La historia de Segundo en las fuentes del Narcea (Cap. 2)

Continuamos con la historia de Segundo en Fuentes del Narcea y del Ibias, un espacio en el que a pesar de las explotaciones mineras, la baja densidad de población ha favorecido un excelente estado de conservación en este lugar que atesora especies tan importantes como el oso pardo, el urogallo cantábrico, el murciélago de bosque, la perdiz pardilla y el águila real. En este paisaje, Segundo, un antiguo minero de Caldevilla de Rengos (Cangas del Narcea), inició hace años un camino que transformó sus huertos y rebaños basándose en la agricultura biodinámica.


L.LAMAS DEL MOURU / LLAMAS DEL MOURO – (Parroquia de Samartín de Sierra / San Martín de Sierra) – Palacio de los Sierra

L.LAMAS DEL MOURU / LLAMAS DEL MOURO

(Parroquia de Samartín de Sierra / San Martín de Sierra)

Palacio de los Sierra.

Tiene dos escudos del siglo XIX en la fachada principal. Uno, lleva las armas de los Sierra (una barca con tres remos que porta un castillo en llamas y un hombre armado en su puerta con lanza y espada) y el otro es el escudo de los Colón, familia descendiente de Cristóbal Colón, que lleva la corona ducal por el título de duque de Veragua.

En 1787 era “señor de la casa y torre de Llamas” Diego de Sierra y Salcedo, residente en la ciudad de Palencia. A este le siguieron en la posesión de la casa Diego Mariano Acevedo Colón y Sierra, que vivía en Cáceres, y Diego Acevedo Colón de Larriategui y Sierra.

La historia de Segundo en las fuentes del Narcea (Cap. 1)

En el suroccidente de Asturias, en una zona de montaña de gran calidad ambiental, el espacio protegido de la Red Natura 2000, Fuentes del Narcea y del Ibias, abarca una de las mejores representaciones de la vegetación de la montaña cantábrica. En este maravilloso lugar, concretamente en Caldevilla de Rengos (Cangas del Narcea), conocemos a Segundo y a su familia. Segundo fue minero durante 25 años y al jubilarse decidió cultivar sus tierras y criar a sus rebaños con la premisa de que la tierra debía de ser utilizada de otra manera a como lo había hecho hasta entonces.


Fernando Graña medalla de oro de Artesanos a título póstumo

Fernando Graña Rodríguez

En reunión celebrada el 16 de junio del 2016, la junta directiva de la Sociedad de Artesanos Nta. Sra. del Carmen de Cangas del Narcea, ha acordado por unanimidad conceder la medalla de oro a título póstumo a Fernando Graña Rodríguez.

PROPUESTA DE MEDALLA DE ORO 2016: Fernando Graña

Hay dos cosas que distinguén a un buen cangués: estar aquí, en Cangas, cuando la ocasión lo requiere y estar ahí para Cangas en las ocasiones que ella te necesita. la primera está, por así decirlo, grabada en nuestros genes y nadie podría vanagloriarse de ser cangués si, aún en el otro extremo del mundo, no siente la llamada de su tierra un 16 de julio. La segunda es, quizás, un poco menos común y es la que verdaderamente diferencia a los cangueses de pro. Fernando cumplía las dos en sumo grado.

Partició en la fundación de la Peña La Andolina, creada en 1975 para reforzar La Descarga, y fue después presidente de la misma. Tanto cuando era socio fundador, como después, cuando fue presidente, hizo de la colaboración entre la Peña y la Sociedad de Artesanos su principal preocupación. Ayudó a reconducir ciertos excesos puntuales que se produjeron y se esforzó en inculcar esta idea para los tiempos venideros.

Fue miembro de la Junta directiva de la Sociedad de Artesanos desde la presidencia de Pablo Fernández aunque, anteriormente, colaboró con la misma en todos los asuntos en los que se le pidió y, en especial, el evitar conflictos en las relaciones entre la Sociedad y el Gobierno Autonómico.

Como miembro de la Junta, colaboró durante años en la organización del Cena de Artesanos del 15 de julio y contribuyó a terminar con los problemas de organización que sufría ésta, con firmeza y diplomacia y a hacer de ella el evento modélico que es hoy. Siempre le gustaba recordar la ocasión en que nos sorprendió la lluvia al final de la cena (entonces se hacía en el Prao L’Molín), tuvimos que tomar el postre refugiados en las casetas de las máquinas y nadie marchó sin pagar.

Fernando Graña, en fin, siempre pensó, como cangués y como socio de Artesanos, se debía apoyar a la Sociedad en todo momento y circunstancia, siempre puso en práctica este principio y siempre procuró inculcarlo en todas las personas de su entorno. Por eso, creo que merece que le sea concedida la Medalla de Oro 2016.


SANTOLAYA / SANTA EULALIA – Casa de Uría

SANTOLAYA / SANTA EULALIA

Casa de Uría.

Esta casa tiene dos escudos con las mismas armas de los Uría y Queipo de Llano. Uno está en la fachada principal y es un escudo partido con las armas de Uría (dos lobos y bordeado por aspas) y Queipo de Llano (dos flores de lis y tres fajas, y en el borde racimos de uva y hojas de vid). En el penacho del yelmo lleva una inscripción: “Armas de los hijosdalgo de Urías”, y al lado aparece la fecha: 1541. Esta fecha es muy probable que sea la de la ejecutoria de hidalguía de la familia Uría, y no la de labra del escudo que por su estilo barroco hay que fechar en torno a 1640-1650.

El otro escudo es más pequeño, está en la fachada de la casa que mira al norte, encima de un balcón, y tiene las mismas armas.

A mediados del siglo XVIII los propietarios de esta casa eran José Nicolás de Uría y Valdés y su esposa María Teresa Alfonso Flórez que era de la Casa de Miramontes (Parroquia de Cibea). A estos les sucedió Miguel de Uría, que se casó con Isabel Queipo de Llano, nieta del conde de Toreno. Su heredero fue Antonio de Uría y Queipo y el de este será José de Uría y Álvarez-Terrero, que se casó en 1808 con María Josefa del Riego-Núñez y Sierra-Pambley, dueña de las casas de Pambley y Miravalles en el concejo de Cangas del Narcea y de las de Riego y Cabo del Río en Tuña (Tineo). A este matrimonio les sucedió el recordado José Francisco de Uría (1819-1862), director general de Obras Públicas, que murió soltero y sin descendencia, y al que heredó su hermano Rafael (1820-1901); y así hasta llegar al médico don Rafael Fernández Uría y a sus actuales propietarios: Blanca Fernández y José María Ron.