Las Dieciocho Casas de Besullo
“Las dieciocho casas de Besullo”, escrito por Luis Miguel Rodríguez Sánchez (ICA Oviedo), sobrino y albacea de Alejandro Casona. Este trabajo fue presentado en el I Congreso Jurídico de Asturias en 1987, organizado por la Academia Asturiana de Jurisprudencia, el Principado de Asturias y la Fundación Sánchez Albornoz.
El artículo aborda con gran rigor histórico y jurídico la figura del foro en el concejo de Cangas del Narcea, y en particular las peculiaridades de su redención en el pueblo de Besullo.

Besullo, Cangas del Narcea, 1927. Vista del pueblo y algunos de sus maizales. Fotografía de Fritz Krüger. Museo del Pueblo de Asturias.
Las Dieciocho Casas de Besullo
Luis M. Rodríguez Sánchez, ICA Oviedo – I Congreso Jurídico de Asturias. Oviedo, 1987
El Derecho Civil especial de Galicia (Ley de 2 de diciembre de 1963, art. 1) se aplica en el ámbito correspondiente a la actual jurisdicción de la Audiencia Territorial de La Coruña.
En aquellas comarcas de las provincias limítrofes de Asturias, León y Zamora se aplicarán las disposiciones de los Títulos I y II de la Ley cuando se acredite la existencia y uso de las instituciones a las que dichos Títulos se refieren.
En Asturias, estas comarcas limítrofes corresponden a los partidos judiciales de Luarca (zona del antiguo partido judicial de Castropol) y Cangas del Narcea.
A raíz de la entrada en vigor de la Compilación Gallega de 1963, y en virtud de sus disposiciones que facilitaron la redención de los foros y figuras afines, puede afirmarse que, en lo que respecta a Asturias, la figura jurídica del foro ha desaparecido en la actualidad, extinguiéndose definitivamente.
Sin embargo, cabe señalar las peculiaridades que se dieron en el pueblo de Besullo (Cangas del Narcea), de las que aún quedan vestigios. Allí, las “casas” o familias campesinas vinculadas desde antiguo al terruño, y que se reparten el pequeño territorio agrícola, son únicamente dieciocho. Sus vecinos se denominan a sí mismos “hacendados”, es decir, personas que poseen y viven de su propia hacienda o facienda. A estas dieciocho casas u haciendas se las conoce también como “pueblos” o “suertes”, pues en dieciocho lotes o suertes se distribuían periódicamente los pastos y el arbolado que disfrutaban en común, de forma exclusiva, los dieciocho hacendados. El resto de los vecinos, llegados “de aluvión” atraídos por la pequeña industria del hierro, nunca tuvo participación en estos montes, pastos y arbolados, que fueron siempre de los hacendados.
Las dieciocho casas se dividían en dos grupos forales: uno seglar, denominado “El Préstamo” (al parecer originado en una deuda), y otro eclesiástico.
Foro seglar o grupo de El Préstamo
Pagaban el foro a los señores del Llano, de la villa de Cangas, las siguientes casas o pueblos:
- Casa de Pedro García
- Casa de Manón
- Casa de Piñeiro
- Casa de Toraño
- Casa de Bartola
- La Ratumen
En total, seis haciendas.
Foro eclesiástico
Pagaban el foro al Convento de Corias y formaban el grupo de “La Xugueiria” (de yuguería, “yugo”, por referirse a la extensión de tierra adecuada al trabajo de una yunta). Se componía de doce haciendas o casas:
- Casa del Pizo
- Casa del Casado
- Casa de Bartuelo
- Casa del Marqués (llegó a reunir dos pueblos u haciendas)
- Casa de Brixiel (con pueblo y medio)
- Casa de Berguño
- La Ratumen
La Ratumen
La Ratumen era un foro mitad seglar y mitad eclesiástico; de ahí que, por pagar “a Rey y a Rata”, recibiera popularmente el sobrenombre de “Ratumen”.
Se componía de tres casas: Casa Marcos, Casa El Rubio y Casa Mingón, cada una de las cuales contribuía con un tercio al foro eclesiástico y otro tercio al foro civil, formando así una hacienda civil y otra eclesiástica.
Las haciendas
Cada uno de los dieciocho pueblos, haciendas o casas es conocido desde antiguo por el mote con el que ha quedado identificado. Cada hacienda consta de un pequeño lote de praderío, otro de labrantío y otro de bravo (pastos y arbolado). Al no constituir un “coto redondo”, sino terrenos sueltos y no colindantes —ni siquiera dentro de cada foro—, cada hacienda forma una especie de economía cerrada o “mínimum vital”, suficiente para sostener a la familia y al ganado, produciendo lo necesario: calzado (abarcas de piel de vaca como aquellas que, según la tradición, usó Aníbal para cruzar los Alpes), vestido (lana transformada en estameña burda en los pisones de madera aún existentes, movidos por el agua del río) y pan (molido en pequeños molinos propios).
Estas haciendas perviven, y previsiblemente pervivirán, bajo la clásica fórmula del “casado en casa”, que corresponde normalmente al hijo mayor, denominado en el país “el Moirazo” (de “mayorazgo”), o “la Moiraza” si no hubiera varón.
El foro eclesiástico se halla redimido desde los tiempos de la desamortización.
En los pueblos o aldeas de aquella zona en los que no concurrió la causa anómala de un desarrollo industrial, el “lugar acasarado” se da con toda plenitud, repartiéndose las “Casas Hacendadas” íntegramente el terruño del lugar, en pequeños trozos no colindantes, como situación opuesta al denominado “coto redondo”.










Lo de «hacendados» por lo que leo, no es algo excepcional de Besullo, pues en Moal también se llamaba » hacendadas» a las primeras doce casas que se instalaron en el pueblo y que, por pura lógica, fueron las que constituyeron el primer asentamiento poblacional continuo.