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Ruta de montaña por Cangas del Narcea (De Santa Ana a La Viña)

Hoy toca de nuevo salir de ruta y crestear algunas montañas de Cangas del Narcea. Preparo una merienda rápida para comerla a media ruta en la capilla de Bordondio y salgo dirección al pueblo de Santa Ana (731 m) donde dejaré el coche para empezar a caminar en dirección a la sierra de Santa Isabel, pasaré por Santarbás (889 m) y seguiré bordeando los pueblos de Abanceña y Escrita para finalizar en el pueblo de La Viña en el río del Coto.

Una vez más fotografiaré todo lo que me llame la atención y aportaré detalles llamativos que me ofrezca la ruta. Espero que sea entretenida.

Grupo de montaña Piélago en la ermita de Santa Isabel

Empiezo la ruta en el alto de Santa Ana, antes de dirigirme a la sierra de Santa Isabel visito el mirador de Piñolo en la zona denominada de Bocherón, debajo del pueblo de Santa Ana. Desde este montículo se ve muy bien el valle del Narcea, todavía se conservan algunos muros derruidos que señalan el lugar donde se dice que estuvo ubicado el castillo del Conde don Piñolo; este lugar misterioso y extraño aún conserva su aspecto de fortaleza inexpugnable. Es muy interesante visitar este mirador ya que abre unas vistas hacia el valle con un dominio espectacular del Monasterio de Corias y de la villa de Cangas, todo esto coronado por el cordal de montañas que bordean este concejo por el sur; entre estas montañas una vez más destaca en el horizonte el pico Caniellas con su forma piramidal.

Vistas de Cangas desde la sierra de Santa Isabel

En esta peña histórica del Mirador Piñolo se considera que estuvo el castillo del Conde cofundador del Monasterio de Corias, cuya iglesia fundacional data del sigo XI, nada menos que en los años 1031-1043. Esta iglesia fue descubierta recientemente en las obras que se hicieron para restaurar el monasterio como Parador Nacional. En este monumento Nacional están enterrados los fundadores, condes Don Piñolo y su esposa Aldonza, también se considera que están enterrados el rey D. Bermudo I y su mujer; otra versión dice que el sepulcro real puedo ser un invento de la comunidad monástica en época medieval para acrecentar la gloria de los orígenes del monasterio.

Estando en este mirador y con un poco de imaginación, uno se puede trasladar a esas épocas convulsas donde los reyes astur-leoneses y las gentes de estas zonas apartadas, vivían vigilantes, controlando el terreno reconquistado desde estas estratégicas atalayas.

Este mirador hoy me sirve para hacer una fabulosa fotografía del valle de Cangas del Narcea con el Monasterio de Corias en primer plano.

Pastizales de Trones

Tras este paréntesis, retomo la subida al pueblo de Santa Ana y empiezo la ruta por un camino que parte a la izquierda de las primeras casas del pueblo y que me dirige a la ermita de Santa Isabel (875 m). Desde esta ermita hasta el alto de Santarbás (889 m) el camino se suaviza y transcurre entre pastizales y prados de altura, dejándome ver por mi izquierda vistas a Cangas, a la sierra del Acebo y por mi derecha se levantan desnudas las sierras de Iboyo y de La Pila.

Pueblo de Trones

Llego al Alto de Santarbás, este alto es un cruce de caminos que permite dirigirse hacia Cangas, hacia Trones y hacia la sierra de Abanceña; decido tomar dirección a Trones para coger agua en la fuente de Linares y vuelvo sobre mis pasos, para continuar la ruta ascendiendo hacia el pico Latrene (1.037 m) , desde aquí el camino llanea ondulante por el mar de pastizales que hay a ambos lados de la sierra, estos pastizales dibujan un contraste perfecto entre el verde de los campos y el oscuro de los grises de las montañas circundantes.

Besullo

En la zona de Peñas Altas me desvío a comer a la ermita de Bordondio, situada en medio del desierto verde de los pastizales del pueblo de Trones. Tras una buena merienda y una buena siesta a la sombra de los árboles de la ermita, retomo el camino hacia las Peñas Padrún (1.122 m); estas peñas cámbricas se alzan como dos mudos testigos de los grandes esfuerzos geológicos que levantaron estas montañas; en estas peñas hago mi tercera parada ya que la visibilidad desde este enclave es espectacular, girando 360 grados sobre las peñas nada se interpone entre mí y el horizonte, disfruto de una buena panorámica de las sierras de Iboyo y Cazarnosa, del río Arganza que corre libre por poco tiempo hasta el embalse de Pilotuerto, también se ven los pueblos de Besullo, Irrondo y Cerecedo de Besullo. Esto me recuerda que tengo que visitar en el pueblo de Cerecedo a Delfina de casa Cascarín. para que me cuente historias sobre la posguerra y como era la forma de vida en estos pueblos en tiempos muy difíciles. (Esto será otro artículo que titularé: “Supervivientes, Delfina la filandera de Cerecedo de Besullo”.

Perfil de la ruta desde Cerecedo de Besullo

Volviendo sobre las vistas de las Peñas Padrún lanzo una mirada infinita sobre el horizonte y veo la ruta andada. En esta parada me tomo mi tiempo saboreando la brisa y agradando la vista con el contraste de colores verdes, marrones, azules, blancos, pliegues, montañas, anticlinales, sinclinales, pueblos; solo falta el mar para ser completo este momento. Diviso el pueblo de Tineo, la fana de Genestaza, los molinos gigantes blancos que domestican el aire en la sierra de Los Lagos, en primer plano se ven los pueblos de Abanceña y Escrita, también se ven los límites de los pastizales de Escrita y Villar de Bergame. Como dato curioso creo recordar que en Villar de Bergame vive Olga; una mujer conocedora de las propiedades medicinales que tienen las hierbas del contorno, conocimientos que heredó de su suegra y que aplica para tratar con éxito la cura del herpes.

Panorámica desde Peñas Padrún

Bajando de las Peñas Padrún, antes de incorporarme a la ruta principal me desvío un poco por la pista que baja al pueblo de Las Avelleras y de repente se presenta ante mi una panorámica completa del valle de Las Montañas, aquí animales salvajes, ganado domesticado y hombres conviven desde tiempos inmemoriales en este valle húmedo. En esta zona, la naturaleza se ve poco alterada por la mano del hombre; bueno esto no es del todo cierto ya que al lado de San Félix de Las Montañas se ve un fabuloso tajo o corta artificial que nos recuerda tiempos pretéritos donde los romanos utilizaron toda su ingeniería para expoliar el oro de estas montañas.

Según los cálculos se movieron tres millones de metros cúbicos de montaña en esta zona. Para hacer esto sin maquinaria se necesita mucha mano de obra; no dejo de imaginar a nuestros antepasados transitando desde sus castros hacia esta mina para extraer el vil metal exigido por el imperio.

Pueblo de Escrita

Me queda la buena sensación que estos romanos no pudieron someter del todo a nuestros antepasados ya que por la fuerza se enfrentaron a caudillos astures indomables como Liranto en oriente, Gauzón en el centro y Asur en Occidente, que obligaron a las legiones de Augusto la amarga necesidad de pactar las paces. Parte de estos pactos permitirían a estos trabajadores de la zona ser libres y por lo tanto trabajar por una especie de sueldo. Bueno,… esto son especulaciones mías pensando que los asturianos siempre fuimos muy cojonudos.

Valle de Las Montañas

Para saber la realidad de la minería romana en la zona, hay que buscar referencias de varios autores latinos; entre ellos Silio Itálico, que cantó la Segunda Guerra Púnica entre los años 88 y 89 y asigna a Asturias un puesto prominente en la explotación del oro, describe al minero local como de tez amarillenta con gran parecido al oro.

Pero el gran divulgador de la riqueza aurífera de esta región fue Plinio el Viejo, éste señala que se extraían unas veinte mil libras romanas anuales, esto es, unos seis mil quinientos cuarenta kilos de oro y que en parte corresponden al solar de Asturias (esencialmente Asturias y León).

Explotación romana de oro en San Félix de las Montañas

Es difícil evaluar la incidencia de la minería del oro durante la romanización, pero teniendo en cuenta el numero de “cortas” conocidas y que la ley de los yacimientos primarios está comprendida, por término medio entre 0,5 y 3,5 gr/Tm, Sánchez Palencia infiere que se han movido unos setenta y cinco millones de metros cúbicos de materiales (por seiscientos setenta y cinco millones en todo el NO), lo que proporciona una cifra de doscientos treinta mil kilos para el oro extraído en Asturias durante la dominación romana.

Cuando se va de turismo a Italia y se visitan las grandes obras del imperio tenemos que recordar que gran parte de éstas se pagaron posiblemente con el oro que nos llevaron los romanos de Asturias, bueno,… esto también es una especulación mía.

Geológicamente, la explotación de San Félix se trata de un yacimiento primario donde se presentan diques de lamprófidos y de albititas que parecen formar parte del cortejo filoniano de rocas ígneas no aflorantes. En esta corta se presentan brechas de relleno de fisuras, de tonalidad blanquecina, constituidas por cantos de albita y cuarzo.

Braña de La Viña

Se nota que me gusta el tema pero no me enrollo más, ya que debo seguir camino en ruta hacia el pueblo de La Viña. Dejo el valle de Las Montañas y vuelvo sobre la ruta original bordeando el pastizal de Escrita por su parte más alta dirección a Vega de la Mula (1.137 m), continuando este camino me lleva hasta la braña de La Viña (1.007 m). Esta braña es posiblemente el enclave ganadero mas llamativo de la zona y tiene unas características muy peculiares que la diferencian de otras brañas. En las construcciones del conjunto ganadero alternan cuadras para guardar el ganado y hórreos para almacenar productos.

Conjunto de hórreos y brañas de La Viña

Bajando hacia la braña veo sombras que dejan imaginar entre los arbustos lejanas miradas de algún animal que me extraña y que posiblemente sea un corzo. Sigo bajando y ya la niebla se va disipando dejando ver el conjunto de hórreos y de brañas de La Viña. La braña está encaramada a 1.007 m de cota, sobre una pudinga carbonífera que está erosionada por ambos lados. Desde este montículo se domina hacia el sur la sierra de Peña Ventana, la sierra de Oballo y los abruptos perfiles que presenta el encajado y cerrado valle de La Viña.

Ganado en la braña

El conjunto ganadero está bien conservado, destaca un techo de uralita que hubiera sido preferible que fuera de losa como las demás del contorno (pero es mejor tener este techo a que este totalmente destruido). Los hórreos son muy llamativos y uno no está acostumbrado a ver estas construcciones fuera de los pueblos, situados en una braña de cuadras para el ganado, así que pregunto a un vecino cual es la función de estos hórreos en plena braña y me dice que antiguamente en la zona llana del monte se sembraba toda de trigo y de patatas y como el pueblo estaba tan lejos se almacenaban todos los productos en estos hórreos. También valen para albergar al brañero ya que dentro de los hórreos aún hay camas. Sintetizando, antiguamente se hacia vida en la braña, la mayoría del tiempo los vecinos de La Viña estaban trabajando en la zona alta y dormían en los hórreos.

Hórreo y braña

Tras disfrutar de este pequeño enclave ganadero empiezo la bajada hacia el pueblo de La Viña, esto se puede hacer por el camino que sale hacia la derecha de la braña, por una pista que suben los tractores o por el antiguo camino de la izquierda que baja bordeando el crestón de pudinga; aconsejo bajar por este camino viejo ya que esta menos alterado y es más espectacular.

Bajando este camino por fin llego al pueblo de La Viña con sus casas de entramados de madera, saco una fotografía y termino la ruta en la carretera del Coto donde me esperan para bajarme a Cangas.

Antes de marchar no se debe dejar de visitar los pueblos de Vega de Hórreo y Monasterio del Coto que están prácticamente al lado de este punto final de la ruta.

Contorno del pueblo de La Viña en el río del Coto

Atendiendo a los nombres actuales de la zona, Monasterio del Coto, La Viña, Vegalagar (Vega del Lagar)…, todo indica que esto fue un reducto benedictino del convento de Corias y el terreno fue zona de viña propiedad del mismo convento.

La zona de La Viña es escarpada, muy pendiente, con poco horizonte de tierra y abundante en suelo pizarroso, es propicia para la explotación de la vid. Aún se puede imaginar uno la disposición de las viñas viendo las escarpadas y pendientes terrazas de pared de piedra que todavía se conservan en las laderas del pueblo.

Hoy es una zona con un encanto especial ya que el pueblo se encuentra encaramado sobre la ladera y protegido del norte por una majestuosa y solitaria muralla natural de brecha y pudinga que hace de esta zona un paisaje especial y diferenciado.


Pueblo de La Viña

ITINERARIO: Santa Ana – Santarbás – Escrita – Braña de La Viña – La Viña.

DISTANCIA: 15 Km. a Braña de La Viña y 2,5 Km más de bajada al pueblo de la Viña.
DURACION: 5h.

DIFICULTAD: Baja. (Ruta con pendientes muy suaves, para todos los públicos)


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El Tous pa Tous recupera el primer libro de la parroquia de Veigal.lagar de 1669

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Cabecera del río del Couto desde el Pozu de las Muyeres Muertas en noviembre de 2013.

El Tous pa Tous ha adquirido un libro de la parroquia de Santa María Magdalena de Veigal.lagar, que se inicia en 1669 y concluye en 1727, que estaba desde hace más de medio siglo en manos de un particular. El libro tiene 212 folios y contiene los libros de bautizados, casados y difuntos, así como de confirmados y de aniversarios, y el libro de cuentas de la fábrica de la parroquia (es decir, de los ingresos y gastos) y de las visitas que cada año hacía un enviado del Obispo de Oviedo para controlar las cuentas, la decencia de los edificios y el cumplimiento de la religión por los vecinos.

La parroquia está formada por los pueblos de La Viña, L’Artosa, Combu, Veiga de Horrio y Monesterio del Couto, todos situados en el Río del Couto.

Este es el primer libro que tuvo esta parroquia, porque en ese año de 1669 se separó de la parroquia de San Martín de Bergame. En la primera anotación de la visita del representante del Obispo dice: “habiéndosele exhibido este libro en que se han de escribir las cuentas de la fábrica de la parroquial de la Magdalena de Vega de Lagar, nuevamente erigida, de la cual es primer cura el licenciado Domingo González León y mayordomo de la fábrica Pedro Menéndez, de La Viña”. La razón para crear esta nueva parroquia debió ser la distancia tan grande que existe entre estos pueblos de la nueva parroquia y la cabecera de la parroquia antigua situada en el pueblo de Bergame d’Arriba, a lo que se sumaban el mal estado de los caminos y la fragosidad del terreno.

Esta clase de libros informan de muchas cosas de interés. Nos permiten conocer el nombre y la situación familiar de los nacidos, los casados y los difuntos de la parroquia, y la procedencia de los novios y las novias (es significativa la presencia de naturales del concejo de Ibias y también de las vecinas parroquias del Valledor, en Allande, y San Pedro de las Montañas). Nos informan sobre la capacidad económica y la actividad religiosa de los vecinos, el estado de la iglesia y de las ermitas que había en algunos pueblos, las obras que se acometen, etc.

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Inicio de las ‘Cuentas de la Fábrica’ en el libro de la parroquia de Veigal.lagar, 1669-1727.

De este modo, gracias a una consulta rápida de este libro sabemos que Veigal.lagar era una parroquia pobre, como sus habitantes. Sus ingresos provenían únicamente de las limosnas que se recogían en la iglesia los domingos y los días festivos. Con ese dinero se pagaban la cera “para alumbrar en los altares”, el aceite para iluminar al Santísimo, el incienso, los clavos para hacer el monumento de Semana Santa y pequeñas reparaciones en la iglesia. El resto de los gastos de la parroquia tenían que pagarlos los vecinos, desde la compra de un misal hasta el arreglo del tejado, repartiéndose su coste entre todos. La aportación era obligatoria. Como muchas de estas compras u obras se demoraban el visitador se las recordaba año tras año. Veamos algún ejemplo.

Como la parroquia era nueva había que dotarla de diversos elementos que eran imprescindibles para el culto y los ritos; en la primera visita de 1670 se anota lo siguiente:

“mando que los vecinos de dicha parroquia compren un buen misal para el servicio de la iglesia, una sobrepelliz para la administración de sacramentos y unos hierros nuevos para hacer hostias, mediante hay mucha necesidad de todo ello en dicha iglesia, y lo cumplan dentro de seis meses, y lo que tuviese de costo lo susodicho hagan dichos vecinos entre sí repartimiento y cada uno de ellos pague lo que le tocare y a ello el cura les compele, obligándoles con evitación de la misa y oficios divinos”.

En esa primera visita de 1670 también se manda a los vecinos colocar en el medio de la iglesia una separación para dividir a hombres y mujeres:

“que en el medio de dicha iglesia, donde más conveniente pareciere, pongan un estantario que sirva para dividir los hombres de las mujeres, y mandó su merced que de él para delante no lo pasen las mujeres, y en caso de rebeldía el dicho cura les compela con evitación”.

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Libro de la parroquia de Veigal.lagar, 1669 – 1727

A pesar de las amenazas del visitador, como los vecinos no tenían muchos recursos, las compras y obras que mandaba aquel se demoraban; así en 1671 volvemos a leer: “que los vecinos compren un misal, un cáliz y una casulla de buena tela decente” y en 1677 vuelve a recordárseles la necesidad de poner un “estantario” para dividir a hombres y mujeres.

Los vecinos también estaban obligados a pagar todos los objetos empleados en los rituales religiosos, desde el nacimiento hasta la muerte, así como las obras nuevas. En 1687 pagan para “hacer un manto para sobre las andas de los difuntos”, que había en todas las iglesias para llevar los cadáveres, y en 1723 reciben el mandato para hacer una “pila bautismal de piedra con su cubierta y cerradura”, y para ello se les da un plazo de dos meses; como se incumplió, el visitador vuelve a exigírselo al año siguiente, indicando al cura que nombre “dos vecinos de su satisfacción para que busquen maestro que haga dicha pila” y “el costo que tuviese lo reparta” entre los vecinos.

Lo mismo ocurre con obras nuevas, como la construcción de una tribuna o coro dentro de la iglesia y un cabildo o pórtico en el exterior; en 1694 manda el visitador:

“Y por cuanto su merced ha sido informada que la iglesia parroquial se halla sin cabildo ni portal para poder recogerse dentro de él en tiempo de aguas y malos temporales para diferentes cosas necesarias, que se ofrezcan antes y después que se abra la iglesia, y ser muy necesario; mando su merced que los vecinos de dicha feligresía se junten y repartan el costo, que fuere necesario para hacer dicho cabildo y portal en dicha iglesia, dentro de quince días, y lo hagan y ejecuten dentro de dos meses siguientes a la notificación de este auto y al que fuese omiso en cumplirlo, uno y otro, les condeno su merced en doscientos maravedíes que aplica a dicha fábrica”.

El cabildo se hizo, pero mal, y en 1698 se hace cargo el visitador que dice y manda lo siguiente:

“su merced fue informado que el cabildo de dicha iglesia de Vega de Lagar tuvo de costo veinte y quatro ducados, y ahora está lloviendo dentro y se halla mal compuesto; mando su merced que los que lo hicieron lo reparen a costa del dinero que llevaron y a vista de los que están en la escritura [de contrato de la obra], dentro de un mes de la notificación de este auto, pena de excomunión mayor”.

Además de estos gastos relacionados con el culto y el templo parroquial, también el mantenimiento y ajuar de la casa del cura corría por cuenta de los vecinos. En la visita de 1712 se dice:

“por cuando a su merced le consta de lo mal reparada se halla la casa del curato de dicho lugar, así en lo que mira a paredes, retejo y la falta de pergancias o clamayeras, y otras cosas; por tanto mandó su merced que los feligreses de dicha parroquia dentro de un mes hagan en dicha casa todos los reparos que necesita a su costa de ellos, pena de que contra cualquiera que sea rebelde se procederá con todo rigor de derecho”.

Una queja bastante frecuente del visitador es que los vecinos no asisten a misa y que trabajan los domingos y días festivos. En 1689 se dice:

“mando que los parroquianos guarden las fiestas no trabajando en ellas y que asistan a la misa popular y explicación de la doctrina cristiana, y en todo estarán con el silencio y compostura que se debe, y al que no lo hiciere y no cumpliere como se le manda, el cura por la primera vez le multe en un real, por la segunda en dos y por la tercera doblada la pena, y las que resultaren de lo dicho se aplican para la luz del Santísimo Sacramento de esta dicha parroquia”.

Inicio del ‘Libro de difuntos de el año de 1670’ en el libro de la parroquia de Veigal.lagar, 1669-1727.

Y en 1708 vuelve sobre lo mismo: “los vecinos de dicha parroquia, con poco temor de Dios y de sus conciencias, y sin causa ni razón, faltan a la misa y oficios divinos los domingos y días festivos”, y para evitar esto, el visitador establece unas multas para los vecinos incumplidores.

Para evitar estos incumplimientos, algunos vecinos, a menudo con el dinero aportado por un familiar sacerdote o emigrado en Madrid o en Indias, levantaban ermitas en los pueblos. En 1722 había una en Combu dedicada a la Gloriosa Santa Eulalia. Sin embargo, también había que recordar a esos vecinos la obligación de mantener en buenas condiciones esas capillas. En 1691 el visitador escribe:

“informado que en el distrito de dicha parroquia hay algunas ermitas con alguna indecencia y que no se puede celebrar en ellas el sacrificio de la misa, por tanto mandó su merced que los vecinos de la parroquia a cuyo cargo está el reparo de las ermitas las compongan y aderecen de modo que estén decentes para celebrar en ellas”.

Por estas ermitas de los pueblos, los vecinos tenían que pagar un dinero fijo a los párrocos, pero como los vecinos tenían poco o no tenían nada, costaba sacárselo. Un ejemplo de esto, es el mandato de 1716 para exigir a los vecinos que paguen esa cantidad:

“informado que estando esta parroquia unida con la de Bergame pagaba cada una de las ermitas dos reales de vellón en cada un año por el servicio que da el titular de cada una de ellas y después de haberse separado dicha parroquia, los de esta de Vegadelagar se resisten a pagar dicha limosna al cura presente, sin tener más motivo ni razón que no lo querer hacer; mando su merced que en adelante se paguen dichos dos reales por cada una de dichas ermitas en cada un año […] y lo cumplan dichos vecinos pena de excomunión mayor”.

El terreno de la parroquia de Veigal.lagar era tan frondoso que hasta la misma iglesia estaba rodeada de arboles que privaban de luz a los que celebraban la misa e impedían el paso de las procesiones, por ello en 1723 se manda que se corten las cañas de esos árboles y como nadie lo hizo, en 1724 se vuelve a mandar lo mismo: “cortar los castañales que impiden la luz a la iglesia y el andar las procesiones”.

En aquel tiempo, andar de noche por el Río del Couto debía ser solo para valientes. En la visita de 1692 se dice lo siguiente:

“que los vecinos de dicha parroquia envían a llamar dicho cura para administrar el santo sacramento de la eucaristía a los enfermos al anochecer con unos muchachos, y el dicho cura va solo y con riesgo de su persona por ser despoblado y de muchas fieras; mando que desde aquí en adelante siempre que vinieren a llamar dicho cura para administrar vengan dos hombres a llamar a dicho cura para acompañándole, y siempre que no vengan el dicho cura les multe en dos reales”.

El tránsito por esta parroquia de Veigal.lagar era tan penoso, que en los cincuenta y ocho años que estuvo este libro en uso, entre 1669 y 1727, los visitadores del obispo no llegaron nunca hasta allí, y hacían la “inspección” del libro parroquial y daban sus mandatos desde la villa de Cangas o las parroquias cercanas de Bergame, Regla de Perandones, Cibuyo o San Damias.

Los vinos de Cangas (1972), por Alfonso Rueda

Por su interés y curiosidad ofrecemos a continuación la referencia hecha a los vinos de Cangas en la ponencia presentada por don Alfonso Rueda Rodríguez-Arango sobre «Turismo», en el Consejo Comarcal Sindical de Cangas del Narcea, el jueves 2 de noviembre de 1972.

 

La familia Ríos, de Cangas del Narcea, camino de la vendimia, en El Corral, 4 de octubre de 1959.

LOS VINOS DE CANGAS

Con toda probabilidad en el siglo XI los benedictinos introdujeron el cultivo de la vid en Cangas del Narcea, extendiéndose también a Ibias y Grandas de Salime. Posteriormente también se cultivó en Candamo. Los monjes del monasterio de Corias eran propietarios de grandes extensiones de viñedos que eran trabajadas por familias de «quinteros», o sea colonos que entregaban el «quinto» al convento. Desde el año 1169 al 1195, siendo abad del monasterio de San Juan de Corias, fray Pedro Pelayo, hizo plantaciones de gran importancia. Más tarde también plantaron los señores Omaña, Alba, Pimentel, Adanero, Sierra Pambley y Sierra Jarceley, Miramontes, Colón, Toreno y otros. Dato curioso, que tal vez se remonta al tiempo de los benedictinos, es el hecho de que en la cabecera del río del Coto hay un pueblo que se llama Monasterio del Coto, probablemente feudo benedictino y en la parroquia, Vegalagar (Vega del Lagar), existe un pueblo por nombre La Viña.

En el año 1895, al empezar la filoxera, había plantadas unos 55.000 hombres de cava, equivalente a unas 1.000 hectáreas con unos 5.500.000 de cepas. Hubo que sustituir todas las cepas por plantas americanas, gracias en particular a don Félix Duero, que consiguió se pusiese un vivero en Corias, donde se facilitaban a precios muy bajos, la estaquilla o patrones en grandes cantidades. La mayor parte quedó repoblada en los diez primeros años de este siglo, aunque en la actualidad no rebasan los 2.200.000 plantas. En Madrid los vinos del señor conde de Toreno adquirieron preponderancia.

Etiqueta de vino de Cangas Los Viñales, embotellado por Manuel García Velasco, hacia 1920. Litografía Muñiz, Gijón. Col. Museo del Pueblo de Asturias.

Don José Francisco Uría y don Nicolás Suarez Cantón obtuvieron premios en Madrid y Oviedo los años 1857, 1873 y 1875. Don Anselmo González del Valle obtuvo medallas de oro y plata en las Exposiciones de Burdeos, Angers y Rouen en 1895 y 1896. La producción de nuestras vides llegó por el año 1920 a los tres millones de litros. Don Jenaro Flórez llegó a cosechar después de la guerra civil 71.000 litros. El vino de entonces era embotellado con distintas marcas: don Anselmo González del Valle con la marca «Don Pelayo» enviaba vino embotellado a México. Don Jenaro Flórez mandó vino embotellado y en barricas a Cuba con la marca «Príncipe de Asturias», entre 1926 al 1932. Don Marcial Arango con la marca «Don Piñolo» (fundador del convento de Corias) también enviaba al extranjero. Don Manuel García Velasco, alias Omaña (administrador de la casa de Omaña), con la marca «Los Viñales» enviaba a Oviedo y Gijón. Don Antonio Jiménez era un gran cosechero pero sólo a granel.

Vendimia en Cangas del Narcea, hacia 1987. Foto: José Vallina.

En opinión de don Pablo Pacottet, jefe de investigaciones vitícolas del Instituto Nacional de Francia, en su obra Viticultura (1918), «Los vinos de Cangas, poco alcohólicos por lo general, son vivos de color, frescos y finos, con cualidades semejantes a los de Burdeos. Creo que con algún empeño, los vinos de Cangas podrían constituir por su finura y aromas marcas rivales de las más famosas».

Los dueños de las viñas daban meriendas invitando a parientes y amigos, que festejaban con cánticos y bailes en la misma viña en ocasión de la vendimia, costumbre que todavía perdura. Durante las hechuras, al prensar el vino, se les daba la cena a los obreros, consistente en «batallón»: patatas con carne guisada o bacalao. En las bodegas todos bebían el vino por el mismo «cacho», un recipiente cóncavo de madera, que generalmente era de nogal o de abedul, de origen antiquísimo. El cacho, para que esté en sazón, se mete en la tinaja cuando cuece el vino. También había las llamadas  «zapicas», jarras de madera que se usaban para el vino y la leche. En las casas donde se vendía el vino se colocaba un ramo de hiedra para indicarlo y anunciarlo, costumbre tal vez pagana que puede encontrar un parecido con el tirso que acompañaba las imágenes de Baco. En Tebongo, desde hace algunos años, el domingo que concluye la vendimia se celebra una misa entre las bodegas del Campo de Villar, donde el cáliz, en esta ocasión, es el «cacho» por el cual todos comulgan.

Parroquia de Veigal.lagar

L’Artosa

♦ Casa Estebanón ♦ Casa Formón ♦ Casa Franciscón ♦ Casa Palanca ♦ Casa Quintos ♦ Casa Xuandiez ♦ Casa Zreizu

Combu

♦ Casa Angelito ♦ Casa El Cano ♦ Casa Murgüeiro ♦ Casa Pepón ♦ Casa Sidro ♦ Casa Xuan

Monesteriu del Coutu

♦ Casa Antonín ♦ Casa Casera ♦ Casa Flórez ♦ Casa Manín ♦ Casa Manulón ♦ Casa Miguel ♦ Casa Pachín ♦ Casa Pedro ♦ Casa Rodrigo ♦ Casa Roque ♦ Casa Santos

Veiga d’Horru

♦ Casa Anxelín ♦ Casa Bernardo ♦ Casa Campo ♦ Casa Ferreiru ♦ Casa Flora ♦ Casa Fonsín ♦ Casa Luardo ♦ Casa L.lourienzu ♦ Casa Mingas ♦ Casa Pericón ♦ Casa Rozas d’Abaxu ♦ Casa Rozas d’Arriba ♦ Casa Santos

La Viña

♦ Casa Cabanas (antes Casa’l Díez) ♦ Casa Campichín ♦ Casa’l Cura (desaparecida) ♦ Casa Juan de Lago (desaparecida) ♦ Casa Julián ♦ Casa L.laguín ♦ Casa Meirazo ♦ Casa Quiroche ♦ Casa Simones (en ruina) ♦ Casa Vicente ♦ Casa Xabiel ♦ Casa Xuaca (desaparecida)