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Rosa Fernández y los héroes olvidados de la montaña

Purificación Suárez, Rosa Fernández, Dawa Shiri y Noelia Rojo, en el refugio del Meicín, Tuiza de Arriba, Asturias

La canguesa Rosa Fernández fue la primera mujer española en ascender los siete picos más altos de todos los continentes. En su segundo intento, en 2005, alcanzó la cumbre del Everest por la cara norte. Un grupo de sherpas la manteó, mostrando así su admiración por la fortaleza exhibida en una ascensión realizada en condiciones de extrema dureza. «No es sólo la montaña más alta del mundo, también la más cara», explicaba a los niños de un colegio santanderino en un reportaje publicado en ‘El Diario Montañés’ tras su expedición. El sueño le costó unos 20.000 dólares, una cifra bastante más elevada de la que cobran los sherpas por llevar a los alpinistas hasta la cima. «He visto expediciones de 20 personas que viajaban con 40 sherpas. Mueren muchos, pero las autoridades nepalís no hacen públicas estas bajas», reconocía por aquel entonces la montañera.

Hoy Rosa inicia, según sus propias palabras, «un agradable viaje a Nepal; corto y relajado si lo comparo con mis habituales visitas al Himalaya para desafiar a sus ‘ochomiles’. Voy, además, bien acompañada: Noelia y Puri, dos grandes amigas y deportistas del club Una a Una, compartirán conmigo esta experiencia».

La canguesa, junto con su sherpa Dawa, aprovechará este viaje para reunirse con familiares de algunos de los sherpas fallecidos a mediados de este mes en la desgraciada avalancha del Everest, que acabó con la vida de al menos trece guías locales. «Conocía a algunos de los que murieron, iremos a darles el pésame y tratar de ayudar», expone esta montañera, cuyo guía habitual, Dawa, estaba en el campo base cuando se produjo el alud.

Un sherpa transportando la carga desde uno de los campamentos base situados en el Everest, el pico más alto de la Tierra

Jueves 17 de abril por la noche. Ankaji telefoneó a su hija Chhechi para explicarle que se dirigía al campamento II del Everest. «Reza bien por mí», le pidió. Antes de acometer la que hubiera sido su novena ascensión al pico más alto de la Tierra (8.848 metros), el sherpa de 37 años quiso mostrarse tranquilo. Todo parecía bajo control. Nada hacía presagiar que sería la última vez que la joven escucharía a su padre con vida. Unas horas más tarde, una terrible avalancha provocaba la tragedia.

«Nos dirigíamos al campamento base II cuando un gran bloque de hielo se desprendió de la montaña. No pensé que podría sobrevivir y estoy muy feliz por haberlo hecho», narró Wangdi Sherpa, uno de los supervivientes, desde la cama del hospital. Un testimonio desgarrador que ofrece una idea sobre el desgraciado suceso. A unos 6.200 metros de altura, entre 50 y 60 sherpas se dirigían del campamento base I al II para preparar el terreno para los montañeros extranjeros con los que trabajaban, cuando se desprendió un gran bloque de hielo y unos 20 sherpas fueron sepultados. El alud causó la muerte de 13 miembros de esa comunidad en lo que ha sido considerada la jornada más negra de la historia del país con mayor tradición alpinista del mundo.

Todas las víctimas eran alpinistas nepalíes experimentados que ofrecen una ayuda fundamental para los extranjeros que aspiran a escalar el Everest. Chhechi tiene dos hermanas y tres hermanos menores, uno de los cuales se fue hace poco a un monasterio budista para convertirse en monje. Al dolor infinito por la pérdida irreplazable de su padre, se suma ahora la incertidumbre sobre la supervivencia de la familia, cuyo único ingreso se reduce, en la mayoría de los casos, al trabajo del guía en la montaña.

Las expediciones al Everest se han cancelado tras la tragedia vivida por los sherpas. Y, sobre todo, por la actitud del gobierno nepalí hacia este colectivo. «Por lo que me cuentan, las familias han recibido sólo 400 dólares de indemnización por fallecido», lamenta Rosa. «Yo espero que con todo lo que pagamos quienes vamos allí el Gobierno sea capaz de establecer unos seguros más potentes…», plantea.

La montañera canguesa, de 54 años, acude a Langtang junto con otras dos asturianas, la gijonesa Noelia Rojo, y la ovetense Purificación Suárez. «La idea que tenemos es ascender un ‘cinco mil’ en la zona de Langtang», detalla Rosa, quien comenta que para sus dos acompañantes será su primera ascensión en el Himalaya. «Empezaron a hacer montaña hace poco, el año pasado», y añade: «intuyo que lo pasaremos bien. Puri y Noelia conocerán de primera mano la buhardilla de ese increíble edificio llamado Tierra, y yo lo disfrutaré con ojos nuevos: sin desafíos al límite de lo inhumano, sin responsabilidades, sin miedo».


30/04/2014

Juventud y Deporte en Cangas del Narcea entre 1960 y 1978

Frade con tres deportistas cangueses

[Manuel Pérez Frade (Limés, 2 de febrero de 1933 – Oviedo, 24 de agosto de 2004), conocido por sus amigos y alumnos como “Frade”, fue el primer profesor de Gimnasia o Educación Física que hubo en el concejo de Cangas del Narcea. En estas memorias escritas en 1998 relata su actividad en pro del deporte en Cangas del Narcea en tres ámbitos: 1. Profesor en el Instituto Laboral de Corias y, a partir de 1968, en el Instituto Nacional de Enseñanza Media, 2. Fundador de la Organización Juvenil Española (O.J.E.) y 3. Promotor de los primeros cursillos de esquí en el Puerto de Leitariegos].

NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo pertenecen a la familia Pérez García.

 

I) RECUERDO DE MI ÉPOCA DE DIRIGENTE JUVENIL EN CANGAS

Buceo en mi memoria (que ya empieza a flaquear) y quiero rememorar aquellos tiempos de hace veintitantos años, en que mi mayor ilusión era procurar ilusionar a la juventud en su formación tanto física como intelectualmente. Me ayudaron a ello mis estudios de magisterio, que me dieron los conocimientos necesarios, la pedagogía y la metodología para impartirlas.

Frade cuando era profesor de Educación Física en el Instituto Laboral de Corias, h. 1970

También practiqué el deporte, especialmente el atletismo, lo que me dio base para hacerme Monitor Nacional de atletismo, balonvolea, balonmano, baloncesto y Maestro Instructor de Educación Física.

Cuando llegué a Cangas del Narcea en 1960, destinado a la Escuela Nacional de Limés en mi calidad de maestro nacional, tenía que buscar horizontes más amplios para trasmitir a la juventud mis conocimientos de Educación Física. Fui nombrado Delegado Local de Juventudes de Cangas y así empecé a relacionarme con la juventud canguesa.

Mis primeros pasos como profesor de Educación Física, a parte de los desarrollados en la escuela, fueron en el Instituto Laboral de Corias, donde impartí clases de Educación Física durante 15 años. Tengo gratos recuerdos de mi época de profesor de Corias. Recuerdo con cariño y simpatía al prior en aquella época, al Padre Basilio Cosmen, y a otros muchos padres dominicos que pasaron por las aulas de aquel Instituto Laboral, foco de cultura durante muchos años de la zona de Cangas.

Frade con el equipo de baloncesto del Instituto Laboral de Corias

En 1968 fui nombrado profesor de Educación Física en el recién creado Instituto de Enseñanza Media de Cangas del Narcea. Nuevos alumnos, nuevos profesores, nuevo horario, más trabajo. A este Instituto le tengo especial cariño, porque lo considero como algo en que tomé parte en su gestión, construcción y puesta en funcionamiento, al ser yo en aquella época concejal de Cultura del Ayuntamiento, siendo alcalde don José Flórez Sierra, que, junto con toda la corporación, luchó para conseguir el Instituto de Enseñanza Media para Cangas. Quiero recordar también a don Benedicto Nieto, Delegado Provincial de Segunda Enseñanza, que también contribuyó a conseguir el Instituto.

Durante diez años (1968-1979) impartí las clases de Educación Física en el Instituto de Cangas, y debido a la relación con la juventud, como Delegado Local, se creó la Organización Juvenil Española (O.J.E.). El Ayuntamiento nos cedió un local en la parte de atrás de su edificio, una torre del palacio, que comprendía una planta baja y una habitación alta donde instalamos el Hogar de la O.J.E. Me ayudaron mucho en aquella época, entre otros, Sandalio Gurdiel, Arce, Faustino, Cordero, Linares, Berlín y otros muchos que sus nombres sería muy largo enumerar.

Voy a tratar de recordar las actividades de la juventud de Cangas de aquella época, divididas en tres apartados: educación física en los institutos, actividades de la Organización Juvenil Española y promoción del esquí en Leitariegos.

 

II) LA EDUCACIÓN FÍSICA EN LOS INSTITUTOS DE CORIAS Y CANGAS EN EL PERIODO DE 1961 A 1978

Frade (cuarto por la izda. de pie) con un equipo del Instituto Laboral de Corias

En aquella época, la Educación Física en la enseñanza estaba poco valorada y estaba considerada como una asignatura de las llamadas “marías”, o sea que se le daba poca importancia en el sistema de educación vigente. Desgraciadamente hoy seguimos casi igual, aunque hay más medios.

En mis clases procuré ponerla al mismo nivel que las demás asignaturas, trabajando en clase y, al mismo tiempo, exigiendo los niveles mínimos para aprobarla. Esto me acarreó bastantes problemas con algunas madres que consideraban la Educación Física como un entretenimiento y no como algo necesario y fundamental para la formación completa de sus hijos.

Con esta filosofía logré al cabo de algún tiempo que los alumnos y los padres tomasen conciencia de que la Educación Física era tan necesaria para el desarrollo completo y armonioso de los alumnos como cualquiera de las otras asignaturas. Procuré hacerla lo más agradable y lúdica posible para que los alumnos se divirtiesen en clase. Recuerdo que lo que peor llevaban, la mayoría de ellos, eran las carreras de precalentamiento (en el caso de Corias eran al Chandeo y en Cangas “a los pinos”, en la carretera que va a Besullo), para después realizar los ejercicios específicos de gimnasia o la práctica de cualquier deporte.

En el Instituto Laboral de Corias, por ser el primero que existió en Cangas y en el primero que empecé a dar clases, empezamos a participar en los Campeonatos Provinciales de Institutos Laborales. Los alumnos de Corias fueron campeones en muchas disciplinas deportivas, especialmente en “campo a través” (recuerdo campeones como Rufino, Parrondo, Tino el de Trascastro y otros muchos). En velocidad y altura podemos destacar a Eduardo Villamil. Alcanzamos un año el subcampeonato de Asturias en balonmano y otros muchos triunfos en baloncesto y atletismo.

Cuando empezó el Instituto de Segunda Enseñanza en Cangas, la base de los alumnos que venían de las escuelas, en lo referente a la Educación Física, era casi nula. En aquella época no había maestros especializados en esta materia, y los que si estábamos formados éramos muy pocos y casi todos en las capitales y villas grandes. En los pueblos rurales, la Educación Física que impartían algunos maestros la tenían que desarrollar en las calles y plazas del pueblo o en los caminos.

Frade con un equipo de baloncesto y otros alumnos del Instituto de Corias

A pesar de todos estos inconvenientes y añadiendo uno más, no el más importante, pero sí uno de los mayores: la falta de instalaciones deportivas y lugares apropiados donde impartir la Educación Física. ¡Cuanto frío hemos pasado en el patio de Corias y en los sopórtales del Instituto de Cangas!

En el Instituto de Cangas no había campos para practicar ningún deporte cuando se inauguró, a excepción de un pequeño campo de futbol. Para jugar a baloncesto los alumnos y el profesor tuvimos que allanar, a pico y pala, un trozo de terreno, recubrirlo de tierra cribada por nosotros mismos y apisonarla para poder jugar; claro que en cuanto llovía se convertía en una pista de patinaje. Las canastas las pagó el Instituto, gracias al director Ginés, y las hizo un taller de la villa. Más tarde se logró cubrir aquel campo de tierra con cemento y hacer otros dos, uno de balonvolea y otro de balonmano. También se fue consiguiendo material deportivo de gimnasio (potro, plinto, espalderas, saltometros, colchonetas para saltos, bancos suecos y otros materiales). Se construyeron unas duchas fuera del edificio, pues en el propio edificio del Instituto solo había una ducha de agua fría.

Pronto empezamos en el Instituto de Cangas a participar en los Juegos Escolares organizados por la Delegación Provincial de la Juventud. Lo más difícil era conseguir las ayudas para pagar los desplazamientos a otros lugares de Asturias (Oviedo, Gijón, Salas, Tapia de Casariego, etc.). Como muchas veces no había ayudas para los desplazamientos,  todos los años organizábamos unos campeonatos en el mismo centro, en los que se formaban equipos de los diversos deportes en los diferentes cursos; también había competiciones entre los Institutos de Cangas y Corias.

Creo que el deporte que más cuajo en Cangas, aparte del fútbol, fue el baloncesto. Antes de la creación del Instituto no había una canasta de baloncesto en Cangas, aparte de las de Corias. Recuerdo algún equipo de los cursos de entonces, el del año 1976:

– C.O.U.: Magadán,  Naveiras, Juan Bautista, Miguel, Roberto, Gil, Manolo, Félix.
– 6°A: Linares, Ventura, Tino, Cachón, Fernando, Manuel, Cordero, Quico.
– 6°B: Enrique Tejón, Raúl, Toño, Cesar, Ignacio.
– 6°E: Vega, Brañas, Luis, Muñiz, Parandones.

Frade en El Reguerón en una entrega de premios con la profesora del Instituto Elia Porriño, h. 1972

Entre los buenos jugadores de baloncesto recuerdo a algunos como Magadán, Domingo, Linares, Manuel, Faustino, Manolo, Cordero, los hermanos Cachón (Gaucho), Verano, Morodo, Carlos Menendo, Sergio y otros muchos que sería muy largo enumerar.

Estos campeonatos y los cross organizados por las calles de la villa tuvieron mucha aceptación y gran competitividad entre la juventud canguesa.

A pesar de los pocos medios de que disponíamos, tanto en instalaciones deportivas y material como en  medios económicos para los desplazamientos para competir con otros institutos en los distintos campeonatos que se organizaban en Asturias, creo que en Cangas se logró crear un muy bueno y alto nivel de ambiente deportivo en muchas especialidades deportivas, que anteriormente solo estaba reservado al fútbol. Cangas del Narcea solo se conocía deportivamente por su equipo de fútbol, desde que empezó el Instituto comenzó a sonar ya en otros deportes.

Quiero también exponer aquí la transformación que sufrieron las clases de Educación Física en el curso de todos aquellos años. En un principio la Educación Física se desarrollaba en orden cerrado, filas simétricas y ejercicios en estado estático, siempre ocupando un mismo lugar. Incluso la carrera se realizaba en fila, con ritmo atlético pero todo muy uniforme (podríamos decir que estaba militarizada). Más tarde se fue cambiando el espíritu de las clases, haciéndolas más dinámicas, más alegres, en las que un mismo ejercicio servía para desarrollar varios músculos al unísono y se suprimía aquella rigidez del orden cerrado, convirtiéndose en una clase más eficaz y de desarrollo muscular más intenso. En los primeros años siempre se realizaban en los días conmemorativos exhibiciones de tablas gimnásticas, que eran muy plásticas, pero más tarde se sustituyeron por pruebas de atletismo y cross, que eran más dinámicas.

Con estos pequeños apuntes he querido recordar lo que se hizo por el deporte en los institutos de Corias y Cangas durante aquellos años.

 

III) CREACIÓN DE LA ORGANIZACIÓN JUVENIL ESPAÑOLA (O.J.E.) EN CANGAS DEL NARCEA. SU DESARROLLO Y ACTIVIDADES QUE SE REALIZARON

Frade en una entrega de premios en el Parque de Cangas del Narcea, detrás del Ayuntamiento, h. 1971

Al ser nombrado Delegado de la Juventud de Cangas, además de la formación laboral de los aprendices en las empresas, que dependía de la Delegación de la Juventud y que organizaba cursos en colaboración con los sindicatos, mi otra actividad prioritaria fue poner en funcionamiento la Organización Juvenil Española en Cangas del Narcea.

Como ya mencioné, nos fue concedido por el Ayuntamiento un local que anteriormente había servido como Hogar del Frente de Juventudes, en el mismo edificio del Ayuntamiento. Después de pintarlo y adecentarlo nosotros mismos, los pocos que éramos en un principio, y con los pocos muebles que teníamos, se logró hacerlo medianamente habitable.

En este local se hicieron las primeras reuniones de jóvenes de todas las edades que se acercaban a ver que era aquello de la O.J.E. Cuando se llegó a cerca de 50 afiliados se nombró la primera junta juvenil de la O.J.E. de Cangas del Narcea. Puedo citar alguna de estas juntas, que se iban renovando cada cierto tiempo por diferentes circunstancias. Una de ellas, en el año 1972 o 1973, estaba compuesta de los siguientes afiliados:

– Jefe local: José Linares Blanco
– Jefe de hogar: José Luis García
– Secretario: Juan Carlos Cordero
– Vocales: Javier Uría, Faustino Menéndez, Fernando González y Jesús Ledo.

Los años que funcionó la O.J.E. en Cangas  realizó muchas actividades tanto culturales como deportivas, organizando concursos o participando en competiciones deportivas. Culturalmente, aparte de charlas y debates que se organizaban en el hogar de ámbito puramente interno, se organizaron exposiciones de postales navideñas que se celebraron en el salón de plenos del Ayuntamiento, en las que participaban todos los escolares de Cangas y las escuelas rurales. Se participó en concursos de pintura al aire libre (recuerdo uno celebrado en Luanco donde se consiguieron varios premios), y se realizaron concursos literarios y actividades de todo tipo.

En 1976 se creó una revista titulada “Juventud”, que aunque tuvo pocos números fue una experiencia interesante. La revista constaba, además del editorial de primera página, de artículos sobre diversos temas, pero principalmente estaban relacionados con el Instituto, dado que todos los redactores pertenecían a dicho centro. Salieron a la luz seis números cuyo director fue Faustino Menéndez Menéndez, que fue el alma de la revista. Adjunto remito fotocopias de los cinco editoriales de los primeros números. En ellos viene reflejada, a grandes rasgos, la ideología de la O.J.E. y lo que pretendía aquella revista.

En esta revista se escribieron artículos, información deportiva, temas relacionados con el Instituto, entrevistas, temas históricos y de opinión. Quiero destacar la sección “En serio y en broma”, donde la crítica, bastante ácida, del director de la revista Faustino, no dejaba títere con cabeza en temas relacionados con el Instituto y sus profesores. También la sección de humor, con unas viñetas a veces estupendas, aunque los chistes eran regularcillos, y la página de pasatiempos, de crucigramas y otros entretenimientos.

La revista fue sufragada por la Delegación de la Juventud Local en cuanto a coste económico de clichés y papel, y se imprimía en la multicopista del Instituto. Como dije anteriormente, la revista fue una experiencia interesante y positiva donde aquellos jóvenes, aprendices de periodistas, expresaban sus ideas sin cortapisas ni censura alguna.

Frade y un equipo de baloncesto

Donde la O.J.E. de Cangas obtuvo los mayores triunfos fue en el campo deportivo, en los Juegos Provinciales celebrados todos los años en distintas localidades asturianas: Oviedo, Gijón, Avilés, etc. Recordaremos algunos de los campeones de estas competiciones en diferentes pruebas de atletismo: Verano en 400 m.,  Domingo Corrales en altura y 1.500 m., Faustino en longitud y 100 m., Morodo en 100 m., Tino de Trascastro en 5.000 m. y otros muchos que dejaron el pabellón de Cangas muy alto, a pesar de que en aquel tiempo no teníamos instalaciones deportivas adecuadas de ningún tipo, excepto para el cross que se podía realizar por los alrededores de la villa. En las demás disciplinas de atletismo  teníamos que ingeniárnoslas para poder entrenar, haciendo nosotros mismos un foso de salto de longitud, altura sobre colchonetas siempre escasas, los 100 metros eran raquíticos, y en 200 y 400 metros no teníamos donde entrenar.

También es necesario mencionar el buen papel desempeñado casi siempre por el equipo de baloncesto (Campeones de Asturias en el año 1973 en categoría juvenil).

El pequeño presupuesto de que disponía la Delegación Local de la Juventud había que estirarlo tanto para poder realizar todas estas actividades, que muchas veces viajábamos a crédito. El problema que siempre tuvimos en Cangas para competir en los Campeonatos Provinciales, que siempre se realizaban en el centro de Asturias, en lugares donde había instalaciones deportivas, era el del transporte, por encontrarse Cangas tan alejada de esos lugares. Por todos estos motivos, algunos años tuvimos que conformarnos con hacer campeonatos en la misma localidad.

En resumen, creó que la labor de la O.J.E. de Cangas, teniendo en cuenta los medios de que disponíamos, fue fructífera. Nunca se pretendió politizar a sus afiliados en ningún sentido, y la prueba de ello es que conociendo hoy los cargos que algunos de aquellos ostentan en el arco iris político existente, se comprueba que la influencia fue nula.
En aquella época también empezó a funcionar en Cangas una sección de la Cruz Roja Española, de la que formaron parte muchos afiliados a la O.J.E. que realizaban servicios en carreteras, competiciones deportivas, urgencias de los pueblos y otros muchos servicios. El que llevó esta sección durante mucho tiempo fue Pepe Gayón.

 

IV) PROMOCIÓN DEL ESQUÍ EN EL PUERTO DE LEITARIEGOS EN LOS AÑOS 60-70 Y ACTIVIDADES REALIZADAS EN EL ALBERGUE DE LA O.J.E.

Grupo de esquiadores de un cursillo en El Puerto de Leitariegos, h. 1971

A 35 km. de Cangas del Narcea, en la carretera que va a León, se encuentra el Puerto de Leitariegos, con una altura de 1.525 m. en la carretera y 2.007 m. en la cota más alta que es Cueto de Árbas.  Es, así mismo, puerta a la provincia de León.

Es un puerto en que cargaba mucho la nieve. Recuerdo años que en la carretera llegó a tener la nieve un espesor de 5 metros.  Y aunque no tiene grandes pistas ni grandes desniveles, es un lugar idóneo para practicar el esquí de base y de divertimento, además de no estar muy alejado de la villa de Cangas.

En dicho puerto poseía la Diputación de Oviedo una casa dedicada al cobro de las antiguas tasas provinciales. Al desaparecer estas tasas entre provincias, dicha casa quedó deshabitada. La Delegación de la Juventud Local de Cangas pidió al Ayuntamiento que solicitase la cesión de dicho edificio como albergue juvenil de la O.J.E. Después de muchos trámites así se hizo y la gestión llegó a buen fin.

La casa estaba en bastantes malas condiciones al llevar abandonada algunos años. Se hicieron algunas reformas: arreglar el motor del agua; poner contraventanas exteriores para combatir el frío; arreglo de las dos cocinas que tenía, que era la única calefacción de que disponía el albergue; limpieza y pintura del interior del edificio; arreglo del tejado y otros pequeños arreglos que hicieron falta.

Con esto quedó el albergue bastante habitable, pero sin mobiliario a excepción de una mesa y unas sillas. La Delegación Provincial de la Juventud amuebló el albergue con literas, colchonetas, mantas y menaje de cocina.

Desde entonces ya se empezaron a realizar actividades de montaña y, por el invierno, cursillos de esquí. En un principio estos cursillos fueron provinciales, pues en Cangas había poca afición al esquí; más tarde los cursillos ya eran solo locales, pues ya había bastante afición en la localidad. Los cursillos de esquí se empezaron a impartir en los años 60 y así, poco a poco, la afición al esquí se fue incrementando.

Los fines de semana invernales y en primavera el albergue siempre estaba ocupado. El albergue fue de toda la juventud,  ya fuera de Cangas o de la provincia, y nunca se pidió a nadie que perteneciese a la O.J.E. para poder usarlo el tiempo que solicitase.

Recuerdo anécdotas del primer cursillo que se celebró en el albergue de Leitariegos. Era Semana Santa, el cursillo duraba siete días, y el monitor y parte de los cursillistas venían de diferentes partes de Asturias. El día que empezaba el cursillo ya estaba bastante nevado y empezó a nevar por la mañana, todo el día nevando; a las 6 de la tarde, que era la hora de concentración en Cangas, ya había una nevada considerable. Alquilamos un jeep para subir al Puerto, pero había tanta nieve en la carretera que nos tuvo que dejar a 2 km.; la nieve ya le daba por mitad del parabrisas. En recorrer aquellos 2 km, cargados con los esquís y las mochilas de cada uno y la ropa necesaria, con un espesor de l,5 a 2 metros de nieve blanda, tardamos tres horas en llegar al albergue.  Estuvimos siete días completamente incomunicados, con un tiempo de sol magnífico. El último día el Ayuntamiento mandó una pala quitanieves para sacarnos de nuestro encierro, lo que ya no era necesario pues todos bajamos esquiando hasta Vallao, donde nos esperaba el coche. La mayor parte de los cursillistas era la primera vez que ponían los esquís. Las comidas nos las servían en Casa Agosto, aunque algunos días sin pan.

Seguimos organizando cursillos durante varios años, los últimos ya eran solo locales pues la afición al esquí ya había calado en Cangas y había que organizarlos con diferentes niveles de aprendizaje. La mayor parte eran niños que subían desde Cangas en autocar y regresaban a casa a pernoctar; la comida nos la servía el Parador.

En los primeros años,  al no haber medios de arrastre, subíamos con los esquís al hombro para después bajar esquiando: tiempo de subida 40 ó 50 minutos y de bajada esquiando máximo 5 minutos. Era un ejercicio que requería mucho esfuerzo, pero la ilusión de aprender y el placer de la bajada suplían con creces el esfuerzo de la subida.

De la zona de León (Villablino, Ponferrada…) afluían muchos esquiadores, que llevaban más tiempo practicando el esquí que los de la zona de Cangas, y también las autoridades provinciales leonesas hicieron mucho más, y siguen haciendo, que las de Asturias por la promoción de Leitariegos como estación de esquí.

En los años setenta se celebró en Leitariegos una asamblea conjunta de los ayuntamientos de Cangas, Villablino y Ponferrada y las Diputaciones de León y Asturias, a la que asistieron los delegados de Turismo de ambas provincias, en la que se dijeron bellas palabras y muchas promesas de todas las autoridades allí reunidas, en cuanto a la necesidad de promocionar Leitariegos como estación de esquí. Se sellaron todos aquellos acuerdos con una suculenta y calorífica comida, ofrecida por el Ayuntamiento de Cangas en la escuela de Leitariegos.

Por parte de Asturias todo aquello quedó olvidado, pues todas las inversiones para la promoción del esquí en Asturias se quedaban en la Estación de Pajares retenidas por el Sr. Valonare. La Diputación de León sí hizo algo, y creo que sigue haciendo, montó un telesquí y construyó un parador. En Asturias, con las bellas palabras y muchas promesas y la buena comida (de la cual todo el mundo salió satisfecho), se olvidó todo; aunque algunos siguiéramos reclamando todo aquello que se había dicho allí, las gestiones cayeron en tierras estériles.

Hicimos un proyecto para mejorar el albergue, pero la Corporación Municipal no lo aprobó. La escasez de medios económicos en el Ayuntamiento lo impidió, debido a que había muchas escuelas que construir y que se construyeron, aunque hoy se encuentren vacías.

Puedo enumerar a muchachos que progresaron bastante, y salieron a otras estaciones más confortables para esquiar, pero que el gusanillo del esquí lo adquirieron en Leitariegos de una forma más rudimentaria. Entre ellos puedo citar a Pablo, Arce, Sandalio, Cachón y otros que no recuerdo.

La participación femenina también fue notable en aquellos cursillos, habilitando como albergue para las chicas la escuela de Leitariegos.

Hoy en día no sé cómo se encuentra la promoción del esquí en Leitariegos en cuanto a la afición canguesa, pero si tengo constancia de que algunos que empezaron a esquiar en aquella época, y ya son padres, mandan a sus hijos a esquiar a modernas estaciones de esquí e incluso van ellos, lo que demuestra que en aquellos cursillos se creó afición al esquí. Poseo documento gráfico en película de Super-8 de alguno de aquellos cursos, incluso del descenso con antorchas de noche como final de un cursillo llamado “La noche de la quema de anoraks”, dado que al hacer el descenso las chispas que desprendían las antorchas dejaron los anoraks con tantos agujeros que muchos de ellos fueron inservibles.

 

V) FINAL

Creo haber resumido en estas páginas parte de lo que se hizo respecto a la juventud y el deporte en Cangas en los 18 años que yo tuve responsabilidades en ambos campos. Si no se hizo más fue por falta de medios económicos o quizá por deficiencias de mi dirección, pero nunca fue por falta de ilusión y colaboración de todos aquellos que desde los primeros tiempos me ayudaron; sin ellos nunca podríamos haber llegado a las cotas tan altas de participación y  de resultados óptimos a que se llegó en esos años en el deporte en Cangas. Quiero recordar también por su colaboración a las siguientes autoridades y cargos directivos:

ALCALDES: D. José Flórez Sierra y D. Carlos Arce.
CONCEJALES: D. Marcial R. Arango, D. Marcelino Díaz Otazú, D. Manuel Álvarez Cosmen, D. Valentín Flórez Rodríguez, D. Fernando Rodríguez Verano, D. Gerardo Puente Rodríguez y D. José Muñiz Díaz.

Al prior de Corias, Reverendo Padre Basilio, y a todos los padres dominicos que colaboraron tanto.

A los directores del Instituto de Cangas, Ginés [Suárez Pérez] y Conchita [Vázquez Pérez], dándonos toda clase de facilidades para realizar las distintas actividades.


José Avello, la ambición y el sosiego

El escritor cangués José Avello Flórez

En el último número de la revista Clarín (nº 109, enero-febrero 2014) se publica una entrevista al escritor José Avello Flórez (Cangas del Narcea, 1943 – Madrid, 2015) realizada por Cristóbal Ruitiña y Alfonso López Alfonso; los tres son cangueses.

En dicha entrevista, José Avello repasa su trayectoria literaria y ofrece datos para la historia de la independencia de Guinea y su conflictiva relación con la antigua metrópoli.

Podéis leerla y descargarla aquí:

José Avello, la ambición y el sosiego

Descargar PDF: icon José Avello, la ambición y el sosiego (2.1 MB)


Las fotos de Balito, 1930-1932

Ubaldo Menéndez Morodo, ‘Balito’, a bordo del vapor ‘Veendam’, 1930

Ubaldo Menéndez Morodo (Cangas del Narcea, 1902-1968), conocido como «Balito», era un cangués alegre y muy sociable. Aficionado a compartir viajes y comida con sus amigos, en los años treinta fue un activo miembro de la sociedad excursionista canguesa «La Golondrina» y uno de los fundadores de la peña «El Arbolín».

En los años veinte emigró a México, donde también estaba su hermano José. En ese país trabajó en la fábrica de papel San Rafael, localizada en el municipio de Tlalmanalco a 50 kilómetros de la ciudad de México, que en aquel tiempo era la más importante del país y de toda Hispanoamérica. En ella trabajaba de escribiente en las oficinas de la empresa. La fábrica todavía existe.

En México se aficionó a la fotografía y en aquella fábrica tomó muchas imágenes de sus compañeros de trabajo, del equipo de fútbol de la empresa, en el que él jugaba, de indios o personajes singulares, de fiestas, comidas, viajes, etc.

A comienzos de 1930 vino a Cangas a pasar unas largas vacaciones. Viajó por Asturias, Madrid y Barcelona, y también por el concejo en compañía de Mario Gómez. Hizo muchas fotografías de la villa de Cangas y de los pueblos, algunas de las cuales se publicaron en la revista La Maniega. Como buen fotógrafo aficionado captó imágenes de lugares y rincones que ningún otro fotógrafo tuvo la curiosidad de tomar. Muchas de sus fotografías de la villa pueden verse en el Álbum de fotografías del Tous pa Tous.

En junio de 1931 regresó a México y a fines del verano de 1932 estaba de vuelta en Cangas del Narcea, para no volver a salir de aquí nunca más. Se casó en este tiempo con Estefanía Avello Díaz (Cangas del Narcea, 1904-2003), la recordada «Fanía». No tuvieron hijos.

Con la muerte de don Mario Gómez en el mes de abril de 1932, el final de La Maniega y la guerra civil, Balito perdió la afición por la fotografía. Pero de aquellos años de fotógrafo compulsivo quedaron un par de álbumes, que hoy pertenecen a la familia Menéndez Liste, en los que aparecen las fotografías de México y Cangas del Narcea, los dos mundos donde Balito fue feliz.



De Leitariegos a China: los Cosmen, una dinastía empresarial centenaria

José Cosmen Adelaida, hacia 1965

Con motivo de la triste noticia del fallecimiento de José Cosmen Adelaida (Cangas del Narcea, 1928 – Oviedo, 2013), y como reconocimiento del TOUS PA TOUS a su larga y fecunda trayectoria empresarial, publicamos este interesante artículo de Joaquín Ocampo Suárez-Valdés, profesor de Economía de la Universidad de Oviedo, titulado De Leitariegos a China: los Cosmen, una dinastía empresarial centenaria, dedicado a la historia empresarial de esta familia de El Puerto de Leitariegos.


De Leitariegos a China: los Cosmen, una dinastía empresarial centenaria

Un reconocido especialista en la historia empresarial europea, D. S. Landes, en su último estudio, Dynasties (2006), hacía notar que, en contra de la opinión dominante, gran parte de las corporaciones multinacionales actuales tenían su origen en empresas familiares. Y reservaba el término «dinastías» para aquellas firmas que, generación tras generación y tras haber cubierto varios siglos de continuidad y sufrido la dura selección de los mercados, habían logrado sobrevivir a los albores del siglo XXI. En España, el caso de los Cosmen resulta en este sentido paradigmático.

Hacer de la necesidad virtud: la geografía importa

Cuando el 11 de octubre de 1796 Jovellanos visitaba Cangas del Narcea, recibía de manos del escribano Manuel Folgueras un manuscrito que contenía una descripción detallada de Leitariegos, «una de las tierras más encumbradas de Europa». En él mismo, se hacía referencia a una tradición oral que narraba cómo a causa de las nieves, doña Urraca (1081-1126), reina de Castilla y de León, había tenido que alojarse en «la casa de “Pepillo”, esto es, de José Cosmen». En agradecimiento, la reina otorgaba a sus habitantes una pensión en especie anual equivalente a 50 fanegas de trigo con la condición de que no dejasen de habitar aquellas tierras.

El Puerto, Brañas de Arriba, Brañas de Abajo y Trascastro, que integraban el coto de Leitariegos, señorío jurisdiccional del monasterio de Corias, emplazados a 1.525 m de altitud, constituían los únicos lugares de Asturias situados a aquella altura poblados todo el año. Por ello, ya en el siglo XII contaban con dos alberguerías u hospitales en San Juan del Puerto y en Santa María de Arbás. En reconocimiento de su carácter estratégico para las comunicaciones y para el abastecimiento en cereales y vino de una Asturias crónicamente deficitaria en subsistencias, Alfonso XI otorgaba a favor de aquel coto el llamado Privilegio de Leitariegos, exonerando a sus habitantes de prestaciones fiscales y señoriales así como de tipo militar, situándolos en un estatus social próximo a la hidalguía. Un estatuto legal que para los Cosmen, más que como instrumento de prestigio social, redundará en salvaguarda para disponer de libre movilidad, imprescindible en el mundo del tráfico y comercio.

Leitariegos, por sus condiciones orográficas y climáticas, carecía de aptitudes agrícolas: de sus 1.589 días de bueyes, solo 175 era de tierras de labor. Sí, en cambio, disponía de dos ventajas comparativas que sus vecinos no tardaron en explotar: las vinculadas al tráfico y a la ganadería. Antes de que Krugman señalase la importancia de los factores geográficos como explicativos de la localización empresarial, los habitantes del coto habían encontrado en la arriería su senda particular de crecimiento. Desde el siglo XIII, los arrieros de Leitariegos abastecían con sus recuas a la pola de Cangas del Narcea y, en los siglos siguientes, a las ferias de Cangas y Vallado. Las recuas de los Cosmen surcaban los caminos de rueda y de herradura que transcurrían por las tierras altas del valle del Sil, por Laciana y el Bierzo, alargándolos hacía el sur hasta León y Valladolid, y por el norte hasta las polas de Navia, Luarca y Castropol. Trajinaban con lino, cereales y vino castellanos, sal, bacalao, salazones, lienzos, potes y clavazón salidos de las ferrerías locales, y con ganado vivo.

Los Cosmen explotaron aquellos privilegios reales y los ensancharon: desde el siglo XVI eran los transportistas elegidos por los monjes de Corias para abastecer las tierras bajo su jurisdicción. Y desde el siglo XVII, a medida que se extendía el cultivo de maíz y la presión demográfica forzaba a la emigración, los Cosmen añadieron al tráfico de mercancías el transporte de viajeros con destino a las dos Castillas y a la Corte. Cuando, en 1752, se elabora el Catastro del marqués de la Ensenada, Leitariegos, con 52 vecinos (196 habitantes), era el concejo de Asturias con mayor densidad de transportistas «profesionales»: 36 de aquellos vecinos vivían de la dedicación permanente al tráfico.

La familia de los Cosmen aglutinaba a más de una docena de transportistas. Las redes familiares reducían los costes de transacción, los comportamientos oportunistas y el acceso al crédito; reforzaban la lealtad interna; garantizaban la continuidad del negocio y la reinversión de beneficios y, last but not least (por último, pero no menos importante), el buen reclutamiento y promoción del capital humano, pieza esencial en una actividad donde la confianza representaba un valor añadido. En efecto, desde el siglo XVIII, al transporte de bienes y servicios de pasajeros, añadirán el de las remesas de dinero que los emigrantes cangueses enviaban desde Madrid. Cuando G. Borrow visitó en 1843 las tierras confinantes entre Asturias y León, escribió sobre aquellos arrieros: «su fidelidad es tal que cuantos han utilizado sus servicios, no vacilarían en confiarle el transporte de un tesoro».

Crecimiento, diversificación, diferenciación

El know-how acumulado permitió a los Cosmen adquirir un doble patrimonio: el tangible, vinculado al tráfico, y el intangible, basado en su honorabilidad y reputación. En buena medida, la acumulación de capital se asoció a la naturaleza de los bienes transportados. Las frecuentes crisis agrarias y «hambrunas» otorgaba a los cereales precios especulativos. Lo advertía Jovellanos en su Informe de Ley Agraria: «el trigo comprado en León tiene en la capital y puertos de Asturias de 20 a 24 reales de sobreprecio». Una segunda fuente de ingresos derivó de la disponibilidad de circulante. En una sociedad con fuerte endeudamiento público y privado, la demanda de crédito estaba a la orden del día. Y Cangas del Narcea no será excepción: los profesores Francisco Erice y José Mª. Moro han constatado que el 40% del crédito rural ofertado en el occidente de Asturias se concentraba en aquel concejo.

Con los beneficios, el radio de negocios se amplió hasta el punto de que en el siglo XVIII contaban con factores y apoderados en las principales plazas y ferias castellanas. Algunos miembros de la familia abrieron en Madrid negocios de comercio y crédito. En 1754, los Cosmen disponían ya de casa solariega blasonada y de ejecutoria de hidalguía. Pero, a diferencia de otras familias enriquecidas que optaban por desinvertir y adquirir patrimonios rurales –los capitales «terrazgueros» a los que Jovellanos hacía referencia con tono denigratorio−, los Cosmen adquirían tierras de viñedo y de pasto para constituir con las mismas avales hipotecarios que les permitiesen adquirir mayor peso en los mercados.

Y es que, como ha probado Gómez Mendoza, la irrupción del ferrocarril, contrariamente a la opinión generalizada, no desplazará a arrieros y carreteros, que mantendrán relaciones de complementariedad y sustitución con los «caminos de hierro»: horarios más flexibles, tarifas más bajas, menores costes y cargas fiscales, bajo coste de oportunidad del equipo empleado –susceptible de ser empleado en las labores agrarias− serán algunas de sus muchas ventajas. Otras, por supuesto, derivaban del hecho de que las propias compañías ferroviarias demandaban los servicios de la arriería para cubrir la distribución entre estaciones y puntos de venta, o para atender el abastecimiento de muchas ciudades, villas y capitales de provincia a las que no llegaba el tendido ferroviario −piénsese que en Asturias, a finales del siglo XIX, la red no superaba los 263 km−. Una prueba que corrobora la vigencia de la arriería viene dada por el hecho de que en los censos de población de 1910 y 1920, se contabilicen más de 900 arrieros profesionales –cifras realmente más altas dada la ocultación fiscal imperante−. Habrá que esperar a la década 1920-1930 para que el camión y el autobús cierren definitivamente la página de la arriería.

Cuando, en la segunda mitad del XIX, mejoran los caminos de rueda o caminos «carreteros», los Cosmen se incorporan como pioneros al tráfico rodado con diligencias entre Ponferrada y La Espina y entre Rioscuro y León. También, a finales de ese siglo, cuando la segunda revolución industrial daba en Asturias sus primeros pasos, los Cosmen –Cándido Cosmen Cosmen, «industrial y vecino del Puerto»− no dudan en arriesgar capitales en la Compañía Eléctrica de Cangas, escriturada en 1897. También a finales de siglo llegaban a Asturias los ecos del automóvil y del motor de combustión interna mostrados en la Exposición Universal de París (1900). Las primeras sociedades creadas en la región −El Luarca, Los Maurines, El Progreso Asturiano− no podrán superar las dificultades inherentes a una tecnología todavía en fase experimental.

Cuando, en 1915, F. Gamoneda, V. Trelles y F. Álvarez Cascos constituían Automóviles Luarca –convertida en sociedad anónima en 1923−, hacía ya tres años que Empresa Cosmen rodaba con autobuses Hispano Suiza. El contrato de compra que Francisco Cosmen Pérez cerró con la Hispano en 1912, incluía la formación de mecánicos, conductores y cuadros técnicos para los talleres. Entre este personal a formar, se hallaban tres de su hijos que, siguiendo una tradición familiar, debían de recorrer todos los escalones productivos de la empresa antes de formar parte del staff directivo.

Cosmen/ALSA: un encuentro previsible

Desde entonces, ambas sociedades no dejaran de crecer de forma extensiva, orientándose cada una hacia sus mercados tradicionales. Pero con notables diferencias. Si ALSA nacía como una apuesta inversora de socios «capitalistas», los Cosmen agrupaban a socios «industriales» curtidos en el sector. Otras diferencias no menos sensibles se referían al saneamiento de cada negocio, a la diversificación de riesgos, y a los propios mercados. La Empresa Cosmen pudo beneficiarse del auge minero de las cuencas hulleras leonesas, además de contar con servicios fuera de Asturias.

Vehículo de Automóviles ‘El Puerto’, que hacía el servicio diario de Cangas del Narcea a Villablino y viceversa, en Courias / Corias, 1928. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Col.: Juaco López Álvarez.

Cuando en los años 1930-1950 el sector se estanca por las dificultades inherentes a la posguerra y posterior autarquía, ALSA ya había tocado techo en su expansión por las líneas del occidente asturiano tras absorber a las empresas competidoras. La necesidad de renovar equipos exigía ampliar los servicios con vistas a asegurar la amortización prevista. Desde entonces, comenzará un proceso negociador entre Secundino Cosmen Bueno –quien, con su tío Francisco Cosmen había fundado en 1918 La Popular S.A.− y Vicente Trelles. Los Cosmen, fieles de nuevo a criterios históricos de continuidad, rechazan la venta de sus activos y acceden a una integración que les dará presencia accionarial en ALSA. Cuando ésta última llegue en 1959, José Cosmen Adelaida ya había extendido la empresa paterna hacia Villablino, Degaña, Somiedo, Grado y Allande, tras adquirir Empresa Beltrán y Asua. Contaba, además, con una trayectoria directiva previa en la gestión de otras sociedades participadas por la familia (Viajes Henschel, Motores Sura, Tranvía de Gijón…).

ALSA: de empresa local a global

La historia que resta por contar ya es bien conocida del lector. La entrada de José Cosmen Adelaida en ALSA permitió internacionalizar la firma, al explotar, con gran sentido de oportunidad, los flujos migratorios de aquellos años. Del mismo modo, la recuperación de la economía española en los años sesenta, su urbanización y el aumento de la movilidad espacial y laboral, puso a la empresa en condiciones de extender sus servicios fuera de Asturias. Desde 1980, las previsiones de liberalización en el sector del transporte y la entrada de España en la CEE, llevarán a nuevas estrategias de crecimiento con vistas a mejorar su competitividad exterior. Al lado de la innovación −instalación de videos, clase Supra, ordenadores terminales, mejoras de seguridad, combustibles ecológicos…−, la búsqueda de nuevos mercados será la segunda vía ensayada. Se acudirá a países con baja oferta de servicios y alto potencial de crecimiento −China (1984), Marruecos (1998), Chile (2001)−, o a fomentar consorcios y alianzas empresariales que mejoren su presencia en Europa –desde la alianza con la francesa Keolis a la adquisición en 2005 de la mayor empresa alemana del ramo (Deutsche Touring), o a los acuerdos con National Express Group ese mismo año.

La particularidad, la «moraleja» de esta historia empresarial, necesariamente abreviada, es bien sencilla: los Cosmen ya estaban allí, nunca dejaron de estar allí, a pie de obra, haciendo lo que mejor sabían hacer, explotando oportunidades abiertas a todos pero sólo asumibles por quienes contaban con experiencia y sentido del riesgo, incorporando a la familia, reinvirtiendo, creciendo en reputación y compromisos… Es decir, dentro de una cultura empresarial que el actual patriarca de ALSA supo resumir recientemente en estas mismas páginas de La Nueva España: «Empresarialmente, fuimos paso a paso…». Pero, con la discreción y modestia que lo caracterizan, omitía un matiz diferencial que justifica que el historiador económico hable de «dinastía»: aquellos pasos comenzaron hace, nada menos, que ocho siglos. Y el mismo paso y el espíritu empresarial de los históricos arrieros de El Puerto siguen hoy en la matriz de ALSA. Sutilmente lo expresaba uno de los continuadores de la saga familiar, Andrés Cosmen Menéndez-Castañedo: «Es importante adaptar el modelo empresarial a las características de China, pero es más importante aún saber qué aspectos o procesos de nuestro negocio son intocables».


Joaquín Ocampo Suárez-Valdés
Profesor de Economía de la Universidad de Oviedo
(La Nueva España, 8 de enero de 2012)

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La vida en Rosa

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Rosa Fernández posa con el lazo rosa símbolo de la lucha contra el cáncer de mama. Foto: Mario Rojas

Se pasan malos momentos. Pero se pasan. Y lo importante es tener la cabeza limpia, llenarla de objetivos, no permitir que la enfermedad la ocupe por completo. A Rosa Fernández (Cangas del Narcea, 1960) el cáncer de mama –hoy se celebra el Día Mundial contra la enfermedad– le ratificó a pies juntillas lo que la vida y la montaña ya le habían enseñado antes, que «hay que pelear». Y ella, acostumbrada a pegarse con alturas de pánico y nieves perpetuas, hizo cumbre aquel afortunado día de enero de 2009 cuando se encontró con un amigo ginecólogo que casi la forzó a una revisión que preveía retrasar hasta después de pasar por el Himalaya. «Lo mío fue una suerte tremenda, soy la típica que nunca tengo tiempo para ir al médico y es que además me sentía muy bien, pero me encontré a un amigo, me preguntó por las revisiones y le dije que no podía hasta final de año, que tenía unos meses muy movidos». No contento con la respuesta, el amigo insistente le marcó una cita para dos días después. Y en ese momento apareció el bulto y tras él la biopsia que confirmó los peores presagios. «Yo me marchaba a los Pirineos, y a los tres días me llamaron diciendo que me tenía que presentar en el hospital al día siguiente». Una semana después estaba en el quirófano y quince días más tarde recibía su primera sesión de radioterapia. Después llegaría también la quimio. Y más tarde, una recuperación que aún, en su caso, no está garantizada al cien por cien. «No tengo el alta total, pero casi», dice sin miedo.

En ese camino hacia la sanación, Rosa ha aprendido varias lecciones. La primera, la importancia de acudir a las revisiones. La segunda: «Hay que confiar plenamente en los médicos. Yo me despreocupé, les dije: voy a hacer lo que me digáis». Y no le ha ido nada mal. En pleno tratamiento hizo un descanso para coger fuerzas en la montaña –en Pakistán– y en lugar de lamentar no poder subir ese 2009 dos ochomiles por la falta de fuerzas, optó por no perder la forma física con otros deportes. «Empecé con la quimio y tuve que hacer cosas más pequeñas», relata. Recorrió el Camino de Santiago en bicicleta, aprendió a bucear, asumió que no podía subir ochomiles en ese momento y simplemente esperó a que pasara lo peor. Aquellas dos montañas que quedaron pendientes en 2009 no se iban a mover de su sitio. «Aquel proyecto lo pude hacer en 2011», rememora.

A ella le ayudó la montaña a superar la enfermedad y plantarle cara. Pero, sostiene, «todos tenemos nuestras montañas para salir a adelante: los niños, la familia, el trabajo…». Y todos tenemos una cabeza que es clave en la recuperación. Porque la cabeza manda seguir y Rosa Fernández todavía no ha parado de asumir nuevos retos. Dentro de nada –el 9 de enero– se va rumbo al Aconcagua junto a Indalecio Blanco, un hombre con un 60% de discapacidad motora, que subirá con ella hasta siete mil metros en favor de Mensajeros de la Paz. «Va a ser duro, sé que me va a costar», dice. Pero sabe que ha vivido experiencias mucho más duras. «El cáncer de mama hay que tomárselo como algo pasajero», advierte. Y por eso su mejor consejo es este: «Les recomiendo a otras personas que no se paren a pensarlo, que no permitan que la enfermedad ocupe todo su tiempo, que hay otras cosas, hay que marcarse objetivos, hay que seguir adelante, hay que pelear».


Fuente: EL COMERCIO, sábado 19/10/2013 

Bull y los Búfalos – Me voy a echar de menos

«Me voy a echar de menos» es uno de los sencillos del nuevo disco de Bull y Los Búfalos «Más tiempo que vida».

Realizado en México por Once Producciones y los patrocionios de Custom Rock y Custom Ink Lindavista. Más información: www.bullylosbufalos.com

 

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La realidad y el deseo de Venancio García Pereira

El Muséu del Pueblu d’Asturiesalt, en su incansable labor por mantener a buen recaudo nuestro patrimonio cultural y nuestra historia, acaba de publicar Cuadros y escenas criollas de Villaguay (Argentina), escritos por el médico Venancio García Pereira en 1894. Desde el punto de vista intelectual, el libro, inédito hasta ahora, fue el pretexto para el contacto entre las dos orillas de un océano, y por tanto sale a la luz en edición de Juaco López Álvarez, director del Muséu del Pueblu d’Asturies, con la ayuda de Raúl Jaluf, responsable del Museo Histórico Municipal de Santa Rosa de Villaguay, y con textos explicativos del propio Juaco López y de Manuela Chiesa, investigadora, y Miguel Ángel Federik, abogado y poeta, ambos de ese municipio argentino de la provincia de Entre Ríos.

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Página del manuscrito de ‘Cuadros y escenas criollas de Villaguay’ de 1894

Detrás de cada hallazgo suele haber una pequeña novela, a menudo digna de contar. Juaco López visitaba en la infancia la casa de los padrinos de un hermano suyo en el barrio de El Corral, en Cangas del Narcea. Años más tarde, ya adulto y responsable del museo, recibe una llamada de unos anticuarios por un lote procedente de Cangas del Narcea. En el lote descubre unos cuantos papeles de aquellas personas que visitaba en la infancia, ya fallecidas, y entre ellos algo más: «Los documentos que más llamaron mi atención fueron dos novelas manuscritas en unos cuadernos, fechadas en Madrid en 1876, y otros tres cuadernos más pequeños con escritos realizados en Villaguay en 1894, todos ellos firmados por Venancio García Pereira».

¿Y quién fue este hombre? Venancio García Pereira nació en el seno de una familia conservadora y profundamente religiosa en el barrio de El Corral, de la por entonces Cangas de Tineo, en 1857. En 1873, después de cursar los estudios secundarios, marchó a Madrid a estudiar Medicina, carrera que acabaría en Santiago de Compostela en 1879. Aficionado a la literatura, dejó escritas algunas novelas y empezadas otras, todo, salvo lo que se incluye en los apéndices de este libro, rigurosamente inédito. En Galicia casó con Efigenia, y en 1885, con 29 años y sin su mujer, que no lo acompañó y con la que después no tuvo ningún contacto, se fue a la República Argentina, donde durante una década, mientras se lo permitió una salud quebrantada prematuramente, ejerció de médico en Villaguay. Murió en Buenos Aires el 1 de mayo de 1896.

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Venancio García Pereira en Paraná, 1890

A Villaguay, en pleno monte de Montiel, en el corazón de la provincia de Entre Ríos, llegó Venancio para quedarse, algo sumamente extraño entre los emigrantes de su tiempo, a los que más bien movía el deseo de ganar dinero y volver a su patria. Impulsado por cierto idealismo romántico y quizá algo bohemio, un médico español, con posibilidades de ganarse bien la vida cerca de casa, se fue a un pueblo remoto, con una farmacia, un café y poco más de mil habitantes. Uno de esos pueblos que tienen algo de la mítica salvaje del western, con parroquianos procedentes de mil lugares en busca de una nueva vida y a los que nunca se les pregunta por su pasado; un pueblo con calles en construcción, casas a medio hacer y un reducido cuartucho donde se aloja la redacción del periódico local recién inaugurado. Venancio, un tipo bien original, tiene además la peculiaridad de que en este cuaderno habla de lo que le rodea. Por sus correspondencias se puede reconstruir parte de la vida de algunos emigrantes, pero estos Cuadros y escenas criollas son un texto raro para la época en España. Este médico, con la incansable curiosidad del niño, la paciencia del entomólogo y la precisión del buen novelista -Émile Zola es el único escritor que cita- se interesa por el territorio en que se ha instalado y por las gentes que lo habitan. Los observa, muchas veces desde la barrera, porque las cacerías o las domas de caballos son peligrosas para quien no está acostumbrado a ellas; anota lo que hacen, pone especial atención en el lenguaje -el cuaderno está salpicado por una cantidad considerable de palabras argentinas que el autor explica en nota-, viaja con ellos, describe el paisaje, explora el campo, aprende; y con ellos disfruta de alguna farra y asiste a un velatorio que le llama la atención por su carácter festivo. Como buen médico, se desquicia con sus supersticiones, en concreto con aquellas en que entran en juego los curanderos o la higiene poco recomendable -se comen los piojos porque creen que los libra del mal de ojo-, y como buen filántropo atiende a los pobres y aguanta estoicamente que casi todo el mundo le deba dinero por sus servicios: «Hace nueve años que trabajo y mucho; no soy rico, hay muchos que me deben la vida y casi todos dinero, y tengo dos amigos». Como explica Juaco López, en los Cuadros y escenas criollas Venancio «se paseará por todos los distritos rurales de Villaguay, describiendo el monte, el río Gualeguay, las lagunas, los árboles y arbustos, los animales, las aves, los peces, los insectos, así como las costumbres del país: el consumo de mate, la vida en la pulpería con sus juegos y carreras de caballos, los apartes o recogida y selección del ganado, las hierras u operación de señalar y marcar el ganado, la caza y la pesca». Y también la sociedad de Santa Rosa de Villaguay, entre la que se movió cotidianamente y con la que parecía tener una relación ambigua, mezcla de resentimiento y atracción.

La vida de todo hombre es un enorme interrogante, un enigma sin resolver, un cúmulo de contradicciones. La de éste, desde luego, no es ninguna excepción. Un hombre conservador y muy religioso escoge como profesión la medicina. Quiere el tópico decimonónico que en cada pueblo español haya dos bandos enfrentados: el del cura y los conservadores, por un lado, y el del médico o el boticario y los liberales, por otro, pero claro, éste, como todos los tópicos, solamente es verdad a medias, y Venancio tiene algo de los dos bandos. Sus ideas sobre la enseñanza no son las de la Institución Libre de Enseñanza, pero su espíritu responsable y ecuánime no quita su parte de culpa a los sacerdotes: «La caridad evangélica y la humildad cristiana son letra muerta para estos traficantes de conciencias que jamás bautizarán ni casarán a un individuo, por pobre que este sea, si antes no se agenció del dinero suficiente para entregarlo al cura por el sacramento que descarada y cínicamente le vende».

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Placa de bronce dedicada en 1929 a Venancio García (1857 – 1896) en el Hospital de Villaguay

Un médico se fue a un pueblo pequeño y exótico al otro lado del mundo, lejos de casa, dejando en Galicia a la mujer de buena familia con la que se había casado, pero, como se deduce de alguna carta reproducida en la introducción, lo hizo con ciertas aspiraciones. Lo más probable es que esas aspiraciones no fueran profesionales. Puede que más bien fueran literarias, una manera romántica de cargarse de experiencias y tener cosas sobre las que escribir, un poco a lo Lord Byron. Pero cómo saberlo. Además, el cuaderno en el que escribió estos Cuadros y escenas criollas -el título es del editor, tomado del cuaderno- está dedicado a su cuñado, y en esa dedicatoria manifiesta que su único objetivo es procurarle un rato de distracción. Sin embargo, el último capítulo, titulado «Por las Raíces«, donde narra un viaje por el distrito de ese nombre, comienza: «No se alarmen inútilmente mis lectores», lo que indica que en su subconsciente anidaba el deseo de tener algún lector más que su cuñado. Por último, como se deduce de una carta que Gerónima Arteaga de Montiel le envía a Dolores García, hermana de Venancio, tras el fallecimiento de éste, el médico seguramente fue un gran filántropo. Se comportó con profesionalidad y diligencia en su trabajo, atendió a los pobres y en aquel pueblo le están agradecidos -una placa en su honor da fe de ello-. Y también acogió a un niño huérfano. Pero hay una duda en el aire, y la primera en plasmar esa duda es su propia hermana, que lo había acompañado algún tiempo en Villaguay, había estado con él, se había ocupado de sus asuntos tras su muerte y debería conocer bien esos pormenores. No obstante, pregunta, y la pregunta que hace no es muy tranquilizadora: ¿No será ese niño hijo de mi hermano? La respuesta, por el contrario, le permitió vivir tranquila.

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Casa comenzada a construir por Venancio García en Villaguay en 1895, que él no vio terminada

Todos somos hojas arrastradas por el viento, y mientras nos arrastra creemos que siempre lo hará hacía adelante, en una carrera imparable y constante en la que la realidad irá acoplándose como un fino guante de piel a nuestros deseos, pero no es así. Bien contada, cualquier vida es un interesante relato, aunque algunas tienen ingredientes más propicios que otras para captar la atención del lector. La de Venancio García Pereira, con sus certezas y sus incertidumbres, sus búsquedas y sus hallazgos, sus luces y sus sombras, sus inquietudes, su amor por la naturaleza, su atención a los más necesitados, su incesante espíritu aventurero, su casa a medio construir en Villaguay, quizá metáfora de su existencia, y su temprana muerte, es de las que merecen ser contadas. Y en este libro se cuenta con la misma precisión y el mismo garbo con que él explicó las costumbres de los habitantes de «esa exigua parcela del mundo».

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Federico Granell muestra su diversidad creativa en Gijón

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Love is blue, Oleo s/ lienzo 162 x 195 cm

Un conjunto de 27 cuadros, 5 esculturas y un vídeo del artista Federico Granell, se ha instalado en la galería Gema Llamazares manifestando la diversidad conceptual de una obra que del dibujo y la pintura ha pasado a la tridimensionalidad, al objeto, y el vídeo, conjugando colores y descripciones con la voz y el movimiento en un espectáculo que alcanza los sentidos.

Es la muestra más completa de las ofrecidas hasta ahora desde que, tras licenciarse en Bellas Artes en la Universidad de Salamanca, en 1999, especialidad de Diseño y Audiovisuales, iniciase su actividad expositiva, primero en Cangas del Narcea, Asturias, donde nació el año 1974, y después en espacios españoles, también en París, México, República Dominicana y Roma, con pintura y fotografía; una pintura en la que la luz suele ser protagonista, tanto en espacios de la naturaleza como en ámbitos urbanos, con una técnica exquisita.

Federico Granell ha sido becario en Roma y Milán, y ha ampliado estudios en Londres donde profundizó en las técnicas del grabado, en el dibujo y el modelado, para después abrirse al audiovisual. Esta voluntad de seguir aprendiendo, de experimentar y explorar se manifiesta en la exposición que, con el título de ‘Love is blue’ muestra en la galería Gema Llamazares, de Gijón, hasta el 15 de junio de 2013.

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Un cangués de 136 años…

altEl 7 de junio de 1844, en el diario El Heraldo, de Madrid, aparecía una noticia en la sección «Gacetilla de la capital» que daba cuenta de la existencia de un hombre de 136 años, vecino de Madrid, que probablemente era el más longevo de Europa y del mundo. El anciano estaba sano, razonaba perfectamente y trabajaba. Para demostrar su edad exhibía su partida de bautismo. Era natural de Cangas de Tineo (desde 1927, Cangas del Narcea) y había nacido el 24 de junio, día de San Juan, de 1708. Se llamaba Manuel Collar.

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Grabado militar de la época representando a Francisco Abad Moreno, apodado El Chaleco.

Cuesta creer esta noticia, porque 136 años son muchos años para cualquiera, tanto en 1844 como en 2013. ¿Era un farsante? Es probable, porque no solo enseñaba la fe de bautismo sino que contaba hechos de la Guerra de Sucesión y se vanagloriaba de haber vivido bajo el reinado de todos los Borbones, desde Felipe V a Isabel II. En su biografía mencionaba haber sido secretario particular del conde de Fernán Núñez, Carlos de los Ríos de Rohan y Chabot (1742-1795), con el que había estado en las embajadas de España de Lisboa y París, que este conde ocupó entre los años 1778 y 1790; es decir, Collar, el secretario, tenía unos 80 años.

Más curioso era su comentario de que luchó con Chaleco durante la Guerra de la Independencia. Este fue un famoso guerrillero natural de Valdepeñas, llamado Francisco Abad Moreno (1788-1827), que durante el reinado de Fernando VII fue ahorcado por liberal. Cuando Chaleco comenzó su lucha contra el invasor francés, en 1809, Collar tenía 101 años, y hay que tener mucha imaginación para pensar que un anciano de esa edad pueda andar tirado por el monte atacando y huyendo del ejército de Napoleón.

A continuación copiamos la gacetilla que le dio a nuestro paisano un día de gloria, aunque ésta no parece que fuese muy merecida:

—De la Guía del Comercio de anteanoche copiamos el siguiente portentoso caso de longevidad:

«A propósito de lo que la prensa periódica nos ha referido estos días, de haber muerto hace poco en las cercanías de Brodhaven un hombre que contaba 122 años de edad, podemos decir tuvimos anoche el gusto de tomar el té en Madrid acompañados del Sr. D. Manuel Collar, que contará 136 años el día de San Juan, 24 del mes corriente, y cuyo estado de robustez y agilidad promete alcanzar al fin del presente siglo. Es socio y desempeña actualmente la contaduría de una empresa minera.

La relación que por él mismo nos ha sido hecha es la siguiente: Nació en Cangas de Tineo (Asturias) el 24 de junio de 1708, según la fe de bautismo que legalizada conserva en su poder. Fue estudiante en sus primeros años, estuvo casado 16 años y hoy es viudo sin hijos. Obtuvo la más alta confianza de D. Carlos de los Ríos de Rohan y Chabot, sexto conde de Fernán Núñez, en calidad de secretario particular, cuando fue embajador español en Lisboa y París, antes y después de la revolución francesa. Ha estado en Nápoles, en Roma, en Suiza y conoció personalmente en Berlín al gran Federico II. Se acuerda perfectamente del estado en que quedó España después de la guerra de sucesión entre Felipe V y el archiduque Carlos de Austria.

Su vida y costumbres han sido metódicas y puras; levantase con el sol en todo tiempo, dando enseguida un paseo fuera de casa, hace una buena comida según lo permite su regular estado de comodidades e independencia. Sus dientes están completos, excepto algunas muelas, su cabello es blanco y poco calvo, estatura regular y no grueso, buen color y aseado en su persona.

Ha conocido toda la dinastía de los Borbones, a Felipe V, Luis I, otra vez á Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, José Bonaparte, Fernando VII e Isabel II. Solo estuvo enfermo unos días en Lisboa con garrotillo, seis días con calenturas en París hacia el 1790 y tres meses con tercianas en Aranjuez, a donde hoy hace la apuesta de ir a pie, a pesar de la distancia de siete leguas desde la casa que habita hace cuarenta años en la parroquia de San Justo de esta corte. No fuma, tiene un buen carácter de letra, y solo para leer y escribir usa de anteojos, aunque representa en la actualidad como setenta años. Acompañó á Chaleco en varias expediciones durante la guerra contra Napoleón por los montes de Toledo.

En fin, nuestro notable compatriota se halla seguramente el primero a la cabeza de las generaciones existentes en la Europa.»

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Sobresaliente donación de libros a la Biblioteca de Cangas del Narcea

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Enrique Rodríguez Fernández-Hidalgo en 2010

Enrique Rodríguez Fernández-Hidalgo (Cangas del Narcea, 1988) recientemente terminó sus estudios en la Universidad de Navarra obteniendo la doble licenciatura en Derecho y Administración y Dirección de Empresas (Bilingüe).

Este joven cangués comenzó su periplo universitario en el año 2006 pero su brillante expediente académico comenzó a fraguarse en el Instituto de Cangas del Narcea, en segundo de bachillerato, cuando Enrique Rodríguez participó en el concurso de mejores preuniversitarios de España, gracias al cual tuvo entonces la oportunidad de visitar siete países de Europa. En estos viajes académicos y culturales conoció a personalidades como Cherie Blair, Manuel Marín, Esperanza Aguirre, o al Príncipe de Asturias.

Más tarde, ya en su etapa universitaria, entró en la Escuela de Liderazgo de la Universidad Francisco de Vitoria que consiste en la realización de un programa semipresencial de tres años de duración. Gracias a los méritos del curso y a su implicación, consiguió el primer premio de la promoción 2010. Este galardón de la Universidad Francisco de Vitoria, que cuenta con el apoyo del Banco Santander a través de su División Global Santander Universidades, le brindó la oportunidad de dar una conferencia sobre su experiencia en el marco de las actividades de selección final del Programa Becas Europa.

Enrique fue premiado entre los 106 antiguos beneficiarios de este programa de becas, que participaron en la Escuela de Liderazgo Universitario. El galardón consistió en un viaje a Boston, donde visitó las universidades de Harvard, MIT, Brown y Babson College.

En 2008 estuvo formándose un semestre completo en Estados Unidos, en la Universidad de Emory, en Atlanta, que está considerada la número 4 en Norteamérica en cuanto a formación de negocios. En 2011 también estudió en la Universidad de Bocconi, en Milán. La mejor y más prestigiosa Universidad de la rama de economía en toda Italia.

Desde 1998 la Editorial Thomson-Aranzadi viene concediendo un premio a los alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Navarra que tengan los tres mejores expedientes al finalizar su Licenciatura, consistente en una cantidad de dinero a canjear por libros de la editorial y la entrega de un Diploma. En la promoción de 2010/2011 el segundo mejor expediente merecedor de este premio Aranzadi de Licenciatura en Derecho fue el de Enrique Rodríguez siendo, no obstante, el mejor alumno de Derecho de la Doble Licenciatura de la mencionada promoción.

El premio, como hemos dicho, consistente en una cantidad de dinero a canjear por libros de la editorial Thomson-Aranzadi fue donado por el joven licenciado cangués a la Biblioteca Municipal Padre Luis Alfonso de Carballo de Cangas. Desde aquí nuestro agradecimiento y felicitación a Enrique con el deseo de los mejores éxitos profesionales y personales. Has sabido ejercer un activo liderazgo en tu vida académica y no nos cabe duda que también lo sabrás llevar a la práctica en tu carrera profesional.

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Breve semblanza de Mario Gómez Gómez (1872-1932)

Mario Gómez Gómez en Cádiz, 1915. Fotografía de M. Iglesias. Col.: familia Álvarez Pereda.

A continuación reproducimos la semblanza, combinación de una especie de bosquejo biográfico y otro autobiográfico, pronunciada por el secretario de El Payar del Tous pa Tous, Manuel Álvarez Pereda, en el acto a la memoria de Mario Gómez Gómez (Cangas del Narcea, 1872-1932):

En Limés, Cangas del Narcea, a 20 de octubre de 2012

Del derecho y del revés
soy de Cangas de Tineo.
Tonto o listo; guapo o feo,
soy de Cangas; soy Cangués.

Y Cangas mi pueblo es
porque así fue mi querer,
que si en Madrid tuve el ser,
fui a Cangas conducido,
y nací donde escogido,
tenía para nacer.

Así empieza el libro De Bogayo, escrito en 1915 por nuestro protagonista, sin duda una de las personalidades más carismáticas del Cangas de todos los tiempos. Y así empieza el libro, en respuesta a una pregunta que el propio Mario Gómez se hace a sí mismo y en la que me apoyaré a lo largo de esta exposición: ¿Que, quién soy yo?, se preguntaba. Una pregunta que en Cangas, la podía responder cualquiera, y en otros muchos lugares, mucha o bastante gente.

Mario Gómez fue un personaje muy popular, que conocía muy bien a sus paisanos porque trataba con todo el mundo, con todas las clases sociales. Conocedor de las costumbres canguesas, del lenguaje, sabía desenvolverse en cualquier situación como “Pedro por su casa”. Pero sobre todo, siempre tenía todas las potencias de su alma fijas en esta tierra que tanto quería porque le vio nacer, porque, según él mismo decía, sufrió muchas de sus travesuras de rapaz, y porque en ella tenía, según decían todos, el cariño de cuantos siquiera una sola vez le trataron.

Otro ilustre cangués y amigo suyo, Borí (Gumersindo Díaz Morodo) en 1916 escribía lo siguiente:

«Removiendo en los recuerdos de la infancia, veo a ese querido cangués gozando ya de una popularidad envidiable. Rapaz inquieto y de iniciativas, supremo jefe de la juventud canguesa, no se organizaba en esta villa una parranda, o una fiesta, o una cabalgata carnavalesca, o una excursión a las montañas que nos circundan… cuando no se emprendía una cruzada contra los gatos o se desarrollaba descomunal pedrea, en que él no estuviese al frente, ordenando, mandando como general que guía sus huestes al combate y a la victoria.

Cuando estudiante, en el tiempo que fuera de Cangas se hallaba, se parecía la villa a una balsa de aceite. En la época de vacaciones, los jóvenes se comunicaban unos a otros la buena nueva, la próxima llegada de Mario Gómez, el cual seguramente traería u organizaría algo nuevo, desconocido, exótico, que haría las delicias de todo el pueblo, de grandes y de chicos, de hombres y de mujeres. […]»

Y es que esto que escribía Borí lo afirmaba el propio Mario:

Desde el Matorro al Mercado;
Del Cascarín al Corral,
no hay un rincón ni un portal
donde yo no haya jugado.

Ni un aldabón respetado,
ni ventana en que asomada
alguna vieja rabiada
con furia no me riñera
al verme tirar certera
a su gato, una pedrada.

De casa de la Calea
a mas allá de Arayón
no hay un pozo ni un rabión
que no sepa, del Narcea.

Ni hay nogal, cuya cacea
no haya manchado mis manos,
ni perales ni manzanos
por donde no gatease,
ni pared que bien guardase
los nisales y avellanos.

Mozo ya, corrí el Concejo
caminante y andarín
a caballo o en pollín
a pelo o con aparejo.

A la vera del pellejo
o de las cubas al pie
mucho bebí y más canté
en todas las romerías,
y repartiendo alegrías
alegría atesoré.

¡Que tiempo feliz aquel! …

Que lo digan Victorino
Fernando Ron, Avelino
Luis de Carballo o Abel.

En bullicioso tropel,
del Acebo a Carrasconte;
del Puelo a San Luis del Monte
marcábamos gayas huellas
y Arvas, Touzaque o Caniel.las
dábannos poco horizonte.

De pedreas, de fiestas, de parrandas… Cierto es, que cuando Mario Gómez estaba aquí, en este su Cangas del alma, todo en él era gozo y alegría, pero esto no era impedimento alguno para que desde muy joven tuviese un gran sentido de la responsabilidad. Terminó brillantemente sus estudios en Madrid, se graduó en Medicina, preparó oposiciones al cuerpo de Sanidad Militar e ingresó en el Ejército tras aprobarlas.

Primer destino África, con base en Melilla, después Trubia (Oviedo), Valladolid, Vitoria, Gijón, y otra vez Trubia destinado en la Fábrica de Armas. Está claro que el hombre tiraba para la patria chica aunque alguna ‘mano negra’ empujaba más fuerte y vinieron más destinos: Pamplona, Reus (Tarragona), vuelta a Melilla y a primera línea de fuego en distintos campamentos de África. Parecía que se iba a librar de la morisma en Barcelona, Manresa… pero, de vuelta al país del moro no sin antes hacer guarnición unos meses en Leganés (Madrid). Durante unos años participó activamente en la campaña de África y por los méritos que fue acumulando consiguió ascender. Pasó a Galicia como Director del Hospital Militar de Vigo. También fue Director del Hospital Militar de Carabanchel (Madrid). Por otro ascenso pasó al Ministerio de la Guerra como Comandante-Médico, dirigió el buque hospital «Almería» y ascendió a Teniente Coronel Médico destinado como director del Hospital Militar de Córdoba. De aquí se hace cargo del buque hospital «Castilla» y pasa a Marruecos donde permanece evacuando heridos hasta el conocido naufragio en aguas de Melilla el 12 de mayo de 1927. Tras dos años de excedencia forzosa en Trubia, se le concede la placa de la Orden Militar de San Hermenegildo pasando a prestar sus servicios a la Capitanía General y al Gobierno Militar. La proclamación de la Segunda República Española en 1931 le pone en Cangas después de casi 35 años de servicio a la Patria. ¡Más de la mitad de su vida!

Agotador, ¿verdad?… así lo contaba el protagonista:

A Madrid fui a estudiar,
pero no se si estudiaba
porque yo siempre cantaba
y era en cangués mi cantar.

Me hice luego militar.
Contra la morisma perra
fui tres veces a la guerra,
y a la sombra del pavés
seguí pensando en cangués;
seguí queriendo a mi tierra.

Cual si a ambulatorio sino
siempre estuviese sujeto,
siempre en marcha, siempre inquieto,
voy de destino en destino.

Mas, ya me cansa el camino.
Jadeante y anheloso
de este mar tempestuoso,
roto el timón y la quilla
va buscando mi barquilla,
de Cangas, almo reposo.

Pero quiero volver a Trubia, porque como os decía antes, no sólo en Cangas era conocido nuestro fundador, no olvidemos que aunque estuvo treinta y cinco años defendiendo la Patria Grande es nuestro fundador, fundó en 1925 el Tous pa Tous y la revista La Maniega, recordad…

y a la sombra del pavés
seguí pensando en cangués;
seguí queriendo a mi tierra.

Pero estábamos en Trubia. ¿Qué armaría (por aquello de la fábrica de armas) nuestro paisano allí para que los trubiecos lo hiciesen Hijo Adoptivo de Oviedo? Durante su estancia como médico en la fábrica de armas, edificó un sanatorio para obreros y les creó centros educativos y de recreo, en los que invertía sus escasos ratos libres dando charlas sobre higiene, alcoholismo, visitando enfermos pobres, facilitándoles alimentos y todo de forma altruista.

Su afán por hacer el bien y ayudar a los más necesitados llevó al Ministerio de la Gobernación a concederle la Cruz de Beneficencia. Y lo dicho, las gentes de Trubia lo acogen en su seno como hijo adoptivo de Oviedo. Pero lo mejor viene ahora…

En agradecimiento, nuestro paisano dedica en 1927 al pueblo de Trubia “un abrazo filial” haciendo gala de su modestia, ya que no le gustaba, para nada, recibir elogios, y les dice:

Y al abrazaros hoy, llamo a mi pueblo natal para abarcarlo entre nosotros: al acercarme a esta pila bautismal, he de bendecir la pila de Cangas del Narcea, en la que recibí el nombre de cangués, con el que me honré toda mi vida y que, con el de trubieco, seguiré honrándome; llamo al pueblo en que nací, donde se informó mi espíritu y en el que descansan mis padres. En este abrazo de hoy abrazo a Trubia y a Cangas, anhelando que también los dos pueblos se abracen.

Abrazaos, pues, los dos pueblos, el industrial y el agrícola, que buenas son las relaciones de Ceres con Vulcano; ambos os mantenéis firmes en las virtudes asturianas, los dos sois igualmente pródigos de corazón. El Trubia y el Narcea llevan unos mismos sones con matices tomados en Covadonga, con cadencias de las gestas hispanas […]

Ya sabéis…

y a la sombra del pavés
seguí pensando en cangués;
seguí queriendo a mi tierra.

Yo, la verdad, a lo mejor no soy objetivo, pero creo que no existió, ni existirá una persona, un personaje, que se merezca más la placa que hoy vamos a descubrir que este paisano. Lo que os acabo de contar son pequeñas pinceladas de lo que Mario Gómez amaba esta tierra que le vio nacer. Médico, militar, escritor en prosa, en verso, cronista, periodista, benefactor, alegre, dicharachero, pero sobre todo, CANGUÉS. CANGUÉS HASTA LA MUERTE y para muestra…:

Sueño ya, de mis vejeces,
despertar por las mañanas
al son de aquellas campanas
que llaman a aquellas preces.

El sol que nace en Rañeces;
y muere por Adralés,
alumbrándome en Cangués
mitigará mis dolores
y él hará crecer las flores
sobre mi tumba, después.

Solo en Cangas pienso ya.
Camino voy del retiro
y solo hacia el pueblo miro
donde mi retiro está.

Cansada mi vida va
en busca de la Refierta
a esperar me abran la puerta
de las tragedias canguesas,
y en barro de amigas huesas
quede mi huesa cubierta.

Como sabéis, a esta casa que él construyó es donde vino a vivir cuando se retiró del Ejército en 1931. El 2 de mayo de ese año escribe en una carta:

“Como habrás leído en la prensa, la República está haciendo las reformas que yo esperaba y a mí me ha traído un aguinaldo dándome mucho más de lo que yo esperaba. En vista de tal bicoca ya cursé la instancia pidiendo el retiro y cuento que para primeros de junio estaré en Limés libre ya e independiente para ir donde quiera”.

Y es que Mario tenía sus planes de jubilación (que no tienen nada que ver con lo que hoy conocemos por planes de pensiones). Como continuación a lo recitado antes sobre su deseo de morir en Cangas decía…

Pero antes que el trance llegue
haréme a las parcas fuerte
y haréle cara a la muerte,
si es que conmigo se atreve.

Antes que el diablo me lleve
daráme otras picardías
y otras nuevas alegrías
en mi pecho brotarán
y cantando pasarán,
leves las vejeces mías.

Tal vez mis piernas cansadas
se animen algún domingo
y pueda echar un respingo
o tejer unas pernadas.

Tal vez en glorias pasadas
se despierte mi mollera,
y sediento o moscardón
eche flores a un pendón
y eche al cuerpo una puchera.

Sueño en la paz del hogar;
sueño al amor de la lumbre
una tibia dulcedumbre,
y un tranquilo meditar.

Sueño en la vera del llar
y en los alegres corrillos
donde con mis chascarrillos
y mis cuentos y consejas
haré escándalo en las viejas
y reir a los chiquillos.

Lamentablemente, disfrutó muy poco tiempo de este retiro y de su querida casa de Limés. Falleció once meses después. Pero esto es algo triste y sin duda don Mario de triste tenía poco. Así que para terminar cantad conmigo: 

Ay macou-se la Pispireta
Pispireta ta muy mancada
Ay mancou-se la Pispireta
En camín de Veiga Pousada.  

Yo soy ferreirín
Nací nel Pumar
Crieime en Bisuyo
Caseime en Vitsar.

¿Queréis saber quién es el autor de esta letra? Pues, descubrid la placa.

Placa a la Memoria de Mario Gómez en Limés

Memorias de un cangués, de Mario Gómez y Gómez

Mario Gómez Gómez en Barcelona, 1909.

En 1915, cuando tenía 43 años y residía en la ciudad de Vigo, donde era director del Hospital Militar, Mario Gómez Gómez (Cangas del Narcea, 1872-1932) comienza a escribir sus recuerdos de Cangas del Narcea, que como otros de sus escritos nunca llegó a terminar ni a publicar.

Las memorias de Mario Gómez no son unas memorias íntimas ni familiares, sino unos recuerdos de la vida colectiva de Cangas del Narcea. Abarcan solamente el tiempo de su primera infancia, y esos primeros recuerdos le sirven de excusa para escribir sobre la sociedad canguesa de aquellos años del siglo XIX.

De este modo, cuando escribe sobre el incendio de la casa de Jiménez, que sucedió siendo él un niño, acaba contándonos la historia del comercio en la villa de Cangas del Narcea; cuando recuerda la parada de carruajes y recuas en la plaza de la Refierta (hoy, plaza de Mario Gómez), donde él nació y vivió, aprovecha para describir la arriería de los vecinos del Puerto de Leitariegos, la emigración de los cangueses, etc.; cuando habla de sus paseos a Corias con su abuelo, el médico Benito Gómez, cuenta la historia de llegada e implantación de los dominicos en 1860; cuando rememora el entierro de don Evaristo Flórez de Sierra, de la casa de Nando, acaecido durante su infancia, termina escribiendo sobre los antiguos linajes cangueses, relatando cómo eran los curas párrocos de aquel tiempo, etc.

Las casas de Villamil (a la izda) y de Gómez o casa del Médico (a la dcha), donde nació Mario Gómez en 1872, en la plaza de la Refierta, Cangas del Narcea, hacia 1900; en uno de los balcones del primer piso está su padre, José Gómez. Foto de Eduardo Méndez-Villamil.

En estas memorias hay datos muy valiosos sobre la historia, las costumbres y la vida cotidiana del concejo de Cangas del Narcea en el siglo XIX. Lo que escribe Mario Gómez  sale de sus propios recuerdos y también de lo que le contaron otras personas mayores que él. En primer lugar, de su abuelo. Mario Gómez fue el primer nieto de Benito Gómez (1816 – 1891), el primogénito de su única hija, y ambos , abuelo y nieto, tuvieron una relación muy estrecha. Además, para conocer hechos que acontecieron poco antes de nacer él, entrevistó a personas que habían vivido personalmente algunos de esos hechos relevantes  en la historia local. Menciona a tres informantes: el Tío Alonso de casa Basilio, de El Puerto de Leitariegos, al que entrevistó en Madrid, y que le habló de la arriería y la historia de Leitariegos y su privilegio; Benemérito de Llano Rodríguez-Arango que le informó de la explotación del monte de Muniellos en los años sesenta del siglo XIX y de la entrada de los carlistas en la villa el 17 de enero de 1874, y Claudia de casa Cachón, de Corias, que le contó sus recuerdos de la llegada de los primeros dominicos al convento de Corias en los últimos meses de 1860.

El texto que publicamos en la web del Tous pa Tous está tomado de la edición que en 1985 hizo José María González Azcárate y que publicó la Asociación Cultural “Pintor Luis Álvarez”. El original pertenecía a doña Maruja Peñamaría Gómez, sobrina de Mario Gómez Gómez. En esta nueva edición hemos corregido algunas erratas de imprenta, y añadido información sobre personas y hechos que va entre corchetes.

Memorias de un cangués, de Mario Gómez y Gómez
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Los quintos de Cangas del Narcea en 1886

Recuperado el Libro del Reemplazo de ese año, que será entregado en las próximas semanas al Archivo Municipal de Cangas del Narcea.

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Soldados de Cangas del Narcea retratados en Corias, hacia 1927. Fotografía de Benjamín R. Membiela.

El socio del Tous pa Tous Eladio Regueral Martínez ha encontrado en su casa el Libro del Reemplazo de 1886 del concejo de Cangas del Narcea, en el que se recoge todo lo concerniente al llamamiento de mozos para el servicio militar obligatorio, cuya responsabilidad recaía en los ayuntamientos.

El servicio militar obligatorio se había establecido en España en 1835. En 1886 duraba tres años. Los ayuntamientos tenían encomendada por la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército el llamamiento de todos los varones de 19 años para el cumplimiento de ese servicio. La lista de los mozos se solicitaba a los alcaldes de barrio y a los curas párrocos, que la hacían a partir de los libros de bautizados. En la casa consistorial, ante una comisión integrada por representantes del municipio, dos médicos, un oficial del Ejército y un sargento tallador, se medía la estatura de los mozos y se presentaban las alegaciones para librarse de este servicio. Existían varias causas para no hacer la mili: no alcanzar la talla mínima exigida (1,50 metros), padecer alguna enfermedad o defecto físico y tener una situación familiar desfavorable: hijo de viuda, hijo de padre pobre e impedido, “hermano de soldado y mantener a su padre impedido y pobre”, etc. Cuando el joven no se presentaba, eran su padre o su madre quienes comunicaban a la comisión que su hijo había fallecido o residía fuera. Para avalar la situación familiar del mozo, este tenía que presentar dos testigos ajenos a la familia y un informe del párroco.

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Circular del alcalde de Cangas del Narcea solicitando al párroco y al alcalde de barrio de Larna la relación de mozos de la parroquia para el llamamiento al servicio militar, 20 de diciembre de 1919.

Toda esta información se recogía, año tras año, en unos libros que se conservaban en los archivos municipales y que son una fuente de información muy útil para conocer la vida de nuestros antepasados. Lamentablemente, en el Archivo Municipal de Cangas del Narcea solo se conserva un libro de esta clase del siglo XIX, el que corresponde al reemplazo de 1848, y los del siglo XX comienzan en 1918 y llegan hasta la desaparición del servicio militar obligatorio en 2001. Todos los libros que faltan, desde 1848 hasta 1918, fueron inexplicablemente tirados a la basura en los años sesenta del siglo XX, por orden de un secretario municipal, y eso, a pesar de que estos libros habían sido encuadernados a conciencia con el fin de perdurar en el tiempo.

El libro de 1886 aparecido ahora se conservó gracias a Eladio Regueral Uría, funcionario municipal, que decidió “salvarlo” porque uno de los mozos que aparece en él es su padre, Adoración Regueral Flórez.

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Gráfica que refleja el nº de mozos del Reemplazo de 1886 clasificados según la talla.

Los jóvenes del reemplazo de 1886 habían nacido en 1867. En Cangas del Narcea fueron llamados a filas: 237 mozos, de los cuales se tallaron 209. La talla media de estos jóvenes era: 1,52 metros. Una estatura realmente baja para jóvenes varones. En esa época la talla media de los reclutas españoles era de 1,61 m., que era, además, la más baja de la Europa occidental: la de los franceses era 1,66 m., y la de los ingleses y suecos: 1,69 m. Todos los estudiosos de la estatura humana están de acuerdo en que estos registros constituyen el mejor parámetro para evaluar el bienestar biológico y la nutrición de las poblaciones. “La talla -según el estudioso James Tanner- es el espejo del nivel de vida de una sociedad”, y conociendo la talla de los mozos de Cangas del Narcea en 1886 está claro que la penuria en la que vivían muchos de nuestros antepasados era grande.

El mozo más bajo del concejo de Cangas del Narcea en 1886 medía 1,09 m. (José Torre Hidalgo, de Robledo de Tainás), había otro de 1,20 m. (Rudesindo Rodríguez Pérez, de Peñas), y cinco de 1,30 m. (Juan Amago Álvarez, de Escrita; Manuel Rubio Rodríguez, de Trones; Francisco Rubio González y Enrique Fernández Berdasco, de Parada de Tainás, y Manuel Blanco, de La Linde). Cincuenta y nueve mozos medían entre 1,45 y 1,49 metros. Los más altos alcanzaban la talla de 1,70 m. y eran cuatro. Eso sí, ninguno de todos estos fue al Ejercito, ni los bajos ni los altos.

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Lista de los mozos del Reemplazo de 1886 (I)

Los primeros libraron por su baja estatura y los últimos por diversos motivos: Alfredo Ron González, de Cangas del Narcea, alegó defectos físicos y fue declarado inútil; José Iglesias, de Arbolente, hijo de padres desconocidos, “alegó enfermedad del pecho y defecto en un pie”; Segundo López López, de Gedrez, “alega mantener a su madre viuda y pobre, y para probarlo presenta por testigos a Pablo Collar, su vecino, y Manuel Iglesias, de esta villa, los que juramentados en forma declaran: El Collar que conoce a la madre del alegante, viuda y pobre, y que solo tenía cuatro hijos varones, llamados Manuel, que está impedido [según los médicos tenía un bocio bastante voluminoso que le impedía dedicarse a cualquier clase de trabajo], José y Benito, estos dos menores de diez y siete años, y al alegante, que es quien se dedica constantemente al cultivo de una corta labranza que llevan parte de arriendo y parte en propiedad, con lo que, calcula el testigo, aporta a su madre cuatro reales diarios con los que le ayuda a vivir y sin estos auxilios la madre y hermanos se verían reducidos a la miseria”, y, por último, Ladislao López Fernández, de Cangas del Narcea, “alegó deformidad del tórax con dificultad de la respiración y de los movimientos; pero si no le fuese suficiente alegó también mantener a su hermano Benito, menor de 17 años e impedido, exención que presenta para que se le oiga sino es suficiente la primera”.

No era algo excepcional alegar motivos para evitar el servicio militar. En España nadie quería ir al Ejército y por eso casi la totalidad de los 237 mozos cangueses alegaron algún motivo para evitarlo. Las razones eran muchas. En aquellas fechas el servicio militar era muy largo (tres años) y las condiciones de los cuarteles eran penosas: había poca higiene, la comida era mala y el trato al soldado era muy duro. Además, muchos iban destinados para las colonias de Ultramar, especialmente a la isla de Cuba y allí morían muchos soldados, no en combate, sino por enfermedad; la cifra era terrible, de cada dos soldados que marchaba a Cuba, uno fallecía. Por otra parte, en un concejo de campesinos como era Cangas del Narcea en 1886, el que un hijo de 19 años se marchase durante tres años y no trabajase para su casa en la labranza y la cría del ganado suponía una pérdida muy grande.

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Lista de los mozos del Reemplazo de 1886 (II)

El destino de los quintos cangueses de 1886 fue el siguiente: 98 mozos fueron excluidos totalmente por medir menos de 1,50 metros y nueve fueron declarados inútiles por defectos físicos; la mayor parte de los mozos fueron declarados “soldados condicionales” o “en depósito” porque alegaron mantener a sus padres pobres o sexagenarios, o ser hijos de viuda o de madre soltera y pobre (16 mozos eran hijos de mujeres solteras), etc. En definitiva, solo 45 mozos del concejo de Cangas del Narcea fueron sorteados como soldados ese año.

Ocho mozos fueron declarados prófugos: Evaristo Díaz Argüelles, de Cangas del Narcea, “se presentó su padre y expresó que se halla en la República Argentina y residiendo en Buenos Aires, sin que sepa la calle”; Pedro Díaz Fernández, de San Pedro de las Montañas, “se presentó su tío Manuel Díaz y manifestó que el mozo se halla en la Isla de Cuba, sin que sepa su paradero ninguno de la familia”; Quintín Álvarez, de El Otriello, “se presentó su padrastro Antonio Campos y expresó que el mozo se halla de viaje, pero que padece defecto físico”; Marcial Martínez Álvarez, de El Otriello, “en Madrid desde hace cinco años”; Miguel Díaz Rodríguez-Castellano, de Fuentes de las Montañas, “se presentó su padre y manifestó que su hijo se halla en la Isla de Cuba y que no sabe de su paradero hace cuatro años”; Antonio Martínez González, de Anderve, “no se presentó nadie”; Manuel López Flórez, de Regla de Cibea, “se presentó su padre y expresó que el mozo se halla en Madrid y que tenía algunos defectos físicos”; Ginés Gómez López, de Caldevilla de Rengos, “según manifestación de José Pérez, de Posada, tanto él como sus padres y hermanos viven en Madrid”.

La emigración fue uno de recursos habituales que tuvieron los pobres para escapar del servicio militar: Cuba, Argentina y, sobre todo, Madrid. Más de una veintena de los mozos llamados a filas en Cangas del Narcea residían en Madrid, y los testigos que se presentaban en el ayuntamiento juraban que eran aquellos mozos los que mantenían a sus padres, “pobres e impedidos”, con el dinero que enviaban por medio de los arrieros de El Puerto o de algún vecino. Algunos de estos mozos mencionan sus trabajos en Madrid: Manuel Collar Collar, de Gedrez, “camarero en el café de la Concepción”; Vicente García Rodríguez, de Cibuyo, aguador, o José Ramón Vega Álvarez, “dedicado al comercio”.

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Lista de los mozos del Reemplazo de 1886 (III)

Los motivos que alegan los mozos y sus familiares para no ir al servicio militar constituyen un mosaico de vidas canguesas en aquel año de 1886. Ese año y los anteriores fueron tiempos de hambre y penuria debido a malas cosechas, que provocaron la escasez de alimentos y la pobreza generalizada. Por ejemplo, el caso de Celestino Rodríguez Álvarez, de Olgo, que reside en Madrid desde mayo de 1885, tiene una hermano casado que solo vive de su trabajo en el campo, y, según un testigo “él era quien cultivaba la labranza que el padre posee y con cuyos productos lo mantenía; que si marchó para Madrid fue con objeto de ganar algún dinero para ayuda de pagar contribuciones, rentas y algunas deudas que tiene el padre sobre sí; que desde que está en Madrid saben que le ha remitido algunas ropas, y el padre cuenta con lo que el hijo gane para salir de sus atrasos”.

Otro caso más: Faustino Acevedo Fernández, de Carballo, también residía en Madrid, su padre, según los médicos, tenía una “gastritis crónica” y sus dos hermanos era “raquíticos y no pueden ayudar en nada al padre”; Faustino, según un testigo, “hasta hace cosa de dos meses que marchó para Madrid se dedicaba constantemente a ganar un jornal en la carretera o en las viñas, cuyo producto de cinco reales entregó siempre al padre como buen hijo; que el padre es sumamente pobre y está impedido, por cuya razón le es indispensable el auxilio del hijo Faustino, el cual desde que marchó para Madrid le remitió treinta reales y algunas ropas por los arrieros del Puerto”.


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Sor Sagrario (Miravalles, Cangas del Narcea, 1919 – Santander, 2019). 70 años de pasión por el prójimo

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Sor Sagrario recogiendo La Cruz de la Victoria, distinción otorgada por el Centro Asturiano de Cantabria a la Cocina Económica de Santander en su centenario

Dicen de ella que tiene una «viveza en los ojos, un andar resuelto y una forma de hablar que apabullan a su interlocutor». Con 93 años, María del Sagrario Rodríguez Álvarez, más conocida como Sor Sagrario, tiene claro que si «volviese a nacer mil veces, mil veces sería Hija de la Caridad». La vocación y la fe de esta mujer desbordan a quien la escucha. Su mente, de una lucidez extraordinaria, le lleva a recordar con pelos y señales los motivos y las reflexiones que llevaron a una joven asturiana de 23 años a vestir el hábito y dedicar su vida a los demás.

Aunque lleva 69 años residiendo en Santander, donde trabajó en numerosas instituciones benéficas como el Hogar Cántabro o la Cocina Económica, no olvida sus raíces asturianas, con las que mantiene permanente contacto. De hecho, el Centro Asturiano de Santander, en el que participa activamente y del que es Miembro de Honor, la ha homenajeado recientemente por sus 70 años vistiendo el hábito.

Sor Sagrario nació en 1919 en el pequeño pueblo de Miravalles, de la parroquia de San Juliano de Arbas, cuando Cangas del Narcea se llamaba todavía Cangas de Tineo -cambiaría su nombre en 1927-, en el seno de una familia campesina pero con recursos. Ella, la quinta de seis hermanos, siempre tuvo claro que le gustaba «más la iglesia que las romerías». Había algo entre las Sagradas Escrituras que le «llenaba el espíritu» y que en las fiestas no pudo encontrar. Aunque también le encantaba bailar, sobre todo «el son d’arriba», la vocación fue superior en todos los sentidos.

«Desde pequeña sabía que iba a ser monja», asegura. Su vida no fue fácil, ya que «en plena Guerra Civil, el 16 de abril de 1938», murió su madre. Sagrario contaba 17 años. Esta pérdida le impactó mucho y le llevó a recordar todo lo que de ella había aprendido. «Era una santa», recuerda, y relata la constante ayuda que ofrecía a los necesitados del pueblo. «En aquella época no había Seguridad Social, así que ella acompañaba a un familiar, que era médico, y le ayudaba a preparar vendas, desinfectarlas, aplicar pomadas, cataplasmas…», explica. Y Sagrario iba con ella. «Todo eso me llamó muchísimo. Aprendí a hacer un montón de cosas que luego me sirvieron mucho», relata.

Hasta que un buen día presenció una escena en la que un grupo de Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl ayudaba a un hombre necesitado. Una escena que le «impactó» y que marcó sus futuros pasos. Aunque había estudiado mecanografía y contabilidad en Madrid, en 1941 se puso en contacto con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y en 1942 tomó los hábitos.

«Cristo me llamaba»

Su primer destino fue el último: Santander. Allí aprendió de la generosidad y el carácter de los cántabros, «tan similar al de los asturianos». Toda su vida se sintió «muy bien acogida» y, aunque echó de menos Asturias, nunca perdió el contacto «con la tierrina». El momento más difícil fue la separación de su padre, en 1944. Él estaba muy enfermo y ella recibió un permiso para ir a verle. Apenas llevaba dos años de monja y pudo abandonarlo todo para permanecer junto a su familia. «Me desgarró dejar a mi padre pero lo hice porque lo que cuesta es lo que vale. Cristo me llamaba», explica. Al día siguiente de su vuelta a Santander, recibió la noticia de que había muerto.

Hoy Sagrario se sorprende de los recientes retrocesos en materia social tras décadas de continuo avance y progreso. Ella, que toda su vida la ha dedicado a ayudar a los demás, ve cómo ahora aumenta sin medida el número de personas que solicitan cada día la beneficencia y que acuden a la Cocina Económica.

No obstante, su vocación no flaquea lo más mínimo y, pese a que el 23 de agosto celebrará su 94 cumpleaños, no encuentra tiempo para la jubilación. «El compromiso de una Hija de la Caridad es para toda la vida», sostiene, convencida.


Fuente: El Comercio / Autor: D. Figaredo / Gijón, 28.05.12


La inolvidable religiosa de la Cocina Económica de Santander falleció el 3 de marzo de 2019, a punto de cumplir su centenario. Su huella humana, de ilimitada generosidad hacia los demás, será indeleble. Un ejemplo a seguir. Descanse en paz.

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Cangueses en Mauthausen

A la memoria de José Pérez «Pepe Caín» y José Fernández

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Presos en el campo de concentración de Mauthausen

El horror y la barbarie del siglo XX también se llevó por delante a muchos cangueses. Este es el caso de dos paisanos nuestros, José Pérez Fernández «Pepe Caín» y José Fernández Martínez, que murieron en 1941 en el campo de concentración de Mauthausen y a los que queremos recordar en nuestra web del Tous pa Tous. Ellos fueron, según la información de que disponemos, los únicos cangueses que padecieron esa inmundicia de la Historia que fueron los campos de trabajo y de exterminio nazis.

El campo de Mauthausen fue construido en Austria  para albergar a «enemigos políticos incorregibles del Reich». Como el número de deportados fue tan grande, alrededor del primer campo se construyeron varios «kommando» o campos auxiliares, como el de Gusen, situado a cinco kilómetros de Mauthausen. Los presos trabajaban en fábricas de armas y, sobre todo, en canteras de granito, en unas condiciones durísimas y con un régimen de vida inhumano. La consecuencia de tanto maltrato fue la muerte de 154.000 hombres, de un total de 206.000 que ingresaron en estos campos entre 1939 y 1945. Allí murieron algo más de siete mil españoles, entre los cuales había 96 asturianos; todos ellos eran exiliados republicanos que habían sido apresados en Francia.

Ramiro Santisteban Castillo, que fue uno de los dos mil españoles que salió vivo de este campo de concentración, escribió:

«El primer día en que llegaron presos españoles a Mauthausen, el 6 de agosto de 1940, yo me encontraba entre ellos; tenía entonces diecisiete años y entraban también en aquel campo conmigo mi padre y mi hermano mayor. Allí conocimos lo que nunca antes hubiésemos podido imaginar. Los trabajos en la cantera o en otros lugares hasta caer agotados; el hambre; las enfermedades; los castigos crueles. Los hijos veían consumirse a sus padres; muchos iban viendo morir a sus compañeros de lucha, a sus paisanos. Otras veces simplemente desaparecían, enviados a un destino desconocido; entonces sospechábamos lo peor, y esas sospechas un día se revelaron ciertas. Por supuesto, nosotros no éramos allí las únicas víctimas; a nuestro alrededor otros grupos padecían un destino similar e incluso en ocasiones, la eliminación rápida y total».

En el campo de Mauthausen a los presos españoles se les identificaba con un triangulo azul con la letra S (de «spanier», español) que llevaban cosido a la ropa. El color azul era el reservado para los apátridas, pues Franco nunca reconoció la existencia de estos compatriotas.

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Los hermanos Pérez Fernández: sentado Conrado con Olvido; de pie (de izda. a dcha.): Pepe, Manuel y Mario, 1926. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Col. Juaco López Álvarez

José Pérez Fernández «Pepe Caín» ingresó en Mauthausen el 6 de agosto de 1940, con el primer contingente de 392 españoles que llegaron a este campo de concentración. Le asignaron el número 3372. Era natural de la villa de Cangas del Narcea, donde había nacido el 14 de septiembre de 1910. Fue apresado por los alemanes en el norte de Francia en mayo o junio de 1940, durante la ofensiva que trajo consigo la derrota del ejército francés y la toma de gran parte del país vecino por el ejército alemán. Los republicanos españoles que estaban en esta zona pertenecían a Regimientos de Voluntarios Extranjeros o Compañías de Trabajadores Extranjeros organizados por los franceses. Todos los españoles que fueron capturados por los alemanes fueron considerados militares y tratados como prisioneros de guerra. Pepe Caín fue enviado al campo de prisioneros de guerra Stalag VII-A en Moosburg, localizado en el estado de Baviera, en el sureste de Alemania, y el 6 de agosto fue deportado a Mauthausen. Murió el 23 de agosto de 1941 en Gusen, «un kommando o campo auxiliar destinado al exterminio de los presos más débiles»; tenía 31 años de edad.

Pepe Caín pertenecía a una familia muy conocida en la villa de Cangas del Narcea, que tenía su domicilio en la calle El Gallego, y estaba formada por Manuel Pérez Menéndez, de Cangas, y Josefa Fernández Acevedo, de Figueras (Castropol), y sus cinco hijos: Conrado, Manuel, José, Mario y Olvido. El padre era fontanero y el mismo oficio lo continuaron algunos de sus hijos. Conrado, el mayor de los hermanos, nacido en 1900, era en 1929 corresponsal del diario Región.  Manuel era miembro del PSOE. La Guerra Civil fue terrible para esta familia: trajo la muerte de Mario en el frente y la de José en Mauthausen, y el exilio de Manuel a México, de donde no regresó nunca más.

Con la entrada del ejército franquista en Cangas del Narcea el 22 de agosto de 1936, José marcha de Cangas y hace el periplo que hicieron muchos republicanos cangueses: huye a la Asturias republicana y en octubre de 1937, con la caída de Gijón, sale en barco a Francia y pasa a Cataluña. Este recorrido lo hizo con su hermano Manuel y su cuñada Eva Flórez-Valdés Menéndez. Su hermano se incorpora al ejército republicano y se va al Frente de Valencia, y Pepe y su cuñada quedan en Granollers. En febrero de 1939 vuelven a pasar a Francia donde son recluidos en campos de refugiados.

En noviembre y diciembre de 1939 Pepe Caín está en el campo de Septfonds, en el departamento de Tarn y Garona, con Emilio Menéndez Rodríguez «Milio el Pesqueiro» y Manuel Agudín Antón, ambos de Cangas del Narcea. En 1940 se traslada al norte de Francia a trabajar cerca de la frontera con Bélgica, seguramente encuadrado en una Compañía de Trabajadores Extranjeros, y en junio lo hacen prisionero los alemanes durante la invasión de Francia. En una carta de Manuel Agudín escrita desde Lanemazan (Altos Pirineos) a su mujer el 7 de agosto de 1940, le dice: «Pepe Caín estaba trabajando cerca de Bélgica por eso lo cogieron y los consideran militares».

El resto de este grupo de exiliados cangueses tuvo mejor suerte. Manuel Agudín y Manuel Pérez, el hermano de Pepe Caín, y su mujer y su hija Aida salieron de Marsella a Casablanca y de aquí a México en septiembre de 1942, y Milio el Pesqueiro pudo marchar a Cuba.

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En la moto están Mario y detrás Pepe, y en el sidecar: Olvido y Conrado, en Corias (Cangas del Narcea), 1932. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Col. Juaco López Álvarez

En cuanto a Pepe Caín, es probable que cuando fue apresado por los alemanes en el norte de Francia estuviese con otros dos cangueses: Moisés Avello Morodo, que sabemos que también estuvo en el campo de Septfonds, y Joaquín Flórez López. Si así fue, es posible que Pepe Caín sea el tercer protagonista de la siguiente historia que nos relata José Avello Flórez.

«Esta historia me la contó hace muchos años, creo que en 1960, mi tío Moisés Avello Morodo, la primera vez que le visité en París, donde vivía, por lo que ya he olvidado muchos detalles y seguramente he añadido otros, pues la memoria tiene esos extraños recovecos de aliarse con el olvido y con la imaginación que la reconstruye a partes iguales. En todo caso, a grandes rasgos, creo que lo sucedido fue lo siguiente.

Mi tío paterno Moisés pasó a Francia con las últimas unidades del ejército republicano al final de la Guerra Civil y junto con tantos otros soldados fue internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer o en otro similar («donde había una gran playa», según me dijo). Allí se encontró con varios más de Cangas, entre quienes estaba un buen amigo suyo, y hermano de mi madre, Joaquín Flórez López, por tanto, también tío mío. En septiembre de 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los dos se alistaron voluntarios en el ejército francés, no sé si en una unidad específica de españoles o de otra forma, pero lo cierto es que fueron movilizados y trasladados al frente, en el norte de Francia, donde cayeron prisioneros en medio de la debacle del ejército francés, que perdió la guerra en unas pocas semanas. Estaban pues prisioneros de los alemanes, cuando les comenzaron a trasladar junto con otros muchos españoles hacia campos de concentración en el interior de Alemania. Iban medio hacinados en trenes que viajaban con gran lentitud y, según me relató mi tío Moisés Avello y años más tarde me confirmó mi otro tío Joaquín Flórez, iba con ellos otro cangués, cuyo nombre ya he olvidado, pero que podría ser Pepe Caín, y en un determinado momento, antes de salir de Francia, tuvieron la oportunidad de tirarse del tren y escapar. Mis dos tíos no lo dudaron y se tiraron del tren junto con algunos otros. Según me contaron, también animaron a saltar al otro cangués, pero éste, por alguna razón (quizás miedo, quizás cansancio o esperanza de conseguir mejor trato en el futuro) no se atrevió a saltar.

En los meses siguientes, mis tíos atravesaron Francia a pie, escondiéndose por los montes, hasta el sur, cerca de Toulouse, donde permanecieron escondidos, colaborando con la resistencia francesa durante toda la guerra. Sobrevivían  haciendo carbón vegetal, integrados en un grupo de resistentes y participando ocasionalmente en algunas acciones de guerra y sabotaje. En una de ellas mi tío Moisés fue herido y trasladado de lugar, motivo por el que perdió el contacto con mi tío Joaquín, quien también sería herido y viviría oculto en una casa de Toulouse durante mucho tiempo. No se volvieron a ver nunca más. Moisés viviría en Bretigny sur Orge, cerca de París, empleado en una compañía de conducciones de petróleo y falleció en 1975 en un accidente de tráfico sin haber vuelto nunca a España, pues había jurado no hacerlo mientras viviera Franco, quien irónicamente fallecería un mes después que él. Mi tío Joaquín Flórez se quedó a vivir en Toulouse, donde se casó con la joven que le escondió cuando cayó herido durante la guerra y con la que compartió su vida. Tenía una tienda y él sí volvió a España varias veces y estuvo en Cangas, siempre con unas incontenibles ganas de hablar y rememorar el pasado; falleció en la década de los noventa».

El otro cangués muerto en Mauthausen fue José Fernández Martínez, nacido el 16 de noviembre de 1909. La información sobre su lugar de nacimiento no está clara: en el libro de M. Razola y M. C. Campo, Triangulo azul: Los republicanos españoles en Mauthausen, 1940-1945, editado en 1969,  se dice que era de Regla de Cibla (que podría ser Regla de Cibea); en la base de datos de la «Fondation pour la memoire de la Deportation»  pone Corias, y en la lista de «Españoles deportados a Campos de Concentración Nazis», que puede verse en la web del Ministerio de Cultura de España, dice: San Pedro de Corias.

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Presos trabajando en Mauthausen

Para saber algo sobre este hombre hemos recurrido al Archivo Municipal de Cangas del Narcea y a su encargada Marta Veiga Fontaniella, así como al Registro Civil. En el Padrón de habitantes del concejo de Cangas del Narcea de 1930 aparece empadronado en la parroquia de Cibea, en el pueblo de Sorrodiles, un José Fernández Martínez, de 18 años, que vivía con sus padres, José y Encarnación, dos hermanos mayores, María de 22 años  y Manuel de 20 años, y un tío, Pedro Fernández. Eran de Casa Manolín del barrio de L’Abichera. Hemos hablado con un sobrino suyo que vive en Sorrodiles y tiene 78 años, y nos dice que su tío José, al que no conoció, murió en África de una pulmonía durante el servicio militar. El joven aparece en la «Lista de Mozos del Reemplazo» de 1934 de Cangas del Narcea y allí consta su fecha de nacimiento: 24 de marzo de 1913. Es decir, no es la persona que estamos buscando.

Por otra parte, en el Padrón de 1930 no aparece ninguna persona con este nombre en Corias ni en San Pedro de Corias, ni tan siquiera que lleve esos mismos apellidos. Sin embargo, en la «Lista de Mozos de Reemplazo» de 1930 aparece un José Fernández Martínez, de Corias, hijo de Gabino y Escolástica. Recurrimos al Registro Civil de nacimientos y allí confirmamos que este mozo es el mismo que estuvo en Mauthausen. Su padre era natural del barrio de Ambasaguas, de Cangas, y su madre del pueblo de Fonceca (parroquia de Limés), y en 1909 eran vecinos de Corias. En 1926, el padre, Gabino Fernández Marcos, era socio del Tous pa Tous y seguía viviendo en Corias, y es probable que en ese año su hijo José también fuese socio de nuestra sociedad. En 1927 la familia se traslada de domicilio y no sabemos nada más de ella.

José Fernández Martínez fue capturado por los alemanes y enviado al campo de prisioneros de guerra Stalag XB en Sandbostel, en el noroeste de Alemania. Fue trasladado al campo de Mauthausen, donde ingresó el 3 de marzo de 1941. Murió en el campo auxiliar de Gusen, conocido como «la antesala de la muerte», el 9 diciembre de ese mismo año, aunque también con respecto a esta fecha hay datos diferentes, pues algunas fuentes de información, como la del Ministerio de Cultura de España, dan la fecha de 16 de noviembre, que claramente es una confusión con su fecha de nacimiento. Si alguna persona puede aportarnos alguna información sobre la vida de José Fernández Martínez, por favor, no deje de hacerlo.

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Fotos del taxista José Queipo, «El Meca»

Automóvil Ford en Corias, hacia 1920; “El Meca” es el primero que aparece asomado en la ventana de atrás. Fotografía de Benjamín R. Membiela.

José Queipo Fernández fue probablemente el primer taxista o chofer de automóvil de alquiler de Cangas del Narcea. Si no fue el primero, fue uno de los primeros. Nació en 1891 en Cangas del Narcea y en 1923 matriculó en Oviedo un coche para este destino. Después tuvo más coches y llegó a tener más de uno al mismo tiempo, para lo que contaba con la ayuda de su sobrino Cesar Uría Queipo.

Automóvil en Corias, hacia 1922; “El Meca” esta sentado detrás, a la derecha. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Colecc. Carmen Rodríguez.

A José Queipo le llamaban «El Meca», como apócope de «El Mecánico», que era el nombre con el que se conocieron en España a los primeros conductores de automóviles. El Diccionario de la Real Academia Española aun recoge como significado de esta palabra el de «conductor asalariado de un automóvil», aunque advierte que hoy es una palabra poco usada con este sentido.

Su sobrina Carmen Rodríguez nos ha facilitado varias fotos que guardaba «El Meca» de su vida como taxista.

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Automóvil en Corias, hacia 1925; sentado detrás está César Uría Queipo. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Colecc. Carmen Rodríguez.

Una de ellas corresponde a una fiesta que celebraron el 10 de julio de 1929 los chóferes cangueses con motivo del día de San Cristóbal, patrono de conductores y automovilistas. La revista La Maniega recogió una exhaustiva crónica en su número 21, de julio-agosto de 1929, que muestra la importancia que el sector tenía en Cangas del Narcea. Leamos algunos párrafos de esta crónica, donde aparece «El Meca» junto a otros pioneros de la automoción canguesa:

Chóferes y automóviles en Entrambasaguas en la fiesta de San Cristóbal, Cangas del Narcea, 10 de julio de 1929. Colecc. Carmen Rodríguez.

«Y hay que ver la exquisita finura, el amable trato de nuestros chóferes. Si son señoras o niños los que viajan, aquéllos saben andar a paso de carreta, el de Mata al de marcha religiosa. Si las señoras se marean, ellos toman las vueltas con giros de rigodón. «El Meca» y Rogelio las dan con elegancias cortesanas. Mahón conoce todos los baches de todas estas carreteras y los sortea con habilidoso desdén. Si se tropieza una piara de ganado, «el Negro» los separa con un gesto imperioso; «el Moreno» pasa por entre ellos acariciándolos. Si las señoras piden agua, ellos la encuentran al momento; los hermanos Abad conocen todos los manantiales de estas vías. Si los turistas piden vino, ellos dan siempre con el mejor.

“El Meca”, el primero por la izquierda, con unos viajeros, hacia 1930. Colecc. Carmen Rodríguez.

Pero ellos no lo catan; mejor que el de sus autos es el freno que llevan en su garganta. Van de fiesta, van de merendola, van con gente de humor, y ellos se abstienen. Si al paso encuentran alguna guapa rapaza, no por eso se distraen. Xé el de Camilo, los Tornadijo, vuelven los ojos con pudores de fraile. Todos tienen impertérritos las manos en el volante, y los ojos en la carretera, y el ánimo en los viajeros, y el espíritu en sus responsabilidades. Por eso, en Cangas, son contados los accidentes, si es que hay alguno.

“El Meca”, sentado entre los faros del taxi, en la Gira de Santana; detrás el gaitero Fariñas, hacia 1955. Colecc. Carmen Rodríguez.

Quince autos y tres camionetas formaron en la Plaza de Toreno el día 10 de julio [de 1929]. Entre ellos vimos marcas Lincoln, Buick, Mercedes, Studebaker, Ford, Chevrolet, Bernard, Panhard, Hispano-Suiza, Delahaye,  Willys Knight, Motobloc, Dodge, y eso que a la festividad fallaron 15 automóviles más de los que tienen su domicilio en Cangas. ¡Que se diga, ahora, lo que en estas andanzas es nuestra villa!

No damos los nombres de los chóferes que asistieron por no hacer larga esta reseña […]. Por la calle Mayor y la Vega, y cruzando el puente viejo, rodearon con sus autos la ermita de Entrambasaguas, autos que, después de una misa, bendijo, a la puerta, el señor párroco de Limés. El momento fue emocionante. Grandes palenques hacían acorde al estruendo de las bocinas y motores. Toda la gente menuda de la villa vitoreaba a los expertos chóferes; aquel paraje asemejábase a un gran puerto de mar en día regio.

Por la tarde, suculento banquete, y por la noche, gran baile, pues nuestros chóferes, que no las gastan menos, llevaron nuestra Banda de música.»


Fernando de Valdés y Llano (Cangas del Narcea, 1575 – Madrid, 1639), arzobispo de Granada, presidente del Consejo de Castilla y fundador de la Colegiata de Cangas del Narcea

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Retrato de don Fernando de Valdés LLano que se conserva en la sacristía de la iglesia parroquial de Cangas del Narcea

La biografía de don Fernando de Valdés Llano (Cangas del Narcea, 1575 – Madrid, 1639) que presentamos en la web del Tous pa Tous es el texto de una conferencia que dio en Cangas del Narcea don Juan José Tuñón Escalada, Abad de Covadonga y Presidente de la Comisión Diocesana del Patrimonio Cultural de la Iglesia, en 2007 y que se publicó en la revista La Maniega, nº 158. Valdés Llano fue arzobispo de Granada y presidente del Consejo de Castilla, y en su testamento dejó establecida la fundación de la Colegiata para su villa natal, así como un hospital y una escuela para niños. Además, su poder y dinero fue crucial para el ennoblecimiento e impulso de sus familiares, los Queipo de Llano, y la concesión del título de conde de Toreno en 1647. El estudio de Tuñón Escalada analiza la biografía de Valdés Llano y todas sus fundaciones, así como la trascendencia que tuvieron éstas para Cangas del Narcea y para Asturias.

Retrato del Arzobispo Fernando de Valdés. Autor: Diego Velázquez, 1640-5 y pertenece a la National Gallery de Londres

La imagen de don Fernando de Valdés Llano la conocemos muy bien gracias al retrato que se conserva en la sacristía de la iglesia parroquial de Cangas del Narcea y, sobre todo, por el retrato que le hizo Diego Velázquez, pintor de cámara del rey Felipe IV, que pertenece a la National Gallery de Londres, donde se expone permanentemente. Don Fernando tiene el mérito de haber sido el único asturiano que retrató el gran pintor sevillano.

El siguiente artículo de Juan José Polo Rubio, está dividido en cinco epígrafes. El primero enmarca cronológicamente el personaje, dando a conocer algunas fechas elementales para su biografía. En los otros cuatro apartados, teniendo como única base documental para su elaboración el proceso del Archivo Histórico Nacional, se intenta recoger aquellos datos que tienen o pueden tener valor histórico para la provincia de Oviedo en un mayor conocimiento de sus personajes célebres y de su entorno.


Nieves, australiana de Cangas del Narcea

Nieves Fernández Rodríguez es hija de unos cangueses emigrados a Australia. Hace 21 años vino para conocer la tierra de sus antepasados y se quedó. Ahora para visitar a sus padres tiene que ir a Melbourne.

Programa DESTINO ESPAÑA, emitido en TVE1 en mayo de 2012.


Félix Mª Villa o la «voluntad inquebrantable» de hacer el Hospital-Asilo de Cangas del Narcea

Vista h. 1915 del Hospital-Asilo fundado por Félix Mª Villa en El Corral, Cangas del Narcea.

Si hay una institución que ha cumplido una labor asistencial en nuestro concejo para los enfermos y ancianos pobres, esa es el Hospital-Asilo de «San José», que se inauguró el 16 de agosto de 1880 en el barrio de El Corral, en un promontorio ventilado y tranquilo, situado sobre el río Narcea.

En una descripción de la villa de Cangas del Narcea publicada el 1 de septiembre de 1882 en el periódico El Occidente de Asturias se dice:

«Hay también desde hace dos ó tres años un Hospital para enfermos pobres con su cementerio y capilla, debido á la iniciativa y á la voluntad inquebrantable de un caballero de esta villa y al auxilio que le han prestado algunas piadosas señoras de la misma.»

El nombre del «caballero» y de las «piadosas señoras», así como el relato de las circunstancias que trajeron consigo la fundación del Hospital, los ofrece Ángel Martínez de Ron, «Amader», en 1930:

«[…] Un pobre desvalido y enfermo, no teniendo dónde albergarse, se metió en el portalón de [la casa de] Velarde [en la calle Mayor], y allí le encontraron muerto. Este triste suceso causó una impresión de dolor tan grande en Cangas, que en seguida varias señoras, entre las cuales estaban doña Antonia, esposa de don Marcelino Rodríguez Arango, regente que había sido de la Audiencia de Barcelona; doña Candelaria García del Valle, doña Cristina y doña Carolina Meléndez de Arbas y doña Dolores Flórez de Sierra, caritativas y protectoras de los pobres, se reunieron para ver si encontraban el medio de evitar escenas tan lamentables auxiliando a los necesitados. Al efecto comenzaron a pedir limosnas en todas partes; acudieron a varios señores, encargándose al fin, el filántropo don Félix Villa de poner en práctica lo que se proponían, meditando el asunto, formulando planes, pensando cómo había de obtener lo que era necesario y acudiendo a la Diputación, a los Ayuntamientos, a los particulares y hasta a su peculio particular para conseguir hacer un pequeño hospital. Desde la primera piedra del edificio hasta verlo terminado no se apartó de allí, pasando el calvario que en tales casos se sufre, siempre por las dificultades que a cada momento se presentan. La fundación del hospital fue de inmenso beneficio y de prestigio para Cangas.» («Recuerdos de antaño», La Maniega, nº 24, enero-febrero, 1930).

En efecto, Félix María Villa y Santamarina fue el fundador, promotor y administrador del Hospital-Asilo de San José, cuyo fin era atender y acoger a personas pobres y enfermas, así como a desvalidos. Nuestro benefactor nació en Cangas del Narcea el 2 de septiembre de 1828. Sus padres eran Francisco Manuel Villa, natural de Cangas del Narcea, y Mª del Carmen García Santamarina, de Puerto de Veiga (Navia). Su abuelo paterno, José Villa, era de Pola de Siero y se había establecido en la villa de Cangas hacia 1780, donde se casó con Isabel Pardo.

La profesión que declara Félix Villa en el padrón de 1889 era la de «propietario», es decir, vivía de las rentas que le daban sus propiedades. Pero además, como también había hecho su padre, trabajaba como administrador de terratenientes que tenían muchas propiedades en el concejo de Cangas del Narcea, pero que no vivían en él. De este modo, fue administrador de los bienes de María Manuela Vázquez Quiroga y Queipo de Llano, de Anselmo Gonzalez del Valle, etc.

Felix Mª Villa

Placa dedicada en 1921 a Félix Mª Villa en el Hospital-Asilo San José, El Corral, Cangas del Narcea.

Félix Villa permaneció soltero toda su vida. Tenía tres hermanas y un hermano, Julián María, médico y catorce años más pequeño que él, con el que compartió negocios y que colaboró mucho en el Hospital. Era una familia muy religiosa, que mantenía una estrecha relación con las dominicas del convento de Cangas y con los frailes de Corias. Él fue durante bastantes años presidente de la Congregación del «Corazón de Jesús» de la parroquia de Cangas del Narcea. Murió el 10 de julio de 1908. El 21 de junio de 1910 el Ayuntamiento acordó dedicarle una calle en el barrio de El Corral y en 1921 el pueblo de Cangas le dedicó una placa, que se colocó en la fachada del Hospital-Asilo.

El Hospital, fundado y administrado por Félix Villa, atendió a muchos enfermos pobres, que llegaban en unas condiciones pésimas. Su creación coincidió con unos años de crisis de alimentos en los concejos del suroeste de Asturias, lo que favoreció la extensión de la pobreza y las enfermedades. El establecimiento subsistía gracias a los donativos de particulares, tanto de dinero como de ropa; a las retribuciones que daba el Ayuntamiento de Cangas del Narcea por cada enfermo pobre del concejo que ingresaba en él y a las aportaciones continuas del propio Villa. Para recaudar donativos hacía en la prensa local llamamientos «á las personas piadosas y caritativas, para que se sirvan concurrir con algunas ropas viejas de ambos sexos, sobre todo de la llamada blanca, para vestir a muchos enfermos que casi desnudos llegan a dicho establecimiento.» (El Eco de Occidente, 25 de mayo de 1894). En el mismo periódico se les recordaba un mes después a esas mismas personas caritativas: «que no tengan reparo en dar cosas viejas porque todo sirve en un pobre hospital: un pañuelo hecho jirones sirve para limpiar el sudor á un moribundo, y así todo lo demás. Con unas prendas se arreglan otras. También se estima mucho el calzado por malo que sea.» (El Eco de Occidente, 22 de junio de 1894).

Desde el primer momento, una de las mayores preocupaciones de Félix Villa fue asegurar el gobierno y, sobre todo, el futuro del Hospital. Para ello era muy importante decidir quien iba a ser su titular. Consultó a algunos amigos «acerca del medio mejor para impedir que mañana los incautadotes se apoderen del Hospital». No se fiaba del Estado, porque en el siglo XIX había desmantelado, con la Desamortización de los bienes de la Iglesia, muchas instituciones religiosas de carácter asistencial y además desconfiaba de los avatares de la política española, que llegaban hasta las localidades más alejadas. Un amigo, Diego Canto Fernández, le contestó el 4 de enero de 1881 recomendándole lo siguiente:

«En cuanto al Hospital te diré que, para ponerlo a cubierto de la rapacidad revolucionaria, debe ponerse la casa como propiedad tuya o de otra persona de esa villa, y que por tus días se destine a un objeto piadoso, reservándote el derecho de disponer de ella a la hora de la muerte. Después, al hacer testamento, la dejas a otra persona de tu confianza que haga lo mismo.»

Félix Villa solo siguió en parte el consejo de este amigo. Puso el Hospital a su nombre e hizo un testamento donde dejaba como heredera a la Diócesis de Oviedo, pero alguna desavenencia tuvo con el Obispo, seguramente porque consideró que la Iglesia no colaboraba suficientemente con su Hospital, que cambió de opinión y al final, en vida, cedió el Hospital de Cangas del Narcea a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Esta institución religiosa se había creado en 1873 y tenía su sede central en el Asilo-Noviciado de Valencia, donde residía la Superiora General de la Orden, por eso es a ella a la que Félix María Villa cede la propiedad del Hospital de Cangas del Narcea. Ahora bien, la cesión la hace con unas condiciones muy claras, con el objeto de garantizar los fines para los que se creó, que conocemos gracias a un borrador escrito por el mismo Félix Villa y que merece la pena ser leído:

 

CESIÓN DEL HOSPITAL DE CANGAS DEL NARCEA POR FELIX Mª VILLA A LAS HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS

Cesión absoluta que hace D. Felix Mª Villa y Santamarina del Hospital Asilo de San José de esta villa de Cangas de Tineo, a la Superiora General de las Hermanitas de los pobres o ancianos desamparados, llamada Sor María de Jesús, residente en su Asilo-Noviciado de Valencia, quien delega para poder efectuar su cometido en Sor Carmen de San Francisco, actual Superiora del Asilo de Ancianos de Oviedo, que aceptará el indicado edificio a nombre de dicha Sra. Al verificar la cesión se expresarán en el documento redactado al efecto (que será una conciliación) las condiciones siguientes:

    1. Que la cesión será absoluta, sin restricción alguna de la propiedad existente del edificio, en la que se incluyen todas sus salidas, huertos y jardín adyacentes, cementerio y pozo, con más las dos casitas que radican en dicha propiedad, formando un perímetro aproximado de 12 áreas y 59 centiáreas.
    2. Que también hace cesión de todos los muebles, ropas y alhajas que en la casa existen, sin otra reserva que un nicho en el cementerio, construido a sus expensas para que sirva al fundador del establecimiento de honrosa sepultura.
    3. Que por cuanto había ofrecido al Prelado de la Diócesis el patronato de la casa con la propiedad de la misma, contando con su protección prometida, a fin de darle desarrollo en sus más perentorias necesidades, las cuales olvidó, desisto por lo tanto en la concesión de tales derechos por verme desasido de compromiso, por más que apareciere en cláusulas de mi testamento.
    4. y última: Que siendo perpetua y para siempre la cesión hecha del Establecimiento a la Institución de las Hermanitas, como se deja descrita, estas o quien las represente nunca podrán enajenar el edificio y demás propiedad adyacente, ni darle otro uso más que el que actualmente tiene, con el nombre de Hospital para los enfermos y pobres y ancianos de la villa de Cangas y su concejo, porque siendo construido para este fin con las limosnas de personas caritativas, no puede hacerse otro uso sin faltar a las leyes de la equidad y justicia. Así mismo, para evitar todo evento en lo futuro y asegurar su existencia, abandonado que fuera de las Hermanitas, que hoy lo poseen, entonces pasará la propiedad al Sr. Cura Párroco de la propia villa de Cangas, al Alcalde de la misma, al Señor Arcipreste del distrito y al Sr. Rector de Corias, para que todos de consuno acuerden lo que mejor convenga para secundar las intenciones del fundador, manifestadas en este documento, cuyo original existirá en el Archivo Municipal de la propia villa de Cangas de Tineo.

Aparta de todo derecho a sus herederos, declarando que el Establecimiento construido pertenece a los enfermos pobres del pueblo y su comarca, por más que haya coadyuvado a su existencia.


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El Orfeón de Cangas de los años 60

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El Orfeón en el Teatro Toreno

La afición por la música coral en Cangas del Narcea no tuvo su primera manifestación en el nacimiento de la actual Coral Polifónica. Con anterioridad, otras agrupaciones, más o menos estables, canalizaron el gusto por el canto con actividades casi siempre ligadas a los actos litúrgicos de la iglesia parroquial.

Así, en La Maniega, Boletín del Tous pa Tous, se recoge en un número del verano de 1927 una actuación del Orfeón durante las fiestas del Carmen. El cronista anónimo, después de destacar su actuación, escribe lo siguiente:

“¿Y qué diríamos del Orfeón? Pues del Orfeón diríamos que su director, don Lorenzo Menéndez, nos presentó un conjunto agradable de voces que cantaron muy bien, teniendo que repetir algunas canciones, y que estaban muy monas las orfeonistas Pilar Castrillón, Carmina Tejón, Esperanza Tejón, Marina Queipo, Remedios Pertierra, Alicia Rodríguez Magadán, Adela Avello, Olvido Rodríguez, Matilde Collar, Victoria Rodríguez, Mercedes Fernández, Carmina Rodríguez, Lucía Rodríguez y Cristina Rodríguez.”

Ahora bien, de entre todas las agrupaciones musicales antecesoras a la actual Coral Polifónica de Cangas del Narcea destaca el Orfeón dirigido por don Juan José Uráin.

El nacimiento de esta agrupación coral está ligado a la llegada a Cangas del Narcea del mencionado don Juan José Uráin Macazaga, un vasco nacido el 5 de enero de 1925 en Deva (Guipúzcoa), que fue destinado a nuestra villa como director de la Banda de Música en 1957. Desde entonces reside entre nosotros.

Juan José Uráin había desarrollado su preparación musical primero bajo la tutela de su padre y con posterioridad en el Conservatorio de San Sebastián, donde completó sus estudios de piano y órgano. Ejerció como director de la Banda hasta febrero de 1968, cuando al desaparecer ésta quedó en situación de excedencia forzosa.

Al poco tiempo de llegar a nuestra villa y por iniciativa de varios cangueses surgió la idea de crear un Orfeón con el fin de dar realce a las fiestas más importantes del año: Semana Santa, el Carmen, la Magdalena y Navidad. Eran tiempos en los que la actividad minera estaba en pleno auge, abundaba el trabajo y el buen ambiente; fue una época de gratos recuerdos para los cangueses que la vivieron.

La vida del Orfeón se prolongó durante los años 60 y su desaparición tuvo lugar en torno a 1969. Las causas del fin de sus actividades fueron las habituales en este tipo de conjuntos: desmotivación, envejecimiento de los componentes, falta de participación de los jóvenes, etc.

El Orfeón estuvo siempre muy ligado a la iglesia parroquial, colaborando con ella desinteresadamente. El repertorio era básicamente de carácter popular y religioso: Misas de Perosi, de Pío X, etc.

El Orfeón nació como una agrupación exclusivamente masculina, ya que se enfocó como una actividad realizada por un grupo de amigos. Más adelante se decidió incorporar voces femeninas. Los ensayos tenían lugar entre las sillas de la iglesia, ya que por aquel entonces no disponía de bancos. En aquella época la silla de la iglesia había que pagarla. Los que tenían reclinatorio propio no echaban el perrón en el cepo, que llevaba un candado para preservar de tentaciones a los monaguillos, pero los demás feligreses debían hacerlo.

Con motivo de la celebración del Corpus, don Dositeo, párroco de Cangas en aquellos años, invitaba a todos los coristas a vermut y pasteles en la Confitería de Milagros, y en época de novenas, a pasteles y vino de misa en la propia sacristía de la iglesia.

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El Orfeón en el Club al principio de la década de los 60.

Un testimonio de cómo en Cangas se dieron siempre la mano música y gastronomía es la reseña periodística de Carlos Graña Valdés en un diario de la época (1960), que al hablar de la celebración de la festividad de Santa Cecilia concluye así: “Finalizaron los actos con una comida de hermandad en una fonda que tiene fama de presentar menús apetitosos y facturas moderadas”. Eran otros tiempos. Tiempos en los que abundaban las cenas en casa Juacona, en casa Benjamín de Corias o en el Club.

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Lorenzo Menéndez Alonso y su grupo musical en 1935

Recuerda don Juan José Uráin la afición que siempre hubo en Cangas por la música de banda y el canto. Destaca especialmente la labor realizada por don Lorenzo Menéndez, cangués, que fue durante muchos años motor del movimiento musical en nuestra localidad.

Cuando el señor Uráin llegó a Cangas existía una Asociación o Congregación de las Hijas de María dirigida por Mari Paz Menéndez, que cantaba por el mes de mayo y en la novena de la Inmaculada Concepción. Mari Paz Menéndez cedió el puesto de organista a Juan José Uráin. Tras los cambios habidos en la Iglesia Católica con motivo del Concilio Vaticano II desapareció la Congregación.

A continuación se formó un pequeño coro de niñas con el objeto de tener un grupo para atender las fiestas parroquiales, que poco después, a medida que las niñas crecieron, dejó de existir. Viendo la necesidad de poder contar con un coro para el realce de las fiestas religiosas se creó otro coro, éste sólo de mujeres, que cantó durante muchos años las novenas del Carmen, la Navidad y todos los entierros de la villa.

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¡Adious Concha!

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Concha ‘i Clara, 2007. Foto de Xosé Antón Fernández (Ambás).

Este texto de Naciu ‘i Riguilón foi leíu por Xosé Antón Fernández “Ambás” nel entierru de Concha ‘i Clara, de Tresmonte d’Arriba, el pasáu 19 de xineiru de 2012 na ilesia de Noceda de Rengos. Namás terminar de leelu, las mozas de la Escuela Municipal de Música de Cangas empezanon a canta-l.ly un son d’arriba con pandeiros ya’l salir de la ilesia volvienon a retumbar los pandeiros, esta vé sín voces. ¡IMPRESIONANTE! Una bona despedida pa una persona inolvidable.

El 17 de xineiru de 2012, a las 11:30 la nueite, moríu Concha ‘i Clara, Concha la de Tresmonte, Concepción Rodríguez Suárez, -ya nun puedo reprimir las l.lágrimas mientras escribo esto- ya sei que, cumu you, muita xente, cuando s’entere, soplará fondo ya fairáse-l.ly un nudu na garganta. Gúei somos muitos los que quedamos güérfanos: güérfanos de dulzura, d‘armonía, d’al.legría, de paz, de  sabiduría, d’amistá, de templanza, de desprendimientu. Güei con Concha marcha muitu de tou esto.

De gesto serenu ya humilde, cumu’l pueblu onde nacíu, Concha recendía humanidá por onque quiera que fora ya tanto la sua personalidá cumu’l sou arte caltrizaba fondo en toul que chegaba a conecela. Concha yera “pueblu”, pueblu feliz ya orgullosu de selo.

La sua voz l.limpia ya clara, cumu’l nome de la casa onde vivía, convertíase en cantu ancestral ya poderosu cuando garraba’l pandeiru.

¡Dios, pónseme la carne ‘i pita solu de pensalu!

“No sé por dónde encomience,
que todo se me ha olvidado,
que todo se me ha olvidadoooooooo…”

Esti ía unos de los cantares, que me vien hora a la cabeza, cuno qu’empicipiaba‘l bail.le d’arriba.

Concha yera la mechor tocadora de pandeiru d’Asturias, ya nun lu digo por afalagala ou porque ya tea muerta -que lu ta ya cuesta creelu- dígolu porque cuento que ía verdá. Ya digo tamién que foi una de las personas, que you cunoza, que más fixu pol fulklor ya la cultura asturiana, porque Concha siempre tuvo ahí cuando fixo falta ya agora vamos chala bien en falta.

Adious Concha. Un beisu.

Marchesti pero deixas bona simiente.

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IN MEMORIAM de Concha ‘i Clara

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Concha en mayu de 2011 en el homenaxe que fíxose-l.ly en Cangas organizáu pola Escuela de Música Tradicional del concechu ya descubríuse la placa cuno sou nome

Concha ‘i Clara, Concepción Rodríguez Suárez, de Tresmonte d’Arriba (Cangas del Narcea), ía probablemente la persona que más fixu pol fulklor ya la nuesa cultura tradicional de toul cuncechu ‘i Cangas, ya esto demuéstranlu las milienta colaboraciones que fixo con grupos de fulklor ya d’investigación,  chegando a convertise  nun referente imprescindible pa toul que quiera profundizar na nuesa cultura.

Siempre dispuesta, tanto el.la cumu el sou home Jusé, recibían ya atendían a toul que chegaba a sua casa con ánimo d’aprender a tocar el pandeiru.

Dientru del sou, podíamos chamalu asína, “curriculum” podemos destacar lu que vien de seguíu:

No anu 1983 el grupu d’investigación folklórica Los Urogallos, de Uviéu, faí-l.ly una grabación que valdrá de base pa un programa de Radiu 3 monográficu del pueblu de Tresmonte. Estas puede que sean las primeras grabaciones de Concha.

A raíz desti programa, tamién  no anu 1983 actúa con más xente de Tresmonte ya’l grupu de gaitas “Los Son d’Arriba”, de Cangas, na  “1ª Muestra de Folklore Astur”  na Plaza la Catedral d’Uviéu. Cumu resultáu desta muestra editaráse un discu cuno mesmo nome.

A últimos de los anos 80 la discográfica Saga edita na colección “De encuesta por Asturias y León” dous volúmenes dedicaos a Tresmonte: el vol. 4 interpretáu por Isabel de Boto ya María de la Moiraza  ya’l  vol. 5 un monográficu interpretáu tou por Concha.

En 1995, dientru la “Muestra de folklore ciudad de Oviedo”, participa, xunto con Rosario de Tresmonte, Adolfina ya Piru d’El Val.le, ya Enriqueta ya Paulina de Xichón nel “Homenaxe a les pandereteres d’Asturies” que se fixo nel Teatru Campoamor.

En 1997, tamién editáu por Saga, publícase “La tradición musical en España vol. 3 – Pandero cuadrado y panderetas en Trasmonte”,  interpretáu íntegramente por Concha.

Incondicional colaboradora, acudíu fiel a la cita, cumu dalgunas outras pandereteras de la zona, a las Nueites Celtas de Xedré, onde las suas actuaciones constituían “el platu fuerte” de la nueite.

Nel 2002 participóu con Herminia nun programa de radiu que se fixo en Cangas, actuando d’embaxadoras de la Nueite Celta de Xedré desi anu.

Nel mesmu anu colabora tamién con Jusé, el sou home, nas grabaciones sonoras que valienon pa la edición del primer volumen del “Atlas Sonoru de la L.lingua Asturiana”, onde sal un cuentu de Jusé ya outru de la sua bona compañera Irene.

N’outubre del 2005 participa na presentación que se fixo en Cangas desti trabachu no Teatru Toreno,

Tamién nel 2005, tanto el.la cumu Jusé, participanon nel Flandón que l’Asociación la Ordaleicha organizóu no prau Funsequín de Xedré.

Nel 2007 participa con Jusé na grabación del DVD tituláu “Flandón en Xedré”, que se grabóu en quei l’Indianu ya editóu l’Ayuntamientu ‘i Cangas nel 2009.

Nesti mesmu anu grabóu un programa de la serie “Camín de cantares” de la TPA, xunto cuna inseparable compañera ya vecina Irene d’Anxelu.

Tamién participóu nel programa especial de “Camín de cantares” dedicáu al concechu’i Cangas que se grabóu no Teatru Toreno de la vil.la canguesa nel añu 2008.

En mayu de 2011 fíxose-l.ly un homenaxe en Cangas organizáu pola Escuela de Música Tradicional del concechu ya descubríuse la placa cuno sou nome, d’al.lí p’acó la escuela pasóu a chamase “Aula de la escuela’i música tradicional Concha’i Tresmonte”.

Tamién nel añu 2011, ya coincidiendo cuna feria L’Ascensión d’Uviéu, Concha ya la sua Irene fonon embaxadoras de la cultura canguesa nel pabellón del grupu “Xeitu”.

Va poucos meses, en noviembre de 2011, el programa de la TPA “Camín” fixo un programa especial dedicáu a Concha nel que participanon los vecinos ya familiares de Tresmonte beil.lando al son d’el.la.

Que la tierra te sea leve.

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José María García Aznar (Cangas del Narcea, 1882 – La Arena, 1942), sacerdote y novelista

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El presbítero cangués José María García Aznar hacia 1932.

Nace en Cangas del Narcea el 29 de mayo de 1882. Su padre, don Higinio García González-Regueral era militar, y su madre, doña Rosita Aznar Martínez procedía de una familia de Luarca y era prima de la mujer de don Severo Ochoa, el Premio Nobel de Medicina. Parece ser que su primera vocación era la castrense, tal como aparece en algunas biografías, y que no pudo seguir debido a una ligera cojera ocasionada por un disparo en la rodilla de un sobrino a quien se le disparó un arma.

Estudia la carrera eclesiástica y parece ser que también hizo estudios de magisterio. Se ordena sacerdote con otros cincuenta y ocho en 1906 (Antonio Viñayo, El Seminario de Oviedo, pág. 235).

En 1907 es destinado como capellán en El Pito (Cudillero) y coadjutor «ad nutum», es decir sin que hubiera plaza. Tres años después, en 1910, es nombrado por el marqués de Muros, de quien su madre era pariente, párroco de Ranón y de su filial de La Arena (Soto del Barco), puesto que era una parroquia de Patronato. Con él vivía una muchacha de servicio llamada Lucinda. Recorría a caballo las parroquias de Naveces, La Corrada y Ranón. Vivía en Ranón en una casa del marqués que él adaptó para rectoral, hoy completamente restaurada, y el coadjutor residía en La Arena, donde está hoy la rectoral. En ella se hacía el samartín o matanza, que curaban en el bajo. Para llevarlo a cabo venía gente de Cangas del Narcea a ayudarles. También colgaban de los pontones, atadas con un hilo, las manzanas de mingán. Tenían una vaca llamada «Perla». Parece ser que durante algún tiempo estuvo encargado de la parroquia de La Corrada. Uno de sus coadjutores fue don Porfirio Gutiérrez, párroco durante muchos años de Pillarno (Castrillón), dos temperamentos que no se llevaban, pero poco antes de morir Aznar lo trasladaron para Escoredo, de modo que ya no estaba allí cuando murió Aznar. Creo que fue poco antes de 1910 cuando la iglesia de La Arena estuvo en entredicho por mala avenencia entre cura y coadjutor, aunque desconozco las razones ni quienes eran éstos.

Fue el promotor del Sanatorio Quirúrgico de San Juan Bautista de La Arena, al frente del cual estuvo el especialista de corazón y pulmón, a la vez que cirujano, don Francisco Torrado, de Oviedo. Había dos ayudantes médicos, uno fue don Francisco Combarro. En este Sanatorio se atendía a los pescadores de Cudillero, San Esteban de Pravia y La Arena, dependiendo del Pósito o Rula de Pescadores de esta localidad del que don José fue durante un tiempo Presidente.

Sobre su odisea durante la persecución religiosa de 1936 da fe el testimonio de su coadjutor don Manuel Fanjul de la Roza, recogido por A. Garralda:

“El párroco de Ranón, don José María García Aznar, y un servidor habíamos estado presos dos meses antes del 18 de julio, seguido del triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero. Primero en la cárcel de Soto del Barco, en donde querían entrar con barras a matarnos; ante el peligro, nos trasladaron a la de Avilés, coincidiendo con don José Arenas, párroco de Riberas de Pravia, donde también nos quiso asaltar la chusma; y finalmente a Gijón, en varios autocares, porque la autoridad preveía el peligro y buscaba nuestra mayor seguridad. Sólo estuvimos diez días en la cárcel. Pero fue una buena experiencia.

Por eso, en cuanto me di cuenta de que en San Esteban de Pravia había huelga general por el levantamiento de África, levanté el vuelo. A sabiendas de lo que nos esperaba huimos por el monte el párroco (J. M. G. Aznar) y yo a Pravia. Si me quedo un día más, me enganchan y me hubieran matado. Oí decir que habían ido hacia los límites con Galicia en busca de ambos, cuando nos tenían bien cerca en Pravia.

Una vez en Pravia nos reunimos José Arenas, Luis Muñiz y Ramón García González, sacerdotes. Les propuse coger un coche y marchar a Portugal. No hubo manera de ponerse de acuerdo. Cada uno fue por su lado…”(Ängel Garralda, La persecución religiosa del clero en Asturias. II. Odiseas, Avilés 1978. págs. 270-271).

Al habla con don Manuel Fanjul me dijo que don José Mª García Aznar quedó escondido en Pravia con el párroco de dicha villa hasta que, meses después, fue liberada la zona, regresando de nuevo a su antigua parroquia de Ranón.

La Iglesia parroquial, de la que aún quedan unos muros, está en ruinas en una pequeña campa propiedad del Obispado.

Acaso debido a la presión psicológica que sufrió durante los años de persecución de la Guerra Civil y el fuerte temperamento que tenía, su carácter se fue haciendo más duro siendo al mismo tiempo víctima de una especie de manía persecutoria que le hizo poner casa en La Arena. Luego no cesó hasta que le nombraron presidente de la Rula de Pescadores. Había en La Arena un médico, apellidado Arana, que influía enormemente sobre la juventud y con quien estaba seriamente enfrentado. Pero el problema que le llevó a la muerte el 18 de junio de 1942, pocos días antes de la fiesta patronal de La Arena, fue que, debiendo enfrentarse por cuestiones de un paso frente a la iglesia, con el alcalde de La Arena, don Nicanor Suárez, no encontró respaldo ni por parte de compañeros, al parecer aquella noche había acudido a la rectoral a ver a don Maximiliano, ni de la jerarquía quienes juzgaban que la cosa no era para tanto. Por lo visto sí lo era…

De su vocación literaria dan fe las diversas colaboraciones en diversos periódicos y revistas, como Las Libertades, de Oviedo, en su primera etapa, Región (Oviedo) y la revista Covadonga. Publicó tres novelas de ambiente asturiano: ¡Allá… junto al mar!, Oviedo 1930; En medio del mar (con portada del pintor García Sampedro), Oviedo 1932 y Confinado, Oviedo 1934. Pero nos consta que dejó inéditas otras: Garras del Vilano -posiblemente la misma que aparece como «Vilanos inmorales (en preparación)» en la novela En medio del mar- y El señor de Muros, en la que atacaba por lo visto a su propia familia. Cerca del mar y Garras de Vilano, que aparecen anunciadas como obras en preparación en las contraportadas de En medio del mar y Confinado, son obras que posiblemente echó al fuego la noche de su muerte, pues su hermana Maruja me dijo que la víspera de su trágico final se había pasado toda la noche quemando papeles en la cocina.

De sus primeras obras hace el escritor Armando Palacio Valdés el siguiente comentario:

«… un léxico escogido y rico, de un selecto y correcto castellano. Una dicción suelta, galana, gaya, elegante; unas escenas donde palpitan llenas de vida, las virtudes y pasiones, querencias odios y amores expuestos con muy finos recatos, sin desparpajos, pero sin ñoñerías. Una trama llevada siempre con acierto… con ingenio, con interés, sin que los protagonistas se salgan ni un instante de su carácter, sin forzar las situaciones…».


Por José Manuel Feito Álvarez