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Memoria de los bosques de Cangas del Narcea, 1920

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Cortando un roble en el monte de Muniellos, 1964. Fotografía de Manuel Rodríguez Montes, ‘Carson’

La elaboración de vino y la explotación de madera fueron las principales actividades industriales de Cangas del Narcea hasta los años cuarenta del siglo pasado, cuando la minería del carbón comenzó a expandirse.

Desde mediados del siglo XVIII y hasta mediados del siglo XX, la madera es una materia prima muy necesaria y buscada. Se empleaba para la construcción de barcos, para la construcción de edificios y obras públicas, para traviesas de líneas de ferrocarril, para tonelería, etc. La madera de roble será una de las más empleadas para estos fines, pero había un problema: era escasa. Por eso los robledales del concejo de Cangas del Narcea, en especial el “famoso” monte de Muniellos, serán el punto de mira del Estado en el siglo XVIII y de muchas empresas madereras a partir de 1845.

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Encabezamiento comercial de la Sociedad Bosna Asturiana, 1920

La explotación industrial de madera se inició en Cangas del Narcea en 1766 en este monte de Muniellos, propiedad del conde de Toreno, por iniciativa de la Armada y con el fin de suministrar madera para la construcción de navíos de guerra en el Arsenal de El Ferrol. En la segunda mitad del siglo XIX se seguirá explotando intensamente por parte de empresas inglesas (Wilson, Misley & Sichel), catalanas (Crédito Mobiliario Barcelonés) y franco-belgas (Sociedad Minero-Forestal-Ferroviaria). En 1901, la Sociedad Bosna Asturiana, integrada por capital francés, vasco y asturiano y con domicilio en Gijón, adquiere el monte y lo explotará hasta los años veinte. Por último, la empresa “Muniellos S.A.”, fundada en 1952 por varios socios de Cangas, Allande y Gijón, sacará madera hasta 1973 en que el Estado compra este monte para su conservación como espacio natural.

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Vista de los montes de L’Artosa y La Veiga’l Tachu desde Pena Ventana, 2013

Muniellos no fue el único monte explotado masivamente en todo ese periodo de más de doscientos años. También se explotaron otros en su entorno: los montes de Monasterio del Couto, El Pueblo de Rengos, Las Montañas, Cabreiro, etc., así como Valdebois, en el concejo de Ibias, y Valledor, en Allande. En ellos cortarán madera algunas de las empresas que trabajaron en Muniellos y otras más que a menudo eran extranjeras o de otras partes de España. Las últimas de esta clase fueron la catalana “Robledor, S.A.” y la valenciana “Explotaciones Forestales Pumar S.A.” fundada por Salvador Vilarrasa Sicra.

En todos estos montes se extraía madera de faya (haya), abedul, xardón (acebo) y, sobre todo, roble. Muchos de los trabajadores eran vascos, cántabros, franceses, croatas o suizos, así como vecinos de los pueblos propietarios de los montes y de los alrededores. La madera se enviaba para Burdeos, Barcelona, Madrid, Jerez de la Frontera, Valencia, Sonseca (Toledo), Gijón, etc.

La “Memoria de los bosques de Cangas de Tineo” que presentamos en el Tous pa Tous fue escrita en 1920 por encargo de algún empresario o sociedad interesada en invertir en la explotación de madera. Se centra en los montes de Monasterio de Hermo, Monasterio del Coto y Monte Cabreriro, que es propiedad de los vecinos de Oubachu y La Veiga’l Tachu, y también en el de Valdebois / Valdebueyes, que era de la familia Ron. En ella se trata sobre su superficie, las especies de árboles, las condiciones para la compra de los derechos de explotación de la madera y su precio, y el estado de las comunicaciones para el transporte de la madera.

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Vista de los montes de Rengos y Muniellos desde Pena Ventana, 2013

El traslado de la madera será uno de los grandes problemas con los que se encontraron todas las empresas que quisieron explotar los montes de nuestro concejo. En esta memoria se mencionan tres posibles vías para sacar la madera: la futura línea de ferrocarril “Pravia-Cangas del Narcea-Villablino”, que atravesaría por Monasterio de Hermo y que no llegó a hacerse; la carretera en construcción de Ventanueva a Ibias, por donde podría sacarse la madera del Monte Cabreiro y la de Valdebois, y el río Couto, por donde bajaría flotando la madera del monte de Monasterio del Couto hasta La Regla de Perandones; años más tarde, la empresa Robledor S.A. abrirá a su costa la actual carretera que atraviesa el Río del Couto, desde La Regla al Pozo de las Mujeres Muertas, para sacar madera de este monte y del Valledor (Allande).

La memoria está fechada en Oviedo el 12 de febrero de 1920 y no lleva ninguna firma. Procede de los restos del archivo del empresario y banquero José Tartiere Lenegre (Bilbao, 1848 – Lugones, Siero, 1927), que tenía adquirida la explotación de unos robles en el Monte Cabreiro. En ella se menciona al comerciante y negociante José María Díaz López “Penedela” (Penedela, Ibias, 1870 – Cangas del Narcea, 1934), que en esa fecha era el alcalde de Cangas del Narcea, y que proporcionó al autor de la memoria datos sobre las intenciones de los propietarios de los montes y los precios en los que estarían dispuestos a vender los derechos de explotación del arbolado.


Memoria de los bosques de Cangas de Tineo (Asturias), 1920


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El Tous pa Tous recupera el primer libro de la parroquia de Veigal.lagar de 1669

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Cabecera del río del Couto desde el Pozu de las Muyeres Muertas en noviembre de 2013.

El Tous pa Tous ha adquirido un libro de la parroquia de Santa María Magdalena de Veigal.lagar, que se inicia en 1669 y concluye en 1727, que estaba desde hace más de medio siglo en manos de un particular. El libro tiene 212 folios y contiene los libros de bautizados, casados y difuntos, así como de confirmados y de aniversarios, y el libro de cuentas de la fábrica de la parroquia (es decir, de los ingresos y gastos) y de las visitas que cada año hacía un enviado del Obispo de Oviedo para controlar las cuentas, la decencia de los edificios y el cumplimiento de la religión por los vecinos.

La parroquia está formada por los pueblos de La Viña, L’Artosa, Combu, Veiga de Horrio y Monesterio del Couto, todos situados en el Río del Couto.

Este es el primer libro que tuvo esta parroquia, porque en ese año de 1669 se separó de la parroquia de San Martín de Bergame. En la primera anotación de la visita del representante del Obispo dice: “habiéndosele exhibido este libro en que se han de escribir las cuentas de la fábrica de la parroquial de la Magdalena de Vega de Lagar, nuevamente erigida, de la cual es primer cura el licenciado Domingo González León y mayordomo de la fábrica Pedro Menéndez, de La Viña”. La razón para crear esta nueva parroquia debió ser la distancia tan grande que existe entre estos pueblos de la nueva parroquia y la cabecera de la parroquia antigua situada en el pueblo de Bergame d’Arriba, a lo que se sumaban el mal estado de los caminos y la fragosidad del terreno.

Esta clase de libros informan de muchas cosas de interés. Nos permiten conocer el nombre y la situación familiar de los nacidos, los casados y los difuntos de la parroquia, y la procedencia de los novios y las novias (es significativa la presencia de naturales del concejo de Ibias y también de las vecinas parroquias del Valledor, en Allande, y San Pedro de las Montañas). Nos informan sobre la capacidad económica y la actividad religiosa de los vecinos, el estado de la iglesia y de las ermitas que había en algunos pueblos, las obras que se acometen, etc.

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Inicio de las ‘Cuentas de la Fábrica’ en el libro de la parroquia de Veigal.lagar, 1669-1727.

De este modo, gracias a una consulta rápida de este libro sabemos que Veigal.lagar era una parroquia pobre, como sus habitantes. Sus ingresos provenían únicamente de las limosnas que se recogían en la iglesia los domingos y los días festivos. Con ese dinero se pagaban la cera “para alumbrar en los altares”, el aceite para iluminar al Santísimo, el incienso, los clavos para hacer el monumento de Semana Santa y pequeñas reparaciones en la iglesia. El resto de los gastos de la parroquia tenían que pagarlos los vecinos, desde la compra de un misal hasta el arreglo del tejado, repartiéndose su coste entre todos. La aportación era obligatoria. Como muchas de estas compras u obras se demoraban el visitador se las recordaba año tras año. Veamos algún ejemplo.

Como la parroquia era nueva había que dotarla de diversos elementos que eran imprescindibles para el culto y los ritos; en la primera visita de 1670 se anota lo siguiente:

“mando que los vecinos de dicha parroquia compren un buen misal para el servicio de la iglesia, una sobrepelliz para la administración de sacramentos y unos hierros nuevos para hacer hostias, mediante hay mucha necesidad de todo ello en dicha iglesia, y lo cumplan dentro de seis meses, y lo que tuviese de costo lo susodicho hagan dichos vecinos entre sí repartimiento y cada uno de ellos pague lo que le tocare y a ello el cura les compele, obligándoles con evitación de la misa y oficios divinos”.

En esa primera visita de 1670 también se manda a los vecinos colocar en el medio de la iglesia una separación para dividir a hombres y mujeres:

“que en el medio de dicha iglesia, donde más conveniente pareciere, pongan un estantario que sirva para dividir los hombres de las mujeres, y mandó su merced que de él para delante no lo pasen las mujeres, y en caso de rebeldía el dicho cura les compela con evitación”.

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Libro de la parroquia de Veigal.lagar, 1669 – 1727

A pesar de las amenazas del visitador, como los vecinos no tenían muchos recursos, las compras y obras que mandaba aquel se demoraban; así en 1671 volvemos a leer: “que los vecinos compren un misal, un cáliz y una casulla de buena tela decente” y en 1677 vuelve a recordárseles la necesidad de poner un “estantario” para dividir a hombres y mujeres.

Los vecinos también estaban obligados a pagar todos los objetos empleados en los rituales religiosos, desde el nacimiento hasta la muerte, así como las obras nuevas. En 1687 pagan para “hacer un manto para sobre las andas de los difuntos”, que había en todas las iglesias para llevar los cadáveres, y en 1723 reciben el mandato para hacer una “pila bautismal de piedra con su cubierta y cerradura”, y para ello se les da un plazo de dos meses; como se incumplió, el visitador vuelve a exigírselo al año siguiente, indicando al cura que nombre “dos vecinos de su satisfacción para que busquen maestro que haga dicha pila” y “el costo que tuviese lo reparta” entre los vecinos.

Lo mismo ocurre con obras nuevas, como la construcción de una tribuna o coro dentro de la iglesia y un cabildo o pórtico en el exterior; en 1694 manda el visitador:

“Y por cuanto su merced ha sido informada que la iglesia parroquial se halla sin cabildo ni portal para poder recogerse dentro de él en tiempo de aguas y malos temporales para diferentes cosas necesarias, que se ofrezcan antes y después que se abra la iglesia, y ser muy necesario; mando su merced que los vecinos de dicha feligresía se junten y repartan el costo, que fuere necesario para hacer dicho cabildo y portal en dicha iglesia, dentro de quince días, y lo hagan y ejecuten dentro de dos meses siguientes a la notificación de este auto y al que fuese omiso en cumplirlo, uno y otro, les condeno su merced en doscientos maravedíes que aplica a dicha fábrica”.

El cabildo se hizo, pero mal, y en 1698 se hace cargo el visitador que dice y manda lo siguiente:

“su merced fue informado que el cabildo de dicha iglesia de Vega de Lagar tuvo de costo veinte y quatro ducados, y ahora está lloviendo dentro y se halla mal compuesto; mando su merced que los que lo hicieron lo reparen a costa del dinero que llevaron y a vista de los que están en la escritura [de contrato de la obra], dentro de un mes de la notificación de este auto, pena de excomunión mayor”.

Además de estos gastos relacionados con el culto y el templo parroquial, también el mantenimiento y ajuar de la casa del cura corría por cuenta de los vecinos. En la visita de 1712 se dice:

“por cuando a su merced le consta de lo mal reparada se halla la casa del curato de dicho lugar, así en lo que mira a paredes, retejo y la falta de pergancias o clamayeras, y otras cosas; por tanto mandó su merced que los feligreses de dicha parroquia dentro de un mes hagan en dicha casa todos los reparos que necesita a su costa de ellos, pena de que contra cualquiera que sea rebelde se procederá con todo rigor de derecho”.

Una queja bastante frecuente del visitador es que los vecinos no asisten a misa y que trabajan los domingos y días festivos. En 1689 se dice:

“mando que los parroquianos guarden las fiestas no trabajando en ellas y que asistan a la misa popular y explicación de la doctrina cristiana, y en todo estarán con el silencio y compostura que se debe, y al que no lo hiciere y no cumpliere como se le manda, el cura por la primera vez le multe en un real, por la segunda en dos y por la tercera doblada la pena, y las que resultaren de lo dicho se aplican para la luz del Santísimo Sacramento de esta dicha parroquia”.

Inicio del ‘Libro de difuntos de el año de 1670’ en el libro de la parroquia de Veigal.lagar, 1669-1727.

Y en 1708 vuelve sobre lo mismo: “los vecinos de dicha parroquia, con poco temor de Dios y de sus conciencias, y sin causa ni razón, faltan a la misa y oficios divinos los domingos y días festivos”, y para evitar esto, el visitador establece unas multas para los vecinos incumplidores.

Para evitar estos incumplimientos, algunos vecinos, a menudo con el dinero aportado por un familiar sacerdote o emigrado en Madrid o en Indias, levantaban ermitas en los pueblos. En 1722 había una en Combu dedicada a la Gloriosa Santa Eulalia. Sin embargo, también había que recordar a esos vecinos la obligación de mantener en buenas condiciones esas capillas. En 1691 el visitador escribe:

“informado que en el distrito de dicha parroquia hay algunas ermitas con alguna indecencia y que no se puede celebrar en ellas el sacrificio de la misa, por tanto mandó su merced que los vecinos de la parroquia a cuyo cargo está el reparo de las ermitas las compongan y aderecen de modo que estén decentes para celebrar en ellas”.

Por estas ermitas de los pueblos, los vecinos tenían que pagar un dinero fijo a los párrocos, pero como los vecinos tenían poco o no tenían nada, costaba sacárselo. Un ejemplo de esto, es el mandato de 1716 para exigir a los vecinos que paguen esa cantidad:

“informado que estando esta parroquia unida con la de Bergame pagaba cada una de las ermitas dos reales de vellón en cada un año por el servicio que da el titular de cada una de ellas y después de haberse separado dicha parroquia, los de esta de Vegadelagar se resisten a pagar dicha limosna al cura presente, sin tener más motivo ni razón que no lo querer hacer; mando su merced que en adelante se paguen dichos dos reales por cada una de dichas ermitas en cada un año […] y lo cumplan dichos vecinos pena de excomunión mayor”.

El terreno de la parroquia de Veigal.lagar era tan frondoso que hasta la misma iglesia estaba rodeada de arboles que privaban de luz a los que celebraban la misa e impedían el paso de las procesiones, por ello en 1723 se manda que se corten las cañas de esos árboles y como nadie lo hizo, en 1724 se vuelve a mandar lo mismo: “cortar los castañales que impiden la luz a la iglesia y el andar las procesiones”.

En aquel tiempo, andar de noche por el Río del Couto debía ser solo para valientes. En la visita de 1692 se dice lo siguiente:

“que los vecinos de dicha parroquia envían a llamar dicho cura para administrar el santo sacramento de la eucaristía a los enfermos al anochecer con unos muchachos, y el dicho cura va solo y con riesgo de su persona por ser despoblado y de muchas fieras; mando que desde aquí en adelante siempre que vinieren a llamar dicho cura para administrar vengan dos hombres a llamar a dicho cura para acompañándole, y siempre que no vengan el dicho cura les multe en dos reales”.

El tránsito por esta parroquia de Veigal.lagar era tan penoso, que en los cincuenta y ocho años que estuvo este libro en uso, entre 1669 y 1727, los visitadores del obispo no llegaron nunca hasta allí, y hacían la “inspección” del libro parroquial y daban sus mandatos desde la villa de Cangas o las parroquias cercanas de Bergame, Regla de Perandones, Cibuyo o San Damias.

Parroquia de Veigal.lagar

L’Artosa

♦ Casa Estebanón ♦ Casa Formón ♦ Casa Franciscón ♦ Casa Palanca ♦ Casa Quintos ♦ Casa Xuandiez ♦ Casa Zreizu

Combu

♦ Casa Angelito ♦ Casa El Cano ♦ Casa Murgüeiro ♦ Casa Pepón ♦ Casa Sidro ♦ Casa Xuan

Monesteriu del Coutu

♦ Casa Antonín ♦ Casa Casera ♦ Casa Flórez ♦ Casa Manín ♦ Casa Manulón ♦ Casa Miguel ♦ Casa Pachín ♦ Casa Pedro ♦ Casa Rodrigo ♦ Casa Roque ♦ Casa Santos

Veiga d’Horru

♦ Casa Anxelín ♦ Casa Bernardo ♦ Casa Campo ♦ Casa Ferreiru ♦ Casa Flora ♦ Casa Fonsín ♦ Casa Luardo ♦ Casa L.lourienzu ♦ Casa Mingas ♦ Casa Pericón ♦ Casa Rozas d’Abaxu ♦ Casa Rozas d’Arriba ♦ Casa Santos

La Viña

♦ Casa Cabanas (antes Casa’l Díez) ♦ Casa Campichín ♦ Casa’l Cura (desaparecida) ♦ Casa Juan de Lago (desaparecida) ♦ Casa Julián ♦ Casa L.laguín ♦ Casa Meirazo ♦ Casa Quiroche ♦ Casa Simones (en ruina) ♦ Casa Vicente ♦ Casa Xabiel ♦ Casa Xuaca (desaparecida)