El instituto laboral cangués que se hizo dominico
Primavera de 1955. En un despacho del ayuntamiento, antiguo palacio del conde de Toreno, un reportero de La Nueva España entrevista al alcalde de Cangas del Narcea, Manuel Álvarez Cosmen. ¿Qué se hace en Cangas hoy? ¿Qué quiere Cangas para su mañana? El alcalde se siente cómodo. Tiene delante a un camarada. Así que se toma su tiempo y va desgranando los proyectos en los que está trabajando la corporación municipal: un mercado de ganados cubierto, una nueva traída de aguas para la villa, un parque con un quiosco para la banda de música… Bien, hemos visto que todo eso ya está en marcha decidida, le apunta el periodista; pero supongo que también habrá sueños, anhelos. Claro que los hay. Voy a hablarle, anuncia el alcalde, de nuestro sueño más querido: un Instituto Laboral.
Aquí, en Cangas, hay muy poca gente de dinero, explica Manuel Álvarez. Los grandes capitales se cuentan con los dedos. En cambio, podrían contarse por millares las familias que desean dar a sus hijos una instrucción adecuada y que no pueden hacerlo: carecen de medios económicos bastantes para mandarlos a estudiar a la ciudad. Estamos a cien kilómetros de Oviedo. Si el problema es serio para los avecindados en la villa, lo es mucho más para quienes residen en los pueblos del concejo. Pero con un buen centro de enseñanza en la villa, esos muchachos podrían venir por la mañana y regresar a su casa por la tarde en los coches correo. Lo que necesitamos es un Instituto Laboral. En principio sería agrícola y ganadero. Más adelante, cuando avance la explotación del carbón y la madera, podría ser ampliado a una modalidad industrial.
Al periodista le parece una magnífica idea. Pero el alcalde teme que todo se quede en eso, en una idea. En su día, cuenta, él mismo le puso sobre la mesa el problema al director general de Enseñanza Laboral, el camarada Rodríguez de Valcárcel. Le expliqué la situación, le di todos los datos que te estoy dando a ti. Nos escuchó y nos prometió que si cumplíamos con los requisitos, tendríamos el Instituto Laboral. ¿Y qué ha ocurrido? Seguimos sin noticia alguna, se lamenta Manuel Álvarez.
Sin embargo, ese anhelo de Cangas, ese sueño querido de los cangueses, no tarda en cumplirse. Menos de un año después de la entrevista, el 23 de enero de 1956, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publica un decreto (del 13 de enero) por el que el Gobierno que preside el general Franco autoriza al Ministerio de Educación Nacional para crear en Cangas del Narcea un Centro de Enseñanza Media y Profesional de modalidad agrícola y ganadera.
El asunto parece serio, avanza: apenas un mes después, el 25 de febrero, el BOE publica una orden (del 9 de febrero) por la que el ministerio acepta las aportaciones al proyecto del ayuntamiento cangués y de la Diputación Provincial de Oviedo: un inmueble (el antiguo palacio del conde de Toreno) o bien un terreno para construir un centro de nueva planta, alojamiento gratuito para el profesorado, subvenciones anuales (74.500 pesetas el ayuntamiento, 50.000 la diputación), dos hectáreas de tierra de secano para prácticas agrícolas…
El instituto laboral de Cangas está en marcha.
Aunque pronto deja de estarlo. Al menos tal como estaba planteado. Porque al año siguiente, en 1957, sin mencionar el proyecto anterior, como si no hubiese existido, el BOE del 17 de abril publica otro decreto. En esta ocasión, el Gobierno autoriza al Ministerio de Educación Nacional para que pueda reconocer un Centro de Enseñanza Media y Profesional no estatal de modalidad agrícola-ganadera, dependiente del ayuntamiento, en la localidad de Cangas del Narcea. El centro, señala el decreto (aprobado el 5 de abril), será instalado en el edificio que fue palacio del señor conde de Toreno.
Así pues, de un año a otro, el instituto laboral creado en Cangas por el Ministerio de Educación Nacional (esto es, público, estatal) ha pasado a ser un instituto laboral no estatal dependiente del ayuntamiento cangués.
El reconocimiento del instituto no estatal se produce con una orden ministerial del 24 de abril de 1957. La orden la publica el BOE el 5 de junio de ese año. El texto tampoco menciona la creación del instituto laboral estatal en 1956. Pero sí los ofrecimientos que hicieron entonces para el centro el Ayuntamiento de Cangas y la Diputación de Oviedo. Es decir, las subvenciones anuales, la cesión de terrenos si fuese necesario construir un centro de nueva planta… E incluso que el ayuntamiento contribuiría a esas obras con un tercio del presupuesto total.
En definitiva, la orden considera que los medios materiales y económicos con que cuenta el Ayuntamiento de Cangas para instalar el instituto laboral no estatal garantizan su funcionamiento. Por tanto, el Ministerio de Educación tiene a bien reconocer ese centro “privado” que se establezca en las instalaciones previstas por el Ayuntamiento de Cangas del Narcea, “con los medios de sostenimiento municipales y
provinciales que al efecto se habiliten”.
La calificación como centro privado no aparece hasta el final de la orden, que ocupa cerca de 80 líneas. En el encabezamiento y en el resto del texto, el centro es “no estatal”. Es un modo peculiar de atribuirle una cualidad: lo define por lo que no es. Tras tanta evitación, como para que quede claro que no es estatal, la orden termina recordando y precisando que el centro es “dependiente del Ayuntamiento” de Cangas del Narcea.
La orden está firmada por el ministro de Educación, Jesús Rubio García-Mina, quien también firma, junto con Franco, el decreto del Gobierno del pasado abril que la ha autorizado. El año anterior fue otro ministro quien firmó el decreto que creó el instituto laboral estatal en Cangas. La cartera la desempeñaba entonces, en enero de 1956, Joaquín Ruiz-Giménez. ¿Explica ese cambio de ministro la modificación sustancial del proyecto de instituto laboral para Cangas, de estatal a privado? ¿Se quedó Cangas sin instituto laboral estatal a causa del relevo en el ministerio?
El siguiente capítulo en esta historia también contiene preguntas sin respuesta, al menos por ahora. Y no es un capítulo intrascendente: ese mismo año, 1957, BOE mediante, el instituto laboral del Ayuntamiento de Cangas pasa a manos de los dominicos; el centro acaba instalado en el convento de Corias.
En 1955, en aquella entrevista al alcalde de Cangas de la que partimos, Manuel Álvarez Cosmen explicó con un solo dato las dificultades económicas que lastraban al Ayuntamiento. El alcalde le dijo al periodista de La Nueva España que el presupuesto municipal anual era exiguo, de aproximadamente 1.800.000 pesetas. De ahí que las obras que enumeraba avanzasen “poco a poco”. ¿Cómo podía el municipio hacer frente entonces al gasto que suponía la creación y mantenimiento del instituto laboral? En el BOE había quedado escrito que el Ayuntamiento de Cangas disponía de medios materiales y económicos que garantizaban el funcionamiento del centro. Pero la realidad y el BOE no parecían ir de la mano. Salvo que faltase un dato relevante que explicase el aparente desajuste.
El 20 de julio de 1957, menos de dos meses después del reconocimiento del instituto laboral no estatal publicado en el BOE, el Ayuntamiento de Cangas renuncia a ponerlo en marcha. En una instancia, comunica al Ministerio de Educación que no puede asumir “las obligaciones íntegras” que implica la autorización. Aunque propone una alternativa: el ayuntamiento solicita que esa autorización revierta a favor de la Comunidad de Padres Dominicos. Y aclara que se compromete a contribuir al sostenimiento del centro, a cumplir cuantas obligaciones legales y económicas figuraban en la orden que autorizó el instituto.
Esta petición del Ayuntamiento de Cangas la menciona una orden del Ministerio de Educación (del 15 de octubre de 1957) que el BOE publica el 7 de noviembre de ese mismo año. Es una nueva orden que, tal como solicitaba la Corporación municipal canguesa, reconoce como Centro de Enseñanza Media y Profesional no estatal, de modalidad agrícola y ganadera, al que se establezca en “el Convento de Corias de la Villa de Cangas del Narcea”. De nuevo aparece la definición de no estatal y, también nuevamente, al final del largo texto el instituto es calificado como “Centro privado de Enseñanza Media y Profesional”.
Es un centro privado, efectivamente, pero recibirá una importante aportación económica del Ayuntamiento de Cangas y de la Diputación Provincial de Oviedo. Como hay que concretarla, acordarla y comprometerla, el presidente de la Diputación, el alcalde de Cangas y el dominico Emilio González Alonso se reúnen en Oviedo el 6 de septiembre de 1957.
El acta de esa reunión figura en la nueva orden publicada por el BOE. Ahí queda establecido que los dominicos se comprometen a “la dirección y administración total” del instituto laboral. Y, entre otras cuestiones, que si lo estiman oportuno, pueden pedir colaboración de profesorado y otro personal tanto al ayuntamiento como a otras entidades oficiales o particulares. También que en cualquier momento, si lo juzgan oportuno y hay causa razonable, pueden decidir libremente la suspensión temporal o total del instituto; aunque tendrán que avisar al Patronato Provincial con seis meses de antelación.
El Ayuntamiento de Cangas adquiere varios compromisos en ese documento: subvencionará anualmente con 75.000 pesetas el sostenimiento del instituto laboral; creará becas, “las más posibles”, con destino a “estudiantes pobres” que el ayuntamiento proponga y apruebe la dirección del instituto (es decir, los frailes se reservan el derecho de admisión); y colaborará con los dominicos, cuando sea requerido, en todo lo referente al profesorado, material, etc.
En cuanto a la Diputación de Oviedo, el acuerdo la compromete a confirmar la subvención anual de 50.000 pesetas que aprobó en su día (para el instituto laboral estatal de Cangas).
El acuerdo incluye la creación de un Patronato local que tutelará el funcionamiento del instituto laboral. Lo presidirá el alcalde de Cangas y formarán parte de él tres padres de familia vecinos de Cangas (los designará el alcalde), el diputado provincial de la circunscripción, un representante de las empresas del municipio, otro de los productores (término franquista que designaba a trabajadores, obreros y empleados) y el director del instituto laboral.
Tras reproducir lo principal del convenio, la orden que autoriza la creación del instituto laboral en el Convento de Corias se extiende en cuestiones legales sobre los estudios que impartirá el centro y el profesorado. La firma el ministro Jesús Rubio García-Mina.
El 18 de septiembre de 1957, La Nueva España publicó en su página 15 un pequeño anuncio: “Instituto Laboral de Cangas del Narcea. Los exámenes para ingreso de este Centro tendrán lugar el próximo día quince de octubre. Para datos, dirigirse al secretario de dicho Centro, en el convento de los PP. Dominicos de Corias”. Faltaba casi un mes para que fuese firmada la orden que autorizaba la puesta en marcha del instituto en Corias (tiene fecha de 15 de octubre) y un poco más para que la publicase el BOE (el 7 de noviembre). Una vez más, la realidad y el BOE caminaban a un ritmo distinto.
Unos meses antes del inicio de la apertura del instituto laboral en Corias, en este señalado año de 1957, el convento se había quedado sin la Escuela Apostólica. El seminario había sido trasladado a León, a la Virgen del Camino. De modo que los dominicos recuperaron muy pronto la actividad docente y estudiantil gracias a la oportuna cesión que le hizo el Ayuntamiento de Cangas.
Ahora bien, ¿por qué en 1957 le autorizan al Ayuntamiento de Cangas un instituto laboral privado si ya el año anterior, en 1956, el Ministerio de Educación había sido autorizado para crear en Cangas un instituto laboral estatal? ¿Por qué se esfuma el instituto laboral estatal? ¿Y por qué el ministerio no le autoriza directamente a los dominicos el instituto laboral privado?
Pocos años después del arranque del instituto laboral, en noviembre de 1960, la Orden Dominicana conmemoró el centenario de su establecimiento en Corias. A la clausura de los actos acudieron numerosas autoridades. No faltó el entonces alcalde de Cangas, José Flórez Sierra. Ni el gobernador civil. Acudió hasta el jefe de la Sección de Institutos Laborales del Ministerio de Educación Nacional. La Nueva España publicó un amplio reportaje sobre esa jornada en el que destacó la existencia en el convento de un instituto laboral. Estudiaban en ese centro 200 muchachos (entre 120 y 130, en régimen de internado). El padre Morán mostró al periodista las aulas, los talleres…
Parece que nadie le habló al cronista de la importante aportación económica, en subvenciones y becas, que hacían al centro el Ayuntamiento de Cangas y la Diputación de Oviedo, de los fondos públicos que sostenían el instituto laboral. Tampoco de las nada asequibles mensualidades que abonaban los estudiantes no becados (los otros las pagaban con sus becas). “Once padres se bastan para atender a la enseñanza y a todo el funcionamiento del Instituto San Juan Bautista”, escribió el reportero. Y añadió: “Corias es, sin duda, una prueba inequívoca de cuánto debe el Saber a la Iglesia, a los dominicos y a todas las comunidades religiosas, que han sido, desde siglos, depositarias y transmisoras de la cultura”.
La enseñanza media estatal, no privada, llegó por fin a Cangas en 1968. El instituto de La Vega abrió sus puertas once años después de la puesta en marcha del instituto laboral de Corias. Para sorpresa de muchos padres y madres, no cobraba mensualidades a los alumnos. Era un centro público. Todo un acontecimiento en el concejo.

Padre Carmelo con la primera promoción (1959-1966) de alumnos que finalizó el bachillerato técnico superior en el Instituto Laboral de Corias en 1966. Colección de Benjamín Galán (antiguo alumno).
















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