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El Santo Cristo de El Acebo. Una escultura ignorada de Juan Menéndez del Valle

Fig. 1. Relieve del Calvario del retablo de Linares.

Este artículo forma parte de la memoria histórico-artística sobre el santuario de Nuestra Señora de El Acebo (Cangas del Narcea), realizada por el autor a petición de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias para la declaración del santuario como Bien de Interés Cultural, de la que haremos un breve resumen para la web del Tous pa Tous.

El Santo Cristo de El Acebo es una imagen hasta ahora desconocida, de la que ni siquiera el padre fray Alberto Colunga (Noreña, 1879 – Caleruega, Burgos, 1962) en su Historia del santuario, publicada por primera vez en Madrid en 1909, da noticia alguna. Es, sin duda, la pieza más sobresaliente de la producción del escultor y pintor Juan Menéndez del Valle. Se la atribuimos a este escultor tras compararla con el relieve del Calvario con la Virgen y san Juan (fig. 1) del retablo mayor de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Linares de El Acebo (antiguo retablo mayor del santuario), obra del año 1600 perfectamente documentada de Menéndez del Valle (COLUNGA, Historia del santuario, 1909, pág. 23).

Fig. 2. Santo Cristo de El Acebo.

Menéndez del Valle fue uno de los artistas asturianos más destacados del primer cuarto del siglo XVII, momento en que Asturias se estaba empezando a recuperar de la crisis socio-económica que la asoló desde finales de la Baja Edad Media. Su actividad se documenta entre 1598-1621. Era natural del concejo de Llanera y vecino de Oviedo. Él fue el que inició y apadrinó la carrera artística del escultor gijonés Luis Fernández de la Vega (Llantones, Gijón, 1601 – Oviedo, 1675), el principal representante del naturalismo barroco castellano en la mitad norte peninsular, tras el casamiento de este con su hija, Isabel Menéndez, en 1616. Su obra documentada es muy escasa y de ella solo se conservan sus trabajos para el santuario de El Acebo: los retablos colaterales de San José y San Miguel y el de la capilla de Santa Ana (GONZÁLEZ SANTOS, Los comienzos de la escultura naturalista en Asturias, 1997, págs. 27-30, figs. págs. 28-29), contratados en Oviedo en 1598. Fue un artista que estableció abundantes mancomunidades con otros maestros de su generación, como Juan de Torres (doc. entre 1587-1615), Francisco González (1583-1627) y Toribio Suárez (doc. 1600-1628), por las que los maestros se comprometían a realizar conjuntamente una serie de obras. El estilo de Menéndez del Valle se caracteriza por una lejana influencia del último Renacimiento (manierismo), ejemplificado en el retablo mayor de la catedral de Astorga, realizado por Gaspar Becerra (1520-1568) a partir de 1550, con unas figuras algo desproporcionadas, inexpresivas, frías y, sobre todo, robustas, de clara influencia romanista.

Fig. 3. Detalle del Santo Cristo de El Acebo.

El Santo Cristo está en la sacristía del santuario de El Acebo (figs. 2-3). Es una talla un poco menor que el natural (sobre 110 cm aprox.), realizada en madera y policromada, que a nuestro juicio fue esculpida el mismo año que este escultor hizo los retablos de la ermita, para ornamentar la capilla del Santo Cristo, abierta en el lado del evangelio del crucero, y acaso junto a un pequeño retablo (no conservado), semejante a los colaterales, para colocar la imagen con decoro. Este conjunto, retablo e imagen, fue sustituido hacia 1650 por otro de mayor tamaño, realizado por Pedro Sánchez de Agrela (San Pedro de Mor, Lugo, h. 1610 – Cudillero, 1661), donde se venera un Crucificado que ejemplifica el estilo naturalista implantado en Cangas del Narcea en el segundo tercio del siglo XVII por Sánchez de Agrela y su taller.

Fig. 4. Cristo de Prada (o de Velarde) de la catedral de Oviedo.

Para labrar la imagen, Menéndez del Valle se inspiró en el Cristo de Prada (o de Velarde) venerado en una de las capillas del costado meridional de la catedral de Oviedo, fundada a mediados del siglo XVI por Antonio Vázquez de Prada, abad de Tuñón, quien también donó el Crucificado (fig. 4). Antonio era hijo de don Andrés Vázquez de Prada y Rubio, capitán del emperador Carlos V en la batalla de Pavía (1525), caballero de la orden de Santiago en 1528 y fundador de la casa de Prada en 1544. El sobrenombre de Velarde le viene de cuando la casa de Prada recayó en aquella, ya a mediados del siglo XVIII. El Cristo de Prada es una imagen manierista que se relaciona con el Cristo de las Injurias de la catedral de Zamora, obra del círculo de Gaspar Becerra (Baeza, Jaén, h. 1520 – Madrid, 1570). No obstante, últimamente también se viene vinculando con el escultor Arnao Palla.

Fig. 5. Cristo crucificado del relieve de San Francisco del retablo de Linares.

La imagen del Cristo de El Acebo, aunque no es tan estilizada como aquella, justifica la influencia que tuvo este modelo en los escultores asturianos del cambio de siglo: el rostro sereno, noble y apacible, con un mechón de cabello cayendo sobre su hombro derecho; una anatomía robusta, insistiendo en los músculos del abdomen; la disposición estirada de los dedos índice y corazón de las manos, y los pliegues suaves, clasicistas, del paño femoral. No obstante, Menéndez del Valle supo dotar a su imagen de una personalidad propia.

Fig. 6. Detalle del Crucificado del relieve de San Francisco del retablo de Linares.

Suyo es el tratamiento alargado de la barba, el trenzado de la corona de espinas y, sobre todo, el rizo del cabello sobre su oreja izquierda que repite exactamente en el Cristo de Linares y en el del relieve de San Francisco de Asís del mismo retablo (figs. 5-6).

La imagen de El Acebo está policromada. Presenta desconchados en las rodillas, piernas, abdomen y brazos. Destacan las tonalidades mortecinas en las magulladuras de las rodillas, pies, manos y rostro, y evidentes goterones de sangre que emanan de las heridas producidas por los clavos, corona de espinas y lanzada. Carece de postizos, cuyo uso por estas fechas en Asturias aún no estaba generalizado. La policromía es sin duda la original, acaso realizada por el mismo Menéndez del Valle.

El Santo Cristo de El Acebo. Una escultura ignorada de Juan Menéndez del Valle

Fig. 1. Relieve del Calvario del retablo de Linares.

Este artículo forma parte de la memoria histórico-artística sobre el santuario de Nuestra Señora de El Acebo (Cangas del Narcea), realizada por el autor a petición de la Consejería de Cultura y Deporte del Principado de Asturias para la declaración del santuario como Bien de Interés Cultural, de la que próximamente haremos un breve resumen para la web del Tous pa Tous.

Santo Cristo es una imagen hasta ahora ignorada y desconocida, de la que ni siquiera el padre fray Alberto Colunga (Noreña, 1879 – Caleruega, Burgos, 1962) en su Historia del santuario, publicada por primera vez en Madrid en 1909, da noticia alguna. Es, sin duda, la pieza más sobresaliente de la producción del escultor y pintor Juan Menéndez del Valle. Se la atribuimos a este escultor tras compararla con el relieve del Calvario con la Virgen y san Juan (fig. 1) del retablo mayor de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Linares de El Acebo (antiguo retablo mayor del santuario), obra del año 1600 perfectamente documentada de Menéndez del Valle (COLUNGA, Historia del santuario, 1909, pág. 23).

Fig. 2. Santo Cristo de El Acebo.

Menéndez del Valle fue uno de los artistas asturianos más destacados del primer cuarto del siglo XVII, momento en que Asturias se estaba empezando a recuperar de la crisis socio-económica que la asoló desde finales de la Baja Edad Media. Su actividad se documenta entre 1598-1621. Era natural del concejo de Llanera y vecino de Oviedo. Él fue el que inició y apadrinó la carrera artística del escultor gijonés Luis Fernández de la Vega (Llantones, Gijón, 1601 – Oviedo, 1675), el principal representante del naturalismo barroco castellano en la mitad norte peninsular, tras el casamiento de este con su hija, Isabel Menéndez, en 1616. Su obra documentada es muy escasa y de ella solo se conservan sus trabajos para el santuario de El Acebo: los retablos colaterales de San José y San Miguel y el de la capilla de Santa Ana (GONZÁLEZ SANTOS, Los comienzos de la escultura naturalista en Asturias, 1997, págs. 27-30, figs. págs. 28-29), contratados en Oviedo en 1598. Fue un artista que estableció abundantes mancomunidades con otros maestros de su generación, como Juan de Torres (doc. entre 1587-1615), Francisco González (1583-1627) y Toribio Suárez (doc. 1600-1628), por las que los maestros se comprometían a realizar conjuntamente una serie de obras. El estilo de Menéndez del Valle se caracteriza por una lejana influencia del último Renacimiento (manierismo), ejemplificado en el retablo mayor de la catedral de Astorga, realizado por Gaspar Becerra (1520-1568) a partir de 1550, con unas figuras algo desproporcionadas, inexpresivas, frías y, sobre todo, robustas, de clara influencia romanista.

Fig. 3. Detalle del Santo Cristo de El Acebo.

El Santo Cristo está en la sacristía del santuario de El Acebo (figs. 2-3). Es una talla un poco menor que el natural (sobre 110 cm aprox.), realizada en madera y policromada, que a nuestro juicio fue esculpida el mismo año que este escultor hizo los retablos de la ermita, para ornamentar la capilla del Santo Cristo, abierta en el lado del evangelio del crucero, y acaso junto a un pequeño retablo (no conservado), semejante a los colaterales, para colocar la imagen con decoro. Este conjunto, retablo e imagen, fue sustituido hacia 1650 por otro de mayor tamaño, realizado por Pedro Sánchez de Agrela (San Pedro de Mor, Lugo, h. 1610 – Cudillero, 1661), donde se venera un Crucificado que ejemplifica el estilo naturalista implantado en Cangas del Narcea en el segundo tercio del siglo XVII por Sánchez de Agrela y su taller.

Fig. 4. Cristo de Prada (o de Velarde) de la catedral de Oviedo.

Para labrar la imagen, Menéndez del Valle se inspiró en el Cristo de Prada (o de Velarde) venerado en una de las capillas del costado meridional de la catedral de Oviedo, fundada a mediados del siglo XVI por Antonio Vázquez de Prada, abad de Tuñón, quien también donó el Crucificado (fig. 4). Antonio era hijo de don Andrés Vázquez de Prada y Rubio, capitán del emperador Carlos V en la batalla de Pavía (1525), caballero de la orden de Santiago en 1528 y fundador de la casa de Prada en 1544. El sobrenombre de Velarde le viene de cuando la casa de Prada recayó en aquella, ya a mediados del siglo XVIII. El Cristo de Prada es una imagen manierista que se relaciona con el Cristo de las Injurias de la catedral de Zamora, obra del círculo de Gaspar Becerra (Baeza, Jaén, h. 1520 – Madrid, 1570). No obstante, últimamente también se viene vinculando con el escultor Arnao Palla.

Fig. 5. Cristo crucificado del relieve de San Francisco del retablo de Linares.

La imagen del Cristo de El Acebo, aunque no es tan estilizada como aquella, justifica la influencia que tuvo este modelo en los escultores asturianos del cambio de siglo: el rostro sereno, noble y apacible, con un mechón de cabello cayendo sobre su hombro derecho; una anatomía robusta, insistiendo en los músculos del abdomen; la disposición estirada de los dedos índice y corazón de las manos, y los pliegues suaves, clasicistas, del paño femoral. No obstante, Menéndez del Valle supo dotar a su imagen de una personalidad propia.

Fig. 6. Detalle del Crucificado del relieve de San Francisco del retablo de Linares.

Suyo es el tratamiento alargado de la barba, el trenzado de la corona de espinas y, sobre todo, el rizo del cabello sobre su oreja izquierda que repite exactamente en el Cristo de Linares y en el del relieve de San Francisco de Asís del mismo retablo (figs. 5-6).

La imagen de El Acebo está policromada. Presenta desconchados en las rodillas, piernas, abdomen y brazos. Destacan las tonalidades mortecinas en las magulladuras de las rodillas, pies, manos y rostro, y evidentes goterones de sangre que emanan de las heridas producidas por los clavos, corona de espinas y lanzada. Carece de postizos, cuyo uso por estas fechas en Asturias aún no estaba generalizado. La policromía es sin duda la original, acaso realizada por el mismo Menéndez del Valle.

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Narcea Esquí Club: “Nos subimos al cajón”

José Miguel Fernández Villabrille medalla de plata en el Slalom Gigante de Fuentes de Invierno

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Gran bajada de Miguel en Fuentes de Invierno, flamante subcampeón de Asturias. Foto Narcea Esquí Club

El pasado sábado día 23 de marzo de 2013 se celebró en la Estación Invernal de Fuentes de Invierno la final regional de esquí de los Juegos Deportivos del Principado de Asturias. La prueba se disputó en la modalidad de Slalom Gigante a una manga para todas las categorías: benjamines, alevines, infantiles y cadetes.

Los de Cangas del Narcea estuvimos representandos por las jovencísimas promesas del Narcea Esquí Club subiendo al cajón para recoger la medalla de plata en la categoría de alevines José Miguel Fernández Villabrille (Bar La Himera). Miguel, que a sus diez años es el nuevo subcampeón de Asturias de la categoría, realizó un descenso impecable y ha sido impresionante ver a la velocidad que pasaba las puertas pese a las adversas condiciones climatologías durante la prueba.

En damas hay que destacar el meritorio 5º puesto de Inés Rodríguez Llano, también en la categoría de alevines, que se quedó a tan sólo cuatro décimas de subirse al cajón.

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Miguel ocupando el segundo puesto en el podium levanta orgulloso su trofeo. Foto Narcea Esquí Club

Destacar la actuación del resto de participantes del equipo que aunque esta vez no pudieron saborear las mieles del triunfo, visto el nivel que han demostrado no tardarán en alcanzar la gloria del esquí alpino en el panorama regional. Por categorías los miembros del Narcea Esquí Club que han participado son:

GIGANTE HOMBRES ALEVINES

  • Miguel Fernández Villabrille (2º Subcampeón de Asturias)
  • Andrés Pérez Barrero (6º)
  • Juan Pérez Barrero (8º)

GIGANTE DAMAS ALEVINES

  • Inés Rodríguez Llano (5ª)

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Los entrenadores con parte del equipo que disputó en Fuentes de Invierno los Juegos Deportivos del Principado de Asturias de 2013. Foto Narcea Esquí Club

GIGANTE HOMBRES INFANTILES

  • Juan Rodríguez de la Fuente (10º)
  • Martín Zuazua Rodríguez (14º)
  • Isaac Otero Cachón (15º)
  • Jorge Rubio Fernández (16º)

GIGANTE DAMAS INFANTILES

  • Carlota Alba Linde (9ª)
  • Jenny Collar Lago (11ª)
  • María Álvarez Sierra (12ª)

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Juan en Leitariegos pulverizando todas las marcas. Foto Narcea Esquí Club (J.R. Puerto)

Por otro lado, el fin de semana anterior, concretamente el domingo 17 de marzo de 2013, se celebró en la Estación de Esquí de Leitariegos la V Carrera Social – Slalom Gigante del Narcea Esquí Club en la que cabe detacar la actuación de Juan Rodríguez de la Fuente que pulverizó todos los registros en las dos mangas disputadas, proclamándose campeón absoluto de la prueba. Juan, a sus doce años, se mostró intratable en los dos descensos cronometrados. Con un tiempo total de 1′ 15” 28 fue capaz de vencer a las categorías superiores, cadetes y adultos, mejorando en casi dos segundos los tiempos del segundo y tercer clasificado.

El Misterio de la Serpiente, un cómic de María José Perrón con Cangas del Narcea como protagonista

Página nº 11 del cómic ‘El Misterio de la Serpiente’

En Cangas del Narcea el verano se presentaba tranquilo para Alberto y Ana, que pasaban unos días en la casa de sus abuelos. Pero la aparición de unos manuscritos antiguos les sacará del letargo. Analizar y descifrar qué misterio esconden les llevará a recorrer las calles, monumentos, plazas y lugares emblemáticos de la villa… aunque no son los únicos interesados en averiguarlo. ¿Qué esconden los documentos? ¿Serán capaces de descifrar estos jóvenes el Misterio de la Serpiente? ¿Por qué hay otras personas interesadas en poseer los manuscritos? Estos interrogantes son los que plantea María José Perrón en el cómic titulado “El Misterio de la Serpiente”, autora del guión original y de las ilustraciones.

La autora está buscando colaboración para publicar este cómic, cuya motivación principal a la hora de crearlo ha sido rendir un homenaje a Cangas y sus gentes. Los interesados en recibir más información o en contactar con María José puede enviarnos un mensaje a EL TOUS P@ TOUS.

Página nº 13 del cómic ‘El Misterio de la Serpiente’

Página nº 16 del cómic ‘El Misterio de la Serpiente’

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Notas para el estudio de una Cangas inexistente

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Dársena imaginaria de Ambasaguas

Río navegable y ferrocarril fueron los hitos de cualquier modelo de industrialización decimonónica. La revolución industrial británica empleó estos dos tipos de transporte para construir en gran medida la utopía liberal. La insaciable codicia de sus mercaderes, respaldada por una cínica monarquía parlamentaria, tejió un imperio colonial, mientras su propio territorio, una unánime llanura, facilitaba el trazado de una multitud de canales navegables y ferrocarriles. La velocidad y economía del transporte facilitó la revolución industrial.

Aquí la geografía no ayudó. Asturias es un país ribereño y arrugado, que fluye hacia el norte, donde la energía del agua modeló su singular geometría. A pesar de todo se intentó la canalización del Nalón y una intricada red de ferrocarriles mineros, con poca cohesión entre sí, tramó el centro de la región fijando los mimbres de la actual conurbación.

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Muelle con gabarras y ferrocarril imaginarios bajo el palacio de Oumaña

Obviamente Cangas del Narcea sería distinta si el río Narcea fuera navegable. Quizás no tanto si hubiese tenido una línea de ferrocarril: para que éste fuese el motor de una economía sostenida en el tiempo debería involucrarse en una red urbana pujante, y eso la minería por sí misma no lo produce; además, se necesita cuando menos un hinterland dinámico.

Lo destruido y lo no construido definen en gran medida el ser profundo de una ciudad. Italo Calvino escribió de las ciudades y el deseo, de las ciudades y los sueños. Cangas parece alejarse poco a poco y sin remedio de su propio ser, de su íntima ‘ciudad ideal’. La sociedad canguesa debe evitarlo. Urge la redacción de un eficaz catálogo urbanístico que recoja lo que debe mantenerse y un planeamiento urbano y rural afinado, acorde con la singularidad canguesa.

Se presentan dos imágenes de esa Cangas irreal, y también utópica: la dársena de Ambasaguas y, bajo el palacio de Oumaña, un muelle con gabarras y un ferrocarril para transportar la madera y el carbón que nunca llegó. Sirvan estos sencillos dibujos para fabular el pasado, pensar el presente y proyectar el futuro de una Cangas que debe salir del mejor de los sueños posibles.

Juan PEDRAYES OBAYA
Dr. Arquitecto
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Sobre imágenes y cronistas

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Cangas del Narcea, 1974. Tarjeta postal de Ediciones Arribas titulada ‘la pasarela’ con el puente colgante recién construido ya que fue inaugurado en 1973

Cuando abro el correo electrónico me es grato encontrar uno que me enlaza con la Web del Tous pa Tous, generalmente contiene información sobre los aspectos más variados del concejo de Cangas del Narcea. Hace días me sorprendió uno de opinión titulado “Cronista accidental” criticando la elección de la pasarela colgante como una de las imágenes de la villa.

¿Qué entendemos por la “imagen” de una villa? Al menos algo que la identifica y la diferencia de otras villas, que es fácil de reconocer y de recordar y que guarda relación con su pasado, su presente o los proyectos de futuro. A este concepto de “imagen” se pueden ajustar una vista general, una parcial, un elemento singular o uno repetitivo. Sin duda incluso hasta un pequeño pueblo puede tener varias imágenes que lo identifiquen, sin que unas excluyan a otras.

¿Qué criterios podemos seguir para calificar a un elemento como “imagen de un lugar”? ¿Puede la antigüedad ser un criterio fiable? Ya que partimos de un elemento singular, tomemos algunos ejemplos reconocidos e incluso algunos de ellos polémicos en cuanto a su estética: la Torre Eiffel, 1889; Puente de la Torre de Londres, 1894; la Casa de la Ópera de Sidney, inaugurada en 1973; el Elogio al Horizonte, Gijón, 1989; el Museo Guggenheim en Bilbao, 1997; las Torres Kio o Puerta de Europa en Madrid, 1996; el Ojo de Londres o Noria del Milenium, 1999. Muchas generaciones vivieron en estas ciudades sin conocer estos edificios o esculturas y sin embargo a día de hoy cuando las vemos identificamos enseguida la ciudad donde se asientan.

¿Podemos tomar como criterio la identidad, es decir su diferenciación respecto a otros del mismo tipo, la facilidad de reconocimiento y recuerdo y/o la relación con la historia y con la gente del lugar?

La pasarela colgante de Cangas, nos guste o no, tiene identidad porque es una obra original, única, sustentada en una idea previa de José Gómez del Collado, quien lo ideó pensando en dos hombres grandes situados uno en la plaza de la Oliva y otro en El Fuejo, de espaldas, con dos largas cuerdas sujetas con sus manos y tensadas en sus hombros; de esas cuerdas cuelga la pasarela, los hombres soportarán mayor o menor peso y así se inclinarán menos o más por la tensión.

Su forma es fácil de reconocer, de recordar y desde su construcción se reproduce en postales y fotografías. El puente con la Basílica de Santa María Magdalena al fondo aparece en cuanto buscamos en cualquier medio fotos sobre Cangas, y pocos visitantes se escapan a la tentación de fotografiarse en él.

La pasarela colgante responde a un momento histórico de crecimiento demográfico en Cangas del Narcea, acompañado de una necesidad de habitación para muchas familias; todo un barrio dispuso de un acceso peatonal al centro de la villa con todas las implicaciones que ello conlleva.

Contribuye al magnífico muestrario de puentes que existen en Cangas del Narcea, uno de los valores patrimoniales de la villa. Los puentes unen y, excepto cuando los poderosos establecen peaje o pontazgo, ganan en popularidad a otros edificios que materializan el poder de unos pocos sobre otros.

Respecto a la profesión de “cronista accidental”, personalmente prefiero “cronista del suroccidente”; no puedo olvidar mi frustración al investigar en las hemerotecas sobre épocas no muy lejanas y no encontrar nada sobre Cangas del Narcea, como si no existiese. Estos cronistas son leídos desde muy lejos por esos “cangueses por el mundo” (eufemismo de emigrantes), por los que vivimos en Cangas y serán fuente histórica en el futuro. La crítica constructiva siempre es buena y necesaria, tanto como el reconocimiento de una buena labor. En el caso concreto del artículo sobre el puente colgante es muy relevante la entrevista a Orlando Vecino, una persona que hace algo más de cuarenta años trabajó a pie de obra en la construcción del puente, todo un testimonio.

Espero que esta pasarela, casi transparente desde lejos y con una potente geometría vista de cerca, siga siendo tan fotografiada, tan visitada por los turistas y tan útil para los transeúntes por muchos años, a pesar de las dificultades de mantenimiento. Y que nuestros cronistas lo cuenten.

Mercedes Pérez Rodríguez
Cangas del Narcea, 12 de marzo de 2013
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La casa de los Llano: El último palacio que se construyó en Cangas del Narcea

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Palacio de los Llano en la calle de La Fuente, hacia 1910.

La casa es siempre un reflejo de sus moradores. Su forma, tamaño, construcción, decoración y distribución interior son un reflejo de las personas que viven dentro, de su riqueza, de sus ideas, de su higiene o de su cultura.

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Casas que había en 1771 y que se derribaron para construir el palacio de los Llano en 1780-1785.

En la Edad Moderna el palacio era la casa de las familias más poderosas. En Cangas del Narcea estaban los palacios del conde de Toreno en la villa y en La Muriella, el del conde de Peñalba, el de Omaña, los de los Sierra en Llamas del Mouro y Xarcelei, los de Ardaliz y San Pedro de Árbas, etc. Todas estas construcciones, edificadas entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVIII, tienen en común la presencia en su fachada de una o dos torres, para rememorar las viejas torres medievales que eran las viviendas de los señores en la Edad Media, que es la época a la que se remonta el origen de todos estos linajes.

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Palacio de los Llano en 1884.

A partir del siglo XVIII, este modelo de palacio con torre pasa completamente de moda y es sustituido por una arquitectura nueva, más funcional y diáfana, de diseño cúbico y con grandes aleros en voladizo, cuyos criterios estéticos acabarán siendo impuestos por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundada en Madrid, en 1752, que a partir de esta fecha supervisará los proyectos arquitectónicos que se llevaron a cabo en España. Es el llamado academicismo y a este estilo arquitectónico pertenece el último palacio que se construyó en Cangas del Narcea: el de los Llano, levantado en la calle de La Fuente entre 1780 y 1785.

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Palacio de los Llano en 1925.

Esta monumental casa es un bloque rectangular que tiene planta baja y dos pisos. El piso primero se abre a la calle con balcones redondeados y rejas de hierro forjado, y el último, mediante ventanas y balcones a paño con el muro. Todos los huecos de la fachada son iguales y agrupados en rigurosa simetría: tres huecos en centro y otros, más apartados, hacia las esquinas, en un ritmo así: b-aaa-b. En cambio, debido al violento cambio de rasante de la calle de La Fuente, no se pudo mantener la estructura tripartita de puertas, abriendo solo dos: la central y la del lado izquierdo.

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Fachada del palacio de los Llano a la calle Burgos.

En la fachada sur, que da a la calle Burgos, el piso superior tiene un gran corredor. La casa carece de torres, pero en el centro de su fachada principal, encima del balcón central, luce el escudo de armas de la familia, labrado en piedra de gran calidad, con las armas de Castrillón o Villamil, y Valdés-Flórez.

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Fachada del palacio de los Llano a la calle de la Fuente.

Desde su fachada principal, la casa tenía unas magnificas vistas sobre el río Narcea y el valle de Cangas, que hoy ha perdido por la construcción de nuevos edificios.

Los Llano son un linaje muy antiguo en Cangas del Narcea, que tenía su casa en el barrio de Ambasaguas. Su viejo palacio, con una torre, todavía se conserva en un estado ruinoso, detrás de la iglesia de ese barrio, y el escudo que había en su fachada está desde 1955 en el hotel Truita, en la fachada que mira a la calle Diz Tirado.

En la segunda mitad del siglo XVIII, el mayorazgo de esta familia, Antonio de Llano Flórez, se casó con Catalina Villamil y Ron Álvarez de Castrillón y Casariego, natural de San Juan de Prendonés (concejo de El Franco), y esta unión cambió el destino de la familia Llano.

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Escudo con las armas de Llano y Flórez de la casa de los Llano de Ambasaguas, hoy en el hotel Truita.

Catalina heredó en 1770 una considerable fortuna de su tío materno Blas Sarmiento Castrillón y Casariego, con la que esta familia construyó su casa principal en la villa de Cangas, dejando en un segundo lugar la vieja casa de Ambasaguas, que era donde había vivido hasta entonces.

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Escudo de la casa de los Llano en la calle de la Fuente, según Armando Graña.

Blas Sarmiento  era natural del lugar de Mourio, en San Juan de Prendonés (El Franco), hijo de Blas López Casariego Castrillón y María Álvarez Castrillón, y de joven se había marchado a América (o a Indias, como entonces se decía). En México se casó con María Manuela Sarmiento Sánchez de Milla, heredera en esa tierra del mayorazgo fundado en 1586 por el capitán Juan Sarmiento y su mujer Isabel Vélez Raicón, de la que tomó el apellido. Tuvieron un hijo, pero tanto la esposa como el vástago murieron, quedando viudo y sin herederos forzosos. Blas Sarmiento era alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, que era un cargo honorífico reservado para miembros de la nobleza. De México se trasladó a Manila, capital de Filipinas, donde falleció en 1770. Las herederas de su fortuna fueron su hermana Tomasa Álvarez Castrillón de Casariego y su sobrina Catalina Villamil. También dejó dinero para reparar la iglesia de su pueblo natal, comprar alhajas de plata (lámpara, incensario, vinajera) y una custodia de oro para la misma iglesia, y fundar y mantener una escuela de gramática en San Juan de Prendonés. En 1817, José Alfonso Argüelles, vecino de Cangas del Narcea, calculaba que el dinero que había recibido Catalina Villamil de su tío «llegará a catorce mil ducados o algo más», o sea, a la abultada cifra de unos 154.000 reales.

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Escudo en la fachada del palacio de los Llano.

Con esta fortuna Antonio de Llano y Catalina Villamil compraron a la casa de Ardaliz las viviendas que había en el solar donde se erige el palacio. Se halla junto al antiguo Hospital (fundado en el siglo XVI), circunstancia que aprovecharon los Llano para abrir una tribuna a la capilla del hospital, que aún se conserva. Es muy probable que el proyecto de este palacio lo hiciese el arquitecto Manuel González Reguera (Candás, 1731 – Oviedo, 1798), el mejor arquitecto de su tiempo y el más destacado representante del academicismo en Asturias. Este arquitecto estuvo en Cangas por aquellos años, trabajando para el conde de Toreno y para la casa de Miramontes, y es casi seguro que Antonio de Llano Flórez también recurriera a él, un arquitecto de gran prestigio, cuando hacia 1780 decidió levantar un palacio para su renovado linaje.

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Balcón del palacio de los Llano.

Además, ciertos detalles arquitectónicos del edificio (como las molduras de las repisas de los balcones y la limpieza de líneas de la fachada a la calle de la Fuente) así parecen indicarlo.

Este fue el último palacio que se construyó en la villa de Cangas del Narcea. En el siglo XIX, sobre todo en su segunda mitad, se seguirán construyendo grandes casas para una sola familia, pero tanto sus promotores como el modelo de casa serán muy diferentes. El mejor ejemplo de esta nueva sociedad y arquitectura era la desaparecida casa de don Eleuterio García Cuesta o casa de María Angustias, levantada en 1889 en la calle Mayor.

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L.lingua asturiana na web del Tous pa Tous

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RODRÍGUEZ-CASTELLANO, Lorenzo, ‘Aspectos del bable occidental’, IDEA, Oviedo, 1954.

Dende’l TOUS PA TOUS, ya comu nun podía ser d’outra forma, nun se quier esqueicer d’un bon estaxu de la nuesa cultura comu ía la l.lingua asturiana, con un enfoutu bien especial na fala del concechu de Cangas.

Entama, destamiente, una seición na súa web au se vei dir ricuyendo, pouquinín a pouquinín, tolos trabayos de material l.lingüísticu feitos deica güei, con idea de sofitar ya dar muita más sonadía al asturianu ya, asina, menguar tolo que se pueda’l poucu valir social ya’l desapegu de las alministraciones, que tán l.levando la nuesa l.lingua a desaniciar dafeito.

Hai intención, amás, de que los socios del TOUS PA TOUS tengan un sitiu au puedan enviar las súas aportaciones, pa medrar l’archivu de esti tesouru nuesu, meyorando asina la conocencia de la l.lingua asturiana ya faendo más fácil l’estudiu d’el.la ya de la fala del occidente de Asturias.

DIR A: