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Las Dieciocho Casas de Besullo

“Las dieciocho casas de Besullo”, escrito por Luis Miguel Rodríguez Sánchez (ICA Oviedo), sobrino y albacea de Alejandro Casona. Este trabajo fue presentado en el I Congreso Jurídico de Asturias en 1987, organizado por la Academia Asturiana de Jurisprudencia, el Principado de Asturias y la Fundación Sánchez Albornoz.

El artículo aborda con gran rigor histórico y jurídico la figura del foro en el concejo de Cangas del Narcea, y en particular las peculiaridades de su redención en el pueblo de Besullo.

Besullo, Cangas del Narcea, 1927. Vista del pueblo y algunos de sus maizales. Fotografía de Fritz Krüger. Museo del Pueblo de Asturias.


Las Dieciocho Casas de Besullo

Luis M. Rodríguez Sánchez, ICA Oviedo – I Congreso Jurídico de Asturias. Oviedo, 1987

El Derecho Civil especial de Galicia (Ley de 2 de diciembre de 1963, art. 1) se aplica en el ámbito correspondiente a la actual jurisdicción de la Audiencia Territorial de La Coruña.

En aquellas comarcas de las provincias limítrofes de Asturias, León y Zamora se aplicarán las disposiciones de los Títulos I y II de la Ley cuando se acredite la existencia y uso de las instituciones a las que dichos Títulos se refieren.

En Asturias, estas comarcas limítrofes corresponden a los partidos judiciales de Luarca (zona del antiguo partido judicial de Castropol) y Cangas del Narcea.

A raíz de la entrada en vigor de la Compilación Gallega de 1963, y en virtud de sus disposiciones que facilitaron la redención de los foros y figuras afines, puede afirmarse que, en lo que respecta a Asturias, la figura jurídica del foro ha desaparecido en la actualidad, extinguiéndose definitivamente.

Sin embargo, cabe señalar las peculiaridades que se dieron en el pueblo de Besullo (Cangas del Narcea), de las que aún quedan vestigios. Allí, las “casas” o familias campesinas vinculadas desde antiguo al terruño, y que se reparten el pequeño territorio agrícola, son únicamente dieciocho. Sus vecinos se denominan a sí mismos “hacendados”, es decir, personas que poseen y viven de su propia hacienda o facienda. A estas dieciocho casas u haciendas se las conoce también como “pueblos” o “suertes”, pues en dieciocho lotes o suertes se distribuían periódicamente los pastos y el arbolado que disfrutaban en común, de forma exclusiva, los dieciocho hacendados. El resto de los vecinos, llegados “de aluvión” atraídos por la pequeña industria del hierro, nunca tuvo participación en estos montes, pastos y arbolados, que fueron siempre de los hacendados.

Las dieciocho casas se dividían en dos grupos forales: uno seglar, denominado “El Préstamo” (al parecer originado en una deuda), y otro eclesiástico.

Foro seglar o grupo de El Préstamo

Pagaban el foro a los señores del Llano, de la villa de Cangas, las siguientes casas o pueblos:

  • Casa de Pedro García
  • Casa de Manón
  • Casa de Piñeiro
  • Casa de Toraño
  • Casa de Bartola
  • La Ratumen

En total, seis haciendas.

Foro eclesiástico

Pagaban el foro al Convento de Corias y formaban el grupo de “La Xugueiria” (de yuguería, “yugo”, por referirse a la extensión de tierra adecuada al trabajo de una yunta). Se componía de doce haciendas o casas:

  • Casa del Pizo
  • Casa del Casado
  • Casa de Bartuelo
  • Casa del Marqués (llegó a reunir dos pueblos u haciendas)
  • Casa de Brixiel (con pueblo y medio)
  • Casa de Berguño
  • La Ratumen

La Ratumen

La Ratumen era un foro mitad seglar y mitad eclesiástico; de ahí que, por pagar “a Rey y a Rata”, recibiera popularmente el sobrenombre de “Ratumen”.

Se componía de tres casas: Casa Marcos, Casa El Rubio y Casa Mingón, cada una de las cuales contribuía con un tercio al foro eclesiástico y otro tercio al foro civil, formando así una hacienda civil y otra eclesiástica.

Las haciendas

Cada uno de los dieciocho pueblos, haciendas o casas es conocido desde antiguo por el mote con el que ha quedado identificado. Cada hacienda consta de un pequeño lote de praderío, otro de labrantío y otro de bravo (pastos y arbolado). Al no constituir un “coto redondo”, sino terrenos sueltos y no colindantes —ni siquiera dentro de cada foro—, cada hacienda forma una especie de economía cerrada o “mínimum vital”, suficiente para sostener a la familia y al ganado, produciendo lo necesario: calzado (abarcas de piel de vaca como aquellas que, según la tradición, usó Aníbal para cruzar los Alpes), vestido (lana transformada en estameña burda en los pisones de madera aún existentes, movidos por el agua del río) y pan (molido en pequeños molinos propios).

Estas haciendas perviven, y previsiblemente pervivirán, bajo la clásica fórmula del “casado en casa”, que corresponde normalmente al hijo mayor, denominado en el país “el Moirazo” (de “mayorazgo”), o “la Moiraza” si no hubiera varón.

El foro eclesiástico se halla redimido desde los tiempos de la desamortización.

En los pueblos o aldeas de aquella zona en los que no concurrió la causa anómala de un desarrollo industrial, el “lugar acasarado” se da con toda plenitud, repartiéndose las “Casas Hacendadas” íntegramente el terruño del lugar, en pequeños trozos no colindantes, como situación opuesta al denominado “coto redondo”.


 

RUMBO A SANTIÁU DE SIERRA. «In memoriam» José Álvarez Cabezas

Daban las cuatro de la tarde por Cangas cuando arrancamos en El Paseo los dos coches que nos iban a llevar a Santiáu. La tarde de finales de abril resultaba una tarde tibia de primavera, tras una Semana Santa fría y bastante lluviosa, un tipo de tarde en la que el tiempo parece querer variar constantemente haciendo pasar en sólo una jornada por todas y cada una de las estaciones.

Collar, como acostumbra, nos conduce tranquilamente por la carretera que serpentea junto al río Narcea, camino de Portiel.la, para girar en este punto hacia la derecha y cruzar el río, dirección a Ounón. Comenzamos aquí un trayecto de apenas unos kilómetros. Sin embargo, parece hacerse mucho más largo y tedioso por lo sinuoso de su trazado y por el firme, que, kilómetros arriba, se muestra plagado de baches que hacen traquetear el coche: otra muestra más del abandono al que se enfrentan nuestros pueblos, mayor cuanto más alejados están del núcleo urbano.

Cada curva desvela una postal distinta. La primavera se nota en todas partes: en el río, a nuestra derecha, que corre limpio y alegre, desaguando las copiosas lluvias de los últimos días y haciendo rebotar la luz sobre las piedras claras del cauce, río que de golpe desaparece brevemente en algunas curvas, engullido por una incipiente vegetación de ribera, de un verde tan intenso que parece incrementar por momentos la frondosidad de la arboleda, y río que reaparece luego entre los claros, mostrando la fuerza de sus frías y rabiosas aguas; en los prados, salpicados de margaritas y dientes de león; en las laderas moteadas de escobas en flor; en el murmullo de los árboles, que empiezan a desplegar sus primeras y tiernas hojas. El aire huele a tierra nueva, a agua y a flor de manzano. Un perfume áspero y dulce a la vez, imposible de calificar por muy familiar que se nos presente.

A la entrada del pueblo, a mano derecha, nos encontramos con la casa Santiaguín, nuestro destino final. El lugar, casi en silencio, parece aguardarnos con la paciencia de quien sabe que lo importante siempre llega a paso lento. En la entrada de la vivienda nos espera la familia de José Álvarez Cabezas: su viuda Berta, su hija Belinda y su nieta Romina, tres generaciones de mujeres que pujan por mantener vivo el territorio al que pertenecen. Salen a recibirnos con sonrisas abiertas, acogedoras, sinceras, de esas que no se aprenden sino que se heredan. Pegados a la casa, a modo de macetas y escalones, nos sorprenden ya unas enormes e impertérritas moles pétreas cinceladas toscamente y en un solo bloque: una colección de duernas y entremisos resignados a cumplir anguano funciones bien diferentes de las que antaño cumplieron. La casa, con su aroma a madera vieja, se revela como un cofre repleto de tesoros. Cruzar el umbral es como entrar en otro tiempo, uno más lento, más callado, donde los objetos que nos rodean todavía se nombran por su nombre auténtico y verdadero.

Charlamos brevemente antes de comenzar, saludándonos y poniéndonos al día como si nos conociéramos de siempre. Después, con el cuaderno de campo en la mano y la cámara de fotos al hombro, pasamos a la sala en la que pensamos iniciar el inventario: una sala de bajo techo, apenas iluminada de forma natural y a la que se accede a través de un par de escalones.

La tarea encomendada consiste en registrar, describir y fotografiar cada una de las piezas conservadas en la casa, relacionadas todas ellas con los usos tradicionales y propios de una casa de campo de Asturias. Ardua tarea al contemplar en un primer vistazo la ingente cantidad de piezas que abarrotan la sala: toneles alineados como muñecas matrioskas; docenas de canadas; cachos; embudos…todos de madera seca y tallada a mano y que aún conservan el aroma a vino añejo, que todavía nos hablan no sólo del vino como producto, sino como cultura, como forma de vivir; tarreñas; escudiel.las de diversos tamaños, ferradas centenarias con aros de metal corroído; instrumentos musicales que parecen haber olvidado con el tiempo las notas y letras de algún viejo cantar. En una esquina, un pequeño altar doméstico en el que, entre diferentes objetos sagrados y litúrgicos, sobresale, majestuosa, la Virgen de la Salud.

Junto a todas estas piezas de madera, un conjunto precioso de cerámica esmaltada, de reflejos verdes, azules y pardos se sustenta a duras penas sobre destartaladas estanterías y alacenas. Fuentes hondas, redondas, cuadradas, y algunas de ellas desconchadas, jarras con motivos vegetales, platos que sirvieron potajes en pretéritos inviernos.

Durante un par de horas fuimos desgranando objetos, con paciencia, uno a uno, como en una coordinada cadena de producción, en la que cada uno desempeña con esmero y precisión la función encomendada: Así, mientras dispongo y etiqueto las piezas, Benito las va fotografiando sobre un escenario improvisado, Alberto toma y canta las diferentes medidas, dimensiones y detalles descriptivos, mientras Jonathan anota de forma precisa la información más relevante en las fichas del cuaderno. Collar, sentado en el viejo escanu vigila, ojo avizor, que las piezas no se mezclen y nos lleven a errores. Y mientras tanto, cada objeto nos cuenta una historia, cada grieta en cada pieza nos habla de sus usos, de sus abusos, de generaciones, de tiempos pasados, bajo cielos ya olvidados. Cada arañazo, cada fractura, cada desconchado… es una línea, un punto en el mapa de toda una vida.

Dentro de la sala, sólo el murmullo de nuestras voces nombrando objetos, registrando medidas, anotando el estado de conservación, fotografiando detalles, intentando no alterar demasiado el sueño perpetuo de objetos casi olvidados.

Ochenta piezas en total fueron catalogadas en esta primera jornada, cada una con su historia, su lugar, su lenguaje. Documentarlas no es sólo un acto técnico, es una forma de escucha activa, de respeto, de agradecimiento a aquello que, en silencio y sin pedir nada a cambio, aún permanece prácticamente inalterable.

Cuando dimos por concluido el trabajo de la jornada, caía la tarde sobre los montes y ya el cielo empezaba a encenderse con los tonos cobre y malva propios de la estación. Una vuelta por las diferentes piezas de la casa, en las que nos esperan entre el polvo y la tenue luz de la tarde incontables objetos que parecen querer burlarse de nosotros recordándonos la tarea que nos queda por delante. Resultaría interminable la lista. Después, la familia nos invita a pasar a la cocina, reuniéndonos en torno a la mesa. Nos ofrecen café recién hecho, humeante, puro, acompañado de una bol.la de las tradicionales, de las de siempre, de esas que ya no se encuentran en las pastelerías y obradores de la villa, bol.la con sabor a anís y limón, amasada y cocida en el fornu casero. Dos botellas de licor sobre la mesa nos recuerdan que debemos conducir de vuelta a casa.

Esta primera jornada no fue sólo de trabajo. Fue algo más parecido a un pacto tácito y silencioso con la memoria: “Mientras me sigas susurrando tu historia, yo te seguiré respetando”. El inventario, más que una lista de objetos, resulta el comienzo de una conversación con la tierra, con la historia viva de sus gentes. Y al salir de Casa Santiaguín, pasadas las siete de la tarde y con el cuaderno lleno de palabras y nombres, supimos que algo esencial había empezado a revelarse.

Y así, día tras día, semana a semana, dos meses y medio después y tras varias sesiones de trabajo, finalizamos la tarea con un total de 1.140 piezas catalogadas e inventariadas.

Fueron hermosas tardes de primavera y verano, invadiendo, recorriendo y descubriendo la intimidad de la casa familiar: primero, en la sala ya descrita; después, en el enorme desván, dividido en tres niveles y cuatro diferentes estancias, a la luz de pequeñas claraboyas y a las sombras de telarañas cubiertas de denso polvo, enorme santuario del tiempo en el que la historia se amontona en forma de objetos dormidos, revelando un caos semiordenado de múltiples y variadas herramientas, cántaros de barro, camas y cunas, ruecas que en su girar aún parecen susurrar en una lengua que se resiste a morir; en la antigua l.lariega, que aún conserva parte del viejo y barrigudo fornu, cocina añeja, empapada en un aire denso y aromático que nos trae a la memoria el sabor a pan recién hecho, archivo de almas pretéritas trajinando entre sombras en las que el humo, con delicada paciencia, fue tiñendo de negro hollín; en el exterior de la casa, en la panera, cuyo corredor parece suspendido en el tiempo, lugar de encuentros juveniles y promesas que quedaron sin cumplir,  y debajo de la mole de madera que reposa sobre robustos pegol.los, un espacio que mantiene a salvo de la intemperie máquinas y aperos de labranza jubilados de forma forzosa y a veces anticipada, y sustituidos por otros más modernos, menos esclavos, más eficaces; herramientas de madreñeiru, de mango de blanda madera finamente pulido por el continuo roce de sabias manos y en los que la carcoma va dejando su rastro de destrucción; cestas, maniegos que antaño transportaron la cosecha que daba el sagrado sustento anual a la familia; en cualquier requexu de la casa, en el que cuelgan por doquier cacharros de hierro forjado a base de fuego y sudor, y que muestran orgullosos las cicatrices del martillo sobre su negra y metálica piel… todos ellos lugares en los que redescubrimos muchos de los objetos de los que teníamos ya constancia, y también descubrimos muchos otros ingenios, pensados y creados para facilitar las múltiples tareas propias de una casa de campo, de los que no conocíamos su función y, menos aún, sus nombres, pero que, de la mano de Berta, pasan ya a formar parte de nuestra memoria.

Y con cada objeto, recogido acá y acullá y atesorado por José, y envueltos en aquella atmósfera, nos dejamos llevar por la imaginación, recreando mil y una fantásticas historias ligadas al mismo: la de aquel bebé que, a la vera de la l.lariega, dormita tranquilo al suave balanceo del trubiecu que su abuelo le construyó con verdadera pasión meses antes de que naciera; la de la sarmentosa mano de la anciana que, en las nueites de filandón, gira con la maestría que dan los años y la experiencia el ligero fusu, mientras que con la otra mano deslía las hebras del vellón de suave y amarillenta l.lana que calecerá los pies de sus hijos en el frío invierno, al tiempo que, vigilante a comportamientos poco decentes de la mocedad, va entretejiendo historias de renubleiros y sumicios con viejos y pícaros cantares; la del joven confiado y emocionado a partes iguales, que tras el pretil de un puente viejo de piedra, levanta con firmeza el paletón para, si el acierto lo permite, variar con un poco de pescado fresco la monótona dieta de la casa familiar; la de los dedos del curiosu, que guía con firmeza las finas gubias y formones que devastan la madera, dibujando líneas que embellecen ¡y hasta qué punto! los cuerpos de las esbeltas ruecas; la de las iniciales grabadas a fuego en  el asa del manieguín, que desatan en nuestras mentes cientos de posibles combinaciones de nombres y apellidos de tan insigne propietario, o quién sabe si propietaria…¡Y vuelta a empezar!

Y también tardes de cocina, de café caliente y l.lambionadas varias, elaboradas por las hacendosas manos de Berta y de sus hijas. Tardes entre comentarios, anécdotas, risas y también alguna que otra lágrima que empaña por momentos los ojos de nuestras anfitrionas.

Y así, no nos queda más que agradecer la hospitalidad  y acogida por  parte de todos los miembros de la familia Santiaguín, a los que día a día fuimos conociendo: la matriarca, Berta Riesco Barrera; sus siempre cariñosas hijas Olga y Belinda para con “la sua mamina”; su yerno, Ricardo; sus nietas Érika y Romina y su nieto Izan, y también aquel otro, Diego, que por razones laborales tuvo que ausentarse del hogar y al que no llegamos a conocer personalmente, pero sí muy bien de labios de su familia.

Y también agradecer una vez más a todos y cada uno de los componentes del Tous pa Tous: a Collar, cómo no, por habernos despejado el acceso a tan buena y noble familia, a Jorge de Marcelo y a Alberto Cachón “El Gaucho” por tomar con precisión medidas y magnitudes, depositando con esmero cada una de las piezas de forma que quedaran, si no mejor, al menos igual a como estaban; a Sandra Flórez, que tras el etiquetado de piezas nos deleitó haciendo retumbar con destreza aquel par de castañuelas que, colgadas de un gabitu, remoloneaban por eternos meses y a la chita callando, como si se tratara de unos enormes y boquiabiertos arizos pendientes de la cana de cualquier castañalona, esperando el aire de las castañas que los despabile; a Benito Sierra, siempre en silencio y concentrado en su meticuloso trabajo, y  por registrar, además, esos momentos de intimidad y complicidad en torno a las humeantes tazas de café; y a Jonathan, si se me permite decirlo, nuestro becario favorito, por su trabajo de recogida de la información in situ y el ingreso de la misma en la base de datos creada para tal fin. A todos y todas que, de una forma u otra, han sido parte activa en esta tarea.

 

                                                         Santiáu de Sierra, 29 julio de 2025

Visitamos al flamante «Premio Nacional de Artesanía», Raúl Mouro

El joven alfarero cangués Raúl Rodríguez Arias, «Raúl Mouro», que recientemente ha sido galardonado con el Premio Nacional de Artesanía 2024 por su colección «Piel de Mouro», es descendiente directo de una de las sagas de alfareros más reconocidas de España, la de la Cerámica Negra de Llamas del Mouro.

El pasado 6 de febrero amablemente nos abrió las puertas de su casa-taller en Sillaso, pueblo perteneciente a la parroquia de Santiago de Sierra en el concejo de Cangas del Narcea (Asturias), en donde nos explicó con todo tipo de detalles su obra.

Muchas de sus piezas, están inspiradas o son réplicas de formas tradicionales, recuperadas después de un arduo trabajo de investigación. Algunas de ellas están texturizadas y sometidas a varios procesos de cocción. Sus creaciones están íntimamente conectadas con el entorno que las rodea, utilizando materias primas de cercanía y colorantes ecológicos.

Todas las piezas están realizadas en torno, respetando tiempos y procesos de fabricación y cada una de ellas tiene su propio certificado de autenticidad.

Un audiovisual de Benito Sierra González @BSGPRODUCCIONVISUAL para «Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País».



Más información:


 

El libro «RUMBOS» en la Biblioteca Digital del «Tous pa Tous»

Lo explica Cristobal Ruitiña en su artículo: Cangas del Narcea, la Antártida tan cerca: este libro trata de un viaje por el concejo asturiano de Cangas del Narcea del médico militar, erudito y literato Mario Gómez. Su propósito a la hora de emprenderlo fue más bien conseguir socios para la recién creada asociación para la mejora de su pueblo natal, «Tous pa Tous. Sociedad canguesa de amantes del país», impulsada también por él mismo. Pero lo que van destilando sus excursiones, a medida que publica su relato en otra de sus iniciativas culturales, la revista local «La Maniega», es más bien una búsqueda del primigenio ser cangués. Así, por sus páginas desfilan numerosos potentados, con sus casonas y palacios, que acabarán siendo decisivos en la conformación de lo que es el actual concejo del suroccidente asturiano. Son, por lo tanto, sus rumbos un paseo hacia los orígenes, pero también hacia las fuentes de las materias primas sobre las que esas vidas y patrimonios se han ido forjando. Por ejemplo, hacia las rocas y peñascos donde nace el río Narcea que atraviesa el concejo y que pronto le dará nombre, o hacia los bosques de donde se extrae la madera, que en ese momento ya sustenta una de las principales industrias locales. Es, también, un viaje hacia lo desconocido, porque el propio Gómez reconoce pisar por primera vez algunas rutas, por ejemplo la del Couto. En cualquier caso, este libro es prueba de que el viaje siempre es hacia lo desconocido, aunque uno ya haya trillado esos caminos antes. El propio Mario Gómez queda maravillado y asombrado por todo lo que va descubriendo al explorar los alrededores de su propia casa.

En este año del centenario de la fundación de nuestra asociación por el autor, nos complace poner a disposición del público en general en la Biblioteca Digital del «Tous pa Tous» la versión digital de sus Rumbos, con esmerado prólogo de Juaco López Álvarez y Alfonso López Alfonso.


Rumbo a Siasu

Partído de Sierra, desde la casa-taller de Raúl Rodríguez “Mouro” en Sillaso (Cangas del Narcea). Foto: Sandra Flórez Alonso.

Como segunda ruta para nuestra tarea encomendada, nos dirigimos en esta ocasión al lugar de Siasu, también en el Partíu Sierra, a la residencia de Raúl Rodríguez “Mouro”.

De nuevo la expedición estará formada por los mismos componentes que estuvimos en L.lamas, con la excepción de Collar que por motivos laborales no pudo acompañarnos en el día de hoy. Outramiente, como buen conocedor del paisaje y del paisanaje del concejo, ya nos había hecho una previa en cuanto tuvo ocasión de poner en antecedentes a Marcelino y a su familia de la visita que estábamos programando.

Eso sí, hoy nos acompaña José Ramón Puerto, gran conocedor y entusiasta de la obra y la trayectoria de Raúl “Mouro”, y quien formará parte activa de la puesta en marcha y organización de la exposición, al igual que hizo en anteriores ocasiones colaborando desinteresadamente con el «Tous pa Tous».

Y dos serán de nuevo los coches que formarán la comitiva y en los que nos vamos repartiendo y acomodando.

Otra vez disfrutamos de buen tiempo en esta tarde de febrero mientras nos dirigimos a Purtiel.la. Allí, a mano derecha, nos desviamos y cruzamos el puente que nos llevará a destino, dejando atrás el pueblo de Ounón. El ascenso por la sinuosa carretera nos va ofreciendo maravillosas vistas de nuestra orografía, que van ganando en intensidad a medida que tomamos altura.

Coincidiendo con esa primera hora de la tarde tan española como es la hora de la siesta, nos recibe ante el portón de la casa familiar la matriarca, quien nos comunica que pronto asomarán padre e hijo, que se encuentran reposando tras la hora de la comida, pero que ya están avisados y aviándose.

Tras las oportunas presentaciones, comenzamos la visita en el parreiru, transformado ahora en taller, un espacio que invita de entrada al recogimiento. “El lugar transmite ya una emoción estética”, apunta Mercedes. Un taller en el que imparte cursos para trasmitir sus conocimientos.

Taller de Raúl Mouro en Sillaso, parroquia de Santiago de SIerra (Cangas del Narcea). Foto: Sandra Flórez Alonso.

Un simple lavado de cara en la cubierta, en vigas y ripia, desprovistas ahora de telarañas y del polvo acumulado tras años de cumplir su antigua función, deja a la vista una tosca y a su manera elegante carpintería tradicional; el espacio diáfano y con claroscuros; las paredes de piedra desnuda; el suelo de madera, por el que transpira un agradable y cálido ambiente propiamente agrícola; la luz que se cuela a través de los diferentes huecos; el vacío en el que apenas hay nada y hay lo suficiente: un añejo banco de carpintero de herencia familiar, el contraste entre el torno de pie y una docena de tornos eléctricos, una enorme mesa de factura por encargo y exprofeso, al igual que los tayuelos en los que depositar los cuencos del agua… Reposando sobre cada torno, una pieza de la misma serie en diferentes fases de elaboración. Una decena de piezas que, de inmediato, nos traen a la memoria las fogazas de aún tierna masa de pan sobre la masera, terminando de l.leldar y esperando a ser enfornadas. Todas ellas muy similares y a la vez diferentes, de distintos tamaños, con distintas tonalidades. “A medida que vamos dando textura, se va modificando ligeramente el color”, nos explica atento Raúl. Un matiz que, de primeras y a ojos del profano, no es fácil diferenciar.

Una a una, con cuidado y a la vez con la presteza de quien se siente seguro de sus manos, Raúl va depositando las piezas sobre la enorme mesa de madera dispuesta en una esquina, a la sombra de la luz. Y así, en contraposición, cada una de ellas nos ofrece diferentes lecturas según se van formando distintas composiciones y en función de la incidencia lumínica. La boca, el pequeño orificio de apertura que permite a la pieza respirar y “estrictamente necesario para evitar su rotura durante el proceso de cocción”, cobra sentido (o no) cuando la voltea  y la apertura desaparece, pasando a formar parte de la base.

Por doquier, diferentes piezas, múltiples pruebas de trabajo, con diferentes formas, tamaños y  colores: blanco, marrón “galleta”, rojo pórfido y negro, producto de los diferentes tipos de barro combinados convenientemente con piedra gres. “El rojo da flexibilidad; el blanco, resistencia, y se introduce un tercer elemento para hacer piezas de buena textura”.

Porque sus obras, insiste una y otra vez, son para ver, para oler, incluso para escuchar, pero sobre todo, para tocar. Como quien coge un bebé al cuello, lo mece y lo acaricia. Para sentir las texturas, para diferenciar los grosores y apreciar su fría temperatura, en claro contraste con la calidez que emanan sus colores.

Varias piezas, múltiples pruebas del trabajo de Raúl Mouro, con diferentes formas, tamaños y colores. Foto: Sandra Flórez Alonso.

La cara de Raúl se ilumina al ofrecernos la nueva incorporación a su menú, su nuevo plato fuerte, aún en proceso de experimentación. Ceremoniosamente, desprendiendo con dulzura los paños húmedos que las cubren, nos permite ver sus nuevas criaturas, sus nuevas formas de concebir el espacio, jugando con el equilibrio y con el desequilibrio, con el color y como no, con las siempre presentes texturas. Nuevos caminos a explorar, y quién sabe si a seguir o quizás abandonar. Todo depende.

En un rincón, dispuestas en perfecto orden de a seis, Raúl nos da a probar, pues pruebas son, media docena de deliciosos “profiteroles”. Seis piezas esféricas, de pequeño tamaño, color galleta, con matices en rojo dispuestos como anillos concéntricos en la madera. “Lo conseguimos intercalando diferentes capas a la hora de formar la pella”. Seis piezas que nos dejan un dulce sabor de boca.

Y nos va explicando cómo todo es producto de una evolución, de una experimentación, de un trabajo constante, que ahonda sus raíces en la tradición, en lo mamado en casa de su abuelo, de su padre, de todo lo heredado, de un legado sumado a  su actividad constante con el barro, de mancharse las manos… Es todo un proceso escalonado, desde la base, desde el aprendiz que se pasa un año mezclando y amasando, aprendiendo a mezclar en las proporciones justas, pasos previos y esenciales antes de consentirle sentarse en el torno, ese potro difícil de domar, que “puede llegar a ser muy frustrante, empleando horas, constancia, repetición, perfeccionando la técnica, pero que es una verdadera delicia”. Y ahora buscando nuevas formas de expresión, formas básicas, esenciales, buscando la simplicidad, pero con todo un proceso muy complejo detrás y “que da garantía de verdad” “de honestidad en el resultado”, apunta con acierto Sandra. Intentando mantener una equidistancia entre lo tradicional y lo innovador, no sólo en cuanto a las piezas se refiere, que van perdiendo su carácter meramente funcional y doméstico y se dirigen más hacia lo estético, aunque manteniendo ocasionalmente pequeños guiños que sirven de anclaje con su pasado, sino también en cuanto a materiales, técnicas y procesos.

Y así, pasamos a una nueva dependencia, entre la bodega en la planta baja y la panera. El pequeño cuarto habilitado ahora como estudio, en el que se inicia el proceso imaginativo, con apuntes y diseños en papel que posteriormente tomarán volumen.

Y de ahí, a la panera, en la que se almacenan centenares de piezas, todas ellas de alguna forma desechadas por no llenar lo suficiente el crítico ojo del autor: distintas formas, distintos tamaños, distintos colores y esmaltes que por una razón u otra no pasaron la criba.

Y finalmente, accedemos al santasanctórum, el desván de la casa, en el que se atesora el producto final a la espera de partir quién sabe a dónde: Uviéu, Madrid, Korea…y con próximo destino al otro lado del charco, en Estados Unidos. Allí la Fundación Guess le reclama un total de cien piezas para una exposición en Los Ángeles. Todo un salto que da proyección aún más si cabe a su reciente Premio Nacional de Artesanía.

Miembros del Tous pa Tous con Raúl Rodríguez «Mouro» (dcha.), en su casa-taller de Sillaso, parroquia de Santiago de Sierra (Cangas del Narcea). 6 de febrero de 2025. Foto: Benito Sierra.

Ya cayendo la noche, y tras despachar un trago de vino y unas empanadas en la bodega de la casa, nos despedimos de la familia, agradeciendo el que nos hayan abierto sus espacios de intimidad y su cálida amabilidad, y retornamos a la villa con la sensación plena de haber llenado la tarde no solamente de cantidad, sino también de calidad. Con las cabezas repletas y en ebullición, planeando cómo llevar a cabo de la mejor manera posible nuestra tarea.


FOTOGRAFÍAS
(autores: Sandra Flórez, José Ramón Puerto y Benito Sierra)

Rumbo a Siasu


 

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados tras 125 años de misión dejan su residencia de Cangas del Narcea

Las Hermanitas de Ancianos Desamparados que venían ocupándose del asilo de ancianos de Cangas del Narcea desde hace más de un siglo —esta congregación religiosa llegó a Cangas en el mes de julio de 1899— llevaban tiempo poniendo de manifiesto los problemas existentes ante la falta de vocaciones y el envejecimiento de las monjas encargadas del «Hogar San José» en el popular barrio cangués de El Corral. En la actualidad quedaban solo cuatro hermanas, que dirán adios definitivamente a sus ancianitos a partir del próximo 1 de marzo.

Hospital-Asilo en la calle Felix María Villa (su fundador) de Cangas del Narcea, 1972. Foto: Nito Cachero.

Si hay una institución que ha cumplido una labor asistencial en nuestro concejo para los enfermos y ancianos pobres, esa es el Hospital-Asilo de «San José», que se inauguró el 16 de agosto de 1880 en el barrio de El Corral, en un promontorio ventilado y tranquilo, situado sobre el río Narcea.
Y si a alguien hay que agradecer esta labor además de a su fundador, el filántropo cangués Felix Mª Villa, es a esta congregación religiosa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados que ahora nos dicen adiós tras 125 años acogiendo, en el silencio de la generosidad, a los ancianos más vulnerables de nuestra villa, concejo y alrededores en un ambiente de familia, atendiendo todas sus necesidades, tanto materiales, como de afecto y espirituales.
Una triste noticia por la que merece la pena recordar como empezó todo, allá por el siglo XIX. Para ello, rescatamos esta publicación de hace ya unos años en nuestra página web para todos aquellos que no conozcáis la historia y os queráis informar.

Tráiler oficial del documental «Memoria de los nuestros»

El productor audiovisual Benito Sierra (Cangas del Narcea, 1976) estrena este segundo documental sobre la minería en Cangas del Narcea (Asturias) los días 7 y 8 de diciembre de 2024. Tras el éxito cosechado por «Huellas mineras» este nuevo trabajo, que complementa al anterior, recoge testimonios de los trabajadores de la primera época de la minería canguesa. Son personas que desde muy jóvenes «venían de trabajar en las vides y en la ganadería, e iban a buscarse la vida a la mina».

El tráiler oficial fue presentado en el Teatro Toreno de Cangas del Narcea el pasado 2 de diciembre de 2023. Al igual que «Huellas mineras: Patrimonio Industrial en Cangas del Narcea» este reportaje cuenta con la colaboración del «TOUS PA TOUS. Sociedad Canguesa de Amantes del País».



 

Ampliamos hemeroteca en la web del Tous pa Tous: «La Maniega» (1981 – 1990) y (2013-2016)

LA MANIEGA (2ª Época) es una revista bimestral de información y de opinión, que fue editada por la Asociación Cultural Pintor Luis Álvarez de Cangas del Narcea desde abril de 1981 hasta diciembre de 2016.

El número cero, fechado en abril de 1981, salía a la luz con el epígrafe «Realidades y esperanzas de un Concejo» y la redacción la componían: Eloína García, José María G. Azcárate, Sandalio Gurdiel, Manuel Meléndez, Xuxé Mª Rodríguez (Chema), José Luis R. Mera y Merchi Tejón; con Francisco González y Amador Otero en la fotografía y Neto como dibujante.

En nuestra línea de trabajo en la recuperación de la historia de Cangas del Narcea, ya hemos digitalizado la primera década de esta revista, sus 60 primeros números, que agrupados por años, desde este fin de semana se pueden consultar y descargar en el siguiente enlace: LA MANIEGA 2ª Época (1981-2016)

Junto a estos números también están disponibles los 24 correspondientes a sus cuatro últimos años (2013-2016), cuya digitalización nos la facilitó desinteresadamente el propio director de esta publicación local, nuestro socio José María G. Azcárate.


 

Concurso de ganados en Cangas del Narcea en 1930

Cangas del Narcea. La Vega un día de mercado, hacia 1901.

Fuente:

En el año 1929 fue constituida en el concejo de Cangas del Narcea la Junta Local de Ganaderos que en muy poco tiempo fue cogiendo gran arraigo entre la clase labradora. Tal es así, que un año después de su constitución, esta Junta contribuyó muy eficazmente en la planificación del Concurso de ganado vacuno, organizado por la Excma. Diputación Provincial de Oviedo, el Ayuntamiento de Cangas y la Junta Regional de Ganaderos de Asturias.

Tenía este Concurso la particularidad de ser el primero que se celebraba en Cangas del Narcea; y teniendo esto en cuenta, bien cabe afirmar que tuvo un éxito completo, pues la curiosidad despertada en el público y la atención con que todos los ganaderos seguían las observaciones y deliberaciones del Jurado, revelaban un trascendental interés por el fomento de la riqueza ganadera del concejo cangués.

Se celebró este histórico Concurso en la magnífica explanada de La Vega de la villa canguesa, la mañana del viernes 22 de agosto de 1930, siendo presentados cerca de cuarenta ejemplares.

El Jurado calificador lo presidió el alcalde de Cangas, don Joaquín Rodríguez-Arango Fernández-Argüelles, y lo formaban D. Antonio Fernández, Ingeniero Agrónomo y Secretario de la Junta Regional de Ganaderos; los veterinarios: D. Francisco Lorenzo, D. Benito Gaite y D. Manuel Rodríguez Feito; y en representación de la Excma. Diputación Provincial, D. Jesús Vázquez.

El reparto de premios se hizo de la forma siguiente:

  • GRUPO I — RAZA ASTURIANA — SUBRAZA DE MONTAÑA Y DE LOS VALLES.

    Ramón Tosar Fernández, de casa Jacinto de Gillón, propietario del toro ‘Artillero’, premiado en la Sección 1ª —Toros con cuatro o más dientes permanentes, en el Concurso de 1930.

    • Sección 1ª —Toros con cuatro o más dientes permanentes.
      Primer premio, 200 pesetas; se declara desierto.
      Segundo premio, 150 pesetas, al toro “Artillero”, de Ramón Tosar Fernández, de Gillón.
    • Sección 2ª — Novillos con menos de cuatro dientes permanentes.
      Primer premio, 150 pesetas, al novillo “Rojo”, de Ignacio Galán, de Trasmonte de Arriba.
      Segundo premio, 100 pesetas, al novillo “Brillante”, de Primitivo Álvarez Vicente, de Cibea.
    • Sección 3ª — Vacas con cuatro o más dientes permanentes. 
      Primer premio, 100 pesetas, a la vaca “Guapina”, de Manuel Flórez Sierra, de Leitariegos.
      Segundo premio, 70 pesetas, a la vaca “Galana”, de Francisco González Rodríguez, de Morzó.
    • Sección 4ª — Novillas con menos de cuatro dientes permanentes.
      Primer premio, 70 pesetas, a la novilla “Castilla”, de Francisco Fuertes Riesgo, de Villategil.
      Segundo premio, 50 pesetas; se declara desierto.
  • GRUPO II — GANADO CRUZADO.
    • Sección 5ª — Vacas con cuatro o más dientes permanentes.
      Primer premio, 70 pesetas, a la vaca “Chavala”, de David Barreiro Martínez, de San Esteban de Cibuyo.
      Segundo premio, 40 pesetas, a la vaca “Pinta”, de Antonio Fernández y Fernández, de Santa Eulalia.
  • También se concedieron las siguientes menciones:
    •  Tres, de 30 pesetas cada una, a los novillos “Lucero”, de Rafael Collar, de Posada de Rengos; “Gallardo”, de Manuel Boto, de Villacanes, y “Lindo”, de Francisco Collar Agudín, de San Pedro de las Montañas.
    • Tres, de 25 pesetas cada una, a las vacas de raza asturiana “Roxa”, de José Hidalgo, de Carceda; “Granada”, de Manuel Flórez Sierra, de Leitariegos, y “Guapina”, de Manuel García López, de Castro de Limés.
    • Cuatro, de 20 pesetas cada una, a las vacas cruzadas “Jardinera”, de Joaquín Carrizo, de Cangas del Narcea; “Navarra”, de Leandro Flórez Gómez, de Murias de Bimeda; “Galana”, de José Rodríguez Vuelta, de Adralés, y “Salada”, de Claudio Alfonso, de Morzó.

    Paisano y toro, Cangas del Narcea, hacia 1918. Fotografía de Benjamín R. Membiela. Colección de Juaco López Álvarez.



Cangas del Narcea, el municipio que más población pierde de toda España

Gráfico que refleja el descenso de la población del concejo de Cangas del Narcea en los últimos 20 años.

Ayer, miércoles 30 de noviembre de 2022, la agencia de noticias EUROPA PRESS, consolidada como una de las mayores agencias a nivel nacional que cuenta con corresponsales en todas la comunidades autónomas de España, publicaba esta noticia que aunque podría demostrar que en algo somos los primeros de España, tristemente, pone al descubierto la cruda realidad: El despoblamiento de Cangas del Narcea.

Según el INE, hemos perdido 15 de cada 100 vecinos entre 2011 y 2021. Un territorio donde se fueron cerraron minas de antracita, y cuya despoblación ya se había acentuado en la década anterior. Los tibios intentos de activar su economía y estabilizar la curva de despoblación con turismo y viticultura, junto a la tradicional ganadería y explotación forestal, han sido eso, tibios intentos y un monumental fracaso. ¿Queda englobado nuestro concejo en el «selecto» grupo de la España vaciada? Yo creo que no, que en el que nos encontramos es en el vergonzoso montón de la España vacilada, que es diferente.

 

MADRID/OVIEDO, 30 Nov.  (EUROPA PRESS) – Cangas del Narcea es el concejo de España que más población relativa ha perdido en diez años

El concejo asturiano de Cangas del Narcea es el primero de los 20 de toda España mayores de 10.000 habitantes con mayor descenso poblacional relativo entre los años 2011 y 2021, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística sobre Censos de Población y Viviendas de 2021, recogido por Europa Press.
En concreto, Cangas ha perdido un -15,1% de su población en los últimos diez años, lo que le sitúa como el concejo que tiene mayor disminución de toda España, por delante de Laviana (Asturias), con un -9%. Estaría después de Cangas el municipio cántabro de Laredo, con un descenso del -9,1%.


RANKING – Cangas del Narcea, liderando el vergonzante montón de la España vacilada

Cangas del Narcea es el municipio que más población relativa perdió en el último decenio | INE


 

Cangas del Narcea: Radiografía de un Municipio

Nuestro socio Jesús Agudín Álvarez, nos envía para su publicación un documento del trabajo realizado por el también socio del «Tous pa Tous» y economista cangués,  Jose Luis Marrón Jaquete (Cangas del Narcea, 1941), sobre su concejo natal y la comarca suroccidental asturiana. Este estudio fue presentado en una conferencia que el propio Marrón Jaquete impartió en Cangas del Narcea el pasado 9 de junio de este mismo año en la Librería Treito y, anteriormente, en el mes de abril, fue publicado en varias partes durante cinco días consecutivos en el diario asturiano La Nueva España.

Jose Luis Marrón Jaquete en la Librería Treito en junio de 2022 para explicar las conclusiones de su trabajo. Foto: Mª Fuentes (LNE)

Se trata de un trabajo analítico basado en 84 encuestas realizadas a otros tantos vecinos de nuestro medio rural, en su mayor parte visitando casa por casa, abarcando un amplio abanico de pueblos y zonas que integran todo nuestro concejo. A juicio de Agudín, es un documento muy interesante para entender el presente de nuestro comarca y mas aún para prever, con datos suficientes, el futuro próximo en lo que se refiere a la economía, comunicaciones y otros datos de interés.

Desde el «Tous pa Tous», tras su maquetación, ponemos este documento a disposición de todo el público en esta página web, para que se pueda consultar y descargar de nuestra Biblioteca Digital. Además, animamos al debate sobre las medidas prioritarias que exige la actual situación de la comarca que, al fin y a la postre, es la pretensión de su autor, «contribuir libremente a un debate serio y abierto al que todos estamos llamados».


 

Cooperativismo y Sindicalismo Agrario en el Suroccidente Asturiano. Época de la Transición

Mercado de ganados en el Recinto Ferial de La Imera, Cangas del Narcea.

Los concejos de Cangas del Narcea, principalmente, y Tineo son los protagonistas de este trabajo fin de grado (calif. 10) de nuestro socio Adrián Rodríguez Álvarez (Sta. Eulalia de Cueras, Cangas del Narcea, 1997), realizado bajo la tutela de Jorge Uría González, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo.

En el presente estudio monográfico el autor analiza una serie de procesos de índole cooperativista y sindical agrarios focalizados en el suroccidente de Asturias, que derivaron en una red de colaboración entre campesinos, la cual adquirió una notable importancia y trascendencia. El germen de un sindicato articulado por toda la Comunidad Autónoma aun hoy vigente; la formación de candidaturas políticas independientes de campesinos para las alcaldías municipales; la instauración de regímenes cooperativistas transformadores de los medios de producción en una determinada aldea, son algunos de los hitos que este movimiento cooperativo-sindical logró fraguar.

Una parte esencial de este trabajo son las fuentes orales. En el siguiente vídeo se reproducen entrevistas con personajes destacados de este proceso, sobre todo sindicalistas de primera hora, que daban un modelaje directo de todo lo que fueron sus vivencias y actividades.


 

El inventario de escrituras de Juan González de Celón, escribano de la villa y concejo de Cangas de Tineo: una fuente de genealogía canguesa del siglo XVI (I)

Testamento de doña María Arias Osorio de Pambley
(AHA, caja 13390, prot. 1589, f. 141, núm. 177 del Inventario)

El presente artículo es la transcripción del índice de todas las escrituras que pasaron ante uno de los escribanos más importantes de la villa y concejo de Cangas de Tineo de finales del siglo XVI: Juan González de Celón. No solo es un instrumento que permite el rápido hallazgo de personas, lugares o acontecimientos, sino que ofrece, en muchas ocasiones, las referencias a escrituras que ya no existen. Además de la transcripción, el artículo proporciona un resumen de todos los testamentos que pasaron ante dicho escribano. El presente escrito, por tanto, se convierte en una fuente principal para el estudio de la genealogía asturiana y, en especial, del concejo de Cangas del Narcea.

Autor: ROBERTO LÓPEZ-CAMPILLO Y MONTERO
Universidad Pontificia Comillas
Académico de Número de la de Genealogía y Heráldica de Asturias

Conviene señalar que, debido a la extensión de este índice, el autor ha tenido que desdoblar su publicación en dos artículos. El presente recoge las escrituras desde 1588 a 1595 inclusive y está ya disponible en la Biblioteca Digital del Tous pa Tous para consulta y descarga en el siguiente link.

 

Brañas del concejo de Cangas del Narcea

Braña La Feltrosa con el Pico Caniechas enfrente. Foto JM Collar

Comenzamos hoy la publicación de una lista de brañas del concejo de Cangas del Narcea hecha por José Manuel Collar Álvarez. Hemos localizado 217, pero es probable que haya más. A lo largo de los próximos meses iremos publicando aquí sucesivas listas por ríos o valles, hasta completar todo el concejo. El objetivo de este trabajo es sentar las bases para realizar un inventario en el que se consignen su localización exacta, altitud, propiedad, número y tipo de cabañas, fechas de ocupación, usos y costumbres que se practicaban en la braña, etc. Se trata de conocer en profundidad uno de los espacios más importantes del territorio montañoso y de la actividad económica del concejo de Cangas del Narcea. La cría de ganado no se puede entender sin estos asentamientos de ocupación estival. Fueron, además, espacios que marcaron la vida de los campesinos del concejo y son también lugares de gran belleza paisajística.

En la actualidad, las brañas siguen siendo espacios muy utilizados por los ganaderos, pero el manejo del ganado ha cambiado considerablemente y en la mayor parte de ellas las cabañas están abandonadas y en ruinas.

A estas brañas, antiguamente, junto a los vecinos del concejo, también subían sus ganados los vaqueiros de alzada, procedentes de los concejos de Tineo, Navia, Villayón, Salas y, sobre todo, Valdés, que pasaban en ellas cuatro o cinco meses, y pastores de ovejas merinas que llegaban de Castilla y Extremadura.

Para completar esta lista, así como para recabar información y fotografías de las brañas del concejo de Cangas del Narcea, solicitamos la ayuda de todos los cangueses, que pueden enviar los datos que consideren útiles a través del siguiente enlace: Contacto

  1. PARROQUIAS DE LA CUENCA ALTA DEL RÍO NARCEA Y LARÓN
  2. PARROQUIAS DEL RÍO NAVIEGO
  3. PARROQUIAS DEL RÍO CIBEA
  4. PARROQUIAS DEL PARTIDO DE SIERRA
  5. PARROQUIAS DEL RÍO DEL COUTO
  6. PARROQUIAS DE BESULLO, LAS MONTAÑAS Y TRONES
  7. PARROQUIAS DEL RÍO NARCEA

 

 

El despoblamiento de Cangas del Narcea

Calle Mayor de Cangas del Narcea. Foto: Juan Ramón, tomada el 15 de agosto de 2014

Los habitantes del concejo de Cangas del Narcea, que en los años veinte del pasado siglo llegaron a ser casi 24.000 personas y que hoy en día superan escasamente las 12.000, llevamos años viendo su progresivo despoblamiento mientras escuchamos a nuestros gobernantes el manido mantra de que hay que fijar población, pero sin que hasta el momento hayan concretado nada efectivo al respecto.

Cangas del Narcea languidece progresivamente, en caída libre, a la vista, ciencia y paciencia de su alcalde y demás responsables municipales, pese al suculento salario que se impusieron los integrantes del denominado equipo de gobierno local (36.500 euros anuales por barba) y que hay que suponer que se paga por algo más que por asistir, como simples espectadores, a esta hecatombe que se nos viene encima.

Señor alcalde de Cangas del Narcea, todo está en la Historia, así que aprendamos de ella. En el siglo XIV la ruta de comunicación de Asturias con Castilla y Galicia a través del puerto de Leitariegos era una cuestión primordial. Para mantenerla transitable en los meses de invierno se requería de población en El Puerto de Leitariegos y pueblos próximos, y para ello el rey Alfonso XI (1311-1350) otorgó a sus pobladores el 14 de abril de 1364 un privilegio con el fin de favorecer el asentamiento permanente de una población que mantuviese abierto el paso por el puerto; es el conocido como “Privilegio de Leitariegos”, que, entre otros beneficios, eximía a sus habitantes del pago de impuestos, alcabalas y portazgos. Y con esto consiguió que se estableciese población en este lugar, situado a más de 1.500 metros de altitud, y que se mantuviese hasta finales del siglo XIX. Hoy, sin ese privilegio, la situación es muy distinta y muchos de esos pueblos están casi abandonados.

La medida seguida por Alfonso XI hace más de seiscientos años debería aplicarse hoy a Cangas del Narcea. A los habitantes de este territorio, en el que muy pocas personas quieren vivir, deberían dárseles unos “privilegios” con el fin de mantener su población e incluso repoblar.

Gráfico que refleja el descenso de la población del concejo de Cangas del Narcea en los últimos 20 años.

Señor alcalde de Cangas del Narcea: proponga usted al Pleno del Ayuntamiento la supresión (total o parcial) de los impuestos municipales sobre bienes inmuebles (IBI), vehículos de tracción mecánica (“viñeta”), incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana (“plusvalía”), etcétera, de esa infinidad de tasas municipales que gravan las actividades más variopintas (por expedición de licencias y otros documentos, por apertura de establecimientos, por recogida de basuras, por servicios del cementerio municipal, por tenencia de animales domésticos, por alcantarillado, por ocupación de terrenos públicos municipales, por vados de acceso a los garajes, por suministro de agua potable, etcétera), del precio público municipal por las escuelas infantiles de 0-3 años, etcétera.

Señor alcalde de Cangas del Narcea: dígale usted a su amigo don Adrián Barbón que exima (total o parcialmente) a los habitantes de Cangas del Narcea del pago de los impuestos autonómicos de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, de patrimonio, de sucesiones y donaciones, de la cuota autonómica del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), etcétera.

Señor alcalde de Cangas del Narcea: pídale usted a su jefe don Pedro Sánchez que exima (total o parcialmente) a los residentes en Cangas del Narcea del pago de los impuestos estatales sobre el valor añadido (IVA) y sobre sociedades, de la cuota estatal del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), etcétera.

Solo así podremos combatir el progresivo despoblamiento del concejo y contribuiremos a fijar población. Todo lo demás, en las actuales circunstancias socioeconómicas, serán brindis al sol.

Es hora de dejarse de cantos de sirena; hay que tomar urgentemente decisiones prácticas y efectivas, y esta de la fiscalidad reducida, avalada por importantes estudios sobre el despoblamiento, es, sin duda, la más eficaz. Lógicamente, esta solución tiene un coste económico para el erario, pero sería mínimo y además susceptible de recuperarse a medio plazo con la actividad económica que se generaría en este territorio. La fiscalidad diferenciada, como instrumento de discriminación positiva, cada vez es más evidente que es posible y necesaria.


Más información en el blog del autor: Desde el corazón de Cangas

Disponibles en la librería Treito el libro «Leitariegos en 1898» y la «Guía artística de Cangas del Narcea»

Portada del libro ‘Leitariegos en 1898’

El primer libro editado por el Tous pa Tous, Leitariegos en 1898, ha suscitado gran interés entre los medios informativos y el público en general. Se trata de un texto que el secretario del ayuntamiento de Leitariegos/Brañas, José Rodríguez Riesco envió a Bellmunt y Canella para su conocida obra sobre los concejos de Asturias y que ha permanecido inédito algo más de cien años hasta que la asociación Tous pa Tous de Cangas del Narcea lo recuperase porque aporta numerosos datos sobre la vida cotidiana de un concejo que fue absorbido por Cangas en 1924. También incluye menciones a documentos que desaparecieron con la anexión y que muestran las constantes tensiones con el ayuntamiento vecino y la nobleza leonesa.

Todo aquel que esté interesado en adquirir un ejemplar encuadernado del mismo, lo tiene disponible en la librería canguesa Treito (c/ Uría, 27 y plaza de Asturias, 5).

También desde hace unas semanas, está a disposición del público en general en esta misma librería, la Guía artística de Cangas del Narcea. Iglesias, monasterios y capillas que ha sido editada por el Ayuntamiento de Cangas del Narcea y el Tous pa Tous con la colaboración del Arciprestazgo de El Acebo.


ENLACES RELACIONADOS:

Inventario de lagares de vino antiguos en el concejo de Cangas del Narcea

Lagar de Penlés, Cangas del Narcea. Foto J.R. Puerto, 2016

Este trabajo ha sido promovido en al año 2016 por el Tous pa Tous y cuenta con la colaboración de la DOP Vino de Cangas. El inventario lo ha realizado David Flórez de la Sierra y hemos contado con la ayuda para tareas de documentación de José Ramón Puerto Álvarez, que hizo un reportaje fotográfico, y J. M. Legazpi que ha dibujado dos lagares (Tremao de Carballo y La Queipa en Carballo). 

El número total de lagares de vino del modelo de viga y contrapeso inventariado es de diez. Siete están en buen estado de conservación y tres están completamente abandonados y medio arruinados. Todos están en desuso. Además, se han inventariado varias piezas de madera que pertenecieron a un lagar y seis contrapesos de piedra, que se conservan en las casas o junto a caminos; en algún caso ni los propios dueños o vecinos saben que esa gran piedra trabajada perteneció a un lagar de vino.


INVENTARIO DE LAGARES DE VINO ANTIGUOS EN EL CONCEJO DE CANGAS DEL NARCEA

 

Fichas de inventario

David Flórez de la Sierra
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Fotografías

José Ramón Puerto Álvarez
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Dibujos

José Manuel Legazpi
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Tous pa Tous
Sociedad Canguesa de Amantes del País

Cangas del Narcea
2018


LA MURIELLA / LA MOURIEL.LA (Parroquia de Veiga de Rengos) – Casa de La Muriella o de los Queipo

LA MURIELLA / LA MOURIEL.LA

(Parroquia de Veiga de Rengos)

Casa de La Muriella o de los Queipo.

Este palacio de dos torres, situado junto al río Narcea y  en el valle de Rengos, es el solar originario de los Queipo o Queipo de Llano, cuyos mayorazgos fueron ennoblecidos por el rey Felipe IV en 1659 con el título de conde de Toreno; el primero fue Álvaro Queipo de Llano y Valdés. El palacio tiene dos escudos. El más antiguo, del siglo XVI, está en la torre de la izquierda y es la primera representación conocida de las armas de este importante linaje cangués, asturiano y español: tres fajas, dos flores de lis y una bordura con ramas de vid.

El otro escudo está en el cuerpo central del palacio, sobre la entrada principal y un balcón, y ostenta la corona condal. Es un escudo partido con las armas de los Queipo de Llano y los Valdés, que fueron muy habituales en los escudos de esta casa desde la unión de ambos linajes a fines del siglo XVI.

Los condes de Toreno fueron los propietarios de esta casa desde «tiempos inmemoriales” y hasta su venta en el siglo XX. Aunque los miembros de esta familia residían desde el siglo XVI en la villa de Cangas del Narcea, desde esta casa de La Muriella van a gestionar todas las rentas que cobraban en las parroquias de Larna, Xedré, Veiga de Rengos, Pousada de Rengos, Noceda, Gillón y Oubacho, así como la explotación del monte de Muniellos, que era todo de su propiedad.

SAN XULIANU / SAN JULIANO DE ARBAS – Iglesia parroquial

SAN XULIANU / SAN JULIANO DE ARBAS

Iglesia parroquial.

En el interior de esta iglesia, en un enterramiento de 1520 propiedad de la Casa de Miravalles, está uno de los conjuntos heráldicos más interesantes del concejo de Cangas del Narcea por su antigüedad, sus motivos y labra, y la inscripción que presenta. Francisco Sarandeses Pérez le dedicó un artículo, “La piedra de Santo Juliano de Arbas”, en el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, nº XLIX (1963), págs.. 237-244. Aparecen cuatro escudos con las armas de los Coque, San Miguel, Rescuro y Carballo; la atribución a estas casas aparece en la inscripción del borde de la tapa del sepulcro y en los mismos escudos.

Los Coque tienen un árbol, una flor de lis y un cazador armado con una lanza que sujeta a un perro por el collar y persigue a un jabalí. En el escudo aparece la inscripción: “S COQUE CUYAS SON ESTAS ARMAS”.

Los San Miguel tienen como emblema un árbol y el arcángel San Miguel con alas y una gran espada. La inscripción menciona la casa de San Miguel y Rescuro, con solar en la vecina Laciana (León), y señala sus armas.

Rescuro se representa con un castillo asentado sobre peñas y un hombre armado con una espada atacando a un monstruo marino.

Y las armas de Carballo son una mujer sujetando la rama de un árbol, haciendo alusión al lema de esta familia: “La virtud me hará torcer, que por fuerza no tengáis temor que tuerza”. En la inscripción se menciona la casa de Carballo y en el escudo se aclara que: “SON ESTAS OTRAS ARMAS”.

La inscripción dice lo siguiente: DE LOS COLLARES DE VI / LLAR DE RENGOS DONDE /  LOS COQUES DESCIENDEN POR LINIA DE BA / RON DE LA CASA DE SAN MIGUEL Y RESCURO / CUYAS ESTAS ARMAS / Y POR HEMBRA DES / CIENDEN DE LA CA / SA DE CARVALLO / SON ESTAS OTRAS ARMAS. 1520

Las mismas armas del sepulcro de la iglesia de San Juliano de Arbas aparecen en los escudos de la Casa de Miravalles, la Casa de Murias de Paronche y la Casa de Suárez Cantón en la villa de Cangas del Narcea.

MONCÓU / MONCÓ (Parroquia de Veiga/Vega de Rengos) – La Casona

Este escudo está roto y le falta la parte superior. Lleva las armas de los Martínez: un árbol a cuyo tronco está atado un perro y dos flores de lis a los lados de la copa del árbol, y le faltan por rotura de la parte superior de la piedra el sol, la luna y otra flor de lis, que son los atributos que completan las armas de los Martínez. En él aparece escrita la palabra “MONCO”, que hace referencia al apellido que llevaron los propietarios de esta casa durante mucho tiempo y que sustituyó al Martínez.

En 1787 el propietario de esta casa era Juan de Moncó, “hijosdalgo notorio y armas pintar”, y entre 1808 y 1824 lo fue su hijo Manuel de Moncó. Alguno de estos fue el que mandó poner el nombre de “Moncó” en el viejo escudo de los Martínez, que fue labrado a fines del siglo XVII.

Las mismas armas de los Martínez aparecen en otros cuatro escudos del concejo de Cangas del Narcea: Veiga’Tachu (Casa Bartuelo), Veigaperpera (Casa Campa), Veigaipope (Casa Molineiro) y Folgueras de Bergame (Casa Bartuelo).

CASTRUSÍN / CASTROSÍN (Parroquia de Carceda) – Casa Marqués

Escudo con las armas de 1. Llano (un castillo), 2. Flórez (una mujer metida en el agua y una flor de lis), 2. Desconocido y 3. Carballo (una mujer torciendo la rama de un árbol con copa y raíces, imagen que alude al lema de esta familia: “La virtud me hará torcer, que por fuerza no tengáis temor que tuerza”).

En este pueblo de Castrusín el único vecino empadronado como “hijosdalgo notorio” entre 1787 y 1824 es José de Llano.

TREMÁU DEL COUTU / TREMAO DEL COTO (Parroquia de Bergame) – Casa L´Abiera

Este escudo parece otra versión más de las armas de los Pambley, tan frecuentes en nuestro concejo (Pambley, Arbolente, Carballo) y en la villa de Cangas del Narcea. En él aparece un castillo con un hombre armado en la puerta, la flor de lis y la cerda en la parte inferior. En este caso, se introduce un motivo muy frecuente en el arte popular asturiano, europeo y de otras culturas, como son los dos pájaros enfrentados, que tiene sus modelos más antiguos en el arte romano y oriental antiguo.

SORRODILES (Parroquia de Cibea) – Casa de Miramontes o La Torre

Base del retablo de la capilla de la Casa de Miramontes en las que aparecen talladas las armas de los Sierra Pambley (a la derecha) y los Omaña (a la izquierda), que aportó en 1670 María Antonia de Sierra y Omaña, mayorazga de la Casa de Sobre la Fuente de Cangas, al casarse con Antonio Alfonso Flórez.

Escudo cuartelado con las armas de 1. Alfonso de Miramontes (castillo con tres torres y dos banderas, apoyado en rocas y flanqueado por dos arboles; tiene una flor de lis); 2. Sierra (castillo encima de una barca con tres remos y una flor de lis); 3. Desconocido y 3. Valdés.

La Casa y Torre de Miramontes es de las más antiguas del concejo de Cangas del Narcea. En su solar está documentada una torre medieval. Desde el siglo XV esta vinculada al apellido Alfonso. El primer miembro conocido de este linaje fue el capitán Álvaro Alfonso de Llano, a este le siguieron:

2.º Diego Alfonso de Miramontes, se casó con Teresa Menéndez.

3.º El capitán Diego Menéndez de Cangas, se casó con Catalina de Prado.

4.º Luis Alfonso Flórez Valdés, capitán general de la Real Armada de Felipe II, se casó con María García de Cangas.

5.º Ana María Alfonso Flórez Valdés, se casó con Lope Flórez de Sierra, de Tainas (Cangas del Narcea).

6.º El capitán Diego Alfonso Flórez Valdés, se casó con Magdalena Flórez de Sierra, de la Casa de Nando (Cangas del Narcea).

7.º Diego Alfonso Flórez, se casó en 1657 con Margarita Queipo Coque de Llano, de la Casa de Miravalles (Cangas del Narcea).

8.º Antonio Alfonso Flórez, se casó en 1670 con María Antonia de Sierra y Omaña, mayorazga de la Casa de Sobre la Fuente de Cangas, hija de Alonso de Sierra y Omaña y María de Llano y Valdés, fundadores del vínculo de la Casa de Cangas. Con este matrimonio la casa de Miramontes pasó a ser propietaria de una casa en la villa de Cangas del Narcea, situada “sobre la fuente”, en la plaza de La Refierta (actual, plaza de Mario Gómez), que estaba donde hoy está el Comercio del Médico. Esta casa se convertirá en la residencia de esta familia, que cambian Sorrodiles por la villa. Las armas de María Antonia de Sierra y Omaña figuran en el retablo que hay en la capilla de la Casa de Miramontes, que ella debió encargar hacia 1675.

9.º Diego Manuel Alfonso Flórez, se casó en 1694 con Clara Queipo de Llano, de la Casa de Ardaliz (Cangas del Narcea).

10.º Josefa Alfonso Flórez Sierra y Valdés, se casó con Suero Pertierra Coronas y Paredes, señor de la Casa de Caneiro (Valdés).

11.º José Alfonso Flórez Pertierra (1721-1794), se casó con María Antonia Argüelles Uría, natural de Ribadesella e hija de Bartolomé Argüelles Quiñones y Petronila Uría Valdés, de la Casa de Santa Eulalia (Cangas del Narcea).

12.º José Alfonso Pertierra Argüelles (Cangas del Narcea, 1760-1827), se casó con María Xaviera de Quiroga Valcarce y Nava, mayorazga de Villoria (Valdeorras, Ourense).

En el siglo XIX, la Casa de Miramontes tenía propiedades en Cibea, el Partido de Sierra y la villa de Cangas (era dueña de la “deseada tierra y viña de Pelayo”); en el concejo de Valdés, donde poseía la casa de Canero, y en Laciana (León) y Valdeorras (Ourense). Gozaba del privilegio, desde tiempos inmemoriales, de vender en exclusiva el vino en la parroquia de Cibea; nadie podía vender este producto “mientras los poseedores de la Casa de Miramontes tengan taberna abierta de vino de su propia cosecha, con tal que este sea bueno”. Esto les reportaba un gran beneficio porque por esta parroquia pasaban los dos caminos que pasaban a Castilla por el puerto de Leitariegos. A finales del siglo XVIII, para la venta de vino tenían una taberna en el valle de Cibea y una “barraca de sebe en el sitio del Campón del Fresno de la Vega de Vallado”. Este privilegio fue motivo de varios pleitos con vecinos de la parroquia desde el siglo XVII. Como ya dijimos, a fines del siglo XVII esta familia traslada su residencia a la villa de Cangas del Narcea.

La historia de Segundo en las fuentes del Narcea (Cap. 2)

Continuamos con la historia de Segundo en Fuentes del Narcea y del Ibias, un espacio en el que a pesar de las explotaciones mineras, la baja densidad de población ha favorecido un excelente estado de conservación en este lugar que atesora especies tan importantes como el oso pardo, el urogallo cantábrico, el murciélago de bosque, la perdiz pardilla y el águila real. En este paisaje, Segundo, un antiguo minero de Caldevilla de Rengos (Cangas del Narcea), inició hace años un camino que transformó sus huertos y rebaños basándose en la agricultura biodinámica.