Visitamos a la familia Rodríguez en el epicentro continental europeo de la Cerámica Negra

Los Rodríguez, la última familia alfarera de cerámica negra de Llamas del Mouro, pequeño pueblo de milenaria tradición alfar perteneciente a la parroquia de San Martín de Sierra en el concejo asturiano de Cangas del Narcea, ha traspasado todas las fronteras internacionales con su original y deslumbrante alfarería, cuyas piezas son de un tono entre gris metalizado y negro pizarra.

Un audiovisual de Benito Sierra González —BSG-PRODUCCION VISUAL— para «Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País».



Más información: Rumbo a L.lamas

Ampliamos nuestra Hemeroteca Digital: Programas de festejos cangueses

Portada del programa de las Fiestas del Carmen de 1970, obra del pintor Víctor San Juan (Madrid, 1919 – Cangas del Narcea, 1997)

Nos complace anunciar el lanzamiento de una iniciativa que llevábamos tiempo queriendo poner en marcha. Desde hace unas semanas, y tras la recopilación de un importante número de ejemplares, hemos comenzado a digitalizar y  subir a la página web del «Tous pa Tous», en su apartado de Hemeroteca Canguesa, los programas de las fiestas del Carmen y La Magdalena de Cangas del Narcea, favoreciendo así la preservación y conservación de esta documentación

Como bien dice Lola Lozano en su extenso capítulo «FINO LA INA, EL JEREZ DE CANGAS DEL NARCEA. De cómo el éxito de una campaña de Domecq en la década de 1970 dejó huella perenne en una población de Asturias», publicado recientemente en el libro IMÁGENES Y REPRESENTACIONES DE LOS VINOS DEL MARCO DE JEREZ, cada programa lleva matices distintos en su enunciado. Algunos tienen un estilo más ceremonioso que otros y unos mencionan a La Magdalena y otros no. En cualquier caso, un recorrido por este patrimonio documental invita a conocer y recordar, no sólo momentos de la historia de las fiestas patronales, sino también  datos históricos y curiosidades de la villa y el concejo. Además de los actos festivos que se anunciaban, existen apartados que son clásicos en ellos: pregones, saludos, fotografías, relatos… Además, los programas de festejos son una fuente de información muy valiosa para conocer los negocios y empresas de un lugar en el pasado. Los anuncios publicitarios ofrecen mucha información. Estos programas de las fiestas de Cangas del Narcea muestran el devenir de la actividad comercial y hostelera de la villa desde las primeras décadas del pasado siglo.

Los programas con los que comenzamos este proyecto de recopilación abarcan el periodo que va desde 1944 hasta 1989. La idea es completar, en una primera fase, todo el siglo XX. Hasta la fecha, han colaborado en esta iniciativa: Mercedes Pérez Rodríguez, Andrés Rodríguez Díaz (Tarín), Felipe López Acevedo, Gráficas Verano, Jesús Herminio Feito Calzón, Juaco López Álvarez y Manuel Álvarez Pereda. Con los brazos abiertos, esperamos que se sigan sumando al proyecto más socios y simpatizantes de la Sociedad Canguesa de Amantes del País.

A continuación detallamos los programas que nos faltan para ir completando y ampliando la colección:

  • Cualquier programa anterior a 1943 (incluido)
  • Años 50 (faltan 2): 1957 y 1958
  • Años 70 (faltan 4): 1972, 1974, 1975 y 1978
  • Años 90 (faltan 6): 1994, 1995, 1997, 1998, 1999 y 2000.

Animamos a quien pueda aportar alguno de estos programas a ponerse en contacto con nosotros o a enviárnoslo en formato digital. Correo electrónico de contacto y para envíos: touspatous@touspatous.es

En este tipo de cosas, el trabajo en equipo siempre resulta fructífero. ¡Tous pa tous!

Aquí puedes consultar y descargar los programas que ya están disponibles: Programas de Fiestas del Carmen y La Magdalena (1944-1990)


 

Rumbo a L.lamas

Tras las gestiones oportunas para la cita por parte de Collar, quedamos en encontrarnos en Casa Farruco, en Cangas, a partir de las cuatro y cuarto de la tarde. De camino, coincidiendo con mi paso por delante de la panadería Manín, una repentina hipoglucemia me hizo salivar, y considerando que tenía tiempo suficiente, entré y me dispuse a reponer con un carajto take away los  niveles de azúcar en sangre.

Verónica y su padre Manuel Rodríguez con miembros del Payar del Tous pa Tous, Llamas del Mouro, Cangas del Narcea. Foto: Benito Sierra.

Creyendo,  no sé por qué,  que sería el primero en llegar al punto de encuentro, al abrir la puerta pude comprobar  que ya se encontraban allí Collar,  Jorge, Mercedes y Sandra. A medida que la camarera iba despachando infusiones y cafés al gusto, y con la llegada de Elena y de Benito, pertrechado éste con sus cámaras y resto de equipo, el grupo se fue completando, entre comentarios diversos que incluían la planificación de la jornada.  En la última reunión de El Payar habíamos acordado para este año 2025, año del centenario, entre otras cosas, la organización de una exposición en torno a la cerámica negra de L.lamas del Mouro. Era, por tanto, necesario desplazarse al lugar para recabar información y comenzar a organizar la actividad. Saludos varios, más cafés y, en cuestión de minutos ya nos íbamos distribuyendo en los dos coches que nos iban a llevar a destino: Collar, Sandra, Elena y Benito por un lado y Jorge, Mercedes y yo por el otro.

Carretera abajo, disfrutando de un relativo buen tiempo, al llegar a Xavita, Jorge, gran conocedor del terreno que pisamos y aún mejor conductor, enfoca la pendiente con el debido cuidado y respeto que impone la blanca y helada superficie del avesíu puente que cruza el Narcea.

— Con este cambio de tiempo, y en cuanto caigan cuatro gotas, la carretera se va a poner criminal. Xelada negra, la más peligrosa, porque no se ve.
— ¡Cómo se nota que aún no has desconectado!
— Son solo cuatro meses los que llevo retirado- responde nuestro experto en carreteras.
— Bueno, ahora sí que vas a disponer de más tiempo para el «Tous pa Tous».

Superado el tramo inicial, y a medida que vamos dejando atrás Xarceléi y Pambléi, el valle se va abriendo y las vistas se van haciendo cada vez más espectaculares. Tibios rayos de sol nos obligan a bajar a regañadientes los tornasoles, reduciendo así la visión de tan magnífico panorama. Los Remedios, un verdadero oasis para los habitantes de la zona, nos muestra cómo una pequeña empresa de fabricación de madreñas, complementa la actividad agrícola y hostelera de la familia que la regenta.

Más arriba Bruel.les, con su centro de concentración escolar cada vez más menguado, nos recuerda cómo la despoblación sigue haciendo mella en la comarca.

Y, finalmente, L.lamas. Acercándonos al lugar, nos fijamos en el terreno l.lamuergosu y poblado de xuncleiros y en la superficie del terreno, y cómo las hondonadas circundantes revelan espacios en los que antaño se extrajo la materia prima para la elaboración de los xarros prietos.

— ¿Cuál será la casa Celista?
— Podría ser aquella de allí, pero no estoy segura. Tenemos que preguntarles luego cuál de ellas es.

Manuel Rodríguez, Llamas del Mouro, Cangas del Narcea. Foto: Benito Sierra.

La familia nos espera al pie de la vivienda, y pronto Manuel Rodríguez, el patriarca, nos conduce a través de una escalera, en la parte trasera de la tienda, al taller. Al abrir la puerta, un agradable golpe de calor nos recibe y nos da también la bienvenida. Una vieja estufa de leña en el centro de la estancia se encarga de aclimatarla, al tiempo que reduce la sensación y olor a humedad.

— Sin ésta, aquí no se vive.

Poco a poco, todos los miembros de la expedición vamos distribuyéndonos en el interior de la pequeña habitación, un habitáculo de unos 20 metros cuadrados, salpicado de manchas de barro y en el que se amontonan piezas en distintos momentos del proceso de secado y pulido. Intentando no molestar mucho, vamos ocupando espacios que nos permitan ver y oír, atentos a recoger toda la información que nos sea posible, mientras el maestro alfarero ocupa su lugar, a bordo del torno tradicional.

Mercedes, cuaderno y bolígrafo en mano, comienza a desgranar el cuestionario, que previamente había preparado, y una tras otra surgen las primeras preguntas programadas al coro de otras más improvisadas por parte del resto de los presentes.

Verónica Rodríguez, Llamas del Mouro, Cangas del Narcea. Foto: Benito Sierra.

Al mismo tiempo, en una esquina, junto a la entrada, sentada ante un moderno torno eléctrico, Verónica se afana en el continuo despiece y amasado de una pella de barro. Un golpeo rítmico de manotazos certeros a la pella, con sus correspondientes troceados en dos, acompaña las explicaciones del maestro: «Cuanto más se trabaje, mejor». Tras varios minutos de amasado, coloca la pella sobre el torno, acciona el mecanismo, remoja las manos en un recipiente con agua y, poco a poco, se va produciendo la magia.

Contemplamos el espectáculo creativo mientras escuchamos atentamente todas las explicaciones que el maestro nos va dando: «la extracción del material es mejor hacerla en los meses de septiembre y octubre, cuando el terreno está más seco; en ocasiones, cuando estamos extrayendo barro nos encontramos con otro barrero del que ya se sacó material; hay que retirar primero la capa de tierra vegetal;  secamos al sol y cribamos con la piñera lo mejor posible el material para quitarle los gorbizos, las impurezas; lo mezclamos en proporciones de barro rojo y barro blanco amarillento; 25 % rojo, 75 % blanco; ponemos el barro a remojo en la duerna para su amasado a mano y para frayalu con el porru; ahora eso lo hacemos con el molino; se coloca la pella en el torno y se le va dando forma con la caña y la espeta; se le da altura sacando del fondo, del culo para que este no quede muy gordo; acabada la pieza , se corta con el filo, mientras el torno sigue girando para que quede perfecto; con un canto rodado se procede a bruñir la pieza; pegamos las asas y otros complementos; con el espetu hacemos los agujeros que correspondan; preparamos la fornada, colocando las piezas y cerrando herméticamente con tapines; años atrás, se cerraba el fornu con unas tapas metálicas; «ahora usamos un horno de gas; el horneado lleva unas 16 horas; los tonos metálicos los da la proximidad y el contacto de las piezas y su ubicación en el fornu; las piezas tradicionales eran casi exclusivamente para uso doméstico…»

Nos cuenta también la presencia en el pueblo y por temporadas de teyeros procedentes de la zona de Llanes, y cómo estos se dedicaban a la fabricación de tejas en el lugar. Nos muestra una teja en la que aparece, a modo de registro, el nombre de su abuelo (el teyeru) y el número de piezas fabricadas.

Benito, cámara en ristre, va recogiendo también de forma precisa toda la información posible con sus medios audiovisuales.

Más tarde, y ya en la tienda, nos muestran una colección de piezas clásicas, de gran antigüedad y gran valor, por lo que nos recuerdan la necesidad de poner esmero en el transporte de las mismas para llevar a la exposición y nos recomiendan la posibilidad de asegurarlas de alguna forma:

  • Olla / Tarreña.
  • Vedríu: utilizada para lavar las patatas y como palangana.
  • Xarra: para el vino o la leche.
  • Pixulín / botijo: para el agua fresca.
  • Xarru (prietu) o penada.
  • Feridera o botía: utilizada para elaborar manteca a partir de la nata de la leche. Tiene un orificio en la parte inferior, con un tapón hecho de un palo de madera, para extraer el suero.
  • Ol.la: para la miel o la conservación de chorizos en grasa de cerdo.
  • Quesera o Barreña: para la elaboración de los requesones.
  • Puchero: para el café.
  • Escudiel.la o concu: para servir la comida.

Nos muestran también un recipiente compuesto por 3 piezas para colocar una planta, a modo de macetero, y también dos piezas de conducción de unos 50 cm de longitud cada una de ellas: una pieza que forma parte de una chimenea y otra que forma parte de una cañería para el agua. No nos resistimos a salir de la tienda sin antes mercar alguna pieza que engrose nuestras colecciones particulares.

Fornu de la cerámica negra, Llamas del Mouro, Cangas del Narcea. Foto: Benito Sierra.

Por último, y ya para finalizar, nos conducen al antiguo horno (fornu) en un edificio anejo. El horno consta de tres partes: la parte inferior (hogar o fogón), en la que se enciende el fuego; una parte intermedia llamada treme o parrilla, de barro y con forma de cúpula, con diferentes agujeros que permiten el ascenso del calor y del humo, y la parte superior o cámara, de ladrillo refractario, en la que se colocan las piezas para su cocción. Encima se coloca la cobertura, de forma que permanezca herméticamente cerrada. Esta cobertura se hacía de forma tradicional con tapines (terrones de tierra vueltos hacia abajo y con las raíces hacia el exterior) y más tarde con unas tapas metálicas.

Una serie de restos de vasijas desechadas o rotas, cubiertas de una pátina de añejo polvo y depositadas de cualquier forma y manera en la zona superior del horno conforman una especie de bodegón, con un encanto particular, acentuado por la luz de la estancia.

Nos despedimos y agradecemos a toda la familia su amabilidad y su atención, y con una línea dorada que separa la oscura silueta de la sierra del azul oscuro del cielo que anuncia ya un frío anochecer, encaramos la vuelta a Cangas, no sin antes acercarnos al lugar en el que nos habían indicado la situación de Casa Celista. El imponente palacio asoma y parece navegar entre verdes olas de pasto y rulos de plástico blanco. Sin embargo, la caída de la luz hace que desistamos de acercarnos a la casa. Lo dejamos para otro día.

Un café final en Los Remedios, saludo a los parroquianos y damos por finalizada una buena y fructífera tarde por L.lamas del Mouro.


FOTOGRAFÍAS
(autor: Benito Sierra)

Rumbo a L.lamas


Desde Lambaré a Genestoso

Portada del nuevo libro del poeta y narrador Cristian David López (Lambaré, Paraguay, 1987)

¿Puede un paisaje cotidiano, cercano, maravillarnos de la misma manera que Stonehenge o el Gran Cañón de Colorado? A esto viene a respondernos Cristian David López con su último libro: Los regalos del camino, publicado por la editorial asturiana Bajamar en 2024. Nacido en Lambaré (Paraguay) en 1987, emigra primero a Argentina, luego a España y durante el camino encuentra su pasión por la literatura. Coeditor y traductor de Cantos guaraníes, recuerdo de su tierra natal, y editor también de dos obras del autor cántabro Rafael Barret, ha tocado ya varios géneros literarios, desde la novela con La patria del hombre, pasando por la poesía con Permiso de residencia y el drama con Basta con tener ganas hasta el cuento infantil con Pallabres pa Martín, dedicado a su primer hijo.

En su nuevo libro el autor comparte una amalgama de pensamientos y sentimientos recogida durante numerosos viajes, realizados entre 2013 y 2024. Estos viajes, en su mayoría, los realiza acompañado de su familia: Marta, su esposa, y sus hijos Martín y Yara. La atmósfera familiar y la hermosa prosa del autor hacen de este libro casi un poemario y transportan al lector a cada rincón descrito, entre los que se encuentran algunos rincones del concejo de Cangas del Narcea.

Los lugares que el autor visita en este período de tiempo, como él mismo dice, pasan a formar parte de su vida. Como Kavafis, le da gran importancia al viaje, pues su hogar va desde su natal Lambaré hasta nuestro bucólico Genestoso.

El fragmento que se publica a continuación transcurre en esta pequeña población canguesa llamada Genestoso / Xinestosu, en la que el agua brota entre las rocas y las vacas pastan apacibles.

 

GENESTOSO

Sentado junto al río que baja entre rocas y musgos de las montañas, ya no escucho el canto del petirrojo, ese que nos acompañaba entre los abedules y cerezos que en esa época, abril, florecen. Junto al río escucho mejor mis pensamientos y puedo estar satisfecho. El agua, que todo lo puede, también parece transparentar, purificar mis pensamientos que empiezan a brotar y fluyen poco a poco, cada vez más. Las penas, las preocupaciones, las va llevando el agua cuesta abajo. Como el cernícalo que revolotea entre el azul, me siento libre por un momento.

Genestoso, un pueblo de montaña, por donde camina el oso, o ese animoso cuerpo al que le gusta el agua que suena. Mientras los niños juegan lanzando piedras al río, yo pastoreo mis pensamientos. Las vacas están aquí a su aire. Miran hacia las montañas. «Quieren ir p’allá», me dice una risueña paisana, «pero les falta una dosis contra la lengua azul… Pero las vacas no saben de paciencia. Suspiran y mugen por la montaña. A veces no sé si son vacas o cabras o rebecos, pero todas quieren subir».

Aquí en Genestoso no falta agua ni hierba ni sol. Un pequeño xatu mueve con el hocico una piedra plana y sale a borbollones el agua más fría que la nariz de un perro. Entonces todas se arrodillan, digo las vacas, y beben en silencio. Yara las mira y no quiere marcharse cuando le decimos que debemos dejarlas ya. Para distraerla, su hermano salta, como un gato, un pequeño muro de piedras y en un verde prado lleno de flores se pierde. Unos segundos después, aparece, convertido en un Trasgu con un mechón de hierbas en los pelos, con un gran ramo de «güelinos», que así llaman aquí al diente de león.

—Mira, Yara. Sopla este— le pide Martín y la hermana obedece.

Los vilanos van por el aire, suben y se alejan hacia el Pico Cabril, como los antiguos enamorados de Genestoso, que llevaban sus ganados a pastar en esos rincones donde florecían el amor y el brezo y ahora solo el brezo porque los pueblos se van quedando sin gente. Los vilanos son deseos que lleva el viento hacia Somiedo, que florece al otro lado del Cabril.

Mientras los niños se distraen buscando flores, yo pastoreo mis pensamientos… Genestoso, donde el agua canta y donde el agua duerme. Un pueblo entre aguas. Y piedras. Y la niebla por la mañana y la luz durante todo el día. Y los pájaros que cantan a lo lejos y tan cerca. Y el oso que busca un colmenar y el lobo que nunca se deja ver pero que deja sus huellas en la senda del caminante. Y el río que baja de la montaña como si viniese del cielo, como las luciérnagas de un paraíso secreto.

Cristian David López


 

Alejandro Casona y Federico García Lorca

Como apertura del año cultural 2025 en Gijón, las cuatro asociaciones locales de referencia en este ámbito: Ateneo Obrero, Ateneo Jovellanos, Gesto Sociedad Cultural y Sociedad Cultural Gijonesa, organizaron conjuntamente un acto que tuvo como protagonistas a dos nombres mayores de la literatura y del teatro españoles del siglo XX: Alejandro Casona y Federico García Lorca. Dos autores que renovaron la escena española de su tiempo y cuyas trayectorias vitales y artísticas coincidieron en más de un punto, igual que ocurrió con la del periodista argentino de origen gijonés Pablo Suero. Dos libros de reciente publicación han contribuido a traerlos a la actualidad, gracias al gran trabajo de nuestro socio, el investigador cangués, Alfonso López Alfonso.

El acto tuvo formato de entrevista abierta al público, que realizó el poeta y periodista José Luis Argüelles al propio Alfonso López Alfonso, autor de De ida y vuelta. Una mirada sobre la vida y la obra de Alejandro Casona (la monografía definitiva sobre el autor de Besullo, de reciente publicación) y también editor literario, junto a Mirtha Mansilla, de Federico García Lorca, el tiempo compartido, que reúne textos que el periodista Pablo Suero (Gijón, 1898-Buenos Aires, 1943) escribió sobre García Lorca entre 1933 y 1938.

Sus intervenciones se complementaron con la proyección de fotografías (muchas de ellas desconocidas hasta ahora, de Casona, Lorca y Suero) y la audición de un texto, leído en Buenos Aires por el propio Casona, sobre Federico García Lorca antes de su regreso a España en 1962.

De ida y vuelta da cuenta de la vida y la obra de Alejandro Casona. Nacido en 1903 en el pueblo asturiano de Bisuyu / Besullo, en el concejo de Cangas del Narcea, Alejandro Rodríguez Álvarez fue un joven sensible y entusiasta criado entre Asturias, Palencia y Murcia; un maestro eficaz con deseos de ser escritor que logró sacar adelante su sueño a base de esfuerzo y consiguió vivir de lo que escribía a partir de los años treinta del siglo XX, cuando compaginó la dirección del Teatro del Pueblo de las Misiones Pedagógicas con éxitos como el que le proporcionó el prestigioso Premio Lope de Vega en 1933 por La sirena varada. Fue además un dramaturgo que demostró su compromiso con la realidad y los valores de la educación en Nuestra Natacha (1935), por lo que después del estallido de la guerra civil se tuvo que marchar al exilio, donde escribió y estrenó la parte fundamental de su obra: La dama del alba (1944), La barca sin pescador (1945), Los árboles mueren de pie (1949) o La casa de los siete balcones (1957). En el exilio aguantó un cuarto de siglo por voluntad propia —es evidente que no estaba de acuerdo con el régimen dictatorial de Francisco Franco, y en su correspondencia dejó claras muestras de este desacuerdo— y volvió en 1962 para ser tan agasajado por una parte de la crítica como denostado por otra que lo consideraba escapista y desapegado de la realidad social española de los años sesenta. Inmerso en ese panorama vivió sus últimos años y murió en Madrid el 17 de septiembre de 1965.

Federico García Lorca. El tiempo compartido. La relación entre el periodista Pablo Suero y Federico García Lorca marcó la vida del primero. Su «tiempo compartido» se desarrolló entre octubre de 1933 y marzo de 1934, es decir, durante la estancia de García Lorca en Buenos Aires, y, casi dos años después, durante unos pocos días en febrero de 1936, cuando Pablo Suero, importante periodista de origen asturiano, viajó desde la Argentina hasta España y estuvo presente en las elecciones que dieron la victoria al Frente Popular durante la Segunda República. Para Pablo Suero el encuentro con Federico García Lorca el día 13 de octubre de 1933, cuando el escritor granadino llegó a Montevideo para cruzar muy poco después el Río de la Plata hacia Buenos Aires, fue algo providencial, puesto que de alguna forma le hizo adquirir un modesto asiento al lado del mito en el vagón de la posteridad.

Pablo Suero (Gijón, 1898 – Haedo, Provincia de Buenos Aires, 1943) emigró de niño a la República Argentina, donde desde muy joven se ganó la vida en las redacciones de los periódicos haciéndose un nombre como reportero e implacable crítico teatral antes de morir en un accidente de automóvil. Pese a todo, le dio tiempo a convertirse en poeta, traductor, dramaturgo, guionista, letrista de tangos y director de escena, que tuvo entre otras actrices a su cargo a la que luego sería otro mito, Evita Perón. Sin embargo, hoy se le recuerda sobre todo por ser amigo de Federico García Lorca y autor del magnífico libro de entrevistas España levanta el puño (1937), en el que retrata a la flor y nata de la política y la intelectualidad anteriores a la Guerra Civil.

El escritor cangués Alfonso López Alfonso. Foto: Álex Piña.

Alfonso López Alfonso (Moncóu, Cangas del Narcea, 1977) es profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo. Miembro del «Tous pa Tous», colabora habitualmente con reseñas, relatos y artículos en revistas como Clarín o Mediodía y ha publicado la novela El aliento en la nuca (2006) y los libros de relatos de tono autobiográfico Camino de vuelta (2008) y El tiempo baldío (Impronta, 2012). Se ha encargado también de editar a autores como Pablo Suero (España levanta el puño y Agonía de un mundo) o José Díaz Fernández (El cine y otras prosas de juventud y Luna del suburbio y otros relatos) y de preparar para el Muséu del Pueblu d’Asturies la edición del libro De La Habana, Nueva York y México a Gijón. Cartas del emigrante Sixto Fernández a su hermana Florentina (1913-1932).