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Últimos salmos en Besullo

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altEl fallecimiento de Dina Rodríguez convierte en memoria a la última comunidad protestante de la Asturias rural. La localidad del suroccidente astur fue un pequeño reducto de libertad y tolerancia religiosa durante más de siglo y medio, y su iglesia-escuela de ‘Casa Xuacón’ sirvió para dar a conocer el reformismo del cristianismo evangélico y formar a generaciones de estudiantes de la que salieron la primera farmacéutica de España, Marina Rodríguez, los lingüistas y bibliotecarios Caridad, Juan y Lorenzo Rodríguez-Castellano y el dramaturgo Alejandro Casona.

En Besullo ya nadie recitará más salmos. Ni pasará las páginas de la vieja Biblia de 1870 que la Sociedad Bíblica Evangélica hizo llegar a Casa Xuacón hace siglo y medio. Dina Rodríguez, la última protestante de Besullo, ya descansa desde enero de 2014 en el cementerio de su fe, una huerta invadida por los helechos y con otras dos únicas lápidas, la de su hermano Manuel y la de su prima Ana María. El protestantismo en este rincón del suroccidente asturiano ya es historia.

Una historia mínima, pequeña, pero que ejemplifica la posibilidad de que la convivencia entre distintos y el respeto a los credos e ideas ajenas es capaz de sortear la intolerancia y la ignorancia de los fanatismos. Porque Besullo fue desde el último tercio del siglo XIX un pequeño reducto de libertad y convivencia religiosa, en el que católicos y protestantes se convencieron de que sus rezos se dirigían a un mismo Dios y que de poco servía el humo de las hogueras de tantos torquemadas.

Dos postales de aquel Besullo: la capilla evangélica se levanta contigua a la iglesia católica de San Martín y los más mayores aún recuerdan que Daniel Rodríguez, último pastor protestante hasta 1984 y padre de Dina, compartía partida de cartas y café con gotas con los curas de sotana y alzacuello.

altLos Rodríguez de Besullo fueron los pioneros en traer al Suroccidente asturiano el mensaje de la segunda reforma protestante, un movimiento que dejó atrás los rescoldos del dogmatismo luterano para abrirse a los nuevos tiempos. No dejó noticia alguna el colportor Georges Brown, Jorgito el Inglés en su relato 'La Biblia en España', que distribuyese alguno de sus ejemplares por las tierras de Cangas y de Tineo.

La versión de la Biblia realizada por Cipriano de Valera, editada en 1870 por la Sociedad Bíblica, fue la que envió desde Madrid Manuel Rodríguez, tras abrazar la fe luterana, a su cuñado Antonio Rodríguez. Ahí nace la primera congregación protestante de Besullo, que se extiende también a la vecina localidad canguesa de Pumar. Superando trabas continuas, pese a la declaración de libertad religiosa recogida en la Constitución de 1869, la comunidad evangélica da sus primeros pasos y suma a varias familias que encuentran en el reformismo protestante y en la lectura directa de los textos bíblicos lo que el catolicismo negaba.

Fe y educación

altCombatir el analfabetismo y la ignorancia fue el primer objetivo de aquellos primeros protestantes de Besullo. Aprender a leer y a escribir era la única fórmula para acceder directamente a los textos bíblicos, sin intermediarios ni exégetas. La capilla de Casa Xuacón se convirtió también en colegio, donde los hijos de las familias evangélicas, pero también las de las católicas, acudían a recibir las primeras letras. Después, los más adelantados tuvieron la oportunidad de asistir a las aulas de colegios protestantes 'El Porvenir', fundado por el médico alemán Federico Fliedner, y el ‘Instituto Internacional de Señoritas’ que creara el matrimonio estadounidense Gulick.

En estos centros se impartía una educación alejada de los dogmatismos del cristianismo trabucaire y allí se formaron hombres y mujeres de ciencias y letras. Marina Rodríguez se licenció en la Universidad Central de Madrid en 1900 como la primera farmacéutica española; Lorenzo Rodríguez-Castellano se convirtió en una referencia de la biblioteconomía y de la filología, al igual que sus hermanos Caridad y Juan, dedicados a la investigación y a la enseñanza de la literatura española en varias universidades estadounidenses. Alejandro Casona, de primer apellido Rodríguez, era hijo de un protestante de Besullo que abrazó el catolicismo. Sin embargo, Casona mantuvo vivo el contacto con la comunidad evangelista en sus habituales visitas al pueblo paterno.

No es casual que muchos progresistas españoles, alérgicos al adoctrinamiento católico escolar, buscaron en los colegios protestantes otros tipo de enseñanza: los hijos de Pablo Iglesias se formaron en ‘El Porvenir’, mientras que el ovetense Indalecio Prieto estudió en el colegio protestante de Bilbao.

El alemán de Besullo

Federico Fliedner tuvo un papel esencial en la consolidación de la comunidad protestante de Besullo. Desde que tuvo conocimiento de su existencia se volcó en prestar todo tipo de ayudas y dio a conocer el nombre de Besullo por Europa con los informes enviados a sus amigos en las Hojas de España. En una de las primeras comunicaciones relataba que “en el centro de la costa norte de España está el reino de Asturias y no lejos de su límite occidental, la cabeza de partido Cangas de Tineo. A unas horas de distancia, en medio de las montañas, en el apacible pueblo de Besullo hay una pequeña congregación”.

altFliedner, médico y misionero reformista alemán, la visitaba asiduamente y conocía la realidad de los habitantes de las zonas rurales. “Muy triste era la situación en los montes de Asturias, y también en la aldea de Besullo… morían las personas de agotamiento y hambre, y cuando además una gran nevada cubrió montes y valles, haciendo imposible toda comunicación, la necesidad apremiante partía el alma…”, anota en una de sus Hojas de España distribuida entre las federaciones protestantes europeas.

Fliedner y el matrimonio Gulick vieron en Besullo no sólo un territorio de misión. De aquella pequeña comunidad salieron varios pastores que extendieron la fe evangélica por otras regiones de España. Uno de los más nombrados fue Daniel Rodríguez, que pronto destacó y fue enviado a estudiar teología en L’Oratorie de Ginebra. En 1897 fue ordenado pastor, siendo destinado a la iglesia de Jesús de la calle Calatrava de Madrid, una de los primeros templos protestantes españoles. Dos años más tarde fue nombrado pastor de Reus para posteriormente ejercer en diferentes ciudades de Francia, incluso en el frente de la Primera Guerra Mundial con el ejército galo.

La procedencia canguesa marcó la trayectoria de Daniel Rodríguez en sus diferentes destinos y la publicación Le Christianisme au XXe lo define como “pastor sumamente consagrado, concienzudo y modesto, que sin ruido, sin alarde, realizó una obra espiritual profunda. De temperamento robusto, lleno de energía y de celo visitaba mucho a sus feligreses y recorriendo las montañas (…) sabia penetrar libremente en todos los hogares y ganarse la simpatía de los aldeanos”.

Besullo fue también un ejemplo de convivencia cívica. Alejandro Rodríguez, protestante, se convirtió en alcalde de la localidad durante la II República y destacó por impulsar instalaciones públicas, como la escuela o la carretera con Cangas del Narcea, entre otras muchas. Una convivencia vecinal que perduró en la dura postguerra, pese a las imposiciones del nacional-catolicismo de la dictadura franquista.

altEl declive de la comunidad evangélica de Besullo se produjo en los años 50 del siglo pasado, parejo al éxodo rural hacia las cabezas de comarca y las zonas industriales. Pese a todo, los Rodríguez, los Castellano, los Brixiel, los Ferreiro y otras familias mantuvieron viva la pequeña congregación durante el siglo XX, hasta que en 1984 la muerte del pastor Daniel Rodríguez, padre de Dina, dejó limitada la actividad a una celebración litúrgica anual a la que acudían miembros de iglesias de Oviedo, Gijón y Avilés.

La escuela-capilla de humildes cruces de madera, pupitres envejecidos y carteles con citas evangélicas, y el cementerio custodiado por una sebe descuidada son ya las únicas huellas del Besullo protestante. Manuel y Dina Rodríguez fueron sus custodios en los últimos veinte años. También cuidaron de los textos religiosos heredados de sus mayores, como esa Biblia de 1870. Hasta hace muy poco, el pasado 6 de enero, aún los vecinos oían entonar a Dina los salmos aprendidos de los suyos. Fueron los últimos salmos de Besullo. Hoy sólo quedan tres lápidas, las piedras y la memoria.


Artículo publicado en: Asturias24
Autor: Rafael Ardura Suárez (Carrespientes/Mieres, 1961) es licenciado en Historia y se dedica a la enseñanza desde hace treinta años.
 

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