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Manuel de Casa Berlín y su hermana Aurelia con una de sus vacas en Bisuyu / Besullo hacia 1923

Los nombres de las vacas, como los de las personas, han ido cambiando a lo largo de la historia. Podemos conocerlos desde antiguo porque son de los pocos nombres de animales que aparecen en la documentación. Además, solamente vacas, toros, perros y caballerías tenían nombres que los identificaban e individualizaban, como todavía sucede hoy.

Todos los animales cumplían su función en la casa campesina, pero la vaca era la reina de la corte (cuadra). Ella tiraba del carro, del l.labiego y demás aperos de tiro; ella daba leche para comer y hacer manteca; ella daba xatos y becerras para vender en el mercado; ella, con su muñica, daba el cuitu para alimentar las tierras; sus huesos se empleaban para elaborar pequeños objetos torneados y sus cuernos se usaban para hacer canaos donde llevar la piedra de afilar la guadaña;… La vaca era respetada e incluso querida, pero también estaba explotada y mal alimentada.

Vacas xuncidas en Brañas de Arriba en 1927. F. Krüger

Hoy, la vida de este ganado ha cambiado considerablemente, tanto de los animales que se crían para carne como los que solo se dedican para leche. Antiguamente, el trato con la vaca era más personal y el nombre era fundamental para enseñarla a trabajar, para llamarla cuando iba enganchada al carro o a los aperos de tiro. Fray Toribio de Santo Tomas y Pumarada, autor del Arte General de Grangerías (1711-1714), recomienda a un sobrino de La Riera de Colunga una serie de nombres para vacas y toros, y le dice: “Ni se debe juzgar ocioso haberme detenido en sacar estos tantos nombres; pues es visto que sin tener cada cual su nombre no se pueden llamar, ni regir, ni enseñar estos ganados. Y con ellos vemos que más fácilmente se domestican y gobiernan”.

En la actualidad, la costumbre de bautizar a las vacas con un nombre está comenzando a perderse. Todavía se mantiene en casas donde hay poco ganado, pero donde las cuadras superan las cincuenta, ochenta o cien cabezas, esa vieja costumbre está abandonándose. La explotación de la vaca es hoy más impersonal y el nombre está siendo sustituido por un número y un código de barras que obligatoriamente deben llevar todas las reses de ganado vacuno en sus crotales o marcas de oreja. Con estas marcas al ganado se le identifica como a una mercancía cualquiera.

Relación de ganado propiedad de Hermenegilda Marcos, de San Romanu de Bisuyu, 1896. Archivo Histórico de Asturias

En el Tous pa Tous nos gustaría recopilar muchos nombres de vacas, de toros y de bueyes. Queremos saber los nombres que se dan en las casas, en los pueblos y en las parroquias a estos animales, antes y ahora. Por eso os pedimos a tous que nos envíes esos nombres. Los nombres que tenían estos animales cuando erais nenos o nenas, o los que tienen ahora en vuestra casa. Nombres que no han sido ajenos a las características físicas de los animales o a su carácter, así como a los gustos de sus amos, a las modas, a los programas de televisión, a la política, al cine o las canciones.

Vamos a empezar enumerando los nombres que hemos encontrado en un inventario de bienes que se hizo en 1896 a la muerte de Hermenegilda Marcos Llano, vecina de San Romanu de Bisuyu. Esta señora y su marido, Manuel de Llano Marcos, tenían dieciséis vacas, la mayoría dadas en aparcería o comuña a tres vecinos de los pueblos de Bisuyu, Eirrondo de Bisuyu y Trones. Ellos eran campesinos ricos y poseían muchas vacas, porque lo común a finales del siglo XIX era que cada familia tuviese entre dos o seis vacas. El documento lo hemos encontrado en el Archivo Histórico de Asturias. Los nombres de las vacas eran los siguientes:

Bolera, Cachorra, Castaña, Cierva, Figuera, Galana (había dos vacas con este nombre), Gallarda, Garbosa, Gurmea, Loura, Morena, Parda (había dos vacas con este nombre) y Roja.

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10 comentarios
  1. María José
    María José Dice:

    Buenas tardes.
    En casa de mi familia, además de algunas de las nombradas en el artículo tenían estos otros nombres: Marinera. Careta. Linda. Vaquera. Pastora. Roxia….

    Gracias por los bonitos recuerdos

    Responder
  2. Pilar Tosar Corros
    Pilar Tosar Corros Dice:

    Cuando yo era niña en Riotorno Cangas del Narcea , en casa las vacas se llamaban:
    Castaña / Rubia / Garbosa / Montesa /guapina/ Romera / Naranja / Voluntaria/ Majita / paloma ,

    Responder
  3. Carmen Bautista
    Carmen Bautista Dice:

    En El Royo, Soria. Mora, Lucera, Blanca, Morena…no recuerdo más, pero me encantaba que tuvieran nombre. El que más me gusta es Lucera. Las vacas son mis amigas, cuando las encuentro hablo con ellas….

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  4. Gonzalo Barrena
    Gonzalo Barrena Dice:

    Iniciativa excelente. Os adjunto una columna mía publicada en el semanario El Fielato (oriente de Asturias) hace ya años, sobre una canción asturiana “Aprieta bien el sobeu”, donde se mencionan dos nombres señeros de vacas.
    ____________

    El sobeu

    “Aprieta bien el sobéu / que la cuesta ye penosa”, y se repite el sobreverso porque la canción asturiana gusta de demorarse en el anuncio de las cosas, creando expectación entre los que acuden a sentir.
    “Aprieta bien el sobéu / que la cuesta ye penosa”, redundando con el adjetivo en la condición general que tiene el suelo chico, montuno y recuesto como ninguno de los otros peninsulares. Y resaltando que en un aquí, donde la inclinación propia de Las Asturias se vuelve penosa, la pareja y el conductor han de tenérselas, y el amarre del yugo a la vara se ha de envolver con un sobéu indiscutible.
    Y ya en ese par de versos solos se sabe que los suelos de la región son rampantes, en sitios más, y que no perdonan los descuidos, y que así y todo hubo carros, parejas valientes, apretadores y gente que cantaba sobre las adversidades con un orgullo matizado y sabedor: “Yo de les vaques respondo / La Galana y La Garbosa”.
    Y se remata el desafío a una geografía dificultante, condensando en ese haiku de montaña un modo de ser: poner nombres de valor a los animales, nombres que tiren, casi voces que animen en unas empresas físicas que, sin prestancia, jamás se podrían acometer.
    Y así, entre gritos y aplausos, suele terminar esa poética breve, pujante, que fue compartida en Los Cuadrazales por paisanos de cuatro concejos, y por asturianos que -entonces- respondían de su yunta y de su hacer.

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