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La pequeña playa de Cangas: El río de Llano

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Llano y el arenal

El pozo de Chanu / Llano es para varias generaciones de cangueses algo más que un lugar de baños. Es la representación por excelencia del verano. Enrique Rodríguez García (Santolaya) recuerda, en compañía de su vecino y amigo José Luis Ordás, aquellas tardes de verano de sol, agua, amigos y fiestas, en las que el río de Llano se llenaba de chavales y chavalas, y se pregunta a que esta esperando el Ayuntamiento de Cangas del Narcea para adecentar el camino de El Cascarín a Llano, y para acondicionar el río y hacer en Llano la playa fluvial que reclaman cangueses y turistas.

LA PEQUEÑA PLAYA DE CANGAS: EL RÍO DE LLANO

Por Enrique Rodríguez García (Santolaya)

Capilla de San Antonio del PandoSubiendo desde El Cascarín hacia el pueblo de Trasmonte por la sierra, nos encontramos con la capilla de San Antonio del Pando. Un poco antes de llegar a esta capilla, sale un camino hacia la derecha que cruza los prados denominados de Las Bragadas de Santa Eulalia, y al final de estos hay un pequeño promontorio que se llama La Cuesta. Vista del río de Llano desde la cuesta (el Pando)Desde aquí se divisan de forma privilegiada los pueblos de Adralés, Amao, Penlés y Llano, así como el río Narcea.

Paseando por esta zona del Pando me encontré con mi buen amigo y vecino José Luis Ordás, sentado con la mirada un poco perdida en el horizonte. Supuse que estaba dormitando, debido al calor húmedo que está presentando esta primavera; pero no era así, me dijo que estaba recordando y se quejaba melancólico de que los que nos acercamos a los cincuenta años estamos en terreno de nadie: ni somos ancianos, ni somos desgraciadamente demasiado jóvenes y según él, lo que demuestra esta teoría, es que el cerebro ya está amueblado con muchos recuerdos. No tuve más remedio que darle la razón a mi buen amigo Ordás. Le pregunté qué recuerdos pasaban por su mente y me dijo que se acordaba cuando tenía catorce años y era todavía un chaval imberbe, con un cóctel impresionante de hormonas en la sangre. En esta edad, según él, nada era difícil, si había que jugar un partido de fútbol tres horas seguidas, se hacía y el cuerpo recuperaba en diez minutos. Mi amigo recordaba Vista del arenal del río de Llanoque cuando se acababan las clases en el colegio de El Reguerón a mediados de junio y empezaba el verano, había varias señales que indicaban claramente que se acercaba esta estación: la primera era que empezaba a oírse por encima de El Cascarín el inconfundible canto del cuco; otra señal era que ya empezaba a haber cerezas tempranas por Llamas, Santa Eulalia y Obanca; pero lo que mejor indicaba la llegada del verano era que ya comenzaba la gente a bañarse en el río de Llano.

Me sumé a los recuerdos de Ordás y empezamos a hablar de aquellos años, que para nosotros, como es normal, son entrañables. Recordamos la cantidad de chavales y chavalas de Cangas que subían en bicicleta por la carretera y andando por El Cascarín a bañarse al río de Llano. Los dos pozos del río, el que está debajo del puente Crecida del río Narcea a su paso por Llanoy el que está enfrente del arenal, estaban algunos días con el aforo lleno. El arenal, que cada año cambiaba de fisonomía debido a las crecidas del invierno, se llenaba de toallas con gente tomando el sol. Me recuerda Ordás, como no podía ser de otra forma, lo guapas que estaban las mozas de Cangas estrenando bañador y tomando el sol en Puente de Llano. Por el ojo del puente se ve la zona de la estacada en ruinasLlano. También recordamos lo temerarios que éramos algunos al tirarnos del puente abajo, unos de pies y otros, los más arriesgados o inconscientes, de cabeza. Esto se podía hacer porque un poco más abajo había un muro al que llamábamos “la estacada”, que represaba el agua para conducirla por terrenos de Santa Eulalia y Arayón hacia la central hidráulica que esta en Ambasaguas. Gracias a este muro, el nivel del río debajo del puente estaba más alto y permitía tirarse sin llegar al fondo. Antiguo muro en ruinas que represaba el agua para la central hidroeléctrica de CangasHoy, al no existir dicha presa, sería una temeridad tirarse desde este puente.

Seguía transcurriendo el verano y entre baño y baño se sentían los primeros voladores de las novenas del Carmen y por los valles de Santa Eulalia los chavales ya nos poníamos nerviosos. Esto indicaba claramente que estábamos a un paso de las fiestas del Carmen y una vez más había una señal inequívoca, era la llegada de los coches de choque. Cuando esto ocurría, el Carmen ya era inminente.

Fiestas del Carmen de Cangas del NarceaLo demás ya no hace falta describirlo, lo seguimos viviendo cada año: baile en la verbena, fuegos artificiales, baile por las calles y bares de Cangas, charangas, copas de todos los colores y sabores, descargas de día y de noche y una tremenda afonía al final de las fiestas, afonía que nunca se achaca al alcohol sino al hielo de la bebida. Esto último es curioso, pues es lo más inocuo que se mete uno para el cuerpo esos días de fiesta, aunque algo de realidad habrá al echarle la culpa al hielo; ya lo indica el dicho: “El agua, tanto líquida como sólida, solo es buena para las ranas y no siempre”.

Llegaba la Magdalena y marcaba el final de las fiestas, toda la explosión de bullicio, de vida, volvía a su ritmo normal. Los afortunados que marchaban de vacaciones desaparecían de Cangas y los que se quedaban volvían a tomar el sol y a bañarse en la pequeña playa de Cangas: el río de Llano. Y se seguían disfrutando otras fiestas del concejo, como Las Veigas en Besullo, San Ramón en Llano, la fiesta de La Regla,…

Con todo esto, llegábamos a septiembre y empezaba el calvario de las clases; de nuevo a aguantar a aquellos profesores de los que algo de sus enseñanzas nos ha quedado y les tenemos que agradecer.

Vista del río desde el puenteNos damos cuenta mi amigo Ordás y yo, que en aquellos veranos de una u otra forma los baños en el río de Llano siempre estaban presentes.

Actualmente, el río de Llano ya no es lo mismo, ya no hay tanta afluencia de gente, hasta hace poco estaba muy sombrío, el sol no entraba debido a la excesiva vegetación que rodeaba el arenal.

El verano pasado se acercó a mí una pareja de turistas que se alojaban en la suntuosa casa de aldea de Cachón de Santa Eulalia. Me preguntaron si les indicaba alguna zona del río Narcea donde pudieran tomar el sol, bañarse y merendar; les indiqué el río de Llano y cuando los volví a ver al día siguiente, me dijeron que estuvieron muy bien, pero que era una lástima que esta zona no estuviera mejor acondicionada.

Es fácil pensar que si apostamos por el turismo, habrá que ofrecer al turista todas las posibilidades de ocio que se pueda. No basta con alojar al turista en una casa de aldea y entretenerlo con los manjares de la zona. Hay que ofrecerle actividades de todo tipo: esquí en Leitariegos, visita a Muniellos y otras zonas, rutas de montaña y en coche, fiestas, museos y, ¿por qué no? una zona para bañarse y tomar el sol en un entorno natural del río Narcea cerca de la villa de Cangas. Esto sería la pequeña playa fluvial de Llano.

A ver si algún político de nuestro Ayuntamiento se decide a convertir en un paseo el viejo camino de El Cascarín a Llano, y acondiciona el río para disfrute de cangueses y turistas.

Pozo debajo del puente de LlanoPara finalizar, ya que nos acercamos a las fiestas del Carmen 2010, mi amigo Ordás y yo deseamos que paséis buenas fiestas a todos los cangueses que se acerquen por estas fechas a disfrutar del Carmen y, por supuesto, después de las mismas, para entonar el cuerpo de la resaca, nada mejor que volver a echar un baño y tomar el sol en la pequeña playa de Cangas, el río de Llano. Un chapuzón en “el pozón”, debajo del puente, es mil veces mejor que el más prestigioso spa o balneario y, por supuesto, más barato, que no viene mal en estos tiempos de crisis.

 

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