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Ferreiros Besullo

Tino y Antonio, los ferreiros de Besullo

LOS FERREIROS DE BESULLO  (BESULLO, CANGAS DEL NARCEA)  – 73 HABITANTES

Faustino Álvarez y Antonio Álvarez son el corazón pulsante de Besullo. Ferreiros a la antigua, trabajan como lo hacían ya los romanos allí para dotar de herramientas a sus minas, conscientes del riesgo de que su tradición no tenga continuidad

Ferreiros Besullo

Faustino y Antonio, los ferreiros de Besullo. Foto: EC

Autor: OCTAVIO VILLA en pegadosalatierra.elcomercio.es

Tino, el de Casa Payarín, es un Vulcano sonriente de 83 años que no detendrá nunca su fragua, como tampoco tiene ninguna gana de parar Antonio, de Casa Torneso, que a sus 82 años es, como Tino, historia viva de Besullo. Ambos nacieron durante la guerra civil y aprendieron el oficio en casa, heredando la tradición que hacía del pueblo tierra de ferreiros: «Había unos doce», comentan los dos.

Como buenos ferreiros, saben hacer de todo. Arreglar cualquier apero de los muchos del campo, con métodos muy lejanos de los mecanizados actuales. Forjar herramientas, algunas de las cuales se elaboran ya solo con fines etnográficos y turísticos. El pueblo, Besullo, cuenta con un mazo hidráulico en la boscosa ribera del río Pomar, que aún funciona, así como uno en ruinas y otros dos en desuso. Tecnología romana de aprovechamiento de la fuerza de la gravedad y de los ríos que hoy es además todo un atractivo cultural.

Porque sí, Tino y Antonio no tienen la menor intención de detener sus fraguas, pero saben que rentables, en el sentido pecuniario del término, no son mucho. Pero sí que lo son en dos sentidos. Uno, el de la conservación de una tradición que supone todo un reclamo turístico para el pueblo. Porque es no solo espectacular, sino intensamente formativo verlos trabajar. Los dos hablan por los codos mientras mueven a mano el fuelle que ventila la fragua, ponen al rojo varillas de hierro que convierten en cualquier forma que deseen con pasmosa facilidad y fuerza o afinan y templan los filos de navaja, los clavos, las herraduras… El otro, el conocimiento. Tino sabe generar carbón vegetal (el oficio de carbonero de bosque se perdió ya hace generaciones, pero aún hay quienes conocen sus secretos). Sabe usar con asombrosa pericia el mazo hidráulico y sus secretos constructivos; es fino con la fragua… Antonio es un mago de las reparaciones. Hachos y azadones cobran nueva y reforzada vida en sus manos, y aún tiene numerosos clientes que aprecian el valor de la forja por encima de los bajos precios de las piezas mecanizadas. Oírles, a ambos, es fascinante. Es una vuelta a un mundo que va desapareciendo, en el que todo se podía hacer con lo que uno tenía a mano. En el que el ingenio creaba ingenieros en cada casa, como ingenieros honoris causa son ambos, pese a no tener un título universitario. Antonio lo verbaliza con énfasis: «Se hará de todo con máquinas hoy en día, pero hay que saber ser ferreiru».

Hoy tienen, con todo, un valor añadido. Son un gran capital para Besullo y para todo Cangas del Narcea. Desde el Parador Nacional del Monasterio de Corias llegan de continuo visitantes que quieren conocer el oficio de ferreiru, en algunos casos con el mismo interés con el que asistiríamos a la exhibición de un fabricante de papiro o a un tallador de puntas de flecha de piedra neolíticas, si esos aún fueran oficios observables.

Tino y Antonio tratan de transmitir el interés entre sus familiares, entre otras cosas por el prurito de tener un ferreiru en casa.

Un tercer ferreiro que sigue en Besullo, José Martínez, ha dejado la fragua tan a regañadientes como que solo lo hizo «cuando cayó sobre ella parte de la antigua casa rectoral». Aún así, es posible que su hijo Jesús retome la tradición… «cuando se jubile».

Entre tanto, el testigo lo llevan Tino y Antonio. A ambos, además, la fragua les sirve para complementar una de esas pensiones del campo. Pero esa es otra historia.

BISUYU / BESULLO – La Casona

BISUYU / BESULLO

La Casona.

Escudo partido. A la izquierda armas de los Queipo de Llano (tres fajas y tres flores de lis, con racimos de uvas en el borde) y a la derecha, de los Flórez (una doncella cruzando un río con una cesta de frutas sobre la cabeza y tres flores de lis, con aspas en el borde). Este escudo es similar al que estaba en el Palacio de los Llano en el barrio de Ambasaguas en Cangas del Narcea y que en la actualidad está en una fachada lateral del Hotel Truita, calle Diz Tirado de esta villa.

En 1787 el dueño de esta casa era Pedro de Llano Flórez. La heredará su hijo Lorenzo de Llano Flórez (1822-1902), que en 1897 derriba la casa antigua y construye la casona que ha llegado hasta nuestros días, que hoy está en ruinas después de un incendio ocurrido en 2006. Una placa de mármol colocada encima de la puerta de entrada a la casa recuerda al dueño y su obra: “Se hizo esta casa por el Sr. D. Lorenzo de Llano Flórez a los setenta y cinco años de edad. Año de 1897”.

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[1850 ¿? -1854] Lorenzo de Llano Flórez

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Lorenzo de Llano Flórez y su esposa Cándida Valdés, hacia 1880. Fotografía de Ramón del Fresno, Oviedo. Col. José Juan de Llano Herrerías.

Lorenzo de Llano Flórez

(Bisuyu / Besullo, Cangas del Narcea, 1822 – Cangas del Narcea, 1902)

… – 2 de octubre de 1854

Propietario. Dueño de La Casona de Bisuyu / Besullo y de la casa de los Llano en la calle de La Fuente de Cangas del Narcea. Conservador.

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Lagares de vino en Cangas del Narcea en 1752

Fuso y contrapeso del lagar de la bodega del Museo del Vino de Cangas

Los lagares son las máquinas de madera que se empleaban en las bodegas para apretar el magayu o bagazo y extraer el último mosto de la uva, que en Cangas del Narcea llamamos pía o pie. La pía se mezclaba con el primer vino que salía de la tina. No todos los vinicultores cangueses tenían lagar, porque era un artefacto caro, de cierto tamaño y que necesita un espacio amplio y propio; en consecuencia, los pequeños cosecheros de vino no se lo podían permitir y tenían que exprimir su magayu en lagares que no eran suyos. En las últimas décadas del siglo XIX y, sobre todo, en el siglo XX estas máquinas se sustituyeron por prensas de jaula y hierro fundido, más pequeñas y manejables que los viejos lagares, que fueron destruyéndose hasta casi desaparecer.

Detalle del fuso y el contrapeso del lagar de la bodega del Museo del Vino de Cangas

En 1752 había en el concejo de Cangas del Narcea 68 lagares para hacer vino. Lo sabemos gracias a un catastro que se hizo ese año con el fin de establecer la Única Contribución, que estaba dentro de una reforma fiscal que puso en marcha el rey Fernando VI (1713-1759) y su ministro el marqués de la Ensenada (por eso a este catastro se le llama Catastro del Marqués de la Ensenada). Para cumplir el mandato del rey todos los vecinos tenían que presentar una relación de bienes (inmuebles, tierras, ganado) y de ingresos por su producción, oficio, industria, etc. Había unas respuestas particulares de cada vecino y unas respuestas generales a un interrogatorio de 40 preguntas que tenían que responder los concejos o cotos señoriales sobre el número de habitantes, clases de cultivos y ganado, la producción, actividades comerciales e industriales, profesiones, ingresos, etc. Las respuestas particulares de los vecinos de Cangas del Narcea se destruyeron en 1809 con el incendio del archivo municipal provocado por los franceses durante la Guerra de la Independencia. Solo se conservaron en el Archivo General de Simancas las generales, que son las que utilizamos nosotros y que pueden consultarse por internet.

Prensa de jaula para vino tomada del catálogo de ‘La Maquinaria Agrícola’ de José del Río y Hesles, gran almacén de venta de instrumentos y máquinas agrícolas, Madrid, 1871

Los propietarios de esos lagares eran señores, propietarios de muchas tierras y viñas, que vivían de sus rentas, y también campesinos acomodados. El conde de Toreno tenía tres lagares: dos en la villa de Cangas y uno en Limés. El monasterio de Corias también poseía tres, pero uno estaba “arruinado”. Además, había seis personas que eran dueñas de dos lagares: Teresa de Peón, Pedro Velarde, Lorenzo Flórez de Sierra, Narciso de Sierra Pambley, Rodrigo de Sierra Jarceley y Nicolás Alfonso, y dos lagares que eran propiedad de varios vecinos.

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Lagar del Museo del Vino de Cangas

Gracias al catastro de 1752 sabemos que estos lagares estaban hechos íntegramente con madera y se componían de “una sola viga”. En el extremo de la viga llevaban un contrapeso de piedra sujeto con un fuso o tornillo con el que se elevaba el contrapeso. Eran, sin lugar a duda, similares a los que hoy pueden verse en la bodega del Museo del Vino de Cangas o en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, y a otros que todavía existen en Asturias y que se empleaban para exprimir la manzana y hacer sidra, como uno que ese expone en el Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón. Este tipo de lagar, conocido como “prensa de tornillo móvil y contrapeso”, estuvo muy extendido y está perfectamente documentado por la arqueología en época romana; los ejemplares más antiguos datan del siglo I d. C. Según Yolanda Peña Cervantes “es el tipo de prensa más extendido en el mundo romano” para elaborar aceite y vino (Torcularia. 
La producción de vino y aceite en Hispania, Tarragona, 2010).

Prensa de jaula y hierro fundido, que sustituyó a fines del siglo XIX y en el siglo XX a lo lagares de viga. Museo del Vino de Cangas.

En Cangas del Narcea en 1752, los lagares los utilizaban tanto sus propietarios para “sacar” su vino como el resto de los pequeños cosecheros que había en el concejo y que no tenían lagar. En las respuestas al Catastro del Marqués de la Ensenada se mencionan dos relaciones entre propietarios y no propietarios. Una, era el alquiler del lagar por el cual los dueños cobraban en vino; de este modo, en el coto de Corias se declara que cada uno de los lagares produce al año para sus dueños una “cuepa” de vino (31 litros) y en el coto de Cangas regulan su ganancia en ocho cañadas (31 litros) anuales, que es lo mismo que una “cuepa”.

Otra relación era la de dar gratuitamente el servicio en función de la buena vecindad y la reciprocidad, y así en las parroquias de Carballo, Bimeda, Villategil y Limés se dice lo siguiente: “atendiendo a que estos artefactos solo los tienen [sus propietarios] para pisar la uva de su cosecha, y aunque los vecinos y más interesados en la cosecha de vino no los tengan propios y usen de estos, es sin interés y por la buena correspondencia que entre sí tienen. Y no obstante para satisfacer a la intención de la pregunta, después de varias consideraciones regulan la utilidad de cada lagar en una cántara [15,64 litros] de vino, que su valor son seis reales de vellón”. Joaquín Coque Fuertes, de Obanca, todavía se acordaba a fines del siglo pasado que en su casa se apretaba el magayu de muchos vecinos y que a cambio estos ayudaban un día a cavar las viñas.

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Lagar del Museo del Vino de Cangas

No sabemos con exactitud los pueblos donde estaban los lagares en el concejo de Cangas del Narcea en 1752. Las respuestas generales del catastro mencionado solo dan el nombre de sus propietarios y en el mejor de los casos el de la parroquia donde estaban ubicados, pero no el del pueblo. Con la información disponible tenemos que destacar la existencia de dieciséis lagares en la parroquia de Tebongo, que era la mayor concentración de todo el concejo, superior a la villa, donde había siete. Asimismo, llama la atención la existencia de lagares, y en consecuencia de viñedos, en parroquias donde hoy no queda ningún rastro de su presencia, como Jarceley, San Martín de Sierra, Santiago de Sierra, Maganes, San Pedro de Culiema y Carceda.

La existencia de estos 68 lagares, así como su localización, son otro testimonio más de la extensión geográfica que llegó a tener el viñedo en el concejo de Cangas del Narcea y de su importancia económica.

Parroquia de Cangas del Narcea (7 lagares)

  • D. Fernando Queipo de Llano, conde de Toreno (2 lagares)
  • D. Pedro Velarde y Prada
  • D. José López Cañedo
  • D. José García de Quirós
  • D. José Gamoneda [y Rojas]
  • D. José Miramontes

Parroquia de San Cristóbal de Entreviñas (3 lagares)

  • D. José de Llano
  • D. Lope de Uría
  • D. José Fernández

Parroquia de Jarceley (1 lagar)

  • D. Diego de Sierra [y Salcedo, dueño de la Casa de Llamas del Mouro]

Parroquia de San Martín de Sierra (2 lagares)

  • Francisco Martínez
  • Domingo Fernández

Parroquia de Santiago de Sierra (2 lagares)

  • D. Lorenzo Flórez [de Sierra, dueño de la Casa de Nando]
  • Juan García

Parroquia de Onón (5 lagares)

  • D. Lorenzo Flórez [de Sierra, dueño de la Casa de Nando]
  • D. Francisco Caballero [y Flórez, dueño de la Casa de Fontaniella]
  • D. José Rodríguez
  • D. Antonio Queipo
  • D. Juan Menéndez

Parroquia de Maganes (1 lagar)

  • D. Francisco de Uría y Llano

Parroquia de San Pedro de Culiema (1 lagar)

  • Antonio Rodríguez

Parroquia de Tebongo (16 lagares)

  • D. Rodrigo de Sierra [y Jarceley, dueño de la Casa de Jarceley] (2 lagares)
  • D. Narciso de Sierra [Pambley, dueño de la Casa de Pambley] (2 lagares)
  • D.ª Micaela del Riego
  • D. Alonso del Llano
  • Juan Menéndez
  • Juan Rodríguez
  • Pedro Menéndez
  • Francisco Rodríguez
  • Francisco Meléndez
  • Toribio Meléndez
  • José Rodríguez
  • Bartolomé García
  • Juan de la Linde
  • Teresa de Flórez

Parroquia de Carceda (2 lagares)

  • Monasterio de San Juan de Corias (arruinado)
  • Domingo González

Parroquia de Santa Eulalia (2 lagares)

  • D. José Nicolás de Uría [Valdés]
  • D. Pedro Velarde y Prada

Parroquia de La Regla de Perandones (3 lagares)

  • Francisco Cachón (arruinado)
  • Domingo Menéndez
  • José Menéndez

Parroquia de Carballo (1 lagar)

  • D.ª Teresa de Peón, viuda de D. Manuel Flórez [Valdés, dueño de la Casa de Carballo]

Parroquia de Bimeda (2 lagares)

  • D. Ignacio Flórez
  • D. Nicolás Alfonso

Parroquia de Villategil (1 lagar)

  • D. Nicolás Alfonso

Parroquia de Limés (5 lagares)

  • D. Fernando Queipo de Llano, conde de Toreno
  • D. Miguel de Uría
  • D.ª Teresa de Peón, viuda de D. Manuel Flórez [Valdés, dueño de la Casa de Carballo]
  • D. Juan Meléndez Valdés
  • María Álvarez

Coto de Cangas (11 lagares)

Coto integrado por siete parroquias completas: Entrambasaguas, Santa Marina de Obanca, Augüera del Coto, Bergame, San Damías, Vegalagar y Las Montañas, y algunos lugares de otras cinco parroquias: Carceda, Corias (fuera de la villa), Besullo, San Cristobal y La Regla de Perandones.

  • Monasterio de San Juan de Corias (2 lagares)
  • D. Francisco de Llano y Rojas, de Santa Marina de Obanca (2 lagares)
  • D. Fernando Rodríguez, vecino de la provincia del Bierzo
  • D. Pedro Menéndez, vecino de la villa de Madrid
  • Pedro Rodríguez, vecino de San Pedro de Corias, y cinco vecinos más
  • Inocenta Coque, vecina de San Pedro de Corias
  • Hospital de San Lázaro, malatería de Retuertas
  • D. Manuel Rodríguez, cura de Orallo en el concejo de Laciana [León]
  • D. Juan Rodríguez Francos, presbítero de Bergame, y otros cuatro vecinos

Coto de Corias (3 lagares)

Este coto solo abarcaba la villa o pueblo de Corias.

  • D. Ignacio Queipo, vecino de la villa de Madrid
  • D. Salvador Fuertes, vecino del concejo de Boal
  • D. Diego Fuertes

Superviventes; Delfina, la filandera de Cerecedo de Besullo

Delfina filando

Durante el período de autarquía desde el final de la guerra civil hasta los años cincuenta, España vivió una crisis permanente, caracterizada por una larga y profunda depresión económica, provocada por el aislamiento internacional. Ante estas condiciones las políticas económicas que se siguieron buscaban el autoabastecerse de productos nacionales sin recurrir a las importaciones de terceros países que nos tenían aislados.

Esto provocó que en los mercados faltaran la mayoría de los productos básicos. Cuando se habla con gente de aquella época todos coinciden que fue una época dura que aún teniendo dinero, no había productos en el mercado para poder comprarlos.

Esta situación nacional, provocó a nivel local, en los pueblos, otro tipo de autarquía ya que los vecinos de los pueblos intentaban autoabastecerse sin más recursos que los que la naturaleza les ponía a mano. Esta situación creó una generación de hombres y mujeres que tuvieron que vivir condiciones muy precarias, de forma espartana, con muchísimo esfuerzo y una gran imaginación para autoabastecerse del medio natural que los rodeaba.

Esquilando la oveja

Hoy se ven programas en televisión con títulos tan sugerentes, como supervivientes o supervivientes desnudos en la selva; en estos programas suelen salir personajes más o menos creíbles que intuyo tienen un equipo de cámaras al lado para grabarlos y, como es lógico suponer, ante cualquier problema que tengan los protagonistas les ayudarán con buena comunicación, con fuego, con comida, etc.

Lavando la lana

Hay otros supervivientes reales que pasaron los tiempos malos después de la guerra y que sin apoyo de ningún tipo han salido adelante produciendo su comida, sus vestidos y sus herramientas de trabajo; utilizando la imaginación y los conocimientos ancestrales para autoabastecerse de la naturaleza que los rodeaba. Este es el caso de Delfina la hilandera de casa Cascarín de Cerecedo de Besullo. Esta mujer tiene 82 años, nació en casa Xuan Díaz de Fuentes de las Montañas y se casó para el pueblo de Cerecedo.

Delfina pertenece a la generación de la posguerra y le tocó lidiar la vida con mucho esfuerzo y precariedad para salir adelante. Me cuenta Delfina como tuvo que trabajar desde niña en todas las labores de la casa, me cuenta los miedos que le provocaba la guerra en su infancia cuando venían al pueblo a llevar gente, me imagino que de ambos bandos ya que ella como era pequeña no se acuerda quiénes eran.

Preparación de la lana

Cuando le señalo a Delfina la crisis actual, ella esboza una sarcástica sonrisa y añade que si tuviéramos que vivir ahora la crisis que ella vivió, seguro que la mitad nos suicidaríamos ya que según ella, no sabemos producir nada con nuestras manos, solo sabemos consumir.

Me relata los precarios medios que se disponían para poder vivir y la mayoría se producían en la unidad familiar con productos del contorno. Las herramientas para trabajar se hacían de madera; arados, rastrillos (engazas), cestas, etc. Las verduras y las frutas se conseguían de la huerta; la carne para todo el año era de la matanza donde se trasformaba el cerdo en todo tipo de embutidos y del que se aprovechaba todo, hasta la sangre para hacer fixuelas. La grasa derretida de este animal se utilizaba para sustituir el aceite de oliva que no había en el mercado; hasta los cuernos de las vacas se reutilizaban. La lana de las ovejas y la piel de las cabras eran utilizadas para crear prendas de vestir tras sufrir una serie de procesos de transformación artesanal muy imaginativos.

Haciendo un colchón

Delfina es especialista en estos procesos de elaboración de ahí el sobrenombre de filandera de Cerecedo; esta filandera me cuenta con detalle todo el proceso artesanal de la lana, desde el esquilado de la oveja hasta la confección de las prendas de vestir según la moda del momento.

Todo empieza con el esquilado de la oveja (tosquilar), le sigue el lavado de la lana, el escarpinado (abrir la lana), el hilado (filar), torcer y devanar (presentarla en ovillos) y finalmente tejerla y golpearla en un pisón hidráulico para darle resistencia.

Con los procesos anteriores ya se podía disponer de material para confeccionar todo tipo de mantas, calcetines, colchones, carpinos, chaquetas, vestidos, etc.

Diferentes colores de la lana teñidos con elementos naturales

Todo lo anterior demuestra la dureza y el trabajo que tuvieron que soportar para sobrevivir las gentes de la generación de la posguerra. Utilizando unos medios muy limitados, consiguieron adaptarse y aprovechar de forma sostenible todo lo que la naturaleza del contorno les brindaba.

Utensilios para devanar y teñir la lana

Sophie Landrin, periodista de “Le Monde“, intentando describir la ciudad del futuro señala que la arquitectura de las futuras ciudades deben tomar la forma de los materiales de la naturaleza y serán ciudades biomiméticas; serán remansos repletos de vegetación, se abandonará lo superfluo y se alcanzará la autarquía. Resalta que es necesario luchar contra la sociedad de consumo frenético que impulsado por la publicidad nos ha hecho creer que lo superfluo es indispensable llenando nuestra basura de cosas innecesarias.

Bien, pues estos intelectuales de nueva generación, no están descubriendo nada nuevo, ya que la generación de Delfina ya experimentó con éxito algo parecido viviendo de forma sostenible con la naturaleza que los rodeaba.

Por otro lado, pienso al ver la claridad mental, la inteligencia y el estado de ánimo que tiene Delfina, pues aún trabaja la huerta, tiene gallinas, hace su propia comida y mantiene su casa totalmente impecable a la edad de 82 año, como después de tanto trabajo y penurias se puede estar al cien por cien de resistencia en esta edad tan avanzada.

Productos hechos con lana

Hay tres posibles explicaciones. La primera es evidente que puede ser Mendeliana y achacar esta virtud a una genética excepcional. La segunda puede ser Darwiniana seleccionando la vida a los más fuertes para sobrevivir y creo que la más acertada es la tercera posibilidad, que es que personas como Delfina han vivido como verdaderos supervivientes en un medio hostil, consumiendo lo mínimo, trabajando y haciendo ejercicio constantemente desde pequeños, comiendo productos elaborados por ellos mismos sin pesticidas ni colorantes. Toda la forma de vida anterior contrasta totalmente con la forma de vida de las actuales generaciones, sentadas ante una consola, haciendo ejercicio físico por medio de videojuegos y consumiendo un exceso de calorías que llevan a crear niños con obesidad.

Es admirable ver con que sabiduría utilizaba la generación de Delfina los medios para subsistir. Producían y consumían todo lo que necesitaban, cerrando el ciclo de forma sostenible con el medio ambiente. Los desperdicios se aprovechaban para alimentar los cerdos y animales de la casa produciendo la carne que se consumía para todo el año y los orgánicos se utilizaban para abonar la tierra cerrando el ciclo de producción y consumo. Los recipientes eran reutilizables, jarras de barro, cestos de madera, no se necesitaban las nefastas bolsas de plástico actuales. Las herramientas y el calzado estaban hechos de madera. Para confeccionar las prendas de vestir se aprovechaba la lana de las ovejas y la piel de las cabras, hoy esta lana se tira. Como se puede ver, todo era elaborado con conocimientos ancestrales que irremediablemente perderemos.

Madreñeiro

En el mundo actual de las telecomunicaciones, de las grandes obras de ingeniería, de los grandes adelantos en medicina donde un especialista introduce una cámara microscópica por una vena para acceder al corazón e implantar un elemento mecánico que modifique el flujo sanguíneo; con todo este conocimiento si llega a ocurrir un holocausto social, económico o de otro tipo, que nos obligue a vivir de nuevo en los tiempos de Delfina, lo más probable es que la mayoría no sepamos sobrevivir.

Si nos quitan los supermercados llenos de productos elaborados y posiblemente bastante adulterados; si nos quitan las tiendas de ropa Zara, Mango, Cortefiel, etc., la mayoría no sabría con que vestir, como poner un botón, como plantar un tomate y algunos tendrían la duda razonable de si la leche sale de la vaca o de la nevera.

Bien, esta vez no me enrollaré más y dejaré que la propia Delfina lo cuente en el vídeo que acompaño, seguro que con el entusiasmo que le pone esta activa mujer de 82 años, es más entretenido que lo que yo pueda escribir y se aprovechan mejor los matices y los pequeños detalles de la conversación que mantuve con ella en su casa de Cerecedo de Besullo.



 

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Últimos salmos en Besullo

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Dina Rodríguez (Besullo, 1933-2014), la última descendiente de los primeros pastores evangélicos de Asturias.

El fallecimiento de Dina Rodríguez convierte en memoria a la última comunidad protestante de la Asturias rural. La localidad del suroccidente astur fue un pequeño reducto de libertad y tolerancia religiosa durante más de siglo y medio, y su iglesia-escuela de ‘Casa Xuacón’ sirvió para dar a conocer el reformismo del cristianismo evangélico y formar a generaciones de estudiantes de la que salieron la primera farmacéutica de España, Marina Rodríguez, los lingüistas y bibliotecarios Caridad, Juan y Lorenzo Rodríguez-Castellano y el dramaturgo Alejandro Casona.

En Besullo ya nadie recitará más salmos. Ni pasará las páginas de la vieja Biblia de 1870 que la Sociedad Bíblica Evangélica hizo llegar a Casa Xuacón hace siglo y medio. Dina Rodríguez, la última protestante de Besullo, ya descansa desde enero de 2014 en el cementerio de su fe, una huerta invadida por los helechos y con otras dos únicas lápidas, la de su hermano Manuel y la de su prima Ana María. El protestantismo en este rincón del suroccidente asturiano ya es historia.

Una historia mínima, pequeña, pero que ejemplifica la posibilidad de que la convivencia entre distintos y el respeto a los credos e ideas ajenas es capaz de sortear la intolerancia y la ignorancia de los fanatismos. Porque Besullo fue desde el último tercio del siglo XIX un pequeño reducto de libertad y convivencia religiosa, en el que católicos y protestantes se convencieron de que sus rezos se dirigían a un mismo Dios y que de poco servía el humo de las hogueras de tantos torquemadas.

Dos postales de aquel Besullo: la capilla evangélica se levanta contigua a la iglesia católica de San Martín y los más mayores aún recuerdan que Daniel Rodríguez, último pastor protestante hasta 1984 y padre de Dina, compartía partida de cartas y café con gotas con los curas de sotana y alzacuello.

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Protestantes de Besullo

Los Rodríguez de Besullo fueron los pioneros en traer al Suroccidente asturiano el mensaje de la segunda reforma protestante, un movimiento que dejó atrás los rescoldos del dogmatismo luterano para abrirse a los nuevos tiempos. No dejó noticia alguna el colportor Georges Brown, Jorgito el Inglés en su relato ‘La Biblia en España’, que distribuyese alguno de sus ejemplares por las tierras de Cangas y de Tineo.

La versión de la Biblia realizada por Cipriano de Valera, editada en 1870 por la Sociedad Bíblica, fue la que envió desde Madrid Manuel Rodríguez, tras abrazar la fe luterana, a su cuñado Antonio Rodríguez. Ahí nace la primera congregación protestante de Besullo, que se extiende también a la vecina localidad canguesa de Pumar. Superando trabas continuas, pese a la declaración de libertad religiosa recogida en la Constitución de 1869, la comunidad evangélica da sus primeros pasos y suma a varias familias que encuentran en el reformismo protestante y en la lectura directa de los textos bíblicos lo que el catolicismo negaba.

Fe y educación

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Versión de la Biblia realizada por Cipriano de Valera, editada en 1870 por la Sociedad Bíblica

Combatir el analfabetismo y la ignorancia fue el primer objetivo de aquellos primeros protestantes de Besullo. Aprender a leer y a escribir era la única fórmula para acceder directamente a los textos bíblicos, sin intermediarios ni exégetas. La capilla de Casa Xuacón se convirtió también en colegio, donde los hijos de las familias evangélicas, pero también las de las católicas, acudían a recibir las primeras letras. Después, los más adelantados tuvieron la oportunidad de asistir a las aulas de colegios protestantes ‘El Porvenir’, fundado por el médico alemán Federico Fliedner, y el ‘Instituto Internacional de Señoritas’ que creara el matrimonio estadounidense Gulick.

En estos centros se impartía una educación alejada de los dogmatismos del cristianismo trabucaire y allí se formaron hombres y mujeres de ciencias y letras. Marina Rodríguez se licenció en la Universidad Central de Madrid en 1900 como la primera farmacéutica española; Lorenzo Rodríguez-Castellano se convirtió en una referencia de la biblioteconomía y de la filología, al igual que sus hermanos Caridad y Juan, dedicados a la investigación y a la enseñanza de la literatura española en varias universidades estadounidenses. Alejandro Casona, de primer apellido Rodríguez, era hijo de un protestante de Besullo que abrazó el catolicismo. Sin embargo, Casona mantuvo vivo el contacto con la comunidad evangelista en sus habituales visitas al pueblo paterno.

No es casual que muchos progresistas españoles, alérgicos al adoctrinamiento católico escolar, buscaron en los colegios protestantes otros tipo de enseñanza: los hijos de Pablo Iglesias se formaron en ‘El Porvenir’, mientras que el ovetense Indalecio Prieto estudió en el colegio protestante de Bilbao.

El alemán de Besullo

Federico Fliedner tuvo un papel esencial en la consolidación de la comunidad protestante de Besullo. Desde que tuvo conocimiento de su existencia se volcó en prestar todo tipo de ayudas y dio a conocer el nombre de Besullo por Europa con los informes enviados a sus amigos en las Hojas de España. En una de las primeras comunicaciones relataba que “en el centro de la costa norte de España está el reino de Asturias y no lejos de su límite occidental, la cabeza de partido Cangas de Tineo. A unas horas de distancia, en medio de las montañas, en el apacible pueblo de Besullo hay una pequeña congregación”.

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Manuel Rodríguez en el cementerio protestante de Besullo donde hoy está enterrado junto a su hermana Dina y una prima, entre otros.

Fliedner, médico y misionero reformista alemán, la visitaba asiduamente y conocía la realidad de los habitantes de las zonas rurales. “Muy triste era la situación en los montes de Asturias, y también en la aldea de Besullo… morían las personas de agotamiento y hambre, y cuando además una gran nevada cubrió montes y valles, haciendo imposible toda comunicación, la necesidad apremiante partía el alma…”, anota en una de sus Hojas de España distribuida entre las federaciones protestantes europeas.

Fliedner y el matrimonio Gulick vieron en Besullo no sólo un territorio de misión. De aquella pequeña comunidad salieron varios pastores que extendieron la fe evangélica por otras regiones de España. Uno de los más nombrados fue Daniel Rodríguez, que pronto destacó y fue enviado a estudiar teología en L’Oratorie de Ginebra. En 1897 fue ordenado pastor, siendo destinado a la iglesia de Jesús de la calle Calatrava de Madrid, una de los primeros templos protestantes españoles. Dos años más tarde fue nombrado pastor de Reus para posteriormente ejercer en diferentes ciudades de Francia, incluso en el frente de la Primera Guerra Mundial con el ejército galo.

La procedencia canguesa marcó la trayectoria de Daniel Rodríguez en sus diferentes destinos y la publicación Le Christianisme au XXe lo define como “pastor sumamente consagrado, concienzudo y modesto, que sin ruido, sin alarde, realizó una obra espiritual profunda. De temperamento robusto, lleno de energía y de celo visitaba mucho a sus feligreses y recorriendo las montañas (…) sabia penetrar libremente en todos los hogares y ganarse la simpatía de los aldeanos”.

Besullo fue también un ejemplo de convivencia cívica. Alejandro Rodríguez, protestante, se convirtió en alcalde de la localidad durante la II República y destacó por impulsar instalaciones públicas, como la escuela o la carretera con Cangas del Narcea, entre otras muchas. Una convivencia vecinal que perduró en la dura postguerra, pese a las imposiciones del nacional-catolicismo de la dictadura franquista.

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Manuel y Dina Rodríguez en la escuela-capilla de Casa Xuacón

El declive de la comunidad evangélica de Besullo se produjo en los años 50 del siglo pasado, parejo al éxodo rural hacia las cabezas de comarca y las zonas industriales. Pese a todo, los Rodríguez, los Castellano, los Brixiel, los Ferreiro y otras familias mantuvieron viva la pequeña congregación durante el siglo XX, hasta que en 1984 la muerte del pastor Daniel Rodríguez, padre de Dina, dejó limitada la actividad a una celebración litúrgica anual a la que acudían miembros de iglesias de Oviedo, Gijón y Avilés.

La escuela-capilla de humildes cruces de madera, pupitres envejecidos y carteles con citas evangélicas, y el cementerio custodiado por una sebe descuidada son ya las únicas huellas del Besullo protestante. Manuel y Dina Rodríguez fueron sus custodios en los últimos veinte años. También cuidaron de los textos religiosos heredados de sus mayores, como esa Biblia de 1870. Hasta hace muy poco, el pasado 6 de enero, aún los vecinos oían entonar a Dina los salmos aprendidos de los suyos. Fueron los últimos salmos de Besullo. Hoy sólo quedan tres lápidas, las piedras y la memoria.


Artículo publicado en Asturias24, mayo, 2014. Autor: Rafael Ardura Suárez (Carrespientes/Mieres, 1961) es licenciado en Historia y se dedica a la enseñanza desde hace treinta años.


Ruta de montaña por Cangas del Narcea (De Santa Ana a La Viña)

Hoy toca de nuevo salir de ruta y crestear algunas montañas de Cangas del Narcea. Preparo una merienda rápida para comerla a media ruta en la capilla de Bordondio y salgo dirección al pueblo de Santa Ana (731 m) donde dejaré el coche para empezar a caminar en dirección a la sierra de Santa Isabel, pasaré por Santarbás (889 m) y seguiré bordeando los pueblos de Abanceña y Escrita para finalizar en el pueblo de La Viña en el río del Coto.

Una vez más fotografiaré todo lo que me llame la atención y aportaré detalles llamativos que me ofrezca la ruta. Espero que sea entretenida.

Grupo de montaña Piélago en la ermita de Santa Isabel

Empiezo la ruta en el alto de Santa Ana, antes de dirigirme a la sierra de Santa Isabel visito el mirador de Piñolo en la zona denominada de Bocherón, debajo del pueblo de Santa Ana. Desde este montículo se ve muy bien el valle del Narcea, todavía se conservan algunos muros derruidos que señalan el lugar donde se dice que estuvo ubicado el castillo del Conde don Piñolo; este lugar misterioso y extraño aún conserva su aspecto de fortaleza inexpugnable. Es muy interesante visitar este mirador ya que abre unas vistas hacia el valle con un dominio espectacular del Monasterio de Corias y de la villa de Cangas, todo esto coronado por el cordal de montañas que bordean este concejo por el sur; entre estas montañas una vez más destaca en el horizonte el pico Caniellas con su forma piramidal.

Vistas de Cangas desde la sierra de Santa Isabel

En esta peña histórica del Mirador Piñolo se considera que estuvo el castillo del Conde cofundador del Monasterio de Corias, cuya iglesia fundacional data del sigo XI, nada menos que en los años 1031-1043. Esta iglesia fue descubierta recientemente en las obras que se hicieron para restaurar el monasterio como Parador Nacional. En este monumento Nacional están enterrados los fundadores, condes Don Piñolo y su esposa Aldonza, también se considera que están enterrados el rey D. Bermudo I y su mujer; otra versión dice que el sepulcro real puedo ser un invento de la comunidad monástica en época medieval para acrecentar la gloria de los orígenes del monasterio.

Estando en este mirador y con un poco de imaginación, uno se puede trasladar a esas épocas convulsas donde los reyes astur-leoneses y las gentes de estas zonas apartadas, vivían vigilantes, controlando el terreno reconquistado desde estas estratégicas atalayas.

Este mirador hoy me sirve para hacer una fabulosa fotografía del valle de Cangas del Narcea con el Monasterio de Corias en primer plano.

Pastizales de Trones

Tras este paréntesis, retomo la subida al pueblo de Santa Ana y empiezo la ruta por un camino que parte a la izquierda de las primeras casas del pueblo y que me dirige a la ermita de Santa Isabel (875 m). Desde esta ermita hasta el alto de Santarbás (889 m) el camino se suaviza y transcurre entre pastizales y prados de altura, dejándome ver por mi izquierda vistas a Cangas, a la sierra del Acebo y por mi derecha se levantan desnudas las sierras de Iboyo y de La Pila.

Pueblo de Trones

Llego al Alto de Santarbás, este alto es un cruce de caminos que permite dirigirse hacia Cangas, hacia Trones y hacia la sierra de Abanceña; decido tomar dirección a Trones para coger agua en la fuente de Linares y vuelvo sobre mis pasos, para continuar la ruta ascendiendo hacia el pico Latrene (1.037 m) , desde aquí el camino llanea ondulante por el mar de pastizales que hay a ambos lados de la sierra, estos pastizales dibujan un contraste perfecto entre el verde de los campos y el oscuro de los grises de las montañas circundantes.

Besullo

En la zona de Peñas Altas me desvío a comer a la ermita de Bordondio, situada en medio del desierto verde de los pastizales del pueblo de Trones. Tras una buena merienda y una buena siesta a la sombra de los árboles de la ermita, retomo el camino hacia las Peñas Padrún (1.122 m); estas peñas cámbricas se alzan como dos mudos testigos de los grandes esfuerzos geológicos que levantaron estas montañas; en estas peñas hago mi tercera parada ya que la visibilidad desde este enclave es espectacular, girando 360 grados sobre las peñas nada se interpone entre mí y el horizonte, disfruto de una buena panorámica de las sierras de Iboyo y Cazarnosa, del río Arganza que corre libre por poco tiempo hasta el embalse de Pilotuerto, también se ven los pueblos de Besullo, Irrondo y Cerecedo de Besullo. Esto me recuerda que tengo que visitar en el pueblo de Cerecedo a Delfina de casa Cascarín. para que me cuente historias sobre la posguerra y como era la forma de vida en estos pueblos en tiempos muy difíciles. (Esto será otro artículo que titularé: “Supervivientes, Delfina la filandera de Cerecedo de Besullo”.

Perfil de la ruta desde Cerecedo de Besullo

Volviendo sobre las vistas de las Peñas Padrún lanzo una mirada infinita sobre el horizonte y veo la ruta andada. En esta parada me tomo mi tiempo saboreando la brisa y agradando la vista con el contraste de colores verdes, marrones, azules, blancos, pliegues, montañas, anticlinales, sinclinales, pueblos; solo falta el mar para ser completo este momento. Diviso el pueblo de Tineo, la fana de Genestaza, los molinos gigantes blancos que domestican el aire en la sierra de Los Lagos, en primer plano se ven los pueblos de Abanceña y Escrita, también se ven los límites de los pastizales de Escrita y Villar de Bergame. Como dato curioso creo recordar que en Villar de Bergame vive Olga; una mujer conocedora de las propiedades medicinales que tienen las hierbas del contorno, conocimientos que heredó de su suegra y que aplica para tratar con éxito la cura del herpes.

Panorámica desde Peñas Padrún

Bajando de las Peñas Padrún, antes de incorporarme a la ruta principal me desvío un poco por la pista que baja al pueblo de Las Avelleras y de repente se presenta ante mi una panorámica completa del valle de Las Montañas, aquí animales salvajes, ganado domesticado y hombres conviven desde tiempos inmemoriales en este valle húmedo. En esta zona, la naturaleza se ve poco alterada por la mano del hombre; bueno esto no es del todo cierto ya que al lado de San Félix de Las Montañas se ve un fabuloso tajo o corta artificial que nos recuerda tiempos pretéritos donde los romanos utilizaron toda su ingeniería para expoliar el oro de estas montañas.

Según los cálculos se movieron tres millones de metros cúbicos de montaña en esta zona. Para hacer esto sin maquinaria se necesita mucha mano de obra; no dejo de imaginar a nuestros antepasados transitando desde sus castros hacia esta mina para extraer el vil metal exigido por el imperio.

Pueblo de Escrita

Me queda la buena sensación que estos romanos no pudieron someter del todo a nuestros antepasados ya que por la fuerza se enfrentaron a caudillos astures indomables como Liranto en oriente, Gauzón en el centro y Asur en Occidente, que obligaron a las legiones de Augusto la amarga necesidad de pactar las paces. Parte de estos pactos permitirían a estos trabajadores de la zona ser libres y por lo tanto trabajar por una especie de sueldo. Bueno,… esto son especulaciones mías pensando que los asturianos siempre fuimos muy cojonudos.

Valle de Las Montañas

Para saber la realidad de la minería romana en la zona, hay que buscar referencias de varios autores latinos; entre ellos Silio Itálico, que cantó la Segunda Guerra Púnica entre los años 88 y 89 y asigna a Asturias un puesto prominente en la explotación del oro, describe al minero local como de tez amarillenta con gran parecido al oro.

Pero el gran divulgador de la riqueza aurífera de esta región fue Plinio el Viejo, éste señala que se extraían unas veinte mil libras romanas anuales, esto es, unos seis mil quinientos cuarenta kilos de oro y que en parte corresponden al solar de Asturias (esencialmente Asturias y León).

Explotación romana de oro en San Félix de las Montañas

Es difícil evaluar la incidencia de la minería del oro durante la romanización, pero teniendo en cuenta el numero de “cortas” conocidas y que la ley de los yacimientos primarios está comprendida, por término medio entre 0,5 y 3,5 gr/Tm, Sánchez Palencia infiere que se han movido unos setenta y cinco millones de metros cúbicos de materiales (por seiscientos setenta y cinco millones en todo el NO), lo que proporciona una cifra de doscientos treinta mil kilos para el oro extraído en Asturias durante la dominación romana.

Cuando se va de turismo a Italia y se visitan las grandes obras del imperio tenemos que recordar que gran parte de éstas se pagaron posiblemente con el oro que nos llevaron los romanos de Asturias, bueno,… esto también es una especulación mía.

Geológicamente, la explotación de San Félix se trata de un yacimiento primario donde se presentan diques de lamprófidos y de albititas que parecen formar parte del cortejo filoniano de rocas ígneas no aflorantes. En esta corta se presentan brechas de relleno de fisuras, de tonalidad blanquecina, constituidas por cantos de albita y cuarzo.

Braña de La Viña

Se nota que me gusta el tema pero no me enrollo más, ya que debo seguir camino en ruta hacia el pueblo de La Viña. Dejo el valle de Las Montañas y vuelvo sobre la ruta original bordeando el pastizal de Escrita por su parte más alta dirección a Vega de la Mula (1.137 m), continuando este camino me lleva hasta la braña de La Viña (1.007 m). Esta braña es posiblemente el enclave ganadero mas llamativo de la zona y tiene unas características muy peculiares que la diferencian de otras brañas. En las construcciones del conjunto ganadero alternan cuadras para guardar el ganado y hórreos para almacenar productos.

Conjunto de hórreos y brañas de La Viña

Bajando hacia la braña veo sombras que dejan imaginar entre los arbustos lejanas miradas de algún animal que me extraña y que posiblemente sea un corzo. Sigo bajando y ya la niebla se va disipando dejando ver el conjunto de hórreos y de brañas de La Viña. La braña está encaramada a 1.007 m de cota, sobre una pudinga carbonífera que está erosionada por ambos lados. Desde este montículo se domina hacia el sur la sierra de Peña Ventana, la sierra de Oballo y los abruptos perfiles que presenta el encajado y cerrado valle de La Viña.

Ganado en la braña

El conjunto ganadero está bien conservado, destaca un techo de uralita que hubiera sido preferible que fuera de losa como las demás del contorno (pero es mejor tener este techo a que este totalmente destruido). Los hórreos son muy llamativos y uno no está acostumbrado a ver estas construcciones fuera de los pueblos, situados en una braña de cuadras para el ganado, así que pregunto a un vecino cual es la función de estos hórreos en plena braña y me dice que antiguamente en la zona llana del monte se sembraba toda de trigo y de patatas y como el pueblo estaba tan lejos se almacenaban todos los productos en estos hórreos. También valen para albergar al brañero ya que dentro de los hórreos aún hay camas. Sintetizando, antiguamente se hacia vida en la braña, la mayoría del tiempo los vecinos de La Viña estaban trabajando en la zona alta y dormían en los hórreos.

Hórreo y braña

Tras disfrutar de este pequeño enclave ganadero empiezo la bajada hacia el pueblo de La Viña, esto se puede hacer por el camino que sale hacia la derecha de la braña, por una pista que suben los tractores o por el antiguo camino de la izquierda que baja bordeando el crestón de pudinga; aconsejo bajar por este camino viejo ya que esta menos alterado y es más espectacular.

Bajando este camino por fin llego al pueblo de La Viña con sus casas de entramados de madera, saco una fotografía y termino la ruta en la carretera del Coto donde me esperan para bajarme a Cangas.

Antes de marchar no se debe dejar de visitar los pueblos de Vega de Hórreo y Monasterio del Coto que están prácticamente al lado de este punto final de la ruta.

Contorno del pueblo de La Viña en el río del Coto

Atendiendo a los nombres actuales de la zona, Monasterio del Coto, La Viña, Vegalagar (Vega del Lagar)…, todo indica que esto fue un reducto benedictino del convento de Corias y el terreno fue zona de viña propiedad del mismo convento.

La zona de La Viña es escarpada, muy pendiente, con poco horizonte de tierra y abundante en suelo pizarroso, es propicia para la explotación de la vid. Aún se puede imaginar uno la disposición de las viñas viendo las escarpadas y pendientes terrazas de pared de piedra que todavía se conservan en las laderas del pueblo.

Hoy es una zona con un encanto especial ya que el pueblo se encuentra encaramado sobre la ladera y protegido del norte por una majestuosa y solitaria muralla natural de brecha y pudinga que hace de esta zona un paisaje especial y diferenciado.


Pueblo de La Viña

ITINERARIO: Santa Ana – Santarbás – Escrita – Braña de La Viña – La Viña.

DISTANCIA: 15 Km. a Braña de La Viña y 2,5 Km más de bajada al pueblo de la Viña.
DURACION: 5h.

DIFICULTAD: Baja. (Ruta con pendientes muy suaves, para todos los públicos)


El Centro de Cultura y Recreo de Besullo, 1935-1936

Acta de la primera junta general del ‘Centro de Cultura y Recreo’ de Besullo, celebrada el 4 de noviembre de 1935

En noviembre de 1935 se fundaba en Besullo el “Centro de Cultura y Recreo”, con el fin de propagar la cultura y establecer “un local de recreo para estrechar los lazos de amistad y confraternidad entre sus miembros”. Sus principales herramientas de cultura eran una biblioteca circulante, cuyos libros podían sacar lo socios, y un gramófono para escuchar música. El local estaba en un bajo de Casa Tomás, hoy Casa Virtudes, en el barrio de Morteiros. Funcionó solo nueves meses, hasta el inicio de la Guerra Civil en julio de 1936, pero su existencia dejó huella para toda la vida entre los que eran jóvenes en aquel tiempo. A Manuel Álvarez Faidiel, “Lulo Benino”, le oímos muchas veces y muchos años después, referirse a este Centro, del que hablaba con orgullo y satisfacción.

Los promotores del Centro fueron Florentino Hurlé Morán, Manuel Rodríguez Álvarez y Manuel Álvarez Real. El primero era médico, natural de Oviedo, y fue destinado a Besullo, donde se casó con Teresa Rodríguez Álvarez, la hermana mayor de Alejandro Casona, que era maestra y desde 1932 inspectora de primera enseñanza.

La primera y última Junta Directiva del Centro se constituyó el 4 de noviembre de 1935 y estaba formada por las siguientes personas:

Florentino Hurlé Morán, presidente del ‘Centro de Cultura y Recreo’ de Besullo, hacia 1940. Colección de Luis M. Rodríguez Sánchez.

Presidente: Florentino Hurlé Morán.

Vicepresidente: Manuel Álvarez Faidiel [de Casa Benino, de Besullo].
Secretario: Manuel Álvarez Real [de L’Andulina, de Besullo].
Vicesecretario: Francisco Muñoz Pérez.
Tesorero: Manuel Álvarez Rodríguez.
Vicetesorero: Antonio González.
Vocales: Manuel Rodríguez Álvarez, Antonio Rodríguez Castellano, Isidoro Álvarez Rodríguez [Isidro, de Casa Toreno, de L’Otriel.lo], Félix de Llano Fuentes [de Casa El Chano, de Besullo), Amador Díaz [de Casa Higinio, de Besullo] y Servando Álvarez Álvarez [de Casa Pedro García, de Besullo].

En esta primera asamblea del Centro, que empezó a las nueve de la noche y terminó a las once, el presidente, en nombre de la Directiva y recogiendo el sentir de los socios, pronunció unas palabras “sobre los fines culturales y recreativos del Centro y el cariño con que la Directiva acogerá cuantas medidas puedan redundar en beneficio de la cultura de los socios, de las familias y del pueblo en general”.

Bisuyu / Besullo, agosto de 1927. Fotografía de Fritz Krüger. Colección: Museo del Pueblo de Asturias

La organización de este Centro de Cultura fue, sin lugar a dudas, una consecuencia de varias causas: el desarrollo de la educación en este pueblo, donde desde comienzos del siglo XX había una escuela pública y otra protestante; el papel de la familia Rodriguez Álvarez, con Alejandro Casona como su miembro más conocido, y el paso de las Misiones Pedagógicas por la parroquia de Besullo, en los meses de agosto de 1932, 1933 y 1934. Las Misiones Pedagógicas fue una institución fundada en 1931 por el Gobierno de la II República Española para difundir la cultura general y la educación en la población rural; dependía del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. En Besullo, el primer año hubo actividades de cine, biblioteca y música; el segundo, de teatro y coro, cine y música, y el último, de cine y música. El promotor de estas Misiones en Besullo fue Alejandro Casona, que era vocal del Patronato de esta institución y responsable del grupo de teatro. En la organización de las Misiones llevadas a cabo en Besullo y pueblos próximos (El Pumar, Eirrondo, L’Otriel.lo, Las Montañas, etc.) participaron directamente el padre y varias hermanos de Alejandro Casona: Teresa, José y Matutina, así como los maestros José Fernández y José Llanas y el médico Florentino Hurlé, que promoverá en 1935 la creación del Centro de Cultura.

En el Archivo Histórico de Asturias (Fondo Gobierno Civil) se conserva el Reglamento del “Centro de Cultura y Recreo” de Besullo, que presentó la comisión organizadora el 26 de octubre de 1935 en el Gobierno Civil para su aprobación, así como una copia del acta de la primera junta general, que publicamos a continuación en su integridad.

Un paseo en blanco y negro

En tan sólo tres minutos recorremos distintos rincones del concejo de Cangas del Narcea, pasando por Argancinas, perteneciente al vecino concejo de Allande. Besullo, Casares (Río del Coto), Brañas de Arriba y la propia villa de Cangas son algunos de los lugares de este recorrido hecho con fotografías de Jorge Fernández Rodríguez, realizadas en los años ochenta del siglo pasado.

Alejandro Casona (Besullo, Cangas del Narcea, 1903 – Madrid, 1965)

Alejandro Casona en 1962. Colección del Museo del Pueblo de Asturias.

Alfonso López Alfonso ha escrito para el Tous pa Tous una breve y muy personal biografía de Alejandro Rodríguez Álvarez (Bisuyu / Besullo, Cangas del Narcea, 1903 – Madrid, 1965), conocido para el mundo como Alejandro Casona. Casona es, sin duda, el escritor más universal que dio esta tierra. A partir de ahora su vida podrá leerse en nuestra sección de Biografías.

 

Gabino Rodríguez con sus hijos Matutina y Alejandro, 1908. Col. Luis Rodríguez.

ALEJANDRO CASONA

Alfonso López Alfonso

Alejandro Rodríguez Álvarez nació el 23 de marzo de 1903 en Besullo (Cangas del Narcea, Asturias), era hijo de maestros. Su madre, Faustina Álvarez, natural de León, ejercía en Besullo y Alejandro nació allí un poco por casualidad. Sus hermanas mayores, Teresa y Matutina, habían nacido en Canales (León), pero él asomó al mundo en el pueblo de su padre, Gabino Rodríguez, que por entonces estaba destinado en Barcia (Valdés). El trabajo de sus padres le hará patear desde muy pronto las tierras que alcanzó a imaginar desde la castañalona donde jugó durante sus primeros cinco años de vida, que transcurrieron al abrigo de La Casona donde estaba la escuela y que años después tomaría como apellido. Su siguiente destino es Villaviciosa –con visitas a Miranda, donde había llevado la profesión a su madre- y el próximo, con unos diez años, Gijón, donde vio su primera obra de teatro. Vendrán luego Palencia y sobre todo Murcia. Allí nace como escritor al publicar en 1920 el romance “La empresa del Ave María” en la revista Polytechnicum, premiado en los Juegos Florales de Zamora. En Murcia se forma poética y teatralmente y conoce también el trabajo manual en una carpintería; allí es joven, y vive, como le recuerda en carta escrita desde Buenos Aires en 1947 a su amigo de aquellos años Antonio Martínez Ferrer -que extraigo de José Rodríguez Richart en las Actas del homenaje que con motivo del centenario de su nacimiento la Universidad de Oviedo le rindió a Casona en 2003-: “Fui actor contigo. ¿Recuerdas aquellas giras de domingo a Espinardo, Jabalí Viejo, La Ñora, Zaraiche? ¿Y aquella escapatoria con dos actrices gordas con flemones, y aquel hambre con calor y sin techo en San Pedro del Pinatar? ¡Era la educación para poner a prueba una vocación, “la legua”, donde empieza la historia del teatro español!” También amigo de Murcia es Julio Reyes, con el que retomará relación epistolar ya en el exilio –se pueden ver todas sus cartas a Reyes en la recopilación de artículos casonianos Un asturiano universal, de Rodríguez Richart-. Significativas de la importancia de los años de Murcia son estas declaraciones de Casona extraídas de una entrevista que le hizo Ernesto Nieto con motivo de la obtención del Premio Lope de Vega y que se publicó el 12 de diciembre de 1933 en el periódico Luz:

“Despertó en mí [la afición por el teatro] estando en Murcia. Acompañaba yo todas las tardes a algunos amigos al Conservatorio de aquella ciudad, donde, a manera de ejercicios se daban representaciones teatrales, y un día, faltando intérpretes sin duda, al verme llegar con mis habituales contertulios, me ofrecieron un papel en una obra de los hermanos Quintero, papel que yo acepté y que tras él vinieron otros y la afición a mí, al punto de que me matriculé en una clase de Declamación durante tres años consecutivos… Y de este regusto que sacaba al teatro nació mi primera obra escrita para la escena”.

En 1922 ingresa en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, termina la carrera en 1926 y obtiene el título de Inspector de Primera Enseñanza, presentando la memoria de trabajo El Diablo (su valor literario, principalmente en España). Ese mismo año de 1926 publica en la editorial Mundo Latino, que dirige su amigo Alfonso Hernández-Catá, su primer libro, El peregrino de la barba florida, “leyenda milagrosa” con reconocible influencia valleinclanesca que lleva un laude de Eduardo Marquina y una salmodia final del citado Hernández-Catá. En Madrid entrará Alejandro Rodríguez Álvarez en contacto con la vida literaria de la capital, con autores reconocidos, y siempre tendrá por determinante la influencia de Antonio Machado y Valle-Inclán. En Madrid, en una pensión de la calle Toledo escribiría en colaboración con Salvador Ferrer Colubert su primera pieza teatral –de la que no se tiene más noticia que el testimonio del coautor recogido por Rodríguez Richart en 1961-. La obra en cuestión, de un solo acto, se titulaba El otro crimen. Asiste el joven Alejandro a las tertulias del Pombo y Platerías, se relaciona con otros escritores y frecuenta las sesiones de teatro organizadas por los Baroja –“El mirlo blanco”- o Valle –“El cántaro roto”-. También empieza en este momento su labor como traductor del francés, vertiendo autores como Thomas de Quincey o Voltaire. En agosto de 1928 lo destinan al pueblo de Lés, del Valle de Arán, en los Pirineos, y en octubre de ese año se casa en San Sebastián con Rosalía Martín Bravo, compañera de estudios en Madrid. En Lés permanece hasta febrero de 1931. Durante este tiempo adapta El crimen de Lord Arturo, estrenado en 1929 en Zaragoza por la compañía de Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, primera vez que aparece en cartel el seudónimo A. Casona; escribe la biografía Vida de Francisco Pizarro, y en 1930 nace en Lés su única hija, Marta Isabel, casi al tiempo que autoedita el libro de poemas La flauta del sapo, estreno en libro del seudónimo Alejandro Casona. También este año aparecerá en el número del 7 de octubre de 1930 de la revista Estampa su cuento Bernadetto; y desde Lés enviará al empresario teatral Adrià Gual su primera obra realmente importante: La sirena varada; éste se la pondrá en las manos a Margarita Xirgu, quien la estrenará, aunque años más tarde y después de que Casona gane el prestigiosos premio teatral Lope de Vega en diciembre de 1933. La obra no se dará al público hasta la temporada de 1934.

Cerrada en falso la dictadura de Miguel Primo de Rivera con la dictablanda de Berenguer, llega el 14 de abril de 1931 y para Alejandro Casona, como para muchos otros españoles ilusionados con la II República, se abre una época de trabajo febril al ser nombrado director del Teatro del Pueblo de las Misiones Pedagógicas creadas por Manuel Bartolomé Cossío. Saldrá entonces a los pueblos recónditos de España portando en carros y coches mucho teatro, cine, bibliotecas y lo que haga falta, como se deja ver en sus actuaciones en las aldeas de Sanabria o las del occidente asturiano. “A semejanza de la Carreta de Angulo el Malo –dejó escrito en la “Nota preliminar” a su Retablo jovial-, que atraviesa con su bullicio colorista las páginas del Quijote, el teatro estudiantil de las Misiones era una farándula ambulante, sobria de decorados y ropajes, saludable de aire libre, primitiva y jovial de repertorio. Formado por estudiantes y consagrado a auditorios sin letras, no podía ser de otra manera […] Durante los cinco años en que tuve la fortuna de dirigir aquella muchachada estudiante, más de trescientos pueblos- en aspa desde Sanabria a la Mancha y desde Aragón a Extremadura, con su centro en la paramera castellana- nos vieron llegar a sus ejidos, sus plazas o sus porches, levantar nuestros bártulos al aire libre y representar el sazonado repertorio ante el feliz asombro de la aldea. Si alguna obra bella puedo enorgullecerme de haber hecho en mi vida, fue aquella; si algo serio he aprendido sobre pueblo y teatro, fue allí donde lo aprendí. Trescientas actuaciones al frente de un cuadro estudiantil y ante públicos de sabiduría, emoción y lenguaje primitivos son una educadora experiencia”.

En 1932, Alejandro Casona se alza con el Premio Nacional de Literatura por su compendio de lecturas para jóvenes Flor de leyendas, libro ilustrado por Rivero Gil, quien estuvo después de la guerra exiliado en México y aparece retratado en uno de los libros más repletos de jovialidad y rico en anécdotas que ha dado el exilio español en México: La librería de Arana, de Otaola. Desde entonces empezó para Casona una época dorada que, como dramaturgo, ya no le abandonaría y le llevó a estrenar La sirena varada, saltando con esta obra a la primera fila de dramaturgos renovadores del teatro nacional. El 12 de enero de 1935 estrena sin mucho éxito en el Teatro Ruzafa de Valencia la adaptación del cuento de Hernández-Catá El misterio de María Celeste. En abril la Xirgu pone en escena Otra vez el diablo. Para noviembre de ese mismo año la compañía de Pepita Díaz y Manuel Collado estrenará en Barcelona la obra que hará de Casona un abanderado de la II República: Nuestra Natacha, ni por asomo su mejor obra, pero sí la más moralizante –otros dirán pedagógica- y la más a tono con los tiempos. En febrero del año siguiente, el emblemático 1936, la misma compañía estrena Nuestra Natacha en Madrid. Ese mes se celebran las elecciones generales a las que las izquierdas, habiendo escarmentado del fiasco de 1933, llevan bien aprendidas las ventajas de la ley electoral y concurren unidas, por lo que triunfa el Frente Popular.

Para cubrir estas elecciones el diario argentino Noticias Gráficas envió a Madrid a Pablo Suero, un periodista nacido en Gijón y emigrado de niño. Suero, tras su regreso a Buenos Aires da a la estampa el libro España levanta el puño, en el que reúne todas las entrevistas que durante esos días de febrero hizo en España y por las que pasa toda la plana mayor de la política y la cultura nacional: Azaña, Gil Robles, Calvo-Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Dolores Ibárruri, Largo Caballero o Indalecio Prieto; Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Pío Baroja, los hermanos Machado, Antonio de Hoyos y Vinent, Juan Ramón Jiménez, Eduardo Zamacois, Ramón Gómez de la Serna, o los más jóvenes Federico García Lorca, Rafael Alberti y Alejandro Casona. El domingo 16 de febrero de 1936 Suero y Casona coinciden en la redacción del periódico La Voz, que dirigía Paulino Masip, y, nos cuenta Suero, ambos deseaban el triunfo del Frente Popular. Pocos días después de las elecciones Suero entrevista a Casona en el café La Granja del Henar –que había sido centro de operaciones del ceceante Valle-Inclán-. Hablan de teatro, del reciente estreno de Nuestra Natacha y del éxito que ya había tenido el dramaturgo en Buenos Aires un par de temporadas atrás con La sirena varada. Casona expone el respeto que siente por autores como Benavente, los Quintero o Arniches, sin que esto impida ciertas críticas por la verdadera necesidad que existe de renovar la escena española, de potenciar la cantera de actores y dejar de lado el divismo femenino de Benavente, que tanto favorece los papeles para heroínas. Preguntado Casona acerca de la nueva generación de autores teatrales, contesta: “Desde luego, a la cabeza García Lorca, que está haciendo cosas muy interesantes; Valentín Andrés Álvarez, autor de Tararí, que es una pena esté hoy ausente del teatro; López Rubio y Ugarte, autores de De la noche a la mañana, bellísima comedia. El primero se prepara a estrenar ahora Celos del aire, que conozco y es admirable”. Y con olfato muy fino añade a los citados a Jardiel Poncela. Habla finalmente de sus ilusionados proyectos, unos proyectos que, como bien se sabe, truncará la guerra alejándolo de España durante un cuarto de siglo.

De la salida de España de Alejandro Casona se han ocupado diversos autores, entre ellos, sin ir más lejos, Federico Carlos Sáinz de Robles en su prólogo a las Obras Completas publicadas en Aguilar –a las que se fueron añadiendo piezas en las sucesivas ediciones, siendo la más completa la de 1966- o el egregio casonista Rodríguez Richart; también lo hizo, de manera algo despistada y aplicándole el prisma deformante del chiste cruel que tan bien sabe utilizar, Andrés Trapiello en Las armas y las letras –libro, por encima de las imprecisiones objetivas, de envidiable estilo literario, inusual soltura ensayística y no demasiado frecuente acumulación de conocimientos-, a cuyas salidas de tono contestó con la minuciosidad, seriedad y rigor propios del ejemplar profesor universitario Antonio Fernández Insuela en el artículo “A propósito de Alejandro Casona y la Guerra Civil”, trabajo en el que rebate el siguiente párrafo de la obra de Trapiello:

“Peor fortuna [que Benavente] como autor teatral, tuvo Alejandro Casona, que antes de la guerra se había revelado como renovador del teatro social. Le sorprendió la sublevación en Oviedo, donde tenía en cartel su revolucionaria Nuestra Natacha. El ruido de las bombas y el silbido de las balas, sin embargo, según testimonios fidedignos, le asustaron de tal manera, que huyó de la ciudad y pasó a Santander, donde tomó el primer barco que pudo, camino de Villadiego, en América del Sur”.

Matiza con razón Fernández Insuela que Casona fue un renovador del teatro, sí, pero nunca hizo teatro esencialmente social, es decir, ese tipo de teatro que busca un punto de encuentro dramático en la confrontación de clases. Saca a Trapiello del error de bulto que supone confundir Oviedo con Gijón, puesto que Nuestra Natacha se estaba representando en el por entonces Teatro Dindurra de Gijón y no en Oviedo, e ilustra con entrevistas en revistas, investigaciones de los especialistas en Casona y testimonios de éste y amigos próximos que conocieron su trayectoria, el periplo que siguió el dramaturgo hasta su salida de España en febrero de 1937, vía Francia, con la compañía de Pepita Díaz y Manuel Collado. Así que ni salió Casona desde Santander ni cogió el primer barco que pudo, pues aún estuvo en un hospital de Madrid montando representaciones para heridos de guerra con el Teatro del Pueblo y dando alguna conferencia sobre teatro en Valencia antes de dejar definitivamente España. Asustado, claro, estaría como el que más.

Alejandro Casona (segundo por la izquierda en la primera fila) junto a un grupo de escritores venezolanos, en Caracas, abril de 1938. Foto de L. F. Toro. Col. Luis Rodríguez.

Desde su salida de España comienza un periplo americano que se extenderá largos años. Le lleva a fondear por un día en La Habana, donde pasa escasas horas, pero deja algún rastro en la prensa. Vendrá después un largo peregrinar que incluye México, Costa Rica, Venezuela, Perú, Colombia, México y Cuba de nuevo, hasta que se asienta finalmente en Buenos Aires en 1939. En el exilio irá tejiendo lo más maduro y mejor de su producción teatral: Prohibido suicidarse en primavera, La dama del alba, La barca sin pescador, Los árboles mueren de pie, La tercera palabra o La casa de los siete balcones, por citar sólo las mejores de una larga lista.

Durante estos años de exilio daría pruebas de su firme compromiso con la II República y, por extensión, con causas que consideraba justas o progresistas, dignas de su actitud comedida, alejada siempre del panfleto, pero sólida, como han dejado claro Fernández Insuela e Isabel Jardón en sus respectivos trabajos “Sobre política y periodismo en Alejandro Casona” y “Una mirada a la figura de Alejandro Casona a través de su correspondencia con Joaquín Maurín Juliá”. Durante mucho tiempo no dejó estrenar sus obras en España y puso por escrito, en la íntima confidencialidad que acompaña a la carta privada -que no se escribe pensando en el público, aunque sí se puede escribir pensando en la posteridad-, las impresiones que le producían el desarrollo de la guerra civil española y la política internacional. Buen ejemplo de esto es toda la correspondencia del autor que ha ido saliendo a la luz, y muy especialmente la que mantuvo con otro escritor asturiano exiliado: Luis Amado Blanco, que conocemos gracias al trabajo de Roger González Martell recogido en las citadas Actas del congreso de 2003.

El 1 de junio de 1937 le escribe Casona a Amado Blanco desde México:

“De España no sé que decirte; tengo fe en el triunfo final sí, a pesar de esta bárbara actitud alemana, que indica cómo el fascismo está dispuesto a todo. De todos modos, nuestra amable vida de allá ha terminado; me imagino un futuro Madrid de vida dura, áspera; un Madrid de volver a empezar. Y nosotros, jóvenes para nuestra vida de entonces somos ya viejos para eso. Nos han destrozado irremediablemente. Pero otra vida; la nuestra, ya pasó. ¡Y qué bonita era!, ¿te acuerdas? Para el futuro, teatro de combate, cine de combate, organización en masa, disciplina. Para los hijos, todo el horizonte; para nosotros, recordar un poco ¡ya! Y esfuerzo de adaptación. Sólo el consuelo de pensar que lo otro sería tan cien veces peor que ni podríamos respirarlo. Desde que empezó esto dedico media hora diaria a cagarme en Dios, y no me basta. ¿Con cuántas vidas podría pagarnos Franco lo que nos ha hecho? El resto de las horas se lo dedico a él”.

En esta correspondencia se ve al intelectual de altura y al hombre abatido, superado por la locura colectiva, al Casona más de a pie, para entendernos, que dedica algún espacio a los rumores que le llegan y a examinar la conducta de sus compañeros de oficio, que no siempre salen bien parados, aunque en su momento hayan sido maestros admirados como Marquina. El 18 de julio de 1937, justo un año después del inicio de la guerra le escribe a Amado Blanco, otra vez desde México, lo que sigue:

“Se ha vuelto loco el padre de García Lorca en Bruselas y ha muerto allí mismo la madre. ¡Trágico destino de una familia! Los hermanos han retirado su repertorio a Lola Membrives, que lo utilizaba para hacer homenaje a las tropas “salvadoras de la civilización y el catolicismo”. –Marquina cerdea en Buenos Aires: no ha visitado siquiera a la Xirgu, que ha estrenado la mitad de su producción. –Arniches, no tanto, pero nada a dos aguas. –Baroja escribe contra el Gobierno, insultando de paso a los otros: anarquismo mental muy pasado y desde luego imperdonable. –Azorín juega a “la tercera bandera”; no está del todo mal, pero tiene compromisos económicos con March. –La Heredia y los Guerrero-Mendoza, fascistas. Casimiro Ortas también, pero eso lo tienen merecido. –Benavente, cada vez más antifachista y útil. –Los Quintero, discretamente bien. –Por aquí, haciendo buena campaña, Pijoan y Moreno Villa. ¿Qué tal en La Habana Menéndez Pidal?”.

El 7 de agosto de 1938, esta vez desde Bogotá, enseña su irreductible optimismo, su desasosegante interés por lo que pasaba en España y su generosidad y desprendimiento para con los amigos, entre ellos los asturianos Constantino Suárez o Eduardo Martínez Torner:

“[En tu carta me das] una descripción terrible de la represión en Asturias, que he leído a varios amigos, y que me espanta siempre que la releo como una pesadilla imposible de sevicia, de sadismo monstruoso, de borrachera criminal enraizada en un profundo miedo a la justicia que indudablemente ha de venir un día. ¿Está ya en camino? Las últimas noticias de España me tienen nerviosamente ilusionado; no puedo dormir esperando cada día los periódicos del siguiente. La ofensiva del Ebro no parece una cosa inorgánica, de osadía desesperada; creo que inicia un golpe seguro y decisivo sobre la retaguardia franquista. Gandesa, Albarracín, carretera de Teruel, pueden ser una magnifica tumba inesperada para esos lobos de Asturias. […]

A nuestros amigos les escribo a menudo y les voy ayudando en cuanto puedo. Desde Caracas empecé el envío sistemático de víveres, por conducto de la Cámara de Comercio, en paquetes de quince y veinte kilos; ya he tenido aviso de la llegada de cuatro envíos. ¡Y con qué ilusión los reciben! Tienen hambre, Luis; así, sencillamente: hambre”.

Por momentos duros pasa Casona a lo largo de estos años de guerra en los que está fuera y las cosas de la compañía de Pepita Díaz y Manuel Collado empiezan a andar no muy bien, hasta el punto de que prescinde de él y se ve ahogado económicamente, como le hace saber a Luis Amado Blanco en carta del 26 de enero de 1939. El 11 de abril de ese año, recién terminada la guerra, Casona escribe de nuevo a Amado Blanco, seriamente preocupado por la suerte de los amigos que ha dejado en España:

“Por Constantino sufro como tú. Estoy seguro que ha aguardado impávidamente su suerte en Madrid, acaso sin buscar refugio alguno. Tiene una fe extraordinaria en la limpieza de su conciencia y de su conducta; y no se da cuenta de que en esto, como en el automovilismo, el peligro no está en el que conduce sino en le que viene contra nosotros. ¡Ojalá esté tranquilo, aunque tenga el alma deshecha!”.

Poco a poco las cosas se van calmando y, tras asentarse en Buenos Aires, Casona entra en una dinámica de trabajo que lo va acomodando en una vida de sosiego más o menos burgués retomada después de un largo peregrinar por los teatros latinoamericanos. Sin embargo, como se ve en la correspondencia con Maurín mencionada más arriba, no porque su vida sea más cómoda, disponga de casa de verano en Uruguay y viva más tranquilo se olvida de los problemas del mundo. La relación con Joaquín Maurín Juliá se dilata una década, desde 1955 hasta 1965, y es más profesional que personal. En realidad las cartas son entre Alejandro Casona y J. M. Juliá, director de la agencia literaria ALA (American Literary Agency, luego llamada Agencia Latinoamericana) afincada en Nueva York y encargada de colocar en los más diversos periódicos –fundamentalmente latinoamericanos, pero también de Nueva York, de Miami o de España- los artículos de Casona, quien enviaba lo escrito y a vuelta de correo recibía de Maurín una carta y un cheque. Esa era su relación, porque parece que Casona nunca llegó a saber que J. M. Juliá era en realidad Joaquín Maurín Juliá, el mismo que en 1930 había fundado el BOC (Bloque Obrero y Campesino), fusionado años después con otro partido de izquierdas dirigido por Andreu Nin, unión que daría como resultado la formación de corte trotskista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), sobre cuya aniquilación durante la guerra –encarnada muy gráficamente en el martirio de su máximo dirigente, Andreu Nin- todavía tiene mucho que explicar el Partido Comunista de España. Maurín se había pasado once años en las cárceles franquistas –de 1936 a 1947- pero nunca se identificó con claridad ante Casona, lo que quizá influyera algo en la polémica decisión del dramaturgo de no firmar un Manifiesto en apoyo a Hungría que Maurín le envía a finales de 1956. Casona se niega a incluir su firma en el Manifiesto aduciendo una cuestión semántica, pues le parece que la petición de justicia y libertad que se hace para Hungría debe ser extensiva a todos los “Gobiernos totalitarios que, en el Viejo y el Nuevo Mundo, niegan a sus ciudadanos las libertades básicas.” –Cito por el artículo de Fernández Insuela en las Actas del centenario-. Esta negativa hace enfadar bastante a Ramón J. Sender, que situado en una posición trotskista, en su correspondencia con Maurín carga contra Casona y le acusa de stalinista.

En Buenos Aires trabaja Casona escribiendo teatro, guiones de cine y televisión, programas de radio y artículos de prensa. Trabaja, viaja por América y Europa, tiene éxito. En su obra el compromiso no está tan vinculado a la realidad como en su vida. Su obra es un espacio reservado para el amor y la dignidad humana. Gran parte de su producción gira en torno a una idea fundamental: evadirse o salvarse a través del arte. En el teatro de Casona la realidad suele vencer a la postre, pero es tan bella la fantasía mientras dura… En teatro, a esa idea pueden dársele muy buenas soluciones dramáticas, como en La sirena varada o como en Prohibido suicidarse en primavera, pero en la vida es más difícil.

Alejandro Casona en Oviedo, 1963. Col. Museo del Pueblo de Asturias.

En 1962 Alejandro Casona vino a España para asistir al estreno en el Teatro Bellas Artes de Madrid de su obra La dama del alba. José Tamayo lo había invitado y él aceptó que por primera vez desde 1936 se estrenara una obra suya en los escenarios españoles. En 1963, tras un periodo de gestiones y dudas, volvió a España. Como les hizo ver a dos asturianos que lo entrevistaron largamente, Juan José Plans y Marino Gómez Santos, la nostalgia de España ya no le dejaba vivir fuera. Además estaban los problemas de salud y la necesidad de estar cerca de la familia. La crítica, como es sobradamente conocido, lo recibió con una de cal y otra de arena. Su arte, como había sucedido en 1936, se politizó y mientras para unos tenía un valor incuestionable para otros –como Ricardo Doménech o Ángel Fernández Santos- el teatro de Casona era anestesia edulcorante, un lenitivo amansador que estaba muy lejos del teatro comprometido socialmente que ya se estaba haciendo en España. ¿Quién tenía razón? Puede que a su manera todos. ¿Claudicó Casona? Sí, claro que claudicó. Permitió que sus obras se estrenaran bajo un régimen personificado en quien durante las horas difíciles de la Guerra Civil se había cagado casi tanto como en Dios. Casona, el hombre, claudicó, ¿y qué? ¿Quién puede juzgarlo? ¿Quién tiene derecho? ¿Quién ha aguantado 25 años fuera de casa en una impecable actitud de dignidad, de decencia? Casona no era un político. Era un escritor y no se representaba más que a sí mismo y a su obra, una obra, por cierto, que como todas las grandes obras estará siempre ahí, ajena a la vida de su autor, por encima del hombre que fue, por encima, y sin embargo al alcance, de todos nosotros. ¿Claudicó Casona? Bueno, pero no olvidemos que para juzgar a un hombre hay que caminar siete lunas con sus zapatillas. Casona claudicó y supo hacerlo como lo hacía todo, con elegancia y dignidad. Murió en Madrid el 17 de septiembre de 1965. Vino a morir a casa, que es donde queremos morir todos los que al abrir por primera vez los ojos a este mundo vimos las hayas, los robles y los castaños, las montañas altas y los prados verdes; y escuchamos su lenguaje como una cadencia dulce que se fue alojando en la conciencia para grabarnos en la memoria la profecía de que antes de morir tenemos que ovillarnos como un feto y volver al origen, porque la vida es más de quien sabe morir arropado por el manto caliente de la tierra que le enseñó el primer lenguaje, el del paisaje, que entra por los ojos y los oídos y no entiende de significantes y significados y es tan universal que cada hombre tiene el suyo propio, que de quienes viven peligrosamente y mueren como héroes, porque ya sabemos que los héroes gastan almas de poetas e inician siempre todas las guerras, pero quienes las sufren son los que no tienen más que su condición de hombres.

El asturiano occidental en la voz de Lorenzo Rodríguez-Castellano

Lorenzo Rodríguez-Castellano (Besullo, 1905 – Oviedo,1986)

El lingüista Lorenzo Rodríguez-Castellano (Besullo, 1905 – Oviedo, 1986) fue un intelectual republicano y liberal de origen cangués que durante treinta años, en el periodo de la dictadura franquista, desarrolló una ingente labor en favor de la lectura en Asturias como coordinador provincial de las bibliotecas públicas. Además de pilotar el complejo tránsito de las bibliotecas de la República al Franquismo, Rodríguez-Castellano fue el principal promotor para formar una Biblioteca Pública de Oviedo. También desarrolló una importante labor investigadora como filólogo, llegando a ocupar la vicesecretaría del RIDEA. Fue galardonado por sus tesis sobre Aspectos del bable occidental  (1954) por el CSIC con el premio Luis Vives.

El primer relato que recita Lorenzo Rodríguez-Castellano en el siguiente vídeo, es el romance “Farruquín el de Buseco”, de José Mª Flórez y González (ver Composiciones en dialecto vaquero, 1883, en la Biblioteca Digital del Tous pa Tous) y el segundo es “El viaxe de Xuaco de La Fulgueirosa”, una narración, basada en un hecho real, escrita por el mismo Rodríguez-Castellano.


 

El asturiano occidental en la voz de Lorenzo Rodríguez-Castellano

Lorenzo Rodríguez-Castellano (Besullo, 1905 – Oviedo,1986)

El lingüista Lorenzo Rodríguez-Castellano (Besullo, 1905 – Oviedo, 1986) fue un intelectual republicano y liberal de origen cangués que durante treinta años, en el periodo de la dictadura franquista, desarrolló una ingente labor en favor de la lectura en Asturias como coordinador provincial de las bibliotecas públicas. Además de pilotar el complejo tránsito de las bibliotecas de la República al Franquismo, Rodríguez-Castellano fue el principal promotor para formar una Biblioteca Pública de Oviedo. También desarrolló una importante labor investigadora como filólogo, llegando a ocupar la vicesecretaría del RIDEA. Fue galardonado por sus tesis sobre Aspectos del bable occidental  (1954) por el CSIC con el premio Luis Vives.

El primer relato que recita Lorenzo Rodríguez-Castellano en el siguiente vídeo, es el romance “Farruquín el de Buseco”, de José Mª Flórez y González (ver Composiciones en dialecto vaquero, 1883, en la Biblioteca Digital del Tous pa Tous) y el segundo es “El viaxe de Xuaco de La Fulgueirosa”, una narración, basada en un hecho real, escrita por el mismo Rodríguez-Castellano.


Parroquia de Bisuyu / Besullo

Bisuyu / Besullo

Barrio de El Cantón:
♦ Casa’l Cura ♦ Casa vieja de Manón ♦ Casa Herminia (antes Casa Farfante y Casa Casao) ♦ Casa Pedro García o Peguarcía ♦ Casa Piñeiro ♦ Casa´l Pizo ♦ Casa Tole

Barrio de La Forna:
♦ Casa Balbino de Franciscón (deshabitada) ♦ Casa´l Chano (antes Casa La Forna) ♦ Casa Pachón d’Abaxu ♦ Casa Payarín ♦ Casa Ramonzona (hoy de Casa Payarín)

Barrio de Plaza d’Abaxu o El Pilón:
♦ Casa Antón de Cabril (antes Casa La Moderna) ♦ Casa Benino ♦ Casa Brixel ♦ Casa Cachoupu ♦ Casa Carnicero (antes Casa Segunda) ♦ Casa Don Juan ♦ Casa Gregorio (antes Casanueva) ♦ Casa Lulo Pontones (antes Casa Ramiro) ♦ Casa Manunca (antes Casa’l Rubio) ♦ Casa Marqués ♦ Casa Mazucu (antes Casa Diego) ♦ Casa nueva de Sabino ♦ Casa Reyes (antes Casa Patacón) ♦ Casa Sabino

Barrio de El Castiel.lu:
♦ Casa Castiel.lu (antes Casa Xilín y Casa La L.lastra) ♦ Casa Luis

Barrio de Plaza d’Arriba:
♦ Casa Bartuelo ♦ Casa Manón ♦ Casa Manuela la Plaza (antes Casa Carlos) ♦ Casa La Vitoria ♦ Casa Xuacón ♦ Casa Xuan de García (deshabitada)

Barrio de Cabril:
♦ Casa Arsenio Sabino ♦ Casa Cabril ♦ Casa Carral ♦ Casa Ceferino el Guardia (antes Casa Monxa) ♦ Casa Luis del Churro (antes casa Doña Jovita y Casa Pachu) ♦ Casa nueva de Berlín ♦ Casa Piloño (deshabitada)

Barrio de El Vache:
♦  Casa Barrunta (hoy de Casa Manunca) ♦ Casa Cipre ♦ Casa Concha l’Andulina (antes Casa La Ferria) ♦ Casa L’Inventa (deshabitada) ♦ Casa Lao ♦ Casa Marcos ♦ Casa Pepona (hoy de Casa El Marqués) ♦ Casa Ricardo´l Vache (dehabitada)

Barrio de Curnipando:
♦  Casa Torneso o Troneso ♦  Casa Ibarbia ♦  Casa Xuan Ferreiro

Barrio de L’Andulina:

♦  Casa Antón de Pedro García ♦  Casa Cutarelo (antes Casa Xuacu) ♦  Casa Fuseiro (deshabitada) ♦  Casa Murillo (antes Casa Pachu) ♦  Casa Pilar de L’Andulina (antes Casa La Carmelo)

Barrio El Turrión:
♦  Casa Berlín ♦  Casa Cuartín del Piloño (deshabitada) ♦  Casa Mingón ♦  Casa Pachón d’Arriba (antes Casa La Puca) ♦  Casa Sabino

Barrio El Corralón:
♦  Casa La Casona (destruida) ♦  Casa Barrigas (antes Casa Higinio)

Barrio de La Cerca:
♦  Casa Bigotes ♦  Casa Cesar el Madreñeiro ♦  Casa Julio ♦  Casa El Villo

Barrio de Morteiros:
♦  Casa La Campa (deshabitada) ♦  Casa Julio Degaña (antes Casa vieja de Don Juan) ♦  Casa El Médico ♦  Casa La Monxa ♦  Casa Virtudes (antes Casa Tomás)

Cupuertu

♦ Casa Canelu ♦ Casa Marcos ♦ Casa Militar ♦ Casa Puerende (deshabitada)

Eirrondu de Bisuyu

♦ Casa AnchónCasa Avelino (deshabitada) ♦ Casa Baldomero (antes Casa Miranda) ♦ Casa Benino ♦ Casa Benito (deshabitada) ♦ Casa Calea ♦ Casa Campo (deshabitada) ♦ Casa Castrosín ♦ Casa Cordeiro ♦ Casa Fonso ♦ Casa Lia de Peire (deshabitada) ♦ Casa Milia (antes Casa L´Hijo) (deshabitada) ♦ Casa Milio (deshabitada) ♦ Casa Pachón ♦ Casa Paulino (antes Casa Baldomero) (deshabitada) ♦ Casa Patricio ♦ Casa Peiral ♦ Casa Peire ♦ Casa La Presa (deshabitada) ♦ Casa Regueiro ♦ Casa Rosaura (antes Casa Escarraman) ♦ Casa Rozas ♦ Casa Segundo ♦ Casa Simón ♦ Casa Viso

Feidiel

♦ Casa Anxelu ♦ Casa Cabecilla ♦ Casa Lías ♦ Casa Galucheiro (deshabitada)

L´Outriel.lo

♦ Casa Benina ♦ Casa La Bolera ♦ Casa Marana (antes Casa Prico d’Alixandro) (deshabitada) ♦ Casa Matías (deshabitada) ♦ Casa Penón (antes Casa Mingo) ♦ Casa La Ponte ♦ Casa Purende (antes Casa Marqués) ♦ Casa Rabiau ♦ Casa Ricardo´l Rico ♦ Casa Segundo (antes Casa David) ♦ Casa Serrador (hoy de Casa Purende) ♦ Casa Toreno ♦ Casa Valiente

Pontones

♦ Casa Antón de Mingo ♦ Casa Placer

Pousada de Bisuyu

♦ Casa Caleyu ♦ Casa Campo (deshabitada) ♦ Casa Chano ♦ Casa García ♦ Casa Mayo ♦ Casa Pedro García o Armadina ♦ Casa Peiral (deshabitada) ♦ Casa Ribón ♦ Casa Ruperto

Sanabuega

♦ Casa Berlín ♦ Casa L.lumbón ♦ Casa Xuan

San Romanu de Bisuyu

♦ Casa Agustín ♦ Casa Farruca (deshabitada) ♦ Casa Grabiel ♦ Casa Pasariego ♦ Casa Tanasa ♦ Casa Tomás o Tomasón

Zreicéu

♦ Casa Antonón ♦ Casa Avelinón (deshabitada) ♦ Casa Carral (deshabitada) ♦ Casa Cascarín ♦ Casa Castrosín ♦ Casa Corte (antes Casa Frasquiu) ♦ Casa Cucineiru ♦ Casa Chope ♦ Casa García ♦ Casa Montaño d’Abaxu ♦ Casa Montaño d’Arriba ♦ Casa Sebil (desaparecida) ♦ Casa La Viña ♦ Casa Las Viñinas ♦ Casa Xastre ♦ Casa Xupu


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Los evangélicos de Besullo

Se dice que Besullo ha quedado como el pueblo que más obreros ha aportado a la Obra evangélica en España. En julio de 1984 el pastor Daniel Rodríguez de “Xuacón” fallecía, a la edad de 88 años. Con él moría también esta centenaria congregación. En estas fechas el diario La Nueva España decía cosas como, que sus hijos Lulo y Dina, no se sienten con fuerzas para seguir la “labor que ha dejado vacante su padre“.


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Besullo acunó a la primera farmacéutica de España (1900)

alt A finales del siglo XIX la universidad española producía 268 títulos de licenciados en Farmacia y la presencia femenina era aún insignificante. Así estaban las cosas cuando en Besullo, mitad de los habitantes protestantes y la otra mitad católicos, unas familias, deciden que sus hijas no tienen que seguir la rutina de horno-fuente-lavadero para relacionarse. Que pueden entrar como obreras en los talleres y en las fábricas, e incluso dirigirlas. Que, como decían entonces, “educar a la mujer es sembrar el árbol de la felicidad del hombre”, pero tienen que salir de un pueblo aislado y conseguir el derecho de instruirse y de llegar a la Universidad, la que quiera, la que se sienta capacitada.

Y de Besullo era Antonio Rodríguez, protestante, con dos hijas suficientemente capacitadas para estudiar. Una de ellas, Marina Rodríguez, realizó el Bachiller en el Instituto de Guipuzcoa el 27 de junio de 1896, con la calificación de Aprobado. De la segunda hablaremos en otra ocasión.

Marina eligió entonces la carrera de Farmacia, pero tuvo que vencer las trabas, entre otras, que la Universidad de Valladolid puso por el hecho de que la Fe de Bautismo no estaba firmada por un sacerdote sino por un pastor protestante, considerándola ilegal. Contra viento y marea, realizó el último curso de carrera ya como alumna oficial de la Universidad Central de Madrid donde finalmente consigue el Grado de licenciado en Farmacia, el 13 de octubre de 1900. Años después Marina Rodríguez se dedicaría a la docencia.

Aquí os dejamos un documento para que podáis conocer toda la historia universitaria de Marina Rodríguez, de Besullo (Cangas del Narcea), primera farmacéutica de España.