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El período segoviano (1622-1628) de Luis Alfonso de Carvallo y el misterio de su libro sobre Asturias desvelado

Colegio de la Compañía de Jesús de Segovia, en construcción en la época del Padre Carballo. Vista del claustro barroco de Juan de Mugaguren.

El autor trata en este trabajo de documentar la presencia del cangués Luis Alfonso de Carvallo (1571-1635), ya jesuita desde 1616 y profesor de humanidades en el prestigioso colegio de la Compañía de Jesús en Segovia probablemente desde 1622. Una buena ocasión para asomarse a la vida interna de este colegio del que tan poco se sabe, como de la mayoría de los colegios jesuíticos en la Edad de Oro. Podremos así recrear la atmósfera en que vivió Carvallo a través de los datos recogidos sobre los compañeros de comunidad en esta etapa segoviana y, en especial, establecer un perfil de los dos superiores que tuvo Carvallo en esta época. Uno de ellos nada menos que el ilustre y benévolo Francisco Pimentel, hijo de Juan Alonso Pimentel, octavo conde de Benavente, que había sido virrey de Valencia y Nápoles, y que, al morir en 1621, era del Consejo Real y presidente del Consejo de Italia. El otro superior, desde 1625, fue el arbitrario Francisco de Corral, que emitió un juicio muy negativo sobre Carvallo. Bajo la dirección de Corral el colegio de Segovia se volvió muy conflictivo y preocupaba sobremanera al sexto general de los jesuitas (de 1615 a 1645), el romano Mucio Vitelleschi. Lo veremos, con curiosos detalles.

Conviene antes recordar lo poco que sabemos con certeza de Carvallo en su larga etapa prejesuítica. Publica una preceptiva poética, Cisne de Apolo (1602), que es la más importante del siglo XVII español, y escribe, además, una de las mejores y más citadas fuentes para la historia de Asturias, Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias (1695). Como se ve, esta última aparece póstumamente. Y el misterio queda aclarado en este trabajo de Porqueras Mayo, que subimos a la Biblioteca Digital del «Tous pa Tous», a causa de la documentación del período segoviano que ha descubierto en Roma. Sabemos, porque nos lo había dicho el propio Carvallo en sus dos obras citadas, que había nacido en Cangas de Tineo, hoy Cangas del Narcea. La documentación romana nos lo confirma, así como nos ofrece la fecha exacta: 1571. Enseñó (nos lo dice el autor en el Cisne de Apolo) latinidad en su «patria ingrata», es decir, Cangas de Tineo.

Dice Alberto Porqueras Mayo: «No existe documentación sobre Carvallo previa a su entrada en la Compañía. En Cangas del Narcea he rebuscado en la parroquia, pero no se conserva nada. Tampoco queda ningún testimonio documental de su paso por Villarrodrigo en León. Nada se conserva asimismo en el archivo diocesano de León. Tampoco en el archivo diocesano de Oviedo, que fue destruido por las llamas. La misma suerte corrió el archivo universitario de Oviedo, donde Carvallo había sido profesor. ¿Es posible que no exista ninguna huella documental del paso de Carvallo por Oviedo? Me resisto a creerlo. En mi estancia en Villagarcía de Campos no encontré nada relativo a Carvallo. Tampoco tuve suerte en mis rebuscas en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, ni en los fondos jesuíticos de la Academia de Historia de la misma capital, ni en mis visitas a los archivos jesuíticos de Alcalá de Henares y del santuario de Loyola en Guipúzcoa.»


A la buena memoria del Padre Carballo y su obra

Para la benemérita Sociedad “Tous pa Tous”, de Cangas del Narcea

Retrato de Nicolás Castor de Caunedo y Suárez de Moscoso. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica.

Se lamentaba Constantino Suárez del “escaso y deficiente fruto” que había logrado en sus investigaciones para arrojar luz sobre la peripecia vital e historiográfica de Nicolás Cástor de Caunedo y Suárez de Moscoso, una de las personalidades que definieron la reivindicación de Asturias durante el fértil periodo de nuestro Romanticismo.

Décadas después, Caunedo sigue sin tener una biografía que haga justicia a la singularidad de su trayectoria y aportaciones, que se nos muestran más ricas y de matices más variados que los que le atribuyen las fuentes al uso, plagadas de silencios y errores.

Su expresa querencia por Gozón y su capital Luanco, hicieron que se le diese por nacido en ese concejo o en la villa, pero lo cierto es que, quizás por la oriundez gallega de su madre, como delata su apellido, vio la primera luz en 1819 en la parroquia de San Andrés de Cabañas, provincia de La Coruña. Su padre era uno de aquéllos “cristinos” e “isabelinos” de primera hora que, como capitán, empuñó las armas en la Primera Guerra Carlista, siendo escenario las tierras de Burón y Suarna de algunas de sus heroicas acciones, pasmándose algunos vecinos testigos de las refriegas de que por su valentía “no hubiese perecido mil veces”.

De ese progenitor heredó Caunedo la profesión de las armas, a la que unió la pasión por las letras y por la historia, que nunca le abandonaría. En plena juventud, en el Madrid efervescente del reinado de Isabel II, sería cuando fructificasen esas inquietudes en la década de los cuarenta, cuando se vincula a la Real Academia de Arqueología y Geografía, fundada en 1837 por el investigador y erudito Basilio Sebastián Castellanos de Losada. La Academia pasaría en 1863 a denominarse del “Príncipe Alfonso”, para desaparecer en 1868 con la revolución que arrojó del trono a Isabel II.

Para Caunedo, la personalidad de Basilio Sebastián Castellanos fue un referente de primer orden, consagrándole como ejemplo a seguir de intelectual y arqueólogo, como viene a demostrar la biografía que le dedica y que dio a las prensas en Madrid en 1848. Además, la Real Academia fue la institución que le amparó y reconoció en sus saberes, y en donde estuvo acompañado por otros relevantes asturianos como el conde de Toreno, Agustín Arguelles, Evaristo San Miguel o Antonio Posada y Rubín de Celis. Sin embargo, será su contemporáneo Antonio Balbín de Unquera quien desarrolle en ella una gran actividad investigadora y divulgativa. Caunedo sería recibido como académico de número en 1868 con un discurso sobre la Arquitectura Asturiana, siendo contestado por Mariano Nogués y Secall.

Aunque formalmente su ingreso como académico de número se produzca en ese año, a pocos meses de la desaparición de la Real Academia, lo cierto es que a mediados de la década anterior Caunedo ya se presentaba como “académico de mérito de las de Arqueología de España y Bélgica”. Residía entonces Caunedo en Oviedo, aprovechando este periodo para profundizar en sus estudios históricos referidos a Asturias y en continuar una interesante labor editorial, no siempre culminada como veremos.

En 1855, cuando era segundo comandante de Infantería, Nicolás Cástor de Caunedo es nombrado Fiscal del Consejo de Guerra Permanente de la Provincia de Oviedo, y sumará a estos méritos arqueológicos y militares el ser caballero de la ínclita orden de San Juan de Jerusalén, de las militares de San Fernando y San Hermenegildo, Benemérito de la Patria, y haber sido condecorado con la medalla de Sufrimiento por la Patria y otras cinco medallas más por acciones distinguidas de guerra.

Como fiscal del Consejo de Guerra se encargará, entre otras labores, de la apertura del sumario a Restituto Mata, comandante de Infantería y subinspector de la Milicia Nacional, y al capitán de Infantería Faustino García Fontela, ayudante del Batallón Provincial de Oviedo, por la conducta que observaron ambos durante la vigencia de la Junta Revolucionaria instalada en Oviedo el 17 de julio de 1856.

El proyecto de edición de las Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias, del padre Carballo, en 1856

Placa a la memoria del Padre Carballo en su barrio natal de Ambasaguas (Cangas del Narcea)

Que la carrera militar no era obstáculo para que Caunedo dedicase también esfuerzos a conocer y difundir la historia de Asturias con una pasión digna de elogio, lo certifica el proyecto editorial en el que se embarca en ese año de 1856 junto a Evaristo Vigil Escalera, y que supone la empresa más ambiciosa en este campo en Asturias a lo largo del periodo isabelino, y que de haberse materializado, hubiese supuesto un hito en nuestra historia contemporánea. La nueva edición de la trascendental obra del Padre Luis Alfonso de Carballo Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias proyectada por Caunedo y Evaristo Vigil no se limitaría a una simple trascripción de la original, sino que se presentaría “anotada y adicionada” por los editores, enriqueciéndola además gráficamente con láminas litografiadas por un artista nativo como Ignacio León y Escosura que, pese a su juventud, ya gozaba de contrastada calidad en sus trabajos. De este modo se modernizaba la obra, poniéndola en consonancia con el ya implantado gusto por las ediciones ilustradas con las que la corriente romántica fijaría una nueva interpretación del paisaje y la arquitectura monumental del país. Esa identificación plenamente romántica es la motivación original como medio para una reivindicación de la singularidad de la historia de Asturias y su primigenia aportación a la identidad de España, tal como revela el texto del Prospecto publicitario de la obra, que se transcribe al final.

Técnicamente, la obra se presentaría por entregas en número de ochenta a cien, conformando un tomo en 4º. mayor con un total de 800 a 1000 páginas. Con cada entrega, recibirían los suscriptores las láminas correspondientes “lujosamente litografiadas”, llegando por vez primera a los interesados el 1 de enero de 1857. Desde esta fecha, las entregas serían sin interrupción semanales.

El precio de suscripción para la península sería de real y medio por entrega, mientras que en ultramar sería de dos reales y medio. Animosos, los promotores avisaban que concluida la obra, ésta aumentaría su precio. Una amplia red regional y nacional de puntos de suscripción de la obra parecía asegurar su éxito. En Cangas del Narcea el encargado de recibir las suscripciones era Domingo Joaquín Álvarez Arenas.

Estas optimistas perspectivas no se cumplieron, y, que sepamos, la obra no tuvo inicio, frustrándose por causas que es difícil desentrañar. Habría que esperar a 1862 para que Matías Sangrador y Vítores retomase el proyecto con su Gran Biblioteca Histórica Asturiana, que inició su colección denominada “Sección de historia civil o política” con la obra de Carballo, pero sin los ambiciosos objetivos y calidades que aventuraban Caunedo y Vigil.

PROSPECTO

“Recordar las antiguas y modernas glorias de Asturias y dar a conocer los monumentos artísticos e históricos que tanto embellecen su pintoresco suelo, es el único objeto de la publicación que hoy anunciamos. El país cuyo celebrado nombre va unido a los más grandes acontecimientos que registran los anales, el que opuso una resistencia inaudita a los romanos, a la sazón dominadores del mundo; el que fue la tumba y el oprobio de los soberbios sarracenos; el país cuna de la libertad, de la monarquía y de la nacionalidad española, en fin, de donde partió el terrible grito de guerra que derribó al coloso de nuestro siglo y en que vieron la luz Pelayo y Campomanes, Alfonso el Casto y Jovellanos, y cien otros grandes hombres que son el orgullo de España, es digno de una memoria en los días que alcanzamos de civilización y progreso.

Los que tal pensamiento concebimos, más ricos de entusiasmo por nuestra amada patria que de fuerzas para labrarle una corona tal cual merece, creemos el mejor medio reproducir el muy notable escrito, tan raro hoy como apreciado por los eruditos, que nos legó en el siglo XVII el digno asturiano Luis Carballo, y en el que recopiló las pasadas glorias y grandezas de Asturias. Por más que seamos los primeros en tributar sinceros elogios al laborioso cronista, no podemos menos de reconocer que, su obra que contentaba todas las exigencias de la época en que vio la luz pública, debe hoy sufrir el dominio que tan justamente ejerce la crítica sobre la historia de los tiempos lejanos. Sin embargo, lejos de nosotros la idea de borrar las romancescas tradiciones que derraman tanta poesía en la historia de Asturias; pues no olvidamos que de muy antiguo, las leyendas populares envolvieron con el gracioso manto de la fábula los más graves y verdaderos sucesos. Nuestro propósito es tan solo esclarecer, en cuanto alcancemos, los que como dudosos figuran en las crónicas nacionales y que acontecieron en Asturias, rectificando los errores en que pudo incurrir Carballo. De aquí la necesidad de ilustrar el primitivo texto con algunos fragmentos tomados de los escritores árabes, con privilegios y donaciones reales, cartas pueblas, inscripciones, etc., etc. Incompletos quedarían nuestros trabajos si no presentáramos también la historia del Principado en los tres últimos siglos, no menos dignos de interés y fecundos en acontecimientos memorables que los anteriores, y les daremos fin consignando el heroico y gloriosísimo alzamiento contra los franceses, en el que nuestros padres mostraron ser dignos herederos de los esforzados soldados de Covadonga conquistando innumerables laureles y devolviendo su perdida libertad e independencia a la madre patria. Finalmente, aparecerán con profusión en el nuevo Carballo litografías que reproduzcan los monumentos, sucesos y personajes de más nombradía, debidas al joven y aventajado pintor don Ignacio León y Escosura.

No haremos, cual es de costumbre, pomposos ofrecimientos rara vez cumplidos; tan solo prometemos aquí que la edición que vamos a dar será todo lo esmerada posible, y en todas sus partes producto de artistas del país”.

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Acto a la memoria de Luis Alfonso de Carballo

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Portada del libro Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias

El sábado día 11 de junio de 2011 el Tous pa Tous descubrió en Ambasaguas una placa dedicada a la memoria de Luis Alfonso de Carballo, con este motivo estamos publicando información sobre él para dar a conocer su vida y su obra, en especial su Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias, que a partir de ahora puede consultarse desde nuestra página web.

En agosto de 1983, el diario La Nueva España publicaba un artículo de Alberto Porqueras Mayo, catedrático de la Universidad de Illinois (EE. UU. de América), sobre el padre Carballo, titulado: Mitos y realidades del autor de la «Historia de las antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias», que por su interés incorporamos a nuestra Biblioteca Digital Canguesa.


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Padre Luis Alfonso de Carballo, 1571 (Entrambasaguas, Cangas del Narcea) – 1635 (Villagarcía de Campos, Valladolid)

Ambasaguas, hacia 1910, barrio natal de Luis Alfonso de Carballo. Foto de Enrique Gómez. Col. Martín Carrasco Marqués.

Su nombre era Luis y sus apellidos Alfonso de Carballo, aunque todo el mundo lo conocía como padre Carballo. Nació en 1571 en el barrio de Entrambasaguas, en Cangas del Narcea, donde pasó su infancia y juventud. En esta villa trabajó como maestro, enseñando a leer e impartiendo clases de Humanidades, y también se aficionó a la literatura. Estudio para eclesiástico, seguramente en el monasterio de Corias, y se ordenó sacerdote en 1595; al parecer, su primera misa la dio en el Santuario del Acebo. En 1601 es clérigo rector de Villarrodrigo de Ordás, un pequeño pueblo situado al norte de la ciudad de León, y unos años más tarde se traslada a Oviedo. En 1613 es rector del Colegio de San Gregorio de esta ciudad, dedicado al estudio de Gramática y Latinidad, y profesor de Humanidades en la Universidad de Oviedo, que acababa de fundarse en 1608. En 1616, a los 45 años, ingresa en Monforte de Lemos (Lugo) en la Compañía de Jesús. A partir de entonces residió en varios colegios de esta orden religiosa, siempre impartiendo clase de Humanidades: Monterrey (Orense), Logroño, León, Segovia y Villagarcía de Campos (Valladolid), donde muere en 1635.

En vida solamente publicó el libro titulado Cisne de Apolo, de las excelencias y dignidad y todo lo que al Arte Poética y versificatoria pertenece, que se editó en Medina del Campo en 1602, y es, según el investigador Alberto Porqueras, el tratado sobre el arte de escribir poesía más importante del siglo XVII español. Este estudio, como señala el mismo Porqueras, fue concebido y escrito por Carballo en su villa natal. Puede consultarse en Internet el estudio preliminar de este investigador a la edición de Cisne de Apolo (1997).

Junto a su afición a la literatura esta su interés por la historia y la genealogía. Realizó las genealogías de algunos de los grandes linajes asturianos, muy vinculados a Cangas del Narcea, como los Valdés y los Omaña, y sobre todo escribió la esplendida obra Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias. Para documentar estas Antigüedades empleó información tomada de muchos archivos de monasterios, iglesias, catedrales y particulares de Asturias, León y Galicia. La obra estaba concluida en 1613, pero no irá a la imprenta hasta 1695, cuarenta años después de fallecer su autor. El motivo de no publicarse en vida del padre Carballo fue, según el citado Alberto Porqueras, la negativa que obtuvo del padre general de la Compañía de Jesús, que consideró que este estudio podía molestar a miembros de la nobleza, clase muy preocupada en aquellos tiempos por sus orígenes y sus genealogías, que eran los principales benefactores y protectores de los jesuitas.

Según Máximo Fuertes Acevedo, la obra se editó en Madrid en 1695 “gracias a la solicitud y amor a la provincia de Asturias” del jesuita Álvaro Cienfuegos y Sierra, cuya publicación “dispuso y dirigió” él personalmente. Este jesuita, que llegó a ser cardenal, había nacido en Agüerina (concejo de Miranda) en 1657 e ingresó en la Compañía de Jesús en 1692. Falleció en Roma en 1739. La primera edición de Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias puede verse a continuación. También puede descargarse de nuestra Bibloteca Digital, una digitalización de este ejemplar que se custodia en la Biblioteca Estatal de Baviera, en Munich.

Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias

La obra de Luis Alfonso de Carballo fue la primera historia general de Asturias que se publicó y no volverá a repetirse un esfuerza similar hasta varios siglos después. Su Historia sigue los principios del Humanismo italiano en boga en aquel tiempo, movimiento cultural que trataba de hacer una historia rigurosa y alejada de la fábula. Para Isabel Torrente, el padre Carballo es un historiador asturiano por sus orígenes y querencias, a la par que plenamente europeo por su línea intelectual.

Firma original de Luis Alfonso de Carballo. Con esta prueba se despeja cualquier duda sobre si su segundo apellido debe escribirse con B o con V

Otro estudio histórico del padre Carballo, que permaneció inédito hasta 1878, fue su “Discurso sobre la merindad de Asturias”. En esa fecha, Fuertes Acevedo lo publicó, con unas notas y una reseña biográfica de Carballo, en la Revista de Asturias, números 23 (15 de junio de 1878), 24 (25 de junio de 1878) y 25 (5 de julio de 1878). En nuestra Biblioteca Digital pueden consultarse los números mencionados de esta revista.

Hasta las investigaciones del profesor Alberto Porqueras, de la Universidad de Illinois (EE. UU de América), era muy poco lo que se sabía del padre Carballo. De su infancia y juventud todavía hoy lo desconocemos casi todo. Sin embargo, siempre se supo que era natural de Cangas del Narcea, porque él, en las dos obras principales que escribió, se encargó de expresarlo con claridad. En el prólogo de Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias escribe:

“Confieso que soy natural de este Principado, nacido en Entrambasaguas, arrabal de la villa de Cangas de Tineo, y codicioso de la honra de mi patria; pero no será esto parte para que deje de escribir con la mayor fidelidad y verdad que me sea posible. Y si yo alcanzase todas las verdades que la podían honrar, ningunos hechos se podían imaginar más glorioso, antes el ser natural me pone en mayor obligación de escribir con toda verdad y poner en averiguarla mayor cuidado”.

La presencia de Cangas del Narcea en la obra de Luis Alfonso de Carballo es muy grande. Cualquier circunstancia es buena para mencionar su lugar de origen. Por ejemplo, cuando escribe sobre el reinado de Alfonso X el Sabio y menciona las cartas de población que este rey otorgó en Asturias (que fueron muchas: Grado, Lena, Siero, Luarca, Somiedo, Navia, etc.), sólo menciona la de Cangas. Carballo es el único historiador conocido que tuvo en sus manos la carta puebla de nuestra villa, hoy perdida, que fue otorgada en la era de 1293, que corresponde al año de 1255. Dice el padre Carballo:

Población de la Pobla de Cangas

“Moravan por este tiempo las personas principales de Asturias derramadas por sus lugares y solares, con que estaban las cabezas de concejos y villas, que entonces llamaban poblas, yermas y sin gente, por lo cual este Rey hizo muchas mercedes y otorgó algunos privilegios a los pobladores de las tales villas, como parece por sus cartas reales. Y la villa de Cangas tiene una, confirmada por el Rey Don Enrique el Tercero, por la cual el Rey Don Alfonso el Sabio hace merced a los pobladores de la su villa de Cangas de Sierra (que así se llama) de todas las heredades que en aquel concejo tenía de su realengo, con que le han de pagar por todas ellas cada año mil maravedís de Leoneses, u ocho soldos, y un ajantar cuando fuere cada año, o quince maravedís por ajantar, e al su Ricohome que por él tuviere la tierra, e al su Merino Mayor, cuando y fueren, y con ésto les da una copiosa carta de amparo, para que sean pobladores: es su fecha en Burgos a veinte de febrero, era de 1293. Y es de notar, que siempre que nombra a Cangas, dice de Sierra, y la nombra muchas veces, y en ninguna la nombra de Tineo, como en nuestros tiempos se dice, a diferencia de Cangas de Onís”

(Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias, pág. 368)

Asimismo, las últimas páginas del libro están dedicadas al Santuario de Nuestra Señora del Acebo, donde comenta el impulso de esta devoción a partir de 1575, durante el reinado de Felipe II y la Contrarreforma, y enumera una relación de milagros que sucedieron en aquel tiempo, a algunos de cuyos protagonistas conoció él personalmente.

Para las personas que quieran saber más sobre el padre Carballo les recomendamos la lectura del libro de Alberto Porqueras Mayo, Estudios sobre la vida y obra de Luis Alfonso de Carvallo (1571-1635), editado en 1996 por el Real Instituto de Estudios Asturianos.

En la villa de Cangas del Narcea, la Biblioteca Pública y una pequeña calle en el barrio de La Veiga llevan el nombre de Luis Alfonso de Carballo. A partir de ahora, gracias a la placa que el Tous pa Tous colocará en Entrambasaguas, todos cuantos pasen o deambulen por este barrio sabrán que allí nació uno de los primeros historiadores de Asturias, y podrán recordar sus desvelos por desentrañar nuestro pasado en una época tan temprana.