGÍTIMOS.

Cangas de Tineo

Los hijos ilegítimos viven ordinariamente con su madre y en algún caso los llevan al Hospicio. Los legitimados por matrimonio son tratados como los legítimos.

Tineo

Generalmente quedan con las madres si no hallan medio posible de depositarlos en el Hospicio provincial o de ausentarse a Madrid antes de dar a luz para dedicarse a la lactancia. Estos hijos son mirados con desprecio por el público y hasta por su familia. Muchos de ellos se dedican a criados y otros acaban de mala manera.

c) FORMAS DE RECONOCIMIENTO Y SI ES FRECUENTE ESTE HECHO.

Cangas de Tineo

Se consigna en la partida de bautismo o si se casan los padres colocan la criatura bajo el velo. Caso poco frecuente.

Tineo

Son bastante frecuentes los hijos naturales no reconocidos y en los casos raros en que el reconocimiento se verifica se hace por la inscripción en el Registro Civil.

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Costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en Cangas del Narcea y otros concejos del SO de Asturias, 1901-1902

Fachada del edificio del Ateneo de Madrid, en la calle del Prado. Esta institución fue creada en 1835 como Ateneo Científico y Literario.

En 1901 la Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid realizó un interrogatorio sobre las costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en España. Esta iniciativa se enmarcaba en el interés por el estudio del folclore y la antropología, cuya difusión había iniciado en nuestro país en 1881 Antonio Machado Álvarez (1846-1893), padre del poeta Antonio Machado. En esos años proliferaron, a imitación de lo que estaba pasando en Gran Bretaña o Francia, muchos cuestionarios destinados a recopilar información sobre diversos asuntos o ámbitos geográficos.

El Ateneo de Madrid se había fundado en 1835 y a fines del siglo XIX era, junto con la Institución Libre de Enseñanza, uno de los centros de difusión de la antropología en España. El interrogatorio se envió a los corresponsales que tenía esta institución repartidos por toda España, que a su vez solicitaron la colaboración de otras personas. Contestaron preferentemente médicos y abogados, así como alumnos de facultades de Derecho, a los que sus profesores encargaron este cometido. Las contestaciones se recibieron en el Ateneo en forma de informes en los que se daba respuesta a las preguntas del interrogatorio, y allí fueron pasadas a fichas y ordenadas siguiendo el esquema del cuestionario. En 1922, las fichas fueron cedidas a la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria y más tarde pasaron al Museo de Etnología (hoy, Museo Nacional de Antropología), de Madrid, donde todavía se conservan. Por el contrario, los informes originales que quedaron en el Ateneo de Madrid desaparecieron durante la Guerra Civil.

La información recogida en estas fichas es imprescindible para el conocimiento y estudio de la sociedad rural española de finales del siglo XIX.

En Asturias contestaron a este interrogatorio unas diez personas. Muchas de las respuestas salieron de la cátedra de Historia del Derecho de la Universidad de Oviedo, ocupada por Rafael Altamira (1866-1951), donde se alentó a los alumnos a escribir informes sobre sus lugares de origen. Participaron seis alumnos de los que sólo conocemos los nombres de Vicente Velarde (de Salas) y de Emilio Ramos (de Pola de Allande). Otras personas que enviaron informes fueron: el notario Elías López Morán sobre Asturias; el naturalista Roberto Flórez; el farmacéutico Celestino Graíño Caubet (de Avilés); el médico Alfredo Valdés de Miranda (de Lena) y el estudiante de Medicina Eugenio Carrizo Hevia.

El número total de fichas que conserva el Museo Nacional de Antropología sobre Asturias es de 563; quien quiera conocer el contenido completo puede consultar el libro Costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en Asturias: Encuesta del Ateneo de Madrid, editado por el Museo del Pueblo de Asturias en 1998.

De Cangas del Narcea se recibió una información general y extensa sobre las costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte, enviada por Roberto Flórez; otra relativa a Leitariegos y Cibea escrita por Eugenio Carrizo, y otra anónima de Noceda de Rengos. Sobre otros concejos del suroeste de Asturias hay información de Allande, enviada por Emilio Ramos, y de Tineo.

Roberto Flórez y González del Reguerín. Fotografía de Compañy, Madrid. Col. de José Ramón Flórez Areces.

Roberto Flórez y González del Reguerín (1854 – d. 1928) nació en Bujalance (Córdoba), donde su progenitor estaba destinado como maestro nacional, pero sus padres eran del concejo de Cangas del Narcea, donde la familia tenía muchas propiedades y en la que pasaban sus vacaciones estivales. Hijo y nieto de maestros, pertenecía a una familia liberal y culta. Su padre, don José Mª. Flórez y González, fue director de la Escuela Normal de Oviedo, arqueólogo y poeta en lengua asturiana, y su hermano, Alfredo (1853 – 1924), aunque estudió la carrera de medicina en Madrid, se dedicó a la escritura y, especialmente, a la pintura y escultura. Todos ellos de arraigada ideología republicana y muy interesados por la cultura popular. Roberto Flórez estudió Ciencias y fue un reputado naturalista, especializado en coleópteros, así como un gran aficionado a la música (véase “Cangueses ilustres”, en La Maniega, 15, agosto de 1928, págs. 9-10).

Eugenio Carrizo Hevia (1881 – 1943) nació en Oviedo y sus padres eran Eugenio Carrizo del Riego, de Tineo, y Antonia Hevia, de Oviedo. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad Central de Madrid. En octubre de 1906 entró a trabajar en el Hospital Provincial de Oviedo, en el que llegará en los años treinta a ocupar la plaza de director médico. Se jubilará por enfermedad en 1936. Su relación con Cangas del Narcea vendrá por tener su padre familia en la villa, como Severiano Rodríguez-Peláez del Riego, alcalde y administrador de los bienes del conde de Toreno.

Por último, Emilio Ramos Zardaín (1883-1942), era uno de los estudiantes de Derecho de la Universidad de Oviedo que participó en las respuestas al cuestionario del Ateneo de Madrid, escribiendo un informe sobre el concejo de Allande. Nació en Pola de Allande, hijo de Román Ramos Arguelles, de Pola de Allande, y Florentina Zardaín García, de Yerbo (Tineo), comerciantes en la misma Pola. Estudió en el Colegio de los Jesuitas de Gijón y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, en la que se licenció en 1907. Abrió un despacho de abogado en la villa de Tineo, donde se casó y residió hasta su muerte (Noticias proporcionadas por su hijo Emilio Ramos Rodríguez-Peláez, de Tineo, y su sobrino Manolo Ramos Uría, de Pola de Allande).

  1. NACIMIENTO

  2. MATRIMONIO

  3. MUERTE

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Veceras de agua

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“Veceras del agua” del pueblo de Vil.laxer / Villager, 1800.

El agua es un bien imprescindible para la vida. En la sociedad campesina se empleaba para las necesidades de personas y animales; para mover la maquinaria de molinos, batanes y mazos, y para regar. Los praos de regadío eran antiguamente muy apreciados y también muy escasos. Según el antropólogo Adolfo García Martínez (Antropología de Asturias, tomo I), la propiedad de estos praos constituía uno de los símbolos para clasificar a una casa como “fuerte” o “probe”. Los praos de regadío eran de gran importancia, porque producían ceba para el ganado vacuno, con cuatro o cinco cortes al año.

Los prados se regaban con una red de presas y sangraderas. La procedencia del agua era diversa. En unos casos se tomaba de un río, para lo cual era necesario construir una estacada con el fin de desviar el agua; los praos de ríu eran llanos y los más estimados. Otros praos, más pendientes, tomaban el agua de un regueiro o regueira; de un pozo que se suministraba de una fuente o un manantial, y por último, del agua de lluvia que corría por los caminos.

Durante el verano el agua escaseaba y con “la seca” llegaban los problemas entre los vecinos. Por este motivo, el aprovechamiento del agua se repartía en turnos o veceras entre los propietarios de los praos situados en un mismo lugar. Estos derechos se transmitían con el prau; de este modo en una venta del prado de La Campona, en términos del pueblo de Vil.laxer / Villager, realizada en 1867, el vendedor incluye “sus arboledas, servidumbres, entradas y salidas, y además le da doce horas de vecera de las aguas que le corresponden del arroyo de Fontanos, para regar dicho prado”.

El reparto de aguas era a menudo una imposición de las autoridades con el fin de evitar problemas y mantener la buena vecindad. El 23 de marzo de 1799 los vecinos del mencionado Vil.laxer / Villager, en la parroquia de San Xulianu d’Árbas, recibieron la siguiente notificación:

Habiéndome representado Inocencio Rodríguez Carballo, vecino de Villager, los graves perjuicios que experimentaba en las aguas de las praderas de dicho lugar, ordeno y mando a los vecinos de él, que dentro del tercero día hagan por si o por medio de peritos el comparto de dichas aguas a razón de tapín, y en la forma que previenen los despachos del buen gobierno, sin contravenir en manera alguna, bajo la pena de quatro ducados y más providencias que haya lugar. Dado en Cangas de Tineo, y marzo veinte y tres de noventa y nueve. Licenciado Manuel Flórez.

También mando a Joseph de la Fuente que en los Llanos de Vallín observe la alternativa que mandaron los peritos, pena de veinte ducados y apremio, y que el dicho Joseph ni otro algún vecino no sea osado a pasar las aguas de la Campona a los prados de Espinas. Cangas, dicho día.

Siguiendo estas ordenes, el reparto o vecera del agua se recogía en escrituras, que, sin embargo, no evitaban peleas y pleitos por este aprovechamiento.

En 1800 los vecinos de Villager y Miravalles repartieron el agua de la reguera de Fontanos y Fonsagrada por días. Para ello contaron con dos peritos o repartidores imparciales de los pueblos de Veigamioru y L.lamera, que hicieron el reparto del agua y de los sobrantes después de haber “tanteado” los prados. El resultado fue la escritura siguiente:

“Veceras de agua”

Memoria y arreglo del agua de la reguera de Fontanos y Fonsagrada repartida por Pedro Rodríguez de Vegamioro y Nicolás Cadenas de Llamera de la parroquia de Cibea, a veinticuatro de mayo de 1800.

Primeramente

Y el prado de Juaquín Rodríguez, de Miravalles, de Fontanos se le da el lunes de día y de noche y el martes de día.

Y el martes de noche y el miércoles de día y de noche se da a José de la Fuente para el Cuadrado y la Barrera.

Y el jueves de día y de noche y el viernes de día se da a Juan Bautista Pérez para el prado de Fontanos y la Fonsagrada y el Campón.

Y el viernes de noche y el sábado de día y de noche a Nozencio Rodríguez para el de la Campona.

Y el domingo por la mañana hasta el lunes por la mañana se da al Pablo para el prado de Rocabo y el Nabariego.

Y el lunes por la mañana hasta el martes por la mañana se da a Francisco Rodríguez, de Miravalles, se le dan los sobrantes de Juaquín Rodríguez también de Miravalles.

Los sobrantes del martes de día del Juaquín se dan a Nozencio Rodríguez un feredo [literal] y lo otro a Juan Bautista Pérez.

Como repartidores, que dijeron haberla repartido según su conocimiento, después de haber tanteado dichos prados, y para que conste lo firmamos dicho día arriba dicho.

Pedro Rodríguez               Nicolás Cadenas de Llano

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Nombres de vacas II – Aportaciones de varios colaboradores

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Vacas y familia campesina, en Celón (Allande), hacia 1915. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Col. Juaco López Álvarez.

A la llamada para recopilar nombres de vacas en el concejo de Cangas del Narcea, que hicimos en la web del Tous pa Tous en enero de 2011, han contestado cinco colaboradores, a los que les damos las gracias, y cuya información es la siguiente:

Ángela Sierra Amago, Palaciu de Naviegu:

Os envío nombres de vacas que encontré en un escrito de Casa Avelino, de Brañas de Arriba, que data del año 1839, son: Parrada, Gallarda, Cachorra, Cerbera, Morena, Montesa, Garbosa y Famosa, y dos novillos Pardo y Castaño.

Otros nombres (estos más recientes) son de Casa Dionisio, de Palacio de Naviego: Campanera, Barrosa, Castaña, Romera, Granada, Mora, Maravilla, Naranja, Corza, Galana, Guapina, Salada, Careta, Pallaresa, Paloma o Parda.

Clara Martínez, Veiga de Pope:

En casa de mis abuelos siempre hubo una Galana, que pasaba de generación en generación, también me acuerdo de una Navarra y de una Careta, lo que me mosqueó fue cuando a una la llamaron Madrileña,…

José Antonio Alonso, Moal:

Recogiendo el guante que habéis lanzado a propósito del artículo sobre “Homenaje a la vaca. Nombres de vacas en 1896”, os diré que en Casa Mingo, de Moal, la costumbre de llamar a cada vaca por su nombre perdura a pesar del paso del tiempo.

Probablemente dicha circunstancia, como bien apuntáis, se deba a que el número de cabezas no es muy grande. Como dato anecdótico os contaré que actualmente también le ponen nombre a los xatos, nombre que va estrechamente relacionado con el de la madre: así, al ternero de la Marquesa se le llama Marquesito si es macho y Marquesita en el caso de ser hembra. Esto es debido a que, por lo general, en la corte tienen entre seis y diez xatos, y de esta manera los diferencian más fácilmente.

No han variado mucho los nombres de las vacas con el transcurrir del tiempo, al menos en mi casa, aunque si se da la paradoja de una vecina que le ha puesto a una vaca el nombre de “Chenoa”, que todos relacionamos con la famosa cantante que se dio a conocer en el programa de televisión Operación Triunfo.

Recuerdo de pequeño, allá por la década de los 60, estos nombres de vaca: Cierva, Serrana, Mariñosa, Gallarda, Mariel.la, Montesa, Valencia, Sevilla, Asturiana, Praviana, Mora y Pinta.

Los nombres de las vacas en la actualidad son Majita, Cordera, Marquesa, Gallarda, Serrana, Mora, Asturiana, Lucera, Linda, Rubia, Romera, Perla… Lo dicho, los tiempos han evolucionado pero los nombres siguen conservándose.

Un saludo desde La Rioja.

José Collar, de Casa Funsiquín, y Alonso López, de Casa L’Indianu, Xedré:

Nombres de vacas habituales en el pueblo de Xedré:

  • Alegría, Arquera, Artillera, Asturiana.
  • Blanca, Benita, Bragada, Barrueca.
  • Cabrera, Campanera, Cachorra, Campera, Campesina, Carbonera, Careta, Cariñosa, Castaña, Castilla, Cereza, Cierva, Colorada, Cordera, Cordobesa, Corza, Cariñosa, Cantera.
  • Chispa, Chula.
  • Duquesa.
  • Estrella, Espuma, Escornada.
  • Jardinera.
  • Galana, Galena, Gallarda, Garbosa, Gitana, Golosa, Golondrina, Guapina, Granadina. Leona, Linda, Limonera, Lucera.
  • Majita, Madrileña, Malagueña, Mansa, Maña, Mariel.la, Manchega, Maragata, Maravilla, Marinera, Mariposa, Marquesa, Mosca, Mocha, Mora, Molinera, Montañosa, Macarena, Morica, Montesa, Melandra.
  • Naranja, Nata, Navarra, Noble.
  • Osa.
  • Palmera, Paloma, Parda, Parrala, Pastora, Pasiega, Perla, Pinta, Piquera, Platera, Praviana, Presumida, Primavera, Pulida.
  • Rabuca, Rama, Ranchera, Ratina, Redonda, Reina, Rebeza, Romera, Roxa, Ruana, Rubia.
  • Salada, Salmantina, Serrana, Serena, Sevillana, Soberana, Somedana, Sultana.
  • Vaquera, Viola.
  • Xata.
  • Zamora.
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El toro del pueblo

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Toro de raza asturiana en el Mercado de Cangas del Narcea.

Muchas de las costumbres de la antigua vida campesina estaban basadas en la cooperación y la ayuda mutua. Eran la solución más inteligente para sobrevivir en una sociedad en la que las Administraciones Públicas, al contrario que hoy, ofrecían muy pocos servicios; en la que la vida de los pueblos y de las casas era muy autosuficiente, y en la que la pobreza o la austeridad eran lo común. De este modo, si un toro era suficiente para cubrir las vacas de todo un pueblo, para que tener más.

En efecto, con un solo “toro padre” se aseguraba cada año la reproducción y, además, los vecinos ahorraban dinero y esfuerzo, porque los sementales eran caros, delicados y exigentes. Por este motivo, muchos pueblos del concejo de Cangas del Narcea (y del resto de Asturias y también del norte de León) tenían un toro de vecera, es decir, un toro que compraban todos los vecinos, y cuyo cuidado y sostenimiento se hacía por turnos.

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Toro de raza asturiana en el Mercado de Cangas del Narcea.

Esta práctica era en algunos lugares una costumbre no escrita, que se trasmitía de generación en generación, pero en otros, para evitar problemas o malentendidos, se regulaba en ordenanzas o simplemente en escrituras privadas. Uno de estos documentos fue hecho en 1886 por los vecinos de Vil.laxer / Villager, de la parroquia de San Xulianu d’Árbas, y es el que copiamos íntegramente al final.

Los vecinos de este pueblo compraban todos los años el toro en el mes de mayo, en la feria de La Cruz de la villa de Cangas del Narcea, y lo vendían el 22 de septiembre en la feria de San Mateo de esta misma villa. Con esta practica evitaban mantener al animal en otoño e invierno, estaciones muy frías en un pueblo alto como Vil.laxer / Villager, en las que el toro solo daba gastos y no cumplía ninguna prestación, y también evitaban la consanguinidad. El mantenimiento del toro correspondía cada año a un vecino.

“Obligación del toro del pueblo de Villager”, 1886

En el pueblo y parroquia de San Julián de Árbas de este concejo de Cangas de Tineo, provincia de Oviedo, a diez y nueve días del mes de septiembre año de mil ochocientos ochenta y seis, presentes según nos hallamos todos los vecinos del pueblo de Villager, en esta dicha parroquia, que por la presente somos unánimes y conformes en tener un toro padre en todos los años seguidos desde el presente, que ya le tuvo el vecino D. José Flórez Suárez, que le vence el plazo el día veinte y dos de este presente mes, y el entrante nuevo ha de comenzar el día cuatro de mayo del año primero entrante que primero viene de mil ochocientos y ochenta y siete, y así sucesivamente en todos los demás años seguidos, correspondiendo este primero a D. Juan Pérez; al otro año de ochenta y ocho a Dª Joaquina García, o a quien la represente; el ochenta y nueve a D. Pedro García; el noventa a D. José Rodríguez, y el noventa y uno a Manuela de la Fuente Riesco, únicos vecinos que somos en nuestro referido pueblo.

También es condición que el primer vecino que llegase a faltar a lo pautado queda desde ahora obligado a perder su parte de lo invertido en la compra, [y] que si el toro no se vendiese en la feria de San Mateo, quedamos todos obligados a sostenerle por vecera. También es condición de que por cada vaca que venga forastera de cualquier otro pueblo se le cobrará, por mano del que mantenga el indicado toro, tres reales, [y] que dará cuenta al último de año a los demás vecinos para el susodicho día de San Mateo de cada año. También quedamos todos obligados, que el repetido toro, cualquiera de los vecinos que le tenga le ha de meter el quince de agosto en prado, y al venderle, si diese alguna ganancia, será la mitad para el que le sostuvo. Así quedamos conformes en presencia de los testigos D. Rafael Arias Candamo y D. Celestino Collar de este mencionado pueblo de San Julián, firmamos los que sabemos y por la Manuela y Joaquina, que dicen no saber, los dichos testigos, hoy día de su fecha.

Fui testigo presencial, Celestino Collar. Testigo presencial, Rafael Arias.

Pedro García   Juan Pérez   José Flórez   José Rodríguez.

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ENTRE LA NIEVE. La vida invernal en El Puerto de Leitariegos (1903)

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El Puerto de Leitariegos. Octubre de 1977. Fotografía de José Ramón Lueje. Colección: Museo del Pueblo de Asturias (depósito de Pedro Lueje).

Hoy nieva mucho menos que antes. Esto lo puede asegurar cualquiera que tenga más de cuarenta años. Antes las nevadas eran más copiosas y la nieve duraba mucho más tiempo.

El Puerto de Leitariegos es el pueblo más alto del concejo de Cangas del Narcea y de toda Asturias. Está a 1.525 metros de altitud. Allí, en la actualidad, la nieve se ve como algo beneficioso para la práctica del esquí, pero no siempre fue así.

La existencia de este pueblo se explica por el privilegio real que tuvieron sus vecinos desde 1326 a 1879, que los eximía de impuestos y los libraba de servir al ejército con la condición de vivir allí, mantener abierto el paso y ayudar a los viajeros durante el invierno. La razón de este privilegio fue que Leitariegos era una de las rutas más transitadas entre Asturias y León.

Si no hubiera sido por este privilegio, el pueblo de El Puerto no existiría. La vida a esa altura, con inviernos muy largos y sepultados bajo la nieve, era muy dura. Son varios los testimonios de los siglos XIX y XX que mencionan como la nieve cubría totalmente las casas de este lugar, y sus moradores tenían que hacer túneles en la nieve para comunicarse entre ellos. Para subsistir, en un lugar donde la agricultura era casi imposible, los hombres del pueblo se dedicaban a la arriería y las mujeres permanecían en casa cuidando a la familia.

Conozcamos un testimonio escrito por un vecino de El Puerto, que firma D. O., en diciembre de 1903, y publicado en el diario El Noroeste, de Gijón, el 12 de enero de 1904, en el que relata esta vida “entre la nieve”:

ENTRE LA NIEVE

Pueblo sepultado

A continuación publicamos una interesantísima correspondencia que desde Leitariegos nos dirige un suscriptor de El Noroeste.

Llamamos la atención de las autoridades, y especialmente de aquéllas directamente aludidas en la carta, para que vean la manera de remediar lo que nuestro comunicante denuncia.

He aquí ahora las noticias que en ¡diciembre! enviaba nuestro suscriptor:

 

Leitariegos, Diciembre 1903.

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El Cueto de Arbas (2.007 m.) desde el puerto de Leitariegos. Octubre de 1977. Fotografía de José Ramón Lueje. Col: Museo del Pueblo de Asturias (depósito de Pedro Lueje).

En las ciudades y en las villas, allí donde la humanidad vive con más ó menos confort pero amparada y protegida por leyes de policía urbana, no hay idea aproximada de nuestra virtud y de nuestros sacrificios. Leitariegos, pueblo de 80 vecinos, á 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar, lleva dos meses de incomunicación con el resto del mundo. No somos ni personas, porque se nos trata como á bestias. Hace 19 años que comenzó un expediente para la construcción de un modesto templo y todavía no se ha resuelto. Por humanidad debiera el señor arquitecto diocesano enviar al ministerio el proyecto que reiteradamente se le ha pedido y que es de suponer no requiera un estudio muy profundo.

Desde el día 20 de Noviembre vivimos aquí, si esto es vivir, sepultados entre la nieve, cuya altura alcanza 5 metros. La Jefatura de Obras Públicas de la provincia no refuerza, en esta época del año, el personal de peones camineros; de donde resulta que para establecer, cuando es posible, la comunicación entre algunas casas nos pasamos el día los vecinos perforando túneles y no siempre logramos nuestro objeto.

En el mes de Agosto ó Septiembre pasa la autoridad requisa de víveres á todas las casas en previsión del forzoso aislamiento del invierno. Los vecinos pobres almacenan patatas, harina, leña y velas de sebo; los más acomodados cuelgan en la cocina algunos jamones, cecina y chorizos. En cuanto empieza á nevar, cada familia se encierra en su habitación, en la agradable compañía de los animales domésticos. Y digo compañía agradable, porque el que tiene la suerte de poseer una vaca de leche y algunas gallinas, ya no se muere de hambre. Pero puede morirse de otras enfermedades y entonces son las escenas trágicas.

Un vecino que falleció el año pasado, durante la incomunicación por la nevada, no pudo ser trasladado al exterior para darle sepultura y el cadáver quedó durante once días acompañando á la viuda y á los huérfanos. ¡Triste compañía ó inhumano espectáculo!

Una vecina, cuyo marido estaba ausente, quedó encerrada en su casa con una niña de dos años y una vaca. Hallábase en estado interesante y dio á luz, sin ningún auxilio, viéndose obligada, durante un mes, á cuidar de sus hijos y de la vaca, no descuidando los quehaceres domésticos ni su salud. ¡En Madrid se reirán de esto!

Una de las cosas que causan extrañeza á los pocos viajeros que se dignan visitarnos, y que admiraron mucho dos gijoneses y un avilesino que aquí estuvieron el año pasado, es la ilustración de nuestras jóvenes. Estas pobres aldeanas tienen, entre otras, la desgracia de no casarse, porque los mozos emigran apenas cumplen con las obligaciones del servicio militar y las dejan solas. ¡Pobres chicas! Pero son de un carácter tan bondadoso, que no exhalan una queja. Ellas cuidan del ganado; ellas trabajan la tierra; ellas atienden solícitamente á todos los deberes de la familia. Y por único esparcimiento y recreo, organizan todos los domingos y fiestas un baile en la casa del pueblo. Pero llega el invierno; llega la nieve y como inmediata consecuencia la encerrona, y entonces, tanto como de los víveres, como del alimento corporal, se preocupan del pasto espiritual: hacen acopio de libros. Lecturas sanas: de geografía; de historia; de viajes.

Esto parecerá una exageración, pero es el evangelio. Lo han comprobado cuantas personas cultas nos han visitado y pongo por testigos de mayor excepción á los gijoneses y al avilesino. ¡Qué sorpresa! Creer hablar con una pobre aldeana y encontrarse con una señorita, instruida, inteligente y modesta.

Si el Sr. Bellido[1] nos hiciera pronto el proyecto para la iglesia y el señor ingeniero jefe nos ayudase á salir del entierro en vida, seriamos dichosos.

Poco pedimos.

D. O.


[1] Se refiere a Luis Bellido González (Logroño, 1869-1955), arquitecto de la Diócesis de Oviedo a fines del siglo XIX e inicios del XX, que construyó las iglesias de Santo Tomás de Cantorbery, de Sabugo (Avilés), y de San Lorenzo, de Gijón. Fue el arquitecto que también hizo el proyecto del Matadero de Madrid (1910).

El “caleicho” de Pena Ventana

Caleicho de Pena Ventana. Vista panorámica.

Hace algunas semanas, con motivo de un estudio del patrimonio etnográfico del concejo, guié a Pachu Reigada, arqueólogo, y a Armando Graña, etnógrafo y socio del Tous pa Tous, hasta el caleicho de Pena Ventana, en los límites de las parroquias de Oubachu y Larna. Los calechos, llamados así en Cangas del Narcea y Degaña, o cousos, como se denominan en Allande, Ibias y en el resto de los concejos del valle del Navia, son un tipo de construcción trampa para la caza de fieras en forma de gran corral de piedra con ciertas peculiaridades arquitectónicas que facilitaban la entrada al carnívoro –oso o lobo atraído por los balidos de una cabra– e impedían su salida.

Caleicho de Pena Ventana. Vista general.

El uso de los calechos debemos interpretarlo como parte de una estrategia de caza correspondiente a una época histórica en la que  no se empleaba aun el veneno ni abundaban las armas de fuego, y a un territorio donde las batidas del monte no eran viables por lo quebrado del relieve y su escasa población.

Situados generalmente en sitios altos y de travesía, en los llamados pasos de animales, el Suroccidente de Asturias conserva el mayor número y los mejores ejemplos de la región de calechos y cousos, aunque en la actualidad no son sino vestigios o ruinas abandonadas a su suerte sin la mínima protección o valorización.

Caleicho de Pena Ventana. Pared E.

Las dimensiones actuales del caleicho de Pena Ventana son 46 m de largo por 32 m de ancho y 155 m de perímetro, con pared cerrada sobre sí de más de 1 m de espesor. En origen, tenía unos 3 m de altura, con leve desplome y alero voladizo hacia el interior para impedir la trepa y escapada del animal, más una repisa perimetral exterior con función probable de mirador para curiosos y vecinos que asistían a esta peculiar corrida del lobo, que terminaba con la fiera despedazada por los mastines, aplastada bajo las piedras o atravesada por los chuzos.

Desde el caleicho de Pena Ventana, a más de mil metros de altitud, las vistas panorámicas del paisaje cultural de los valles, las montañas y los bosques meridionales de Cangas del Narcea son magníficas.

Juan Pablo Torrente

Nombres de vacas I – Año 1896

Manuel de Casa Berlín y su hermana Aurelia con una de sus vacas en Bisuyu / Besullo hacia 1923

Los nombres de las vacas, como los de las personas, han ido cambiando a lo largo de la historia. Podemos conocerlos desde antiguo porque son de los pocos nombres de animales que aparecen en la documentación. Además, solamente vacas, toros, perros y caballerías tenían nombres que los identificaban e individualizaban, como todavía sucede hoy.

Todos los animales cumplían su función en la casa campesina, pero la vaca era la reina de la corte (cuadra). Ella tiraba del carro, del l.labiego y demás aperos de tiro; ella daba leche para comer y hacer manteca; ella daba xatos y becerras para vender en el mercado; ella, con su muñica, daba el cuitu para alimentar las tierras; sus huesos se empleaban para elaborar pequeños objetos torneados y sus cuernos se usaban para hacer canaos donde llevar la piedra de afilar la guadaña;… La vaca era respetada e incluso querida, pero también estaba explotada y mal alimentada.

Vacas xuncidas en Brañas de Arriba en 1927. F. Krüger

Hoy, la vida de este ganado ha cambiado considerablemente, tanto de los animales que se crían para carne como los que solo se dedican para leche. Antiguamente, el trato con la vaca era más personal y el nombre era fundamental para enseñarla a trabajar, para llamarla cuando iba enganchada al carro o a los aperos de tiro. Fray Toribio de Santo Tomas y Pumarada, autor del Arte General de Grangerías (1711-1714), recomienda a un sobrino de La Riera de Colunga una serie de nombres para vacas y toros, y le dice: “Ni se debe juzgar ocioso haberme detenido en sacar estos tantos nombres; pues es visto que sin tener cada cual su nombre no se pueden llamar, ni regir, ni enseñar estos ganados. Y con ellos vemos que más fácilmente se domestican y gobiernan”.

En la actualidad, la costumbre de bautizar a las vacas con un nombre está comenzando a perderse. Todavía se mantiene en casas donde hay poco ganado, pero donde las cuadras superan las cincuenta, ochenta o cien cabezas, esa vieja costumbre está abandonándose. La explotación de la vaca es hoy más impersonal y el nombre está siendo sustituido por un número y un código de barras que obligatoriamente deben llevar todas las reses de ganado vacuno en sus crotales o marcas de oreja. Con estas marcas al ganado se le identifica como a una mercancía cualquiera.

Relación de ganado propiedad de Hermenegilda Marcos, de San Romanu de Bisuyu, 1896. Archivo Histórico de Asturias

En el Tous pa Tous nos gustaría recopilar muchos nombres de vacas, de toros y de bueyes. Queremos saber los nombres que se dan en las casas, en los pueblos y en las parroquias a estos animales, antes y ahora. Por eso os pedimos a tous que nos envíes esos nombres. Los nombres que tenían estos animales cuando erais nenos o nenas, o los que tienen ahora en vuestra casa. Nombres que no han sido ajenos a las características físicas de los animales o a su carácter, así como a los gustos de sus amos, a las modas, a los programas de televisión, a la política, al cine o las canciones.

Vamos a empezar enumerando los nombres que hemos encontrado en un inventario de bienes que se hizo en 1896 a la muerte de Hermenegilda Marcos Llano, vecina de San Romanu de Bisuyu. Esta señora y su marido, Manuel de Llano Marcos, tenían dieciséis vacas, la mayoría dadas en aparcería o comuña a tres vecinos de los pueblos de Bisuyu, Eirrondo de Bisuyu y Trones. Ellos eran campesinos ricos y poseían muchas vacas, porque lo común a finales del siglo XIX era que cada familia tuviese entre dos o seis vacas. El documento lo hemos encontrado en el Archivo Histórico de Asturias. Los nombres de las vacas eran los siguientes:

Bolera, Cachorra, Castaña, Cierva, Figuera, Galana (había dos vacas con este nombre), Gallarda, Garbosa, Gurmea, Loura, Morena, Parda (había dos vacas con este nombre) y Roja.

Una panera de 1651 en Riegla de Cibea es la más antigua del concejo

Panera y Casa Rectoral de Riegla de Cibea.

En Riegla de Cibea se conserva una pequeña panera fechada en 1651, que pertenece a la Casa Rectoral, situada junto a la iglesia de esta parroquia. Es la panera más antigua que conocemos en el concejo de Cangas del Narcea, donde la gran mayoría de estas construcciones es de fines del siglo XVIII y sobre todo de los siglos XIX y XX. Esta panera es probable que haya venido de otro lugar, porque en algún momento fue desmontada. Esto se sabe por las rayas pintadas que aparecen en sus corondias o tablas, que se trazaban cuando se desmontaba un hórreo o una panera para facilitar después su montaje. ¿De dónde vino esta panera? No lo sabemos.

Cruz e inscripción talladas en la panera de la Casa Rectoral de Riegla de Cibea

Una de sus peculiaridades es el dibujo y la inscripción que aparecen tallados y pintados de rojo en el centro del liño o viga superior de la fachada principal. Es una talla muy plana, ejecutada con mucho esmero. El dibujo representa una cruz con una amplia base y en su origen estuvo encima de la puerta de entrada a la panera. A los lados de la cruz aparece la inscripción siguiente: “16. XPS. IHS. M. 51”. Los números del principio y del final corresponden al año de construcción de la panera: 1651, y las letras son anagramas religiosos: XPS (Xhristos), IHS (Iesus Hominum Salvator) y una M y una A entrelazadas (María). Estos anagramas aparecen con frecuencia sobre puertas y ventanas en la arquitectura popular con el fin de proteger a personas, animales y cosechas; en este caso se colocaban para proteger los productos que se guardaban en la panera, que eran fundamentales para la supervivencia de la casa: cosecha, matanza, etc. La decoración de esta panera se completa con dos motivos geométricos calados, que favorecen la ventilación del interior y que son frecuentes en hórreos y paneras del siglo XVII.

Detalle de la cruz y la incripción talladas en la panera de la Casa Rectoral de Riegla de Cibea

Las paneras se generalizan a partir del siglo XVII en el centro de Asturias como consecuencia de la expansión del cultivo del maíz, que trajo consigo una mejora de las cosechas y de las condiciones de vida de los campesinos. En ese siglo, el hórreo resulta ya pequeño en muchas casas para albergar las cosechas y también para secar las riestras de maíz, por eso se levantan construcciones más grandes, que se distinguen con el nombre de panera, y se añaden corredores. Sin embargo, la edificación de paneras no se generaliza en el occidente de Asturias hasta la segunda mitad del siglo XVIII y sobre todo hasta el siglo XIX. Por eso, esta panera de Riegla de Cibea merece toda nuestra atención.

Lamentablemente, la Casa Rectoral de Riegla de Cibea y su panera están deshabitadas. Al parecer, la Iglesia las tiene en venta. El estado de conservación de la panera no es bueno: la hiedra está empezando a cubrirla. Esperemos que la propiedad o la Administración Pública tomen medidas para frenar su deterioro, porque de lo contrario es posible que esta construcción, protegida por la Ley de Patrimonio Cultural, se derrumbe y desaparezca.