Un hidalgo de Cangas en los versos de Góngora

Retrato de Luis de Góngora y Argote (1622), realizado por Velázquez y conservado en el Museo de Bellas Artes de Boston.
No todos los días encontramos Cangas en los versos de uno de los grandes poetas del Siglo de Oro. Y, sin embargo, ahí está: en un romance satírico de Luis de Góngora, donde un hidalgo de Cangas de Tineo presume de linaje mientras lamenta su pobreza.
Aunque el romance fue compuesto siglos antes y circuló durante mucho tiempo en copias manuscritas, esta escena ha llegado hasta nosotros a través de una edición publicada en 1841, en la que literatura, memoria y nombre de lugar se entrelazan de forma especialmente sugerente.
Góngora y la sátira del hidalgo pobre
Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561–1627) no solo fue uno de los poetas más brillantes de su tiempo, sino también un agudo observador de sus contradicciones. Entre los tipos humanos que aparecen en su obra ocupa un lugar destacado el hidalgo venido a menos: personaje de honra intacta, linaje proclamado y recursos escasos.
Ese contraste entre orgullo y penuria ofrecía un amplio campo para la sátira, y Góngora supo explotarlo con una mezcla muy suya de agudeza, ironía y sentido teatral.
«Con ropilla y sin camisa»: un cangués en la poesía del Barroco
En el romance titulado Con ropilla y sin camisa, compuesto en la época en que el autor desarrolla su obra, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, Góngora da voz a Fernández, natural de Cangas de Tineo.

Recreación del hidalgo Fernández, protagonista del romance de Góngora, en una escena inspirada en la villa de Cangas.
El personaje se nos presenta como un hidalgo venido a menos, en una situación de evidente precariedad. No tiene camisa —explica que la perdió la lavandera— y apenas cuenta con lo imprescindible para vestirse: reaprovecha sus propias prendas, adaptándolas como puede, y se protege del frío con una sencilla capa. Mientras remienda la ropa al sol, va desgranando en voz alta sus desdichas.
A través de este personaje, Góngora construye una sátira muy reconocible en su tiempo: la del hidalgo que conserva intacto el orgullo de su linaje, pero ha perdido casi todo lo demás. La comicidad no nace solo de su aspecto o de su pobreza, sino del contraste entre la nobleza que proclama y la realidad material que lo desmiente.
Y, en medio de esa situación, el hidalgo no renuncia a lo único que considera irrenunciable: su origen. Así, con tono enfático, proclama:
“Soy de Cangas de Tineo;
Desciendo por linea recta
Del Infante Don Peláyo;
¡Ved que honrada descendencia!”
En esos versos se concentra toda la fuerza del personaje: la miseria material convive con una conciencia orgullosa del linaje, y esa desproporción entre lo que se es y lo que se aparenta constituye precisamente el núcleo de la sátira.
La edición de 1841: un puente entre dos siglos

Página de la edición de Poesías escogidas de D. Luis de Góngora, impresa en Córdoba en 1841, de la que procede el romance.
El texto que hoy podemos leer procede de las Poesías escogidas de D. Luis de Góngora, impresas en Córdoba en 1841. Se trata, por tanto, de una edición publicada casi dos siglos después de la composición del romance.
Su editor, Luis María Ramírez y las Casas-Deza, quiso contribuir a la recuperación de Góngora en un momento en que la obra del poeta seguía arrastrando incomprensiones y juicios desfavorables. Para ello revisó manuscritos, contrastó copias y procuró fijar el texto con el mayor cuidado posible, dentro de las posibilidades eruditas del siglo XIX.
Gracias a trabajos como ese, muchos textos gongorinos pudieron circular con mayor claridad y llegar, ya en época moderna, a nuevos lectores.
Un eco literario de Cangas
Más allá de su intención burlesca, el romance deja entrever un dato revelador: el nombre de Cangas de Tineo formaba parte del horizonte literario de la época. Asociado al viejo solar asturiano y a la memoria de don Pelayo, aparecía ya en los versos de un gran poeta del Barroco.
Que ese eco haya llegado hasta nosotros a través de una edición decimonónica no deja de ser otra forma de memoria: una huella literaria que muestra cómo también Cangas encontró su lugar, aunque fuese entre ironías, en la literatura del Siglo de Oro.
Apéndice literario: el romance completo
(Texto transcrito a partir de la edición de 1841, respetando las grafías y acentuaciones originales.)
XXVI. CON ROPILLA Y SIN CAMISA
Con ropilla y sin camisa,
No por falta de tenella,
Que una que le dió su madre
Le perdió la lavandera;Su jubon por zaragüelles
Y el sombrero por chinelas.
Y por reparo del zierzo
una capa de bayeta;Al sol que muerto de risa
De lastima le calienta;
Esto cantaba Fernandez
Cosiendo sus pedorreras.Desdichado del hidalgo
Que con sobra de nobleza
Y con falta de dinero
Viene a pleitear a esta tierra.Soy de Cangas de Tineo;
Desciendo por linea recta
Del Infante Don Peláyo;
¡Ved que honrada descendencia!Y agora por mi desdicha
Venido soy á esta tierra
Do traigo sobre una moza
Un pleito con una vieja.Levantóme la falsaria,
¡Jesucristo me defienda!
Que fuí malo de mi cuerpo
En un molino con ella.Y aun el falso testimonio
No para aqui, porque llega
A que con doce testigos
Prueba que estaba doncella.No sé quien jurar tal pudo,
¡Defienda Dios mi inocencia!
Que bien sé que soy de carne
Y tengo algunas flaquezas.Mas decid, testigos falsos,
¿Cuando en Castilla la vieja,
Vido el cielo cuervos blancos
Ni doncellas montañesas?Dejando el pleito á una parte
Ya que el pleito no me deja,
Aunque no para medrar,
Para echar la sarna fuera,
A ruego de buenos hombres,
¡Pluguiera á Dios no los viera!Asenté con un pleiteante
En San Martin de la Vega.
Por la costa concertamos
De serville esta cuaresmaDo á pura fuerza de ayunos
Me han convertido en poeta.Pensarán que estoy burlando;
Pues no es así como quiera
Que del trato de mi amo
Hago agora una comedia.Toda la primera jornada
Trata de que nunca almuerza,
La segunda que no come,
La tercera que no cena.Y tiéneme de tal suerte
La forzosa penitencia
Que no quiero decir mas,
Ni puedo, aunque mas quisiera.












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