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La historia de Segundo en las Fuentes del Narcea (Cap. 3)

El ex minero Segundo en esta ocasión nos permite acompañarle con su rebaño de ovejas perfectamente adaptadas al entorno de Fuentes del Narcea y del Ibias, un espacio Natura 2000 de alta montaña que mantiene, gracias a Segundo y gente como él, una alta calidad ambiental, mezcla perfecta de naturaleza y uso sostenible del ecosistema.


La historia de Segundo en las fuentes del Narcea (Cap. 2)

Continuamos con la historia de Segundo en Fuentes del Narcea y del Ibias, un espacio en el que a pesar de las explotaciones mineras, la baja densidad de población ha favorecido un excelente estado de conservación en este lugar que atesora especies tan importantes como el oso pardo, el urogallo cantábrico, el murciélago de bosque, la perdiz pardilla y el águila real. En este paisaje, Segundo, un antiguo minero de Caldevilla de Rengos (Cangas del Narcea), inició hace años un camino que transformó sus huertos y rebaños basándose en la agricultura biodinámica.


La historia de Segundo en las fuentes del Narcea (Cap. 1)

En el suroccidente de Asturias, en una zona de montaña de gran calidad ambiental, el espacio protegido de la Red Natura 2000, Fuentes del Narcea y del Ibias, abarca una de las mejores representaciones de la vegetación de la montaña cantábrica. En este maravilloso lugar, concretamente en Caldevilla de Rengos (Cangas del Narcea), conocemos a Segundo y a su familia. Segundo fue minero durante 25 años y al jubilarse decidió cultivar sus tierras y criar a sus rebaños con la premisa de que la tierra debía de ser utilizada de otra manera a como lo había hecho hasta entonces.


POUSADA / POSADA DE RENGOS – Casa Ruscón y Casa Treito (actualmente, casa rural L’Artesana)

POUSADA / POSADA DE RENGOS

Casa Ruscón.

Escudo con las armas de los Queipo de Llano, en concreto de la casa del conde de Toreno como manifiesta la corona que lleva. Tiene una cruz de la Orden de Santiago, de la que asoman su parte superior y los extremos de los brazos, y está bordeado por racimos de uvas y hojas de vid. Este escudo data de mediados del siglo XVIII, y llama la atención por la calidad de su labra y las figuras que lo acompañan (estandartes, mascarones, cañones, rocallas), que pertenecen al estilo escultórico más característico del rococó. Probablemente es obra del escultor barroco José Bernardo de la Meana (Oviedo, 1715-1790), que hizo el retablo de la iglesia del convento de las monjas Dominicas de la villa de Cangas del Narcea y al que se le atribuye también el de la iglesia de Ambasaguas.

En 1787 vivía en Pousada de Rengos Vicente Antonio Queipo de Llano, nacido en Cangas del Narcea en 1738, hijo del cuarto conde de Toreno, Fernando Queipo de Llano, y hermano del quinto conde, Joaquín José Queipo de Llano. Fue el único hermano varón que tuvo este quinto conde de Toreno.

 

Casa Treito (actualmente, casa rural L’Artesana).

Escudo con las armas de los González (cruz floreada, cuatro flores en las esquinas y bordeado de aspas).

En 1797 el propietario de estas armas era Pedro González Valledor, “hijosdalgo notorio principal”. Tenía dos hijos “ausentes”. En 1808 está familia ya no residía en Pousada de Rengos.

Canciones de Pousada de Rengos recogidas por Åke Munthe a Antonia Coque en 1886

Antonia Coque y su hijo Manuel en Buenos Aires, hacia 1910. Foto de José Stanchina. Colecc. Casa El Ferreiro, Pousada de Rengos.

Antonia Coque era natural de Pousada de Rengos. Había nacido en 1865 en Casa Coque y sus padres eran Francisco Coque y Ramona Fernández; sabemos que tenía, al menos, una hermana más joven que ella: Manuela, nacida en 1880. En 1885, Antonia, con 20 años de edad, comenzó a trabajar como criada en la fonda de Victor de Llano en la villa de Cangas del Narcea. En 1889, según el padrón de habitantes, seguía trabajando en esta misma casa.

Al año siguiente de llegar a la villa coincidirá en la fonda con el lingüista y folclorista sueco Åke Munthe, y se convertirá en una de sus principales informantes. Antonia le cantó a Munthe varios cientos de canciones, le recitó romances y le dictó retahílas de juegos infantiles. En su artículo Folkpoesi från Asturien (Poesía popular de Asturias), editado en Upsala en 1888, Munthe publicó una muestra de todos estos géneros.

Después de 1889 Antonia Coque se casó con Manuel Fernández, de casa Goyo de Pandiel.lu (parroquia de Larna), que fue cartero de Degaña. Tal vez no sea casualidad una de las coplas que le cantó a Munthe:

Todas las hojas se secan
no siendo las del laurel.
¡Dichosa de la que tiene
los amores de un Manuel!

El matrimonio vivirá en Pousada de Rengos, porque ella era la muiraza de su casa. Tuvieron cuatro hijos: Manuel, Daniel, María y Nieves. Todos ellos, menos Nieves, emigraron a Buenos Aires. Manuel se casó allí, tuvo dos hijos y nunca más volvió. Daniel volvió de Buenos Aires, y se casó, vivió y murió joven en Pousada al caerse de un fresno, mientras cortaba hoja para el ganado. María vivió en Buenos Aires algunos años y volvió a Pousada para casarse, pero el novio la dejó por otra con más dote; murió en el pueblo ya bastante mayor. Nieves sirvió en Madrid, en casa de una familia rica, volvió a Pousada para después marchar a Buenos Aires, pero en este medio tiempo se casó en 1927 con Manuel de casa El Ferreiro, que era viudo y tenía siete hijos.

La misma Antonia Coque se marchó a Buenos Aires dejando a su hija pequeña en Pousada. Allí, mientras caminaba por una calle, le cayó una teja en la espalda, que la lastimó y la dejó encorvada. En Buenos Aires estuvo poco tiempo.

Antonia Coque era una persona muy activa, muy seria y con mucho carácter. En su casa de Pousada de Rengos, además de dedicarse a la agricultura, tenía taberna, y también vendía café por las fiestas. Murió hacia 1944, pocos días antes de Navidad.

La información sobre Antonia Coque se la tenemos que agradecer a María del Mar Montes Martínez, de casa El Ferreiro, de Pousada de Rengos, así como su retrato fotográfico.

Munthe publicó en Folkpoesi från Asturien (Poesía popular de Asturias) una colección de 455 canciones recogidas en Cangas del Narcea. A Antonia Coque pertenecen 239, a Carmen González, de Vil.louril de Bimeda, 199 y a una Pepa, de Cangas, 17. A continuación publicamos una selección de las canciones recogidas por Munthe a Antonia Coque.  En su gran mayoría son cuartetas que tratan asuntos amorosos, en las que se concentra toda la sabiduría popular y todos los sentimientos y situaciones sobre el arte de amar. Las encontramos de todas las clases que ya estableció Francisco Rodriguez Marín en su obra Cantos populares españoles (Sevilla, 1882-1883): piropos, declaración, ternezas, constancia, despedida, ausencia, celos, odio, desdenes, penas, reconciliación y matrimonio.


Detener el tiempo

Un artículo de Alfonso López Alfonso en la revista de literatura Clarín está dedicado a Benito Correa, vecino de Pousada de Rengos, que fue guardia civil, emigrante en Venezuela, Francia y Australia, dueño del Bar Correa en Cangas del Narcea, y aficionado a la pintura y la fotografía. Hoy, después de una existencia llena de sobresaltos, aventuras y viajes, lleva una apacible vida en el Río de Rengos. Todas las imágenes que acompañan el texto fueron realizadas por él en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX.

Arando en el Cortinal, Posada de Rengos, hacia 1949

DETENER EL TIEMPO

Alfonso López Alfonso

El deseo de detener el tiempo únicamente podemos verlo cumplido en las fotografías. Las viejas fotografías nos fascinan porque en ellas se produce el milagro de poder contemplar la carcasa de un mundo que ha desaparecido. Con los años se deja de ser joven y, como en el poema de Gil de Biedma, también se comienza a comprender que envejecer, morir, es el único argumento de la obra. Con el tiempo, de nosotros únicamente quedan los restos del naufragio, entre ellos unas cuantas imágenes anónimas y destartaladas colocadas en montoncitos por los rastrillos dominicales. Las viejas fotos son un reloj parado justo cuando quien las realizó activó el obturador de la cámara para atrapar ese instante, algo que seguramente nadie podría lograr nunca escribiendo, aunque pusiera muchas cuartillas en el empeño. No sé si una imagen vale más que mil palabras, aunque supongo que todo depende de qué imagen estemos hablando y también de qué palabras, pero lo que sí sé es que por muy bueno que sea un escritor no podrá llegar nunca a describir con entereza y precisión lo que cabe en una imagen.

El Cortinal, Posada de Rengos hacia 1950

Las fotografías presentan seres y objetos congelados y tienen por ello una clara ventaja para el espectador respecto a la literatura, y es que venga de donde venga el que contempla puede absorber directamente lo que está viendo y ponerlo en contacto con sus emociones y experiencias sin necesidad de intermediarios, algo que lógicamente la fotografía comparte con la pintura. Una fotografía de Diane Arbus o un cuadro de Vermeer dirán algo a un espectador que los contemple en un pueblo perdido de Oklahoma o a quien lo haga en París, en Lisboa o El Cairo; Shakespeare, sin traductores, no podría hacerlo. Esto es una observación de Perogrullo que nos conviene tener presente a quienes escribimos porque, más allá de consideraciones artísticas, es doloroso saber que cualquiera con una cámara o unos pinceles en la mano ha de sacarte ventaja.

El Cortinal, Posada de Rengos, hacia 1950

Las fotos antiguas, como documentos que hablan de la sociedad a la que pertenecieron, no necesitan parabienes estéticos, sencillamente se acercan a nosotros poniéndonos en contacto con lo que fuimos y nos interesan más cuanto más cerca nos tocan. La foto del abuelo en la guerra, la de papá en la mili, la del tío afortunado que disfrutó unas vacaciones en Canarias hace veinte o treinta años, puede revolver más el corazón de quien la tiene en la mano que todas las que hizo en su vida Cartier-Bresson. Hay algo evanescente y emocionante en todos los fotógrafos anónimos que desempeñan algún papel en nuestra vida. Lo comprendo al conocer a Benito Correa, que durante muchos años se ocupó meticulosamente de disparar su cámara allá por donde iba. Fue un niño de la guerra nacido en la localidad extremeña de Herrera de Alcántara, en la Raya entre España y Portugal. A finales de los años cuarenta se hizo Guardia Civil y vino destinado a una de las zonas más remotas de una región remota para conocer a Delfina, que se convertiría en su mujer.

El Poulón, Posada de Rengos, hacia 1957

Se afincó en este destino y se casó en Pousada de Rengos (Cangas del Narcea), donde vive hoy apaciblemente en una casa con vistas envidiables. Pero su vida está llena de sobresaltos, aventuras y viajes. Después de casarse dejó la Guardia Civil y anduvo medio mundo para ganarse la vida: Venezuela primero, en solitario, sin la familia, donde estuvo cerca de siete años; Francia después, donde pasó aquel mes de mayo de 1968; tras eso, todavía, más de veinte años en Australia. En los años sesenta, a su regreso de Venezuela y antes de partir hacia Rosult, en Francia, montó en Cangas del Narcea un bar de estilo flamenquista que se llamó Bar Correa. En él hizo con pasodobles y chotis las delicias de los señoritos de la villa a la salida de misa.

Josefa Ramos Rey, hacia 1967

Hoy Benito Correa disfruta de un merecido descanso en una casa que algo tiene en su diseño de híbrido entre rancho y mansión. Quien se acerque hasta la casa La Mata en Pousada de Rengos puede encontrarlo todos los días del año dedicado con empeño oriental a las flores de su jardín y a los ensimismados pensamientos producto de los largos paseos. Es un hombre de aspecto apacible, de voz apacible, de conversación apacible. Si preguntan les hablará de lugares lejanos, de su trabajo como recepcionista de un importante hotel en Caracas, por donde pasaban militares de alta graduación, presidentes y toreros, de las fábricas francesas, de las cocinas de los restaurantes australianos, de las travesías en barco, de los transbordos en avión, de su primera salida, cuando la familia fue a despedirlo al puerto de Vigo;

La Bouba, Posada de Rengos, hacia 1950

y también hablará de una infancia marcada por la crueldad de la guerra y la pérdida de un hermano, de su cariño por Herrera de Alcántara, por el Tajo y por los vecinos portugueses de Castelo Branco, que alcanzaba a ver desde la otra orilla del río; pero sobre todo hablará de la afición que tenía al dibujo, para el que mostraba condiciones, y a hacer fotografías sin parar, con las que sin duda algo salvó de lo que fuimos.

Rectoral de San Luis del Monte, hacia 1950

Benito Correa nunca hizo ni pretendió hacer fotos que valieran más de lo que valen. No es un fotógrafo profesional, pero los momentos de la vida cotidiana que captó los ha convertido el runrún del tiempo en documentos. Sus fotografías, en general, interesan mucho porque dan fe de un mundo cuya realidad se ha ido devanando hasta sumirse en la inexistencia. Hay fotos de gente trabajando en el campo, de los días de fiesta, de comuniones, de escolares, de todo un poco.

Rectoral de San Luis del Monte, hacia 1953

En ellas aparecen edificios que ya no existen, como la casa rectoral de San Luis del Monte, al lado de la ermita del mismo nombre en una montaña cercana a Pousada de Rengos, y también nos damos cuenta al observarlas de que no están cosas que se hicieron después, en especial las instalaciones de los lavaderos y oficinas de las empresas mineras en el entorno de Veiga de Rengos, hoy bien visibles, pero que no aparecen en las fotos tomadas desde el Cortinal por Benito Correa a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta.

Rosult, Departamento del Norte, Francia, hacia 1967

Qué decir de lo que sugieren esas fotos de los escolares y las comuniones, tantas caras cargadas de curiosidad, de incertidumbre, de candidez, de jovialidad. Infantiles, pero también majestuosas, aparecen aquí expectantes, repletas de futuro, las caras de esos dos niños que en el corredor de casa Mario observan al fotógrafo sumergidos en un claroscuro caravaggiesco. Las toscas tablas del suelo, el abrigo colgado, la ropa tendida, la cesta, el balde, la escoba, todos componentes de una casa que, como vemos por la rudimentaria lavadora que aparece en primer plano en el margen derecho de la foto, empieza a modernizarse.

San Luis del Monte, hacia 1953

Muchas de las fotografías de Benito Correa son escenas de la vida campesina, todas son hijas de su tiempo, pero hay una que condensa y llena de significado ese tiempo. Está tomada en el puente de Ventanueva, seguramente con motivo de alguna visita importante, y en ella aparece —fiel metáfora del control moral y físico que se practicaba en los tiempos que corrían— un puñado de curas y guardias civiles. Sotanas y tricornios, símbolos de unos años en que era norma, como enseñan estas fotografías, la segregación por sexos en las escuelas y en los que abundaban las procesiones y las misas concurridas. Estas fotos de Benito Correa nos fascinan por su capacidad de sugestión, por la facilidad que dan a las imaginaciones románticas para lanzarse hacia lo irreversible: el pasado; dan fe de un mundo extinto y tienen por tanto algo de mágicas, pero también son testigos documentales del mundo del que venimos y al que quiera dios —si es que existe— no volvamos.

(Artículo publicado en Clarín. Revista de nueva literatura, nº 90, noviembre-diciembre 2010).

Parroquia de Pousada de Rengos

Pousada de Rengos

Barrio de Los Diablos:
♦ Casa Álvaro ♦ Casa Amelia ♦ Casa Antón de la Caminera ♦ Casa Antón Galán ♦ Casa Armando ♦ Casa Balbino ♦ Casa Cadiernu ♦ Casa Gaitas ♦ Casa Ferreiru ♦ Casa Lan ♦ Casa Jesús ♦ Casa Maguzo ♦ Casa Manolín ♦ Casa María de Vega ♦ Casa Marianu ♦ Casa Naciu ♦ Casa Nito ♦ Casa Pasarón ♦ Casa Pesca ♦ Casa Ponce ♦ Casa Porto o Gonzalo ♦ Casa Puente ♦ Casa Ruscón ♦ Casa Secundina o Carnicera ♦ Casa Xastre

Barrio de Los Santos:
♦ Casa Angelín el Gaiteiru ♦ Casa Antón de la Veiga´l Tayu ♦ Casa Ardura ♦ Casa Arturo la Mata ♦ Casa Blanco ♦ Casa Coque ♦ Casa El Cura ♦ Casa Chinón ♦ Casa Eloy ♦ Casa Escribanu ♦ Casa Gil ♦ Casa Linares ♦ Casa Manulón ♦ Casa Mario ♦ Casa Pepe Ardura ♦ Casa Pepe Galán ♦ Casa Piqueiru ♦ Casa La Roja ♦ Casa Santus ♦ Casa Vircha ♦ Casa Xuandelrío ♦ Casa Zapatero

Caldevil.la de Rengos

♦ Casa Cañamón ♦ Casa Farrón ♦ Casa Fonsu ♦ Casa Francisco ♦ Casa Lario ♦ Casa Marrón (antes Casa Moirazo) ♦ Casa Mozón ♦ Casa Xuan Menéndez

La Venta / Ventanueva:

♦ Casa Amalio o Magadán ♦ Casa Avelino el Largo ♦ Casa Chamba ♦ Casa Ferreira ♦ Casa L’Heridera ♦ Casa José Uría ♦ Casa María Vicente ♦ Casa Pedro ♦ Casa Pepa la Farmaceutica ♦ Casa La Petra ♦ Casa Ramín ♦ Casa Ramón ♦ Casa Regina ♦ Casa Saturno ♦ Casa Tocadisco ♦ Casa Viejos Escribano ♦ Casa Vitorio

Barrio de El Castro:
♦ Casa Casía ♦ Casa El Vaqueiru

Vil.lar de Pousada

♦ Casa Bernaldo ♦ Casa Carabinas ♦ Casa El Chigreiru ♦ Casa Diego ♦ Casa Eduardo ♦ Casa Frailán o Domingo ♦ Casa El Gaiteiru ♦ Casa Jasús ♦ Casa Julio el de Fulgueirúa ♦ Casa Julio el de Queipu ♦ Casa La L.linde ♦ Casa Queipu ♦ Casa Ramilo

Pousada de Rengos: Angelín

De la serie documental Camín de Cantares, presentada por el estudioso de la cultura tradicional asturiana, Xosé Antón Fernandez, conocido por Xosé Ambás. En este vídeo publicamos, gracias a la colaboración de Ambás, el capítulo dedicado a Pousada de Rengos: Angelín, un gran gaitero que formó parte del grupo “Los Son d’Arriba” (Cangas del Narcea).