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Marcelina, vecina de Sonande, paisana del año 2019 en la feria de La Ascensión

Marcelina González, 94 años [2019], vecina de Sonande en Cibea (Cangas del Narcea).

La Feria de La Ascensión es un certamen ganadero que se celebra anualmente en Oviedo cuyos orígenes se remontan al siglo XVI.

Esta feria de la capital asturiana está declarada fiesta de Interés Turístico Regional y se celebra aproximadamente cuarenta días después de Semana Santa, con motivo del día de La Ascensión. Es un homenaje al campo y a sus gentes realizándose una muestra de ganado, mercado astur, exposiciones de artesanía popular, muestras de folclore, etc.

En homenaje a las mujeres y hombres del campo todos los años se realiza un reconocimiento a través de la figura del “paisano y paisana del año”. En esta edición de 2019 el reconocimiento ha recaído en un madreñeiro del concejo de Piloña y una ganadera que, aunque nacida en el colindante concejo de Somiedo es vecina de Sonande, en la parroquia de Cibea.

Marcelina González nació en Villar de Vildas (Somiedo) hace 97 años, pero se trasladó a Sonande, en Cibea (Cangas del Narcea), cuando «solicitó permiso a su padre» para casarse. Su vida transcurrió a caballo, de forma literal, ya que este animal era el que utilizaba para desplazarse o para subir a las brañas para ordeñar las vacas.

Quienes la conocen aseguran que trabajó todo y más, cuidando el ganado o lavando y planchando ropa. Como curiosidad, fue una de las socias fundadoras de la Central Lechera Asturiana. En la actualidad, según cuenta, sigue controlando todas las faenas y cuentas de la casa porque ella misma reivindica su papel: «Mi marido sabía mucho de tierras, ganado y siembra, pero poco de llevar una casa y de gestionar la economía familiar».

Enhorabuena Marcelina!!!

SORRODILES (Parroquia de Cibea) – Casa de Miramontes o La Torre

Base del retablo de la capilla de la Casa de Miramontes en las que aparecen talladas las armas de los Sierra Pambley (a la derecha) y los Omaña (a la izquierda), que aportó en 1670 María Antonia de Sierra y Omaña, mayorazga de la Casa de Sobre la Fuente de Cangas, al casarse con Antonio Alfonso Flórez.

Escudo cuartelado con las armas de 1. Alfonso de Miramontes (castillo con tres torres y dos banderas, apoyado en rocas y flanqueado por dos arboles; tiene una flor de lis); 2. Sierra (castillo encima de una barca con tres remos y una flor de lis); 3. Desconocido y 3. Valdés.

La Casa y Torre de Miramontes es de las más antiguas del concejo de Cangas del Narcea. En su solar está documentada una torre medieval. Desde el siglo XV esta vinculada al apellido Alfonso. El primer miembro conocido de este linaje fue el capitán Álvaro Alfonso de Llano, a este le siguieron:

2.º Diego Alfonso de Miramontes, se casó con Teresa Menéndez.

3.º El capitán Diego Menéndez de Cangas, se casó con Catalina de Prado.

4.º Luis Alfonso Flórez Valdés, capitán general de la Real Armada de Felipe II, se casó con María García de Cangas.

5.º Ana María Alfonso Flórez Valdés, se casó con Lope Flórez de Sierra, de Tainas (Cangas del Narcea).

6.º El capitán Diego Alfonso Flórez Valdés, se casó con Magdalena Flórez de Sierra, de la Casa de Nando (Cangas del Narcea).

7.º Diego Alfonso Flórez, se casó en 1657 con Margarita Queipo Coque de Llano, de la Casa de Miravalles (Cangas del Narcea).

8.º Antonio Alfonso Flórez, se casó en 1670 con María Antonia de Sierra y Omaña, mayorazga de la Casa de Sobre la Fuente de Cangas, hija de Alonso de Sierra y Omaña y María de Llano y Valdés, fundadores del vínculo de la Casa de Cangas. Con este matrimonio la casa de Miramontes pasó a ser propietaria de una casa en la villa de Cangas del Narcea, situada “sobre la fuente”, en la plaza de La Refierta (actual, plaza de Mario Gómez), que estaba donde hoy está el Comercio del Médico. Esta casa se convertirá en la residencia de esta familia, que cambian Sorrodiles por la villa. Las armas de María Antonia de Sierra y Omaña figuran en el retablo que hay en la capilla de la Casa de Miramontes, que ella debió encargar hacia 1675.

9.º Diego Manuel Alfonso Flórez, se casó en 1694 con Clara Queipo de Llano, de la Casa de Ardaliz (Cangas del Narcea).

10.º Josefa Alfonso Flórez Sierra y Valdés, se casó con Suero Pertierra Coronas y Paredes, señor de la Casa de Caneiro (Valdés).

11.º José Alfonso Flórez Pertierra (1721-1794), se casó con María Antonia Argüelles Uría, natural de Ribadesella e hija de Bartolomé Argüelles Quiñones y Petronila Uría Valdés, de la Casa de Santa Eulalia (Cangas del Narcea).

12.º José Alfonso Pertierra Argüelles (Cangas del Narcea, 1760-1827), se casó con María Xaviera de Quiroga Valcarce y Nava, mayorazga de Villoria (Valdeorras, Ourense).

En el siglo XIX, la Casa de Miramontes tenía propiedades en Cibea, el Partido de Sierra y la villa de Cangas (era dueña de la “deseada tierra y viña de Pelayo”); en el concejo de Valdés, donde poseía la casa de Canero, y en Laciana (León) y Valdeorras (Ourense). Gozaba del privilegio, desde tiempos inmemoriales, de vender en exclusiva el vino en la parroquia de Cibea; nadie podía vender este producto “mientras los poseedores de la Casa de Miramontes tengan taberna abierta de vino de su propia cosecha, con tal que este sea bueno”. Esto les reportaba un gran beneficio porque por esta parroquia pasaban los dos caminos que pasaban a Castilla por el puerto de Leitariegos. A finales del siglo XVIII, para la venta de vino tenían una taberna en el valle de Cibea y una “barraca de sebe en el sitio del Campón del Fresno de la Vega de Vallado”. Este privilegio fue motivo de varios pleitos con vecinos de la parroquia desde el siglo XVII. Como ya dijimos, a fines del siglo XVII esta familia traslada su residencia a la villa de Cangas del Narcea.

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Una “Descripción histórico-geográfica de la parroquia de Cibea (Cangas del Narcea)” de 1817

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Escudo de la Casa de Miramontes, en Cibea. Aparecen las armas de las casas de Miramontes, Sierra, Menéndez y Valdés

El autor de esta “Descripción histórico-geográfica de la parroquia de Cibea” es José Alfonso Argüelles (Cangas del Narcea, 1760-1827), señor de la casa y torre de Miramontes situada en esta parroquia del concejo de Cangas del Narcea, y al que se le conocía como José Miramontes o simplemente como Miramontes. En el padrón de Cangas de 1815, que se conserva en el archivo municipal, aparece como “hijosdalgo notorios de casa y solar conocido y armas pintar”.

Los Miramontes eran un linaje cangués menor, cuyos mayorazgos y mayorazgas supieron casarse bien. Gracias a estos matrimonios emparentaron con familias poderosas y aumentaron sus posesiones tanto dentro como fuera del concejo. Tenían propiedades en Cibea, el Partido de Sierra y la villa de Cangas (eran propietarios de la “deseada tierra y viña de Pelayo”); en el concejo de Valdés, donde eran dueños de la casa de Canero, y en Laciana (León) y Valdeorras (Ourense). Tenían el privilegio, desde tiempos inmemoriales, de vender ellos solos el vino en la parroquia de Cibea; nadie podía vender vino “mientras los poseedores de la Casa de Miramontes tengan taberna abierta de vino de su propia cosecha, con tal que este sea bueno”. Esto les reportaba un gran beneficio porque por esta parroquia pasaban los dos caminos que comunicaban con el puerto de Leitariegos; a finales del siglo XVIII además de tener una taberna en el valle de Cibea tenían una “barraca de sebe en el sitio del Campón del Fresno de la Vega de Vallado” para vender vino. Este privilegio fue motivo de varios pleitos con vecinos de la parroquia desde el siglo XVII.

José Alfonso Argüelles era hijo de José Alfonso Pertierra (1721-1794) y María Antonia Argüelles Uría (1718-¿?), natural de Ribadesella e hija de Petronila Uría Valdés, de la Casa de Santa Eulalia de Cueiras (Cangas del Narcea); era primo carnal del famoso liberal Agustín Argüelles (1776-1844). Tuvo cinco hermanas. En 1784, a la edad de 24 años, se casó con Xaviera Quiroga y Nava, de la Casa de Villoria del Barco de Valdeorras (Ourense), y tuvieron tres hijos: José Javier, nacido en 1786; Bernardo, en  1788 y Diego, en 1790. Su mujer murió en 1791.

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Retrato de Ignacio Merás, cuñado del autor, publicado en sus ‘Obras poéticas’, Madrid, 1797.

Era un hombre aficionado a la historia, la geografía, la etimología y la genealogía. Tenía una pequeña biblioteca y pedía libros sobre estas materias a un agente de negocios en Madrid. También le recomendaba libros su cuñado Ignacio Merás Queipo de Llano (1738-1811), que residía en Madrid, donde ejercía de ayuda de cámara del rey, y era escritor y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia desde 1796. Estaba suscrito a la Gaceta de Madrid, que era el boletín oficial de la época, y al periódico Mercurio de España, donde se publicaban noticias de actualidad, opiniones y anuncios.

Su familia trataba a Jovellanos. En el diario de este ilustrado se menciona, durante su estancia en Cangas del Narcea en octubre de 1796, a la madre de José Alfonso, a la que llama “la Miramontes”, que ya estaba viuda y que pertenecía a su círculo de amistades. Jovellanos visita la casa y la viña de Miramontes en la villa de Cangas, y el jueves 13 de octubre va a un “convite” en esa casa. José tuvo que conocerlo y es probable que influyese en su interés por la etimología y las antigüedades.

Aunque, nuestro autor tratase a Jovellanos y fuese primo de Agustín Argüelles, sus ideas políticas eran contrarias a las de estos dos, hecho que no impedirá que en 1798 solicite a Madrid un ejemplar del Informe de la Ley Agraria (1795) escrito por el primero y que estimase mucho al segundo. De este modo, mientras que su primo estuvo encarcelado cerca de seis años por Fernando VII y después de 1823 exiliado hasta la muerte de este rey, él será partidario de Fernando VII y la monarquía absolutista, y enemigo de los liberales.

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Casa y torre de Miramontes con su palomar, pajar y panera, en Cibea

Los Miramontes tenían su solar en la parroquia de Cibea, allí estaba la vieja torre del linaje con su capilla y demás dependencias, pero ellos residían habitualmente en la villa de Cangas del Narcea, en la plaza de La Refierta (hoy, Mario Gómez), en una casa que estaba en donde hoy está el comercio de El Médico.

José Alfonso murió en Cangas y fue enterrado en el sepulcro que su familia tenía en la Colegiata, en la capilla de la Virgen del Rosario. Él fue el último de su familia que residió en esta villa. Su primogénito se casó en el Barco de Valdeorras (Ourense) y trasladó su residencia allí, a la Casa de Villoria que heredó de su madre, y en 1872 sus nietos vendieron la casa de Cangas al médico Benito Gómez Álvarez, que derribó la vieja vivienda de los Miramontes y construyó la que existe hoy.

La Descripción de la parroquia de Cibea de 1817

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Primera página del manuscrito de la ‘Descripción de la parroquia de Cibea’

El escrito de José Alfonso es algo caótico. Comienza con cierto orden, describiendo los pueblos más altos de la parroquia (Genestoso y Villar de los Indianos)  y va descendiendo (Llamera, Sonande, etc.) hasta llegar a su casa de Miramontes. En ese recorrido enumera acontecimientos, sucesos, el nombre de los párrocos y de los mayores propietarios de la parroquia, y la historia de algunas familias (como los Llano Flórez; el ascenso de los Fernández Flórez y, por supuesto, la suya). Dedica mucha atención a la etimología de los nombres de los lugares, en especial a Cibea, Cangas y Leitariegos, que después de muchas especulaciones históricas considera que proceden de “zid”, “cargas” y “litereros”, respectivamente. El texto termina describiendo el Santuario del Acebo, en el que los Miramontes tenían el privilegio de poseer dos sepulturas “adentro del vallado de la capilla mayor”.

En la “Descripción” aparecen citadas numerosas personas vinculadas de una u otra manera a la parroquia de Cibea; la mayoría son contemporáneas del autor, que él mismo conoció. Aparecen párrocos, vecinos, propietarios importantes, antepasados suyos y personas relevantes por su habilidad, como el tirador de barra Blas Rodríguez, de Sonande.

Para documentar estos acontecimientos y avalar sus conjeturas emplea las obras de varios historiadores de los siglos XVII y XVIII. Estas citas no son de oídas, sino que parten de la lectura directa de las obras y por eso menciona a veces el tomo o la página de dónde saca la información. Menciona el Compendio de la Historia de España (1759) de Duchesne, traducido del francés por el padre Isla; varios tomos de la España sagrada (1765-1767) de fray Enrique Flórez; la Chrónica de los príncipes de Asturias y Cantabria (1681) del padre Sota; la Vida de san Pablo Apóstol (1644) de Francisco Quevedo y, sobre todo, aparece citado repetidas veces el padre Luis Alfonso de Carballo, “el historiador de Asturias”, y sus Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias (1695). Otras fuentes de información que utiliza son el Diccionario de la lengua castellana de la Real Academia Española para las etimologías y una obra manuscrita titulada “Antigüedades” escrita por “el curioso don Fulano Valentín, preceptor de gramática en esta villa de Cangas”.

La “Descripción de la parroquia de Cibea”, escrita por José Alfonso Argüelles en la villa de Cangas del Narcea en 1816 y 1817, es un testimonio muy valioso. Hay que valorar especialmente que junto a informaciones y opiniones infundadas y erróneas, tenemos la oportunidad de leer a un escritor que nos cuenta cosas de su tiempo y nos ofrece unas noticias de mucho interés que desconocíamos completamente. Además, tiene el merito de la excepcionalidad, porque aunque es probable que escritos como este hayan sido relativamente frecuentes en aquel tiempo, redactados por personas del mismo grupo social que nuestro autor, la gran mayoría han desaparecido como el resto de la documentación que había en las casas de esas personas.



Descripción histórico-geográfica de la parroquia de Cibea (Cangas del Narcea), 1817

El CSIC emplea por primera vez en el mundo los retablos barrocos como método de estudio de la vid

La investigadora canguesa Carmen Martínez muestra la variedad Tinta Castañal representada en el retablo de la iglesia del convento de las Clarisas en Tui, Pontevedra

Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha analizado 101 retablos barrocos ubicados en 54 iglesias de Galicia y Asturias y ha logrado identificar seis variedades de vid cultivadas en esta zona peninsular. Los resultados de este trabajo, publicado en la revista del jardín botánico de Nueva York, Economic Botany, demuestran, según sus autores, el valor del arte como instrumento para estudiar la evolución histórica de los cultivos de vid y la antigüedad de algunas variedades.

Las seis variedades identificadas en estos retablos del siglo XVII son Loureira, Tinta Castañal, Albariño, Albarello (también llamada Brancellao), Dona Blanca y Palomino Fino. Esta última variedad se encuentra representada en el retablo mayor del Santuario de Nuestra Señora del Acebo de Cangas del Narcea.

Santuario de El Acebo (Cangas del Narcea, Asturias). Variedad representada: Palomino fino

“El estudio se basa en la comparación de las hojas y los racimos de variedades de vid reales, con las que aparecen representadas en las columnas salomónicas de los retablos barrocos. En algunos casos hemos encontrado un alto nivel de realismo, precisión y fidelidad en las representaciones. Esto nos ha permitido identificar algunas variedades reales y confirmar en algunos casos su posible carácter autóctono y la antigüedad de su cultivo en la zonas vitícolas en las que se ubican las iglesias cuyos retablos han sido estudiados”, explica la investigadora canguesa del CSIC Carmen Martínez, de la Misión Biológica de Galicia.

Para alcanzar estos resultados, los investigadores visitaron cada una de las 54 iglesias y tomaron imágenes de las hojas y racimos de vid representadas en las columnas salomónicas de los retablos. Este elemento arquitectónico, típico del arte barroco, se caracteriza por su forma helicoidal y su decoración vegetal, generalmente con hojas y racimos de vid. Después, en el laboratorio, los investigadores midieron numerosos detalles botánicos en las imágenes con los mismos métodos y técnicas utilizadas para medir las hojas y los racimos reales.

El origen de las variedades

“En la bibliografía antigua hay nombres de variedades de vid muy concretas y ligadas a determinadas zonas, pero solo en algunos casos van acompañados de brevísimas descripciones. En el siglo XIX empiezan a aparecer algunas descripciones puntuales más amplias que incorporan, en casos muy excepcionales, ilustraciones, que permiten identificar correctamente las variedades. Salvo esas excepciones, en el resto de los casos todavía hoy continúa el debate en torno a los orígenes de muchas variedades, la antigüedad de su cultivo en zonas determinadas, o los problemas de sinonimias y homonimias. El hecho de haber sido capaces de identificar una variedad real en un retablo, demuestra que en el siglo XVII esa variedad se cultivaba en esa zona concreta”, añade la investigadora.

Retablos estudiados en Cangas del Narcea

En Asturias, prácticamente el estudio se ha centrado en iglesias y retablos del concejo de Cangas del Narcea: el Santuario del Acebo, las iglesias parroquiales de Bimeda, Carballo, Corias y Limés, las capillas de los palacios de Carballo y Cibea y el monasterio de Corias. A estos retablos del concejo cangués hay que añadir el de la iglesia parroquial de San Antolín de Ibias.


icon Tabla 1 – Ubicación de las iglesias y retablos estudiados (47.81 kB)


Trabajo publicado en la revista Economy Botanic:

Descargar PDF: iconWorks of Art and Crop History: Grapevine Varieties and the Baroque Altarpieces (5.38 MB)

 

Works of Art and Crop History:
Grapevine Varieties and the Baroque Altarpieces

Vídeo CSIC Comunicación: Identificadas variedades de vid reales en retablos barrocos del siglo XVII


Sieiro (parroquia de Cibea)

El capítulo emitido por la TPA el 9 de junio de 2013 como cierre de la segunda temporada del programa Camín estuvo dedicado a Sieiro / Sigueiru, aldea de la parroquia de Cibea en el concejo Cangas del Narcea. En su visita Xosé Ambás se encuentra con María y Manulón. El capítulo recoje el proceso de teitáu vegetal de un hórreo. Depués María canta algunos romances.



Regla de Cibea (parroquia de Cibea)

Programa emitido por la TPA el 29 de octubre de 2011. En esta ocasión Xosé Ambás visita la parroquia de Cibea, en el concejo de Cangas del Narcea.


 

 


 

La Escuela de Niñas de Sonande, 1869 – 1936

Mesa de la maestra y pupitres en el aula de la escuela de niñas de Sonande

La educación es el sustento principal de los países y de las personas. Y esto lo sabían muy bien los emigrantes que salieron de Asturias en otros tiempos, que descubrían fuera el valor que tenía la formación para ganarse la vida. En el siglo XIX había muy pocas escuelas en el concejo de Cangas del Narcea, y por eso, muchos emigrantes que quisieron ayudar a sus pueblos de origen lo hicieron construyendo a sus expensas escuelas y pagando de sus bolsillos a los maestros. En Cangas del Narcea hubo bastantes mecenas, hoy olvidados, que con su dinero hicieron mucho por la educación de sus vecinos. En la parroquia de Cibea fueron varios los emigrantes enriquecidos en Madrid que construyeron escuelas y en algunos casos crearon fundaciones para seguir manteniéndolas después de su muerte. El primero fue Domingo García Sierra que en 1861 instituyó en su testamento una Fundación benéfico-docente destinada a sostener una escuela elemental de niños en Llamera, que dotó con un local de escuela y ocho mil pesetas en acciones del Banco de España para su sostenimiento. A éste le siguieron Vicente Rodríguez Pérez que fundó una escuela para niñas en Sonande en 1869; Francisco Pérez Rodríguez, conocido como Teresín, que construyó una escuela en Xinestosu / Genestoso y a su muerte, el 16 de septiembre de 1894, dejó unas fincas cuyas rentas deberían servir para pagar al maestro y mantener la escuela, y Francisco Pérez, “el Maduro”, que levantó a su costa la escuela de Valláu / Vallado.

Vicente Rodríguez Pérez, hacia 1880

De todas estas escuelas, la de Sonande es, sin duda, la más original y novedosa por dos razones: primera, porque es una escuela solo para niñas, cosa infrecuente en aquel tiempo en el que no se estimaba la educación femenina y por consiguiente el analfabetismo entre las mujeres era muy elevado, y segunda, porque en este caso no se va a levantar una casa escuela, que es lo corriente, sino que el promotor hará la escuela y vivienda de la maestra en el interior de su propia casa.

El promotor de la escuela de niñas de Sonande fue Vicente Rodríguez Pérez un hombre natural de este pueblo que emigró a Madrid siguiendo a su tío Francisco Rodríguez, a quien heredará a la muerte de este en 1866. Los dos hicieron mucho dinero trabajando en casas de banca y en Bolsa, y los dos permanecieron solteros.

Inscripción y fecha de construcción de la casa

Vicente Rodríguez construyó en 1869 una gran casa en Sonande, la conocida como casa El Muirazo, que dedica a su tío Francisco. En su fachada principal puede leerse: “A la memoria de un hijo de este pueblo” y “En recuerdo del S. D. Francisco Rodríguez”. La casa tiene planta baja y dos pisos, y la parte izquierda está habilitada para las funciones de escuela.

Casa de El Muirazo en Sonande, construida en 1869 por Vicente Rodríguez, donde está la escuela de niñas. A la derecha entrada y patio de recreo.

En la planta baja hay un local de entrada, donde las niñas dejaban las madreñas; en el piso primero está el local de escuela, que todavía conserva los pupitres, la mesa de la maestra y diverso material escolar (mapas, láminas), y en el piso segundo está la vivienda de la maestra con su cocina, dormitorio, sala y retrete. Los tres espacios están comunicados por una escalera reservada únicamente para este uso. Por fuera de la casa, las niñas tenían una entrada independiente de la principal y un pequeño patio para el recreo. En la fachada principal de la casa había una campana para llamar a la escuela.

La escuela comenzó a funcionar hacia 1870 y perduró hasta el comienzo de la Guerra Civil en 1936. Sus normas, establecidas por “el dueño”, eran las siguientes:

Tienen derecho a concurrir a esta Escuela las niñas de todos los pueblos de la parroquia de Cibea y su hijuela de Genestoso sin distinción de ninguna clase.

También pueden concurrir las niñas de los parientes del dueño de la escuela aunque no sean de la parroquia de Cibea.

A las niñas se les da libros, papel y plumas para escribir por cuenta del dueño.

No se permite recibir ninguna niña que no tenga 6 años cumplidos.

Condiciones para la Sra. Maestra

Normas de la Escuela de Niñas de Sonande y lámina de ‘Vocales y consonantes’

Prohíbo que se dé a las niñas más castigo que ponerlas de rodillas y dejarlas encerradas sin salir a comer; dentro de la escuela no se permite distinción a ninguna niña.

Los días de vacaciones y punto los señala el dueño.

La Sra. Maestra en los días de vacaciones y punto tiene la obligación de estar al servicio del dueño de la escuela, y comerá en casa de dicho señor si lo estima conveniente.

Prohíbe a la Sra. Maestra tener tertulia ni visitas de personas que no sean de su familia para evitar habladurías del vecindario y que observe buena conducta.

Aula de la escuela de niñas de Sonande y lámina de ‘Pesos y medidas’

Por la escuela de Sonande pasaron cientos de niñas de la parroquia de Cibea. Se conservan tres libros de matrícula y asistencia diaria del siglo XX, y por ellos sabemos que el número de alumnas matriculadas era muy alto, por ejemplo: en 1906 había 46 niñas; en 1907: 38 niñas; en 1908: 54 niñas, y en 1912: 54 niñas. Las edades, según estos mismos libros, iban desde los 4 a los 14 años. Las faltas de asistencia a clase eran muy elevadas, debido a las distancias que tenían que recorrer algunas niñas, al mal tiempo en invierno y al trabajo que tenían que realizar en sus casas. En los primeros años del siglo XX estuvo de maestra Mª de Loreto Gallego y la última fue Paulina López Menendez, natural de Pigüeces (Somiedo), que acabó casándose en Sonande.

Esquela de Vicente Rodríguez en ‘El Imparcial’, 9 de abril de 1891

Vicente Rodríguez murió el 8 de abril de 1891 y su esquela apareció en el diario El Imparcial, de Madrid. Este periódico lo había fundado en 1867 Eduardo Gasset y era de tendencia liberal, progresista, demócrata y antidinástica, y había apoyado la Revolución de Septiembre de 1868, la llegada de Amadeo de Saboya y la Primera República Española. No es de extrañar por tanto que Vicente Rodríguez, lector de El Imparcial, fuese un liberal progresista y que su interés por la educación de las niñas de su parroquia natal se enmarcase en esa ideología muy preocupada por la igualdad de sexos en la enseñanza. Su acción filantrópica consiguió que en el valle de Cibea se redujese el analfabetismo femenino al mínimo en las primeras décadas del siglo XX, hecho que no se dará en otras parroquias del concejo.

La casa El Muirazo y la escuela de niñas se conservan muy bien gracias al esfuerzo de su actual propietaria Josín Sagarra Rodríguez, a quien tenemos que agradecer la información que nos dio para redactar esta noticia y su esfuerzo por esta conservación.

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Nombres de vacas III – El libro de aparcería de ganado de la casa de Miramontes, 1813 – 1826

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Vacas en la sierra de Arbolente, al fondo el Río del Couto.

Una de las fuentes de información más útil para conocer la historia de la ganadería en Asturias son los libros de aparcería o “comuña”, en los que los propietarios registraban las cuentas del ganado que daban a medias a campesinos. Nosotros tenemos uno de la casa de Miramontes, que perteneció a José Alfonso Argüelles y que comprende anotaciones desde 1813 a 1826. Este señor residía en la villa de Cangas del Narcea, pero la casa solar de su familia era la de Miramontes, la conocida como La Torre de Sorrodiles, en la parroquia de Cibea, donde vivía en aquel tiempo un casero. Sus propiedades estaban repartidas por Cibea, Xinestosu / Genestoso y el Partido de Sierra, y fuera de nuestro concejo por Valdés, Pravia, Laciana (León) y Valdeorras (Ourense). En el libro anota cada año las cuentas de las cabezas de ganado que tenía dadas en aparcería con varios campesinos: Vicente Martínez “el Colaso”; Manuel Menéndez, de Villarino de Cibea; Francisco Frade, del Térano de Cibea; Feliciano de Alba, de Genestoso; Francisco Gancedo “el Requel”, de Villarino de Cibea; Juan Martínez “el Indiano de Villanueva”; Diego Rodríguez, de Miramontes (casero de José Alfonso Argüelles), y “Joaquín, hijo de Pedro de Llamas”.

En aparcería tenía cabras, yeguas y, sobre todo, ganado vacuno: becerras, magüetas, vacas y bueyes. Los campesinos aprovechaban la leche, la fuerza de los animales para tirar del carro o aperos, y sus excrementos para hacer “cuitu” y abonar las tierras. Las crías de las vacas quedaban a medias entre el propietario y el llevador, y si se vendían se repartían el dinero. En el libro también aparecen los tratos que hacía con estos campesinos: “Hoy, 13 de marzo de 1826, compré o tomé una vaca y una novilla de dos años a Manuel Flórez, de Genestoso. Y se las dejé de aparcería. La vaca fue en trece duros y es mía sola, y las crías de a medias. Y la novilla en seis duros y lo que pase cuando se venda de los seis duros de a medias y las crías también de a medias”.

A veces se perdía toda la ganancia por muerte del animal. Se anotan cuatro causas de muerte: “se la comió el lobo” (se anota en tres casos); “lo comió el oso” (“Año de 1821. Un buey de a medias, de los dos que tenía el año de 20, pues el otro lo comió el oso”); “el mal bravo”, que es la causa más frecuente (“Murió una becerra de año del mal bravo y me dio la mitad del pellejo, hoy 7 de marzo de 26”) y una vaca que murió “derribada”. Cuando la muerte acontecía por las dos últimas causas se aprovechaba el pellejo del animal, que era para el propietario si la res era toda de él o se repartía a medias si la propiedad era compartida.

No todos los animales aparecen en este libro con nombres que los identifiquen. Los bueyes nunca se mencionan por su nombre; tampoco es habitual mencionar los de las becerras o las magüetas. Aparecen los nombres de dos novillos: Moreno (un novillo de dos años) y Pulido (“un novillo negro de tres años llamado el Pulido”). En cambio, las vacas madres son las que casi siempre se anotan con un nombre propio.

Los nombres que aparecen son los siguientes:

  • Abrila
  • Bragada
  • Cachorra, Calva, Castaña, Corala
  • Figuera
  • Garbosa
  • Lloura
  • Mariella, Melandra
  • Negra
  • Parda, Parrada, Pecha, Perusa, Peruya, Pinta, Prieta, Pulida
  • Rabona, Rana, Roja
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Recuperación libro de actas de los plenos municipales de 1887 a 1890

altEl presidente del Tous pa Tous, Juaco López Álvarez, habla en esta entrevista en Onda Cero Cangas del Narcea el pasado 20 de agosto de 2012 sobre el libro de actas de los plenos municipales de 1887 a 1890 recuperado por nuestra asociación. Juaco nos cuenta alguna de las decisiones tomadas por el Ayuntamiento entre 1887 y 1890, entre ellas el rechazo a la solicitud de vecinos del Río Cibea y  San Xulianu d’Árbas de formar un concejo independiente que se llamaría La Unión y tendría su capital en Miravalles.


      Entrevista a Juaco López


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Costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en Cangas del Narcea y otros concejos del SO de Asturias, 1901-1902

Fachada del edificio del Ateneo de Madrid, en la calle del Prado. Esta institución fue creada en 1835 como Ateneo Científico y Literario.

En 1901 la Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid realizó un interrogatorio sobre las costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en España. Esta iniciativa se enmarcaba en el interés por el estudio del folclore y la antropología, cuya difusión había iniciado en nuestro país en 1881 Antonio Machado Álvarez (1846-1893), padre del poeta Antonio Machado. En esos años proliferaron, a imitación de lo que estaba pasando en Gran Bretaña o Francia, muchos cuestionarios destinados a recopilar información sobre diversos asuntos o ámbitos geográficos.

El Ateneo de Madrid se había fundado en 1835 y a fines del siglo XIX era, junto con la Institución Libre de Enseñanza, uno de los centros de difusión de la antropología en España. El interrogatorio se envió a los corresponsales que tenía esta institución repartidos por toda España, que a su vez solicitaron la colaboración de otras personas. Contestaron preferentemente médicos y abogados, así como alumnos de facultades de Derecho, a los que sus profesores encargaron este cometido. Las contestaciones se recibieron en el Ateneo en forma de informes en los que se daba respuesta a las preguntas del interrogatorio, y allí fueron pasadas a fichas y ordenadas siguiendo el esquema del cuestionario. En 1922, las fichas fueron cedidas a la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria y más tarde pasaron al Museo de Etnología (hoy, Museo Nacional de Antropología), de Madrid, donde todavía se conservan. Por el contrario, los informes originales que quedaron en el Ateneo de Madrid desaparecieron durante la Guerra Civil.

La información recogida en estas fichas es imprescindible para el conocimiento y estudio de la sociedad rural española de finales del siglo XIX.

En Asturias contestaron a este interrogatorio unas diez personas. Muchas de las respuestas salieron de la cátedra de Historia del Derecho de la Universidad de Oviedo, ocupada por Rafael Altamira (1866-1951), donde se alentó a los alumnos a escribir informes sobre sus lugares de origen. Participaron seis alumnos de los que sólo conocemos los nombres de Vicente Velarde (de Salas) y de Emilio Ramos (de Pola de Allande). Otras personas que enviaron informes fueron: el notario Elías López Morán sobre Asturias; el naturalista Roberto Flórez; el farmacéutico Celestino Graíño Caubet (de Avilés); el médico Alfredo Valdés de Miranda (de Lena) y el estudiante de Medicina Eugenio Carrizo Hevia.

El número total de fichas que conserva el Museo Nacional de Antropología sobre Asturias es de 563; quien quiera conocer el contenido completo puede consultar el libro Costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en Asturias: Encuesta del Ateneo de Madrid, editado por el Museo del Pueblo de Asturias en 1998.

De Cangas del Narcea se recibió una información general y extensa sobre las costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte, enviada por Roberto Flórez; otra relativa a Leitariegos y Cibea escrita por Eugenio Carrizo, y otra anónima de Noceda de Rengos. Sobre otros concejos del suroeste de Asturias hay información de Allande, enviada por Emilio Ramos, y de Tineo.

Roberto Flórez y González del Reguerín. Fotografía de Compañy, Madrid. Col. de José Ramón Flórez Areces.

Roberto Flórez y González del Reguerín (1854 – d. 1928) nació en Bujalance (Córdoba), donde su progenitor estaba destinado como maestro nacional, pero sus padres eran del concejo de Cangas del Narcea, donde la familia tenía muchas propiedades y en la que pasaban sus vacaciones estivales. Hijo y nieto de maestros, pertenecía a una familia liberal y culta. Su padre, don José Mª. Flórez y González, fue director de la Escuela Normal de Oviedo, arqueólogo y poeta en lengua asturiana, y su hermano, Alfredo (1853 – 1924), aunque estudió la carrera de medicina en Madrid, se dedicó a la escritura y, especialmente, a la pintura y escultura. Todos ellos de arraigada ideología republicana y muy interesados por la cultura popular. Roberto Flórez estudió Ciencias y fue un reputado naturalista, especializado en coleópteros, así como un gran aficionado a la música (véase “Cangueses ilustres”, en La Maniega, 15, agosto de 1928, págs. 9-10).

Eugenio Carrizo Hevia (1881 – 1943) nació en Oviedo y sus padres eran Eugenio Carrizo del Riego, de Tineo, y Antonia Hevia, de Oviedo. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad Central de Madrid. En octubre de 1906 entró a trabajar en el Hospital Provincial de Oviedo, en el que llegará en los años treinta a ocupar la plaza de director médico. Se jubilará por enfermedad en 1936. Su relación con Cangas del Narcea vendrá por tener su padre familia en la villa, como Severiano Rodríguez-Peláez del Riego, alcalde y administrador de los bienes del conde de Toreno.

Por último, Emilio Ramos Zardaín (1883-1942), era uno de los estudiantes de Derecho de la Universidad de Oviedo que participó en las respuestas al cuestionario del Ateneo de Madrid, escribiendo un informe sobre el concejo de Allande. Nació en Pola de Allande, hijo de Román Ramos Arguelles, de Pola de Allande, y Florentina Zardaín García, de Yerbo (Tineo), comerciantes en la misma Pola. Estudió en el Colegio de los Jesuitas de Gijón y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, en la que se licenció en 1907. Abrió un despacho de abogado en la villa de Tineo, donde se casó y residió hasta su muerte (Noticias proporcionadas por su hijo Emilio Ramos Rodríguez-Peláez, de Tineo, y su sobrino Manolo Ramos Uría, de Pola de Allande).

  1. NACIMIENTO

  2. MATRIMONIO

  3. MUERTE

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Propuesta del médico Ambrosio Rodríguez para convertir el Acebo en el Lourdes asturiano, 1910 (I)

El médico Ambrosio Rodríguez, en Buenos Aires, 1887. Fotografía de Chute & Brooks.

-Primera parte-
Los milagros del doctor Ambrosio Rodríguez

El doctor Ambrosio Rodríguez Rodríguez fue una de las personalidades más activas que dio el concejo de Cangas del Narcea en el último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX. Nació en La Torre, Sorrodiles (parroquia de Cibea), en 1852   y murió en Madrid en 1927. Estudió y vivió en Madrid, París, Berlín, Buenos Aires y Gijón, y viajó por numerosos países de Europa y América. Fue un profesional muy reconocido, y amigo de eminentes médicos de su tiempo, como su maestro don Federico Rubio y Galí y el mismísimo don Santiago Ramón y Cajal. Nunca dejó de tener relación con su concejo natal, y siempre estuvo preocupado por su estado y porvenir. En la necrológica que le dedicó la revista La Maniega en junio de 1927 se dice: “Difícilmente habrá habido nadie que haya superado al doctor Ambrosio como amante de Cangas; a donde no dejó de ir un solo año, hasta que en 1915 perdió la vista, cuya desgracia le hizo pasar lleno de tristeza los últimos años de su vida”. Fue un asiduo colaborador de los periódicos locales que se editaban en la villa de Cangas del Narcea.

En 1910 envió una larga carta a don Ángel Carrizo Díez,  párroco de Linares del Acebo y administrador del Santuario del Acebo, proponiéndole una serie de medidas para revitalizar este santuario y ponerlo a la altura del afamado Lourdes. Antes de ver ese proyecto nos parece importante dar a conocer dos sucesos en los que Ambrosio Rodríguez participó directamente, y que según su propio parecer tuvieron un final milagroso gracias a la intercesión de la Virgen del Acebo. ¡Sin duda, su fe en la Santa del Acebo era muy grande!

El hecho de que conozcamos estos milagros no es extraño. Por una parte, desde el siglo XVI todos los sucesos milagrosos atribuidos a la Virgen del Acebo se anotaban en un libro que estaba en el Santuario, en el que quedaban registradas las dolencias de los enfermos o tullidos y su curación,  o se enviaban por escrito para que quedase constancia documental del milagro; lamentablemente aquel libro desapareció a fines del siglo XIX, y lo mismo ha sucedido con las relaciones que enviaban las personas beneficiadas con un milagro. Los libros de milagros eran comunes a todos los santuarios, y aun hoy, con otros medios, se siguen haciendo para dar publicidad del poder curativo del santuario; por ejemplo, en Internet puede consultarse la lista de curaciones de Lourdes reconocidas como milagrosas por la Iglesia (www.lourdes-france.org). Por otra parte, es comprensible que en las publicaciones apologéticas dedicadas a la Virgen del Acebo se recojan los testimonios milagrosos de un reputado médico como Ambrosio Rodríguez,  lo que vendría a corroborar todavía más el poder curativo de esta Virgen canguesa.

La relación del primer milagro del doctor Ambrosio Rodríguez está publicada en el folleto La Virgen del Acebo: Descripción histórica de aquel santuario y novena en obsequio de la Virgen que allí se venera, escrito “por un devoto” anónimo y publicado en Luarca en 1894, y la del segundo la publica el dominico Fray Alberto Colunga (1879 – 1962) en su libro: Historia del Santuario de Ntra. Sra. del Acebo y novena en honor de tan excelsa patrona, editado en Madrid en 1909 y reeditado en Salamanca en 1925.

Primer milagro

“Otros muchos milagros se hallan registrados en los documentos que se conservan en el archivo del Acebo; los cuales no insertamos aquí por no hacer voluminoso este trabajo. Debiendo, sin embargo, hacer constar que en estos últimos años se han visto curaciones admirables y múltiples milagros, y entre otros el acaecido a José Gonzalez, natural y vecino de Cerveriz, parroquia de Ab, concejo de Cangas de Tineo. Este individuo que aun vive, y tiene 40 años de edad, refiere así el hecho:

Padecía ataques epilépticos, y no pudiendo obtener mejoría con los medios que la ciencia médica aconseja, se ofreció a la Virgen del Acebo, y a asistir de rodillas a la procesión de la Virgen alrededor de la Iglesia. Hízolo así, y desde aquel día no volvió a padecer más de la referida enfermedad.

Se refiere también otro hecho milagroso acaecido hace pocos años en un viaje que hizo el distinguido medico de Cibea, Cangas de Tineo, Dr. Ambrosio. Navegaba este señor acompañado de otros amigos por el mar del Norte, y habiéndose levantado una tempestad terrible, que puso en peligro inminente al navío y a las personas que llevaba, invocaron y se ofrecieron a la Virgen del Acebo, y de este modo se libraron de una naufragio seguro.”

Segundo milagro

“Una de las más notables curaciones alcanzadas en estos tiempos por intercesión de Nuestra Señora del Acebo es la siguiente, acaecida en 1880. D. Francisco Pérez, vulgarmente llamado el Teresín, natural de Genestoso y gran bolsista de Madrid, tenía un cáncer en uno de los pómulos que, según los médicos, no tenía remedio. Un amigo suyo, D. Ambrosio Rodríguez, doctor y miembro de la Real Academia de Medicina, leyó que el doctor Langenbeck, de Berlín, médico de cámara del Emperador Guillermo I, curaba esa clase de cánceres. Por sí o por no, se lo propuso al paciente, y éste le contestó que si le acompañaba a Berlín iría a probar la ciencia del doctor alemán. Accedió su amigo, fueron a Alemania, se presentaron al celebre médico, que hizo al enfermo una penosa y difícil operación, en la cual le sacó el ojo para bien limpiarle la órbita, y extrajo varios huesos del pómulo. Con esto el enfermo se puso muy grave; atormentado por los dolores y la fiebre comenzó a delirar, tanto, que el doctor Langenbeck dijo que no saldría de aquella noche. En medio de sus males el paciente pudo conocer su estado y comenzó a comunicar a su amigo sus últimas voluntades, para que él las llevara a su familia.

El cirujano alemán Bernhard Rudolf Konrad von Langenbeck (9 de noviembre 1810 – 29 de septiembre 1887)

Hecho esto, vuelve su corazón a la Virgen del Acebo, y lleno de fe, le hace votos para que alcance algún remedio a su mal. Su compañero, abundando en los mismos sentimientos, se postra de rodillas al lado de su cama y se asocia a sus ruegos y oraciones. Así pasaron la noche, y cuando el doctor Langenbeck fue por la mañana a examinar la herida, muy maravillado de que el enfermo no hubiera muerto, se quedó fuera de sí al verle libre de peligro y la herida casi del todo cicatrizada. A los tres días estaba completamente sano, con gran estupefacción de los que le habían dado por muerto. “La fe nos ha salvado”, decía al doctor alemán el español, y en verdad así había sido. El primer cuidado de los dos amigos fue volver a España e ir directamente al Acebo, donde ambos entraron de rodillas hasta el altar y mandaron celebrar misas en acción de gracias por tan singular favor. El enfermo duró aún dieciséis años, muriendo en León de pulmonía”.

Fray Alberto Colunga anota al pie de este texto: “Este hecho lo consignamos la primera vez por escrito según la relación muy detallada que de él nos hizo el mismo Dr. D. Ambrosio Rodríguez”.

El doctor alemán Bernhard von Langenbeck (1810 – 1887) fue un pionero de la cirugía mandibular y de paladar fisurado; un cirujano audaz que practicó métodos nuevos e inventó utensilios quirúrgicos adaptados a estas nuevas intervenciones. Tuvo una gran reputación en todo el mundo gracias a la habilidad y éxito de sus operaciones de cirugía de nariz, paladar y labio, y por su método de operar solo la parte del hueso lesionado o enfermo, sin necesidad de eliminar todo el miembro.  Desde 1848 a 1882 fue director de la Clínica de Cirugía y Oftalmología de la Charité de Berlín, donde se llevó a cabo la “milagrosa” operación de Francisco Pérez “Teresín”.

Continuará

Disfrutando historias y paisajes de los valles de Cangas del Narcea

Brañas del Narcea; vistas del nacimiento del río Narcea y del hayedo de Monasterio de Hermo. Foto Celso

No es exagerado opinar que nuestro concejo de Cangas del Narcea posee en cada rincón de su orografía, paisajes de gran belleza. A veces uno está tan acostumbrado a vivir en este entorno  que no nos paramos a valorarlo en su verdadera magnitud.

Cada pequeño lugar esconde un riachuelo o un bosque, que va cambiando y mudando sus habitantes en función de la altura donde está situado. También se dejan ver montañas, a veces desnudas, pegadas a frondosos valles que van cambiando de tonalidad con las diferentes estaciones del año; valles poblados por pequeños pueblos, que la mayoría de las veces dibujan un escenario de tejados continuos de pizarras naturales o en otras ocasiones  los cubre un rojo uniforme  de tejas gastadas y centenarias.

Grupo Piélago de ruta, pasando por las brañas de Xunqueras; espectacular valle que parte de Parada la Vieja y sube paralelo al vecino Concejo de Somiedo. Foto Celso

Nombres como Muniellos, Moal, Genestoso, Xunqueras, Cabril, Leitariegos, Cueto, Besullo, Valle de Cibea, Fuentes del Narcea y otras zonas que al visitarlas o perdernos en ellas, volvemos a encontrarnos con el reloj biológico que llevamos dentro. Sólo tenemos que observar que si hacemos  una pausa en nuestro viaje y nos paramos en alguno de estos lugares que he citado para escuchar los sonidos del agua y el viento, inmediatamente nos rodeará  una sensación de agradable bienestar;  cualquiera de estos sonidos nos da tranquilidad e incluso nos invita a dormir una relajante siesta.

Compárese esta situación con los sonidos agresivos, estresantes que producimos de forma artificial y que nos acompañan en la vida diaria: motores, sirenas, sistemas de comunicación de todo tipo…

Por otro lado también se suman a este bienestar y relajación los colores de esta exuberante naturaleza; ¿quién me puede decir que el azul, el blanco, el verde de nuestros prados, los ocres o amarillos de nuestros bosques en otoño, no son un placer para los sentidos?; sólo hay que compararlos una vez más con los colores artificiales exageradamente chillones del centro de una gran ciudad. Con esta comparación nos damos cuenta inmediatamente de la perfección y la maestría con que la naturaleza utiliza sus diseños.

Parte de los integrantes del grupo de montaña Piélago. Foto Celso

Con este artículo pretendo trasladar pequeñas instantáneas de alguna de estas zonas a aquellos que leen “el Tous pa Tous” y que por diversas circunstancias están fuera de Cangas; seguramente les agradará ver fotos y pequeños comentarios de nuestros pueblos y montañas.

Hoy visitaré montañas de Cangas con el grupo de montaña “Piélago”; después pasaré por la estación de esquí de Leitariegos y finalizaré bajando por el río de Cibea donde visitaré a Francisco Rodríguez Cadenas que me contará algo sobre la visita que hizo el  Premio Nobel de Medicina D. Santiago Ramón y Cajal a este valle.

Integrantes del Piélago en otoño por los bosques de la ruta Moal-Veiga del Tallo

Para hacer el artículo me acompaño en cada momento de otros cangueses que disfrutan tanto como yo, de cada pequeño pliegue de nuestro concejo. Pocos conocerán tan bien cada milímetro de la naturaleza de Cangas, como los integrantes  del grupo de montaña  “Piélago”. Este  tiene sobre su historia varios años de andadura y ha sido guiado de forma ejemplar por nombres como Varela, Marcelino, Alicia y actualmente Peláez, Delfín…

Espectacular bajada de algunos integrantes del grupo Piélago. Foto Celso

Se ha conseguido un grupo de montaña en  Cangas del Narcea  que por un módico, casi simbólico precio, permite visitar con una esmerada organización, lugares, paisajes, bosques, pueblos, montañas y lagos de nuestro concejo y otros limítrofes. El trato  y las personas que lo componen son inmejorables. Como en todos los grupos, siempre hay gente que destaca por alguna cualidad especial: los que cuando se corona la cumbre de la montaña sacan los mejores vinos y orujos (hechos en casa por supuesto); a estos también los acompañan las grandes reposteras del grupo que después de comer  reparten bizcochos, rosquillas y cafés con alguna mezcla desconocida. Menos mal que esto suele ocurrir después de coronar la montaña y sólo queda descender a cotas inferiores para ser recogidos por Evencio, Sini u otro conductor de Bus Narcea.

Grupo Piélago coronando el pico Arcos de Agua de 2.063 m (Bierzo-Omaña, León)

No puede faltar mencionar a los fotógrafos oficiales José Manuel (Morrosco), Celso y Víctor, que plasman cada salida con gran maestría en los álbumes fotográficos que se pueden ver en la página web del  “Piélago”.

De vuelta a casa en el autobús, nuestra querida y siempre alegre María Luisa y un corrillo infernal que la acompaña en la zona trasera del autobús,   comentan algún tema de forma jocosa, haciendo el viaje de vuelta más entretenido.

Acompaño fotografías comentadas de alguna de las zonas visitadas por el grupo en alguna de las salidas por nuestro concejo y  limítrofes.

Brañas de Campel o de Santa Coloma. Ruta de los Teixos – Santa Coloma- Lago. Foto Celso

Continuando con esta pequeña muestra de naturaleza, no puede faltar visitar un día de esquí en el puerto de Leitariegos.  Esta estación está enclavada en pleno puerto de Leitariegos; parte de la cota (1.513 m.) y los telesillas nos suben a una cota máxima de (1.830 m.). Desde aquí mirando hacia la zona de Asturias se ve próximo el Cueto de Arbas (2.002 m.) y mirando hacia la zona de León esta el Pico el Rapáu (1.889 m.).

Afluencia de gente a la estación de Leitariegos un jueves. Se puede ver el aparcamiento de la estación lleno; los fines de semana los coches se tienen que aparcar por la carretera hacia León y hacia Asturias. Los esquiadores llenan las casas de aldea de las dos vertientes.

Lo primero que me llama la atención, es la gran afluencia de gente que tiene esta estación, consiguiendo acercar 2.500 a 3.000 personas los fines de semana a practicar este deporte. Esto empieza a demostrar  que durante  cuatro o cinco meses, este es el verdadero turismo de interior en esta zona. Atendiendo a esta realidad sería muy interesante que las dos provincias, Asturias y León  se juntaran en un proyecto común para mejorar estas instalaciones, haciendo la estación más grande y subiéndola a una cota superior. Todo esto aseguraría  aun más esta afluencia de gente a los valles de Laciana y del Narcea.

En este día de esquí por la estación, me acompaño de cangueses  que disponen de  cierta maestría en este deporte, Rubén, Evencio, Pablo, Chapinas, Adrián, Alejandro, Avelino, Lara, Toni, Morodo, Manolo Penlés…, tanto es así que algunos son monitores de dicha estación.

Empezamos la mañana con bajadas desde 1.800 m. de cota por la pista Chagunachos viendo al frente el valle de Caboalles y las montañas nevadas que lo coronan; tras alguna peripecia extraña de algunos como yo, que todavía  tenemos mucho que aprender, seguimos hacia cotas  inferiores por la pista Autovía de Arbas, ésta nos deja en la zona baja donde empieza la estación a la cota (1.513 m).

Pista La Cueva, estación de esquí Leitariegos.

Después de varias bajadas, empieza a aparecer ya cierta inquietud de sensaciones más fuertes y nos dirigimos a pie dirección al Cueto de Arbas, para bajar  hacia el pequeño valle que bordea la Laguna de Arbas, ésta casi no se aprecia pues está helada  y totalmente cubierta de nieve en su superficie. Seguimos deslizándonos y sorteando los abedules que crecen encima de los prados del puerto,  llegando  a la zona baja donde de nuevo nos comunicamos con la estación.

Cangueses esquiando en Leitariegos

Después de una intensa mañana disfrutando del paisaje y del deporte de la nieve, nos trasladamos a comer a la antigua posada de arrieros “Venta la Chabola de Vallao”. Aquí Valentín y su madre Carmen nos tratan de forma exquisita; Carmen una vez más hace honor a su fama de cocinera con el excelente banquete que nos ofrece. Pasamos a los postres, dando buena cuenta del arroz con leche, de los florones y de los frixuelos; seguimos este agotador trabajo, probando alguno de los muchos licores que  hacen  de forma artesanal.

Vista de la estación de esquí Leitariegos

Mis compañeros, después de tan opípara comida ya no se atreven a alargar el día con otra actividad y se dirigen a Cangas. Yo, por el contrario me dirijo al valle de Cibea. Este valle esculpido por el río Cibea, presenta frondosos prados y bosques que unen esta zona con la mítica zona de Genestoso, resaltando unos paisajes dignos de visitar. Este río también alberga grandes casonas levantadas en su mayoría en el siglo XIX. Estas casonas fueron construidas por vecinos de este valle que hicieron fortuna en Madrid como  restauradores, hombres de negocios y funcionarios relevantes del Banco de España.

Valle de Cibea con los pueblos de Villarino, Regla, Sonande y Llamera; al fondo también se ve el pico El Fraile nevado.

Lo primero que me llama la atención es la casona que hay antes de llegar al pueblo de Vallao; está cerrada con un muro de piedra y rodeada de frondosos árboles. Los actuales propietarios de esta casa son los descendientes de Alfonso Martínez Álvarez, nacido en Monasterio de Hermo. Alfonso era dueño de un restaurante en Madrid y compró esta casa a los familiares de  Francisco Rodríguez Pérez, antiguo dueño de la casa y padre de la mujer de Luis Martínez Kleiser (1883-1971), Doctor en leyes, teniente de alcalde de Madrid, miembro de la Real Academia Española de la Lengua, propietario del periódico “El Narcea” y políticamente enfrentado a Félix Suárez-Inclán. Juaco López Álvarez lo explica con más detalles en “El Narcea” segunda época (1912-1915, en la Biblioteca Canguesa del Tous pa Tous.

Continúo bajando por la sinuosa carretera de Vallao a Cibea y ya veo los pueblos de Llamera y Sonande donde destacan alguna de estas casonas. Siguiendo el recorrido llego a  Santiago de Cibea y desde la carretera diviso el pueblo de Regla de Cibea, donde una vez más observo este tipo de edificaciones amplias y señoriales.

Casa construida en el siglo XIX en Regla de Cibea; aquí nació el abogado Felipe Álvarez Gancedo, entusiasta colaborador de Mario Gómez en el Tous pa Tous y presidente de la facina de Madrid en 1929.

Sigo bajando siguiendo el descenso del río Cibea y en un promontorio donde probablemente hubo un asentamiento castreño, se puede ver el palacio de los Miramomtes o de La Torre.  Estos lo vendieron a Juan Rodríguez García,  de casa de Ambrosio, hoy casa Xuana del pueblo de Sorrodiles. Este hombre hizo una considerable fortuna como agente de bolsa en Madrid.

Sorrodiles de Cibea; a la izquierda puede verse el palacio de los Miramontes o de la Torre y al fondo La Gobia nevada.

Esto me recuerda que tengo que ir a visitar a Francisco Rodríguez Cadenas, más conocido como Paco el de casa La Turria de Sorrodiles. Paco me recibe con su hermana Carolina en su casa  y tengo el placer de visitar su antiguo bar, hoy cerrado al público, pero que aun conserva intacto el encanto de las tabernas de pueblo en las que se vendía todo tipo de artículos; eran los grandes supermercados de estos pequeños pueblos.  Esta taberna parece un pequeño museo, con botellas de licores, que posiblemente pasen de los sesenta años de solera. Todavía funciona un organillo comprado en 1940 por el padre de Paco en Madrid y que servía para amenizar las veladas haciendo baile en el bar.

Francisco Rodríguez Cadenas y su hermana Carolina en la barra de su antiguo bar en Sorrodiles de Cibea.

Sentado con Paco  me trae Carolina una fotografía donde observo que están juntos personajes de gran relevancia. En primera línea están el premio Nobel de Medicina D. Santiago Ramón y Cajal (1852-1934);  D. Federico Rubio y Galí (1827-1902), cirujano fundador del Instituto Terapéutico Operatorio en el Hospital de la Princesa de Madrid, también fue representante por Sevilla en las cortes constituyentes, Diputado en 1871 y al año siguiente Senador.

Otro personaje importante de la fotografía es el conde de Romanones (1863-1950), político español, Presidente del Senado, Presidente del Congreso de los Diputados, varias veces ministro y tres veces Presidente del Consejo de Ministros con Alfonso XIII. Poseía intereses en la Compañía Española de Minas de mineral de hierro del Rif. Esta compañía fue atacada por un grupo de rifeños dando comienzo a la guerra de Marruecos.

Participantes en el Instituto Terapéutico Operatorio, hospital de la Princesa, Madrid. Unos aportaban sus conocimientos y otros apoyo económico. (1) Conde de Romanones; (2) Ambrosio Rodríguez (3) Federico Rubio Galí; (4) Santiago Ramón y Cajal

Entre los fotografiados y también en primera línea está D. Ambrosio Rodríguez Rodríguez (1852-1927)  médico cirujano de gran prestigio en su época. D. Ambrosio  nació en la denominada casa de Ambrosio, hoy de Xuana, del pueblo de Sorrodiles. Cuenta Paco que se presentó el maestro del pueblo a la familia para comunicarles la gran capacidad de estudio que  tenía Ambrosio y que si fuera posible  apoyar al niño, este podría conseguir una brillante carrera. Fue un familiar de Llamera, Domingo García Sierra, de casa García, quien  sufragó todos los gastos de los estudios de Ambrosio en Madrid. Domingo  García estaba casado con la propietaria de una cafetería restaurante muy bien situada en Madrid; ya en aquella época disponía de dieciocho camareros, siendo un negocio muy floreciente.

Ambrosio tuvo una vida profesional muy brillante, ejerciendo su profesión en Buenos Aires, Gijón  y Madrid. En Madrid fue médico personal de la reina y también de la familia de su amigo D. Santiago Ramón y Cajal. Cuenta como anécdota Paco, que se decía que la mujer de D. Santiago, anteponía la experiencia de Ambrosio a los conocimientos de su marido, cuando se trataba de diagnosticar a la familia.

Menciona Ramón y Cajal en “Recuerdos de mi vida”  a Ambrosio Rodríguez Rodríguez como compañero y contertulio de la peña del Café Suizo. En el Café Suizo  se reunían políticos, literatos y financieros para contrastar ideas y en un ambiente distendido, disertaban sobre temas importantes de la época.

Mención de Ramón y Cajal en “Recuerdos de mi vida”

La peña del Suizo continúa hoy completamente renovada. Buenas cosas dijera de los actuales contertulios, muchos de ellos catedráticos, si la discreción más elemental no me impusiera el silencio. Concretareme a citar a don Joaquín Decref, a Castro y Pulido, a Ambrosio Rodríguez, al doctor Isla, etc.

Allí elevamos un poco el espíritu, exponiendo y discutiendo con calor las doctrinas de filósofos antiguos y modernos, desde Platón y Epicuro a Schopenhauer y Herbert-Spencer; y rendimos veneración y entusiasmo hacia el evolucionismo y sus pontífices, Darwin y Haeckel, y abominamos de la soberbia satánica de Nietzsche. En el terreno literario, nuestra mesa proclamó el naturalismo contra el romanticismo, y al revés, según los oradores de turno y el humor del momento, también nuestra peña hizo un poco de política. 

Lo que son las cosas, hablando con Paco, me entero  que Ramón y Cajal visitó a su amigo D. Ambrosio en Cibea; en esta visita, mandaron al sobrino de D. Ambrosio ensillar una mula y un caballo para subir al Premio Nobel de visita al pueblo de Fuentes de Corbeiro. Este sobrino de D. Ambrosio era el padre de Paco y se llamaba Francisco Rodríguez Galán.

Subieron Francisco en una mula y Ramón y Cajal a caballo hasta Fuentes de Corbeiro, para visitar a Juan Cardo Frade de casa El Rubio. Este era agente de bolsa en el Banco de España en Madrid y llevaba los asuntos financieros de los dos doctores.

Paco deja volar su prodigiosa memoria y me relata otras anécdotas interesantes de la zona; también me cuenta como la guerra civil cambió el rumbo de su familia. El padre de Paco,  era oficial del Banco de España en Madrid. En el verano de 1936 vino de visita a Sorrodiles y ya no pudo reincorporarse a su trabajo en la capital al estallar la guerra civil. Con la ayuda de la familia de Cibea, se arreglaron como pudieron hasta que acabó la contienda. Una vez finalizada la guerra, su padre volvió a Madrid encontrando su residencia totalmente destrozada. Después de esto, decidió empezar casi de cero en Sorrodiles; sacó a sus hijos adelante, en principio con muchas penurias y después dada su gran capacidad de trabajo y gestión, consiguió encauzar su vida familiar. Sigo escuchado atentamente a Carolina y a Paco y me doy cuenta de lo privilegiados que somos algunas generaciones al no tener que vivir situaciones tan complicadas. Ojalá nunca más se desaten odios tan irracionales como los que traen las guerras.

Palacio de los Flórez Valdés en Carballo, Cangas del Narcea.

Me despido de Paco y de Carolina, agradeciéndoles la amabilidad que mostraron conmigo  estos entrañables hermanos y me dirijo carretera  abajo, hacia Carballo. Aquí saco una fotografía al palacio de los Flórez Valdés.  Este palacio fue reedificado en el siglo XVI  y está situado en un valle espectacular donde el río de Cibea riega una abundante pradería.

Doy la jornada por finalizada y ya otro día visitaré otra zona del concejo, donde seguramente disfrutaré de buenos paisajes, buena gastronomía y algo de historia.

Mientras tanto me dirijo a descansar al pueblo, donde daré buena cuenta de unos excelentes huesos de butiecho de Santulaya que me tienen preparados para cenar. Estos me los recetó  el médico y amigo Bernardino de la Llana, asegurándome que tienen muchas vitaminas y dan mucho ánimo y no seré yo quien vaya contra algo que esta científicamente demostrado.

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Cantares de boda en Cibea, recogidos por Ambrosio Rodríguez en 1899

Grabado del cuadro -Una boda de aldea- en Monasterio de Hermo, de Luis Álvarez Catalá, fines del siglo XIX.

Los cantares de boda los cantaban las mozas del pueblo, acompañadas de pandero, a la novia y al resto de los protagonistas de la boda: el novio, los suegros y los padrinos. Se cantaban por la mañana, a la puerta de la iglesia, y por la tarde, cuando la novia se despedía de la casa de sus padres para ir a su nueva casa. Mientras, los mozos iban disparando escopetas o voladores.

En las respuestas al “Cuestionario sobre costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en España” que realizó en 1901 el Ateneo de Madrid, se dice sobre la celebración de la boda en el concejo de Cangas del Narcea lo siguiente:

“Al salir de la iglesia van cantando hasta casa de la novia donde comen, y después van todos a caballo al pueblo del novio. Los del acompañamiento van disparando tiros, operación que ya empezó antes de ir a la iglesia. En las aldeas de tránsito salen al camino cantando algunas muchachas escogidas entre las más bonitas y de mejor voz. El canto se acompaña con panderos. El padrino las obsequia con dinero. Al llegar a la casa del novio, sale la madre de éste a recibir a la novia y la abraza, conduciéndola al interior de la casa y enseñándosela toda, así como también la panera.”

A fines del siglo XIX, el pintor Luis Álvarez Catalá (Madrid, 1836 – 1901), oriundo de Monasterio de Hermo, pintó un cuadro en el que recoge el momento de partida de una comitiva de boda en este pueblo del concejo de Cangas del Narcea, que nosotros reproducimos a partir de un grabado publicado en La Ilustración Española y Americana en 1897. En esta escena aparecen todos los componentes de una boda del concejo en el siglo XIX: los novios y los padrinos a caballo, las mozas cantando con los panderos, el gaitero (que avanzado el siglo XX será sustituido por el acordeonista) y los mozos disparando con sus escopetas; al fondo, a la izquierda, se ve la espadaña de la iglesia de Monasterio de Hermo.

CANTARES DE BODA

Cantares al esperar la recién casada a la puerta de la iglesia en día de boda, en Cibea (Cangas de Tineo).
A la novia
A la puerta de la iglesia
venimos a saludarte,
si nos permites licencia
queremos acompañarte.
 
Sal, casada, de la iglesia,
que estamos esperando
y darte la enhorabuena
que sea por muchos años.
 
Cuando del altar bajaste
toda vestida de negro
blanca flor me pareciste
mujer de aquel caballero.
 
Sal, casada, de la iglesia,
tomarás agua bendita,
de casada la primera,
de soltera despedida.
 
Toma, niña, agua bendita,
échala en tierra sagrada,
que esta es la primera vez
que la tomas de casada.
 
Con el sí que dio la niña
en la puerta de la iglesia,
con el sí que dio la niña
entró suelta y salió presa.
 
Estola que te pusieron
encima de tu cabeza,
no es estola que es cadena
donde tú quedaste presa.
 
Aún ayer te vi soltera
con el cabello tendido
y hoy te veo casadina
a la sombra de un marido.
 
Aún ayer te vi soltera
sentadita en la escalera
y hoy te veo casadina
debajo de tu bandera.
 
Los novios que hoy se casaron
son flores de primavera,
vienen sordos de los tiros
de la pólvora tronera.
 
Acompañados del novio
hagan lo que voy mandar,
cachorrillos y cañones
todos han de disparar.
 
Salgan los de la cocina
a recibir la casada,
nosotras nos volveremos
de la puerta de la entrada.
Por la tarde
Tengan muy felices tardes
los señores de la boda,
el padrino y la madrina
y el señor novio y la novia.
 
Los novios que hoy se casaron
ya se aconsejaron antes,
que llamaron para la boda
padrinos muy elegantes.
 
Padrino más elegante
ni madrina más salada,
aunque bajara del cielo
el pintor no los pintara.
 
Casadina pon bandera,
que es tiempo de caminar,
que la casa de tus padres
ya la puedes olvidar.
 
Despídete, dama hermosa,
de esta casa tan florida,
no vuelvas a entrar en ella
sin decir Ave María.
 
Hoy se despide la niña,
hoy sale de los rosales,
hoy se despide la niña
de la casa de sus padres.
 
Hoy se despide la niña,
hoy sale de la arboleda,
hoy se despide la niña
de todas sus compañeras.
 
Al volver de la esquina,
al terminar el paseo
ya se ven los palacios
de este noble caballero.
 
Al terminar el paseo,
al dar vuelta en la esquina
ya se ven los palacios
de esta noble casadina.
 
Al señor padrino digo,
al señor novio le encargo
que me cuide de esta niña
que salió de nuestro bando.
 
Adiós te decimos todas
con dolor y sentimiento
pidiendo a Dios del cielo
que te pinte el casamiento.
 
Adiós te decimos todas,
todas quedamos llorando,
echa un paño por los ojos
despídete de este bando.
 

Cantares del ramo de Santiago de Cibea, recogidos por Ambrosio Rodríguez en 1899

Mozo llevando un ramo. Dibujo de Ambrosio Rodríguez, hacia 1899

En el archivo de Fermín Canella Secades (Oviedo, 1849 – 1924), que ha depositado la familia Tolivar Alas en la Biblioteca de Asturias, ha aparecido un manuscrito firmado por Ambrosio Rodríguez en el que se recogen los cantares del Ramo de la parroquia de Santiago de Cibea acompañados de un dibujo de un mozo llevando el ramo, que seguramente fue hecho por él mismo, y los cantares de boda que se cantaban en esa misma parroquia. Ambrosio Rodríguez Rodríguez nació en Sorrodiles en 1852 y era hijo de campesinos. Murió en Madrid en 1927. Gracias a un tío emigrante en Madrid estudió la carrera de medicina y se convirtió en un médico muy prestigioso. Ejerció su profesión en Buenos Aires, Gijón y Madrid. Tuvo mucha amistad con Santiago Ramón y Cajal, de cuya familia fue médico. También fue muy aficionado a la fotografía, a la divulgación de la ciencia médica y al periodismo. Colaboró en varias revistas científicas y en periódicos locales de Cangas del Narcea, como El Eco de Occidente, El Narcea o El Distrito Cangués. Mantuvo a lo largo de toda su vida un vivo interés por las clases populares, tanto por su salud (publicó en Gijón en 1902 el libro Higiene popular: Contribución al estudio de la higiene de los trabajadores y enfermedades de los jornaleros) como por sus costumbres. En este sentido, nunca se olvidó de sus orígenes y colaboró con algunos de los primeros folcloristas asturianos y españoles aportando información sobre su parroquia natal. Estos cantares enviados a Fermín Canella Secades son una muestra de este interés y, aunque no están fechados, es muy probable que fuesen recogidos alrededor de 1899, cuando Canella estaba redactando un largo artículo sobre las costumbres asturianas.

Los que quieran saber más sobre la costumbre de los ramos en las fiestas asturianas pueden consultar el libro de Herminia Menéndez de la Torre y Eduardo Quintana Loché,  Las ofrendas de ramos en Asturias, editado por el Museo del Pueblo de Asturias en 2005.

CANTARES DEL RAMO

El ramo es cierta pirámide hueca, formada con palos. Las jóvenes de la aldea costean su adorno, que consiste en porción de panes, tortas, gallinas, roscas de manteca cocida, jamones y otras ofrendas, que van sujetas a los aros de la pirámide con cintas de varios colores, de las que cuelgan pañuelos, joyas, medallas o plumas. 

El mozo lleva el ramo en la procesión, que va precedido de coheteros y la gaita, y terminada la procesión lo colocan a la puerta de la iglesia; seguidamente se remata en alta voz, destinándose el producto al culto del santo. La fiesta se prolonga hasta la noche.

Este ramo está enramado
bien haya quien lo enramó
lo enramaron las doncellas
la Virgen les ayudó;
de rosas y de claveles
bien haya quien se las dio.
 
Apártense los señores,
dejen el ramo pasar,
que el que lo lleva es cobarde
no sabe donde posar.
 
A vuestros sagrados himnos
aguardar al mayordomo
que nos abra estas puertas
para ver este tesoro.
 
Las puertas ya están abiertas,
entremos con alegría
de rodillas por el suelo
a ver la Virgen María.
 
El Señor Cura de este año
se portó como debía,
que hizo el ramo de Santiago
con muchísima alegría.
 
Adiós Virgen del Rosario
madre del Verbo Divino
écheme su bendición
para andar nuestro camino.
 
Aunque me voy, no me voy
yo de ti no me despido
tengo de volver a verte
el año que vien seguido.

Una panera de 1651 en Riegla de Cibea es la más antigua del concejo

Panera y Casa Rectoral de Riegla de Cibea.

En Riegla de Cibea se conserva una pequeña panera fechada en 1651, que pertenece a la Casa Rectoral, situada junto a la iglesia de esta parroquia. Es la panera más antigua que conocemos en el concejo de Cangas del Narcea, donde la gran mayoría de estas construcciones es de fines del siglo XVIII y sobre todo de los siglos XIX y XX. Esta panera es probable que haya venido de otro lugar, porque en algún momento fue desmontada. Esto se sabe por las rayas pintadas que aparecen en sus corondias o tablas, que se trazaban cuando se desmontaba un hórreo o una panera para facilitar después su montaje. ¿De dónde vino esta panera? No lo sabemos.

Cruz e inscripción talladas en la panera de la Casa Rectoral de Riegla de Cibea

Una de sus peculiaridades es el dibujo y la inscripción que aparecen tallados y pintados de rojo en el centro del liño o viga superior de la fachada principal. Es una talla muy plana, ejecutada con mucho esmero. El dibujo representa una cruz con una amplia base y en su origen estuvo encima de la puerta de entrada a la panera. A los lados de la cruz aparece la inscripción siguiente: “16. XPS. IHS. M. 51”. Los números del principio y del final corresponden al año de construcción de la panera: 1651, y las letras son anagramas religiosos: XPS (Xhristos), IHS (Iesus Hominum Salvator) y una M y una A entrelazadas (María). Estos anagramas aparecen con frecuencia sobre puertas y ventanas en la arquitectura popular con el fin de proteger a personas, animales y cosechas; en este caso se colocaban para proteger los productos que se guardaban en la panera, que eran fundamentales para la supervivencia de la casa: cosecha, matanza, etc. La decoración de esta panera se completa con dos motivos geométricos calados, que favorecen la ventilación del interior y que son frecuentes en hórreos y paneras del siglo XVII.

Detalle de la cruz y la incripción talladas en la panera de la Casa Rectoral de Riegla de Cibea

Las paneras se generalizan a partir del siglo XVII en el centro de Asturias como consecuencia de la expansión del cultivo del maíz, que trajo consigo una mejora de las cosechas y de las condiciones de vida de los campesinos. En ese siglo, el hórreo resulta ya pequeño en muchas casas para albergar las cosechas y también para secar las riestras de maíz, por eso se levantan construcciones más grandes, que se distinguen con el nombre de panera, y se añaden corredores. Sin embargo, la edificación de paneras no se generaliza en el occidente de Asturias hasta la segunda mitad del siglo XVIII y sobre todo hasta el siglo XIX. Por eso, esta panera de Riegla de Cibea merece toda nuestra atención.

Lamentablemente, la Casa Rectoral de Riegla de Cibea y su panera están deshabitadas. Al parecer, la Iglesia las tiene en venta. El estado de conservación de la panera no es bueno: la hiedra está empezando a cubrirla. Esperemos que la propiedad o la Administración Pública tomen medidas para frenar su deterioro, porque de lo contrario es posible que esta construcción, protegida por la Ley de Patrimonio Cultural, se derrumbe y desaparezca.

Val.láu / Vallado: Amparo y Lulo

De la serie documental Camín de Cantares, presentada por el estudioso de la cultura tradicional asturiana, Xosé Antón Fernandez, conocido por Xosé Ambás. En este vídeo publicamos, gracias a la colaboración de Ambás, el capítulo dedicado a Val.láu: Amparo y Lulo (Cangas del Narcea).


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