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Cangas del Narcea en la tarjeta postal, 4. “Recuerdo de Cangas del Narcea” de Fotomely (1954)

altHacia 1954 la casa de Ediciones y reportajes gráficos “Fotomely”, de Oviedo, editó una tira de diez tarjetas postales fotográficas, que se presentaba empaquetada en una funda de cartulina, con el título: “Asturias. Recuerdo de Cangas del Narcea”. Fotomely tenía su domicilio en Monte Santo Domingo, nº 5 y se dedicaba a hacer tarjetas postales de ciudades y villas asturianas (Oviedo, Pravia, Pola de Lena, Ribadesella, etc.), así como retratos de personas; trabajaban como fotógrafos de calle y ambulantes en unos años en los que en las villas había pocos estudios fotográficos.

La colección que presentamos hoy en la web del Tous pa Tous es probablemente la última serie de postales dedicada a Cangas del Narcea que se hizo con este tipo formato, en el que el comprador tenía que adquirir el conjunto completo. Después seguirán haciéndose muchas más tarjetas postales de Cangas, pero se venderán por unidades.

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Vista parcial. Cangas del Narcea, desde la carretera del Acebo con el convento de las dominicas en primer plano. Fotomely, 1954

La tira contiene las siguientes fotografías:

  1. Vista general. Cangas del Narcea
  2. Presa sobre el río Luiña. Cangas del Narcea
  3. Corias y monasterio. Cangas del Narcea
  4. Puente romano sobre el río Narcea. Cangas del Narcea
  5. Reguerón. Cangas del Narcea
  6. Vista parcial. Cangas del Narcea
  7. Vista general. Cangas del Narcea
  8. Puente Nuevo sobre el río Narcea. Cangas del Narcea
  9. Cuesta de la Vega. Cangas del Narcea
  10. Escalera de la Fuente. Cangas del Narcea
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Fachada de la iglesia parroquial de Cangas del Narcea. Fotomely, 1954

Además de estas diez tarjetas, Fotomely publicó otras postales con fotografías de Cangas del Narcea y de esa misma fecha de hacia 1954. Conocemos dos: 1) “164. Vista parcial. Cangas del Narcea”, que es una fotografía de la villa sacada desde la carretera del Acebo con el nuevo convento de las dominicas en primer plano, y 2) la fachada de la iglesia parroquial.

Las imágenes de Fotomely nos permiten conocer el aspecto de Cangas del Narcea en un momento en el que ya había comenzado la transformación urbana del centro de la villa. La demolición en los años anteriores del convento de las dominicas del siglo XVII y la casa consistorial del siglo XVIII en la calle Mayor, y de los viejos palacios de la calle de la Iglesia, permitieron la apertura de las calles Ibo Menéndez Solar, Alcalde Díaz Penedela, Dos Amigos y Tres Peces, el ensanche de la calle de la Iglesia (actual, Médico Rafael Fernández Uría) y la construcción de casas de pisos en esas nuevas calles. En las imágenes de Fotomely aún se ven muchos solares vacíos y calles recién trazadas.

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Detalle vista general de Cangas del Narcea desde la Carretera de Nueva. Fotomely, 1954

En las fotos se ven también tres construcciones muy significativas de aquel tiempo, que acababan de construirse en la calle Uría: el Hotel Truita de 1953, el chalet de Joaquín Rodríguez “el Soliso” y el chalet de Braulio Sánchez y Marina Morodo (desaparecido). Por el contrario, el resto de la villa y sus alrededores (véase la fotografía de El Reguerón) mantendrán su fisonomía decimonónica hasta veinte años más tarde, en que los cambios y la especulación del suelo comenzarán a llegar a todos los rincones de la urbe.

 

1954 - Recuerdo de Cangas del Narcea (portada)1954 - Vista general1954 - Presa sobre el río Luiña1954 - Corias y monasterio1954 - Puente romano sobre el río Narcea1954 - Reguerón1954 - Vista parcial1954 - Vista general1954 - Puente Nuevo sobre el río Narcea1954 - Cuesta de la Vega1954 - Escalera de La Fuente

Cangas del Narcea en la tarjeta postal, 2. Enrique Gómez (1915)

Retrato de un niño hacia 1900. Fotografía de Enrique Gómez

Las primeras fotografías de mi abuelo paterno, Joaquín López Manso, y de su hermano Luis las hizo el fotógrafo Enrique Gómez alrededor de 1900 en Cangas del Narcea. Las casualidades de la vida han hecho que yo mantenga trato y amistad con un nieto del fotógrafo, Luis Gómez, de Luarca, que es el que me facilita la mayor parte de la información que utilizó en esta noticia.

Enrique Gómez Rodriguez nació en Mirallo de Arriba, concejo de Tineo, en 1867. Emigró a Madrid como tantos otros asturianos y allí trabajó de cochero de Juan Prim Agüero (1858 – 1930), hijo del famoso general Prim. Este señor era muy aficionado a la fotografía y fue el que le enseñó los primeros conocimientos de la técnica fotográfica. Enrique se casó con María Pastora Sánchez, natural  de Écija (Sevilla), que trabajaba en Madrid como señora de compañía de  la marquesa de Viana.

Impreso publicitario fotógrafo Enrique Gómez, Madrid.

Después de contraer matrimonio se estableció como fotógrafo profesional en Madrid, en la Glorieta de Bilbao, nº 5. Tuvo siete hijos. Los cinco primeros murieron todos niños y un médico le recomendó trasladarse a vivir a algún lugar de la costa cantábrica para evitar tanta mortandad infantil. Decide trasladarse a Luarca, a donde viene durante algunos años sólo en verano (época que también aprovechaba para trabajar) y donde se establece definitivamente en 1902. Sobrevivieron dos hijos: Camilo, nacido en Madrid en 1896 y Néstor que nació en Luarca en 1904; los dos se dedicaron a la fotografía. Enrique Gómez murió en Luarca en 1934.

En la villa de Luarca, Gómez se estableció con un socio, Rubio, que también vino de Madrid, pero este regresó enseguida a la Corte. Unos años más tarde abrió una sucursal en Trevías. Además del estudio fotográfico, también tuvo una bodega de vinos.

Impreso publicitario fotógrafo Enrique Gómez, Luarca.

Como era costumbre en aquellos primeros años del siglo XX, donde los fotógrafos profesionales eran escasos en el medio rural e, incluso, en las villas asturianas, Enrique Gómez trabajó como fotógrafo ambulante por todo el occidente de Asturias. Su principal trabajo era hacer retratos individuales, familiares o de grupos. Asimismo, hizo tarjetas postales de varias villas de esta parte de Asturias, entre las que está la serie que dedicó en 1915 a Cangas del Narcea.

Esta serie esta formada por ocho tarjetas postales impresas y numeradas. Llevan en el anverso rotulado el título y en el reverso el nombre del fotógrafo. En todas las fotografías, salvo en las vista generales, aparecen grupos de vecinos posando, que dan a las fotos de Gómez un estilo peculiar, que no es frecuente en las tarjetas postales donde lo habitual es que las calles aparezcan vacías o con transeúntes ocasionales. Tal vez el carácter alegre y juerguista que tenía este fotógrafo, que tocaba la guitarra y acordeón, expliquen ese gusto por colocar en sus fotografías estos grupos de personas.

La serie de Enrique Gómez está formada por las siguientes tarjetas postales:

nº 1 - Vista generalnº 2 - Vista generalnº 3 - Plaza Mayornº 4 - Plaza de Torenonº 5 - El Paseonº 6 - Calle Mayornº 7 - Ambasaguasnº 8 - La ReglaReverso MadridReverso Luarca

Cangas del Narcea en la tarjeta postal, 1. Modesto Morodo (1910 – 1912)

Portada bloc con diez tarjetas postales de Modesto Morodo.

Las tarjetas postales ilustradas con fotografías fueron una moda que comenzó a fines del siglo XIX y llegó hasta casi nuestros días. En este tiempo millones de personas se enviaron por correo tarjetas en las que aparecen imágenes muy variadas: calles de ciudades y villas, vistas generales, pueblos, monumentos, costumbres populares, tipos humanos, fábricas, puertos, barcos, estaciones de ferrocarril, puentes, etcétera. En los lugares turísticos abundaban estas postales que los visitantes enviaban a familiares y amigos. Estas tarjetas tenían unas características reguladas por unas normas internacionales. Sus medidas eran siempre las mismas: 9 x 13 centímetros y su reverso, desde 1906, se dividía en dos partes: una, para poner la dirección y el sello, y otra, para escribir un mensaje. Normalmente los editores de tarjetas postales publicaban series dedicadas a una población, que se presentaban en blocs o en tiras de diez o más fotografías. Desde muy pronto, comenzó el coleccionismo de estas tarjetas.

Romería del Acebo, Cangas de Tineo, 1912. Modesto Morodo.

No abundan las tarjetas postales dedicadas a Cangas del Narcea, porque nunca fue éste un centro turístico. De todos modos, como la villa era una población importante tuvo desde los inicios del siglo XX tarjetas postales en las que aparecían vistas de la villa y de Corias. Las primeras tarjetas postales dedicadas a nuestro concejo son las dos que editó en 1901 la Fototipia y Tipografía de Bellmunt y Díaz, en Gijón, en las que aparecen el barrio de Ambasaguas y el puente de Corias. Este taller aprovechaba para sus tarjetas postales las fotografías publicadas entre 1894 y 1901 en la obra Asturias, dirigida por Octavio Bellmunt y Fermín Canella. De esa misma fecha, 1901, es una tarjeta con una vista general de la villa publicada por Artes Graficas, de Gijón, y de 1903 son cinco tarjetas editadas por Hauser y Menet, de Madrid, con las siguientes fotografías: “Lavanderas en el Narcea”, “Orillas del Narcea”, mercado en la villa, feria de Vallado y convento de Corias. Más reciente, de hacia 1915, es otra tarjeta postal de Modesto Montoto con una vista general de la villa. En todos estos casos, son unas pocas fotos del concejo de Cangas del Narcea que aparecen en series más amplias dedicadas a Asturias. La mayoría de estas tarjetas postales pueden verse en el Álbum de Fotografías Antiguas de la página web del Tous pa Tous.

En las primeras décadas del siglo XX se publicaron cuatro series de fotografías dedicadas exclusivamente a Cangas del Narcea: dos de Modesto Morodo; una de Enrique Gómez, de Luarca, y otra del Monasterio de Corias editada en 1930 por los dominicos.

Además de todas las tarjetas mencionadas hay que citar las que hizo Benjamín R. Membiela, que es el primer fotógrafo profesional que se establece en el concejo de Cangas del Narcea, en concreto en el pueblo de Corias. Membiela hizo muchas tarjetas postales, pero, a diferencias de los fotógrafos o casas editoriales mencionadas, nunca las tiró en una imprenta y siempre las hizo él manualmente, una a una. Sus tarjetas no llevan normalmente firma, pero son inconfundibles porque están rotuladas a mano. En el Álbum de Fotografías Antiguas del Tous pa Tous pueden verse muchas de sus fotos.

Anuncio en prensa del negocio de Modesto Morodo

Modesto Morodo Díaz nació en Cangas del Narcea en 1884 y se instaló como fotógrafo y relojero hacia 1910. Tenía una tienda llamada La Suiza. Antes de establecerse definitivamente en Cangas había estado emigrado durante unos pocos años en Buenos Aires. A su regreso residió en Oviedo, donde se forma como fotógrafo en el estudio del famoso retratista Ramón García Duarte. Siempre tuvo una salud delicada, que le impidió ejercer el oficio de fotógrafo fuera del estudio que tenía en la calle Mayor. Murió en 1946.

Modesto Morodo editó hacia 1910 un bloc con diez tarjetas postales que lleva el titulo de “Recuerdo de Cangas de Tineo (Asturias)”. Son diez fototipias realizadas en la casa de Artes Gráficas Mateu S. A., de Madrid, dedicadas solamente a la villa. De estas diez fotografías conocemos nueve, que son las siguientes:

  1. Cangas de Tineo (Asturias). Vista general
  2. Cangas de Tineo (Asturias). Vista parcial
  3. Cangas de Tineo (Asturias). Calle Mayor
  4. Cangas de Tineo (Asturias). Plaza y Palacio del Conde Toreno
  5. Cangas de Tineo (Asturias). Vista de Ambas-Aguas. Una nevada
  6. Cangas de Tineo (Asturias). Desembocadura del río Luiña en el río Narcea
  7. Cangas de Tineo (Asturias). Puente romano de Ambasaguas
  8. Cangas de Tineo (Asturias). Una vista del río Narcea
  9. Cangas de Tineo (Asturias). Juzgado y cárcel

Factura del taller de fotografía de Modesto Morodo del año 1918.

Dos años más tarde, en 1912, editó varias tarjetas más dedicadas a Cangas del Narcea. En este caso las fototipias las encargó a la Casa Editorial PHG, de Valladolid. Las tarjetas están editadas con esmero y elegancia. Todas están firmadas. No sabemos exactamente cuántas tarjetas postales componen esta serie, porque no van en un bloc, ni llevan número de serie. Nosotros conocemos cinco:

  1. Cangas de Tineo. Vista general
  2. Cangas de Tineo. Vista parcial
  3. Cangas de Tineo. Calle Mayor
  4. Cangas de Tineo. Fuentes del Reguerón.
  5. Cangas de Tineo. Romería del Acebo.
1910 - Cubierta1910 - Vista general1910 - Vista general izda1910 - Vista general dcha1910 - Vista parcial1910 - Calle Mayor1910 - Plaza y palacio del Conde Toreno1910 - Ambasaguas1910 - Desembocadura del río Luiña en el río Narcea1910 - Puente de Ambasaguas1910 - Río Narcea1910 - Juzgado y cárcel1910 - Contracubierta1912 - Vista general1912 - Vista parcial1912 - Calle Mayor1912 - Fuente del Reguerón1912 - Romería del Acebo1915 - Anuncio "La Suiza"1918 - Factura
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La calle So el Mercado o Rastraculos, una vía abierta en el año de 1700

Placa de la calle

A la memoria de Julia Perandones, vecina de esta calle.

A fines del siglo XVII el tercer conde de Toreno, Fernando Queipo de Llano y Valdés, y su mujer, Emilia de Dóriga y Malleza, decidieron levantar un palacio nuevo en el mismo sitio donde estaba la “casa antigua [de los Queipo], que por su mucha antigüedad fue preciso demoler”. Pero el solar era pequeño para el nuevo palacio que pretendían construir y tuvieron que añadir un “pedazo que era libre”. La casa estaba situada a la salida de la villa de Cangas del Narcea y junto al camino real que conducía al puerto de Leitariegos y a Castilla.

Plaza del Mercáu con el palacio del conde de Toreno y las almenas en la actualidad.

El proyecto de los condes incluía además otras actuaciones alrededor de la nueva construcción que cambiarían considerablemente la fisonomía de esta zona de la villa. Una de estas fue la apertura de la calle de So el Mercado, que debido a su fuerte pendiente acabó llamándose calle Rastraculos. De todos modos, la denominación de esta calle es el reino de la confusión. En la documentación del siglo XVIII se denomina calle de So el Mercado. En los años sesenta del siglo XX había una placa en la calle que ponía: “Calle Submercado”, aunque el nombre que se escuchaba a los vecinos era el de calle Rastraculos. En la actualidad hay dos placas en la calle: una pone “Calle So el Mercado” y la otra: “Calle Sul Mercáu / Arrastraculos”. No deja de ser estrambótico que la misma calle tenga tres “nombres oficiales” diferentes.

Huertas de So el Mercado y calle de Rastraculos vistas desde la calle Pelayo, Cangas del Narcea, 1892. Fotografía publicada en Asturias. ‘Álbum anunciador’, Luarca, 1893.

Pero volvamos a los conde de Toreno y a su proyecto de remodelación de su casa y su entorno. El proyecto comenzó a prepararse hacia 1685 y concluyó en 1702 con la edificación de un palacio de dos torres y un gran patio central, que se valoró en 30.000 ducados. Este palacio es, desde 1951, la sede del Ayuntamiento de Cangas del Narcea. En ese tiempo se realizaron otras tres actuaciones que fueron las siguientes:

1.

Detalle del documento donde se menciona la cesión de los conde de Toreno para hacer ‘la calle nueva de So el Mercado’.

Hacer en la trasera del palacio y en su costado sur una gran finca en una sola pieza y cerrada con un muro. El objetivo de los condes era “que la cerca salga en cuadro por todas partes, en línea recta”. Para conseguir esto tuvieron que permutar varias huertas con vecinos de la villa de Cangas. En 1686 cambiaron tierras con Cristóbal Francisco de Yebra, en 1690 con Juan Flórez de Llano y en 1695 con Miguel Queipo de Llano Valcárcel. De este modo, el palacio dispuso junto a él de un gran espacio cerrado en el que había un jardín, una huerta, una plantación de frutales y una viña que se llamaba “La Cerca”. En los años sesenta del siglo XIX, esta finca se partirá en dos, con gran pesar de sus propietarios, para permitir el paso a la carretera La Espina-Ponferrada.

Detalle del dibujo de la villa de Cangas del Narcea en 1771, donde puede verse la calle de So el Mercado

2. La construcción de una explanada delante del palacio con el fin de ampliar el espacio para el mercado público que se hacía los sábados en ese lugar, así como para dar vistas y monumentalidad a la casa. Para hacer esta explanada los condes tuvieron que levantar un muro de contención, que se remató con unas almenas que buscaban dar mayor realce al nuevo espacio, y demoler un par de casas que había en esta plaza del Mercado. Las casas tuvieron que comprarlas. Una se la adquirieron a María Antonia de Sierra y Omaña, y como ellos mismos dicen se compró y derribó “para hacer la plazuela, que sirve a la entrada de nuestra casa, más dilatada y para mayor lustre y desembarazo de ella”. La otra casa, “cuya entrada está frente al Mercado”, era de Francisco Flórez de la Ymera. Los mismos condes explican que las “dos casas y suelos especificados y plazuela que de ellos se ha hecho, declaramos por accesorias a nuestra casa principal o partes necesarias de ella para el beneficio del vino, su vendaje y otros frutos, usos y menesteres”.

y 3. Adquirieron a la misma María Antonia de Sierra y Omaña “una huerta que llaman de So el Mercado” (es decir, “debajo del Mercado”) con el fin de hacerse con la propiedad de todo el espacio que había delante de sus almenas y de abrir una nueva calle. El documento de donde sacamos estas noticias dice: “y cedimos una porción [de la huerta] a esta villa para hacer la calle nueva de So el Mercado, y lo restante lo metimos e incorporamos con la antigua [huerta], según que una y otra están cerradas de pared que fabricamos”. La fecha de esta cesión a la villa no la sabemos con exactitud, pero tuvo que ser entre 1695 y 1700.

Calle de So el Mercado o Rastraculos en la actualidad.

Para perder el menor espacio posible de huerta, la “calle nueva de So el Mercado” se trazó pegada al talud del terreno y con una fuerte pendiente. No se desperdició tierra haciendo un trazado más sinuoso que hiciese menos cuesta la calle.

En el siglo XVIII, todas las casas que se construyeron en esta nueva vía estaban pegadas al talud. Es probable que estos solares los vendiesen los mismos condes de Toreno, pero no lo sabemos con certeza. A partir de mediados del siglo XIX se comenzó a ocupar terreno de las huertas para levantar viviendas, empezando por la calle de La Fuente y abriendo la calle de la Presa. Este proceso de ocupación concluyó a fines del siglo XX con casas a ambos lados de la calle.

Calle de So el Mercado o Rastraculos en la actualidad.

La calle de So el Mercado comunicó directamente el puente de piedra y la calle de La Fuente con el Mercado, la casa de los conde de Toreno y el camino real al puerto de Leitariegos. Recordemos que por ese puente tenían que pasar todos los vecinos de las parroquias de Besullo, Las Montañas, Regla de Perandones, Cibuyo, el Río Rengos, el Rio del Couto e incluso muchos del Río Naviego que venían a la villa de Cangas por el camino real de la sierra del Pando. Todos ellos y muchos más entraban a Cangas por ese puente de piedra y por la calle de La Fuente.

Entronque de las calles de La Fuente y Rastraculos en la actualidad.

La apertura de la calle de So el Mercado hizo más fácil, rápida y directa la llegada de todos estos visitantes a la plaza del Mercado y al patio de la casa de Toreno. Este patio se abría todos los sábados para ampliar el espacio del mercado y recibir a la numerosa afluencia de forasteros y vecinos del concejo que acudían a comprar y vender productos, y en el mismo patio se vendía el vino que producía el conde y que se despachaba en una bodega que había en los bajos de la casa, la conocida hasta pocos años como la “Bodega del Conde”.

El vino fue una de las principales fuentes de ingresos de la casa de Toreno desde el siglo XVII al XX. En 1752 tenía tres lagares de vino: dos en Cangas (uno probablemente estaba en los bajos del palacio) y uno en Limés, y numerosas viñas. La venta de vino durante todos los sábados del año, con el mercado delante y dentro de su propia casa, era una de las salidas más importantes de este producto, y, por ello, el tercer conde de Toreno hizo en su palacio un patio tan grande, amplió la plaza que había delante y cedió tierras a la villa para abrir la calle Rastraculos o So el Mercado. Todo con un objetivo: vender vino.

En 1805, como ya contamos en otra noticia de esta misma web del Tous pa Tous sobre El Mercáu, el mercado de la villa se trasladó por una orden del Ayuntamiento a la Plaza Mayor, junto a la iglesia parroquial, y aunque el conde de aquel tiempo intentó impedirlo a toda costa, no lo consiguió.

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El nombre de la ‘Plaza de La Refierta’ por Manuel Flórez de Uría

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Plaza de La Refierta (actual, Mario Gómez), hacia 1901, en la que aparece una diligencia y muchas losas que se estaban empleando para reformar la plaza y la escalera de La Fuente.

En este articulo, Manuel Flórez de Uría ofrece una explicación del nombre de la plaza de La Refierta, que a pesar de llamarse hoy oficialmente plaza de Mario Gómez, todavía sigue manteniendo su nombre antiguo.

Este nombre de La Refierta para referirse a esta plaza de la villa de Cangas del Narcea es muy antiguo, y está perfectamente documentado en los primeros años del siglo XVI. La palabra “refierta”, hoy en desuso y fuera del diccionario de la Real Academia Española, significaba: “oposición, contradicción, repugnancia”, y así aparece en el diccionario de 1817 de esta academia. Para Flórez de Uría ese nombre procede de un hecho histórico que sucedió allí en el siglo XIV y fue la oposición que el pueblo de Cangas proclamó de viva voz contra Enrique II de Castilla (1333-1379), que había asesinado a su hermanastro el rey Pedro I (1334-1369) en 1369. Aunque el autor no menciona ninguna fuente de información y en el artículo hay algún dato erróneo, como el citar al conde Marcel de Peñalba como presente en ese acto, cosa imposible porque ese titulo fue otorgado por Felipe IV a García de Valdés y Osorio en el siglo XVII, es una opinión sugerente que no podemos desdeñar.

La lucha entre estos dos hermanastros, hijos de Alfonso XI, provocó una guerra civil en el reino de Castilla y León entre 1366 y 1369. En Asturias hubo partidarios de los dos bandos. Los de don Enrique de Trastámara estaban sobre todo en el centro y oriente de la región, y los del rey Pedro I en el centro y occidente. Lo que cuenta Flórez de Uría es muy posible, porque el linaje de los Valdés, encabezado por Diego Menéndez de Valdés, señor de las Torres de San Cucao de Llanera, tomó partido por Pedro I y sus descendientes, y en la villa de Cangas esta familia ya era poderosa en aquel tiempo. En el siglo XV, los Valdés poseían dos casas en esta población: una en la calle Mayor, donde está el palacio de Marcel de Peñalba, y otra en la misma plaza de La Refierta, en el solar de la conocida hoy como Casa de la Reguerala. Sobre esta guerra y los partidarios de los dos bandos en Asturias ha escrito Juan Ignacio Ruiz de la Peña, en el tomo 5 de la Historia de Asturias, dedicado a la Baja Edad Media, editada por Ayalga Ediciones en 1977.

En el mismo articulo Flórez de Uría relata como los vecinos de la villa para evitar la venganza de Enrique II se pusieron bajo la protección de la Virgen del Carmen y ese mismo año comenzó a hacerse la procesión desde la capilla de Entrambasaguas a la iglesia parroquial de Cangas. Tampoco aquí cita fuentes históricas, y es extraño pensar que existiese en la parroquia de San Tirso, más tarde trasladada a Entrambasaguas, el culto a la Virgen del Carmen en el siglo XIV, cuando fue una devoción que se generalizó en el mundo católico a partir del siglo XVI y sobre todo en el XVII.

Manuel Flórez de Uría y su mujer en Cangas del Narcea, h. 1925. Colección de Adela Rodríguez Flórez de Uría

Manuel Flórez de Uría Sattar fue un prolífico periodista cangués nacido en 1864. Escribió en varios periódicos de Cangas del Narcea: El Narcea y El Distrito Cangués, fundó y dirigió La Verdad, y colaboró en periódicos de Oviedo, Gijón, Grado, Pravia y Madrid, en los que firmaba con su nombre o con el seudónimo de “Juan de Cangas”. Autor de dos obras lamentablemente perdidas: “Apuntes para la historia de Cangas de Tineo y su concejo” e “Historia del Regimiento de Voluntarios de Cangas de Tineo”, basada en las memorias de su abuelo paterno, que había participado en aquel regimiento y fue uno de los pocos voluntarios que regresaron a Cangas al terminar la Guerra de la Independencia en 1814. En los años veinte fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.

Flórez de Uría era maestro y procurador de los tribunales. Tuvo una vida política intensa. En 1902 era presidente del Comité Municipal Republicano de Cangas de Tineo (así aparece en Las Dominicales. Semanario Librepensador, Madrid, 15 de agosto de 1902). Más adelante perteneció a los comités locales del Partido Reformista y de su sucesor el Partido Republicano Liberal Demócrata, liderados los dos por el político asturiano Melquiades Álvarez. Durante muchos años fue concejal del Ayuntamiento de Cangas del Narcea.


EL NOMBRE DE LA “PLAZA DE LA REFIERTA”
 
Manuel Flórez de Uría

 

Los que tuerto li tienen o que la desirvieron,
d’Ella mercet ganaron si bien gela pidieron;
nunca repoyó Ella a los que la quisieron,
ni lis dio en refierta el mal que li fizieron.
 
Gonzalo de Berceo,
Los milagros de Nuestra Señora, siglo XIII

 

En los tiempos de Gonzalo de Berceo, cura de su pueblo natal, del que lleva el apellido, diócesis de Calahorra, próximo a San Millán de la Cogolla, se decía refierta por “respuesta”. Eso era término de uso corriente entre la gente culta, la del Mester de Clerecía, y de creer es que venía ya de muy antiguo.

 En Cangas del Narcea, antes Cangas de Tineo, existe una plaza llamada “Plaza de la Refierta”. ¿Por qué ese nombre? ¿Qué significa Refierta?. Esa pregunta, en la actualidad, no existe cangués que la conteste.

 Vamos a descorrer la cortina que los siglos echaron sobre el suceso memorable, digno de eterna loa, que originó el nombre dado a la entonces plaza principal de la villa de realengo “Cangas de Sierra”, más tarde “Cangas de Tineo” y hoy “Cangas del Narcea”.

 Corrían los últimos años de la lucha cruenta, terminada en fratricidio poco después, entre Don Pedro I de Castilla y de León [1334-1369] y su hermano el Bastardo Don Enrique de Trastámara [1333-1379], y la Junta General de Asturias convocó a la nobleza asturiana y a los procuradores o personeros de los concejos, así como de las “Cuatro Sacadas” y villas de realengo, para la Junta que se celebró en el Convento de Santa María de la Vega de Oviedo (hoy, fábrica nacional de fusiles). En las sesiones de esa Junta, la nobleza y los procuradores se declararon por el Rey legítimo, y tacharon de felón y desleal al Bastardo Don Enrique. Esta fue la hidalga contestación que dieron a los emisarios del Infante rebelde.

 Pero éste no desistió de su intento. Tomó el camino que tan popular le hizo y que con el tiempo le valió el sobrenombre de “Enrique el de las Mercedes”. Consumado el regicidio de Montiel [el 14 de marzo de 1369, en el que Enrique mató al rey Pedro I], su noticia llegó a estas villas envuelta con el perdón a los partidarios del Rey caído y la concesión de donaciones, encomiendas y privilegios para los altos dignatarios eclesiásticos, los monasterios, la nobleza y los concejos. El interés quebrantó en casi todos estos la fe y lealtad jurada al Rey legítimo, y casi en totalidad se pasaron al partido del Bastardo y abandonaron el de las hijas del Rey asesinado.

 Pero el Duque de Lancaster, príncipe inglés que casara con doña Constancia de Castilla, hija primera del Rey Don Pedro y Doña María de Padilla, hizo proclamar, allá en sus Estados de Inglaterra, Reina de Castilla y de León a su esposa, y a Castilla llegó la noticia de que reclutaba gente de armas para realizar en estos reinos un desembarco para reivindicar por las armas la Corona que correspondía a su esposa.

 Esa Corona, tinta en la aún humeante sangre de Montiel, la consideraba el Bastardo tan poco segura sobre su frente, que, para reafirmarla, resolvió pedir el juramento de fidelidad a los municipios que no se habían declarado hasta entonces ostensiblemente de su partido, uno de los cuales era el de Cangas de Sierra.

 Los Comisarios Reales llegaron a Cangas en los primeros días del mes de julio del año 13.., y convocada la municipalidad en la Plaza de la Villa y el pueblo a son de clarín, atabal y voz de pregonero, la comisión dice por boca de su presidente Don…, conde Marcel de Peñalba, que preguntó en voz alta: “¿Reconocéis, vos, Corregidor e Alcalde Mayor, e vosotros regidores perpetuos, ansi como vosotros hijosdalgo e pecheros, por vuestro Rey e Señor natural al Rey Nuestro Señor Don Enrique, y le juráis fidelidad y pleitesía?”. Y el Corregidor, en nombre del Regimiento (Ayuntamiento) y de hijosdalgo y pecheros, contestó en voz alta y fuerte: “¡No! questa villa es y será fiel al señor Rey Don Pedro y las señoras sus fijas, e esto os refiertamos e sostendremos en todas formas, así la Virgen Santa María nos socorra”. Y el pueblo a coro dijo: “Amen”.

 Los comisionados salieron el mismo día de la villa y se acogieron al Coto de Corias, en como monasterio se les amparó y escoltó luego por el territorio de su coto abadengo hasta introducirlos por el de Barzana de la Cabuerna, que también era de dichos monjes benedictinos, hasta tierras de Tineo.

 A los pocos días, el 16 de dichos mes y año, en la parroquia cercana de San Tirso se celebraba la fiesta de la Virgen del Carmen, en la primitiva ermita de Entrambasaguas (sobre el mismo solar se alza desde el siglo XVI la ermita actual), por primera vez, concurriendo en corporación la Municipalidad con las solemnidades rituales de la época, asistió a la misa solemne, se trajo la imagen de la Virgen del Carmen en procesión solemne, entre músicas y cantos, a la iglesia parroquial de Cangas (la antigua, emplazada entonces en la plaza de la Oliva), implorando la protección de la Virgen que les amparara y protegiera contra la saña real.

 De entonces data ese nombre de “Refierta” dado a la plaza, y también la costumbre de que las fiestas del Carmen, aunque propias de la feligresía de San Tirso, más tarde llamada de Entrambasaguas, fueran consideradas por Cangas como suyas propias; la costumbre de celebrarlas mixtas entre ambas parroquias (hoy es una sola), trayendo la imagen procesionalmente el día 16 de julio, todos los años, a la Iglesia Colegial, y volviéndola a la tarde en igual forma a la ermita, y de entonces y hasta el día, el entusiasmo (algo idolátrico e irracional) de los cangueses a la Virgen del Carmen. Dándose el caso raro de que personas de gran cultura, de ideas extremadas por lo avanzado, incrédulas, materialistas, acaso, indiferentes en religión, que no practican culto ritual alguno, asisten reverentes a esos festejos, se descubren al paso de esa imagen y, desde donde quiera que están, contribuyen con esplendidas dadivas para el esplendor de sus festejos. A un cangués, que oye indiferente, acaso, blasfemias y burlas sangrientas contra Dios, la Virgen y los Santos, que no le mienten irrespetuosamente de la Virgen del Carmen de Entrambasaguas. Puede ser, y con frecuencia es, peligroso.

Un paseo por Cangas en 1985

“Un paseo por Cangas” es un conjunto de veinte fotografías en blanco y negro realizadas por Ignacio Martínez Alonso, “Naciu‘i Riguilón”, en la villa de Cangas del Narcea en el mes de noviembre de 1985. Aunque las fotografías no tienen una gran calidad técnica, conforman un reportaje gráfico de una época de grandes cambios en la villa de Cangas en el que aparecen algunos espacios que ya son solo recuerdos fijados en estas imágenes.

 

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El Mercáu

La historia de cuando El Mercáu se quedó sin mercado, 1805-1820

El Mercáu y el palacio de los condes de Toreno h. 1910

El nombre de los lugares recuerda en muchos casos hechos del pasado de los que sólo queda ese nombre. De este modo, ninguna de las personas que vivimos hoy recordará haber visto en Los Nogales un nogal, pero en algún tiempo hubo allí más de uno. Igualmente en La Oliva, en alguna época debió haber un olivo, y donde está el regueiro Samartín sabemos que en la Edad Medía hubo una capilla dedicada a este santo francés, de la que hoy no queda ningún resto pero sí su nombre.

Lo mismo sucede con el nombre de El Mercáu o Mercado que le damos en Cangas del Narcea a la plaza situada delante del palacio del conde de Toreno o Ayuntamiento. Allí dejó de hacerse el mercado de los sábados en 1805 y, sin embargo, doscientos años después todavía seguimos llamando a ese lugar El Mercáu.

Día de mercao en la plaza de La Oliva o plaza Mayor de Cangas del Narcea, en 1905

Todo empezó el 29 de marzo de 1805 con un acuerdo del Ayuntamiento que dispuso trasladar “el mercado que se celebra en la calle Mayor y sitio conocido con el nombre de Mercado a la plaza principal de la villa”, es decir a la Plaza de la Iglesia o Plaza Mayor.

Los promotores de este cambio fueron el alcalde Diego Valcárcel y el regidor José Fernández Flórez.

Al parecer, el mercado se llevaba haciendo desde hacía tres siglos delante de la casa de los Toreno y éstos abrían la puerta de su casa para dar más espacio a los concurrentes y para vender su vino; tal vez esto explique el gran tamaño que tiene el patio de este edificio terminado en 1702. Por motivos que desconocemos “la vizcondesa [de Matarrosa, nuera del conde de Toreno,] mandó cerrar las puertas del patio de fuera el sábado 23 [de marzo de 1805], con esta novedad se convocó a Ayuntamiento y se acordó trasladar el mercado a la plaza Mayor, así se verificó con general aplauso, a menos de Benitín y sus secuaces” (Carta de José Fernández Flórez a Lope de Ron, 31 de marzo de 1805).

Plaza de Toreno o el Mercao, h. 1915

El conde de Toreno se opuso a este traslado y alegó tres razones: 1. El gran perjuicio que le suponía a él, y a seis vecinos más, para la venta de “vino de sus cosechas en las bodegas que tienen en la misma plazuela del Mercado y sus inmediaciones”; es evidente que la afluencia de gente todos los sábados del año era muy beneficiosa para la venta de vino. 2. Le privaba de “las muchas basuras [es decir, estiércol o cagayón] que por la concurrencia y trafico de las caballerías se hacían todos los sábados días de mercado”; el excremento de las caballerías que se recogía al acabar el mercado era el principal abono de tierras y viñas, y era difícil conseguirlo de otro modo, y 3. La realización del mercado en la Plaza de la Iglesia iba a interrumpir y molestar el culto que se hacía en la iglesia colegiata, y el conde señalaba que a él le correspondía “defenderla como su patrono, procurando que con tales concurrencias, alborotos y deshonestidades no se cause turbación a los divinos oficios y horas canónicas que se celebran todos los días”.

Además, el conde mencionaba que detrás de este acuerdo municipal había “intrigas, resentimientos y parcialidades” por parte del alcalde y el regidor citados, así como claros intereses personales, y señalaba que el gran beneficiado de este cambio era José Fernández Flórez, “porque casualmente posee una bodega en la calle Mayor contigua a la Plaza de la Colegiata y varias casas en la propia plaza”, y “porque con la traslación del mercado consiguió la ventaja de vender sus cosechas de vino con oportunidad y estimación, privando de ella al exponente [es decir, al conde de Toreno] y a otros vecinos”.

El traslado del mercado se llevó a cabo en un momento de debilidad de los condes de Toreno. El conde en aquel tiempo, Joaquín José Queipo de Llano (1728-1805), estaba muy enfermo y morirá el 22 de diciembre de 1805. Su hijo, José Marcelino (1757-1808), vivirá fuera, perderá gran parte del control del poder local y fallecerá tres años después, y el sucesor de éste, José María (1786-1843), que fue el más famoso de los condes de Toreno, será un liberal perseguido y desterrado por el rey Fernando VII a partir de 1814. En medio de todo esto la Guerra de la Independencia.

Por el contrario, José Fernández Flórez era miembro de una familia que había ascendido en la segunda mitad del siglo XVIII, por cierto, al amparo de los Toreno; pertenecía a una nueva clase social, la burguesía, que invertía en fábricas y también en tierras. Su abuelo Cristóbal, natural de Salas, vino a Cangas a servir como criado mayor de la casa de Toreno y por su buen servicio lo nombraron administrador de las rentas de esta casa en La Muriella y la Colegiata; compró casa en Cangas y llegó a hacer una pequeña fortuna. Su hijo Ignacio Fernández Flórez continuo con la administración de las rentas de la Colegiata, compró muchas tierras, fundó en la villa de Cangas una fábrica de curtidos en 1792 y arrendó la casona que el conde de Miranda tenía en la calle de la Iglesia, junto a la Plaza; este Ignacio tuvo diversas diferencias con el conde de Toreno. Por su parte, el nieto, José Fernández Flórez, compró título de regidor perpetuo del concejo de Cangas, abrió en los primeros años del siglo XIX una fábrica de chocolate en la casona mencionada, “que le dio mucha utilidad”, y aforó al conde de Adanero, que vivía en Medina del Campo, la casa de San Pedro de Árbas y toda su hacienda en el concejo de Cangas del Narcea.

La Plaza, con puestos de cacharros de cerámica de L.lamas del Mouro y de El Rayu (Siero), 1910

La respuesta de José Fernández Flórez y otros trece comerciantes del concejo de Cangas del Narcea a las razones contrarias del conde de Toreno al traslado del mercado, no se hicieron esperar. Según ellos el cambio se hacía por “utilidad, conveniencia y necesidad común”: “la Plaza en que antes se hacía el mercado era una calle ancha y no otra cosa, y que pasando por ella la carretera para Castilla se interrumpía frecuentemente la comunicación de los comerciantes al mercado, al paso que la [Plaza de la Iglesia, en la] que se celebra actualmente, es mucho más capaz y susceptible de las comodidades que exigen los establecimientos de esta clase”. En un informe del Ayuntamiento se incide en esto mismo: “en la plaza antigua todo era desorden, confusión y continuos trastornos para los concurrentes y transeúntes, y en la nueva o de la Iglesia, por su extensión y capacidad, es todo lo contrario”. En cuanto a los inconvenientes para los oficios divinos, responden que en la iglesia colegiata “se dicen solo dos o tres misas en dichos días, sin practicarse otros oficios, y que este pretexto es tanto más despreciable y voluntario cuanto en dicha plaza se celebran y han celebrado de tiempo inmemorial, por su mejor disposición y más libre de inconvenientes, las grandes ferias de dicho pueblo de Cangas en los solemnísimos días del Corpus, Invención de la Santa Cruz, Pentecostés, San Andrés y San Mateo”.

El conde de Toreno respondió al argumento de la incomodidad de la plaza del Mercado diciendo lo siguiente: “El sitio de la plaza del Mercado es más ventajoso, porque está a la salida del pueblo, los trajineros de Castilla no tienen necesidad de atravesar las calles con sus ganados y se precaven contingencias en las mujeres y niños especialmente, sin que contra esto pueda influir ni formar paralelo el único fundamento de celebrarse las ferias en la plaza principal, pues, según lo que se vende en ellas y su corta duración, son muy diferentes”.

El enfrentamiento entre el conde de Toreno y el Ayuntamiento duró hasta 1820. El pleito se dirimió en la Real Audiencia de Asturias y el Consejo de Castilla, y se pidió consulta a los ayuntamientos de Ibias y Tineo, y al Obispo de Oviedo. Al final, la Justicia dio la razón al Ayuntamiento y el mercado semanal quedó en la Plaza de la Iglesia, donde todavía hoy continúa celebrándose.


[La información para hacer esta noticia está sacada en su mayor parte del archivo de los condes de Toreno que se conserva en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, de Toledo].


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La calle “Tres Peces”

Mucha gente se preguntará de donde salió ese nombre de Tres Peces con el que se denomina a una pequeña y céntrica calle de nuestra villa de Cangas del Narcea, en la que están algunas de las casas de comidas más concurridas de la población: el Mesón Payva, el Bar Caniecho…, y que rememora a la famosa calle de Los Tres Peces, del barrio de Lavapiés de Madrid.

El nombre de la calle madrileña, según Pedro de Répide en su libro Las calles de Madrid, procede de una casa que había allí, “perteneciente a la memoria de don Pedro de Solórzano, cuya condición era la de dar todos los años, el día de San Francisco de Paula, tres peces grandes al Convento de la Victoria; otros tres, en el día de San Rafael, al Hospital San Juan de Dios; tres igualmente, en el día de la Concepción, al de San Francisco, y otros tantos al de San Bernardino, y para que no se perdiese la costumbre de esta contribución fueron labrados en la fachada de la casa tres peces de piedra”. Veamos ahora de donde proceden los Tres Peces de la calle de Cangas del Narcea.

Calle de la Iglesia en 1910, a la izquierda está la casa de La Riva, que se derribó en 1923 para abrir la calle Tres Peces y hacer seis solares.

La calle se abrió en 1923, cuando se derribó una de las viejas casonas que había en la calle de la Iglesia (actual, calle don Rafael Fernández Uría), próxima a la Plaza Mayor, conocida como casa de La Riva. Este edificio lo compraron por cincuenta mil pesetas en 1922 tres personas, que serán los “Tres Peces” que dan nombre a la calle: el rentista Gonzalo Ortega Martínez, emigrante enriquecido en la isla de Cuba, hijo de Pascual Ortega, alguacil del juzgado, y de María Martínez Flórez; el industrial Antonio Fernández Gayón, y el zapatero y guarnicionero Luis Martínez, “Garabuyos”.

Gumersindo Díaz Morodo, “Borí”, nos ofrece en una crónica canguesa publicada en La Habana, en la revista El Progreso de Asturias, el 10 de julio de 1923, las claves del nombre de esta calle:

“Otra obra que contribuye mucho al embellecimiento e higiene de la villa se está llevando a efecto. El viejo, antiestético y poco higiénico caserón de La Riva, situado en la plaza Mayor, ha sido en su mayor parte demolido, y en ese solar se están construyendo nada menos que seis casas, abriéndose una calle por el centro, calle que ya “Carrón” bautizó con el nombre de “Los Tres Peces”, aludiendo a Ortega, Gayón y Garabuyos, que fueron los compradores del caserón y quienes planearon la división en seis solares. Esta nueva calle no tiene por el momento salida, pero se supone que con el tiempo siga su trazado por las huertas de la Vega a enlazar con la [calle] Mayor junto al teatro”.

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La calle de Anselmo del Valle (antigua calleja de Reigada)

Algún día tendremos que empezar a escribir en el Tous pa Tous la historia de las calles y plazas de la villa de Cangas del Narcea, y a desvelar la biografía de los personajes que les dan nombre. Ya hemos dado algunos pasos con las biografías de Mario Gómez, José Francisco Uría, el padre Luis Alfonso de Carballo, Alejandro Casona, y los alcaldes José Mª Díaz “Penedela” y Joaquín Rodríguez, pero todavía nos queda mucho por hacer.

Hace unas semanas nos encontramos en el Archivo Municipal, en un libro de actas de las sesiones del ayuntamiento, el acuerdo para poner el nombre de Anselmo González del Valle (La Habana, 1852 – Oviedo, 1911) a una calle de la villa. En realidad, el nombre dado a la calle, que es el que todavía mantiene hoy, fue el de Anselmo del Valle, que era como se le conocía a este filántropo, industrial, músico y modernizador del vino de Cangas. El acuerdo se tomó el 25 de enero de 1891, siendo alcalde José de Llano Valdés, y dice así:

“Acordó asimismo el Ayuntamiento por unanimidad aprobar las obras y gastos hechos en el arreglo de la calleja de Reigada, la cual se llamará de D. Anselmo del Valle por haber cedido una faja de terreno con dicho objeto”.

Detalle del acta de la sesión del ayuntamiento de 25 de enero de 1891 donde se acordó poner el nombre de Anselmo del Valle a una calle de Cangas del Narcea

La calle, para los pocos que no la conozcan, une la calle de La Fuente con La Veiguitina y el río Narcea.

Una de las consecuencias del crecimiento de las urbes es la desaparición del espacio rural circundante y de los viejos nombres de esos lugares; la apertura de calles nuevas trae consigo, en la mayor parte de los casos, nombres nuevos. El nombre de Anselmo del Valle vino a sustituir a otro que hoy ya no recuerda nadie en Cangas del Narcea: la calleja de Reigada.

Calle de Anselmo del Valle en Cangas del Narcea, 14 de febrero de 2012

El nombre de Reigada es probable que viniese de una familia que con ese apellido vivía en el número 22 de la calle de La Fuente. De todos modos, este apellido procede del topónimo La Reigada, que es muy frecuente en Asturias; da nombre a varios pueblos de los concejos de Allande, Tineo, Candamo, Pravia e Illas, así como a otros muchos lugares: La Reigada, por ejemplo, se llaman unos praos en el camino de Besullo a El Pumar de las Montañas. Según Xosé Lluis García Arias, este nombre procede de la palabra latina radix, “raíz”, y en concreto del adjetivo radicatus que significa “enraizado”.

La fuente de El Reguerón cumple cien años, 1909-2009

La fuente del Reguerón en 1910. Fotografía de Eduardo Méndez-Villamil

La villa de Cangas del Narcea nunca tuvo muchas ni buenas fuentes. Hasta que se hizo la traída de aguas, la única fuente en el centro de la villa era la de la calle de La Fuente. Las otras estaban en las afueras, como la fuente del Cascarín y otras. Pero además, el agua de aquella fuente pública nunca gozó de buena fama.

Para paliar esta carencia de fuentes, muchas casas de Cangas tenían un pozo de agua. Por todo esto, no es extraño que la fuente de El Reguerón, que da agua abundante y de calidad durante todo el año, causase impresión y muy buenos servicios a varias generaciones de cangueses. La fuente era muy antigua y muy apreciada. En el periódico El Narcea, de 31 de enero de 1913, se da la noticia de la preocupación que estaba motivando la disminución de caudal de esta fuente y en ella se dice: Todos sabemos los inapreciables servicios que al vecindario de Cangas le presta desde tiempo inmemorial la fuente del Reguerón. En la última epidemia tífica que hemos padecido, clausuradas fuentes y pozos de la villa, el agua de ese manantial –que es la más sana de todo este contorno- salvó tal vez la vida a muchas personas, contribuyendo a que la epidemia nos abandonase.

La fuente está en la actualidad rodeada de construcciones y su protagonismo en El Reguerón ha quedado muy reducido. Pero cuando se construyó en 1909 era una obra de empaque, casi lujosa, y muy útil para los vecinos de Cangas, para las personas que hacían el paseo de Cangas a Corias y para los viajeros que transitaban por esta carretera de La Espina-Ponferrada. Esta fuente acaba de cumplir cien años y el Tous pa Tous quiere celebrarlo.

Para celebrar su aniversario vamos a reproducir un artículo que le dedicó en 1950 Carlos Graña Valdés y que se publicó en el diario La Nueva España. El autor, a la vez que manifiesta su querencia por esta fuente y solicita su reparación, nos ofrece datos sobre quién la construyó, que materiales se emplearon y que significó en su época. Asimismo, en homenaje a la fuente del Reguerón, acompañamos esta noticia con un par de fotografías realizadas por Modesto Morodo y Eduardo Méndez-Villamil poco después de su construcción en 1909.

¡Felicidades y larga vida a la fuente de El Reguerón!


Fuente del Reguerón, hacia 1912. Fotografía de Modesto Morodo

LA FUENTE DEL REGUERÓN

por Carlos Graña Valdés

Por el año 1909 desempeñaba el cargo de sobrestante [capataz] de Obras Públicas en esta zona don Carlos Fernández, quien demostró claramente, en cuantas ocasiones se le presentó oportunidad de demostrarlo, sentir cariño hacia nuestro municipio, laborando gustoso en beneficio de su capital y de cualquiera de sus numerosos pueblos.

Entre las obras que durante el largo periodo de su gestión se realizaron en el concejo por el Estado figura la fuente del Reguerón, punto medio del bello paseo, de dos kilómetros de buena carretera, extendido entre Cangas y Corias.

Dicha fuente, con doble caño, de un líquido potable abundantisimo durante las cuatro estaciones, se construyó con el hermoso mármol de las canteras vírgenes de Rengos, en este término municipal; y para adorno y embellecimiento de la misma, se le colocó por delante una amplia acera y se le adicionaron por su derecha y su izquierda, formando semicírculo, cómodos asientos.

La obra se realizó en perfectas condiciones de solidez, como bien lo demuestra su larga duración en buen estado; pero la acción del tiempo, que todo lo destruye, y la falta de reparaciones, produjeron desgaste y la descomposición del cemento, presentando actualmente la acera y los asientos un aspecto lamentable.

¿Podrá la jefatura de Obras Públicas de la provincia reparar debidamente la fuente del Reguerón, sita en la carretera La Espina a Ponferrada, en su kilómetro 39, lugar de mucho transito, en un lugar esplendido?

Nosotros, y con nosotros la totalidad de los cangueses, quedaríamos sumamente agradecidos a la jefatura, si ordenase, por creerlo justo, ejecutar los trabajos necesarios para que la fuente del Reguerón vuelva a presentar a la mirada de las gentes la gala que ofreció durante más de seis lustros.

La Nueva España, 6 de octubre de 1950