El puente de Julio

Este texto fue leído en la presentación del libro «La minería del carbón en Cangas del Narcea», de Enrique Rodríguez García, el sábado 7 de mayo de 2022, durante la II Feria del Libro de Cangas del Narcea.

Alfonso López Alfonso, Enrique Rodríguez García, autor de la publicación, y Cristobal Ruitiña en la presentación del libro “La minería del carbón en Cangas del Narcea”.

Si la envidia sana existe creo que es legítimo admitir que siento una profunda envidia de Enrique Rodríguez García. Y quizá, claro, la envidia sana no exista.

Moncóu, de donde yo procedo, dentro del Río Rengos, es un lugar centenario, milenario quizá, en el que desde los años cincuenta del siglo XX los cambios fundamentales se produjeron en torno a la mina. Mineros eran muchos de los hombres del pueblo que pertenecían a la generación de mi abuelo Valeriano, nacidos en torno a la década de 1910, y mineros eran todos los de la generación de mi padre, nacidos en los años de la Guerra Civil o en la inmediata posguerra. Eran lo que se conoce en la bibliografía del centro de Asturias, donde el tema está más estudiado, como mineros mixtos, es decir, que compatibilizaban su labor en el mundo sumergido con el cuidado de la casa y el ganado. Mineros fueron también todos los hombres del pueblo de la edad de mis hermanos mayores. Mineros fueron, por tanto, mi padre, mis hermanos y mis cuñados. Por el contrario, las únicas minas que yo conozco son aquellas visitadas como elementos esencialmente lúdicos, como el pozo San Luis, por ejemplo, en el valle de Samuño, muy próximo a Ciaño, en Langreo. Y sin embargo no sabría explicarme sin la mina. Desde la cuna me hizo la mina ser quien soy y me dio buena parte de la formación que tengo, puesto que pasé diez años en el Orfanato de Mineros Asturianos (después FUNDOMA) en la suave ladera de Fitoria, próxima al monte Naranco de Oviedo. Luego fueron las becas proporcionadas por los Fondos Mineros las que me permitieron en buena medida seguir estudiando cuando llegué a la Universidad. Siendo el origen de mi mundo ese entorno y teniendo cierta vocación de escritor –aunque sea de escritor fracasado, que siempre tiene algo de glamur- es normal que sienta ahora cargo de conciencia por no haber sido yo quien dé forma al primer libro que se ha hecho sobre la minería en nuestro concejo. Pero qué le vamos a hacer, otro con más experiencia directa sobre la mina e infinitamente más conocimientos de los que yo tengo sobre el asunto se ha encargado de poner la primera piedra en nuestra bibliografía minera. Esperemos que no sea la última en este mundo declinante de la minería y la demografía canguesas.

El libro de Enrique es técnico, es uno de esos libros en los que hablan los datos, bien hilvanados y elaborados. Uno de esos libros necesarios para que vengamos después quienes tenemos alma de poetas a construir nuestros inútiles discursos subiéndonos a sus hombros. La sentimentalidad ha de crecer sobre un terreno previamente abonado; no se puede hacer pan si no sembramos primero el trigo. Es un libro técnico, como digo, pero con algunos detalles que lo harán emocionalmente perdurable porque está escrito contra el olvido. Nos dice Enrique que “si pudiéramos sacar de las profundidades de las montañas la estructura de una mina de Rengos, y ponerla encima de la tierra, veríamos una inmensa obra de ingeniería, hecha por mineros con muchos años de preparación, que hicieron un trabajo muy especializado”. Enrique fue ingeniero técnico en la empresa CARBONAR y hace valer su mundo. No cabe duda de que la mina ha sido una parte fundamental de su existencia, pero al mismo tiempo hay en el libro detalles que conmueven por su calidad humana y por la verdad acerca de la minería que, quizá de forma inconsciente, entrañan. Orgulloso de su oficio, durante la preparación del libro Enrique llevó a sus hijos de excursión a visitar las antiguas explotaciones mineras del Río de Rengos, a intentar que contemplaran, y son sus palabras, aquellos trabajos y aquellas estructuras que se desarrollaron “enterradas a varios cientos de metros de profundidad en el interior de la montaña”, pero que una vez que se cierran las minas “queda todo inundado, no pudiendo preservar para el futuro todas estas labores que se construyeron durante tantos años de explotación”. Y añade: “Si a un profano hoy lo llevamos a visitar la zona de las minas cerradas de Antracitas de Gillón y le intentamos explicar lo que ocurrió allí durante tantos años no lo entendería, sería difícil convencerlo de que en los tiempos de mayor actividad de esta mina había 1.150 personas trabajando diariamente en la zona, la mayoría bajo tierra. Además también le diríamos que había una flota importante de camiones transportando el carbón, tolvas, aseos, oficinas, vías de tren, kilómetros de túneles, centros de transformación eléctrica, etc.” Da la impresión de que, de forma implícita, Enrique también reconoce que la mina, en relación con su medio natural y humano, una vez que se acaban los beneficios económicos, deja el agujero y se va. Agujeros y estructuras que pueden ser bellos, como lo son Las Médulas, por ejemplo, obra de la minería aurífera romana, o como lo son los castilletes del centro de Asturias o las bocaminas de nuestro entorno, pero agujeros al fin y al cabo, cuyo recuerdo, y vuelvo a coger las palabras de Enrique, “se apaga con el último minero”. Y después viene la nada, como en esos poblados fantasma de los westerns, con el ulular del viento y el chirrido de los goznes de las puertas del saloom solitario, con esas plantas rodantes atravesando la ancha calle central de un pueblo sin asomo de vida, iconografía por excelencia de una melancolía que nos atañe a todos.

Vista aérea tomada en 1970 de Moncó (izda.) y San Martín de los Eiros (dcha.), este último hoy desaparecido.

De la mina abajo no hay trabajo, dice el adagio, y pocos trabajos habrá más hostiles y antinaturales que los realizados en las minas por testeros. El inframundo de Hades es un lugar poco apetecible, nada envidiable, aunque las prejubilaciones irrigadas desde Europa nos hayan hecho en ocasiones creer lo contrario. En ese sentido hay en el libro de Enrique una imagen fugaz que creo representa muy bien los sentimientos encontrados que puede generar la mina. Me refiero a la imagen del pueblo de Samartinu los Eiros, un cogollo de casas, hórreos y paneras que se veían desde Moncóu y que desapareció para siempre: la casa Galán, la de Cadenas, la de Murias, la de l’Aredera y tantas otras que ya no están. El pueblo fue enterrado por subsidencia minera, signifique eso lo que signifique. Ahora no se aprecian allí más que suaves cicatrices donde una vez estuvieron las casas. Cicatrices que nos recuerdan la inmediatez del olvido. Conozco a muchos de los que fueron habitantes de Samartinu y, cuando me tropiezo con ellos, con Toño el de Cadenas, por ejemplo, siempre les digo en broma que tienen algo de israelíes y a la vez de palestinos. Tienen algo de israelíes porque viven en la diáspora y algo de palestinos porque ya son un pueblo sin tierra. Tienen algo también de Orestes, pero sin Micenas a la que regresar; o de Ulises, pero sin Ítaca a la vista. Cuando ellos desaparezcan se irá con ellos el recuerdo de ese mundo en el que sus antepasados trataron de injertar una manera de amar la casa para que en días venideros la mantuviera en pie su estirpe. La mina, como a todos los demás del entorno, les dio mucho, pero en su caso también les arrancó la matriz condenándolos antes de tiempo al estéril olvido.

Siempre que hablo de Samartinu me acuerdo de mi vecino Julio, de casa Capicheiro, que tenía un proyecto entre delirante y poético para unir Moncóu con Samartinu, pueblos que están más o menos a la misma altura de la montaña, frente por frente, separados por el estrecho corredor del río Narcea. Cuando en Moncóu celebrábamos la fiesta se oía desde Samartinu, y viceversa, cuando ellos, si no recuerdo mal el 11 de septiembre, celebraban su fiesta, oíamos la música con mucha nitidez desde Moncóu. Julio, por aquellos días dorados de mi infancia proponía que había que hacer un puente para comunicar los dos pueblos. Él lo planteaba con seriedad y todos nos reíamos de su descabellada idea, pero hoy pienso que la idea de Julio entrañaba una metáfora de la existencia que los puentes representan muy bien por su capacidad para salvar distancias, para comunicar aquello que está separado. Nosotros les llamábamos a los de Samartinu “carneiros” y ellos a nosotros “fabas prietas”. Julio supo antes que nadie que todos pertenecíamos a la misma estirpe y que todos estábamos condenados a la misma desmemoria, solamente que unos antes que otros.

Decía el escritor Graham Greene que tener una infancia desgraciada era la mina de oro de cualquier escritor. Yo no soy de esos porque hay una multitud de detalles que convierten mi infancia en una Arcadia perdida. Entre esos detalles, sin duda, está el puente de Julio entre Moncóu y Samartinu.

Aide, la última minera de Rengos, tras recoger el libro firmado por Enrique R.G. Santolaya.

Aunque a mí la mina me ha hecho ser el que soy y forma parte de mi vida del mismo modo que lo forman las vacas, los castaños o la mole de piedra caliza que da nombre a mi pueblo, siempre me he sentido un poco raro en mi entorno y mi familia. Fui el primero y único de mis hermanos en nacer en un hospital (el de Oviedo) y eso hacía que de niño me tomaran el pelo diciéndome que yo no era de la familia, que me habían cambiado al nacer y que el verdadero hermano de mis hermanos andaría por esos mundos enfrentándose a la vida. En el fondo me habría gustado que aquella historia fuera cierta porque me daba esperanza. Me imaginaba la vida del “auténtico hermano” como algo envidiable, una vida repleta de aventuras que hacía parecer anecdóticas las novelas de Jack London. Yo era especial, procedía de otro entorno y algún día la familia de buhoneros o quien quiera que me hubiera perdido en aquel hospital, regresaría a por mí. Me sentía distinto y al mismo tiempo algo inferior al resto de mi familia porque, desde que tengo uso de razón, siempre quise alcanzar esa especie de normalidad legendaria que se respiraba en mi casa cuando las cosas iban por el cauce que les correspondía y podían controlarse. Esa normalidad que yo envidiaba la representaban mis hermanos, siendo capaces de continuar la tradición, trabajando en la mina y en el campo y manteniéndose alejados de los libros que, en mi caso, empezaron a atraerme desde que fui capaz de entender lo que decían. Ansiaba una familia ajena, pero en el fondo intentaba por todos los medios ganarme un lugar en la propia. Quería que unos buhoneros o quien fuera pasaran a buscarme únicamente porque deseaba que los míos me aceptaran como uno más. Sin ser consciente entonces, lo único que quería era formar parte de su mundo, ser capaz de trabajar con las manos, de defenderme en el campo y la mina. Quería entender lo que era una galería, qué significaba la palabra rampa, quería poder picar de resgao, dar la tira y postear; cabecear la madera, hacer llaves, poner un rachu, recuperar el hierro y otras cosas por el estilo, pero mucho me temo que a lo largo de la vida me he mostrado bastante torpe en las cosas realmente importantes, aquellas en las que se pone el corazón y se hacen con las manos. Desgraciadamente, lo único que yo sé hacer con las manos es golpear las letras de un teclado para formar con ellas palabras que a menudo salen desafinadas, incapaces de proporcionar consuelo porque no entienden del todo que realizar una alabanza épica de los mineros quizá sea una forma de mentir, porque los héroes no existen o sólo existen en las novelas, pero que al mismo tiempo, relegarlos a una realidad anodina y convencional como la que tenemos el resto de los mortales tampoco es contar la verdad del todo.



A LA VENTA EN LIBRERÍA TREITO DE CANGAS DEL NARCEA

“La minería del carbón en Cangas del Narcea”, de Enrique R.G. Santolaya, editado por el Tous pa Tous y la Librería Treito.

Cierre de la última mina de carbón operativa en Cangas del Narcea

Cierre de la mina de CARNONAR, Vega de Rengos, Cangas del Narcea el 17 de febrero de 2020.

Vídeo del cierre de la última mina de Rengos, Cangas del Narcea, el 17 de febrero de 2020. Último recorrido por la mina de CARBONAR, en Vega de Rengos, para apagar las bombas de agua, dejando que se inunde la última mina de carbón operativa en la denominada Cuenca del Narcea. Además, observando el proceso de inundación se aprecia claramente como la tierra vuelve a exigir su espacio, enterrando la impresionante maquinaria que permitió a la minería de esta comarca alcanzar un nivel tecnológico y productivo equivalente a cualquier mina de interior del escenario mundial.



 

Entrevistas a mineros de Cangas del Narcea

Vídeos grabados en el año 2018.

Ante la última mina operativa en la cuenca del Narcea, CARBONAR, en Vega de Rengos, Cangas del Narcea, aunque desde el 23 de abril de ese mismo año en concurso de acreedores, Enrique R.G. (Santolaya) realiza una introducción a una serie de entrevistas que realiza a mineros de la comarca para dejar testimonio para la posteridad de lo que fue durante décadas el mundo del carbón en el suroccidente de Asturias y más concretamente en el concejo de Cangas del Narcea. Con ello deja constancia de cómo fue el trabajo minero y lo que la mina significaba para estos trabajadores de la zona.



 

Un día en la mina Carbonar, SA (Vega de Rengos, Cangas del Narcea)

Vídeo de un día de trabajo a 600 m. de profundidad debajo de las montañas de Rengos, Cangas del Narcea. Aquí se ven en pleno funcionamiento todos los sistemas mecanizados que la empresa Carbonar tenía en su mina. Estos mecanizados llevaron en su momento a esta empresa a ser competitiva con el carbón internacional.


 

Próximo libro y nueva sección en “Memoria Canguesa”: MINERÍA

MINERÍA DEL CARBÓN EN LA ZONA DE CANGAS DEL NARCEA

(por Enrique R.G. Santolaya)

 

Borrador portada del libro “Minería del carbón en la zona de Cangas del Narcea”

Después de los últimos acontecimientos de crisis y desequilibrios energéticos que se están produciendo en el escenario mundial de la energía, empezamos a ver incongruencias y decisiones de los gobiernos que en principio nos pueden parecer poco acertadas y muy anárquicas. Uno puede empezar a pensar que no estaban todas las variables estudiadas para dar un salto en el sector energético hacia la transición de fuentes renovables.

Esto demuestra una vez más que algo tan importante y fundamental como es el sector energético de una nación no se debe de desarrollar a impulsos de corto recorrido, por el contrario, se debe de diseñar y organizar a largo plazo y con una visión estratégica, teniendo en cuenta características propias del país y la situación geopolítica que lo rodea.

Debe afrontarse una transición hacia algo nuevo que esté bien diseñado y ofrezca resultados futuros como son las energías renovables, pero debe de ir acompañada de un engranaje técnico que permita que ese tránsito sea real y efectivo, sin alteraciones turbulentas por el camino.

Es importante ir hacia una transición energética limpia aprovechando todas las fuentes de energía renovable por varios motivos. El primero está claro, conseguir disminuir de forma considerable la contaminación ambiental, pero  añadido a este hay otras variables de la situación geográfica de España que indican claramente que debemos seguir esta senda, e incluso intentar encabezar la investigación de este tipo de energía.

Somos el país de Europa que más horas de sol tenemos, en viento no nos quedamos cortos y en situación estratégica estamos bien comunicados con un gran mercado como es el europeo.

Además podemos ser preferentes para trasladar esta tecnología hacia los mercados de nuestros hermanos americanos. Digo hermanos, pues aunque la leyenda negra  se empeñe en enfrentarnos, nuestras raíces comunes  con América solo las separa una pequeña piscina que es el Atlántico.

Dicho todo lo anterior, empieza a parecer precipitado como España está afrontando este paso, intentando eliminar de un plumazo la energía propia que teníamos y se aventura sin paracaídas hacia este nuevo escenario de energía renovable.

¿No sería más interesante mantener nuestras centrales térmicas y nucleares que ya estaban amortizadas en producción, hasta que la nueva energía esté desarrollada del todo y pueda garantizar claramente la sustitución de la vieja tecnología contaminante? Esto parece ser la decisión más lógica, sin embargo no es lo que se está haciendo dejándonos caer en una dependencia externa que nos lleva al caos de precios actuales.

Me traslado al sabio consejo que daban nuestros mayores a sus hijos que decía, nunca dejes lo que ya te da de comer hasta que no tengas claro y dé resultados el nuevo proyecto que empiezas.

Y dicho lo anterior, desde el Tous pa Tous nos vemos en la obligación de contar la historia y la contribución que nuestra comarca tuvo durante el final del siglo XX y principios del XXI con la energía fósil del carbón. Tampoco queremos olvidar que esta minería representó el mayor revulsivo económico y social que tuvo esta zona. Fue realmente la revolución industrial tardía que cambió la forma de vida de Cangas del Narcea.

En la actualidad, en nuestra comarca, el desarrollo de la minería del carbón tiene escrito su punto final y por eso, es justo y conveniente recopilar datos técnicos, humanos y gráficos como testimonio y visión para el futuro de nuestra historia minera.

Me ha tocado por cercanía a este proceso minero, buscar y recopilar todo este material gráfico y escrito para dejar constancia de cómo eran nuestras minas, como se desarrollaban y que repercusión económica tenían en esta comarca.

Desde la Sociedad Canguesa de Amantes del País, Tous pa Tous, estamos en proceso de maquetación de todo un conjunto de material gráfico y audiovisual, así como un libro que nos permitirá dejar constancia  para el futuro de cómo fue esta minería. Todo ello quedará recopilado en esta página web dentro del apartado de MEMORIA CANGUESA en una nueva sección que inauguramos hoy  bajo el título MINERÍA.

Aide, la última minera de Rengos.

Hemos recopilado cientos de fotografías que ilustran la mina viva en el valle de Rengos y sus zonas de trabajo, así como minería antigua y moderna, otras minas de la comarca, etc. Mostraremos un audiovisual de un día de trabajo a 600 m. de profundidad, en las entrañas de los montes de Rengos donde se podrán visualizar en pleno funcionamiento todos los sistemas mecanizados de los que la empresa Carbonar disponía en su mina y que le llevaron a ser competitiva con el carbón de importación. Varias entrevistas con mineros de la zona dejarán constancia de lo duro y sacrificado que era el trabajo minero y lo que la mina representaba para estos trabajadores. Con otro vídeo documentaremos el cierre de la última mina de Rengos. Será el último recorrido por la mina de Carbonar para apagar las bombas de agua de la última mina operativa en la comarca del Narcea, dejando que se inunde. Además se podrá ver todo el sistema mecanizado en proceso de inundación, pudiendo observar claramente como la tierra vuelve a exigir su espacio enterrando esta impresionante maquinaria, que como ya he comentado, permitió a la cuenca de Rengos competir con el carbón de importación, estando a un nivel tecnológico y productivo equivalente a cualquier mina de interior del escenario mundial.

Boto, picador en La Matiella vieja

Por último, ha sido enviado para edición e impresión el libro “MINERÍA DEL CARBÓN EN LA ZONA DE CANGAS DEL NARCEA” que presentaremos próximamente en formato impreso y electrónico.  Este libro contiene datos técnicos, económicos y estadísticos de la minería del carbón en la comarca canguesa. Además, explica la forma de trabajar de los audaces mineros para dominar las dificultades y las presiones que las montañas de Rengos infringían, pues la tierra siempre se opone a que le quiten sus tesoros. Todo ello va a acompañado de diversas fotografías, que confío traerán multitud de recuerdos a los mineros que participaron en este tipo de industria. También considero que todos estos datos y material gráfico despertará el interés de todas aquellas personas que sin haber sido mineros, por proximidad o curiosidad alguna vez han sentido interés en conocer cómo se desarrollaba esta actividad económica del sector primario en cuanto a la extracción de minerales se refiere, y del sector energético si hacemos referencia a la extracción de combustibles fósiles.

En definitiva, con todo este trabajo de recopilación, revisión y edición, intentaré sacarles la mina fuera de la tierra para que la vean y puedan comprender como fue la industria que hasta hace muy poco movía nuestra comarca.

Desde aquí, desde la plataforma digital del Tous pa Tous, aconsejo a los mineros de la zona que estén pendientes, pues hoy empezamos con 380 fotografías pero, en las próximas semanas, a medida que vayamos concluyendo este trabajo, lo iremos presentando.

Empezamos!!!


“Videofotos Mineras” Cangas del Narcea

Este audiovisual se compone de 380 fotografías mineras de la zona de Rengos en Cangas del Narcea, que reflejan la mina viva, sus zonas de trabajo; minería antigua y moderna; otras minas cercanas a Rengos, y más…

 

 

Historia y presente de la minería en Cangas del Narcea

El socio del Tous p@ Tous Enrique Rodríguez García (Santolaya) nos ofrece una historia breve y muy personal de la minería en el concejo de Cangas del Narcea. El esplendor de esta actividad en la segunda mitad del siglo XX trajo consigo un momento de crecimiento económico y de auge vital que será difícil que vuelva a nuestra tierra. En esta noticia, Enrique aporta datos históricos y económicos, que muestran el alza y el declive de la minería, y recuerdos personales del ambiente que se vivía en Cangas en aquellos años de bonanza.

HISTORIA Y PRESENTE DE LA MINERÍA EN CANGAS DEL NARCEA

por Enrique Rodríguez García (Santolaya)

El desarrollo del concejo de Cangas del Narcea en estas últimas  décadas, desde los años sesenta del siglo XX en adelante, está unido directamente con   la explotación minera del carbón. El acceso a unos ingresos importantes por parte de la población local permitió  una época de esplendor económico en la zona, que aún hoy es difícil de sustituir. Aquello ya se terminó, aunque la minería actual, los prejubilados y los fondos mineros todavía generan unos ingresos y unas inversiones importantes en el concejo.

Plano de “Concesión la Abandonada” en la villa de Cangas, se empezó una bocamina en la zona de El Corral y se abandonó porque las capas se encuentran prácticamente en su totalidad bajo la villa de Cangas.

Para explicar los comienzos de este proceso minero nos tenemos que trasladar a una época en la que España sufre un cambio importante  en la forma de pensar y gobernar. Es la época de Carlos III  (1716 – 1788). Este rey proyecta  aplicar en España los principios de la Ilustración que se estaban defendiendo en Europa y nombra para esta tarea a un político excepcional: Pedro Rodríguez de Campomanes (1723 – 1802), nacido en Santa Eulalia de Sorriba (Tineo), e hijo de una familia de hidalgos pobres.

Un ministro como Campomanes que no procedía de la aristocracia; que tuvo que  empezar su vida al margen de rangos de privilegios, que tuvo que trabajar duramente para obtener sus títulos y  conseguir su carrera, además de demostrar  una capacidad excepcional de trabajo y de conocimiento de los temas que trataba. Era admirador de Voltaire y se presentaba como un hombre de la Ilustración. Creía esencialmente en la razón y en los resultados, su filosofía era una filosofía utilitaria: la mayor felicidad para el mayor número de personas. Era enemigo de los privilegios y evidentemente contrastaba bastante con sus antecesores. Campomanes y sus contemporáneos marcaron una época de sueños de reforma, educación e ilustración. Desgraciadamente, quienes los siguieron hicieron retroceder aquellos avances sumiéndonos en un tortuoso siglo.

Antigua bocamina de la “concesión la Abandonada” en la zona de El Corral

Las ideas de Campomanes dieron pie a que otros destacados asturianos de la misma época y con similares inquietudes, pusieran los cimientos para desarrollar  una incipiente industrialización en Asturias. El ejemplo más significativo lo tenemos con Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), natural de Gijón, y en el occidente de Asturias con Joaquín José Queipo de Llano, quinto conde de Toreno (1727 – 1805), nacido en  Cangas de Tineo (hoy Cangas del Narcea). El conde  de Toreno puede ser considerado como el primer autor interesado en la investigación científica de los recursos geológicos en la región; fue promotor de la Sociedad Económica de Amigos  del País de Asturias, en Oviedo, investigó  y publicó una relación de yacimientos mineros de Asturias en 1785.

En los discursos del conde de Toreno, pronunciados en la mencionada sociedad en los años 1781 y 1783 e impresos en Madrid en 1785, se describe minuciosamente todo tipo de minerales, se ofrecen indicios sobre yacimientos de carbón, amianto, se destacan los mármoles de Rengos y se da noticia de otros minerales descubiertos por él en la región.

Afloramiento de una capa de carbón en la zona de Rengos.

Las referencias al concejo de Cangas del Narcea en la obra del conde de Toreno son muy numerosas. Una de ellas dice:

“inmediata al lugar de Burracan, distante un quarto de legua de la villa de Cangas de Tineo, se halla una mina de antimonio de extraordinaria abundancia. Está al oriente, en el camino que pasa desde el lugar de Robledo al expresado Burracan, junto a una capilla, que se intitula del Ángel. En la misma jurisdicción y concejo, entre los lugares de Tandes y Bruelles del Partido de Sierra, y camino que media entre ellos, hay otra mina del mismo mineral, muy abundante a lo que demuestra”.

Maquinista de tren minero en la zona de Rengos

Menciona en el lugar de Fuentes de Corveiro “una cantera  abundantísima, que produce piedras de diversos y hermosos colores”. Las canteras son una de las predilecciones del conde:

“En el lugar del Pueblo de Rengos, parroquia de San Juan de Vega, hay otra cantera de mármol blanco, que viene  a ser una montaña entera, titulada la Peña de San Andrés, que predomina al río Narcea, y remata en un calero. […] Muy inmediata a la misma cantera se halla otra bien abundante de mármol negro con vetas cenicientas, tan fino como el antecedente”.

Sondeo de investigación a 700 m. de profundidad en la zona de Rengos.

En sus conclusiones escribe el conde de Toreno:

“en vista de una relación tan extensa, con las muestras que he manifestado de los minerales, mármoles y demás producciones que contiene, es indudable que merecen el mayor aprecio: que su beneficio podría utilizarnos en crecidos intereses es constante; y que si nos aplicásemos con desvelo a tan importantes reconocimientos, se hallarían otros muchos, es infalible”.

Todos estos conocimientos permitirán medio siglo después el nacimiento de una  industrialización  en la zona  central de Asturias; pero en los concejos del occidente, en nuestra zona de Cangas del Narcea, fue imposible que ésta se desarrollara, aún teniendo conocimiento de los recursos minerales que ofrecía nuestro concejo. Esto ocurre principalmente por estar lejos de los centros de consumo y distribución, a lo que hay que añadir las pésimas comunicaciones que poseía esta zona.

Pueblo de Santa Eulalia, lugar de nacimiento de Francisco Uría

En años posteriores, otro cangués  que también perteneció a la Sociedad Económica de Amigos  del País de Asturias y nació en el pueblo  de Santa Eulalia de Cueras,  José F. Uría y Riego (1819-1862), desde su cargo como Director General de Obras Públicas, intentaría con gran empeño solventar en lo posible estas deficiencias de comunicación del concejo de Cangas.

Todos estos esfuerzos no consiguieron arrancar la explotación del carbón  en la zona occidental de Asturias hasta la década de los años cincuenta del siglo XX, en la que solo hay algunas empresas  explotando de una forma casi artesanal minas de la zona con producciones poco significativas. El carbón extraído se  llevaba a embarcar a Pravia para, desde allí, transportarlo a los diferentes centros de consumo.

Picador picando la vena de carbón con martillo neumático (Rengos)

El salto cualitativo y la fecha clave del desarrollo de la minería del carbón en Cangas del Narcea es 1965. En esta fecha se inaugura la Central Térmica de Unión FENOSA, en Soto de la Barca (concejo de Tineo), con un primer grupo de 65 MW de potencia, que se alimentaba con  carbón de  explotaciones próximas. Posteriormente, en 1969, empieza a funcionar el segundo grupo de 166 MW de potencia y en 1984 se puso en marcha el tercer grupo de 364 MW. El consumo  de esta central térmica fue el revulsivo para que crecieran empresas que explotarán  de forma racional la riqueza de carbón de la comarca. La central, al estar cerca de los centros de producción, elimina el principal problema de la zona que son sus comunicaciones; la energía se genera dentro de la cuenca carbonífera y se trasporta a los centros de consumo por la red eléctrica instalada.

Galería en carbón con sostenimiento metálico y avance con minador (Rengos)

A este acontecimiento hay que añadir otra causa que favorecería el desarrollo minero de la zona: la crisis del petróleo de 1973, con el espectacular encarecimiento de su precio, que obligó al gobierno español a diseñar (con cierto retraso)  el Plan Energético Nacional (PEN) en 1979. El carbón adquiere un gran protagonismo, con la apuesta por el mercado de la generación de electricidad termoeléctrica.

Este es el momento de esplendor de la cuenca de Cangas del Narcea, empresas como Antracitas de Gillón llegan a tener 1.150 mineros en estos momentos. Los sueldos  se incrementan, el paro  en la comarca no existe, se alquilan pisos, locales e incluso se restauran cuadras antiguas en los pueblos para acoger a los mineros que vienen a trabajar a la zona. Todo lo que es vendible se quita de las manos;  los ganaderos venden con facilidad sus terneros, matanzas, leche, patatas; los bares y el ambiente nocturno funcionan todos los días de la semana (algunos recordamos cómo la gente de Tineo, Villablino y otras zonas limítrofes se trasladan a Cangas el fin de semana debido al gran ambiente que existe en la villa). Las tiendas de ropa y otros servicios movían tanto género como cualquier local en el centro de Oviedo. La construcción resurge con fuerza, los pisos se venden sobre plano, ya financiados antes de ser construidos. En coches se compran los últimos modelos y con la máxima potencia. Las casas en los pueblos son restauradas o construidas de nuevo y no se escatima en gastos: tienen que ser grandes y suntuosas. Desde Oviedo empiezan a referirse a Cangas del Narcea como la “comarca del oro negro”.

Carlos de Moal controlando el carbón (Rengos)

Los que en aquel momento estábamos estudiando, y como suele ocurrir con los estudiantes, el dinero no sobra, no podíamos   seguir el ritmo de los amigos que trabajaban en la mina. Evidentemente no podíamos  acceder a comprar aquellos coches Seat de gran cilindrada: 1400, 1500, 1600 y, no recuerdo bien, pero seguro que había hasta Seat 3000 o más.

Entronque de galerías (Rengos)

El ambiente en Cangas era impresionante, recuerdo cuando en la discoteca Zaycor, en El Reguerón, no se podía pasar, no cabía una persona más en el local y esto, en mayor o menor medida, ocurría en todos los locales de ocio de Cangas.

Grandes profesionales de la minería de nuestro concejo

Aparecen en estas décadas los  principales nombres de empresas y empresarios asociados a este desarrollo minero en Cangas del Narcea:

  • En la cuenca de Carballo, empresas como Minarsa, Antracitas del Acebo y Antracitas de Cibea.
  • En la cuenca de Rengos, empresas como Antracitas de Gillón, Antracitas de Rengos (Carmencita), Carbonífera del Narcea (Carbonar), Pire Minas, Coto Minero del Narcea, Minero-Astur, Mina Juan, Carbolasa, y empresarios como Domingo Martínez Juan, Efrén Cires Suárez, Antonio García Simón y otros.

El declive de esta minería se inicia al finalizar el siglo XX y va paralelo a las decisiones políticas de reconversión, marcadas desde directrices comunitarias. No entraré a valorar  todo el proceso de reconversión minera ni sus causas por ser muy extenso y salirse fuera del propósito de este artículo; me limitaré solamente a señalar las repercusiones que esta reconversión tiene en nuestro concejo.

Galería en carbón (Rengos)

En el gráfico siguiente se ve claramente la disminución de empresas y mineros que sufre la minería canguesa a finales del siglo XX y principios del XXI. Paralelamente, también se puede observar la disminución de la población del concejo como consecuencia directa de este proceso.

Población de Cangas del Narcea en 2009: 14.589 habitantes

Hay tres momentos claves que marcan este proceso de reconversión. En 1978 sólo la mina de Gillón tenía trabajando en sus explotaciones 1.150 mineros, en 1986 sumando todos los mineros de la zona daban una cifra de 1.945 mineros. A partir de aquí el declive empieza a mostrarse de forma acusada, cerrando minas como Minarsa, Pire Minas, Mina Juan, Carbolasa, Antracitas del Acebo, Antracitas de Cibea, Minero-Astur, Carmencita y la mítica Antracitas de Gillón que cierra en 2005. A partir de esta fecha se mantienen en la zona dos minas: Coto Minero del Narcea, hoy perteneciente al grupo Uminsa de Victorino Alonso, y Carbonar. Esta última es la más representativa desde el punto de vista de la producción y la plantilla, ha hecho un gran esfuerzo de investigación y desarrollo, mecanizando todo el proceso productivo con sistemas automarchantes de arranque de carbón con rozadora y sostenimiento de techo con pilas escudo autodesplazables.

Sostenimiento por escudos y rozadora picando carbón a seiscientos metros de profundidad bajo las montañas de Rengos.

El actual Plan del Carbón 2006-2012 persigue encauzar el proceso de ordenación de la minería del carbón, teniendo en cuenta los aspectos sociales y regionales derivados de la misma, así como la necesidad de mantener una determinada producción de carbón autóctono, que, en caso de crisis energética,  garantice el acceso a estas reservas.

Los principales proveedores de petróleo y gas son: Argelia, Arabia Saudí, Rusia, Liberia, Nigeria e Irán, países que dibujan un mercado muy inestable.

Día de Santa Bárbara, patrona de los mineros, (Cangas)

Esto quedó demostrado con la espectacular subida del barril de petróleo y del gas que se produjo en 2008, poniendo en serios problemas a las economías que tienen gran dependencia de dichos productos. Otro factor a tener en cuenta  es que en España el carbón es la única energía propia que no depende del exterior, exceptuando las energías renovables  todavía en fase de expansión y la energía nuclear que tiene un amplio rechazo social. Esto permite pensar que mientras que el  MIX energético español siga utilizando un porcentaje de energía termoeléctrica generada por carbón, se pueda seguir manteniendo esta minería en la zona, que aunque no tiene el volumen de sus años de esplendor, todavía genera una riqueza difícil de sustituir en nuestro concejo de Cangas del Narcea.