Al abogado Florentino Quevedo Vega

Florentino Quevedo Vega, abogado.

En la sede del ilustre Colegio de Abogados de Oviedo, tuvo lugar el acto protocolario para la imposición de la Cruz de San Raimundo de Peñafort que, en el pasado mes de agosto, el Ministerio de Justicia le concedió al abogado de Cangas del Narcea Florentino Quevedo Vega, lo que me lleva más allá de una razón de amistad personal, con la cual me honra, a escribir unas líneas breves pero llenas de afecto personal, con que sumarme al reconocimiento público de este buen amigo y enorme letrado. Dígase que aquélla es la distinción otorgada por el Ministerio de Justicia para premiar sobremanera los servicios prestados por los funcionarios de la Administración de Justicia, los miembros de las profesiones directamente relacionadas con ella, y cuantos otros hayan contribuido en su estudio y aplicación al desarrollo del Derecho, sin nota alguna oficial desfavorable en las actividades jurídicas desempeñadas.

Viene esta importante distinción, bien merecida en este caso, precedida de otros recientes reconocimientos profesionales, de los que algunos medios se han hecho eco, señaladamente el periódico La Nueva España. Digo merecida y no creo equivocarme en el caso de Quevedo Vega, ya que en una época como la que nos ha tocado vivir, de éxito en ocasiones fácil y embriagador, a veces conseguido por puro azar o sin mérito reseñable, Quevedo es rara avis en cuanto ejemplo vivo y bien elocuente de hombre hecho a sí mismo, que procedente de una familia humilde de la vecina Galicia, con enorme vocación, espíritu de sacrificio, saber hacer y energía poco común, ha alcanzado un reconocimiento profesional en el mundo del Derecho y, en concreto, de la abogacía más que notable y que le permiten aún hoy, a sus envidiables 91 años, continuar trabajando con un entusiasmo casi juvenil, lo cual debiera servir de estímulo y acicate a aquellas generaciones más jóvenes que buscan hoy, en un entorno social y profesional sin duda muy difícil, su porvenir profesional.

Si bien el Derecho, a través de la abogacía ha marcado la vida profesional de Quevedo, su formación fue originariamente otra muy distinta, ya que, como recordarán muchas personas con mayor experiencia vital que yo, ejerció muchos años ese noble oficio de maestro de escuela llegando a ser ya a finales de los años cuarenta, muy joven por tanto, director de colegio (Nuestra Señora del Carmen). Estudió la carrera de Derecho que simultaneó con el trabajo anterior, habiendo dado clases a varias generaciones de cangueses. Fue asimismo procurador durante nueve años, lo que le permitió conocer los entresijos de la burocracia judicial, como antesala privilegiada para su posterior e inmediata dedicación a la abogacía, que ya no abandonaría hasta hoy, durante prácticamente cincuenta años ininterrumpidos.

Seguramente algunos no sabrán que además, entre tanta ocupación, a Quevedo le dio tiempo a obtener el grado de doctor en Derecho, que lo llevó a, tras varios años de intenso estudio y dedicación al tema, culminar su tesis, publicada después bajo el título de «Derecho español de minas». Esta obra que viene con frecuencia citada entre la bibliografía específica en la materia, tuvo el indudable mérito de abordar sistemáticamente o en conjunto la general problemática jurídica que el Derecho minero planteaba, como rama del ordenamiento, haciéndolo Quevedo además con unos mimbres en la literatura anterior muy rudimentarios.

El doctorado fue una credencial sin duda excelente con la que Quevedo inicia su posterior y exitosa andadura profesional, principalmente aunque no sólo, en el asesoramiento de empresas mineras, algunas de las más importantes a nivel nacional en el sector carbonífero y que continuará ejerciendo al momento actual. No puedo dejar de reseñar que esta obra ha sido en alguna ocasión injustamente tratada, por opiniones cuando menos poco informadas. Huyó Quevedo, al encarar la temática de su tesis doctoral, de elegir un tema fácil o que estuviera previamente trillado en la doctrina anterior. Este libro de Quevedo ha sido valorado más ponderada y justamente en otros lugares importantes, y a título de ejemplo puedo mencionar que no hace mucho, en los Anales de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, nº 37, de 2007 (Madrid), en un trabajo del eximio Díez-Picazo, catedrático de Derecho Civil de la Universidad Autónoma de Madrid, ex magistrado del Tribunal Constitucional y, sobre todo, maestro de una importante escuela de juristas, se refiere al libro de Quevedo en términos elogiosos. O en la más prestigiosa revista científica española de Derecho público, la Revista de Administración Pública, en un extenso trabajo de quien quizá sea el mayor especialista español en Derecho minero, Isidro Arcenegui, que, si no yerro, cita hasta siete veces a Quevedo Vega al abordar diversos aspectos del Derecho de minas.

El doctorado, que le abrió las puertas de una especialidad profesional, la continuada luego y nunca interrumpida experiencia práctica en dicho campo, con su personalidad abierta y autodidacta, lo acreditan como uno de los mayores especialistas a nivel nacional en Derecho minero.

Por todo ello, por ser ejemplo de laboriosidad sin desfallecimiento, por su buen hacer profesional, por su compañerismo, es una distinción oficial del todo merecida, que agranda la ya exitosa trayectoria profesional de Quevedo Vega como abogado, y llena de satisfacción y celebramos cuantos lo conocemos y queremos.

¡Felicidades, Quevedo!

El legado de los arrieros

La Chabola de Val.láu, hacia 1920

Valentín Flórez y María Sierra, un matrimonio de comerciantes, fundaron en 1898 «La Chabola de Vallado», la venta más conocida del Camino Real de Leitariegos

Valentín Flórez y María Sierra, un matrimonio de arrieros natural de El Puerto de Leitariegos, decidieron cambiar, en 1898, los polvorientos caminos de la España decimonónica por los cuatro muros de una venta situada a medio trayecto entre la entonces conocida como Cangas de Tineo y Villablino. Era el año de «El Desastre», el punto y final de la presencia colonial española en ultramar. Una época en la que Flórez cimentó las bases de su particular imperio familiar. Un negocio que, 113 años después, sigue a caballo entre Asturias y León gracias al trabajo de una cuarta generación de comerciantes.

Al igual que el resto de los pobladores de Leitariegos, Valentín Flórez pertenecía a una familia de arrieros. Su recua, llamada la del «Tío Xipín», cubría con cierta frecuencia el camino hacía Madrid. «Eran populares la ruta del mazapán y la de la cera, realizadas en Navidad y Semana Santa, respectivamente», comenta Valentín Flórez, biznieto del arriero.

Tras contraer matrimonio con María Sierra, el avispado arriero no tardó en percatarse de las grandes oportunidades que ofrecía la creación de una venta en la que dar servicio a todos los caminantes y muleros que se abrían paso hacía la Meseta a través del puerto cangués. Fue así como, en 1898, inauguró su comercio: «La Chabola» de Vallado. Sin embargo, su inesperado fallecimiento dejó a su viuda al frente del comercio y al cargo de seis hijos. «Mi bisabuela trabajó muy duro. Era capaz de levantarse a las tres de la madrugada para servir una copa de aguardiente a un cliente», subraya su biznieto.

Años después, su hijo, Francisco Flórez, y su nuera, Victoria Rodríguez, tomaron el testigo de «La Chabola». Con ellos, la venta se adaptó al nuevo siglo. «Vendían todo tipo de cosas. Aquí había un bar, una tienda de ultramarinos, ferretería, ropa, calzado, librería, panadería, materiales de construcción, farmacia, almacén de piensos, camionetas de reparto, despacho de correos e incluso autobús de viajeros», precisa Valentín Flórez. Además, la familia era propietaria de la «Mantequería Rodríguez», que distribuía sus productos en las tiendas de Madrid.

Antigua cocina, hoy utilizada como comedor y en la época del Samartino para curar el embutido al estilo tradicional

Su fama alcanzó tales cotas que son numerosas las publicaciones de la época en las que se menciona a la venta. Tal es el caso del etnógrafo alemán Fritz Krüger, que en agosto de 1927 llegó a Vallado junto a su esposa. Francisco Flórez, responsable, en gran medida, de este prestigio, falleció en 1975 dejando al frente del negocio a su hijo Valentín y a la esposa de éste, Carmen Pérez. «Cuando fallecieron los patriarcas, cada hijo adoptó diferentes caminos. Nosotros seguimos con la venta», señala Carmen, artífice de las recetas caseras y de los licores de frutas que aún hoy día pueden degustarse en «La Chabola».

El bagaje de la venta canguesa es palpable en todos sus rincones. Objetos como una vieja cafetera empleada por los arrieros o las esquilas de los machos de la recua del «Tío Xipín» adornan las estancias de «La Chabola», en cuyo comedor el tiempo se ha detenido. Ya no hay tanto trabajo como antes. «Por semana apenas tenemos clientes», comenta Valentín Flórez, el cual prosigue añadiendo que «el mal estado de la minería también se hace notar». Y es que, el destino al final del camino parece no ser tan claro como antaño.

ENLACE DE INTERÉS: Apartotel Miravalles

Guardianes de la cultura rural

El suroccidente de Asturias aún custodia buena parte de la identidad rural del país. Las manos de la xarreira, del ferreiro u del cunqueiro no sólo transmiten cultura ancestral, transmiten además un mensaje de futuro. Palabras como sostenible, ecológico o eficiente, desgastadas por el uso, toman con ellos su verdadera dimensión.

www.lacasaviva.wordpress.com

Cartel de las Fiestas del Carmen de Cangas del Narcea, 1960

Cartel realizado en la imprenta TAGRAT de Tineo.

Pertenece a la colección de la Biblioteca de Asturias “Ramón Pérez de Ayala”, Oviedo. Ubicada muy cerca de la Plaza del Fontán, en el edificio histórico de La Casa de Comedias (o Teatro del Fontán), del que solo se ha conservado la fachada.

Esta biblioteca  pone a la disposición de la comunidad, la más selecta y más grande colección bibliográfica dentro del Sistema Regional de Bibliotecas.

En ella se recogen y conservan las colecciones asturianas de materiales especiales, tales como: grabaciones sonoras y videograbaciones, mapas, material gráfico,… así como también los materiales bibliográficos y documentales editados y producidos en la región, que constituyen el Depósito Legal.

Sobre el centro de salud de La Cortina, en Cangas del Narcea

Publicado en LNE » Cartas de los lectores » 5 de Diciembre del 2009

Sobre el centro de salud de La Cortina, en Cangas del Narcea, ya se ha escrito mucho, han escrito muchos, y muchos han escrito mucho, y muchos mejor que yo. Y aunque tengo que admitir que, desde hace bastante tiempo, venía considerando en tratar seriamente el asunto, venía descartándolo de igual modo con gran velocidad, por ser un asunto tan incómodo. Sí, incómodo, por polémico, por bronco, por turbio, por político. Que no por política, que si bien nuestra realidad política tiene ese aire polémico, bronco y turbio, lo tiene por las acciones de nuestros políticos, no porque la política tenga que ser así. En cualquier caso, ahora les diré porqué querría yo escribir sobre algo así. Bien, escribo esto, porque en esta ocasión, se trata de algo personal.

Y es que, desde hace un par de semanas, arrastro una serie de molestias derivadas de una lesión deportiva. Nada grave, únicamente un pie reticente para con el cumplimiento de sus funciones básicas, una molestia menor, pero demasiado prolongada en el tiempo. Por ello, dos semanas después de haber recibido los primeros auxilios en el ambulatorio de Pumarín, y sin estar solucionado el problema, decidí aprovechar mi estancia en la villa por las presentes festividades, para acudir a mi médico de cabecera, el mío y el de toda mi familia, el de toda la vida.

Es a partir de aquí cuando empieza el calvario. El frío clima de los últimos días, y la continua presencia de un molesto orbayu o calabobos, esto último un poco más castizo, sumado a mí caminar renqueante. Me desanimaron a mí, como creo que hubiesen desanimado a cualquiera, de recorrer paseando los más de dos kilómetros que separan mi residencia del centro de salud, el provisional, el de toda la vida vamos, y del hospital con el que comparte edificio.

Por esto decidí subir conduciendo, y tras recorrer varias veces el recinto del hospital, buscando una plaza de aparcamiento, dándome por vencido, y tras haber juramentado lo juramentable, y cagamentado lo cagamentable, terminé por aparcar en la no tan cercana Calle Sienra, teniendo que desplazarme bajo el orbayu, cojo y cabreado hasta el centro de salud.

Señalar únicamente, pues no es el tema que ocupa este artículo, el pésimo estado de los accesos al hospital comarcal, muy peligrosos en coche (un cambio de rasante sin apenas visibilidad, justo tras el cruce transversal de la carretera comarcal), y una entretenida gincana mortífera para los peatones.

Bueno, retomaré la historia habiendo llegado ya al centro de salud, habiendo ya cojeado el cojo, estando calado el bobo y cagamentado lo cagamentable. No me detendré, en lo desagradable que me resultó enterarme de que mi médico de cabecera no pasaba consulta esa mañana, pues el hombre se encontraba realizando visitas médicas por los pueblos del concejo. ¡Cáspita, córcholis, caramba!

Y dejar muy claro que no me quejo ni de mi médico, ni de muchísimo menos de su labor. Y es que teniendo el concejo 825 kilómetros cuadrados, y unos quince mil habitantes dispersos en 285 núcleos habitados, algunos distantes a más de una hora en coche del hospital, con una población muy envejecida, no seré yo quien critique estas visitas médicas. Además, si tenemos en cuenta que los vecinos concejos de Ibias, Degaña y Allande, dependen en lo sanitario del hospital comarcal Carmen y Severo Ochoa de Cangas del Narcea, no es de extrañar que la carga de trabajo que soporta dicho centro y su personal, sea solventada únicamente mediante esfuerzos ímprobos.

Y es que aún calado, cabreado y cojo, servidor no puede evitar pensar en que, si al desbordado hospital, y a su sobrepasado personal, le añadimos la insuficiente infraestructura de un indefinidamente provisional centro de salud. Apenas un largo pasillo, donde hace veinte años se anexaron unas diminutas consultas, y unas diminutas salas de espera, solo para salir del paso les dijeron, a los ya por aquel entonces hacinados médicos y pacientes. Pienso yo, que es normal que con estas mimbres, pasen estas cosas; por aquello que decía que de esos barros, vienen estos lodos.

Y todo esto, con el solar para el nuevo centro de salud, este ya en el núcleo urbano, con un aparcamiento suficiente en el barrio de La Cortina; expropiado y pagado, diseñado y construido, preparado y acondicionado, y, claro está, y de aquí el problema, todo completamente paralizado.

Y he aquí, que a los ciudadanos de a pie que nos llaman, se nos ponen los pelos de punta. Como escarpias si prefieren, que es más de la tierra. Y es aquí, que todos nos dicen de todo, digos y diegos, yendo y viniendo en su mayor parte.

Se nos dijo desde el SESPA y la Consejería de Sanidad, que se prepara una reforma en la sanidad canguesa que incluye un centro de salud en el actual hospital comarcal. Nos dicen desde el ayuntamiento que para qué expropió entonces el anterior ejecutivo los terrenos de La Cortina. Se dice el ciudadano de a pie también que porqué, de construir un centro de salud, no lo construyen en el local acondicionado a tal efecto. Nos dice el concejal de sanidad que actualmente se han venido inaugurando varios centros de salud o consultorios médicos a lo largo de toda la geografía asturiana, citando como ejemplos, el Consultorio de Salud de Las Campas, el Centro de Salud de Tudela Veguín, el Centro de Salud de La Corredoria o el Consultorio Médico de Grandas de Salime. Y que de todo ello se desprende que existe consignación presupuestaria para obras en la sanidad, y que si en Cangas del Narcea no se hacen es porque no se quiere.

Y a todo esto nuestros, al parecer poco venerables ancianos, y a los hechos relatados me remito (porque si no les construyen un centro de salud digno, será que son poco merecedores de veneración), se dicen unos a otros el porqué se construyen centros de salud en La Corredoria, o consultorios en Grandas de Salime, con grandes presupuestos y no uno en La Cortina, en el solar ya acondicionado, para saldar una cuenta pendiente desde hace veinte años, para dar solución a un problema presente hace veinte años, a un problema presente ayer, y a un problema presente ahora.

Y es que, muchos dicen mucho, mucho se ha escrito sobre el tema, y todo lo que se diga es poco. Porque entre los muchos que dicen mucho, hay algunos que todavía se atreven a decir, que si el centro de salud de La Cortina no se construye, es porque no es necesario. Y entre los muchos que dicen mucho, aquí hay uno que, cabreado, calado y cojo dice, que eso, vaya a decírselo a su padre.

Encabezamientos comerciales de Cangas del Narcea 1900 -1930

Impreso realizado en 1908 en la Imprenta Moderna de Cangas de Tineo propiedad de Santiago García del Valle,

La Historia no sólo se escribe consultando el Boletín Oficial o documentos administrativos, existen otras fuentes de información que no se custodian en archivos oficiales y que son muy importantes para conocer nuestro pasado. Mucha de esta documentación se halla en archivos particulares, comerciales o empresariales, que, como no se han valorado en su justa medida, han terminado en casi todos los casos en la basura o en el fuego. El resultado de esta manera de proceder es el vacío que supone para el conocimiento histórico, de modo que muchas de las actividades de nuestro pasado jamás podremos conocerlas.

Unos documentos muy interesantes para la Historia, por la información que ofrecen y por su calidad estética, son los impresos de comercios e industrias, es decir, el papel de cartas y las facturas que utilizaban estos establecimientos para su correspondencia y facturación. Los impresos de esta clase comenzaron a hacerse en Cangas del Narcea en los últimos años del siglo XIX y sobre todo en las primeras décadas del XX, que es la época en la que se instalan industrias nuevas, relacionadas con el vino y con la explotación y la transformación de la madera (carpinterías, mueblerías), y, sobre todo, es el momento en el que se establecen los primeros comercios de la villa, pues con anterioridad a 1850 solo había tabernas y estancos.

 

No será hasta 1882 cuando se instale en la villa de Cangas del Narcea la primera imprenta. En esta comenzarán a realizarse aquella clase de trabajos tipográficos, que se generalizarán en el siglo XX con la apertura de la Imprenta Moderna, propiedad de Santiago García del Valle, en la que se hicieron la mayoría de los impresos que presentamos en esta noticia. De este modo, los “comercios modernos” y las nuevas empresas que se establecen en la villa en ese periodo prestigiarán su actividad con unos impresos publicitarios, que eran los que exigía el gusto de la época.

En Cangas del Narcea no vamos a encontrar los lujosos encabezamientos comerciales que se hacían en las empresas litográficas de Gijón, Oviedo o Luarca, y que a veces se acompañaban con dibujos del comercio o la fábrica, alegorías, etc. En nuestro caso son impresos sencillos, en los que predomina la tipografía y en el que el repertorio de motivos gráficos es pequeño; además, no es raro que un mismo motivo se emplee para diferentes comercios. Son, de todas maneras, unos documentos imprescindibles para conocer las artes gráficas, así como la actividad comercial e industrial de nuestro concejo.

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Cortinas

Derribo de los edificios expropiados para desarrollar, entre otras actuaciones, el centro de salud de La Cortina. Foto MERA

La Nueva España – 19/01/2011

Los partidos desempolvan el tema del centro de salud de Cangas, no para solucionarlo, claro, sino como arma electoral. En cuatro años que llevamos soportando ese enorme agujero en nuestra fe democrática, nadie ha querido asumir responsabilidades ni en la génesis ni en la solución del desaguisado. Todos echan balones fuera. Alega el anterior régimen que ya se sabía desde el principio que en el proyecto de La Cortina no iba el centro de salud. Lo sabrían ellos, porque al resto nos tenían completamente engañados o semejante despilfarro no hubiera salido adelante sin oposición. Alega el actual régimen que ellos se vieron «obligados» en su día a colaborar sin estar de acuerdo. Es curioso. Yo siempre creí que las «obligaciones» de los cargos electos eran para con sus votantes y no para con sus «pagantes». Un concejal de Urbanismo al que intentan hacer firmar algo que le parece inmoral debe elegir entre su dignidad y su sueldo. Todo lo demás son cortinas de humo.

Antonio Ochoa es socio del Tous pa Tous y autor del blog Cosas del Suroccidente.

Nombres de vacas I – Año 1896

Manuel de Casa Berlín y su hermana Aurelia con una de sus vacas en Bisuyu / Besullo hacia 1923

Los nombres de las vacas, como los de las personas, han ido cambiando a lo largo de la historia. Podemos conocerlos desde antiguo porque son de los pocos nombres de animales que aparecen en la documentación. Además, solamente vacas, toros, perros y caballerías tenían nombres que los identificaban e individualizaban, como todavía sucede hoy.

Todos los animales cumplían su función en la casa campesina, pero la vaca era la reina de la corte (cuadra). Ella tiraba del carro, del l.labiego y demás aperos de tiro; ella daba leche para comer y hacer manteca; ella daba xatos y becerras para vender en el mercado; ella, con su muñica, daba el cuitu para alimentar las tierras; sus huesos se empleaban para elaborar pequeños objetos torneados y sus cuernos se usaban para hacer canaos donde llevar la piedra de afilar la guadaña;… La vaca era respetada e incluso querida, pero también estaba explotada y mal alimentada.

Vacas xuncidas en Brañas de Arriba en 1927. F. Krüger

Hoy, la vida de este ganado ha cambiado considerablemente, tanto de los animales que se crían para carne como los que solo se dedican para leche. Antiguamente, el trato con la vaca era más personal y el nombre era fundamental para enseñarla a trabajar, para llamarla cuando iba enganchada al carro o a los aperos de tiro. Fray Toribio de Santo Tomas y Pumarada, autor del Arte General de Grangerías (1711-1714), recomienda a un sobrino de La Riera de Colunga una serie de nombres para vacas y toros, y le dice: “Ni se debe juzgar ocioso haberme detenido en sacar estos tantos nombres; pues es visto que sin tener cada cual su nombre no se pueden llamar, ni regir, ni enseñar estos ganados. Y con ellos vemos que más fácilmente se domestican y gobiernan”.

En la actualidad, la costumbre de bautizar a las vacas con un nombre está comenzando a perderse. Todavía se mantiene en casas donde hay poco ganado, pero donde las cuadras superan las cincuenta, ochenta o cien cabezas, esa vieja costumbre está abandonándose. La explotación de la vaca es hoy más impersonal y el nombre está siendo sustituido por un número y un código de barras que obligatoriamente deben llevar todas las reses de ganado vacuno en sus crotales o marcas de oreja. Con estas marcas al ganado se le identifica como a una mercancía cualquiera.

Relación de ganado propiedad de Hermenegilda Marcos, de San Romanu de Bisuyu, 1896. Archivo Histórico de Asturias

En el Tous pa Tous nos gustaría recopilar muchos nombres de vacas, de toros y de bueyes. Queremos saber los nombres que se dan en las casas, en los pueblos y en las parroquias a estos animales, antes y ahora. Por eso os pedimos a tous que nos envíes esos nombres. Los nombres que tenían estos animales cuando erais nenos o nenas, o los que tienen ahora en vuestra casa. Nombres que no han sido ajenos a las características físicas de los animales o a su carácter, así como a los gustos de sus amos, a las modas, a los programas de televisión, a la política, al cine o las canciones.

Vamos a empezar enumerando los nombres que hemos encontrado en un inventario de bienes que se hizo en 1896 a la muerte de Hermenegilda Marcos Llano, vecina de San Romanu de Bisuyu. Esta señora y su marido, Manuel de Llano Marcos, tenían dieciséis vacas, la mayoría dadas en aparcería o comuña a tres vecinos de los pueblos de Bisuyu, Eirrondo de Bisuyu y Trones. Ellos eran campesinos ricos y poseían muchas vacas, porque lo común a finales del siglo XIX era que cada familia tuviese entre dos o seis vacas. El documento lo hemos encontrado en el Archivo Histórico de Asturias. Los nombres de las vacas eran los siguientes:

Bolera, Cachorra, Castaña, Cierva, Figuera, Galana (había dos vacas con este nombre), Gallarda, Garbosa, Gurmea, Loura, Morena, Parda (había dos vacas con este nombre) y Roja.

Plano de la villa de Cangas del Narcea, 1916

Detalle del plano de la villa de Cangas del Narcea, 1916, según Jose E. Valdés

Este plano de la villa de Cangas del Narcea pertenece al “Proyecto de abastecimiento de aguas de la villa de Cangas de Tineo”, que se conserva en nuestro Archivo Municipal. El proyecto fue encargado y llevado a cabo durante la alcaldía de José Mª Díaz López, Penedela. El plano y el proyecto están firmados en Oviedo, a 24 de diciembre de 1916, por el ingeniero José E. Valdés. La escala del plano es de 1:2500.

El plano muestra el estado de la villa después de la reforma interior promovida por el alcalde Joaquín Rodríguez Martínez en 1910, que supuso el trazado de las calles Diz Tirado, Suárez Cantón y Joaquín Rodríguez, que unirán la calle Mayor y el Mercao con la carretera La Espina-Ponferrada, y antes de la siguiente gran reforma urbana, acaecida en los años treinta y cincuenta del siglo XX, que traerá consigo el derribo del convento de las monjas dominicas, varias casonas de la calle de la Iglesia y el viejo edificio del Ayuntamiento, y supondrá la apertura de la calle Ibo Menéndez Solar y el ensanche de la actual calle de Rafael F. Uría, así como las nuevas calles de Tres Peces y Dos Amigos. 

icon Plano de la villa de Cangas, 1916 (508.24 kB)

icon Detalle plano de la villa de Cangas, 1916 (353.79 kB)

Proyectos

Vecinos de Agüera de Castañedo, cuchando las berzas. Foto de Miki López.

La Nueva España – 12/01/2011

No creo pecar de pesimista si digo que nuestra comarca lleva mucho tiempo en declive. Ni los más optimistas dejan de reconocerlo viendo los datos poblacionales. Cada vez somos menos y más viejos y la tendencia no es a mejorar. Dependemos peligrosamente del sector público y, ahora que el estado del bienestar va a ser sometido a un drástico adelgazamiento, es cuestión de poco tiempo que los recortes nos afecten. Esta «reconversión» del sector público, próxima e inevitable, sumada a las anteriores del campo y la mina, podría ser la puntilla que nos enviara al olvido. Frente a esto hacen falta proyectos de futuro, serios, ambiciosos y con amplio apoyo. Sin embargo, los aspirantes a liderarlos parecen más interesados en solventar sus rencillas personales y su única receta común parece ser «asfalto y cemento». Pues bien, las inyecciones de asfalto y cemento no curaron nuestros males ni lo harán. Sólo beneficiarán a los que las recetan y a los que las fabrican.

Antonio Ochoa es socio del Tous pa Tous y autor del blog Cosas del Suroccidente.

Inauguración de la luz eléctrica en Cangas del Narcea, 1899

Construcción de la presa de la central de la Sociedad Eléctrica de Cangas en el río Narcea, junto al puente de Chanu / Llano, 1898

El siglo XIX es la época de la industrialización y de los grandes inventos que van a comenzar a cambiar el mundo. El ferrocarril, el telégrafo, la fotografía, el teléfono, la electricidad… son inventos de esa centuria que irán llegando poco a poco a Cangas del Narcea y cambiando (y mejorando) la vida de los vecinos. Las primeras fotografías que se tomaron en el concejo debieron hacerse hacia 1880, el telégrafo se instaló en 1886, la luz eléctrica se vio por primera vez en 1899 y el teléfono se inauguró en 1925. El ferrocarril, en cambio, nunca atravesó estas tierras, aunque muchas personas lo intentaron denodadamente. ¿Qué hubiera sido de nuestro concejo si se hubiese construido la línea de ferrocarril Pravia-Cangas-Villablino-Ponferrada?

La primera central eléctrica del mundo funcionó en Nueva York el 2 de septiembre de 1882, fue un invento de Thomas Edison. Este invento llegó a Cangas del Narcea diecisiete años más tarde, en 1899.

El 18 de julio de 1897 se lee en un pleno del Ayuntamiento de Cangas del Narcea una carta de la casa de comercio de los Sres. Caunedo, de Luarca, con una propuesta para establecer el alumbrado eléctrico en la villa. El asunto se valoró muy favorablemente, primero, por las ventajas de este alumbrado con respecto al de petróleo, “tan escaso e imperfecto, que apenas merece la pena de sostenerlo”, y segundo, porque el coste del nuevo alumbrado no era excesivamente caro: el alumbrado de petróleo costaba al Ayuntamiento 1.500 pesetas anuales y el presupuesto del eléctrico era de 2.250 pesetas. En consecuencia, nuestros regidores actuaron con gran celeridad y un mes después, el 17 de agosto de 1897, aprueban las condiciones para sacar a subasta pública el suministro de luz eléctrica para el alumbrado de la villa. El servicio se convoca por un periodo de treinta años e incluye “mil bujías de luz eléctrica distribuidas en cien focos o lámparas, que se han de colocar en los puntos que designe el Ayuntamiento”. Durante el transcurso de estos treinta años “el Ayuntamiento se compromete a no autorizar a ninguna otra empresa ni particular para tender cables, alambres ni tuberías por las calles y plazas de la villa con objeto de facilitar luz eléctrica, siendo por lo tanto privilegio del contratista”. Las horas de alumbrado con todos los focos o lámparas encendidos se establecen desde el anochecer hasta las doce de la noche en los meses de noviembre a abril, y desde el anochecer a la una de la madrugada en los seis meses restantes; pasadas las doce y la una, según los meses, el adjudicatario tenía que dar “medio alumbrado hasta el amanecer”, es decir, se apagaban la mitad de los focos.  Los gastos de instalación de la maquinaria y de toda clase de aparatos corrían a cuenta del contratista, que quedaba también autorizado para facilitar alumbrado a casas particulares y empresas. En 1899, como la energía eléctrica solo se empleaba para alumbrar y no para mover máquinas, el suministro que se ofrecía a los particulares comprendía solamente “desde media hora antes de la puesta del sol, hasta media hora después de su salida”.

Contrato de abonado de la Sociedad Eléctrica de Cangas de Tineo, 1900.

A la subasta del Ayuntamiento de Cangas del Narcea se presentaron dos ofertas: una de Porfirio Ordás Sanmarful, vecino de Ambasaguas, por 2.250 pesetas al año, que pretendía convertir en central eléctrica un molino que tenía en el barrio de Santiso, y otra de Claudio Alfonso Gómez, de Morzó, por 2.249 pesetas. Se le da el servicio de alumbrado al segundo, por ser la oferta más económica. Claudio Alfonso traspasa unos días después dicha contrata a Marcial Rodríguez-Arango González-Regueral, de Cangas del Narcea, que constituye el 12 de noviembre de 1897 la sociedad “La Eléctrica de Cangas”. Esta sociedad girará bajo la razón social de Arango, Suárez y Cosmen, y estará integrada por tres socios: Francisco Suárez Díaz (también conocido como Francisco Suárez Dóriga, que eran los apellidos del padre), vecino de Cangas del Narcea; Cándido Cosmen Cosmen, de El Puerto de Leitariegos, y el mencionado Marcial Rodríguez-Arango.

Estado actual de la central de la Sociedad Eléctrica de Cangas, en Arayón.

“La Eléctrica de Cangas” construye una central hidroeléctrica en el lugar de Arayón, a orillas del río Narcea, cuyas aguas aprovecha a partir de una presa construida junto al puente de Llano. Esta central comenzará a funcionar el 30 de junio de 1899 y ese mismo día se alumbran por primera vez las calles de la villa con luz eléctrica.

Estado actual de la presa y la entrada del canal de la central de la Sociedad Eléctrica de Cangas, en el puente de Chanu / Llano.

La central la había montado el técnico Augusto Gresnert, y su explotación en los años 1901 y 1902 estará en manos del ingeniero gijonés Victoriano Alvargonzález, que estaba especializado en esta clase de fábricas. El edificio todavía se conserva en la actualidad, aunque muy modificado, así como la presa que desde Llano conducía el agua por la margen derecha del río.

Estado actual de la central de la Sociedad Eléctrica de Cangas, en Arayón.

La central hidroeléctrica de Arayón fue la primera y la única que existió en Cangas del Narcea hasta bien entrado el siglo XX. El contrato por treinta años entre el Ayuntamiento y “La Eléctrica de Cangas” era un freno muy importante para la instalación de otros empresarios. No obstante, en 1906 los hermanos Roberto y Alfredo Flórez González solicitan al Gobierno Civil autorización “para cambiar el aprovechamiento de aguas que disfrutan del río Naviego, para fuerza motriz de un molino y destinarlo en lo sucesivo a la producción de energía eléctrica para alumbrado”. El  molino es el que aún está en la villa de Cangas, al lado del puente de piedra, y que habían comprado, junto a José Mª Díaz López Penedela, a Anselmo Gonzalez del Valle. A esta solicitud se opuso la Sociedad Arango, Suárez y Cosmen, pero el Gobierno Civil desestimó esta oposición y  autorizó a los hermanos Flórez Gonzalez a producir energía eléctrica. De todos modos, la “Hidro Eléctrica del Luiña”, que se estableció en este molino, no comenzó a funcionar hasta 1924. A  estas dos centrales se sumarán en los años veinte y treinta la “Hidro Electra de Villacibrán”, cuyo propietario era Victorino Bardal Puente, vecino de Val.lau / Vallado, y otra central en la parroquia de Cibea, así como dos más en la villa: una en el barrio de Santiso  y otra en Ambasaguas, donde la  “Eléctrica de Cangas del Narcea” inaugura el 2 de mayo de 1932 una nueva hidroeléctrica que aprovecha la estacada y la presa de la vieja central de Arayón.

El suministro de luz eléctrica ira extendiéndose muy poco a poco por todo el concejo, y no llegará a los pueblos más apartados hasta los años ochenta del siglo XX, en que puede darse por concluida la expansión de este servicio.

Recibo de la Sociedad Eléctrica de Cangas de Tineo, 1900.

Desde hace varias décadas, todas aquellas centrales hidroeléctricas canguesas están cerradas y las empresas que las sustentaban han desaparecido. La energía eléctrica que se consume en Cangas del Narcea, debido a la mejora de las redes de distribución y a la concentración de la producción en grandes empresas, procede en su totalidad de fuera del concejo. La última fábrica que funcionó fue la de Ambasaguas, propiedad de la sociedad ELCANASA, dirigida por Alfonso Rueda Rodríguez-Arango, que fue adquirida por UNION FENOSA a principios de los años ochenta del siglo XX.

Pero volvamos al siglo XIX, al viernes 30 de junio de 1899, al día aquel en el que se inauguró la luz eléctrica en la villa de Cangas del Narcea y conozcamos a través de la crónica que publicó el diario El Correo de Asturias, de Oviedo, como se vivió esa jornada:

Bendición de las máquinas de la luz eléctrica e inauguración de ésta en Cangas de Tineo

Días pasados anunciamos en nuestro periódico que en Cangas de Tineo se habían hecho con éxito satisfactorio las pruebas del alumbrado eléctrico.

Terminados los trabajos de instalación de dicha luz, los socios D. Marcial Arango, D. Francisco Suárez Dóriga y D. Candido Cosmen, invitaron a los señores alcalde y varios concejales del ayuntamiento de la expresada villa, al señor juez de instrucción y a otros para que tuvieran la amabilidad  de concurrir al acto de la bendición de las máquinas.

Hízose ésta con toda solemnidad por el R. P. Dominico Fray Lesmes Alcalde, acompañado de los de la misma Orden y Colegio de Corias PP. Alfredo Fanjúl y Matías García, ante un concurso selecto de personas, a las seis de la tarde del día 30 de junio próximo pasado.

Terminada la bendición, trasladáronse los invitados a un hermoso campo contiguo a la fábrica del alumbrado, campo en el cual tenían los Sres. Arango, Suárez y Cosmen preparado a los invitados un suntuoso banquete, en el que abundó, entre otros suculentos y distintos platos, el incomparable jamón cangués, no escaseando los excelentes vinos -incluso el espumoso Champagne- y licores, el aromático café y buenos cigarros habanos.

Entre otros de los invitados, hallábanse los tres RR. PP. ya citados, el Sr. Juez de instrucción D. Ángel Rancaño, el municipal D. Claudio Díaz Argüelles, el abogado D. Fernando Graña Ordóñez, el exalcalde D. Manuel Rodríguez, el concejal D. Joaquín Martínez, el capitalista D. José Suárez Dóriga, D. José Alfonso, de Orallo, en Laciana, D. José Cosmen conocido por el Provisor, la señora de éste, D. Secundino Izquierdo y el inteligente práctico encargado de la instalación de la luz eléctrica D. Augusto Gresnert.

Los Sres. D. Marcial Arango, D. Francisco Suárez y D. Cándido Cosmen hicieron con exquisita amabilidad, delicada y fina atención, los honores del banquete.

Levantado éste, pasaron las relacionadas personas y otras a la fábrica del alumbrado, en la que D. Augusto puso seguidamente en movimiento las máquinas, y se vio en ella una inmejorable luz, cuya inauguración se realizó entonces, prestando desde ese momento a los particulares que la tienen instalada y al publico cangués muchos y valiosos servicios.

Después trasladóse la comitiva -excepto los PP. Dominicos que regresaron a su Colegio de Corias- a la villa de Cangas, recorriendo las plazas, calles y varios establecimientos públicos, y admirando entusiasmada, los excelentes efectos de la luz y lo muchísimo que esta hermosea y realza a la población.

Hay, pues, en Cangas de Tineo un alumbrado eléctrico de lo mejor, para cuya instalación no escatimó cosa alguna la sociedad “Sres. Arango, Suárez y Cosmen”, a quienes enviamos nuestra cordial enhorabuena, y les deseamos pingües rendimientos respecto del capital que animosos y decididos invirtieron en obra tan sumamente útil para dicha localidad.

Ahora solo falta que esa comarca vea, dentro de breve plazo, confundirse en sus hermosos valles y cañadas el ruido monótono del Narcea, con el eco civilizador del silbido de la locomotora; el día que tal suceda señalará el comienzo de una era de prosperidad y engrandecimiento de esa zona, olvidada desde hace tiempo casi por completo de nuestros gobernantes.

Semblanza de Francisco Rodríguez García (1914 – 1990)

Francisco Rodríguez García, hacia 1985. Fotografía de Gil Barrero.

Francisco Rodríguez García (1914 – 1990), de casa Felipón de La Viliel.la, parroquia de L.larón (Cangas del Narcea), fue durante casi toda su vida el tamboriteiru de la danza de palo que se bailaba en las fiestas patronales de varios pueblos de los concejos de Cangas del Narcea, Degaña e Ibias, así como del valle de Fornela, en el norte de la provincia de León. Aprendió a tocar la Danza con la xipla y el tambor cuando tenía once años; su maestro fue Francisco Rellán, el Tío Vitán, de Tormaleo (Ibias). En 2008 el Museo del Pueblo de Asturias editó un CD con una selección de su repertorio musical, en el que destaca la música de la danza de palos. El mencionado CD lleva un cuaderno con dos artículos dedicados a Francisco, uno de Fernando Ornosa  y Naciu’i Riguilón, y otro de Juaco López Álvarez, que es el que ahora publicamos aquí.

 

SEMBLANZA DE FRANCISCO

Juaco López Álvarez

Conocí a Francisco, el tamboriteiru de la Danza, en la Semana Santa de 1976, en la taberna de casa Macera, en L.larón. Él tenía 62 años y yo 15. Aquella noche nos contó a otros amigos y a mí sus vicisitudes durante la Guerra Civil, la represión en la postguerra, su encarcelamiento en la Vidriera de Avilés, etcétera. Cuando la noche ya iba larga y la confianza se había afianzado, Francisco nos enseñó su carné de militante del Partido Comunista de España. Él, emocionado, con aquella cartulina roja en la mano, y nosotros, estupefactos. El partido comunista todavía era ilegal y mis amigos y yo éramos muy sensibles, como casi todos los jóvenes en aquel tiempo, a la política.

Francisco con danzantes de Degaña, hacia 1955.

No recuerdo si en ese primer encuentro nos habló de la Danza, ni tan siquiera si llegamos a saber que él era músico, pero yo, un año después, en septiembre de 1977, estaba de vuelta en L.larón, en casa de mi compañero de estudios José Gabela Rodríguez (de casa Montero), para ver y grabar la danza de palos con un voluminoso magnetófono. La Danza hacía varios años que no se bailaba y creo que ese fue el último año que se bailó en el pueblo de L.larón.

A partir de entonces traté mucho con Francisco. Lo veía en sus pueblos de La Viliel.la y L.larón o en Cangas del Narcea, cuando iba o venía de ver a unas sobrinas que vivían en Gijón. Fui un par de veces con él a Chano y Trascastro, en el valle de Fornela, y también visité en su compañía algunos pueblos de los alrededores de La Viliel.la: Astierna, Trabáu, etc.

En la sociedad rural, como en cualquier otra, hay muchas clases de personas. El campesinado no es un mundo homogéneo. En ese ámbito existe un tipo de persona curiosa que sabe un poco de todo, hábil con las manos y de gran inteligencia natural, que hace cosas que la mayoría no es capaz de hacer. Son los que suelen llamarse “curiosos”. Francisco era uno de estos tipos. No tenía afición al trabajo del campo. Era carpintero y tamburiteiru. A causa de estos oficios debía trasladarse a los pueblos a reparar casas y a las fiestas a tocar, y allí conversaba y trataba con todo el mundo. Era un tremendo animal social. El verano, hasta bien entrado el otoño, lo reservaba para la danza. Iba a los pueblos, pero no solo el día de la fiesta, como es corriente en los músicos populares, sino varios días antes porque la danza es necesario ensayarla.

En este ambiente vivía Francisco. Más tiempo fuera de casa que en ella, hablando con la gente y escuchando. Era un gran conversador y, también, un gran bebedor de vino, de grandes vasos de vino que él tomaba para saciar la sed que le producía la xipla y el sol del estío. Muchas veces le vi alegre y con unos ojos chispeantes muy característicos suyos, pero nunca le vi perder la compostura, ni oí que la hubiera perdido nunca. A veces también bebía agua. Era muy especial para el agua, no todas le servían. Distinguía las fuentes buenas y beneficiosas de las frías y “catarrosas”. Detestaba el agua corriente de las ciudades.

Francisco en El Rebol.lal (Degaña), 1974. Fotografía de Gil Barrero.

De los trabajos del campo solo tenía interés por la apicultura. La relación de los campesinos con las abejas es complicada, es de amor o de odio. Por una parte, están los que les tienen pánico y las consideran un “ganado” pésimo, y, por otro, están los apasionados que te dan múltiples razones para convencerte que es el mejor “ganado” que existe. Estos últimos son los abeyeiros y entre ellos estaba Francisco.

El abeyeiro es por lo común un gran observador del entorno. Está pendiente de los desplazamientos de las abejas, dónde van a pastar, dónde cogen el agua, hacia donde van los enjambres y también por donde anda el oso. Francisco no solo estaba atento a sus abejas, sino también a los restos arqueológicos de su entorno más cercano. El valle del río Ibias, en el tramo que rodea la parroquia de L.larón, está plagado de yacimientos de época romana relacionados con la explotación de oro. Él conocía a su manera todos los lugares donde hay un yacimiento: el castro de L.larón, las explotaciones auríferas de La Muracal, los canales o antiguas que recorren el valle, las arrugias o fanas, etcétera. Su abuelo había descubierto en el lugar de L’Arnosa la lapida funeraria de Lucio Valerio Postumo, un romano de 50 años natural de Uxama (la actual villa de El Burgo de Osma en la provincia de Soria), que estuvo durante muchos años colocada delante de su casa y hoy pertenece al Museo Arqueológico de Asturias.

A pesar de su afición a la “arqueología”, es necesario advertir que Francisco no era un buscador de tesoros. Sabía de varias casas donde tenían gacetas en las que se señalan sitios donde, supuestamente, se esconden estos, pero nunca le interesaron, él solo aspiraba a conocer aquellos restos, a satisfacer una curiosidad real y mítica. Una vez me dijo que había oído que “junto a una uz rubia y un rebollo albar había una arca de oro y otra de veneno, el que destapara la de veneno infestaría el mundo. Sé que estuvieron andando sobre ello y algo tien que haber. ¿Te imaginas que pasaría si alguien abriera el arca de veneno?”.

Le gustaba mucho caminar por esos lugares del monte, buscando y removiendo piedras, y en la estación propicia llevaba los bolsos llenos de castañas que iba sembrando en aquellos sitios que él consideraba adecuados. Que la maleza se apoderase de los castañedos, los viejos caminos y las tierras le desesperaba: era el síntoma más claro del final del mundo en el que él se había criado.

Francisco era una persona muy generosa. Cuando a fines de los años setenta del siglo pasado, y sobre todo en los ochenta, renació el interés por el estudio de la cultura popular, siempre estuvo disponible para todo el que pasó por su casa. Acompañaba sin reparos a los jóvenes folcloristas, informaba, contaba y les abría las puertas de sus muchos conocidos. Era muy buen informante para muchos asuntos relacionados con la vida rural y si él no sabía acerca de un asunto concreto enseguida te indicaba quien te podía informar.

Uno de sus dichos preferidos era: “Donde hay música hay alegría”. Este CD, que edita el Museo del Pueblo de Asturias, permitirá que su música y su alegría sigan vivas.