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El Parador de Corias elegido el mejor hotel no urbano de España

Uno de los claustros del monasterio de Corias

Uno de los claustros del monasterio de Corias

¡Estamos de enhorabuena! Corias, el Parador más “joven” de la red de Paradores de Turismo de España, ha sido elegido por la prestigiosa publicación Condè Nast Traveler como el mejor hotel de España en la categoría de no urbano. Leer más

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365 ventanas

Parador de Corias, un monasterio del siglo XVIII a orillas del río Narcea

De todos los paradores de turismo, el de Corias es el más inaccesible. Dista nada menos que 85 kilómetros de Oviedo, por una carretera sinuosa aunque bien asfaltada. La autopista A-6 que lo une a la meseta queda a 105 kilómetros, pero exige ascender el dificultoso puerto de Leitariegos. Alguien pensó al principio que con estos impedimentos mal le iría al último de los establecimientos de la red. Pero ha sido todo lo contrario: lo exótico, lo aislado, por prometedor, ha sido siempre un reclamo tentador. A un año escaso de su inauguración, Corias ha tenido que colgar muchas veces el cartel de completo.

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Fachada del parador de Corias en Cangas del Narcea, Asturias.

Bautizado como El Escorial Asturiano, el monasterio de San Juan Bautista de Corias debe su fundación en 1032 a los condes Piniolo Jiménez y Aldonza Muñoz, protectores de una congregación benedictina que dio obispos a Oviedo y fue probablemente sepultura del rey Bermudo I, El Diácono. Reconstruido tras un incendio en 1773, el nuevo edificio neoclásico, con 365 ventanas, exhibe una fábrica impresionante a orillas del Narcea.

En su interior pueden contemplarse verdaderas joyas, como una talla románica del siglo XII conocida como el Cristo de la Cantonada. Aunque tampoco son menores las actuaciones seguidas en su reconversión como establecimiento hotelero, algunas de las cuales están siendo testadas como ejemplo a seguir en otros paradores.

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Salón del parador de Corias en Cangas del Narcea, Asturias

Minimalismo desnudo en los corredores abovedados, tonalidades neutras e iluminadas en las zonas comunes, mobiliario escandinavo en los dormitorios. La biblioteca, rediseñada por el artista portugués Rui Macedo, apabulla por su pureza de líneas a la espera de que se llene de libros. Labores de ganchillo y vainica decoran el comedor, instalado en el antiguo refectorio, coronado por una profunda bóveda. En la definición de su carta, pulcra y golosa, se nota la mano personal de José Carlos Campos, ascendido a la dirección general de la red. Sus desayunos son de lo mejor.

Si los patios regalan un espacio de solaz y frescor, especialmente en verano, las alcobas que los rodean mantienen ese minimalismo sosegado que impone su ornamentación nórdica y los gruesos muros de sillería. A partir de ahora, en cualquier caso, todos los caminos llegarán a Corias. Ese espejo en el que se mirará ya toda la red reabre, tras un paréntesis invernal, el próximo 10 de abril con un precio imbatible de 65 euros la noche.


Fuente: EL VIAJERO / El País


Spain’s Parador de Corias: simplicity for the soul

El Parador de Corias de España: simplicidad para el alma

Un pasillo en el Parador de Corias

El Financial Times (FT) es un periódico internacional de negocios. Este prestigioso diario en los últimos años se ha convertido en el periódico de calidad más vendido en el mundo. Como curiosidad, apuntar que por motivos económicos y razones prácticas, a partir de 1893 se empezó a imprimir en papel color salmón, lo que inició la tradición de usar este color como distintivo de la prensa económica.

El reconocimiento de una publicación del prestigio mundial del Financial Times no está al alcance de muchos pero sí del Parador Nacional de Corias en Cangas del Narcea. En un artículo publicado recientemente,  el Financial Times elogia el Parador de Corias bajo el título “Spain’s Parador de Corias: simplicity for the soul”  cuya traducción es: “El Parador de Corias en España: simplicidad para la mente”. Un edificio que califican de noble expresión del arte asturiano y que ofrece el acceso a paisajes sorprendentes entre los que destacan el profundo universo verde de Muniellos.

Para el Financial Times  el Parador de Corias, que abrió sus puertas este verano, trae consigo varias sorpresas agradables. En primer lugar, una zona del norte de España, verde, poco conocida y escasamente poblada, que limita con Galicia, Asturias y León. En segundo lugar, el propio edificio, un antiguo monasterio cuyo enorme escala y austera arquitectura le ha llevado a ser conocido en la zona como “El Escorial de Asturias”.

Artículo completo:  

Spain’s Parador de Corias: simplicity for the soul


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Aquel monasterio de Corias, hoy parador nacional

Monasterio de San Juan Bautista de Courias / Corias (Cangas del Narcea), 1955. Foto Mely. Col. Juaco López Álvarez.

Casi siempre tengo que repetirlo dos veces: «Corias de Asturias, cerca de Cangas del Narcea, no Coria de Cáceres». En Corias hay un vetusto monasterio que acaba de convertirse en parador nacional; se encuentra a escasos kilómetros de Cangas del Narcea y a muy pocos metros del río Narcea. En él estuve entre 1954 y 1957 cursando los tres primeros años de latín, cuando era una escuela apostólica o seminario regentado por los dominicos de la provincia de España. Volví a visitarlo a principios de los años ochenta con dos compañeros de seminario, el vallisoletano Jesús Alcalde, profesor en la madrileña facultad de Ciencias de la Información, y Jesús Torbado, periodista leonés y novelista, que había sido galardonado con el premio Planeta en 1976.

El monasterio estaba entonces prácticamente deshabitado; solo había en él tres frailes dominicos; uno de ellos, el padre Felipe Lanz Yoldi, nos había puesto clases de francés y de literatura. Evocamos el barullo de los más de 300 seminaristas alborotando por los claustros y los tres campos de fútbol. Y, sobre todo, el guirigay que se formaba al bajar unas escaleras de madera añeja con los pasamanos bruñidos por miles de manos como las nuestras. Hubo un momento embarazoso con el padre Felipe Lanz. Me preguntó al lado de una de las arcadas de los claustros a qué me dedicaba y le dije que era periodista y redactor-jefe de la revista «Mundo Negro». «Supongo, me dijo, que no serás como ese ingrato de Torbado, que ha puesto a los dominicos a caer de un burro después de que le ayudaran tanto, después de abandonar el convento». Torbado estaba a mi lado, pero el padre Felipe no lo reconoció; el novelista se limitó a dar una calada más honda a un cigarrillo.

Visitamos la iglesia con su majestuoso altar barroco, con bajorrelieves que cuentan la historia del monasterio, levantado en el siglo XI y ocupado por monjes benedictinos. Dicen las crónicas que entre los siglos XII y XIII alcanzó su máximo esplendor con inmensas posesiones de los monjes en la mayor parte del occidente de Asturias e incluso de la vecina provincia de León. Nosotros entonces no teníamos más que algunas nociones vagas del castillo de Piñolo. Aún se encontraba en la iglesia un antiguo órgano de tubos, donde dos de los hermanos Castaño -Pepe Domingo y otro, de cuyo nombre no logro acordarme- aprendieron a tocar alguna cantata de Bach.

Parador de turismo Monasterio de Corias (Monumento Histórico-Artístico Nacional) inaugurado el 15 de julio de 2013 por la Reina Doña Sofía.

Corias era entonces un pequeño pueblo con escasa actividad. Los domingos iba mucha gente de Cangas del Narcea a oír misa en la iglesia del monasterio. Los seminaristas salíamos juntos de tanto en tanto a dar un paseo junto al río Narcea, festoneado de castaños y avellanos. Una vez al año, íbamos durante el verano en varios camiones al puerto de Leitariegos. Durante el trayecto animábamos al conductor a acelerar y le recordábamos chillonamente que con el vino se engrasan las bielas, según la canción de marras. Había en Leitariegos una gran laguna, en la que nos bañábamos antes de comer al aire libre y de la que muchos salíamos con las piernas peladas de insaciables sanguijuelas.

El paraje de Corias era magnífico y espectacular para un chico de la llanura zamorana como yo. Allí vi por primera vez arar a una mujer con unas vacas rojizas y menudas. Los carros eran pequeños y tenían ruedas de madera, como los sanabreses. En los prados abundaban los almiares de heno. Había entonces en los montes adyacentes muchos cerezos y manzanos y algunas viñas con cepas raquíticas, en comparación con las que había visto en Pajares de la Lampreana.

Supongo que ahora el antiguo monasterio de Corias atraerá a muchos asturianos y leoneses. Quienes vayan, podrán disfrutar, sobre todo en la época estival, de las aguas frescas del río Narcea, donde abundan las truchas, los salmones y las anguilas. Había en este río un remanso que llamaban El Chandeu. Jesús Alcalde y Jesús Torbado se bañaron en él. Después nos dirigimos a Tineo. Degustamos en Villanueva de Sorribas unas truchas exquisitas recién pescadas en el mismo río Narcea, que discurre por allí más angosto y turbulento, pero con aguas limpísimas.

¡Quién nos iba a decir que nuestra vieja escuela apostólica se iba a convertir en un parador nacional! Primero fueron los castillos semiderruidos, como el castillo de la Mota en Benavente, cuando Manuel Fraga Iribarne fue ministro de Información y Turismo. Ahora le toca el turno a los seminarios, conventos y monasterios, que se convierten en hoteles, como pasó hace años con el seminario verbita de Coreses, o en parador nacional, como el monasterio de Corias. Quienes puedan y quieran, que lo saboreen.

Publicado en: La Opinión de Zamora
Viernes, 2 de agosto de 2013