La Cerámica de Llamas del Mouro: Un viaje a través del tiempo
PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN «LA CERÁMICA DE CANGAS»
(Casa de cultura de Cangas del Narcea, 24 de marzo de 2025)
Juaco López Álvarez
Presidente del «Tous pa Tous
Esta exposición sobre la cerámica de Llamas del Mouro, o cerámica de Cangas del Narcea, es algo que teníamos en mente en el «Tous pa Tous» desde hace tiempo. La alfarería de Llamas tiene que ser un orgullo para los cangueses, pues aquí, en nuestro concejo, se mantiene un centro alfarero activo, el último de Asturias, en manos de personas jóvenes e innovadoras. No sé puede pedir más.
Este año era el indicado para hacer esta exposición. Por una parte, es el año en que el «Tous pa Tous» cumple cien años, se fundó en diciembre de 1925, y por otra, el año pasado Raúl Mouro recibió el Premio Nacional de Artesanía. Había llegado el momento de celebrar ambos acontecimientos mostrando su obra en casa y también enseñanado la cerámica negra de Llamas del Mouro a los propios cangueses.
El cometido de las exposiciones que el «Tous pa Tous» ha hecho en esta casa de cultura es mostrar a los cangueses su propia historia, que a menudo es una gran desconocida. En estos últimos años hemos realizado las exposiciones siguientes: la prensa en Cangas del Narcea; las madreñas de escarpín; Mario Gómez; José F. Uría del Riego; la escultura de Amador; la escultura románica de la Virgen y el Niño de la parroquia de Las Montañas; el cuadro devoto de la Virgen del Acebo de 1710… Son exposiciones que buscan enseñar la variedad y la riqueza de nuestro patrimonio cultural.
Un patrimonio que a estas alturas de la historia debería contar con un espacio en el que se expusiera de manera permanente una selección de objetos, documentos, fotografías, etc., que explicasen el pasado del concejo de Cangas del Narcea y la vida de los cangueses. Que sirviera, además y sobre todo, para fomentar el conocimiento y el respeto del pasado entre los vecinos y los turistas, como sucede en otros muchos lugares. Es cierto, que nuestro concejo ha perdido una cantidad ingente de su herencia cultural. La última gran perdida es la panera de la casa rectoral de Riegla de Cibea de 1651, que era de la misma época que la colegiata de Cangas y anterior al palacio del conde de Toreno. Pero también es una realidad que todavía queda mucho patrimonio en el concejo y por eso esta exposición se ha hecho solo con piezas antiguas que están en Cangas del Narcea, sin recurrir a colecciones de afuera. La mayoría son propiedad del alfar de Llamas del Mouro y algunas pertenecen a la colección de José Álvarez Cabezas, de casa Santiaguín de Santiago de Sierra.

Fotografías de Ruth M. Anderson de la cerámica de Llamas del Mouro en mercados de Cangas y Tineo en 1925. Colección: The Hispanic Society of America.
La sociedad tradicional canguesa estaba sustentada por unos oficios artesanales que eran imprescindibles para su funcionamiento: carpinteiros, madreñeiros, cesteiros, texedoras, ferreiros, canteiros (aunque estos solían venir de Galicia) y xarreiros o alfareros.
En 1991, José María G. Azcarate y yo publicamos un artículo en la revista Ástura (n.º 8, págs. 78-81) sobre el inicio de la cerámica de Llamas del Mouro, donde demostrábamos que una numerosa familia de alfareros de Miranda de Avilés se había asentado en este pueblo en los primeros años del siglo XIX. La familia estaba integrada por los padres, Manuel de Avila y Josefa Nuevo, y ocho hijos e hijas. Una de la hijas, Manuela de Avila, estaba casada con un alfarero de Miranda: Domingo Muñiz. Un nieto de este matrimonio fundará en los primeros años del siglo XX el Comercio Muñiz en la villa de Cangas del Narcea y en 1932 comprará este palacio en el que estamos, que sus hijas venderán mucho después al ayuntamiento. Era gente emprendedora.
Esta familia de alfareros se integró rápido en el pueblo de Llamas y en la parroquia de Samartín de Sierra, como se sabe por los matrimonios de sus hijos e hijas, y le fue bien, porque cuando mueren los padres asisten a su entierro cinco sacerdotes, y eso es un signo de que su situación económica era desahogada.
Teniendo en cuenta que en el catastro del marques de la Ensenada de 1752 no figura censado ningún alfarero en Llamas del Mouro (en Miranda de Avilés aparecen censados unos 40), dimos por supuesto que esta industria alfarera había comenzado en este lugar con esta numerosa familia.
Pero se nos escapó un dato. En ese catastro don Diego de Sierra Salcedo, vecino de Valladolid, y dueño del palacio de Llamas del Mouro, declara ser propietario de una «hollera», es decir, un horno para cocer ollas o xarros de cerámica, sita en dicho lugar de Llamas del Mouro, a la que regula «de utilidad anual cinco ducados vellón». No había olleros (alfareros), pero si una ollera. Fuimos a buscar una respuesta al Archivo Histórico de Asturias, a ver si encontrábamos algún dato que aclarase esta situación. Buscamos en las escrituras notariales del siglo XVIII. Y en ellas encontramos varios contratos de alfareros de Miranda de Avilés con el dueño del palacio para alquilar la ollera y poder cortar rozo en el monte para utilizarlo como combustible del horno. Eran contratos para cocer cerámica durante los meses de verano. Los más antiguos que hallamos eran de comienzos del siglo XVIII. Es decir, desde esos años venían alfareros de Miranda de Avilés a trabajar a esta zona de Asturias, en la que no había ningún centro alfarero y donde sus habitantes empleaban recipientes de madera para comer y contener alimentos, y calderas de cobre y hierro para cocinar. Esta documentación escrita coincide con las conclusiones de una excavación arqueológica efectuada en 2014 en el fornu de Casa Celista en Llamas del Mouro por Alfonso Fanjul y Leticia Tobalina, en la que apareció un primer taller cerámico datado por carbono 14 en 1710, que continuo hasta el primer tercio del siglo XX («Alrodiu l’aniciu y desendolcu de la cerámica de L.lamas del Mouru, Cangas del Narcea. Excavaciones arqueolóxiques en Ca Celista», Asturies, 36, 2016, págs. 68-75).
La relación de los alfareros con los dueños del palacio de Llamas del Mouro abarcaba también al barro que necesitaban para trabajar. Conocemos tres contratos firmados entre ambas partes «para sacar barro con que trabajar en las fabricas de alfarería» en el prado de Las Barreras propiedad del palacio. Son de 1854, 1871 y 1886, y ofrecen información de interés. Solo mencionar que en el primero aparecen seis alfareros vecinos del Mouro, Llamas y Baldelaforca; en el segundo, son nueve, entre ellos dos mujeres: Josefa Ávila Rodríguez y Bárbara de la Granda Rodríguez, y en el tercero, once, cuyos nombres son los siguientes: Joaquín Ovies, María Ávila, Bernardo Parrondo, Lisardo Rodríguez, Francisco Ovies, José Muñiz, Bernardo Ávila y Marcelino Suárez, de Llamas, y Aniceto Rodríguez, Antonio Ávila y Bárbara de la Granda, de Bruelles.
¿Por qué vendrían alfareros de Miranda de Avilés a Llamas del Mouro? No lo sabemos. Una hipótesis probable, viendo esta relación con el palacio de Llamas, es que los Sierra trajesen a comienzos del siglo XVIII unos alfareros para fabricar tuberías o caños para construir una traída de agua para su palacio. Sabemos que en esos años el palacio sufrió una importante reforma y también se sabe que la producción de caños era una de las especialidades de los alfareros de Miranda de Avilés, que en la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo del XVII suministraron la totalidad de las tuberías para las conducciones de agua de Avilés, Oviedo y Gijón, porque las que ellos fabricaban eran las de mejor calidad.
Los alfareros de Miranda de Avilés, según José Manuel Feito (Cerámica tradicional asturiana, Madrid, 1985, pág. 164), dejaron de trabajar hacia 1910. Terminó con ellos la competencia de las fábricas de loza de Gijón, fundada en 1874, y San Claudio, de 1901, y la de recipientes de hierro esmaltado y fundido de Laviada S. A., en Gijón, que fabricaban a precios económicos ollas de todo tipo, cuencos, botijos, jarras, platos, etc.
La cerámica de Llamas supero esta primera crisis. Estaba en un lugar mal comunicado, y en un entorno rural muy poblado que todavía consumía cacharros de cerámica. Además, los alfareros supieron adaptarse a los tiempos y comenzaron a fabricar piezas nuevas para nuevos usos que demandaban los habitantes de las villas, como huchas y, sobre todo, diversos tipos de macetas para plantas, de las que fabricaron miles para vender en los mercados de Cangas del Narcea, Tineo (donde las fotografió Ruth M. Anderson en 1925), Salas o Luarca.

Sala Llamas: Verónica Rodríguez, alfarera de Llamas del Mouro y Mercedes Pérez, comisaria de la exposición.
Pero según avanzaba el siglo XX la situación para la alfarería iba a peor. Cada vez hacían menos falta los xarros de Llamas y a finales de los años sesenta el número de alfareros quedó reducido a uno: Jesús Rodríguez Garrido. Jesús concentró en su persona todas las cualidades de un buen artesano: se adaptó a nuevas necesidades y nuevos gustos (piezas exclusivamente decorativas y piezas de encargo); supo resistir y transmitir el oficio a sus hijos (en un tiempo en que lo habitual era emigrar a la ciudad o ir a trabajar a la mina), y comprendió el valor que tenían las piezas antiguas para venderlas a los coleccionistas y también para guardarlas él mismo y poder estudiar y conocer el trabajo de sus antecesores. El resultado de su labor es la permanencia del oficio en sus hijos: Marcelino y Manuel, y en sus nietos: Verónica y Raúl, que son, de momento, los últimos alfareros de Llamas del Mouro. Esta exposición es también un reconocimiento a su trabajo y resistencia.














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