Recuerdos de la calle Dos Amigos. El número 7

El número 7 de la calle Dos Amigos.

Como dice Sabina, “vivo en el número 7”, no de la calle Melancolía, sino de la calle Dos Amigos, en Cangas del Narcea, en la casa en la que nací y que siempre perteneció a mi familia. Corría el año 1949 cuando mis abuelos, Lin de Peña, de la familia Peña de Santa Catalina, y Asunción, hija del cartero y tratante de Limés, Emilio “Fortugo”, un hombre emprendedor y muy trabajador, compraron este solar. En aquel entonces había varios solares libres en la calle, solo estaban construidas las casas de Pachón, la del Araniego y la de Correos, y el edificio que más tarde fue El Club, donde tenía el horno la panadería de Silvino y posteriormente fue el garaje del Catalán. Sin embargo, mi abuelo lo quería para montar un taller de carpintería y le pareció mejor este del número 7. Trabajaba en el taller de Cuervo y ganaba tres pesetas a la semana, por eso, cuando Alfredo Ron le pidió diez mil pesetas por él, le pareció mucho; tiempo después le pidió quince y tampoco se decidió, pero él quería el solar y volvió a intentarlo de nuevo, entonces le pidió veinticinco mil pesetas y Lin dijo: ”Pues de aquí no pasa”.  Construyó un tendejón en el que montó su taller al tiempo que construía parte de lo que ahora es la casa, junto con su hijo, mi padre, que por aquel entonces tenía catorce años, y sus cuatro obreros: Pisco, Tano el carpintero, Sindo el del Cascarín y Robustiano el de Pancilla. Tardaron casi dos años en levantar el edificio que da a la calle Dos Amigos: una planta baja con sótano, el primer piso y un desván. El bajo funcionó como taller de carpintería desde 1950 hasta 1997, año en el que se jubiló mi padre, quien había heredado  del suyo tanto el oficio como el negocio

Construcción de la casa. De izquierda a derecha, arriba: Antón de Moína, Rancaño, Lin de Peña, Pepe el de Joselón, Francisco el mampostero, el hermano de Sindo el del Cascarín y Antón el de Pancilla. Abajo, Sindo el del Cascarín, Manuel, mi padre (Lin de Peña), Pisco y Robustiano el de Magadán.

Tiempo más tarde, mis abuelos decidieron  construir dos viviendas que dan a la calle Tres Peces y a la terraza del edificio. En una de ellas, recién terminada, pues en aquella época había pocas viviendas de alquiler en Cangas, se instalaron en 1964 Celestino Queipo y su mujer, Nieves, con su hijo Pepín, que tenía dos años.  Un año después vinieron a vivir a la otra, Mario Queipo, el Perchas, y su mujer Carmina, con su hijo mayor, Mario. En 1966 se casaron mis padres y rehabilitaron la segunda planta de la casa que da a la calle Dos Amigos, donde nací y pasé una infancia muy feliz, rodeada de niños, todos varones: Javier y Jorge Queipa, y José Ramón, hijo del Perchas, siendo la consentida del edificio por ser niña.

La calle fue el otro  gran paraíso de mi infancia, una calle repleta de niños con los que jugar, además de mis vecinos de casa, recuerdo con enorme cariño a los hermanos Redondo, a Paz la del otorrino, Grisel la del Araniego y su hermano Domingo, Fuencisla y Ana las del Royalti, Adela la de Pozo, Alejandro el de La Astorgana… Pero esta parte de la historia ya la ha contado de manera brillante mi amigo Francisco Redondo, con el que comparto infancia y recuerdos.


Asun Rodríguez Fernández, hija y nieta de Lin de Peña


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