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Mario Gómez, en el Ejército

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Mario Gómez Gómez en Cádiz, 1915. Fotografía de M. Iglesias. Colección familia Álvarez Pereda.

Al pasar por Cangas nuestro consocio y secretario de la facina de Madrid, D. Sandalio Menéndez, cumplido ya un piadoso y triste deber filial que le trajo al Concejo, me encargó reiteradamente que escribiese para LA MANIEGA algo sobre la vida militar de Mario. Y pensaba yo, a este respecto, que lo más sencillo, verídico y hasta elocuente sería copiar literalmente la hoja de servicios, en la que, con laconismo oficial, se enumeran y relacionan todos los hechos salientes, vicisitudes y recompensas de la carrera médicocastrense de tan distinguido jefe, en la que destacan a porfía las virtudes militares del soldado heroico con la competencia científica del facultativo benéfico; pero la cosa no había de ser tan fácil como a primera vista parece, no sólo por las dificultades para obtener la copia, sino porque, obtenida, resultaría un escrito demasiado extenso para las proporciones habituales del periódico y más aún para la parte de él que como colaborador asiduo pueda corresponderme. Y por eso, ante la imposibilidad de seguir a nuestro buen caballero a través de campamentos, cuarteles, fábricas militares, comisiones y hospitales de mar y tierra, desde su primera salida por campos de Melilla, allá por el año 1898, hasta su reciente y breve retiro de Limés, dejando en todas partes muchedumbre de amigos y admiradores, me limitaré a recordar algunos episodios y épocas que conserva mejor mi memoria por la parte que en ellos hubo de corresponderme.

Mario Gómez, con grado de capitán, con unos soldados del cuerpo de Sanidad Militar, hacia 1908. Colección Gómez Marcos.

Allá por el año 1908, o cosa así, estaba Mario Gómez destinado como capitán médico en la fábrica de Artillería de Trubia, donde, entre otras obras sociales, desplegaba su prodigiosa actividad en organizar y dar impulso a una numerosísima agrupación artísticomusical y masa coral, formada por obreros de aquel centro militar y elementos diversos de la industriosa villa, que repetidas veces manifestó a Mario su entusiasta adhesión y agradecimiento; y en los Carnavales de uno de esos años, estando en León, además del que esto escribe, un oficial de Intendencia Militar, casi cangués, Segismundo Pérez, recibimos aviso de nuestro hombre para que preparásemos posada, público, popularidad y pesetas a «La Clave» (nombre de la agrupación), que de momento (como solía hacer las cosas Mario), llegaría a dar conciertos, trabajar en el teatro y pasar un par de días alegres si los leoneses respondían a tan halagüeños propósitos, y aunque es verdad que nosotros no nos dormimos, en el León de entonces no había ambiente para estas cosas: acababan de fracasar dos estudiantinas, y a «La Clave» se la creía una más, con la agravante de ser falsificada, es decir, no constituida por verdaderos estudiantes; pero Mario venció todas las resistencias, y aquello fué el exitazo más formidable que recuerdan las crónicas del Carnaval de la vieja ciudad, plenamente conquistada por el arte de los trubiecos y la simpatía de aquel a quien consideraban su jefe.

Mario Gómez y Gómez durante la campaña de África de 1909.

En el mes de julio de 1909, días después de la muerte alevosa de obreros españoles que trabajaban en el ferrocarril de las Minas del Rif, primera agresión de los moros y momento inicial de una lucha casi continua que duró dieciocho años, desembarcaba por segunda vez en Melilla, destinado a uno de los batallones de la brigada de Cazadores de Cataluña el entonces médico primero D. Mario Gómez y Gómez. El general Marina, ante unas circunstancias que no dejaban lugar a opción, había ocupado con las escasas tropas de la guarnición de la plaza una serie de posiciones que jalonaban el camino de Nador, centro de concentración de la jarca; posiciones dominadas por las crestas y laderas del Gürugú, difícilmente accesibles por el lado del mar, que era el nuestro, y muy fáciles en cambio para las cabilas del interior, desde las cuales hostilizaban impunemente nuestros campamentos con un constante «paqueo» que agotaba la resistencia física y moral de nuestros soldados; lanzándose a veces al ataque en masa, como en Sidi Hamet, Sidi Musa, Barranco del Lobo, etc.

Encerrado en esos campamentos, donde toda incomodidad y toda privación tenían su asiento, empezando por la penosísima del agua, curando centenares de enfermos bajo la acción muchas veces eficaz de las balas enemigas, deambulando de unas a otras posiciones en convoyes siempre atacados, para multiplicar su asistencia médica y extender los beneficios de su labor humanitaria, cumpliendo, en fin, con su penoso deber, con un deber para el cual el Mario cangués, el de las «Xácaras» y «Chilindrinas», El Cuntapeiru, no admitía atenuaciones, ni titubeos, ni bromas, pues médico y militar, su salud y su vida se inmolaban por la vida y la salud de los soldados de España. En esto, la austeridad más rigurosa era la norma de su ejercicio profesional.

Mario Gómez (sentado en el centro) con varios soldados de Cangas del Narcea en Marruecos, hacia 1910. Colección Gómez Marcos.

Yo conocía de vez en cuando sus andanzas, y estuve tan cerca de él, que es fácil que las granadas del grupo artillero donde prestaba mis servicios hayan pasado a veces por encima de su cabeza; pero iniciado el avance general, no pude verlo basta la entrada del invierno, que regresando a Melilla con una fuerte columna, de la que me separé más de lo prudente acuciado por el deseo de encontrarlo, pude al fin darle un abrazo en la posición llamada Segunda Caseta, una de las más insistentes y eficazmente atacada por el enemigo. Estaba mal trajeado, flaco y negro; no en vano había hecho íntegra y en los sitios de más rigor la durísima campaña de aquel memorable verano, a pesar de lo cual su espíritu jovial se mantenía inalterable.

Marruecos, territorio de Larache; Mario Gómez tocando la gaita en la posición de Zoco el T’Zeni en 1912.

Tres años más tarde tuvimos otro encuentro en África, a donde habíamos vuelto, él por tercera y yo por segunda vez; fue en el territorio de Larache, en la elevada posición de Zoco el T’Zenin, que por su emplazamiento y las condiciones en que se desenvolvían entonces las operaciones, permitía cierta holgura al personal. Allí era digna de ver la actividad multiforme e inagotable de Mario. En su tienda, compartida con el primer jefe del batallón, una gaita y algún «desperdicio de gochu», disputaban el sitio a gran montón de libros y periódicos; los objetos marroquíes y los recuerdos de Asturias estaban mezclados con borradores de versos, de artículos para la Prensa y de cuartillas para uno de sus libros, no recuerdo cuál de ellos; luego, tabaco, cerveza, bicarbonato…, todo en «orden de barullo». Y en una ladera próxima, aprovechando el agua de la fuente del Morabito (uno de los pocos afloramientos de agua que se encuentran en toda la zona), tenía una huerta. ¡Una señora huerta!, roturada y cultivada por él.

Como hice allí noche con mi columna, no hay que decir que vivimos unas amables horas de Cangas: buena mesa y mejor sobremesa: gaita, unas canciones de la tierra, prosa y versos suyos inéditos, y la charla amena sobre proyectos, alguno de los cuales llegó a ver realizados.

Mario Gómez, con el grado de teniente coronel, junto a otros oficiales y soldados en el vapor Sevilla, hacia 1920. Colección Gómez Marcos.

Tiempo después lo visité en el Ministerio, en la Sección de Sanidad. Ya era teniente coronel y el destino fijo en Madrid, sin enfermos, y de cómodo servicio, resultaba envidiable para un señor encanecido en la clínica de cuarteles, campamentos y hospitales; pero el alma aventurera de Mario Gómez, le llevó al nuevo estrépito de la última campaña, se fue a la querencia, y cambió la poltrona de su negociado por la dirección del buque-hospital «Castilla», pisando por cuarta vez las costas de Marruecos, en cuyas aguas, como ya saben los lectores de LA MANIEGA, estuvo a punto de perder su vida cuando el naufragio de dicho barco.

De esa vida que Dios quiso conservar entonces, para que pudiese extinguirse cristiana y tranquilamente entre los suyos. Y aún ciñéndonos a la parte militar de ella, podrían escribirse resmas de cuartillas; pero ya dije al amigo Menéndez que me limitaría a recordar algunos episodios, y cumplido esto, creo que no debo ocupar ni otro renglón de nuestra Revista.


Por Francisco Cosmen
Publicado en LA MANIEGA. Boletín del Tous pa Tous [julio-agosto 1932]


El Sanatorio Obrero de Trubia

Sanatorio Obrero de Las Cruces, Trubia (Oviedo), hacia 1906.

Por Toño HUERTA
Presidente de la Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia

Como muchos otros territorios, Trubia cuenta con uno de esos espacios que tienen un halo de misterio, casi mágico. Multitud de generaciones participamos de excursiones escolares a un edificio vacío, a veces incluso siniestro. Pero a nada que rasquemos veremos que es un lugar lleno de historia y vida. Abandonado durante décadas a su suerte, hoy aún podemos ver en el Alto de Las Cruces el Sanatorio Obrero.

Para hablar del Sanatorio, antes tenemos que hablar de un personaje poco conocido en Trubia y sin embargo parte esencial de su historia. Nacido en Cangas del Narcea en 1872, Mario Gómez y Gómez se licenciaría en Medicina en la Facultad de San Carlos de Madrid; finalizada su licenciatura en 1897, ingresaría en el Cuerpo de Sanidad Militar, siendo destinado en agosto de ese mismo año a la Fábrica de Armas de Trubia.

Nuevos destinos le llevarían por Valladolid, Vitoria o Gijón, hasta su regreso a Trubia; desconocemos el año exacto de su nueva llegada, pero podríamos datarla en torno a 1906. En esta segunda fase “trubieca”, impulsaría y sería socio fundador del Sanatorio Obrero de Las Cruces. Nuevos destinos le harían viajar por toda España, con diversos cargos en el Ministerio de Guerra. En 1931 solicitaría el retiro anticipado del Ejército, regresando a su Cangas natal, donde fallecería al año siguiente.

Aunque realmente no estuvo mucho tiempo en Trubia, su paso por la localidad dejaría huella. Se implicaría en la vida del pueblo donde, desinteresadamente, fuera de sus obligaciones como médico militar, prestaría sus servicios tanto a la población civil como militar más necesitada. Por todo ello, la población siempre lo tendría en gran consideración y, a petición de los vecinos de Trubia, el 22 de julio de 1927 sería nombrado Hijo Adoptivo de Oviedo. Por lo tanto, la historia del Sanatorio Obrero de Las Cruces está íntimamente ligada a Mario Gómez y Gómez. Como indicábamos, él impulsaría la creación de este sanatorio que, en origen, estuvo gestionado por los propios obreros de la Fábrica de Armas, quienes en 1907 crearían la Sociedad Sanatorio Obrero; en los estatutos de la misma, localizados recientemente en el archivo de la Biblioteca de Asturias, se dice que el edificio del sanatorio es propiedad de los socios. Sin embargo, con el tiempo, y a partir de la dictadura, esos bienes pasarían a ser propiedad de la Fábrica de Armas de Trubia, quien gestionaría el sanatorio hasta su cierre en la década de 1960; habitado hasta finales de la centuria pasada, hoy se encuentra en total abandono.

Socorros mutuos

Además de la Sociedad Sanatorio Obrero, en 1911 también se crearía en Trubia la Sociedad de Socorros Mutuos “La Prevenida”. En otra ocasión hablaremos del gran movimiento asociativo que siempre existió en Trubia, parte esencial de nuestra cultura, sociedad y patrimonio. Pero por apuntar algo evidente, ¿no resulta paradójico que un edificio como el Sanatorio Obrero de Trubia, propiedad de una sociedad obrera, fuese apropiado por el Estado para, con el tiempo, dejarlo arruinarse? Quizás se deba volver a ese espíritu inicial y dejar que sea la propia comunidad la que gestione sus bienes.


Fuente: La Voz del Trubia – 20/01/2020

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Breve semblanza de Mario Gómez Gómez (1872-1932)

Mario Gómez Gómez en Cádiz, 1915. Fotografía de M. Iglesias. Col.: familia Álvarez Pereda.

A continuación reproducimos la semblanza, combinación de una especie de bosquejo biográfico y otro autobiográfico, pronunciada por el secretario de El Payar del Tous pa Tous, Manuel Álvarez Pereda, en el acto a la memoria de Mario Gómez Gómez (Cangas del Narcea, 1872-1932):

En Limés, Cangas del Narcea, a 20 de octubre de 2012

Del derecho y del revés
soy de Cangas de Tineo.
Tonto o listo; guapo o feo,
soy de Cangas; soy Cangués.

Y Cangas mi pueblo es
porque así fue mi querer,
que si en Madrid tuve el ser,
fui a Cangas conducido,
y nací donde escogido,
tenía para nacer.

Así empieza el libro De Bogayo, escrito en 1915 por nuestro protagonista, sin duda una de las personalidades más carismáticas del Cangas de todos los tiempos. Y así empieza el libro, en respuesta a una pregunta que el propio Mario Gómez se hace a sí mismo y en la que me apoyaré a lo largo de esta exposición: ¿Que, quién soy yo?, se preguntaba. Una pregunta que en Cangas, la podía responder cualquiera, y en otros muchos lugares, mucha o bastante gente.

Mario Gómez fue un personaje muy popular, que conocía muy bien a sus paisanos porque trataba con todo el mundo, con todas las clases sociales. Conocedor de las costumbres canguesas, del lenguaje, sabía desenvolverse en cualquier situación como “Pedro por su casa”. Pero sobre todo, siempre tenía todas las potencias de su alma fijas en esta tierra que tanto quería porque le vio nacer, porque, según él mismo decía, sufrió muchas de sus travesuras de rapaz, y porque en ella tenía, según decían todos, el cariño de cuantos siquiera una sola vez le trataron.

Otro ilustre cangués y amigo suyo, Borí (Gumersindo Díaz Morodo) en 1916 escribía lo siguiente:

«Removiendo en los recuerdos de la infancia, veo a ese querido cangués gozando ya de una popularidad envidiable. Rapaz inquieto y de iniciativas, supremo jefe de la juventud canguesa, no se organizaba en esta villa una parranda, o una fiesta, o una cabalgata carnavalesca, o una excursión a las montañas que nos circundan… cuando no se emprendía una cruzada contra los gatos o se desarrollaba descomunal pedrea, en que él no estuviese al frente, ordenando, mandando como general que guía sus huestes al combate y a la victoria.

Cuando estudiante, en el tiempo que fuera de Cangas se hallaba, se parecía la villa a una balsa de aceite. En la época de vacaciones, los jóvenes se comunicaban unos a otros la buena nueva, la próxima llegada de Mario Gómez, el cual seguramente traería u organizaría algo nuevo, desconocido, exótico, que haría las delicias de todo el pueblo, de grandes y de chicos, de hombres y de mujeres. […]»

Y es que esto que escribía Borí lo afirmaba el propio Mario:

Desde el Matorro al Mercado;
Del Cascarín al Corral,
no hay un rincón ni un portal
donde yo no haya jugado.

Ni un aldabón respetado,
ni ventana en que asomada
alguna vieja rabiada
con furia no me riñera
al verme tirar certera
a su gato, una pedrada.

De casa de la Calea
a mas allá de Arayón
no hay un pozo ni un rabión
que no sepa, del Narcea.

Ni hay nogal, cuya cacea
no haya manchado mis manos,
ni perales ni manzanos
por donde no gatease,
ni pared que bien guardase
los nisales y avellanos.

Mozo ya, corrí el Concejo
caminante y andarín
a caballo o en pollín
a pelo o con aparejo.

A la vera del pellejo
o de las cubas al pie
mucho bebí y más canté
en todas las romerías,
y repartiendo alegrías
alegría atesoré.

¡Que tiempo feliz aquel! …

Que lo digan Victorino
Fernando Ron, Avelino
Luis de Carballo o Abel.

En bullicioso tropel,
del Acebo a Carrasconte;
del Puelo a San Luis del Monte
marcábamos gayas huellas
y Arvas, Touzaque o Caniel.las
dábannos poco horizonte.

De pedreas, de fiestas, de parrandas… Cierto es, que cuando Mario Gómez estaba aquí, en este su Cangas del alma, todo en él era gozo y alegría, pero esto no era impedimento alguno para que desde muy joven tuviese un gran sentido de la responsabilidad. Terminó brillantemente sus estudios en Madrid, se graduó en Medicina, preparó oposiciones al cuerpo de Sanidad Militar e ingresó en el Ejército tras aprobarlas.

Primer destino África, con base en Melilla, después Trubia (Oviedo), Valladolid, Vitoria, Gijón, y otra vez Trubia destinado en la Fábrica de Armas. Está claro que el hombre tiraba para la patria chica aunque alguna ‘mano negra’ empujaba más fuerte y vinieron más destinos: Pamplona, Reus (Tarragona), vuelta a Melilla y a primera línea de fuego en distintos campamentos de África. Parecía que se iba a librar de la morisma en Barcelona, Manresa… pero, de vuelta al país del moro no sin antes hacer guarnición unos meses en Leganés (Madrid). Durante unos años participó activamente en la campaña de África y por los méritos que fue acumulando consiguió ascender. Pasó a Galicia como Director del Hospital Militar de Vigo. También fue Director del Hospital Militar de Carabanchel (Madrid). Por otro ascenso pasó al Ministerio de la Guerra como Comandante-Médico, dirigió el buque hospital “Almería” y ascendió a Teniente Coronel Médico destinado como director del Hospital Militar de Córdoba. De aquí se hace cargo del buque hospital “Castilla” y pasa a Marruecos donde permanece evacuando heridos hasta el conocido naufragio en aguas de Melilla el 12 de mayo de 1927. Tras dos años de excedencia forzosa en Trubia, se le concede la placa de la Orden Militar de San Hermenegildo pasando a prestar sus servicios a la Capitanía General y al Gobierno Militar. La proclamación de la Segunda República Española en 1931 le pone en Cangas después de casi 35 años de servicio a la Patria. ¡Más de la mitad de su vida!

Agotador, ¿verdad?… así lo contaba el protagonista:

A Madrid fui a estudiar,
pero no se si estudiaba
porque yo siempre cantaba
y era en cangués mi cantar.

Me hice luego militar.
Contra la morisma perra
fui tres veces a la guerra,
y a la sombra del pavés
seguí pensando en cangués;
seguí queriendo a mi tierra.

Cual si a ambulatorio sino
siempre estuviese sujeto,
siempre en marcha, siempre inquieto,
voy de destino en destino.

Mas, ya me cansa el camino.
Jadeante y anheloso
de este mar tempestuoso,
roto el timón y la quilla
va buscando mi barquilla,
de Cangas, almo reposo.

Pero quiero volver a Trubia, porque como os decía antes, no sólo en Cangas era conocido nuestro fundador, no olvidemos que aunque estuvo treinta y cinco años defendiendo la Patria Grande es nuestro fundador, fundó en 1925 el Tous pa Tous y la revista La Maniega, recordad…

y a la sombra del pavés
seguí pensando en cangués;
seguí queriendo a mi tierra.

Pero estábamos en Trubia. ¿Qué armaría (por aquello de la fábrica de armas) nuestro paisano allí para que los trubiecos lo hiciesen Hijo Adoptivo de Oviedo? Durante su estancia como médico en la fábrica de armas, edificó un sanatorio para obreros y les creó centros educativos y de recreo, en los que invertía sus escasos ratos libres dando charlas sobre higiene, alcoholismo, visitando enfermos pobres, facilitándoles alimentos y todo de forma altruista.

Su afán por hacer el bien y ayudar a los más necesitados llevó al Ministerio de la Gobernación a concederle la Cruz de Beneficencia. Y lo dicho, las gentes de Trubia lo acogen en su seno como hijo adoptivo de Oviedo. Pero lo mejor viene ahora…

En agradecimiento, nuestro paisano dedica en 1927 al pueblo de Trubia “un abrazo filial” haciendo gala de su modestia, ya que no le gustaba, para nada, recibir elogios, y les dice:

Y al abrazaros hoy, llamo a mi pueblo natal para abarcarlo entre nosotros: al acercarme a esta pila bautismal, he de bendecir la pila de Cangas del Narcea, en la que recibí el nombre de cangués, con el que me honré toda mi vida y que, con el de trubieco, seguiré honrándome; llamo al pueblo en que nací, donde se informó mi espíritu y en el que descansan mis padres. En este abrazo de hoy abrazo a Trubia y a Cangas, anhelando que también los dos pueblos se abracen.

Abrazaos, pues, los dos pueblos, el industrial y el agrícola, que buenas son las relaciones de Ceres con Vulcano; ambos os mantenéis firmes en las virtudes asturianas, los dos sois igualmente pródigos de corazón. El Trubia y el Narcea llevan unos mismos sones con matices tomados en Covadonga, con cadencias de las gestas hispanas […]

Ya sabéis…

y a la sombra del pavés
seguí pensando en cangués;
seguí queriendo a mi tierra.

Yo, la verdad, a lo mejor no soy objetivo, pero creo que no existió, ni existirá una persona, un personaje, que se merezca más la placa que hoy vamos a descubrir que este paisano. Lo que os acabo de contar son pequeñas pinceladas de lo que Mario Gómez amaba esta tierra que le vio nacer. Médico, militar, escritor en prosa, en verso, cronista, periodista, benefactor, alegre, dicharachero, pero sobre todo, CANGUÉS. CANGUÉS HASTA LA MUERTE y para muestra…:

Sueño ya, de mis vejeces,
despertar por las mañanas
al son de aquellas campanas
que llaman a aquellas preces.

El sol que nace en Rañeces;
y muere por Adralés,
alumbrándome en Cangués
mitigará mis dolores
y él hará crecer las flores
sobre mi tumba, después.

Solo en Cangas pienso ya.
Camino voy del retiro
y solo hacia el pueblo miro
donde mi retiro está.

Cansada mi vida va
en busca de la Refierta
a esperar me abran la puerta
de las tragedias canguesas,
y en barro de amigas huesas
quede mi huesa cubierta.

Como sabéis, a esta casa que él construyó es donde vino a vivir cuando se retiró del Ejército en 1931. El 2 de mayo de ese año escribe en una carta:

“Como habrás leído en la prensa, la República está haciendo las reformas que yo esperaba y a mí me ha traído un aguinaldo dándome mucho más de lo que yo esperaba. En vista de tal bicoca ya cursé la instancia pidiendo el retiro y cuento que para primeros de junio estaré en Limés libre ya e independiente para ir donde quiera”.

Y es que Mario tenía sus planes de jubilación (que no tienen nada que ver con lo que hoy conocemos por planes de pensiones). Como continuación a lo recitado antes sobre su deseo de morir en Cangas decía…

Pero antes que el trance llegue
haréme a las parcas fuerte
y haréle cara a la muerte,
si es que conmigo se atreve.

Antes que el diablo me lleve
daráme otras picardías
y otras nuevas alegrías
en mi pecho brotarán
y cantando pasarán,
leves las vejeces mías.

Tal vez mis piernas cansadas
se animen algún domingo
y pueda echar un respingo
o tejer unas pernadas.

Tal vez en glorias pasadas
se despierte mi mollera,
y sediento o moscardón
eche flores a un pendón
y eche al cuerpo una puchera.

Sueño en la paz del hogar;
sueño al amor de la lumbre
una tibia dulcedumbre,
y un tranquilo meditar.

Sueño en la vera del llar
y en los alegres corrillos
donde con mis chascarrillos
y mis cuentos y consejas
haré escándalo en las viejas
y reir a los chiquillos.

Lamentablemente, disfrutó muy poco tiempo de este retiro y de su querida casa de Limés. Falleció once meses después. Pero esto es algo triste y sin duda don Mario de triste tenía poco. Así que para terminar cantad conmigo: 

Ay macou-se la Pispireta
Pispireta ta muy mancada
Ay mancou-se la Pispireta
En camín de Veiga Pousada.  

Yo soy ferreirín
Nací nel Pumar
Crieime en Bisuyo
Caseime en Vitsar.

¿Queréis saber quién es el autor de esta letra? Pues, descubrid la placa.

Placa a la Memoria de Mario Gómez en Limés

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Homenaje a Mario Gómez Gómez

altEl presidente del Tous pa Tous, Juaco López Álvarez, habla en esta entrevista en Onda Cero Cangas del Narcea emitida el 19 de octubre de 2012 sobre el fundador de nuestra asociación TOUS PA TOUS y la revista La Maniega, Mario Gómez Gómez.

Aprovechando la celebración anual de su Asamblea General, el TOUS PA TOUS, Sociedad Canguesa de Amantes del País, homenajeó a su fundador y alma mater don Mario Gómez y Gómez (Cangas del Narcea, 1872-1932). Los actos se celebraron en L.lumés / Limés, no por casusalidad si no porque la casa que actualmente forma parte del complejo hotelero La Casilla, la construyó y en ella vivió el homenajeado.


      TPT-121019-OCR-JLA

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El Narcea, el río del oso

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Mario Gómez, escribía en La Maniega nº 36 de enero-febrero de 1932 que había que darle otra vuelta al nombre del Narcea ya que de su etimología había aún muchas dudas. Nuestro fundador reconocía no saber si sería una acierto o no lo que iba a contar pero, no obstante, se apuntaba cuatro tantos.

Resulta que tomando notas del apellido García, en ellas vio los nombres ibéricos de Arcius, Arciana, Arcea, Horse, Arceiz, Garsea, todos con el significado de oso, traduciéndolo así del éusquero. Teniendo en cuenta que la raíz nar significa río, corriente (agua que fluye), el nuestro pudo haber sido Nar-garsea, Nar-arsea, Nar-arcea, con el significado de río del oso o de los osos.

Cuando en el batir de estas aguas vuelven a sonar hoy día rugidos de esas fieras, mucho más frecuentes en los años que Mario Gómez llegaba a esta conclusión, puede calcularse las que habría en los siglos prehistóricos y que justificarían el nombre.

Dos comentarios sobre “De Bogayo” (1915)

DOS COMENTARIOS SOBRE “DE BOGAYO”, DE MARIO GÓMEZ, PUBLICADOS EN 1915 

“De Bogayo” (1915) fue el primer libro sobre Cangas del Narcea que publicó Mario Gómez, y uno de los primeros escritos literarios en el que los habitantes de este concejo se veían retratados. El primero fue, sin duda, las Composiciones en dialecto vaquero, de José María Flórez. Por ese motivo, De Bogayo mereció la atención de los escritores y cronistas que en aquel tiempo había en Cangas y que publicaban sus escritos en periódicos locales o regionales. Además, Mario Gómez no era alguien desconocido en nuestro concejo. Era un personaje muy popular, que conocía muy bien a sus paisanos porque trataba con todo el mundo, con todas las clases sociales. En 1916, Gumersindo Díaz Morodo Borí escribió sobre él:

“Removiendo en los recuerdos de la infancia, veo a ese querido cangués gozando ya de una popularidad envidiable. Rapaz inquieto y de iniciativas, supremo jefe de la juventud canguesa, no se organizaba en esta villa una parranda, o una fiesta, o una cabalgata carnavalesca, o una excursión a las montañas que nos circundan… cuando no se emprendía una cruzada contra los gatos o se desarrollaba descomunal pedrea, en que él no estuviese al frente, ordenando, mandando como general que guía sus huestes al combate y a la victoria.
Cuando estudiante, en el tiempo que fuera de Cangas se hallaba, se parecía la villa a una balsa de aceite. En la época de vacaciones, los jóvenes se comunicaban unos a otros la buena nueva, la próxima llegada de Mario Gómez, el cual seguramente traería u organizaría algo nuevo, desconocido, exótico, que haría las delicias de todo el pueblo, de grandes y de chicos, de hombres y de mujeres. […]
Entre obreros se crió Mario Gómez, y obreros fueron siempre sus compañeros de parrandas, de fiestas, de pedreas… Terminó brillantemente sus estudios, se graduó en Medicina, y, al contrario de lo que hacen muchos que al terminar una carrera creen hasta denigrante relacionarse con los parias de la sociedad, él continuó fraternizando con los obreros, como en su época de estudiante”.

Mario Gómez, Cádiz h.1915

Los dos comentarios sobre De Bogayo, que publicamos hoy en la web con motivo de haberse incorporado a nuestra Biblioteca Digital varias obras de Mario Gómez, aparecieron en El Distrito Cangués en junio de 1915. El primero lo escribió el mencionado Gumersindo Díaz Morodo Borí, que era el director del periódico y cuya biografía puede leerse en la web del Tous pa Tous, y el segundo lo firmaba Odón, que era Odón Meléndez, un maestro natural de Cibuyo del que no sabemos casi nada, que escribía con regularidad en La Justicia. Semanario republicano, de Grado, y en El Distrito Cangués.

La lectura de estos dos comentarios sobre De Bogayo es muy interesante para conocer lo que representó este libro en el momento en que se publicó, y muy recomendable hoy para comprender y valorar mejor esta literatura costumbrista canguesa.

Mario Gómez, escritor, en la Biblioteca Digital del Tous pa Tous

Mario Gómez, Cádiz hacia 1915.

En la Biblioteca Digital del Tous pa Tous pueden leerse y descargarse cuatro obras de Mario Gómez: Entre dos fuegos (1907) y Entre la masa (1909), y especialmente los libros De Bogayo (1915) y De Corripia (1923), en los que se reúne casi toda la producción literaria de nuestro escritor.

Mario Gómez y Gómez nació en Cangas del Narcea (Asturias) el 23 de enero de 1872. Médico militar de profesión, prestó sus servicios profesionales en diferentes puestos y destinos del Ejército, llegando a alcanzar el grado de Teniente Coronel.

Colaboró con una serie de artículos en diversas publicaciones regionales y fue corresponsal en Melilla del periódico El Narcea. Durante su estancia en Vitoria, publicó varios artículos sobre educación y cultura de los obreros en el periódico La Libertad. Es aquí, en Vitoria, donde Mario Gómez se inicia como escritor sobre temática militar y fruto de ello son títulos como Seiscientos sesenta y cinco reclutas (1903), Recluta y Reclutamiento (1908) y Reclutamiento Militar. Estudio Histórico (1910).

Del mismo modo cultivó un tipo de literatura costumbrista a la que corresponden títulos como De Bogayo (1915) y De Corripia (1923), y de tema histórico regional, Los siglos de Cangas de Tineo. Primera Parte (1920) y Los siglos de Cangas de Tineo. Edad Media (1925). Anteriormente ya había escrito monólogos como Sin Trabajo, ¡Adiós, abuela! (1907), y escenas: ¡Pobre niño!, Entre la masa (1907) y Entre dos fuegos (1909).

Mario Gómez. Portada interior de su obra: Al pueblo de Trubia, un abrazo filial

En 1916 escribiría la obra A Pin el Ajustador. Se trata de un texto de 203 páginas formado por 23 cartas de temática higienista que, según nos cuenta su autor, fueron publicadas en la revista Cultura e Higiene y que a petición del director de la revista se reunieron en un libro para poder ser distribuido entre los socios y obreros. Con el fin de atender las continuas demandas de escuelas asturianas, de centros y sociedades de obreros, de librerías y de un pedido de 1.000 ejemplares para la isla de Cuba, fue necesaria una segunda edición en 1919.

En 1926 funda La Maniega, Boletín del Tous pa Tous. Sociedad canguesa de amantes del país, ejerciendo a través de la misma un papel de animador de la vida local y comarcal canguesa. Son famosos sus Rumbos: De Santarvás a Madrid, Rumbos de Sierra, de Rengos a Luiña, relatos de viajes y experiencias con los que describía de una forma muy personal y peculiar nuestro concejo, así como la sección Chipichape, que firmaba con el seudónimo de “El Cuntapeiro”.

En 1927 escribe Al pueblo de Trubia, un abrazo filial, como agradecimiento a los trubiecos que lo propusieron, ese mismo año, como hijo adoptivo de la ciudad de Oviedo.

Con el fin de dar a conocer su obra y ponerla a disposición de todo el mundo, El Tous pa Tous ha realizado una edición digital de cuatro de las Obras literarias de Mario Gómez (1872-1932), que ya se pueden consultar en nuestra Biblioteca Digital. La digitalización ha sido patrocinada por el BUFETE MARIO GÓMEZ – ABOGADOS, de Cangas del Narcea.

Mario Gómez y Gómez (1872-1932). Fundador del Tous pa Tous.

En La Maniega, n´º 6Mario Gómez, Barcelona 1909

En La Maniega, nº 6, Cangas de Tineo,  febrero de 1927, podemos leer:

Desde hace tiempo teníamos el propósito de honrar nuestras columnas con la publicación del retrato de nuestro querido paisano D. Mario Gómez, como homenaje de respeto y cariño al fundador de nuestra querida Asociación “El Tous pa Tous”. La probada modestia del Sr. Gómez y el poco afecto que siente por todo lo que signifique popularidad de su persona, nos ha obligado a vencer grandes dificultades: ha sido preciso el asalto a la casa de uno de nuestros amigos para conseguir la fotografía que hoy ilustra nuestras páginas. Un poco antigua porque en ella ostenta solamente el grado de comandante, pero nosotros estamos orgullosos de haber conseguido nuestro deseo. ¡Perdón a todos!

Nació nuestro biografiado en Cangas de Tineo por el año 1872. Cursó sus estudios en Madrid distinguiéndose notablemente por sus brillantes notas. Terminada la carrera de Medicina pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar.

En el campo de las armas se ha señalado valerosamente, obteniendo por ello innumerables recompensas. Entre otras condecoraciones posee la cruz de San Hermenegildo y de Beneficencia. En la actualidad obstenta el grado de Teniente Coronel y es director del buque-hospital “Castilla”. En el campo de la literatura se ha colocado en puesto preeminente, habiendo publicado además varios tratados profesionales, por los que le han concedido bastantes premios; en el estilo jocoso también se ha destacado, mereciendo por ello grandes alabanzas.

Es el cronista del concejo, y sus trabajos publicados en “Los Siglos de Cangas” son muy celebrados.

Todos nos congratulamos de contar entre nuestros amantes a la “terrina” a este Invicto cangués, que no omite sacrificio por todo aquello que redunde en beneficio de nuestra “patria chica” y en bien de los paisanos.

Biografía de Mario Gómez y Gómez

Médico, militar y escritor nacido el 23 de enero de 1872 en Cangas del Narcea (Asturias), donde fallece el 26 de abril de 1932.

Estudia Medicina en la Facultad de San Carlos de la Universidad de Madrid, licenciándose en enero de 1897.

En mayo de ese mismo año ingresa en el Cuerpo de Sanidad Militar. Pasa destinado a un Batallón de Infantería de Guarnición en Melilla. En agosto del año siguiente es destinado a la Fábrica de Armas de Trubia (Oviedo — Asturias), pasando poco después en comisión de servicio al Hospital Militar de Valladolid y en 1901 al de Vitoria. Residiendo en esta ciudad, comienza a escribir sobre los resultados de sus observaciones médicas alrededor de los reclutas recién incorporados a filas.

Regresa a los pocos años destinado al Regimiento del Príncipe, de guarnición en Gijón (Asturias). A los pocos meses pasa otra vez a la Fábrica de Trubia. En esta villa llega a alcanzar un alto grado de consideración por los servicios desinteresados prestados a la población civil y militar. Impulsor y fundador del Sanatorio Obrero de las Cruces, el 22 de Julio de 1927 fue nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad de Oviedo a petición de los vecinos de Trubia.

Presta servicios de su clase en Oviedo, Pamplona y Manresa, y al declararse la guerra contra Marruecos marcha a Melilla con el batallón de Batallones de Reus, número 16, distinguiéndose en la atención médica ofrecida a los soldados españoles heridos en la derrota sufrida en la batalla del Barranco del Lobo, siendo acreedor a una alta recompensa en mérito a su ejemplar conducta en este hecho.

Regresa a la Península y se incorpora al regimiento de Wad-Ras, de guarnición en Leganés (Madrid). En enero de 1912 sale otra vez para Melilla con este regimiento.

En mayo de 1914 es director del Hospital Militar de Vigo y después en el de Carabanchel Bajo (Madrid). Más tarde ostenta varios cargos en el Ministerio de Guerra.

En 1931 solicita el retiro del Ejercito, acogiendose a la ley de reforma militar de Manuel Azaña, que favorece la jubilación anticipada de mandos militares, y se traslada a vivir a Cangas del Narcea donde se entrega de lleno a sus aficiones literarias. Lamentablemente, fallecio al año siguiente y muchos de sus trabajos quedaron inacabados.

Alguna de sus obras de carácter castrense fue declarada de utilidad para el Ejército y por una de ellas le concedieron la cruz del Mérito Militar. Cultivó también la poesía en lengua asturiana. En 1926 funda el Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País y también la revista “La Maniega”, donde firmaba con el seudónimo de El Cuntapeiru en la sección Chipi—Chape.

Entre sus obras destacan las siguientes: “Seiscientos sesenta y cinco reclutas. Estudios físico-psíquicos” (Vitoria, 1903), “Recluta y reclutamiento” (Pamplona, 1908), “Reclutamiento militar: Estudio histórico” (Manresa, 1909), “De Bogayo: Literatura regional” (Oviedo, 1915), “A Pin el ajustador” (Madrid, 1916), “Los siglos de Cangas de Tineo”, 2 vol. (Madrid, 1920 y 1925) y “De Corripia” (Madrid, 1923).

Bosquejo biográfico y autobiográfico

Ver enlace: Breve semblanza de Mario Gómez Gómez (1872-1932)

Álbum de fotografías

1905 - Mario Gómez y familia1905 - Mario Gómez, gaitero1905 - Merienda campestre1909 - Mario Gómez1910 - Mario Gómez1908 - Mario Gómez, capitán1909 - Mario Gómez (campaña de África)1910 - Marruecos1912 - Mario Gómez, gaitero1915 - Mario Gómez1915 - Mario Gómez y familia1916 - Mario Gómez y familia1920 - Mario Gómez en el vapor Sevilla1931 - Covadonga

Orígenes del Tous pa Tous

Nada mejor para dar a conocer los orígenes de nuestra Asociación que pasar a tercera persona lo que nuestro fundador, D. Mario Gómez, escribía en primera con motivo del primer aniversario del Tous pa Tous en La Maniega Num. 5, Cangas de Tineo, Diciembre de 1926.

Corría el año 1925 y la idea de El Tous pa Tous, hacía años que venía cheldando en el caletre de D. Mario Gómez y Gómez. Rodando por el mundo, veía con dolor, muchas veces, cómo en los mismos pueblos vivían los cangueses sin llegar a conocerse; por eso pensó en el medio de ponerse en comunicación. He aquí el origen de LA MANIEGA. Si con la idea en la mente, no la expuso antes, fue porque el sino le apartó varias veces de Madrid, lugar único en el que la Asociación debía iniciarse.

No se creía además con la autoridad o prestigios suficientes para tamaña empresa. Tuvo siempre gran fama de festejero y frívolo, para que pudiese ser tomada en serio una tal propuesta suya. Temió que se la desdeñase como a una comenecia del gaiteiro.

En ese año de 1925 D. Mario Gómez había vuelto a la Corte y, según sus propias palabras, “con más canas y un poco más de seso; algo asentado, diríamos”, y como la idea le seguía remoliendo en el cacumen y como creía contar con quienes la prohijasen, se atrevió al cabo.

Escribió en unas cuartillas el programa de El Tous pa Tous; las dio a leer a los paisanos amigos y, desde luego, encontró buena acogida; invitó entonces a los que le parecieron más entusiastas y formaron una Junta gestora. Como él vivía en un palombar, con tres sillas y un tayuelo por todo mobiliario, aceptaron la oferta de don Cándido Gayo, de Brañas, y en una sala de su establecimiento, capaz para el más concurrido filandón, celebraron sus reuniones.

Desde aquel momento, si éxitos hubo en la fundación de El Tous pa Tous, según palabras de D. Mario Gómez, dejaron de ser suyos. La fe, el cariño, la actividad, el buen aquel de aquéllos, le auparon; le dieron cuerpo y vida.

Ya miedra El Tous pa Tous; ya fay galanes, decía. Los serenos cangueses que había en Madrid, se sumaron en masa. Ellos pudieron decir que gracias a su padrinazgo salió adelante. ¡Menaya los serenos! sic

Sus reuniones eran como de familia: todos atentos al engendro de todos. Sin etiquetas, sin preferencias, sin discursos, en alegra competencia de quien apurría más socios, cada uno robaba el tiempo a sus particulares intereses y salía por Madrid de apostolado, orgulloso luego de las anotaciones que traía.

Un día era don Agustín Rodríguez (Peña), de la Villa, el que aportaba veinticinco socios; otros tantos traían D. Victorino Fernández, de Cueras, don Manuel Pérez Rodríguez, de Trascastro, don Emilio Alvarez, de Rocabo. Otro día colmaban sus esperanzas don Manuel Rodríguez (Gonzalín), de Llano, o don Sandalio Menéndez, de Santiago de Sierra. La autoridad y saber de don Felipe Alvarez Gancedo daban carácter a las reuniones. El aplaudido torero, Artillerito, don Manuel Menéndez, de Larna les transmitía su optimismo; animoso llegaba siempre don José Fernández, de Fondos de Villa. Don Cándido Alonso, de la Villa, quien hizo al Tous pa Tous un obsequio valioso. Don Serafín Rodríguez, cangués de buena cepa, siguió atento los comienzos de la Sociedad, sin escatimarle su concurso.

El gaiteiro había formado corro. Sus sones no llamaban esta vez a bailar, pero sí a bodas, bodas entre la Villa y Concejo: entre los emigrantes y la tierra nativa.

Ya era ocasión de ir a Cangas a buscar resonancias para aquellos sones, que partían de Madrid; el Concejo y la Villa tenían que responder a la llamada: había que harmanar. Y Mario Gómez fue a Cangas.

Fue en diciembre de 1925, hace más de 80 años. Llegó con mal ambiente en la atmósfera y mal talante en el ánimo de los cangueses. Andaban aquellos días con la liquidación desastrosa de una cooperativa popular y era muy inoportuno hablar de nuevas asociaciones. La desconfianza nativa en las aldeas estaba muy despierta, y fueron muchos a poner la mona y los cuernos a sus proposiciones. En vano les decía que no había que firmar papel alguno: que con dar una perrona a la semana, se era socio, dejando de serlo, sin compromiso, con no dar la perrona.

¡Ni por esas!, por lo visto le hacían fu, como al gato, y fueron muchos los reacios. No se desanimó nuestro fundador por ello. ¡Con qué cara habría de volver de vacio ante los entusiastas de Madrid, diciéndoles que la Villa y el Concejo no habían respondido a su noble llamamiento! Por otra parte, encontró muy buenos cooperadores. Su sobrina, Elisa Alvarez Castelao, acogió a El Tous pa Tous con tal cariño y elocuencia, que en cuatro sábados convenció a gran número de los clientes de su casa. En los establecimientos de doña Dolores Rodríguez y de don Joaquín López Manso, se hizo activa propaganda. Mario Gómez aceptó la invitación para una conferencia de apertura en un Círculo recreativo y aprovechó para predicar El Tous pa Tous, y allí se anotaron más de ciento cincuenta socios. También logró que muchas jóvenes canguesinas prestasen buenos oídos al Tous pa Tous y se asociasen, y, con tal éxito, ya contaba la Sociedad con especial encanto.

Un día en que despejó el cielo fue a la muy culta villa de Besullo; gracias al señor Alcalde, al bizarro capitán señor Farfante, y a don Sabino Rodríguez, todo allí para él fueron facilidades; reunieron al pueblo y salieron de allí unos cincuenta socios. Otro día, igual que uno de los cuarenta del Diluvio, fue a Vega de Rengos. Don José Rabanal, delicadamente obsequioso, siempre propicio a los que a su parroquia llegaban en son de caridad, de progreso, de cultura, le presentó a los paisanos, y, claro es que, ante aquellos prestigios, su predicación había de ser fructífera. El docto maestro Sr. Pozal, les prestó su concurso. La insinuación de Fontela y la contundente oratoria de su hermano en casa de Elías, valieron para que se anotasen socios los vecinos de Posada y Ventanueva y algunos de Moal. El fiero temporal impidió que acudiesen los de otros pueblos.

Otro día fue a Llano, y con decir que iba guiado por don Pepín Uría, dicho queda habían de suscribirse todo Llano y todo Santa Eulalia. En Corias anotó su amigo Colás Cachón buen número de socios. En Corias tuvo un éxito que fue de su más íntima satisfacción. El señor rector de aquel convento, reverendo padre Fray Benigno Suárez, le prestó su atención, elogió la idea de El Tous pa Tous, y se anotó como socio. ¡Cómo no! ¡Cuándo desoyó aquella comunidad cualquier voz llamando a cooperación en las buenas obras del Concejo de Cangas! ¡Cuándo un rector de Corias había de desdeñar una propuesta de beneficencia, cultural, de amor y mutua ayuda entre les cangueses de buena voluntad! Aquel éxito le abría las puertas de todas las rectorales del Concejo, pues en Corias encontraban oriente para su sagrada misión, todos los párrocos.

El temporal le impidió hacer otras excursiones de propaganda, pero con lo predicado eran ya doscientos veintiún socios de la Villa; doscientos quince del Concejo; cuatrocientos tres en Madrid y cuarenta y cuatro entre los de provincias y de América. Ya había llegado la hora de constituir en Cangas la Junta directiva, la matriz, el Payar.

Había abonados en Cangas de acendrados amores al país, de prestigio, autoridad y de muy despejado criterio; mas no eran tantos los que, así bien dotados, ponían en actividad sus condiciones, y por eso invitó entre los amigos a quienes más trataba aquellos días, a los que más habían alentado sus propósitos. Como jamás se significó en la política canguesa, cupieron en El Payar los de más encontradas ideas, y así, y eso era indispensable, nacía El Tous pa Tous en un campo neutral y ajeno a todos los partidos.

El primero en aceptar complaciente su invitación fue el muy honorable sacerdote don Benito López. Con su sapiencia y recto juicio, él habría de orientar las decisiones de El Payar. No podía faltar su amigo don Manuel Muñiz, de muy nombrado aprecio en los pueblos y en la Villa. Fue nombrado vocal de ésta, y de la facina del Contorno, don Benito. Era imposible que le desairase el médico don Victorino López: sus espíritus habían caminado siempre juntos en el amor a Cangas; él aceptó gustoso la representación de Cibea. El acreditado comerciante don José Olalde, de Bimeda, quedó nombrado vocal por aquella facina. El probo maestro don Manuel Alvarez Uría, por Besullo; don Carlos Graña, el espíritu inquieto ante cualquier idea cultural que llegaba a Cangas, por Rengos. Con trabajillo logró que el espléndido y atractivo don Manuel Barreiro aceptase la representación de Sierra. Para la del Couto, fue nombrado su hermano.

¡Quién para una obra de fomento, de prosperidad, de progreso en la villa, o en el Concejo, no habría de anhelar la cooperación de don José María Díaz Penedela!
Amable a la invitación, aceptó la representación de la facina de provincias. Para vocal de la de Cuba, nadie mejor que don Manuel Alvarez, de Llano, el que en aquella isla había dejado una estela de grandes simpatías. Tenía D. Mario gran interés en que figurase en El Payar un amigo suyo que respiraba y hablaba y pensaba en el cangués más puro y acendrado: hablamos del médico don José Villa, que aceptó la representación de la Argentina.

Otro cangués de corazón, que desdeñó aún mayores caricias de la fortuna por regresar a la tierrina, don Emilio Colubi, aceptó el ser vocal por Méjico.

Gracias a una engañifa, a una trampa que le hizo, a una celada que le tendió, obtuvieron el éxito de que aceptase la presidencia el insuperable cangués don Pepín Uría. Le dieron un voto de confianza para que nombrase vicepresidente, y al parecer, fue gran acierto el suyo y gran satisfacción para todos ellos que nombrase a don Francisco Rodríguez, de Tebongo. Nadie mejor para secretarios que los distinguidos maestros don Ibo Menéndez Solar y don Frumencio Berciano. El recto y austero don Gonzalo Ortega aceptó con ánimo decidido el cargo de contador. Para tesorero era indicado su primo, José Álvarez Menéndez.

Y así quedaba constituido El Payar, y nuestro fundador se apuntaba como un mérito el haber conseguido llevar a la Junta a personas de tal representación, de tal valía y de tanto amor a Cangas.

Ya cum esu se terminaba el permiso que llevaba y tuvo que regresar a la Corte. Decía: “Bien sabe Dios que hice el viaje henchido de contento por las buenas noticias que podía dar a la Junta de Madrid. Nunca en mi vida llevé equipaje más valioso.”

El Payar
siguió celebrando sesiones. Estudió los Estatutos y el Reglamento, y obtuvo para ellos la aprobación del señor Gobernador de la provincia. Se dirigió con insistencia a nuestros paisanos en América. Organizó una Junta directiva de la Facina de la Villa; amañó los cabos sueltos e hizo gestiones para organizar el cobro de las cuotas en las facinas del Concejo.