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José Francisco Uría del Riego y su empeño por modernizar la agricultura canguesa

Entre los numerosos documentos que ayudan a conocer la trayectoria de José Francisco Uría del Riego (1819-1862), hay uno especialmente revelador de una faceta hoy poco recordada. Se trata del diploma que le otorgó en 1856 la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias como socio de mérito, una distinción concedida en reconocimiento a sus trabajos para mejorar la agricultura asturiana.

El documento, conservado durante generaciones por la familia Uría y depositado actualmente en el Museo del Pueblo de Asturias, constituye una pieza de notable valor histórico. No solo nos acerca a la figura de uno de los personajes más destacados de la Asturias del siglo XIX, sino que también permite comprender mejor las inquietudes reformadoras de una época en la que el progreso material se entendía como una herramienta para mejorar la vida de la población.

A primera vista, el diploma llama la atención por su cuidada presentación. Fue realizado en la Imprenta y Litografía de Martínez Hermanos, de Oviedo, una de las primeras empresas de este tipo establecidas en Asturias. La cabecera contiene una rica composición alegórica en la que aparecen representadas diversas actividades vinculadas al desarrollo económico y cultural del país: la agricultura, la industria, las artes, la arquitectura, la navegación o el comercio. La ilustración fue dibujada por Vicente Urrabieta y grabada por Jacobo Abruñedo, dos destacados nombres de las artes gráficas españolas de la época.

Sin embargo, el mayor interés del documento está en su texto. En él se explica que la Real Sociedad Económica acordó nombrar socio de mérito a José Francisco Uría por el «distinguido celo» con que procuraba fomentar los intereses materiales y los conocimientos útiles, así como por su labor de introducir y aclimatar «plantas y semillas de la mayor utilidad e importancia para la economía rural».

Estas palabras nos descubren una faceta menos conocida del político cangués. Antes de alcanzar puestos de gran relevancia en la administración del Estado, Uría del Riego ya mostraba una preocupación constante por el desarrollo económico y por la aplicación práctica de nuevos conocimientos. En sus propiedades de Santolaya llevó a cabo ensayos agrícolas destinados a determinar qué especies forrajeras podían adaptarse mejor a las condiciones del país y proporcionar una alimentación más abundante y eficaz para el ganado.

Hoy puede parecer una iniciativa sencilla, pero en la Asturias de mediados del siglo XIX suponía una apuesta decidida por la innovación. La economía de la mayor parte de la región seguía siendo fundamentalmente agraria y ganadera. Introducir nuevas variedades vegetales implicaba inversiones, tiempo y riesgos que muchos propietarios evitaban asumir. Los pequeños campesinos, por su parte, apenas disponían de recursos para experimentar. Por ello, las Sociedades Económicas de Amigos del País consideraban especialmente valiosos los esfuerzos de quienes probaban nuevas técnicas o cultivos con la intención de difundir posteriormente los resultados.

La preocupación de Uría por estas cuestiones encaja plenamente con el espíritu reformista de la generación liberal a la que perteneció. Formado en el ambiente intelectual heredero de la Ilustración, compartía la idea de que el progreso de un territorio dependía de la mejora de sus infraestructuras, de su educación y también de su agricultura. No es casual que años más tarde destacara como diputado a Cortes y como director general de Obras Públicas, cargo desde el que impulsó importantes proyectos de carreteras, ferrocarriles y puertos que beneficiaron a Asturias.

Su labor política ha eclipsado con frecuencia otras iniciativas desarrolladas en su tierra natal. Sin embargo, el diploma de 1856 demuestra que sus preocupaciones iban mucho más allá de la actividad parlamentaria. Antes de ser reconocido por sus responsabilidades públicas, ya había llamado la atención de una de las principales instituciones asturianas dedicadas al fomento económico por sus experiencias agrícolas en Cangas del Narcea.

La distinción también permite recordar el importante papel desempeñado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias durante el siglo XIX. Siguiendo el modelo de otras sociedades similares creadas en España desde la época ilustrada, promovía la difusión de conocimientos científicos y técnicos, incentivaba la mejora de la agricultura y la industria y reconocía públicamente a quienes contribuían al progreso del Principado.

La prematura muerte de José Francisco Uría del Riego en Alicante, en 1862, cuando contaba solo cuarenta y dos años, puso fin a una trayectoria que todavía prometía importantes realizaciones. Su recuerdo quedó ligado sobre todo a su actividad política y a las mejoras en las comunicaciones asturianas. Sin embargo, documentos como este diploma permiten contemplar una imagen más completa del personaje.

Detrás del diputado y del alto funcionario encontramos a un hombre convencido de que la modernización debía comenzar también en el campo, mediante la observación, la experimentación y la difusión de nuevas prácticas agrícolas. En definitiva, a uno de aquellos reformadores del siglo XIX que intentaron aplicar el conocimiento al desarrollo de su tierra y que vieron en la agricultura un elemento esencial para el progreso de Asturias.

Fuente de la imagen: Museo del Pueblo de Asturias. Diploma de socio de mérito concedido a José Francisco Uría del Riego por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias (1856). Donación de Blanca Fernández Uría.


 

Una clase con Uría

 

Con motivo de la exposición temporal que el Tous pa Tous presenta en la Casa de Cultura de Cangas del Narcea sobre la figura de José Francisco de Uría y Riego (1819-1862), invitamos a los centros escolares a difundir la figura de este paisano nuestro que da nombre a importantes calles en Oviedo, Gijón, Luarca, Madrid y Cangas del Narcea.

Con este fin hemos elaborado unos materiales que ponemos a disposición de todos:

  • Actividades a realizar durante la visita:

 

  • Actividades para realizar solo en el aula si no se puede asistir a la exposición:

 


 

Exposición: José Francisco Uría y Riego (Cangas del Narcea, 1819 – Alicante, 1862)

José Francisco de Uría y Riego (1819-1862) da nombre a la calle más comercial de Oviedo y a otras principales en Gijón, Luarca y Cangas del Narcea. Nació en el seno de una importante familia de la nobleza rural asturiana con solar en Santa Eulalia de Cueras (Cangas del Narcea).

¿Quién fue este paisano nuestro, hijo predilecto de Asturias, y a que se dedicó durante su corta vida para merecer estos honores?

La Sociedad Canguesa de Amantes del País «Tous pa Tous» organiza una exposición para conocer mejor a este ilustre cangués que, además de Director General de Obras Públicas, fue un político amante de su patria chica y preocupado por la prosperidad del terruño que le vio nacer.

La inauguración de esta exposición temporal será el próximo jueves 13 de julio a las 19:30h en la Sala «Tous pa Tous» de la casa de Cultura Palacio de Omaña de Cangas del Narcea y se podrá visitar durante los meses de julio a diciembre.



 

SANTOLAYA / SANTA EULALIA – Casa de Uría

SANTOLAYA / SANTA EULALIA

Casa de Uría.

Esta casa tiene dos escudos con las mismas armas de los Uría y Queipo de Llano. Uno está en la fachada principal y es un escudo partido con las armas de Uría (dos lobos y bordeado por aspas) y Queipo de Llano (dos flores de lis y tres fajas, y en el borde racimos de uva y hojas de vid). En el penacho del yelmo lleva una inscripción: “Armas de los hijosdalgo de Urías”, y al lado aparece la fecha: 1541. Esta fecha es muy probable que sea la de la ejecutoria de hidalguía de la familia Uría, y no la de labra del escudo que por su estilo barroco hay que fechar en torno a 1640-1650.

El otro escudo es más pequeño, está en la fachada de la casa que mira al norte, encima de un balcón, y tiene las mismas armas.

A mediados del siglo XVIII los propietarios de esta casa eran José Nicolás de Uría y Valdés y su esposa María Teresa Alfonso Flórez que era de la Casa de Miramontes (Parroquia de Cibea). A estos les sucedió Miguel de Uría, que se casó con Isabel Queipo de Llano, nieta del conde de Toreno. Su heredero fue Antonio de Uría y Queipo y el de este será José de Uría y Álvarez-Terrero, que se casó en 1808 con María Josefa del Riego-Núñez y Sierra-Pambley, dueña de las casas de Pambley y Miravalles en el concejo de Cangas del Narcea y de las de Riego y Cabo del Río en Tuña (Tineo). A este matrimonio les sucedió el recordado José Francisco de Uría (1819-1862), director general de Obras Públicas, que murió soltero y sin descendencia, y al que heredó su hermano Rafael (1820-1901); y así hasta llegar al médico don Rafael Fernández Uría y a sus actuales propietarios: Blanca Fernández y José María Ron.