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Barrios y casas de L.larón

El día de Reyes publicó Antonio Ochoa, socio del Tous pa Tous, un artículo en su blog Cosas del Suroccidente titulado “Cuando la casa era una saga”, en el que habla de la importancia y el valor de la “casa” en el mundo rural asturiano y en concreto en los concejos del occidente de Asturias. Este artículo, que reproducimos a continuación, nos sirve para informar a nuestros socios y lectores que el Tous pa Tous esta llevando a cabo desde diciembre de 2009 una recogida de todos los nombres de las casas del concejo de Cangas del Narcea, parroquia a parroquia y pueblo a pueblo. En este trabajo están colaborando muchas personas y ya quedan pocos pueblos por recoger. Nuestra intención es que antes de finalizar el mes de enero la lista de casas del concejo de Cangas del Narcea esté disponible en nuestra página web.

 

 

 Cuando la casa era una saga

Por Antonio Ochoa (6 de Enero, 2010)

Explicaba a alguien que la razón por la que no me veía el pelo últimamente no era un súbito incremento de mi alopecia, sino que estaba pasando estos días en mi casa y, de repente, me di cuenta de que lo que yo quería realmente decir y lo que el otro entendió era «en casa de mis padres, en el pueblo». Porque, en el fondo del corazón, ambos sabíamos que «mi casa» no es, en realidad, «la casa que me pertenece», sino «la casa a la que pertenezco».

Para los que nos criamos en una aldea, nuestra casa era bastante más que el lugar donde vivíamos. Era un concepto mucho más amplio que abarcaba, además del edificio, la gente que lo habitaba y los que habían habitado, su historia y sus historias, sus costumbres, sus normas y sus tradiciones. Era un todo del que tú formabas parte y que formaba parte de ti, que te definía e identificaba. Cuando hablabas, por ejemplo, de Pepe Colás, todos sabían que te referías a Pepe, el de casa Colás, del que, posiblemente, ni siquiera conocías su apellido.

Uno podía plantearse vender el piso donde vivía, especialmente si era para mudarse a otro mejor, sin demasiados ataques de nostalgia, pero nadie se desprendía de «su casa» sin una extrema necesidad. Supongo que hace falta ser dueño de la tierra bajo tus pies, que tu vivienda hunda firmemente sus cimientos en terreno propio, para que puedas echar raíces allí. Es necesaria esa vocación de permanencia, de atemporalidad, casi de eternidad, para que te sientas parte de una saga que te ha precedido en el tiempo, que seguirá después de ti y de la que sólo escribirás un capítulo, que seguramente pretendes que sea digno o, incluso, importante, pero que sabes que, al final, será también efímero.

Cada casa era, hasta cierto punto, un estado independiente con su territorio y sus fronteras, con sus leyes y su sistema económico. Tenía, además, cada una su patriarca y su matriarca, no necesariamente en este orden de importancia. Cuando uno de éstos llegaba a reinar durante un tiempo prolongado y poseía una personalidad lo suficientemente acusada, podía acabar reemplazando el anterior nombre de la casa por el suyo propio. Este era, probablemente, el honor más grande al que se podía aspirar. Resulta, por cierto, curioso comprobar que entre esos nombres casi legendarios abundaban casi tanto los femeninos como los masculinos.

No había, en cambio, (afortunadamente) ni ejércitos ni banderas, pero ello no impedía que algunos eventos se transformasen en demostraciones de poder, aunque de lo que se trataba era de demostrar la capacidad para preservar la vida y no para destruirla. Los principales eran la mayada y la matanza en los que el tamaño de las «facinas» y el número de los animales sacrificados establecían el estatus de cada casa. Era, eso sí, una rivalidad festiva en la que todos los vecinos colaboraban en un ambiente alegre, regado de risas, bromas y bebidas y que finalizaba en una comida de hermandad cuyo menú se repetía invariable en todos sitios sin que llegara nunca a cansarnos.

Aunque las mayadas hayan pasado ya a la historia y las matanzas acaben pasando pronto, todos los que nacimos en uno de nuestros pueblos hasta mediados del siglo pasado sentimos dentro de nosotros ese legado y la necesidad de preservarlo mientras vivamos. Lo que sucederá después no lo sé y, quizá, por suerte, no lo sabré nunca.

 

Como muestra del trabajo realizado vamos a presentar hoy la relación de las casas de la parroquia de L.larón, formada solamente por los pueblos de L.larón y La Viliel.la. Los nombres los ha facilitado Manuel Álvarez Rodríguez, de casa El Xastre de La Viliel.la, que vive en Madrid y es socio del Tous pa Tous. Manuel acompañó la información enviada al Tous pa Tous con una fotografía aérea de estos dos pueblos en los que él mismo ha señalado la situación de las casas, de la que publicamos la de L.larón. 

PARROQUIA DE L.LARÓN

L.larón

La Viliel.la

Barrio de El Casoiru

  • Casa Donisio
  • Casa Josepillo
  • Casa Florenta (desaparecida)
  • Casa Pacho (desaparecida)

Barrio de El Picu´l L.lugar

  • Casa Casín
  • Casa El Ferreiro
  • Casa Montero
  • Casa Xipitín
  • Casa El Pardo (desaparecida)

Barrio de El Carreiru

  • Casa Carrilo
  • Casa Jarana
  • Casa El Santo
  • Casa Toribo

Barrio de Los L.lagos

  • Casa Barreiro
  • Casa Castel.lano
  • Casa El Chispero
  • Casa El Coxo
  • Casa L’Haredeiro
  • Casa Mourín

Barrio de El Vareal

  • Casa El Caminero
  • Casa Casanueva
  • Casa Colinas
  • Casa El Curioso (desaparecida)
  • Casa Farruco
  • Casa Macera
  • Casa Pepito (desaparecida)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Barrio de La Pedrera

  • Casa Castaño (desaparecida)
  • Casa Corbella
  • Casa Fonsón (desaparecida)
  • Casa Marcones
  • Casa El Xastre

Barrio de El Picu’l L.lugar

  • Casa La Casera (también Serafín)
  • Casa Mingarrín
  • Casa El Paisano
  • Casa El Poyo
  • Casa Xuanón
  • Casa El Gal.lego (desaparecida)
  • Casa El Manteigueiro (desaparecida)
  • Casa Lario (desaparecida)
  • Casa Rápala (desaparecida)
  • Casa Ricardo
Esta última existió hasta el incendio del
17 de febrero de 1918, aunque todavía no
sabemos su ubicación exacta.

Barrio de El Chanu

  • Casa Angelito
  • Casa Campillo
  • Casa Enrique
  • Casa José de Campillo
  • Casa El Marqués
  • Casa Pachalín
  • Casa El Roxo
  • Casa Xacinto
  • Casa Clara (desaparecida)
  • Casa El Cura (desaparecida)
  • Casa La Cestera (desaparecida)
  • Casa Manunga (desaparecida)

Barrio de La Fonte

  • Casa Castelao
  • Casa El Ferreiro
  • Casa Fuentes
  • Casa Gorrullo
  • Casa Juanito
  • Casa Lama
  • Casa Rosendo (también Costanta)
  • Casa Rita (desaparecida)

Barrio de La Capilla

  • Casa El Campo
  • Casa Felipón
  • Casa Minguchón
  • Casa El Pequeno
  • Casa El Romo
  • Casa Xuacón
  • Casa Xuan Blanco
  • Casa Benito (desaparecida)
  • Casa Farruquillo (desaparecida)

Barrio de La Baldosa

  • Casa L’Estudiante
  • Casa Fastio
  • Casa Manolón
  • Casa Pachón
  • Casa Mañas (desaparecida)
  • Casa Quisquilla (desaparecida)
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