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Este comentario sobre las fiestas del Carmen y La Descarga en Cangas del Narcea, fue publicado en el semanario de noticias de Grado “Mosconia” en agosto de 1915. Lo escribió,  a sus 29 años de edad, el periodista cangués Gumersindo Díaz Morodo “Borí” a petición del abogado gradense Ramón Maqueda, con la finalidad de publicarlo en el mencionado semanario.


DE UNAS FIESTAS

IMPRESIONES

Entre cacho y cacho o cacipiellu y cacipiellu del mosto cangués me pide Ramón Maqueda unas impresiones de las fiestas que en estos días se están celebrando en esta villa de Cangas de Tineo.

Las quiere para MOSCONIA, y en verdad que la petición no es pequeña. Porque ¿qué impresión pueden dejar en mí unas fiestas que vengo presenciando de casi sin interrupción desde hace un cuarto de siglo?

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Procesión de la Virgen del Carmen en la calle de la Iglesia (hoy, calle de don Rafael F. Uría), hacia 1915. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Col.: Juaco López Álvarez

La tradición consagró estos festejos del Carmen, y creo no hay un cangués que no espere con impaciencia el 16 de Julio. Aunque el programa de fiestas mencione unos cuantos días de diversión, los cangueses pensamos especialmente en ese día del 16, y de ese día, en el momento —que también por tradición llamaremos solemne— del regreso en procesión de la imagen Carmelita a su iglesia.

¿Fanatismo?… ¿Qué acaso se espere en tal momento algún milagro de una Virgen de la que tantos y tan estupendos nos cuentan?… Nada de eso, nada de fanatismo. Aquí, como en todas partes, y acaso en mayor número, hay gentes fanáticas, pero en ese día tienen el buen acuerdo de desaparecer, de no dar muestras de vida… A la procesión apenas si acuden tres o cuatro docenas de personas; el público se estaciona por puntos estratégicos que den vista al puente de piedra que ha de cruzar para dejar la imagen en su iglesia, y, llegada la procesión al puente, presenciar el momento solemne, el momento en que miles y miles de cohetes cruzan el espacio en todas direcciones, enlazándose unos con otros, nublando el sol, cohetes disparados por jóvenes y no jóvenes colocados estratégicamente en las cercanías de los ríos Luiña y Narcea.

CANGAS DE TINEO, 1915.—Jóvenes y mayores de la localidad celebrando la romería del Carmen junto a una facina de hierba.

Porque estas fiestas se distinguen de otras por el gran consumo de pólvora que en el momento de la procesión se hace. Numerosos individuos, colocados por las huertas cercanas a los ríos, no cesan durante veinte o treinta minutos de disparar cohetes y más cohetes, y cuando se cree que la descarga va a finalizar, las máquinas disparadoras se encargan de poblar una y otra vez el espacio, dando todo ello la impresión de baterías de cañones y ametralladoras disparando hacia lo alto.

Este espectáculo de tanto derroche de pólvora es lo que más hondamente me impresiona anualmente en las fiestas del Carmen, y mentalmente me pregunto si esta costumbre de quemar pólvora en tanta abundancia será o no será una herencia transmitida de generación en generación por los invasores que de Asturias expulsó D. Pelayo.

BORÍ
Cangas de Tineo, 15 de Julio de 1915

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