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[1838-1839] Marcelino Rodríguez-Arango Menéndez

Marcelino Rodríguez-Arango Menéndez

(Cangas del Narcea, 1807 – 1884)

11 de marzo de 1838 – 1 de enero de 1839

Licenciado en Derecho y magistrado. Hijo de Joaquín Rodríguez-Arango, de Tebongo, y Manuela Menéndez Flórez, de la villa de Cangas del Narcea. Estuvo casado con Antonia Fernández Rojas, natural de la villa de Cangas, y vivía en el barrio de El Corral.

Fiscal en la Real Audiencia Provincial de Oviedo entre 1854 y 1856. Estuvo destinado en la Audiencia Pretorial de La Habana y se jubiló como presidente de la Audiencia Territorial de Barcelona.

Liberal exaltado, fue miembro del Partido Progresista, comandante de la Milicia Nacional de Cangas de Tineo en 1843 y presidente de la junta que se constituyó en esta villa durante la Revolución de Septiembre de 1868, que supuso el derrocamiento de la reina Isabel II.

Representó a Cangas de Tineo en la Diputación Provincial interina que se constituyó a consecuencia del alzamiento nacional, elegida en las capitales de partido judicial, conforme a la circular de 25 de octubre de 1868, por resultado de la disolución de la Diputación Provincial anterior por Decreto del Gobierno provisional de la nación. Esta Diputación interina se instaló el 8 de noviembre de ese mismo año hasta el 31 de diciembre de 1870. Rodríguez-Arango que había tomado posesión del acta de diputado el 23 de noviembre de 1868 renunció (sin que conste la fecha) y entró como propietario su suplente José De Riego y Tineo que tomó posesión el 3 de mayo 1869 y como suplente de éste, Francisco Méndez de Vigo y Valdés Miranda.

Fue condecorado con la Gran Cruz de la Real Orden americana de Isabel la Católica en 1871.

Falleció en la villa de Cangas de Tineo a las 11 de la mañana del día 27 de marzo de 1884 a la edad de 76 años.

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[1850 ¿? -1854] Lorenzo de Llano Flórez

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Lorenzo de Llano Flórez y su esposa Cándida Valdés, hacia 1880. Fotografía de Ramón del Fresno, Oviedo. Col. José Juan de Llano Herrerías.

Lorenzo de Llano Flórez

(Bisuyu / Besullo, Cangas del Narcea, 1822 – Cangas del Narcea, 1902)

… – 2 de octubre de 1854

Propietario. Dueño de La Casona de Bisuyu / Besullo y de la casa de los Llano en la calle de La Fuente de Cangas del Narcea. Conservador.

[1881-1883] Joaquín Rodríguez-Arango Sanfrechoso

Joaquín Rodríguez-Arango Sanfrechoso
(Tebongo, Cangas del Narcea, 18¿? – Cangas del Narcea, 1889)

1 de julio de 1881 – 1 de julio de 1883

Feria de Val.lau, hacia 1908, creada en 1882 durante la alcaldía de Joaquín Rodríguez-Arango Sanfrechoso.

Abogado y propietario. Hermano de Román Rodríguez-Arango que fue alcalde entre 1868 y 1872. Miembro del Partido Democrático. Diputado provincial por el distrito de Cangas del Narcea entre 1872 y 1874. Durante su alcaldía, los alcaldes de los barrios de Cibea y de los ríos Naviego y Carballo solicitan la creación de ferias en el Campo de la Vega y Ermita de Vallado. El 17 de julio de 1882, el pleno municipal aprueba la creación de tres ferias que se celebrarán en ese lugar, inmediato a los pueblos de Vallado y Miravalles, una el 13 de marzo, otra el primero de septiembre y otra el 20 de octubre de cada año.

Sabemos por una noticia en prensa, El Carbayón; Diario asturiano de la mañana: Año III Número 243 – 1881 septiembre 17, que el inicio de esta legislatura fue tormentoso climatológicamente hablando ya que el 11 de julio, sobre la villa de Cangas y su término municipal, descargó una tremenda tormenta que llevó a varios vecinos a elevar al Gobierno una instancia, a través del Gobernador de la Provincia, solicitando se les librase alguna cantidad del fondo de calamidades públicas para remediar en parte a los siniestrados.

[1902-1904] Nicolás de Ron Flórez-Valdés

Nicolás de Ron Flórez-Valdés
(Cangas del Narcea, 1863 – 1914)

1 de enero de 1902 – 3 de enero de 1904

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Nicolás de Ron Flórez-Valdés, hacia 1900. Colección de Ana de Ron

Abogado, juez municipal y desde 1903 corresponsal del Banco de España y de otros bancos en Cangas del Narcea. Fue diputado provincial por el distrito electoral de Cangas de Tineo desde el 4 de diciembre de 1909 hasta su fallecimiento en 1914. Miembro del Partido Liberal liderado por Sagasta, Moret y Canalejas, y partidario de Félix Suárez-Inclán.

En los números 69 y 70 del periódico El Distrito Cangués de  22 y 29 de agosto de 1914 respectivamente, el periodista cangués Manuel Flórez de Uría que tenía a Nicolás de Ron como su mejor amigo, le dedicaba el siguiente artículo a su memoria.

IN MEMORIAM

A la memoria del hombre bueno, del político honrado, del esposo enamorado, del padre amantísimo, del amigo leal, del cumplido caballero que en vida se llamó D. Nicolás de Ron y Flórez-Valdés, he de escribir unas cuartillas para EL DISTRITO. Pocas o muchas, no lo sé: las que salgan. No es esto obra de raciocinio, que pueda medirse y calcularse de antemano; sino de sentimiento, que no está sujeto a normas ni límites: no llevará sobre el papel mi pluma la mente calculadora y fría, sino el corazón cariñoso y tierno.

Tal vez no debiera ser yo el que acometiera este trabajo, y menos en estos momentos, si se buscase solo el lucimiento y mérito de la obra literaria; pero no admito que pueda ser otro el que lo intente y lleve a cabo, si ha de significar cariño entrañable y adhesión a toda prueba. Por esa reclamé de EL DISTRITO el honroso y triste derecho de ser yo, y no otro, el que de la muerte de mi mejor amigo se ocupara.

Don Nicolás de Ron y Flórez-Valdés nació en Cangas de Tineo en 17 de Mayo de 1863, siendo el último de les hijos habidos en el matrimonio de D. Eduardo de Ron y Baylina, de la muy antigua y linujada «Casa de Ron», en Ibias, y de Dª. Nicolasa Flórez-Valdés y del Riego, de la también ilustre «Casa de Cabo del Agua», en Tuña (Tineo), emparentada con la del General Riego, de gloriosa memoria. Estaba casado con Dña. Carlota Uría y Llano-Merás, de la «Casa de Santianes», y de este matrimonio deja los hijos D. José María, Dña. Teresa, D. Fernando, Dª. María, Dª. Dolores, Dª. Ana, Dª. Pilar, Dª. Elena, Dª. Luisa, D. Nicolás, D. Carlos y D. Manuel de Ron y Uría.

Era Licenciado en Derecho, y ejerció la abogacía en este partido desde 1887 hasta su fallecimiento, siendo uno de los abogados de más, y más justamente, acreditado bufete y merecido renombre. Fue juez municipal tres bienios, durante los cuales demostró al concejo su rectitud, justificación e independencia de criterio en tales términos, que de ahí arrancaba su gran popularidad entre los aldeanos. Persona de gran cultura, no sólo rayaba a muy notable altura en las materias propias y relacionadas con su carrera de abogado, sino que dominaba otras varias, siendo una verdadera autoridad en conocimientos históricos, habiendo sido bastantes años profesor de Historia de España y de Historia Universal en el colegio de segunda enseñanza de esta villa. Concejal de este Ilustrísimo Ayuntamiento varias veces, fue nombrado Alcalde-Presidente del mismo por elección popular, es decir, por nombramiento directo y unánime de los concejales que lo componían, en 1º de Enero de 1902, y reelegido después en dos legislaturas sucesivas por Su Majestad el Rey; dejando el cargo de Alcalde por haber sido elegido Diputado Provincial por el Distrito de Cangas de Tineo-Tineo, para el que fue reelegido en muy reñida lucha y por gran mayoría en las elecciones de 1913, cuyo cargo desempeñaba al morir, no sólo a completa satisfacción y en beneficio de sus electores, sino gozando de gran prestigio entre sus compañeros de Diputación. Tuvo la Sucursal del Banco de España en esta villa y fue corresponsal de varios bancos y establecimientos de crédito de la provincia y de fuera de ella.

En 1893 presentó su candidatura para Diputado a Cortes por este Distrito, por primera vez, el Excmo. Sr. D. Félix Suárez Inclán, y, desde entonces, y sin interrupción, figuró a su lado como uno de sus más valiosos y fieles amigos el finado D. Nicolás de Ron, constituyendo con su cuñado D. Laureano Francos y sus amigos D. Francisco García del Valle y D. Marcial R. Arango, el núcleo, la base del partido liberal en Cangas de Tineo, en el que, por razones de parentesco, de amistad, de dependencia o de simple relación de intereses con aquellos, o por afinidad de ideas nos hemos ido sumando los demás hasta componer el actual partido numeroso y fuerte, capaz de dar a ganar las reñidas batallas electorales de los dos últimos años, a pesar de algunas defecciones sensibles por cierto y que contribuyeron, sin duda, a llenar de amargura el corazón del finado, dejando a un lado su mayor o menor importancia, por venir de quien venían.

D. Félix Suárez Inclán, aparte de su amistad particular e íntima con D. Nicolás de Ron, le tenía en tanta estima y sabía hasta tal punto de lo que le era deudor políticamente hablando, que sobre distinguirle siempre de una manera especial y proponerlo y elevarlo a los puestos públicos que ocupó y que tan merecidos tenía, intentó repetidas veces hacerlo Gobernador Civil, abriéndole así amplio horizonte político, pero el finado, atento a consideraciones políticas y de familia tan delicadas como honrosas, no quiso aceptar nunca.

La medida de ese aprecio y la intensidad de ese cariño que el Sr. Suárez Inclán tenía hacia el finado, la dan los siguientes párrafos que copio de la carta de 14 del actual del primero al Alcalde:

«Las noticias que me comunica usted del estado de Nicolás, me apenan mucho. ¡Pobre amigo!»

Antes de cerrar esta carta recibió D. Félix un telegrama del Alcalde participándole el fallecimiento, y agrega en la carta:

«Estoy que no sé lo que me pasa con la noticia de la muerte del pobre Nicolás, que se ha servido usted comunicarme por telégrafo. Acabo de telegrafiar a usted y a Pachín Valle contestándoles. Me parece mentira que se haya muerto ese excelente amigo, a quien vi por última vez en Oviedo el 15 de Junio, lleno de juventud y vida, al parecer. El pedirá a Dios por los suyos, y nosotros, los que aquí quedamos, cuidaremos de ellos cuanto podamos: es nuestro deber.»

La carta a que pertenecen los párrafos transcriptos, la hemos visto; y no pudimos por menos de cometer la indiscreción de hacerlos públicos, en obsequio del muerto y para honra del vivo.

El 15 a las 9 fue su entierro, al que asistió el señorío de la villa en pleno y muy numerosa concurrencia. Tras el severo féretro que encerraba los restos mortales del finado, formaban el duelo de familia los señores don Laureano Francos, secretario judicial; D. Claudio Uría, juez municipal suplente; D. Jesús Villa, médico; D. Roberto Flórez, doctor en Ciencias; D. Rafael Rodríguez Francos, comerciante, y D. Joaquín Carrizo, de Tineo.  El de amigos lo componían D. José González Pérez, secretario judicial; D. Antonio Jiménez Valcárcel, procurador; don Carlos Fernández, sobrestante de Obras Públicas; D. Porfirio Ordás, perito agrícola, y el que esto escribe. En el duelo oficial iban, primero, el Ilmo. Sr. D. Francisco García del Valle, ex gobernador civil y alto funcionario de Hacienda, quien además de por sí llevaba la representación del Excmo. Sr. D. Félix Suárez Inclán, diputado a Cortes por el Distrito; el M.R.P. Fernando Arguelles, rector del convento de dominicos de Corias, y D. Agustín de Llano Valdés, diputado provincial quien también llevaba en aquel acto la representación de la Excma. Diputación de Oviedo. Después seguía el Ilmo. Ayuntamiento en pleno, presidido por el alcalde D. José María Díaz López de Penedela, cerrando el cortejo la Guardia municipal.

Tras las preces de ritual durante el trayecto y ante la iglesia parroquial y en el cementerio, el cadaver de D. Nicolás de Ron fue a unirse con los restos de sus mayores en el nicho-panteón propiedad de la familia. ¡Que duerma en paz!

Los solemnísimos funerales, que por festividad del día del sepelio y del siguiente no pudieron celebrarse hasta el lunes 17, tuvieron lugar en la Colegiata de esta villa con asistencia inusitada de aldeanos del concejo, mucha clerecía y presididos por los duelos indicados. También asistieron distinguidas personalidades de los inmediatos concejos de Ibias, Leitariegos y Allande, y tal vez de otros, pero si tal ocurrió ni los hemos conocido ni nadie llamó nuestra atención, por eso no los citamos.

Los principales periódicos de Oviedo y de el resto de la provincia, dieron noticia de su muerte en sentidos artículos necrológicos, hasta los de ideas políticas más diametralmente opuestas a las del finado.

Cangas de Tineo no se olvidará seguramente del hijo plecaro que acaba de perder, sus correligionarios sabrán hacer que se perpetúe su memoria, sus amigos conservarán, cariñosos, su recuerdo; así es de esperarlo; pero aunque nada de esto se realizara, aunque sólo los suyos le tuviesen presente en sus afectos, alguien habrá además que no le olvide, que pronuncie su nombre con triste melancolía, y ese será

M. FLÓREZ DE URÍA.


Ver: [1906-1910] Nicolás de Ron Flórez-Valdés


 

[1921-1923] Marcial Rodríguez-Arango González-Regueral

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Retrato de Marcial Rguez.-Arango Glez.-Regueral. Colección Álvarez Pereda

Marcial Rodríguez-Arango González-Regueral

(Cangas del Narcea, 1863 – 1934)

1 de abril de 1921 – 17 de enero de 1923

Comerciante y abogado.

Superó los estudios de Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Oviedo el 5 de enero de 1887. Con 26 años, el 7 de mayo de 1890, le fue expedido por el Ministro de Fomento de la época el título de Licenciado en Derecho para ejercer libremente la profesión de abogado.

Presidente en 1920 del comité local del Partido Reformista liderado por Melquíades Álvarez. En su mandato se iniciaron los trabajos para la instalación de la línea telefónica en Cangas del Narcea (sesión de 26 de septiembre de 1922).

Título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico a favor de D. Marcial Rodríguez-Arango y González-Regueral.

 

[1924-1927] Porfirio Ordás Fernández-Sanmarful

Porfirio Ordás posando junto a varios vecinos. Fotografía firmada por él y dedicada a su sobrino el 1 de septiembre de 1932.

Porfirio Ordás Fernández-Sanmarful

(Ambasaguas, Cangas del Narcea, 1858 – 1934)

10 de julio de 1924 – 31 de octubre de 1927

Propietario y perito agrícola del Cuerpo de Ayudantes del Servicio Agronómico de la Administración Civil. Se jubiló en este Servicio en 1923. Durante su alcaldía se acordó el cambio de nombre del concejo de Cangas de Tineo a Cangas del Narcea (2 de septiembre de 1924), y se construyeron el cuartel de la Guardia Civil en La Veiga (4 de mayo de 1927) y un puente de hormigón entre Ambasaguas y el Barrio Nuevo, que sustituyó a uno de madera. Fue el alcalde que inauguró la línea telefónica en Cangas del Narcea el 29 de agosto de 1925. En este periodo comienza a extenderse la luz eléctrica por los pueblos del concejo. En las corporaciones de este alcalde hubo por primera vez en la historia de nuestro Ayuntamiento varias concejalas: Maria del Collado de Llano, María Argüelles, Concepción Pereira, Jovita Martínez y Dolores García Pereira.

[1930 02-03] José María Díaz López

José María Díaz López

(Bergame d’Arriba,…. – Cangas del Narcea, …. )

26 de febrero a 25 de marzo de 1930

Republicano. Campesino acomodado, de Casa Casanueva de Bergame d’Arriba.

[1930-1931] Joaquín Rodríguez-Arango Fernández-Argüelles

Joaquín Rodríguez-Arango Fernández-Argüelles

(Cangas del Narcea, 1895 – 1966)

25 de marzo de 1930 a 5 de febrero de 1931

Título de Licenciado en Derecho a favor de D. Joaquín Rodríguez-Arango y Fernández-Argüelles.

Abogado. Tras superar sus estudios en la Universidad de Oviedo le fue concedido el título de Licenciado en Derecho a los 25 años, por el ministro de Instrucción Publica y Bellas Artes el 22 de agosto de 1921.

Hijo de Marcial Rodríguez-Arango González-Regueral, alcalde en el periodo 1921-1923.

Nombrado de R.O. tras la dictadura de Miguel Primo de Rivera (13 de septiembre de 1923 – 28 de enero de 1930) tomó posesión como alcalde el 25 de marzo de 1930, siendo nombrados a su vez tenientes de alcalde en este orden los señores: José Villa Suárez,  Secundino Cosmen Bueno, Celestino Ferreiro Longedo, Ángel Rodríguez Rodríguez y Faustino Avello Fernández.

[1931 02-04] José Villa Suárez

José Villa Suárez, h. 1940. Col. Álvarez Hurle.

José Villa Suárez

(Cangas del Narcea, 1889 – 1946)

5 de febrero a 27 de abril de 1931

Dentista. Miembro del comité local del Partido Republicano Liberal Demócrata, de Melquíades Álvarez, en 1931.

[1931 04-05] Joaquín Rodríguez-Arango Fernández-Argüelles

Joaquín Rodríguez-Arango Fernández-Argüelles
(Cangas del Narcea, 1895 – 1966)

27 de abril a 15 de mayo de 1931

Abogado. Tras superar sus estudios en la Universidad de Oviedo le fue concedido el título de Licenciado en Derecho a los 25 años, por el ministro de Instrucción Publica y Bellas Artes el 22 de agosto de 1921.

Título de Licenciado en Derecho a favor de D. Joaquín Rodríguez-Arango y Fernández-Argüelles.

Es el alcalde elegido por la corporación salida de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que trajeron la proclamación de la Segunda República Española dos días más tarde. En Cangas del Narcea la mayoría de los concejales elegidos eran monárquicos. El Gobernador Civil de la provincia cesará a este alcalde y a toda la corporación, y nombrará una comisión gestora formada por César Menéndez Meléndez, Manuel Agudín Antón, Mario de Llano, Jenaro Flórez y Luis Martínez González, todos republicanos, que eligen como alcalde a Mario de Llano, concejal y presidente del comité local del Partido Republicano.

[1934-1936] Antonio Arce Díaz

Antonio Arce Díaz
(Cangas del Narcea, 1893 – 1963)

1 de noviembre de 1934 – 21 de febrero de 1936

Anuncio en prensa. La Voz de Asturias: diario de información: Año I Número 83 – 1923 Julio 15

Abogado y presidente del Comité de Acción Popular del concejo de Cangas del Narcea.

El alcalde y los concejales de la corporación anterior fueron cesados de sus cargos por el Gobernador Civil, “con motivo de la huelga revolucionaria declarada el 5 de octubre” en Asturias. El mismo gobernador nombra nuevos concejales, todos conservadores, que eligen como alcalde a Antonio Arce Díaz.

El diario La Voz de Asturias de 8 de noviembre de 1934 publicaba la siguiente noticia sobre el nuevo Ayuntamiento de Cangas del Narcea:

«En la mañana del lunes ha quedado constituido el nuevo Ayuntamiento que sustituye al que había formado por radicales-socialistas y socialistas. La Corporación que hoy se formó la constituyen valiosos elementos de Acción Popular, Liberales-demócratas y radicales. Fue elegido alcalde el abogado don Antonio Arce Díaz, presidente del Comité de Acción Popular de esta concejo; y tenientes de alcalde, don Joaquín Rodríguez-Arango, liberal-demócrata y don Saturio Morodo y don Tomás Álvarez, del mismo partido; y don Francisco Cosmen y don José Rodríguez de Acción Popular; síndicos don José Villa y don Ángel Rodríguez. […]»

 

 

[1936 02-05] Constantino Aumente González

Constantino Aumente González
(Samartinu los Eiros, Cangas del Narcea, 1879)

25 de febrero a 10 de mayo de 1936 (alcalde en funciones)

Primer teniente alcalde, ejerció de alcalde en funciones desde el fallecimiento de Mario de Llano González hasta el nombramiento de un nuevo alcalde. En 1931 era miembro de la junta directiva del Partido Republicano Radical Socialista, de Cangas del Narcea.

[1939 08-12] Antonio Arce Díaz

Antonio Arce Díaz
(Cangas del Narcea, 1893 – 1963)

3 de agosto a 18 de diciembre de 1939

[1939-1943] Manuel Arias Menéndez

Manuel Arias Menéndez
(Chanu / Llano, Cangas del Narcea, )

18 de diciembre de 1939 – 31 de agosto de 1943

Propietario de un café en Madrid. En 1940 se presenta un proyecto de reforma interior de la villa en el solar que ocupaban el convento y huerta de las monjas dominicas.

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Ignacio Álvarez Castelao, el arquitecto más brillante que la modernidad ha conocido en Asturias

Ignacio Álvarez Castelao en su casa de Cangas del Narcea, hacia 1927

Este mes se cumplen 106 años del nacimiento de Ignacio Álvarez Castelao (Cangas del Narcea, 1910 – Oviedo, 1984). Aunque en otros artículos desarrollaremos más detalladamente su obra, son muchas las distinciones que este arquitecto cangués ha recibido a lo largo de su dilatada vida profesional. Entre otras destacamos:

  • Año 1966.- Invitación Oficial por el Departamento de Ingenieria Civil del Colegio de Tecnología de Battersea (Inglaterra), como creador del «Nudo Castelao» para Estructuras Espaciales.
  • Año 1968.- Invitación Oficial por el Comité Organizador de los Juegos de la XII Olimpiada de México, para presentación de la Facultad de Ciencias Geológicas y Biológicas de Oviedo, en la Exposición de Espacios para la Cultura y Deporte de México.
  • Seleccionada por la Commissioner Research Bureau of Reclamation, Dept. of the Interior, de Washington, su obra de la Central Hidroeléctrica de Silvón, como una de las «CATEDRALES DE LA ENERGÍA» entre las mundiales, (única española).
  • Año 1972.- Dedicación del libro «Las Mallas Espaciales» en Arquitectura de J. Margarit y C. Buxadé juntamente con los ingenieros Caravera y Bueno.

CONCURSOS PREMIADOS:

  • Año 1940.- Casa Infantil Covadonga en Pola de Gordón, de la Diputación Provincial de Oviedo, en colaboración con Luis Lorenzo Blanco. PRIMER PREMIO.
  • Año 1944.- Hotel Casino Balneario de Gijón, del Ayuntamiento de Gijón, en colaboración con Juan Manuel del Busto. PRIMER PREMIO.
  • Año 1948.- Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Vigo, en colaboración con Juan Manuel del Busto. PRIMER PREMIO.
  • Año 1961.- Delegación de Hacienda de Cádiz, del Ministerio de Hacienda. PRIMER PREMIO.
  • Año 1963.- Delegación de Hacienda de Badajoz, del Ministerio de Hacienda. PRIMER PREMIO.
  • Año 1967.- Edificio para los Servicios del Ministerio de Obras Públicas de Bilbao, en colaboración con Mariano Marín Rodríguez-Rivas. PRIMER PREMIO.

Viajero por el mundo, atento y sensible, con enorme capacidad de trabajo unida a insobornable vocación, todo ello, ha desembocado en que podamos afirmar que nuestro paisano, Ignacio Álvarez Castelao, ha sido uno de los grandes creadores de la arquitectura española contemporánea.

La Nueva España le nombró asturiano del año en 1965, el Ayuntamiento de Oviedo le dio su nombre a una calle de la capital del Principado de Asturias y ahora el Tous pa Tous, Sociedad Canguesa de Amantes del País, quiere rendirle un pequeño homenaje, colocando en lo próximos días una placa a su memoria en el pueblo que le vio nacer un 31 de marzo de 1910 y que le dio sepultura, el día después de su fallecimiento en Oviedo, en su cementerio municipal de Arayón el 30 de junio de 1984.

Acuarela de Castelao. Cangas del Narcea, palacio de Toreno desde la presa del molín.

En el mes de abril de 1983, algo más de un año antes de su fallecimiento y con motivo de su jubilación, el Colegio de Arquitectos de Asturias le organizó un homenaje en el Museo Provincial de Bellas Artes de Asturias. A lo largo de ese mes se celebraron dos exposiciones, una de proyectos y maquetas de su obra, y otra de dibujos, realizados con distintas técnicas, así como acuarelas, y cuya cronología se extiende de los años cincuenta a los ochenta, y han servido como sustituto de la fotografía, representando principalmente temas rurales y urbanos, que van desde pequeños detalles, como el despiece del hórreo, hasta imágenes de perspectivas enteras de pueblos y exteriores urbanos. Esta selección de dibujos y acuarelas se hizo de una producción de más de un millar y ha sido un brillante complemento de su faceta humana, totalizando la visión de su labor profesional y artística a lo largo de su dilatada carrera. Como colofón, el último día del mes tuvo lugar un acto al que asistió el propio homenajeado y al que siguió una mesa redonda sobre «Arquitectura Moderna» en la que participaron los arquitectos Antón Capitel, Joaquín Cores Uría (presidente del Consejo Superior de Arquitectos), Cesar Fernández Cuevas (decano del Colegio de Asturias) y Fernando Nanclares, así como el cronista de Oviedo, Manuel Avello, y el crítico de arte Jesús Villa Pastur.


PRÓLOGO DE LA PUBLICACIÓN EDITADA POR EL COLEGIO OFICIAL DE ARQUITECTOS DE ASTURIAS CON MOTIVO DE LA EXPOSICIÓN HOMENAJE A CASTELAO CELEBRADA EL 30 DE ABRIL DE 1983 EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS

Invitación al acto homenaje a Castelao el 30 de abril de 1983

La Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias a través de su Comisión de Cultura celebra esta exposición homenaje al arquitecto IGNACIO ÁLVAREZ CASTELAO con motivo de su jubilación anunciada por medio de una carta de despedida.

Entendemos justo este homenaje a Castelao tanto por su valor humano como profesional.

La obra construida por D. Ignacio no sólo se debe considerar como legado arquitectónico a juzgar por la historia, sino, además, como pauta que todos los arquitectos deberíamos seguir por su vocación, dedicación profesional y rigor disciplinar siempre vinculado estrechamente a la cultura de vanguardia.

La figura de Castelao no sólo justifica en si un homenaje a nivel local, sino que hay que analizar su obra dentro de un contexto más amplio que desbordaría su singularidad como el arquitecto más brillante que la modernidad ha conocido en Asturias. Dentro de este amplio contexto, Castelao mantiene su individualidad, no ciñéndose a una línea determinada sino investigando en todos los campos de la profesión y siempre atento a las vanguardias incluso hasta sus obras postreras.

Conocemos a Castelao estructuralista, racionalista, expresionista, formalista, constructor, pero sobre todo inquieto en cada proyecto y pasando de la coherencia a la polémica.

Cada proyecto de Castelao, juzgamos, aglutina su vasta experiencia y se convierte en autobiográfico al manejar claves de diseño y cultura arquitectónica de forma acumulativa.

Es dificil vincular a Castelao como representante de una determinada praxis. Quizás su capacidad de hacer arquitectura deriva de esa individualidad que le ha caracterizado y que justifica sobradamente una exposición homenaje que nos invite a la reflexión.

No es objeto de este prólogo profundizar en la obra de Castelao. Para otros cedemos esta tarea.

A nosotros sólo nos queda agradecer a D. Ignacio las horas que nos ha dedicado, comentando su obra en torno al cálido fuego del hogar de su modesto refugio cerca de Oviedo, aquellas tardes de otoño en las que, realmente, apetecía hablar de arquitectura.

El Sereno

Sereno

El día 15 de marzo de 1976 aparece esta noticia en prensa: “El vigilante nocturno ha entrado en acción”. Esta noticia tiene detrás de sí mucha más importancia de lo que a simple vista aparenta; es el principio del fin del cuerpo de Serenos del Comercio y Vecindad, vulgo “el sereno”.

Como nieto, hijo, sobrino y primo de serenos, esta noticia me afectó profundamente y cambió la vida y forma de vivir de muchas personas, y las noches ya no fueron las mismas. Pero ¿qué era un sereno?

Básicamente, para todos era una persona con gorra y chuzo, que te abría el portal de casa cuando llegabas y estaba cerrado. Para mí es complicado de explicar, pero un sereno era muchas más cosas: controlaba el acceso a las viviendas de personas desconocidas, vigilaba los coches estacionados, avisaba al médico, estaba al tanto de los comercios y, en general, de cualquier situación no habitual que surgiera. Adjunto el título de sereno de mi abuelo, del año 1922, que lo firma el entonces alcalde de Madrid, el conde de Valle de Suchil. No me consta que en aquella época llevaran pito y me confirman que no llevaban el chuzo con la punta de lanza que se suele ver en las fotos. Si llevaban un farol, porque no debemos olvidar que durante la Guerra Civil Madrid estaba a oscuras, y llevaban unas cerillas bastante largas para que se iluminaran los vecinos hasta subir a su piso. Tampoco cantaban la hora ni el tiempo.

En aquellos años, la vida del sereno fue muy difícil porque, recordemos, los serenos de Madrid nunca cobraron un céntimo del ayuntamiento. Sus ingresos provenían exclusivamente de las propinas que recibían por abrir los portales y los “recibos” que algunos vecinos y comerciantes pagaban todos los meses; estos recibos eran los únicos ingresos fijos de los serenos, porque las propinas eran aleatorias, y pensemos lo que fueron los tiempos de guerra, de penuria general posteriores y que durante un tiempo si andabas por la noche sin un pase podías ser detenido. Esto obligó a los serenos a buscar además otros trabajos, con sus correspondientes permisos y, por supuesto, riesgos.

Insignia de los Serenos de Comercio y Vecindad de Madrid.

En el 1934, mi abuelo, ante la conflictividad que existe en Madrid, solicita una licencia de armas y lleva pistola; la licencia es renovada en época de guerra (adjunto licencias). Por supuesto, el arma y el uniforme eran comprados por los propios serenos. El Ayuntamiento de Madrid solo les daba la chapa con el número, que era muy ancha, se cosía muy mal a la gorra y se caía muy fácilmente; al final muy pocos la llevaban. Una chapa de estas estuvo en un museo sin clasificar, porque no sabían lo que significaba SCV (Sereno del Comercio y Vecindario), pensaban que la “V” era de vigilancia.

El uniforme completo era gorra de plato gris con rayas amarillas, abrigo o guardapolvos, (invierno o verano), chuzo y peto llavero. Este último era de cuero muy oscuro, se ataba con tiras laterales y llevaba dos o tres filas para llevar las llaves; pensemos en el tamaño de aquellas llaves, de aquellos portalones con grandes puertas de hoja de madera, motivo fundamental por el cual ningún vecino se llevaba la llave del portal cuando salía de casa.

Mas tarde, con el cambio de aquellas preciosas puertas por otras de aluminio y el cambio de las grandes cerraduras a otras más pequeñas, se redujo el tamaño de las llaves; hay fotos de serenos que llevan las llaves en un aro grande.

Lo que nunca cambió fue el sistema de llamarles. Llegabas al portal y dabas unas palmadas, y al cabo de un momento oías la voz: “VA”, acompañada de un golpe de chuzo por la acera, y mientras venía también daba algún golpe para que supieras por donde iba. El sereno siempre entraba en el portal el primero, por si había algo raro, encendía la luz, miraba detrás de la puerta que abría, daba las buenas noches y hacia algún comentario. NUNCA ponía la mano para pedir dinero, si le daban propina bien y si no también. Esperaba a que empezara a subir el vecino y volvía a cerrar el portal. Así lo vi hacer a mi abuelo, a mi padre y al sereno de mi calle, que se llamaba Ginés y era de Segovia.

De Segovia era también otro sereno que salió en prensa, ya que avisó a los vecinos que la casa temblaba, salieron corriendo y cayó la casa y no pilló a nadie dentro. Recuerdo un comentario en mi casa: “Para una vez que salimos en los periódicos, no es de Cangas”.

El sereno José Fernández Fernández de Casa Santiago, Llamas de Ambasaguas (Cangas del Narcea)

CANGAS… CANGAS DEL NARCEA, hablar en Madrid de serenos es hablar de Asturias, y más concretamente de Cangas del Narcea.

Como estos recuerdos los voy a mandar al Tous pa Tous reviso la revista La Maniega de los años 20-30, y, por ejemplo, la primera portada es…”Un sereno” y viendo los listados de socios en Madrid aparece mi abuelo. Analizo las profesiones de los socios en la capital de España y en el 1930, a pesar de la fama que tienen los cangueses de trabajar en bares y demás, incluyendo los que pueden ser bodegas y cualquier tipo de hostelería, son 107 socios los que trabajan en este ramo, una cantidad respetable, pero de oficio sereno aparecen: 153.

Y a todo esto, ¿cómo se conseguía una plaza de sereno?. Normalmente se compraba, se heredaba o se dejaba a un familiar. Los precios llegaban a ser muy altos. He visto dos “documentos” de préstamo de 1910, en los que las casas de los serenos se hacían fiadoras de este dinero, por valor de 90.000 y 105.000 pts., y me hablaron de una de 120.000 pts. Ojo, del año 1910.

El precio venía marcado por la calidad de la plaza o demarcación y por las propinas que se obtenían. No era lo mismo una plaza en el barrio de Salamanca, de muy alto poder adquisitivo, que en barrios más humildes. De hecho había plazas que no daban lo suficiente para vivir, y el sereno se buscaba otra ocupación. He conocido algunos que ayudaban en algún bar, bien de la plaza o de familiares o conocidos; otros ayudaban en establecimientos en la carga y descarga de mercancía, casi siempre por la mañana a continuación de su jornada laboral, y algunos trabajaban de guardas en talleres u oficinas que cerraban por la tarde, no se nos olvide que tenían licencia de armas.

Un hecho curioso, el recuerdo del primer sereno que tuvo coche en Madrid. Al parecer se llamaba Constante, era un hombre muy corpulento y le llamaban “Constantón”, vivía en la calle Jesús del Valle y su demarcación estaba por la ribera del río Manzanares; su mujer parece ser que era de Rocabo. El coche le fue confiscado durante la Guerra Civil. He revisado los socios de La Maniega, pero no le he localizado; vivía a cincuenta metros del actual domicilio de Esperanza Aguirre.

Otro hecho curioso. Celedonio Fernández, de casa La Paxaruca de Corias, fue sereno en Cangas del Narcea de 1940 a 1947; el cargo parece ser que era agente municipal nocturno y cobraba del ayuntamiento. En 1947 viene a Madrid donde se convierte en sereno, pasando en 1975 a vigilante nocturno y poniendo en su D.N.I. de profesión: V.N.M., que significaba VIGILANTE NOCTURNO MUNICIPAL. Esta información me la proporcionó su hijo Celedonio Fernández. No sé si se conocerán mas personas que fueran serenos en Madrid y en Cangas del Narcea.

Este tema no le he podido verificar con algún D.N.I., pero si tengo el carnet identificativo de un sereno que pone VIGILANTE NOCTURNO “A EXTINGUIR”, y un D.N.I. que pone solo VIGILANTE NOCTURNO. A pesar de esto, estoy seguro de la veracidad del dato del D.N.I. comentado por Celedonio.

Recuerdo a un sereno de la zona de Legazpi (Los Mataderos) que en 1965 trabajaba acompañado por una jauría de perros, debido al peligro de la zona con los camiones y mercancías. Cuando había un problema, o necesitaban ayuda, golpeaban con el chuzo repetidamente el suelo, estos golpes significaban que había un problema, y rápidamente se acercaban los serenos de las plazas limítrofes para ayudar.

Cuando fallecía un sereno, para avisar a todos los demás (recordemos que había muchas familias emparentadas, amistades y serenos de la misma parroquia) la mejor manera de comunicar su fallecimiento era recorrer Madrid con un coche, taxi, entregando esquelas a los serenos con la consigna de “que circule”, garantizando que por la mañana prácticamente todos los serenos estaban enterados. Entonces había pocos teléfonos. He asistido a entierros de serenos en los que se ponían autobuses para acudir al cementerio.

Esto me lleva al horario de trabajo de los serenos. El horario era de 22.00 a 7.30 h. en invierno y de 22.30 a 7.30 h. en verano, de manera que cuando se cambió la hora a la actual, con dos horas de diferencia solares, los serenos cerraban los portales de día. Hubo chistes sobre el tema. El sereno llegaba un poco antes de la hora, e iba dando con el chuzo en los portales para que los porteros fueran cerrando los mismos. Si las puertas eran de dos hojas el portero cerraba una y el sereno la otra. Interesaba que a las 22.00 h. estuvieran cerrados los portales para que tuvieran más trabajo; por la mañana se iban directamente y no dejaban el portal abierto a menos que se le pidiera expresamente.

El día a día de un sereno que no tuviera otra ocupación, era más o menos el siguiente: llegaban a casa a las 8.30 h., según la distancia, y se solían acostar a dormir hasta más o menos las 13.30 h., que se levantaban y comían; luego sobremesa y un paseo, y a media tarde se acostaban otro rato; cena y vuelta a la calle a ocupar la plaza. Así todos los días del año, sin vacaciones y sin seguridad social. Un ejemplo: cuando empecé a trabajar en 1965 pude poner a mis padres como beneficiarios míos, solo a efectos de seguridad social, pero no a mis hermanos más pequeños: eran empleados del Ayuntamiento y tenían certificado de pobreza. A primeros de mes, los serenos iban a cobrar los recibos a los vecinos y comercios, se iban a media mañana y volvían directos a comer; no había paseo y echaban casi toda la tarde. Cuando enfermaban tenían que poner un suplente. Yo solo recuerdo una vez a mi padre malo, se avisó y pusieron un suplente. Durante ese tiempo, el sereno no sólo no ingresaba nada (las propinas eran para el sereno suplente), sino que el titular tenía que pagar un sueldo fijo al suplente.

Los recibos, como dije, eran para los abonados que daban una cantidad fija. Después de todos los que rellené no he conseguido encontrar ninguno. Pasé por la papelería Salazar, en la que se vendían; los recuerdan perfectamente, venián en bloques de 500, rebuscaron por si acaso, pero no encontraron ninguno. El texto era mas o menos el siguiente: “El sereno del Comercio y Vecindad de calle, plaza, etc. … he recibido de Dº, Dª, nombre comercio, etc. … la cantidad de … pts. … cts. En Madrid, a … de … de 19..”. Guardo los listados de mi abuelo, con las correcciones de altas y bajas y los importes.

Ya que he mentado a los suplentes, tengo el informe previo de mi padre para ser suplente, el título de suplente y por último el de titular de la plaza, en el que cambia el nº de sereno. No tengo claro si el número era por plaza, sereno, titular; por ejemplo: mi abuelo en 1922 tiene el nº 102; mi padre de suplente, el día que es nombrado en 1945, tiene el nº 408; posteriormente sigue de suplente en 1949 y se le asigna el nº 575, número que mantiene al pasar a titular en 1961.

De lo que más carnéts tengo es del Montepío y, sin embargo, es de lo que menos recuerdos tengo. Sé que se suprimió, pero no tengo ni un solo documento sobre este asunto.

Carnet de Identidad emitido por la Sociedad de Socorros Mutuos y Montepío de los Serenos de Comercio y Vecindad de Madrid a favor de José Martínez Fernández de Casa Celestón, Rañeces, parroquia de San Cristobal de Entreviñas (Cangas del Narcea). Expedido en mayo de 1932.

Durante un tiempo se rellenaban unos informes diarios, en los que se daba parte de todas las incidencias, farolas fundidas, bancos deteriorados, tapas de alcantarillas mal y cegadas, fuentes y bocas de riego estropeadas, etc., así como cualquier actuación extraordinaria, accidente, pendencia, robo, etc. Los informes los rellenaban los serenos y se los entregaban al que era jefe de grupo (este cargo era rotatorio), que lo llevaba a la alcaldía. De esta manera el Ayuntamiento de Madrid tenía a diario una información muy completa del estado de la Villa, así como de todas las anomalías sucedidas por la noche y además GRATIS.

Me dicen, que el jefe pasaba antes de empezar la jornada por la alcaldía para recoger las instrucciones del día; también se le entregaba una lista con las matrículas de los coches denunciados como robados, para que los serenos revisaran si había alguno en su demarcación y dieran parte de ello. De los que se recobraron, a algunos serenos les dieron una gratificación; quiero aclarar que fueron los propietarios, nunca el Ayuntamiento.

Y aquí un recuerdo, dos días al año mi padre me avisaba que esa noche pasaban las ovejas por la calle Serrano (Cañada Real) de Madrid, una de subida y otra de bajada, podían estar pasando cuatro o cinco horas, no había ninguna publicidad y no era el circo en que se ha convertido ahora. Los serenos también iban al fútbol, casi exclusivamente los días que jugaban el Oviedo y el Gijón en Madrid. Como iban a ver a los equipo asturiano, iban tanto al Metropolitano como al Bernabéu, y luego, toda la tarde de charla.

También en Madrid se celebraba la fiesta de los Asturianos, el 28 de junio (cambiaba la fecha), era en los Viveros de la Villa. Para los Asturianos era la fiesta del bollo y para los madrileños era la fiesta de los serenos. Ese día iban con sus mejores galas, y era una celebración muy señalada para ellos, era el día que más vecinos y paisanos saludaban y se ponían al tanto de todo lo que pasaba.

Hay un tema que no quiero que se olvide. Son los famosos “paseos” que se daban en Madrid durante la Guerra Civil, y no caemos en la cuenta de ¿quien abría el portal?, por supuesto los serenos y veían la cara a los paseantes pero nunca dijeron nada, les iba la vida en ello. Al día siguiente, a la hora de comer, iban a ver si “sus” paseados estaban en las “fotos”. También hablaban de las patrullas que iban por las noches, controlando todo lo que pasaba en Madrid, incluidos los serenos, teniendo que dar “novedades” a cualquier grupo que las pidiera, a veces sin saber que era ese grupo. “Por si acaso”. Recuerdo a un sereno que contó que paró a un grupo de camuflados y que lo llevaron detenido. Estas conversaciones y algunas otras, las oí en los bares cercanos a la Estación del Norte, dónde muchos de los bares eran de cangueses (hoy también), y en ellos se reunían serenos y mozos de cuerda de la estación; los mozos de estación eran casi todos de Cangas.

Portada de ‘La Maniega. Boletín del Tous pa Tous’ dedicada a los serenos

Y hablando de esos tiempos, por lo menos hicieron una huelga, coincidiendo con una general del año 1934, y la noche anterior le decían a los vecinos: “Mañana huelga revolucionaria”.

Las largas horas de la noche pasadas en soledad, con agua, nieve y heladas, hicieron que estos hombres, vigilantes de nuestros sueños, sean dignos del mayor de nuestros respetos y agradecimiento, y de alguna placa o detalle que les recuerde y que yo sepa no existe en Madrid.

En el año 1970, los serenos pueden apuntarse como autónomos a la Seguridad Social y algunos, básicamente por la edad, deciden darse de alta pagando los correspondientes “cupones”. Mas tarde, en 1974, tienen que afiliarse a un sindicato, concretamente al de Actividades Diversas, que en aquella época dirigía Juan García Carrés, y poco después llegaría el decreto de disolución del cuerpo de “Serenos del Comercio y Vecindad” y su incorporación a la plantilla del Ayuntamiento como “Vigilantes nocturnos a extinguir”, lo cual llevó a otra situación en cierto modo mas compleja.

Para terminar… He escrito un breve resumen de lo que fue y significó el sereno en Madrid, he aportado todos los documentos que poseo del tema y alguno que me han prestado desinteresadamente. Quisiera que esto sirva de recuerdo a lo que fue una parte muy importante de nuestra vida y de la del concejo de Cangas del Narcea, que llenó Madrid de serenos, y que cuando he hablado sobre ellos con la gente que los conoció, nadie nunca habló mal de los serenos de Cangas en Madrid.


TPT-SER-03TPT-SER-01Sereno: José Fernandez1932 - Fiesta del bollo1932 - Carnet del Montepío de Serenos1945 - Carnet de sereno1952 - Carnet del Montepío de Serenos1938 - Certificado de TrabajoDNI vigilante nocturnoCarnet de SerenoCambio de nº de serenoInsignia Serenos de MadridInsignia Serenos de Madrid1922 - Título de sereno1922 - Título de Sereno1922 Título de Sereno1945 - Título de Sereno (suplente)1945 - Título de Sereno (suplente)1961 - Título de Sereno (reverso)1961 - Título de Sereno1970 - Recibo del Montepío de SerenosSellos de salvoconductoResguardo de cupones1954 - Cobros y recibos1965 - Recibo1967 - Cobros y recibos1968 - Cobros y recibos1968 - Cobros y recibosCobros y recibosCobros y recibosCobros y recibosCobros y recibosCobros y recibosAfiliación sindical1945 - Cobros y recibos1934 - Licencia de armas1935 - Licencia de armas1936 - Licencia de armas1937 - Licencia de armas1977 - Licencia de armas (provisional)Parte al Ayuntamiento1974 - Recorte prensa1974 - Recorte prensa1976 - Recorte prensa


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Trabajo realizado por José Javier Collar Martínez, hijo y nieto de serenos. Mi madre Dolores Martínez Álvarez, que es hija, viuda y hermana de serenos, aportó la documentación y me recordó muchos asuntos relacionados con esta profesión.


Marcelino Peláez Barreiro (Ounón, 1869 – Mar del Plata, Argentina, 1953)

Chafán de la plazoleta entre las calles Don Ibo y Las Huertas, con la placa a la memoria de Marcelino Peláez

Publicamos aquí una breve biografía escrita por nuestra compañera Mercedes Pérez Rodríguez con motivo del homenaje a Marcelino Peláez y leída por ella misma en el acto a la memoria de este emigrante cangués. En una de las esquinas de la plazoleta existente en Cangas del Narcea, entre las calles maestro Don Ibo y Las Huertas, el Tous pa Tous descubrió una placa de bronce a su memoria. Días después, hemos sabido que el Ayuntamiento de Cangas del Narcea, a petición del Tous pa Tous y por decreto de alcaldía de 24 de septiembre de 2015, acordó incoar expediente para dar el nombre de “Marcelino Peláez Barreiro” a la citada plazoleta.


Marcelino Peláez Barreiro (Ounón, 1869 – Mar del Plata, Argentina, 1953)

Desde mediados del siglo XIX y hasta 1930, cincuenta millones de europeos emigraron a ultramar. Unos 350.000 eran jóvenes asturianos, la mayoría entre 15 y 17 años.

Unos pocos se enriquecieron y algunos de ellos favorecieron a su tierra natal bien por altruismo bien por interés social o económico.

Marcelino Peláez emigró a Argentina donde sus comienzos debieron de ser muy duros. Por Amalia Fernández, hija de un administrador suyo, sabemos que tenía un almacén de Ramos Generales en San Agustín, a unos 100 Km de Mar de Plata. Estos comercios vendían de todo, generaban mucho dinero y no estaban exentos de peligros porque tanto los gauchos como los indígenas eran “gente muy brava”. Marcelino Peláez invirtió en tierras sobre las que gestionó la fundación de núcleos de población como Mechongué.

Los indianos o “americanos”, edificaron palacetes y panteones para uso propio y financiaron obras públicas como traídas de agua, casinos, iglesias, hospitales, asilos, boleras, lavaderos, y favorecieron especialmente la educación de los jóvenes, construyendo escuelas, dotándolas de materiales didácticos y comedores escolares, incentivando a los maestros y premiando a los mejores estudiantes.

La construcción de una escuela era una tarea que implicaba al Estado, al Ayuntamiento, a los vecinos y a los emigrantes. La intervención de los emigrantes adoptó varias fórmulas:

  • Las sociedades de instrucción, cuyo ejemplo es la Sociedad de los Naturales de Boal, nacida en La Habana en 1911, que construyó a sus expensas más de veinte escuelas en el concejo de Boal.
  • La colecta, en la que además de participar los emigrantes enriquecidos lo pudieron hacer otros menos favorecidos por la fortuna.
  • La individual, en la que un “americano” financiaba la escuela; destaco a Pepín Rodríguez, uno de los propietarios de la fábrica de tabaco “Romeo y Julieta”, de La Habana, quien constituyó una fundación que no solo construyó el edificio sino que también se preocupó del proyecto didáctico, de la dotación de materiales y profesorado.

Se calcula que unas doscientas noventa y cuatro escuelas asturianas se beneficiaron del capital de los emigrantes.

Pese a lo dicho, encontrar capital para estos fines no era tarea fácil, como señalaba Carlos Graña Valdés en carta abierta en La Maniega en diciembre de 1928, “el número de personas que se desprenden de cantidades de dinero para ayudar a sus aldeas a construir sus edificios se cuenta por los dedos”.

¿Qué hace tan peculiar el caso de Marcelino Peláez? El hecho de que no solo costeó la escuela de su pueblo natal, Ounón, como hicieron muchos “americanos”, sino que también colaboró en la construcción de la escuela de otros pueblos, donando 1.000 pesetas para todas las escuelas que se construyesen en cualquier pueblo del concejo y 25.000 para las escuelas graduadas de la villa. Es el único caso en Asturias.

Apreciemos la importancia de esa cantidad si la comparamos con otras, así para la construcción de la escuela de Naviego el Ayuntamiento puso 1.975 pesetas, la Sociedad Cangas del Narcea de Buenos Aires 1.250 pesetas y la mayoría de las donaciones solía ser de 50 pesetas.

Los pueblos beneficiados por Marcelino Peláez fueron Porley, Villar de Lantero, Santa Marina, San Pedro de Culiema, Bergame, Naviego, Linares del Acebo, Agüera del Couto, Carballo, Bimeda, Llano (con 2.000 pesetas), Santa Marina, San Cristóbal, Araniego, Carballedo, Acio y Caldevilla de Acio, etc. Disponía el concejo de Cangas del Narcea en 1931 de cincuenta y cinco escuelas, más once que estaban en construcción y esperaban llegar a las noventa en cuatro años.

Marcelino Peláez Barreiro detectó el problema de la escasa instrucción, del analfabetismo; según La Maniega en abril de 1929 en Ounón de 34 habitantes, 21 eran analfabetos, y quiso remediar esta penosa situación favoreciendo la construcción de escuelas. ¿Qué pensaría de la situación actual, cuando la despoblación aboca a muchas de estas escuelas rurales al cierre y aún presentan dificultades para impartir una enseñanza de calidad en igualdad de condiciones para todos los alumnos?

La generosidad de Marcelino Peláez no se limitó al terreno educativo, también donó importantes cantidades al Hospital Asilo de Cangas, a los pobres de Ounón y contribuyó a pagar el plano de la villa en 1930. Y sin alardear de ello, numerosos testimonios lo califican de hombre modesto; el médico Manuel Gómez en 1930 alaba su discreción: “su mano izquierda no sabe lo que la derecha hace”.

Podemos preguntarnos si tanto altruismo fue correspondido por los cangueses. Desde el Ayuntamiento de Cangas del Narcea parten dos muestras de agradecimiento:

  • Una el 9 de julio de 1930, la Corporación presidida por Joaquín Rodríguez-Arango, acordó ofrecer a Marcelino Peláez Barreiro un álbum artístico como expresión de agradecimiento de todo el concejo. Firman en él el alcalde, los concejales, y muchos maestros y escolares. Este entrañable y sencillo homenaje, costeado por suscripción popular y conservado por sus descendientes, puede verse reproducido en la Web del Tous pa Tous.
  • El otro tuvo lugar durante el pleno del 14 de mayo de 1932, cuando se hace público el agradecimiento y se acuerda dar el nombre de Marcelino Peláez a la mejor de las calles que se abran en el centro de la villa tras el derribo del convento de dominicas. Este acuerdo nunca se llevó a cabo porque la memoria de los pueblos y de sus representantes suele ser débil.

El Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País descubre hoy esta placa, un monumento público que refresca la memoria del pueblo mostrando sus valores, y ha solicitado al Ayuntamiento que a esta pequeña plaza se le dé el nombre del “benefactor de las escuelas de Cangas del Narcea”, del apodado por Gumersindo Díaz Morodo “Borí” como “sembrador de cultura”, de Marcelino Peláez Barreiro.

En el homenaje a Marcelino Peláez; Sobre los “americanos”, un artículo de Borí de 1923

Retrato de Marcelino Peláez Barreiro (Ounón, 1869 – Mar del Plata, 1953)

El sábado, 10 de octubre de 2015, el Tous pa Tous descubrió una placa dedicada a la memoria de Marcelino Peláez Barreiro (Ounón, 1869 – Mar del Plata, 1953), que fue el “americano” o emigrante a América, que enriquecido allí, más ayudó a sus vecinos construyendo la escuela de su pueblo de nacimiento y dando generosas donaciones a numerosos pueblos del concejo para construir casas-escuelas y al hospital asilo de Cangas del Narcea. Aunque en los años treinta se le reconoció su generosidad, algunos de los acuerdos que tomó el Ayuntamiento para mostrar su agradecimiento no se llevó a efecto y hoy su actuación no la recuerda nadie. Por eso, el Tous pa Tous ha tomado la iniciativa de colocar esta placa en la calle Maestro Don Ibo, así como la de solicitar al actual Ayuntamiento que ponga su nombre a la plazoleta que está entre esta calle y Las Huertas.

Marcelino Peláez perteneció a ese grupo social conocido como “americanos” o “indianos”, que tuvo desde mediados del siglo XIX y hasta los años sesenta del pasado una gran relevancia en la vida social y económica de Asturias. Personas que dieron mucho dinero a sus pueblos para escuelas, carreteras, fuentes, etc., a las que se les pedía continuamente ayuda, a las que se las “chantajeaba” emocionalmente y a las que a menudo se las ensalzaba, pero también se las despreciaba.

Indianos en el pueblo, hacia 1915. El primero de pie es Gumersindo Díaz Morodo, ‘Borí’, corresponsal en Cangas de varias revistas de la colonia asturiana en Cuba.

Hemos encontrado un artículo de Gumersindo Díaz Morodo “Borí”, publicado en La Voz de Asturias el 15 de julio de 1923, en el que precisamente trata sin tapujos sobre los “americanos” y la poca consideración que recibían de sus coterráneos. Él conocía y apreciaba mucho a este colectivo. Su padre había sido un “americano”, tenía tres hermanos emigrados en Cuba y Estados Unidos de América, y él mismo había estado unos años en La Habana. Además, tenía muchos amigos emigrantes. El aprecio era reciproco, y por eso Borí fue corresponsal de Cangas del Narcea en las revistas Asturias y El Progreso de Asturias, editadas en La Habana, y representante en nuestro concejo de las dos sociedades de emigrantes de Cangas del Narcea que existían en La Habana. Él se encargaba de repartir el dinero que mandaban estas sociedades para hacer donativos a personas necesitadas, a escuelas, al asilo, etc., y él se encargaba también de informar a estas sociedades de las situaciones que precisaban de su socorro.

En esta misma web hemos publicado un articulo que Borí le dedicó a Marcelino Peláez en la revista Asturias en 1921 y que tituló: “Sembrador de cultura”.


HABLANDO DE CANGAS
LOS “AMERICANOS”

Borí

Largos años de convivencia con los cangueses que van y vienen de América me dan a conocer la triste realidad de que tanto en Cangas como en su concejo no se “conoce”, no se aprecia ni se estima como se merece al elemento “americano”.

El concepto que del “americano” tienen formado estas gentes es tan erróneo y tan… tanto, que daría grima si no provocase carcajadas. Para la mayoría, el “americano” es un “primo”, en toda la acepción de la palabra, y como a tal “primo” solo se ve en él al individuo a quien se puede explotar y engañar cándidamente. El título de “americano” es señuelo para esa mayoría de dejarse engañar y explotar.

Si se trata de un emigrante de aldea, apenas regresa a su pueblo –y como a todo “americano” se le supone repleto de oro- llueven sobre él peticiones de dinero, peticiones en muchos casos dirigidas por convecinos que están en mucha mejor situación económica que el emigrante que regresa. Le piden por pedir, suponiendo que podrán quedarse bonitamente con el dinero que tantos trabajos y sudores habrá costado al emigrante. Si éste accede a esas peticiones, a tantos como crea favorecer, tantos enemigos se creará. Si se niega, entonces se procurará perseguirle y vejarle, hasta obligarle a marcharse nuevamente, para con “los suyos”, como los desengañados dicen.

Se dan también los casos de “americanos” que guiados por su amor al rincón en que nacieron regresan con intención de instalarse definitivamente en el pueblo natal. Apenas llegados, observan el abandono en que se halla todo lo que depende de la administración pública, y principalmente lo que se refiere a la enseñanza primaria, pues la experiencia les demostró que el analfabetismo es la mayor calamidad que puede afligir y aflige a los pueblos. Sus miradas y sus pensamientos se dirigen, pues, a la escuela. Si disponen de suficiente dinero, ofrecerán una cantidad, siempre bastante respetable, para la construcción de un edificio escolar, y no se fijan en que desde el momento del ofrecimiento empieza su calvario. A los mismos a quienes quieren favorecer les parecerá poco el donativo del “americano”, y pretenderán que él cargue con todo y acaso también con las contribuciones del pueblo. Y si despreciando este africanismo rural acude en demanda de apoyo al elemento oficial, le saldrá al paso, cuando no la persecución, una montaña de balduque de expedientes que le abrumará por completo. En fin, que entre todos procurarán cansarle y aburrirle, y le obligarán a renunciar a sus altruistas proyectos y a marcharse de nuevo con sus energía y su dinero a crear vida y cultura en pueblos extraños.

Así es la realidad de las relaciones que el concejo sostiene con el “americano”. En beneficio de todos, de la prosperidad y cultura de la comarca, se hace necesario un radical cambio en el modo de tratar al “americano”. Es preciso ver en el “americano” –aparte del creador de vida en el concejo con los muchos miles de pesetas que anualmente se envían de América- no al ser a quien se procure explotar, sino al portador de progreso y cultura, al hombre de sensibilidad extremada por el dolor, que responde siempre en remedio de calamidades cuando del hogar patrio se le llama. El “americano” tiene más de espiritualista que de materialista, y le duele y ofende, con dolor y ofensa que no olvida, esas continuas pretensiones de engañarle y de atacarle a los bolsillos que ve en la inmensa mayoría de sus paisanos… y familiares.

El Ayuntamiento cangués debiera ser el primero en procurar establecer lazos de no mentida fraternidad con las colonias canguesas de América. Solo en Cuba existen dos agrupaciones integradas por naturales del concejo. ¿Por qué el Ayuntamiento no ha de ponerse en relación continua y “oficial” con esos hijos ausentes, ofreciéndoseles en todo y protegiéndoles al regreso de inicuas persecuciones y castigando cualquier intento de engaño o explotación en que se quisiera hacerles victimas? Y hasta creo que no estaría mal que uno de los principales números de fiestas del verano estuviera dedicado exclusivamente a los “americanos”, cual hacen ya otros concejos asturianos que comprenden mejor que nosotros lo que el “americano” es y significa en todos los ordenes de la vida provincial.


(La Voz de Asturias, 15 de julio de 1923).


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La placa del Tous pa Tous a Marcelino Peláez se colocará en la villa de Cangas

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Ounón / Onón, 1920

El paisaje del concejo de Cangas del Narcea de hoy no tiene nada que ver con el de hace noventa años. Un ejemplo lo tenemos en Ounón / Onón. Mientras en el año 1920 era un pueblo habitado y cultivado, hoy es un territorio deshabitado y selvático. La fotografía de 1920 pertenece al fondo de “El Progreso de Asturias”, de La Habana, que se conserva en el Museo del Pueblo de Asturias. De todas las construcciones que se ven detrás de la escuela, solo queda en pie la panera que está junto a ella.

El pasado mes de junio, se desplazaron a Onón algunos socios del Tous pa Tous con la finalidad de ver el mejor sitio para colocar la placa de Marcelino Peláez. Allí el único sitio posible es la escuela. El pueblo de Onón antiguo, que es donde se levanta la escuela, está completamente abandonado y solo viven vecinos en la carretera, en el nuevo Onón que se hizo a partir de 1950 con la apertura de esta vía.

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Ounón / Onón, 2015

La escuela se construyó enfrente de Casa Peláez, de la que hoy solo queda en pie una panera, el resto de los edificios: casa, lagarón y hórreo, están todos en ruinas y cubiertos por la vegetación.

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Escuela de Ounón / Onón, 2015

Está claro que la placa allí no la va a ver mucha gente, casi podríamos decir que ni poca gente. No obstante, desde el primer momento y para ser consecuentes con los principios de nuestra asociación, seguimos pensando que deberíamos colocarla allí, considerando que podría ser una manera de revalorizar aquel sitio. Un modo muy modesto, pero que no deja de tener un alto valor simbólico.

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Ounón / Onón, 2015

Durante el verano le estuvimos dando vueltas a este asunto y valorando otros lugares donde colocar la placa. Entre otras opciones, se pensó que en la calle Maestro don Ibo, en la villa Cangas, no sería un disparate, porque en 1932 el Ayuntamiento tomó el acuerdo de dedicar a Marcelino Peláez una de las calles que se abrirían en el solar del convento de dominicas que se iba a derribar poco después. Sin embargo, ese acuerdo nunca se llevó a la práctica y Marcelino Peláez se quedó sin calle. En ese solar se hicieron dos calles: la Alcalde Díaz Penedela y la Maestro don Ibo. Por eso colocar la placa ahí tendría sentido. Además, Marcelino Peláez pagó la construcción de la escuela de Onón y dio dinero para otras muchas más en el concejo, y todo eso se hizo en la época del maestro don Ibo Menéndez Solar.

Finalmente, no sólo se ha decidido colocar la placa en este lugar, sino que además desde el Tous pa Tous se ha pedido al Ayuntamiento de Cangas del Narcea lo siguiente:

AL AYUNTAMIENTO DE CANGAS DEL NARCEA

La asociación “El Tous pa Tous”, de Cangas del Narcea, inscrita en el Registro de Asociaciones del Principado de Asturias con el nº 2.989 de la Sección Primera por Resolución de fecha 12 de mayo de 2009, tiene entre sus fines la promoción de la cultura y los intereses del concejo de Cangas del Narcea.

Una de las actividades de ésta asociación es la colocación de placas dedicadas a la memoria de personas relevantes relacionadas con el mencionado concejo; y así, en los últimos años, ya ha colocado cinco placas, en otros tanto edificios de la villa de Cangas del Narcea y del pueblo de Limés, dedicadas al padre Luis Alfonso de Carballo, Gaspar Melchor de Jovellanos, Åke W:son Munthe, Gumersindo Díaz Morodo “Borí” y Mario Gómez Gómez.

La próxima placa estará dedicada a don Marcelino Peláez Barreiro (Onón, 1869 – Mar del Plata, Argentina, 1953), emigrante a Argentina que construyó y dotó a sus expensas la escuela de Onón en 1920, y ofreció mil pesetas o más (que en aquel tiempo era mucho dinero) a todos los pueblos del concejo que levantasen una casa escuela. Este ofrecimiento lo cumplió repetidas veces y donó dinero para las escuelas de Porley, Villar de Lantero, Santa Marina, San Pedro de Culiema, Bergame, Naviego, Linares del Acebo, Agüera del Couto, Carballo, Bimeda, Llano, Santa Marina, San Cristóbal, Araniego, Carballedo, Acio y Caldevilla de Acio, etc…

Para darse cuenta de la verdadera dimensión de este extraordinario personaje cangués nada mejor que remitirnos a un artículo publicado en el año 1921 por el citado Gumersindo Díaz Morodo “Borí” en la revista “Asturias” de La Habana (Cuba):

“Voy a remediar una injusticia; que injusticia y muy grande implicaría silenciar determinados actos dignos del mayor encomio. Voy a hablaros de un “americano” como vosotros, de un alma altruista que desde hace años está haciendo en beneficio del concejo más, mucho más que hicieron en un siglo todos los politicastros que padecimos. Voy, en fin, a descubriros a un sembrador de cultura: don Marcelino Peláez, nacido en el pueblo de Onón.
¿No os suena ese nombre, verdad? No es extraño que para la mayor parte de vosotros sea desconocido. Muy niño emigró a la Argentina don Marcelino, lanzado a la ventura sin más bagaje que sus arrestos de luchador. Y en lucha estuvo años y más años; e indudablemente en el largo período de emigración palparía miserias y más miserias, presenciaría incontables tragedias y padecería no poco, aleccionándose diariamente en los propios dolores y en los dolores ajenos.
Venció a la adversidad, y derrochando energías consiguió labrarse una regular fortuna. Y hastiado de tanto bregar, buscando algo del merecido descanso, retornó al nativo solar, sin suponer que aquí también tendría mucho que luchar, lucha acaso peor que en las pampas argentinas; lucha contra el abandono, la rutina y la incultura. Vio que en su pueblo continuaba todo igual, en estancamiento mortal; que si hacía cuarenta años, cuando emigró, la escuela en que aprendió las primeras letras se hallaba instalada en infecta cuadra, en el mismo o aun peor local continuaba. Tendió la vista en derredor, y en todos los pueblos del concejo se le presentó el mismo cuadro de desolación: el mismo abandono y la misma incultura. Los niños de hoy, los emigrantes de mañana, continuarían la triste historia de rodar por las Américas sin conocer las más rudimentarias nociones de instrucción, condenados así a una vida de esclavos, como si sobre todos pesase una maldición.
Vio claramente la causa del mal, y no vaciló. Se dirigió al Ayuntamiento y expuso su proyecto, un bello proyecto suyo. Anunció que se proponía construir en su pueblo un edificio para escuela, y que daría una subvención de mil o más pesetas a cada uno de los pueblos del concejo que quisieran levantar casa escolar.
El caciquismo que entonces padecíamos acogió con indiferencia los proyectos del señor Peláez. No les convenía a estos politicastros que se construyesen escuelas. La escuela implica instrucción, cultura, y de terminarse con el analfabetismo, se terminaba también con el reinado del caciquismo.
Ante esta hipócrita y encubierta oposición caciquil -oposición que más tarde quedó vergonzosamente demostrada-, tampoco se arredró don Marcelino, que tiene temple de acero, como buen serrano. En su pueblo, y al lado de su humilde hogar, empezó la construcción de un elegante y adecuado edificio para escuela, inaugurado recientemente, y de cuya obra podéis formar idea por las fotografías que acompañan a esta crónica. Al mismo tiempo concedía importantes subvenciones a los pueblos que se comprometían a levantar edificio escolar, gastándose en todo esto no pocos miles de duros.
Así es don Marcelino: un apóstol de la instrucción, un sembrador de cultura. Vosotros, los cangueses que por las Américas os halláis, ¿no os creéis en el deber de solidarizaros con esta obra del señor Peláez? Nadie mejor que vosotros sabe -pues la experiencia os lo enseñó- que sólo en la instrucción se hallan las armas capaces de vencer en la lucha por la vida. Si por las actuales circunstancias de crisis económica no podéis por el momento demostrar vuestra solidaridad en forma material, es decir, contribuyendo a extender el apostolado de don Marcelino, podéis, sí, demostrarle vuestra adhesión espiritual, con el alma y el corazón. Que dondequiera que exista una agrupación canguesa figure en cuadro de honor el nombre de don Marcelino Peláez.”

La opinión de Gumersindo Díaz Morodo “Borí” era compartida por otros muchas personalidades canguesas de su tiempo, como el reputado maestro don Ibo Menéndez Solar.

Hasta tal punto que el Pleno del Ayuntamiento de Cangas del Narcea, en su sesión del día 14 de mayo de 1932, acordó por unanimidad poner el nombre de Marcelino Peláez Barreiro a la mejor de las calles que se abriese en el ensanche originado con la entonces reciente demolición del antiguo convento de las Dominicas situado en la calle Mayor. El acuerdo dice literalmente lo siguiente:

«El Sr. Alcalde leyó la siguiente mención: “Al Ayuntamiento de Cangas del Narcea. Mario de Llano González, alcalde presidente de este Ilustrísimo Ayuntamiento, al dar cuenta a la Corporación de una carta recibida por D. José Villa Suárez, de Don Marcelino Peláez Barreiro en la que ofrece 25.000 pesetas para la construcción de las escuelas graduadas de esta villa, así como otras varias subvenciones para otras nuevas escuelas del concejo, siguiendo en su cariño por el mismo y con amor a la instrucción, se cree en el deber, lo que hace con sumo gusto, de proponer a la misma lo siguiente:
1º. Que conste en acta la gratitud de este concejo, representado por su Ayuntamiento, a D. Marcelino Peláez Barreiro, mandándole oficio en que conste este acuerdo.
2º. Que siendo merecedor a que figure su nombre en el rotulo de una calle, como recuerdo a su buena obra y ejemplo de ella, se cambie el que hoy tiene la Plaza del Mercado o Toreno por el de D. Marcelino Peláez, dándole también cuenta de ello.
Cangas del Narcea, 13 de mayo de 1932. Mario de Llano”.
Conformes todos los presente con el fondo de la proposición leída, se discutió el punto de cual había de ser la calle dedicada al Sr. Peláez, acordándose por unanimidad que lo sea la mejor de las que se abran en el ensanche originado con la demolición del antiguo convento.»

Este acuerdo, tomado hace ya más de ochenta y tres años, nunca se ejecutó, y en la actualidad don Marcelino Peláez Barreiro no tiene ninguna calle ni plaza con su nombre. Desde “El Tous pa Tous” seguimos pensando que esta persona es merecedora de ella para recordar su generosidad a favor de la educación y la instrucción pública de los habitantes del concejo de Cangas del Narcea en los años veinte y treinta del siglo pasado, periodo en el que se construyeron gran número de escuelas, debiendo sumarse a este fomento de la enseñanza las importantes donaciones que también hizo al Hospital Asilo de Cangas del Narcea.

Por ello, para remediar el olvido que cayó sobre don Marcelino Peláez Barreiro, así como la injusticia que se cometió con este filántropo, “El Tous pa Tous” va a colocar el próximo 10 de octubre una placa de bronce a su memoria en la fachada lateral derecha del edificio de la calle Maestro Don Ibo, en cuya planta baja se ubica el negocio “La Cabaña”, siendo dicha calle la vía más importante de las que se hicieron en el solar del antiguo convento de las Dominicas.

Pero considerando que ese Ayuntamiento también debería de hacer algo para remediar su desmemoria, cumpliendo así con el referido acuerdo plenario adoptado por unanimidad de todos los miembros de la Corporación municipal de 1932, es por lo que “El Tous pa Tous” interesa que a la plazoleta existente entre las calles Maestro Don Ibo y Las Huertas (precisamente en la que se colocará la placa en su recuerdo, cuya plazoleta también está en terrenos en su día ocupados por el convento de las Dominicas y además siempre ha sido un espacio público innominado) se le dé el nombre de Marcelino Peláez Barreiro.

Por todo lo cual SOLICITA de ese Ayuntamiento que, teniendo por presentado éste escrito, se sirva admitirlo y, en su virtud, dicte Resolución otorgando el nombre de “Marcelino Peláez Barreiro” a la plazoleta existente entre las calles Maestro Don Ibo y Las Huertas de la villa de Cangas del Narcea.


Recuerdo a una maestra

Grupo de maestros de Cangas del Narcea en 1961. Lola está detrás de la única niña que aparece en la fotografía, su sobrina Casilda Flórez Menéndez.

El sábado 26 de septiembre, a las 11 h., se enterraba en Cangas del Narcea a Dolores Menéndez Martínez, “Lola”, que fue maestra durante muchos años en Cangas y su concejo, dejando un gran recuerdo entre sus numerosos alumnos por su entrega y vocación en la labor de enseñar.

Lola nació en Casa el Calvo de Santa Catalina el 26 de diciembre de 1924 y murió en Oviedo el 24 de septiembre de 2015. Estuvo en las escuelas de Riodeporcos (Ibias) y Linares de Allande, en El Otero, Adralés y El Reguerón en Cangas del Narcea, y se jubiló en El Resbalón en Lugones.

Mujer optimista, gran lectora y portadora de mucha fuerza, estuvo en el mes de mayo pasado, con 90 años de edad, en Dublín visitando a sus sobrinos nietos Esther y Miguel, y el día del Carmen vio la última Descarga desde su casa de Santa Catalina.


CARTA A LOLA
Esther Flórez Solarana

Lola en Dublín, mayo de 2015

El destino es así, y a veces no nos queda más remedio que aceptar que los caminos se tienen que separar; aceptar que no existen infinitas autopistas rectas. Pero antes de soltar tu mano y seguir caminando quiero decir en voz alta esa palabra que tanto nos cuesta pronunciar: gracias.

Gracias a ti, que has dado tu vida a los demás sin importar el cómo ni el por qué. Gracias por enseñarnos a vivir por nosotros mismos, pero sobre todo por nosotras mismas. Gracias por enseñarnos que la vida no es una, pues mientras abras un libro podrás robar millones de aventuras y hacerlas tuya. Gracias por enseñarnos que la justicia es posible, siempre y cuando se luche por ella. Gracias por enseñarnos a no creer lo primero que dicen las noticias, por querer saber más. Gracias por enseñar en el aula que dos más dos son cuatro, pero que en la vida dos más dos pueden ser cinco, quince o veinticinco, ya que en la vida todo es posible si trabajamos por conseguirlo.

Lola con sus sobrinos nietos en Dublín, mayo de 2015

Gracias por enseñarme el poder de la palabra, el enigma de las matemáticas y la belleza de la vida. Gracias por enseñarme a jugar, por enseñarme a soñar. Gracias por enseñarme a ser yo. En fin, gracias por enseñar, por ser catedrática en la Universidad de la vida.

Puede que mis palabras sepan a poco, por ello permíteme que robe unas letras al más grande, al que conquistó tu alma cuando aún eras una niña.

“Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero”.

Lola, gracias por habernos hecho formar parte de ti, de tus añoranzas, de tus aventuras, de tus anécdotas, en definitiva, de tu historia.

Hasta siempre.


Pero yo no hice nada

El periodista cangués Tano Ramos durante una entrevista con motivo de la presentación de su libro `El caso Casas Viejas`

Bajo el título que nos ocupa, “Pero yo no hice nada”, incorporamos a la biblioteca digital del Tous pa Tous un relato que el periodista cangués, Tano Ramos, narra a partir de unos documentos que encontró sobre la historia de Ramón “el de la calle de Abajo”, de sus últimos meses de vida, como si el propio Ramón le hablase.

TANO RAMOS GARCÍA nació en Cangas del Narcea en 1958. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su actividad periodística como reportero de agencias en Madrid y, en 1986, comenzó a trabajar para la agencia EFE en Oviedo. Al año siguiente se incorporó a la redacción del periódico LA VOZ DE ASTURIAS, de Oviedo, donde permaneció cuatro años. Volvió entonces a la agencia Efe como corresponsal y, desde 1997, trabaja en DIARIO DE CÁDIZ. En 2011 obtuvo el prestigioso Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias convocado por Tusquets Editores por El caso Casas Viejas, en donde reconstruye el levantamiento anarquista de Casas Viejas (Cádiz) en 1933 y la respuesta militar que este hecho provocó, que trajo la muerte de catorce campesinos y puso en serios aprietos al Gobierno de Manuel Azaña.


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José Avello Flórez, Cangas del Narcea y la identidad

Pepe Avello

Pepe Avello a la sombra del tejo de Regla de Cibea en 2014

En la vida, las personas nos movemos en dominios culturales donde actuamos de manera diferente y nos relacionamos con personas también diferentes. José Avello Flórez (Cangas del Narcea, 1943-Madrid, 2015) tuvo una vida rica en dominios: la universidad, el mundo literario, África, Argentina, Madrid, las amistades de esos lugares, las empresas, la familia,… y Cangas del Narcea, que fue su primer dominio y que va a ser al único al que me voy a referir aquí.

Me cuesta hablar de Pepe, porque todavía no me he hecho a la idea de que no estando aquí, en Cangas, no esté en Madrid, en su casa de la calle General Oráa, o de viaje. Nos veíamos poco, en semana santa o en verano, y tampoco hablábamos mucho por teléfono. Pero siempre que apretaba en los contactos del móvil “Pepe Avello”, siempre salía su voz, siempre estaba ahí para facilitarte cualquier cosa que le pedías, fuera lo que fuera.

Pepe era de esa clase de personas que logra que la vida sea más fácil para los demás y que consigue  que la Tierra sea un lugar agradable en el que vivir. Algunas de sus cualidades: gran lector, espléndido conversador y una de las pocas personas que conozco que todavía recomendaba libros y lecturas, hecho que agradezco mucho. También era un buen escritor. Autor de dos novelas: La subversión de Beti García (1984), que fue finalista del Premio Nadal en 1983, y Jugadores de billar (2001), que obtuvo el Premio de la Crítica de Asturias 2001, el Premio Villa de Madrid de Narrativa “Ramón Gómez de la Serna” 2002 y fue finalista del Premio Nacional de Narrativa 2001.

Fue desde muy joven un tipo despierto y observador. En 1960, a los 17 años, ganó el primer premio del Certamen “La realidad económica de España”, organizado por el Frente de Juventudes y al que habían concurrido un buen número de estudiantes de bachiller. Cursaba sexto de bachillerato en el Colegio del Corazón de María, de Gijón. Y el domingo 5 de junio de ese año apareció en el diario Voluntad, editado en esa ciudad, una entrevista que le hizo Daniel Arbesú. Algunas de las preguntas y respuestas de esa entrevista son las siguientes:

– ¿Cuándo has comenzado a preocuparte por la ciencia económica?

– Este curso, ya que tenemos diversas lecciones de economía en la Formación del Espíritu Nacional.

¿Qué es lo que más te inquieta?

– El bienestar de España. Un lógico afán de superación. Por eso titulé mi trabajo con el nombre de “Ansia”. Me gusta la economía por su gran condición humana.

[…]

¿Lees mucho?

– Mucho. Leer es una de mis aficiones.

– ¿Cuáles son esas aficiones?

– Aparte de la lectura, el estudio, el deporte y viajar.

[…]

¿Serán esos tus estudios universitarios?

– Mi ilusión es cursar las carreras de Derecho y Filosofía y Letras.

¿Qué te incitó a presentarte a este certamen juvenil sobre economía?

– El tema y su interés principalmente, y de manera subsidiaria la importancia del premio que me servirá de ayuda para mi próximo viaje al extranjero.

¿Qué viaje es ese?

– Está condicionado a que apruebe dentro de unos días la reválida. Si es así, iré a pasar tres meses por Inglaterra, a un campo de trabajo, y luego a Bélgica, Alemania, Suiza y Francia, para volver a España a cursar el Preuniversitario.

¿Es éste tu primer viaje largo?

– No. Ya el año pasado estuve por el verano en un campo de trabajo, en el Valle de Arán. Fue magnifico aquello; una estupenda convivencia con jóvenes extranjeros de nuestra misma edad. Aprendí mucho allí. El valor del trabajo y de la diversión, el esparcimiento.

[…]

Como economista en ciernes ¿qué crees tú que le falta a esa ciencia?

– Un poco de filosofía en su aplicación humana. Para mí, economía individual, más economía social, dan la perfecta amalgama de lo económico.

– ¿Cómo ves la economía española?

– Al año de la estabilización, ya se están dando los primeros beneficios. La economía actual es como una cuesta empinada, casi vertical, que todos los pueblos tratan de superar.

En esta entrevista ya están esbozados algunos de los intereses que mantendrá durante toda su vida: la lectura, el estudio, el viaje, las relaciones de amistad… Por otro lado, al inicio de la entrevista queda claro que él es natural de Cangas del Narcea.

Pepe, además, era pariente mío. Su padre, Nino, y mi padre, Pepe, eran primos carnales. Sus madres, Mercedes y Flora, eran hermanas e hijas de Manuel Morodo González, natural de Tremao del Couto, y Ramona Álvarez Antón, del Barrio Nuevo y oriunda de Adralés. Él era carpintero y comerciante, y hacia 1870 se estableció en el barrio de El Corral, formando parte de los nuevos pobladores que llegaron a esta villa de Cangas del Narcea a fines del siglo XIX procedentes de pueblos del entorno, de otros concejos próximos o de otras provincias españolas. Eran comerciantes, farmacéuticos, confiteros, médicos, funcionarios, emigrantes retornados de América, fondistas, relojeros, sastres, ebanistas, mamposteros, impresores, herreros, pirotécnicos, etc.

Todas estas personas formaron una sociedad nueva y variada, en una villa que era cabeza de distrito electoral y que estaba más relacionada con Madrid y Laciana que con Oviedo. Una población que tenía una fuerte personalidad, basada, entre otras muchas cosas, en su distancia de la capital de Asturias.

Cuando nació Pepe en 1943 aquella sociedad de sus abuelos ya languidecía. La guerra civil había supuesto un golpe muy duro, sobre todo para algunas familias, y se imponía el silencio. En aquel tiempo, la villa se preparaba para recibir otra nueva oleada de inmigrantes que llegaría a partir de los años cincuenta con la expansión de la minería.

En la villa de Cangas existía una numerosa clase popular en la que sobresalían personajes con una gran personalidad e inteligencia natural. Todavía no había llegado la televisión y predominaba una cultura oral que se desarrollaba en bodegas, tahonas, zapaterías…

“En esos años cincuenta y sesenta –escribe Pepe- aún perduraba en Cangas una cultura oral muy viva y en las barberías, en los talleres de zapatero, en las reboticas y, por supuesto, en las bodegas y en los cafés, se organizaban tertulias espontáneas en las que se cultivaba el arte de la conversación, el sentido del humor y el ingenio. Solían narrarse “historias de Cangas”, anécdotas y “cuentiquinos”, con sus personajes célebres y celebrados, y con sus dichos y expresiones peculiares que quedaban luego en la memoria colectiva durante años”.

En aquellas tertulias se expresaban razonamientos y comentarios, y se contaban historias y situaciones, a veces “inventadas o exageradas”, verdaderamente curiosas e ingeniosas. Como aquella que le ocurrió a una moza de Cangas, que había tenido durante la guerra un novio moro y pasado un tiempo recibió una carta suya. Abrió la carta y no entendió aquello. Se la enseñó a Lito Paneiro, uno de aquellos personajes sobresalientes, y le dijo: -“Esto es música, hay que llevársela a don Lorenzo”. Fueron en comitiva a casa de don Lorenzo, director de la banda de música, y éste les dijo: -“Esto no es música, es árabe”, y la carta nunca se leyó.

Muchas veces oí de pequeño a mi tía Matilde referirse a la “mona de Paneiro”, y siempre pensé que era una leyenda o una exageración. Hasta que leí en El Progreso de Asturias, de La Habana, una “Crónica canguesa” escrita por Gumersindo Díaz Morodo, Borí, en la que daba la noticia de que:

“Pasados doce años en la Argentina, se encuentra nuevamente entre nosotros el popular cangués Pepe Paneiro, siendo portador de una auténtica mona que hace las delicias de la tropa menuda canguesa” (10 de julio de 1923).

Así era Cangas. Una villa no solo peculiar en sus tertulias de bodega, sino en sus manifestaciones más públicas y conocidas, como La Descarga del 16 de julio, que es una de nuestras señas de identidad ¿Puede haber algo más estrambótico que la Descarga? La misma asociación que la organiza era bastante peculiar: una Sociedad de Artesanos de Nuestra Señora del Carmen, fundada en 1903, en la que no había ningún artesano, y que hasta hace unas décadas era una simbiosis entre asociación profana y cofradía religiosa.

A Pepe le fascinaba La Descarga. En su primera novela, La subversión de Beti García (1984), aparece mencionada en las primeras páginas y en 2013, refiriéndose a esta novela, declaraba en una entrevista: “La Descarga era una cosa mítica. Entonces yo dije, pues nada, le doy yo el origen. Y el origen es la celebración de uno mismo”. En la novela se cuenta como un emigrante en Argentina, Baltasar García, envía anónimamente a su pueblo (que es un imaginario Cangas) una cantidad elevada de dinero para invertir en varias cosas. Una de ellas es comprar diez mil pesetas “en cohetería de explosión” y lanzarla al aire el día 16 de julio a las ocho de la tarde y en “un lapso no mayor de seis minutos”. El Ayuntamiento así lo hizo:

“En las ferias, en las romerías de junio, en las bodegas, se murmuraba con asombro de lo que sería la descarga. Muchos decían que se incendiaría el cielo, otros que saltarían todos los cristales de Ambasaguas, que enloquecería el ganado, que se romperían las nubes y llovería a cántaros, que era imposible. Pero lo que fascinaba a todos por igual era que se quemasen diez mil pesetas sin motivo. Aquel dispendio innecesario de casi el valor de una aldea con todas sus fincas, excitaba a la gentes y las hacía participar por primera vez en sus vidas de un sentimiento nuevo y no identificado: el del lujo. Quemar diez mil pesetas les provocaba una sensación contradictoria de congoja y libertad: lo que más les abrumaba era que no servía para nada”.

Con este donativo de Baltasar García –se dice en La subversión de Beti García– “se iniciaba una larga tradición de despilfarro que llega hasta nuestros días, cada vez con más magnificencia, logrando ser en el transcurso de los años la más emocionante y autentica señal de identidad de nuestro pueblo”.

Sobre La Descarga volvió a escribir Pepe, no como escritor de ficción, sino como sociólogo de la cultura. Según él, el ruido y la embriaguez tienen en la fiesta la función de unir a los participantes y superar la segregación social y generacional que caracteriza a la fiesta tradicional: “El paroxismo del ruido es, desde luego, la Descarga del Carmen, que asume todas las emociones individuales y privadas en una sola emoción compartida y resume en esa emoción el sentimiento de pertenencia de toda la comunidad canguesa”.

En ese mundo de Cangas, rodeado de amigos, pasando más tiempo en la calle que en casa, escuchando a tipos curiosos y observando La Descarga todos los 16 de julio, pasó su infancia y primera juventud Pepe Avello. Como era un joven despierto y observador, se impregnó de ese ambiente y supo disfrutar de él enormemente. Con esa sociedad se sentirá estrechamente identificado hasta el final de su vida y esa sociedad aparecerá (imaginada, idealizada, tergiversada) en su literatura, especialmente en La subversión de Beti García. La infancia canguesa era uno de sus referentes vitales y a ella achacaba muchos de sus sentimientos.

En 1990 participó en el jurado del Premio “Memorial Benito Álvarez Castelao”, convocado por la Sociedad de Artesanos para estudios sobre la descarga y las fiestas del Carmen. El premio lo obtuvimos José María González Azcárate y yo. Creo que fuimos los únicos que nos presentamos. Para el libro, que titulamos “La explosión de la fiesta. Los festejos del Carmen en la villa de Cangas del Narcea” le pedimos a Pepe un prólogo. Nos dijo que sí y nos envió uno que no era precisamente una faena de alivio: 17 folios, cargados de ideas, que tituló “El contenido de la fiesta: el ruido y la embriaguez”. Como el libro tardó cinco años en publicarse, volvió a retomar el asunto y a rehacer el prólogo, centrándose en un tema que le interesaba especialmente en ese momento: la identidad. El prólogo definitivo se tituló: “Identidad cultural y fiestas populares”. Pepe se sentía muy identificado con Cangas, pero esa identidad había que matizarla. Su identidad no era excluyente. Cuando él estaba escribiendo esas páginas, en 1991 y 1992, otra vez Europa estaba en guerra y otra vez más la identidad excluyente asesinaba a miles de personas, esta vez en Yugoslavia.

“El fantasma de la identidad social y cultural recorre España (y Europa) en este final de siglo, sustituyendo como problema colectivo a aquel otro fantasma anunciado por Marx y Engels, ahora viejo y decrépito. Son fantasmas opuestos. El fantasma de Marx era universalista y pretendía acabar con todas las diferencias. El fantasma de la identidad nacional, por el contrario, trata de mantenerlas, cuando no de instituirlas. Ambos degeneran con facilidad en el horror y tienen la propensión histórica de convertirse en graves enfermedades”.

A Pepe le horrorizaban la división de “nosotros” y “ellos”, los “fanáticos cultivadores de las diferencias, que ensombrecen cuanto tocan” o “las colectividades que a toda costa se quieren a sí mismas diferentes”, pero no negaba, lógicamente, el sentimiento de identidad, porque él mismo padecía de ese sentimiento en alto grado. Pepe sabía que la identidad cultural, como las generaciones, se renueva continuamente e incorpora materiales y formas incesantes que con el tiempo adquirirán, en la memoria futura de la gente, nueva dignidad y nobleza. “Porque la nobleza no reside en los objetos ni en los usos, sino en los sentimientos de las personas”.

Para Pepe la identidad se afianzaba en dos hechos: el primero, un territorio, que es lo verdaderamente estable y quizás lo que, en última instancia, más contribuye a modelar el carácter de una comunidad, y el segundo, la pertenencia a un grupo en el que se establecen los límites de su individualidad, es decir, lo que cada uno debe al grupo (porque es el grupo el que le da su identidad) y lo que se debe a sí mismo como persona singular. Esto es lo que marca el carácter de la gente y configura su mentalidad: la visión compartida de la realidad, el sistema de creencias y saberes que la dota de sentido, la jerarquía de valores. Todo ello configura una mentalidad colectiva, una cultura, y es ahí donde se alberga la identidad. La identidad de Pepe, como él mismo expresó, se forjó en su infancia en Cangas del Narcea:

“Creo que el lugar que realmente determina de dónde eres es el lugar donde tienes los amigos de la infancia, tus iguales, los pares, y eso a mí me sucedió en Cangas. Y es en esa convivencia, con los amigos más o menos de tu edad, donde se aprenden las cosas más importantes de la vida, todo lo que son las emociones y los sentimientos sociales, es decir, qué es la lealtad, qué es la codicia, qué es la amistad, qué es la ambición, la dignidad…”.

Esta idea la expresó repetidas veces. El prólogo a Glosario cangués termina:

“Nuestra identidad y nuestros nombres no provienen de un documento oficial, sino de una memoria comunitaria, familiar e infantil que nos abarca”.

Pepe solía decir que el mundo es muy grande y que todos lo teníamos que ver desde algún sitio. Él, estuviera donde estuviera, lo veía desde Cangas, su amigo argentino Héctor Tizón desde Jujuy y el gallego Álvaro Cunqueiro desde Mondoñedo.

Uno de los últimos libros que me recomendó fue Los días en ‘La Noche’ (2012), una recopilación de todos los artículos que Cunqueiro publicó en el diario La Noche, de Santiago de Compostela, entre 1959 y 1962. Estaba entusiasmado con la lectura de estos artículos cortos, y creo que estaba entusiasmado porque se veía muy identificado con esos textos en los que Cunqueiro, desde Mondoñedo y rodeado por sus vecinos, habla de todo el mundo, de todos los escritores, de todas las situaciones y de todos los sentimientos humanos. Solo un ejemplo de lo que digo, cogido al azar. En el artículo “Las hoces y el pan” comienza hablando de una novela del escritor alemán Teodoro Storm, pasa a hablar del mercado de hoces para la siega que se hacía en la plaza de Mondoñedo y de los ferreiros de Ferreira Vella que las fabricaban en un mazo. Y dice: “En mi casa de Riotorto tuvimos una criada de Ferreira Vella, una rapaceta quieta, los ojos verdes quietos, una sombra quieta. A los diez días se despidió: – ¡Non me acostumbro! Non sei dormir sin oír los golpes del mazo!”, y acaba el artículo mencionando al escritor francés Louis Aragon.

Cunqueiro, como Pepe, querían comprender su mundo inmediato y el mundo entero, y para eso ascendían hasta las alturas para ver desde lo más alto. Su afán, su objetivo, era entenderlo todo. Así termina la autobiografía que escribió para La Nueva España en 2011:

Durante los últimos 20 años participo activamente en una tertulia de buenos amigos en la que nos reunimos para leer a los clásicos y comentarlos: Homero, Cervantes, Montaigne, Dante, Herodoto, un autor cada año; ahora estamos leyendo a Plutarco, y resulta fascinante comprobar cómo a los antiguos les preocupaban básicamente los mismos problemas que a nosotros y con qué prudencia y sabiduría los abordaron. Pero también tenían vicios y pasiones; como ahora, la crueldad y la bondad siguen en combate en la vida de los hombres y de las sociedades casi de la misma forma. A menudo suelo recordar lo que tantas veces le oí decir a Rompelosas, de Las Escolinas, en mi juventud canguesa. Cuando alguien le reprochaba lo que bebía, Rompelosas solía contestar: “Todos los paxarinos comen trigo y sólo pagan los gorriones”. Describe bastante bien lo que nos pasa. Pero nunca llovió que no escampara.

En los últimos años, por ese ansia por entender, disfrutó mucho con la lectura de las “Crónicas Canguesas” de Gumersindo Díaz Morodo, Borí, escritas en las revistas Asturias y El Progreso de Asturias, de La Habana, entre 1914 y 1928, y que se publicaron en el libro Alrededor de mi casa (2009). En ellas encontró noticias que le sirvieron para conocer (comprender) mejor Cangas e incluso la historia de su propia familia.

Ya me he alargado bastante. Voy a acabar mencionando un texto en el que se resume la relación de Pepe Avello con Cangas: la canción del “Tous pa Tous”, cuya letra escribió él y a la que puso música Gerardo Menéndez, y que se escuchó el día del entierro de Pepe en el cementerio de Cangas del Narcea, en Arayón, como última despedida y homenaje. En esta canción hay nostalgia “por marchar y volver viejo”; hay buenos deseos para los cangueses que están fuera y la esperanza del reencuentro: “que nun nos falte de nada / cuando volvamos a venos”; en ella se hace referencia a la necesaria ayuda mutua que garantiza la supervivencia: “recuerda el tous pa tous…pa tous / los de cangas y el concejo / pa que el yo sea un nosotros / allí donde nos hallemos / que la neblina es muy honda…muy honda / más allá de Leitariegos”, y termina mencionando la infancia en una Cangas protectora, en donde Pepe fue feliz y donde se formó su identidad: “habitantes de la infancia…/que nunca acaba…cantemos/ la canción del tous pa tous/en donde quiera que estemos,/si necesitas ayuda…ayuda/si tas solo, si tas lejos…”. El mismo Pepe en una de sus entrevistas dijo: “La infancia es un mundo más o menos ordenado. Lo otro es el salvaje oeste, donde cada uno hace lo que quiere”.

Todos estos sentimientos, por supuesto, no son exclusivos de los cangueses, ni de nadie, son comunes a todos los seres humanos y a todos los tiempos. Lo que pasa es que Cangas, como dijo Pepe en una de sus entrevistas, “es el lugar de donde yo soy”.

Juaco López Álvarez


Texto preparado para leer el día 23 de abril de 2015 en la Librería Treito, de Cangas del Narcea, en un homenaje a Pepe Avello.

Las fuentes de información para escribir este artículo han sido las siguiente: la entrevista “José Avello, escritor” por Javier Morán en La Nueva España, 2011; la entrevista “José Avello: la ambición y el sosiego” por Cristóbal Ruitiña y Alfonso López Alfonso en Clarín, n º 109, enero-febrero de 2014, págs. 33-39, y la entrevista realizada por estos mismos en La Maniega, nº 197, payares-avientu de 2013. Los prólogos escritos por Pepe Avello en Juaco López Álvarez y José Mª González Azcárate, La explosión de la fiesta. Los festejos del Carmen en la villa de Cangas del Narcea, 1997 y Paco Chichapán, Glosario cangués, 2003.


‘Mientras corre el tiempo’

Ediciones Hontanar publica el libro ‘Mientras corre el tiempo’, un poemario compilado por la hija de Tomás Tornadijo García, María Eugenia Tornadijo Rodríguez, que hace así realidad el viejo sueño de su autor. En él están recogidas gran parte de las poesías que fue escribiendo a lo largo del tiempo y que son precisamente un compendio de recuerdos bucólicos, sentimientos y reflexiones serenas dibujadas con sencillas palabras. Leer más

Hacia el Trópico: José Fernández Rodríguez en Guinea Ecuatorial

José Fernández Rodríguez, en su casa de Villacanes, el 26 de julio de 2013

José Fernández Rodríguez, en su casa de Villacanes, el 26 de julio de 2013

Cuentan que los bueyes tiraron tan fuerte que a Mariano Mora, de casa Castán, en el pueblo de Chía, del aragonés valle de Benasque, se le rompió el arado cuando estaba un día labrando la tierra, y agarró tal cabreo que allí dejó bueyes, arado y campo. Se fue a casa y con cuatro trapos hizo un hatillo que colocó en el extremo de un palo para descender la montaña hasta alcanzar Barcelona. Desde allí, con la ayuda de los padres claretianos con los que había estudiado, llegó a la isla de Fernando Poo, en Guinea Ecuatorial, donde se estableció fundando una empresa de cultivo y exportación de cacao y desde donde pronto comenzó a reclamar ayuda de familiares y vecinos ribagorzanos del valle de Benasque, que fueron llegando para trabajar en el cacao y la madera. Mariano Mora, por cierto, se convertiría en el primer representante de una saga, la de la casa Mora-Mallo, propietaria de algunas de las fincas más importantes de la isla y que adquiriría fama dedicándose al cultivo del cacao.
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